Fotos en la Pared
By: Kailey H. S.

Cuando por fin estuve en el tren por primera vez, camino a Hogwarts, lo primero que hice fue reír. Reír alocadamente, podrían decir muchos, sobre todo quienes me conocieran y supieran que yo no acostumbro a reír demasiado. Pero reía, porque por fin iba a estudiar magia. Por fin, lejos de las escuelas femeninas a las que mi mamá insistía en mandarme.

Estaba en un compartimiento con mi prima Erika, una muchacha de diecisiete que era para mí una hermana, o más. Era ella quien me había enseñado a agarrar una escoba, volar, lanzar quaffles, atajarlas y anotar goles. Me divertía el Quidditch, sí, pero a Erika le robaba el sueño.

-Estás feliz de dejar de fingir ser una niñita correcta y femenina, por lo que veo -Se burló, aunque era más una observación.

Asentí, hundiendo mi mirada en sus ojos miel. Era ella mi ejemplo a seguir; quería ser como ella, o mejor, cuando fuese grande. Y la verdad es que era inteligente, muy querida por todos, bastante talentosa y tenía cierta belleza, con sus ondas negras, estatura alta y ojos claros.

-Me muero por aprender magia. -dije, como si zanjara toda la cuestión.

-¿Y no te mueres por jugar Quidditch?

-No quiero meterme en más problemas.

-Katie... Katie, de verdad no nos hagas eso a ti y a mí. Se que tu mamá no quiere que vueles... Y no es porque no sea algo poco femenino, como dice ella. Es porque eres una Bell y le recuerdas a tu padre.

Torcí el gesto. No era la primera vez que Erika usaba a mi padre, al que apenas conocía, para hacerme soltar el remordimiento por haber aprendido a jugar Quidditch a espaldas de mi madre.

Ahora volar sería algo serio, no un juego como con niños de la cuadra. Y sí, me encantaba, pero…

-Anda, peque. Tienes talento; van solo cuatro años desde la primera vez que te montaste en una escoba y ya eres mejor que todos los niños de trece años contra los que jugaste en vacaciones.

-No quiero, Erika. -decreté. Pero ella no se dio por vencida.

-Este año no, pero ya verás que el que viene entras al equipo. Quieras o no -añadió-. Tu futuro capitán sabe de tu existencia, y puede llegar a ser muy persistente.

-Voy a hacer que me odie entonces. Yo no tengo nada especial. Soy una niña aficionada al Quidditch como cualquier otra.

-Así que aquí estas, Erika. Estábamos buscándote por todos lados.

La puerta del compartimiento se había abierto revelando dos figuras que, al yo ser una chiquilla de once, me intimidaron por completo. Dos jóvenes altos y fornidos, de aspecto fuerte. Uno era un pelirrojo de mirada amable, el otro era moreno, de piel bronceada y ojos intensos.

Sí, me fijo mucho en los ojos y en las miradas. A los once no sabia por qué, pero ahora se que es porque los ojos son la única parte del físico de una persona que te indica como es por dentro.

Suena cursi, pero así es.

-¿Quién es ella? -preguntó el último.

-Mi prima Katie. ¿Recuerdan que les hablé de ella? -Los dos asintieron, con un suave "mucho gusto"-. Kate, ellos son Charlie Weasley y Oliver Wood.

-Capitán y buscador -se acreditó Charlie, el pelirrojo.

-Guardameta -dijo a su vez con una sonrisa el otro chico-. Erika nos dijo que eres cazadora, como ella.

Asentí con la cabeza, pero no dije mas nada. Wood alzo una ceja y también se quedo callado, pero Weasley no me tomó para bien.

-No veo qué tiene de malo -defendió Weasley, aunque con voz suave-, si tienes talento...

Suspiré y negué con la cabeza, viendo por la ventana. Odiaba dar la misma explicación más de una vez.

-No lo tengo -respondí sencillamente.

-Por Merlín -susurró Erika.

Se hizo un silencio en el compartimiento. Era un silencio incómodo, pero yo no lo sentía como tal. Al revés, me parecía relajante.

-¡Reunión de equipo!. ¡Qué emocionante!

-Fred, ni siquiera estas en el equipo. -recalcó Wood.

Entonces volteé. Dos cabezas pelirrojas se asomaban por la puerta. Dos cabezas idénticas; dos rostros gemelos.

-¿Cómo pensaban reunirse sin sus golpeadores? -siguió el otro-. ¡Que malos son!. ¿Y ella quién es?

Me miraron a la vez. Sus ojos eran divertidos, y me hicieron sentir cómoda de inmediato.

-Es Katie, la prima de Erika. Katie, mis hermanos, Fred y George. Son mayores que tú por un año. Este año optan para el puesto de golpeadores...

Definitivamente, los mayores tenían una obsesión con armarme la vida en Hogwarts. No quería hablar con nadie, punto. Pero no, estaba en un compartimiento con cinco personas más. Hablando de Quidditch, cosa que amaba pero me estaba más prohibida que reír en un entierro.

-¿Pueden dejar de hablar de Quidditch? -rogué en el tono más amable que pude.

Los dos gemelos se miraron por enésima vez, y luego me miraron a mí. Me hacían sentir expuesta, pero cómoda. En confianza.

-Vámonos, Katie. No nos quieren en esta reunión de equipo. -Con un tono falsamente deprimido, el llamado Fred me invitó a salir detrás de ellos, con George sonriéndome y yo parándome sin pensarlo dos veces.

No los seguí demasiado lejos. Entramos en el compartimiento de en frente, y uno de los chicos cerró la puerta.

-Katie Bell. Bienvenida a Hogwarts.

-Somos Fred y George Weasley...

-Ya lo sé -Hice una mueca-. Necesito un poco de tranquilidad, así que...

-Entonces sal de este compartimiento -dijo uno de ellos. Yo me levante, desafiante.

-Fred, deja a la niña en paz. Esta niña tiene potencial de Slytherin y no nos conviene que lo muestre.

-¿Cómo?

Nuevamente, se miraron y volvieron a voltearse hacia mí. Me había acostumbrado a esto.

-¿Eres hija de muggles?. ¿No sabes nada de Hogwarts, acaso?

-Mi mamá es muggle. Ella y mi papá están separados. No tengo hermanos mayores que hayan ido a Hogwarts, y Erika no me cuenta mucho que digamos. Sé lo básico... Bueno, cuatro casas, competencia entre las cuatro, Quidditch, clases interesantes...

-Entonces no eres Slytherin -dijo el llamado Fred, mientras George suspiraba aliviado-. Perdona por el insulto de antes. Cada casa tiene un equipo. Todos los que estábamos en el otro lado éramos Gryffindor.

-Mi tío solía decir que esa es la casa de los Bell, pero que siempre pueden haber excepciones. ¿Slytherin es una de las casas, entonces?

-La peor de todas.

-Si quedas en Slytherin te retiramos la palabra.

-Erika también te retirará la palabra.

-Conclusión -dijeron los dos a la vez-: Slytherin te esta prohibida.

-Entendido, jefe. -Sin darme cuenta, ya me había puesto a bromear con ellos. Había algo cálido en su forma de dirigirse a mí.

-De todas formas, la gente que va a Slytherin tiene prejuicios con respecto a la sangre. Los Gryffindor somos valientes y leales...

-Simplemente los mejores.

-...Hufflepuff los trabajadores...

-O los que sobran.

-...Y Ravenclaw los inteligentes.

-Tu tienes pinta de... -Se alejaron y me examinaron, Fred con una mano en la barbilla y George con los ojos apretados. -Hufflepuff -dijeron a la vez.

-Una persona que no rompe un plato...

-...que siempre se apega a las reglas...

-...que necesita "un poco de tranquilidad"...

-No juzguen por la primera impresión -interrumpí.

Digamos que a pesar de que no siempre rompía las reglas, era un tigre con un par de rayas de más.

-Así que eres traviesa. A ver que cosas ha hecho nuestra pequeña Katie.

-¡No soy pequeña!

-Bueno, bueno. Calma. Cuéntanos tus travesuras.

-Dos expulsiones y jugar Quidditch a escondidas, básicamente.

-Vaya, Fred, tenemos aquí a una jugadora de Quidditch -sonrió George, omitiendo por completo las expulsiones.

-Y se cumple nuestra ley.

-¿Ley?

-Las mujeres que juegan Quidditch siempre son guapas.

-Por Merlín, paren -gruñí, y me giré para ver por la ventana-. No digan cosas que no son ciertas.

-Era un cumplido, Katie.

-Se agradece -respondí, alzando los hombros.

Se hizo el silencio. Me acosté sobre el lugar que ocupaba yo sola, mientras ellos dos me examinaban.

-¿Cazadora, como tu prima? Supongo que te veremos en el equipo el año que viene.

-No. No voy a probar.

-No seas tonta. Claro que vas a probar. Nosotros seremos los golpeadores, ya verás.


No se por qué presentía que la gente que me rodeaba en ese momento era hostil. Estábamos ahí parados todos los de primer curso en un salón apartado, después de haber hecho un extraño viaje en bote y de haber visto por fuera el castillo, una de las vistas más hermosas que he tenido jamás…

A mi lado, estaba un rubio con cara de querer matar a alguien, y otro muchacho que erguía los hombros con autosuficiencia enfermiza. A mi otro lado dos chicas que no paraban de cuchichear entre sí a baja voz, y una con rasgos orientales interesada en lo que ellas decían...

Había más lejos de mí, sin embargo, gente menos desagradable. Estaban Mark Fawcett y Shirley Davies, amigos míos de la infancia, a los que no había visto sino hasta ahora. Un chico guapo, que simplemente sonreía y se mantenía alejado de la actividad que lo rodeaba (eso es, otro par de chicas coqueteándole, o más bien tratando de coquetearle).

A su lado, no obstante, una de las niñas, de bucles claros y perfectos, lo ignoraba totalmente. Parecía dedicarse a lo mismo que yo, es decir observar a todos y cada uno de nuestros futuros compañeros. Nuestras miradas se cruzaron, y me sonrió. Le devolví el gesto casi imperceptiblemente y retiré la mirada, algo impresionada por aquellos ojos verde manzana, limpios y dulces.

Poco después nos hicieron pasar al Gran Salón. Me dejó sin palabras el cielo estrellado que se dejaba ver a través del techo. Dieron una especie de explicación acerca de la Selección y procedieron a llamarnos, uno por uno.

-Bell, Katie.

Temblé. Era yo la primera en pasar adelante (por lo que, al menos, la agonía terminaría rápido), y lo hice sin mirar a nadie, con duda y mesura. Me coloqué el sombrero y me senté en el taburete, esperando...

-Otra Bell, por lo visto. Tienes la inteligencia de los Bell, que sin ser inteligencia de la Ravenclaw, sigue siendo inteligencia.

-¿Cómo es la inteligencia de un Ravenclaw? -me pregunté a mí misma.

-Acompañada de una curiosidad de la que careces, que es lo que hace que los de esta noble casa la aprovechen para obtener conocimiento. No, los tuyos jamás entraron a esta casa. Pero tampoco tienes sangre Slytherin, y eres más leal y reservada que el resto de tus parientes. ¿Te pondré en Gryffindor, como a los tuyos... o tienes la modesta alma de Hufflepuff?

-¡No soy de las que sobran! -pensé, con ganas de gritar. Además, me había herido lo que el pedazo de tela ese había dicho sobre mi inteligencia.

-No, mi niña. Aquí nadie sobra. Tienes muchísimo de Hufflepuff, pero también tienes otras cosas en tu cabeza, cosas que consideras la clave de tu éxito. El valor de Gryffindor está también en ti, y es lo que necesitarás para vencer los obstáculos que te quieran impedir obtener dicho éxito.

Que me maten si este Sombrero no se daba aires de adivino.

-Eres leal y hay en ti una disposición a luchar. Te hará mucho bien descubrir tu valentía al lado de los valientes de Hogwarts. ¡No hay duda de que tu lugar está en GRYFFINDOR!

Al fin pude quitarme esos estropajos de encima e ir derechito a la mesa de mi nueva casa. Me senté con los gemelos y su amigo, y observé ya tranquilamente el resto de la Selección.

Mis ojos no se despegaban por mucho tiempo de la que me había sonreído antes. Mi alegría fue inmensa cuando dijeron su nombre, Leanne, y la declararon Gryffindor. Se sentó a mi lado sin pensarlo dos veces, y yo se lo agradecí mentalmente.

-¡Me dijo que tengo la cabeza llena de aire! -Fue su primer comentario hacia mí, antes que un "mucho gusto" siquiera.

-No te preocupes... A mí me dijo que tengo una inteligencia mal aprovechada o algo del estilo.

-Que raro -comentó el amigo de los gemelos, de nombre Lee Jordan-. El Sombrero jamás te habla de tus defectos.

Leanne se encogió de hombros.

-Se habrá levantado de mal humor, dichoso Sombrero.

Sonreí para mis adentros mientras Lee reía por lo bajo. Esta chica me agradaba. Se ve que es de las personas que caen bien sin menor esfuerzo.

-Pero oye, no es verdad que no tenga nada en la cabeza. Odio mi cabello, y eso no tiene nada que ver. Me gustan los cabellos lisos, como el tuyo -Miró mi larga cabellera, oscura y suelta, que mi mamá siempre se había empeñado en que cuidase en exceso. No que yo pusiera demasiadas pegas, también estaba orgullosa de esa parte de mi físico-. ¿Puedo hacerte un peinado?

Asentí. El ánimo de Leanne era contagioso.

-A mi sí me gustan los rizos -confesé.

-Eso porque no los llevas encima. Ahora silencio, que nos miran feo desde la mesa de los profesores.

Sentía sus dedos trabajar una trenza mientras la Selección terminaba. Las dos que cuchicheaban todo el tiempo, Sarah McKay y Aileen Silver, fueron las otras dos que quedaron en nuestra casa. Compartir siete años en un mismo cuarto con dos chismosas. Que divertido (nótese el sarcasmo).

De hecho ya a la semana teníamos trazada una línea ("La Línea") a la mitad del cuarto, literalmente. La ducha era nuestra por las noches, suya por las mañanas. Erika, compadeciéndose, nos conjuró un espejo a Leanne y a mí para usar cuando fuese su turno para usar el baño. Ahí quedamos.

Y el resto de nuestro curso no era mejor: La oriental se había conseguido un grupito de idiotas (entre ellas nuestras dos amadas compañeras de habitación) que la seguían a todos lados. El engreído había quedado en nuestra casa, y se nos había presentado a Leanne y a mí como Cormac MacLaggen.

Leanne iba haciendo amigos rápidamente, mucho más rápido que yo. Yo pasaba bastante tiempo con Mark Fawcett y Shirley Davies, me llevaba bien con los gemelos y, particularmente, con Lee. Y no mucho más.


-Erika -Me acerqué un día a mi prima-¿Me prestas tu escoba?

Sabía que la había interrumpido en sus estudios. Por eso me sorprendió que me mirara, sonriera y se levantara en seguida, dejando su libro de Runas Antiguas reposar sobre el sofá, olvidado.

-Quieres volar, supongo. Tranquila. Voy contigo, pero espera un segundo.

Se fue, y volvió cargando dos escobas un poco después.

-Las dos son Cleansweep 7 -Me arrojó una de las escobas-. Cuídala. Es de Oliver Wood.

A pesar de ser tan unidas como éramos, Erika era casi una desconocida para mí, pues mis últimos seis años ella había estado en Hogwarts, menos dos meses de cada uno. En vacaciones siempre hacíamos cosas juntas, y fue gratificante estar caminando al lado de ella ahí, en un ambiente diferente a nuestro vecindario.

-¿Crees que haya chances de ganar la copa? He visto como juegan. Las otras dos cazadoras son un desastre...

-Sí. De hecho, creo que una de ellas le pagó a uno de mi curso para que le lanzara hechizos de confusión a dos de segundo, para dejarlas por fuera, y quedaron en la reserva. Y el capitán, que babea por una de ellas, no reparó en la injusticia. –Noté un tono de celos en mi prima cuando hablaba de Charlie Weasley y dicha cazadora. Fruncí la nariz-. No, no tenemos mucho chance. ¿Por qué preguntas eso ahora?

-Curiosidad.

-Se me olvida que tú vas a entrar al equipo el año que viene -dijo con orgullo.

Mi prima insistía en que mi mamá jamás se enteraría si yo entraba al equipo. Yo insistía en que no valía la pena tentar mi mala suerte.

-Quizás -dije en contra de mi voluntad para no decepcionarla.

-Te va a absorber, ya lo veras -En ese momento entrábamos a los vestuarios-. Hasta la presión antes de los partidos es estimulante. Esto del Quidditch en el colegio es buena distracción para cuando una esta muy ocupada.

-Pero me da un poco de miedo que...

-También se me olvidaba lo cobarde que puedes ser a veces -Introdujo prácticamente toda la mitad superior de su cuerpo en el casillero, y la sacó luego junto a un set de pelotas de Quidditch-. No le tengas miedo a tu mamá. No te va a desheredar, eso es seguro. Pero algo me dice que no es eso.

Nos quedamos calladas un par de segundos.

-Sé que no te gusta que te noten. Cuando eras bebé, no llorabas, no reías, no hablabas. Papá, mamá, tía y tío estaban asustados, incluso después de que los médicos les dijeran que no tenías ningún problema.

-Qué consuelo.

Erika rió.

-Yo sí me permití dudarlo por más tiempo. ¿Quién dijo que no tenías problemas? El mayor de todos es que no eres capaz de hacerle honor a Gryffindor y ser valiente. A ti no te importa bajar la cabeza y obedecer, pero con el Quidditch es diferente. Tiene que serlo. Una no lo puede jugar en privado, Katie. Entre más te noten, mejor eres. Vamos. -La seguí fuera del vestuario. Tenía una quaffle en la mano.

Ya en el campo, me sentí diminuta. Los aros eran más altos de lo que creí que eran. Era más grande de lo que parecía por fuera.

Me monté en la escoba y me elevé. Siempre que usaba una Cleansweep 7 (Y no la vieja Nimbus 101 "Edición Limitada" de Erika, con la que aprendí a volar y jugar a escondidas) me sentía en mi ambiente, como si todo estuviese donde tenía que estar.

Además¿Hace cuanto no jugaba con una quaffle de verdad?


Una vez que Erika estaba haciendo deberes atrasados, el guardián de equipo, Wood, vino en vez de ella. Ya se nos había hecho costumbre salir a volar un rato a veces, pero ese día no pudo y le pidió a Wood que se encontrase conmigo en el campo.

Pude haber matado a mi prima. La mirada del chico era una de las más intensas que jamás hubiese visto. No me hacia sentir cómoda del todo, pero bueno, ya estábamos ahí, y ya no podía echarme atrás.

-¿Sabes que al parecer voy a ser capitán de equipo el año que viene?

Su pregunta interrumpió mis pensamientos, por lo que asentí, abstraída.

Verás, yo no soy un ser sociable. Me siento incómoda entre la gente en general, y la gente que me hace sentir cómoda suele tener amigos muchísimo más simpáticos que yo como para preocuparse por mí (como Leanne o los gemelos). Pero Wood, según descubrí, no parecía notar esto. Mi antipatía hacia la humanidad, digo.

-Bueno... No soy tonto. Se que tu prima se ha preocupado por ti y quiere garantizarte un lugar en el equipo. Sí, se que te lo tienen prohibido –añadió, mientras pasaba la quaffle y sonreía de medio lado-, pero no entiendo por qué una valiente Gryffindor no se atreve a romper las normas.

Me encogí de hombros por toda respuesta y me subí a la Cleansweep 7 de Erika, quaffle en brazos.

Cual capitán, me comenzó a ordenar. Primero que hiciéramos unos pases, luego un par de circuitos sencillos, luego lanzamientos al aro y así íbamos. No me costó descubrir que era un guardameta estupendo. En el vecindario me era fácil anotar, pero con él era en extremo difícil lograr colar la pelota por los aros.

De pronto caí en cuenta de que...

-¿Cómo sabes que me tienen prohibido volar?

Wood sonrió.

-Erika considera que deberías entrar al equipo el año que viene. No tienes un talento natural ni eres un prodigio, ciertamente, pero eres buena y puedes ser mejor si te entrenas con mayor constancia.

¡"Operación: Meterse en la Vida de Katie" en acción!

Eso sí que me había conseguido enojar.

-Cuerda de idiotas -mascullé, a la vez que lanzaba con tal rabia que la quaffle hizo una curva extraña y se coló por el agujero bajo, en lugar de por el medio, que era al que apuntaba. Él me vio a los ojos y sonrió amablemente.

-Eso estuvo bien. ¿Puedes repetirlo?

Pero la quaffle se quedó por ahí, porque yo estaba aterrizando. Empezaba a lloviznar, y ya mi buen humor se había evaporado.

-¡No eres mi capitán, Wood, y jamás lo serás¡Deja de darme órdenes!

Odiaba a Erika. Odiaba a Wood. Odiaba a todos aquellos que deseaban cambiar el tranquilo curso de mi apacible vida.

Curiosamente, en este momento, no odiaba a mi mamá, que era otra de las que esperaban que fuese lo que no soy. Mi madre era una modelo colombiana, que estaba empeñada en que yo siguiera sus pasos. Ya sabes, lo típico: Escuelas femeninas, prohibido hacer deportes, una dieta balanceada, castings para un lado y para el otro, fotos por aquí, paparazzis acosándonos por allá...

Vamos, que la burbujita de sueños debió de haber explotado hace años. No era ni remotamente tan atractiva como ella, detestaba el maquillaje, era pésima actriz y le tenía una especie de fobia a las cámaras.

En cambio no le temía a las alturas, era bastante ruda y me las llevaba infinitamente mejor con chicos que con chicas. De hecho, casi todos los que jugaban Quidditch conmigo de pequeña eran chicos.

...Apenas se entero de los sucesos, Erika me lanzó una mirada de decepción y no volvió a insistir con el Quidditch.


Tenía amigos. Estaban Mark y Shirley, y no sabía si así podía llamar a Leanne, Lee y los gemelos. Tenía enemigos, como McKay y Silver. Me hablaba con algunos mayores, como Erika, y me había dejado de hablar con algunos como con Wood.

Pero dos meses y medio después de mi llegada a Hogwarts, conocí a alguien que me hizo replantearme todos aquellos conceptos.

Leanne y yo estábamos terminando deberes de Transformaciones bajo un árbol, cerca del lago, cuando pasaron por ahí los del equipo, después de entrenar para el partido del día siguiente. Todos menos dos de las cazadoras y Wood subieron al castillo.

-Oye… -Leanne y yo volteamos. La persona que llamó era una chica, una chica preciosa, de hecho, que hubiese sido el orgullo de mi madre si hubiese sido su hija.

-¿Con quién..?

-Contigo. Eres la prima de Erika Bell¿no?

Asentí. Ni idea de a dónde quería llegar. Tenía una mirada altanera, de esas que dicen "soy perfecta, lo sé, y lo aprovecho".

-Entonces… Puedo estar equivocada, pero hay muchas Katie Bell.

¡Gracias por recordarme que soy una más del montón!

-¿No eres de casualidad la hija de una modelo latina?

-Helena Autiero. Sí.

Supongo que alguna vez la biografía de mi mamá salió en una que otra revista. O quizás la chica estudió conmigo en alguna de las tres primarias y, naturalmente, no la recuerdo. Todavía es un misterio para mí como ella supo que yo existía.

-Yo misma quiero ser modelo, pero mi papá y mi mamá, que también tuvo sus años en el negocio, se empeñan en que ese mundo es algo horroroso y...

-Mi mamá es una persona sana -interrumpí antes de que se atreviera a insinuar nada.

A veces mi mamá era un fastidio, pero antes que nada era una de las pocas cosas que yo tenía en el mundo. Y la adoraba.

-No digo lo contrario. Es una belleza de mujer, y se dice que también de persona. Supongo que es por eso que no te reconocí.

Ese claro (aunque sutil) insulto nos hizo reaccionar a todos los presentes. Leanne se levantó, la otra cazadora la reprendió con un "¡Stella!" dicho en voz baja... Y Wood simplemente se mantuvo impasible. Nada más le faltaban las palomitas de maíz, al muy desgraciado, que nada pintaba aquí.

-¿Por qué... -pregunté yo, sonriendo de medio lado sin poder evitarlo-... te acercas a una persona que no conoces con el único propósito de insultarla?

Stella, que por lo visto así se llamaba, sonrió a su vez, mostrando su perfecta hilera de dientes blancos.

-Perdona. No sabía que te tomabas las verdades como insultos.

-Sé diferenciar una verdad de un insulto. Si yo te dijese que es totalmente ridículo meterse con alguien menor que tú gratuitamente¿Cómo te lo tomarías?

Era experta en este tipo de respuestas. Digamos que nunca fui demasiado popular en la escuela, y las chicas me mortificaban lo suficiente como para no ignorarlas y dejarlas calladas con alguna respuesta. Con ellas funcionaba, pero nuestra aspirante a modelo no es de las que se callan.

-Me lo tomaría como...

-Ya basta -interrumpió entonces Leanne-. ¿Cuantos años tienes? -le preguntó-¿Ocho?

Yo estaba conteniendo la risa. Había descubierto que esas peleas no servían de nada, y toda esta situación era lo más de absurda.

-Vaya, ahora tienes defensa personal. Interesante.

-A quien le salvaron el pellejo fue a ti. Apuesto mi escoba a que no tenías nada que responderme.

Entonces ocurrió algo inesperado. Oliver Wood estalló en risotadas. Yo no me pude contener más, y lo secundé. Y Leanne también, volviendo a tomar asiento contra el tronco del árbol.

Y por supuesto, la otra cazadora y Stella abandonaron el lugar, viendo que lo que estábamos haciendo era, precisamente, burlarnos de la última.

-No entendí esto, sinceramente -opiné cuando nos calmamos.

-Es sencillo, Katie -Wood se sentó entre Leanne y yo-, pero te vas a enfadar si te lo digo.

De pronto caí en cuenta de que, desde el día en que había practicado con él, no habíamos hablado ni una sola vez. La primera vez que nos cruzamos, él me sonrió y yo todavía estaba molesta, así que le volteé la cara. Y seguimos sin hablarnos un buen tiempo.

-Yo sí quiero saber -se metió Leanne.

-Quiere a tu amiga fuera del mapa para conservar su posición de cazadora. Ya lo ha hecho antes, y puede volverlo a hacer.

-Que se la quede, a mí me da igual.

-A ella no. Ha oído a Erika hablar de ti hasta el cansancio, como todos nosotros, y sabe que si quisieras representarías un peligro.

-Qué ridícula.

-Miren... -Se dirige tanto a Leanne como a mí-, imagínenla de modelo. -Se acercó a mí y me susurró al oído-: Sé que no soy tu capitán, y disculpa lo del otro día, pero hazme caso en esto.

Lo miré, extrañada.

-Ajá.

-Ahora imaginen que esta en el Miss Escocia. Tiene todas las de ganar. Pero de pronto le dicen que hay una candidata más apta que ella, pero ella quiere y necesita ganar¿Qué creen que haría?

-Esconderle el vestido -digo, a la vez que Leanne dice-: Quebrarle los tacones.

-Katie, cuida tu vestido y tus tacones entonces, porque Arlens hará todo lo posible para que no ganes.

Hice una mueca.

-Estás insistiendo nuevamente con lo del equipo y yo me voy a enojar. Te lo advierto.

Pero antes de que él pudiese responder, una sombra se cernió sobre nosotros.

-Ollie¿Ahora te gustan las de primero?

Él miró hacia arriba y se levantó, sonriendo.

-Annie, cielo, me gustas solo tú.

Asumiendo que la chica era su novia... ¿Qué clase de novia le pregunta esas cosas a su novio? Se supone que si están juntos es por algo.

Wood se giró hacia mí.

-Piensa en lo que te dije, Katie. Y cuídate de Arlens, que después de hoy no quedaron precisamente en buenos terminos.

-¿Oh, la arpía esa agarro otra víctima? -Ahora la rubia parecía estar a favor de que Wood hablase con nosotras-. Es una mala pécora. No sé que hace en Gryffindor, y no en Slytherin. Tú solamente ignórala y así le estarás dando por donde más le duele. Y cuando puedas, pero tienes que estar segura de que puedes, déjala en ridículo.

-Va a ser difícil. No soy de las que ignoran las ofensas.

-Entonces busca un método de lograr la opción B, vamos, que tampoco es tan difícil.

Se disponían a irse, pero no podía dejarlo sin...

-¡Wood!

Se volteó.

-Gracias. Y a ti, Leanne -Bajé la mirada antes de proseguir-: Por defenderme, digo.

-Nadie hizo nada por ti. Tienes una lengua que te basta para defender a todo un ejército, pequeña.

Y se marchó con su novia.

-Y para eso estamos los amigos, Katie -susurró Leanne dulcemente-. ¿Dudabas de mí, acaso?

La miré, analizando sus extraños ojos. Nunca me consideré su amiga realmente. Estábamos muy poco tiempo juntas... Pero después de todo, estaba conmigo. Y desde ahí no me permití dudar de ella.

Sonreí. Leanne pareció agradada por este inusual gesto viniendo de mí…

Y luego reaccioné, un poco tarde.

-¡NO SOY PEQUEÑA, WOOD!


-Ehm... ¿McKay?. ¿Silver?

Las dos levantaron sus cabezas con velocidad. Sí, esto era un milagro... Katie Bell dejando que su voz cruce La Línea.

-Ustedes tienen contactos por toda Hogwarts... Y necesito que me hagan un favor.

-¿A cambio de qué?

Suspiré, analizando mis opciones. Había prometido dejar a Leanne fuera de esto.

-Silver, me junto contigo en Encantamientos hasta Pascua.

Era mi mejor materia (sin contar las clases de vuelo, que eran realmente un juego de niños), y a Silver como que le costaba. Bueno, bueno, la verdad es que la llevaba aplazada.

-Perfecto –dijo prontamente-. ¿Qué necesitas?

-Yo no he accedido –se quejó McKay petulantemente.

-Entonces tu amiga se queda sin ayuda de mi parte.

Pausa.

-¿Qué quieres?

-Bien... Stella Arlens. Dos años mayor, de nuestra casa. Necesito saber todo sobre ella. Pero todo, y entre más trapos sucios, mejor.

-No creí que fueses de las deshonestas, Bell.

-No lo soy... Ella me jugó a mí sucio antes. Y les agradecería no tomar partido, que tengo ganas de convivir con ustedes los siguientes siete años civilizadamente, al menos.

-Un Gryffindor cumple lo que promete. Tendrás esa información, y mientras mis notas en Encantamientos sean más altas, la información será más... jugosa, por así decirlo.

En este momento, Aileen Silver y Katie Bell (entiéndase: yo) cruzaron sus marrones ojos y una poco perceptible sonrisa, para decir al mismo tiempo:

-Hecho.


¿Diciembre en mi casa? Jamás.

En su lugar, voy dos semanas a Colombia, lugar de nacimiento de mi madre. Ahí hizo tres cuartos de su carrera profesional, ahí tiene a sus dos hermanas, Isabel y Mariana, y tengo primos de todas las edades y tamaños.

Todos muggles, por supuesto.

Mi padre me envió una carta. Eso es extraño. Me dice que hay una comunidad mágica, modesta pero existente, en la capital del país, y varias escuelas mágicas en toda Colombia. Cómo lo sabe, es un misterio.

Pero no me interesa. Las Navidades, aunque yo no les ponga importancia, son para pasarla en familia. No buscando más comunidades mágicas, que a veces es bueno también un ratito a lo muggle. Mamá, primos, tíos y es todo lo que necesito. O casi todo...

Releo la carta. No entiendo como puede mostrar tanto amor y no estar cerca de mí y de mi mamá. No nos abandonó, eso lo sé con certeza, pero sí crecí sin él. Y sé también que mi mamá, a pesar de todo, está resentida.

Huelo la carta. Tiene impregnado su olor a tabaco.


-Dale un último abrazo a tu madre, cielo.

Obedecí. Ahí a un par de metros estaba Arlens, y me causó un poco de gracia que tardara en reconocerla, si se supone que había seguido su carrera. Es más, me atrevo a decir que nada más la reconoció porque estaba conmigo.

A decir verdad, mi madre tampoco es que fuese demasiado famosa. Mira tú, que podía pasar desapercibida en la calle. Pero en sus años adolescentes en Colombia sí fue relativamente importante, y aquí el par de trabajitos que había hecho nos habían conseguido a ambas un puesto en revistas, gracias a (o por culpa de) los paparazzis.

-Ma, no te lo dije, pero en el colegio hay una persona que quiere ser como tú. Quiere ser modelo. -Sabía que esto alegraría a mi madre.

-Katie, linda, tú también deberías ir pensando en tu futuro.

-El médico dijo que era imposible que yo midiera más de 1.60 y actuar no es lo mío. Ma, acepta eso, no me gustan las cámaras. Hay carreras interesantísimas como... ¿no te emocionaría verme, por ejemplo, trabajando con caballos alados?

-No te cierres puertas. Ya veremos que es lo mejor para ti. Solamente prohibidas las escobas; eso sí que es un peligro innecesario...

-¡KATE! -El grito de mi prima y un abrazo de oso patentado me dieron la bienvenida a mi querido mundo mágico nuevamente.

-Me voy. Nos vemos en verano -La volví a abrazar.

-Cuídate muchísimo, Katie. –Levantó la cabeza, mordaz, ya que nunca le agradó mi prima en demasía-. Adiós, Erika.

Traspasamos la barrera al andén, yo pensativa, ella feliz. Creo que también cumplía el rol de hermana para ella. De hermanita menor.

-¿Eri?

-Katie.

-Le importa un comino que haga con mi vida mientras no use una escoba. Creo que es por papá.

De mi papá solamente sabía que es magnífico sobre una escoba, y que su actual trabajo implica viajar demasiado. Ahí quede.

-La historia de tu padre es algo que no se toca en la familia. No creo que sea algo que de vergüenza, por así decirlo, porque la familia lo recibe bien... Lo entenderás cuando seas mayor, pero en esta historia hay algo que no encaja.

Más saludos afectuosos departe de amigos. Leanne, los gemelos, Lee, Mark, Shirley... Vamos, incluso Roger Davies que es dos años mayor, y el más popular de su curso, se recordó de los viejos tiempos y me estrujó en un abrazo de oso, que de no ser porque no es posible, juraría que los heredó de Erika.

Quizás sea algo que se contagia.

Hitchens me pellizcó el brazo cariñosamente (me tenía bajo su ala protectora desde que Arlens arruinó mis tentativas de vida tranquila), Wood me sonrió, Charlie Weasley "secuestró" a mi prima y me haló la trenza con simpatía, Alicia Spinnet, amiga de Leanne, me hizo un gesto con la mano...

Incluso Aileen Silver inclinó la cabeza como seña de reconocimiento. Sarah McKay sí pasó de largo, y me da que a la amiga de Spinnet, Angelina Johnson, no le caía demasiado bien.

-Qué cosas dices -se burló Leanne cuando le conté esta última sospecha-. Ni siquiera se conocen, como para ya formarse opinión la una de la otra.

De lo que sí me di cuenta es que ya tenía mi lugar en Hogwarts. Y lo único que no me gustaba del mismo era el espécimen de ojos azul marino conocido como Stella Arlens.


Era algo relajante. Y definitivamente, no me importaba desobedecer a mi madre en esto. Vamos, solamente ayudaba a un excelente guardián a ponerse en forma antes de su último partido del año. No tenía nada de malo, sobre todo después de que el último partido Gryffindor lo perdió 150 a 10 y duró diez minutos. Patético.

Era a Alicia Spinnet a quién le correspondía esta tarea de poner al futuro capitán en forma, pues Erika tomaba sus EXTASIS y dejó el puesto de cazadora en manos de la reserva. Yo accedí a relevarla aquel día, porque Spinnet tenía deberes atrasados para el día siguiente.

-¡No me las pongas tan difíciles!

Me estaba halagando, pero como ves, no soy muy amiga de los elogios. Siento que, por alguna causa, son insinceros.

-Entonces mueve ese trasero y...

-Vaya, que lenguaje para una niña de once.

-No soy una niña, y... bueno, Mark Fawcett no tiene la boca muy limpia que digamos.

Lancé una quaffle que él logró parar, y sonrió.

-¿Te juntas más con chicos que con chicas, no?

-Más o menos igual –Eso sonó muy a duda, así que opté por la verdad-. Sí, creo que quizás me siento más a gusto entre chicos. ¿Tú?

-No tengo demasiados amigos. El Quidditch me cierra un poco en mí mismo, y a duras penas tengo tiempo para el equipo, las clases y Annie.

-¿Es una tras otra, o Hitchens es estable?

Vaciló un poco antes de devolverme la quaffle, y sonrió de medio lado.

-La verdad, más que novia es amiga con... bueno, lo entenderás cuando crezcas. Anda, lánzame una de tus curvas. Esta vez sí la paro.

Lancé. Wood falló, y la quaffle se coló impecablemente por el agujero alto.

-Katie, considera lo del equipo. Piénsalo. Dejas a Arlens fuera, y le quitas parte de la popularidad que tiene.

Oh, si. Sus hebras de cabello azabache y sus ojos marinos causaban impresión grata en los hombres, y muchas chicas la seguían porque la admiraban y buscaban ser como ella. Algo como Cho Chang, la oriental de mi curso. Hacían lo que se les daba la gana y nadie les decía nada, porque todos les besaban los pies.

Entre pensar en Arlens y estar harta de la insistencia, le lancé una tan fuerte que no la vio venir y le golpeó en el estómago.

-¡Wood!. ¿Estás bien?

Me acerqué a donde él estaba. Se doblaba hacia adelante, con un gesto de dolor que trataba de disimular. Traté yo de no reírme, con poco o nulo éxito. Era gracioso ver a un joven de figura atlética en aquella condición.

-Tranquila, nada más me sacaste el aire. Merlín, tienes fuerza. Lo dejamos hasta aquí por hoy. Tenme algo de piedad.


-Veo que la señorita Bell ha hecho el favor de ayudar a una de las alumnas con mayores dificultades. Cinco puntos a Gryffindor, y que sirva de ejemplo.

Si había esperanzas de convivencia, se esfumaron de golpe. No sé cuándo. Seguro fue esa misma noche, cuando cuchicheaban acerca del hermano de Shirley, compañero de Quidditch desde mi infancia, y las mandé a "cerrar sus descarriadas bocas, porque Roger me contó la historia, y quien les contó esa idiotez a ustedes solamente buscaba dañar su imagen".

En fin. Nada nuevo. Se la pasan echando cuentos, y Leanne y yo... bueno, somos muy diferentes, pero al menos tenemos en común que no nos gustan los rumores.

-Silver, si quieres salir bien, para de discutir con Chang acerca de Diggory y hazme caso aquí. Pon tu mano así y...

No soy de las que ignoran las molestias, así que mi opción era dejar a la niña perfecta en ridículo, como Annie Hitchens, la novia de Wood, recomendó.

-No, no, estas alargando demasiado la "A" al principio. No es un eco, es un golpe. Así...

-Para de darme órdenes.

-Quieres salir bien y yo quiero mi información¿cierto?

Me lanza una mirada asesina. Hace el hechizo. La puerta se abre.

-¿No es tan difícil, cierto?

Sonríe con autosatisfacción. Lo intenta nuevamente. Otro hechizo perfecto.

-¡Profesor, a Silver le sale el Alohomora!

Flitwick estaba encantado conmigo, y yo con mis trozos de información.


Acabé en Enfermería totalmente mutada. Culpa de los gemelos, que le gastaron una broma a la niña perfecta cuando me tocaba a mí hacerlo y ella pensó que fui yo. Fue el regalo de cumpleaños adelantado de los gemelos, y se lo agradezco infinitamente. Hicieron uso de uno de mis trozos de información: Tiene una obsesión enfermiza con su peso. Casi como Leanne con sus rizos, pero nada le gana a mi amiga.

Ella, Lee Jordan y mis dos amigos de infancia, ambos Ravenclaw, me acompañaban durante el partido. Lee, que es comentarista, se lo cedió a Corey Grant, un Hufflepuff de su curso. Qué joyas de amigos. No sé de donde los saqué.

-Es bueno saber todo lo que sé, por si lo necesito. Ya los gemelos hicieron algo por mí, y tengo entendido que Johnson también salió beneficiada. Pero ya, que no me voy a amargar la vida por una persona de catorce que se rebaja a tener once.

-Casi doce, Katie. En una semana. -puntualiza Mark Fawcett.

-Oh sí. ¿Sabes que es lo mejor de todo?

-Dime.

-Que Arlens tardará meses en sacarse los kilos de encima que los gemelos le pusieron. Me pregunto como lo lograron...

La aspirante a modelo estaba escandalizada al levantarse ese día, el del partido, y descubrirse con muchos kilos encima. Alrededor de treinta, según los que la vieron. Tengo entendido que Silver se coló en su cuarto a tomarle fotos... Sí, le estaba yendo bien en Encantamientos.

-No vale, no fue algo permanente -dijo Lee, aunque sonreía-. Le durará una semana. Dos como máximo, pero es suficiente.

-Oye, ya que no piensas en mortificarla, al menos no te rías -me pide Shirley Davies, tan correcta que es.

Me estaba perdiendo del partido. Luego me contaron que, después de hechizarme frontalmente con cualquier maldición que se supiera, Arlens se había encerrado en su cuarto, y por ello no nada más Spinnet jugó, sino también Johnson. Este juego hizo salir a Gryffindor del horror que representaban los otros dos, y ganar con un precioso 230-30.

Y se ganó, además, detención por todo lo que queda del curso. A mí y a los gemelos no nos hicieron nada, pues nadie pudo probar que fueron ellos, y mucho menos que fui yo.

Es precisamente la mayoría del equipo (Wood, mi prima, Charlie Weasley, Johnson, Spinnet y los gemelos) quienes amenizan mi estadía cuando Leanne, Mark, Shirley y Lee se habían ido.

Incluso Annie Hitchens se pasó un rato, felicitó a los gemelos por su brillante idea, vio extrañada mi piel color amarillo chillón y se fue. Stella Arlens debió haberle hecho algo traumático. Ya lo averiguaré...

Mientras, los del equipo me resumen el partido y me cuentan sus mejores jugadas.

-Bloqueé tres gracias a ti. Muchas gracias por tu ayuda aquella tarde.

-¿En la que hice que te hice la fisura?

Adoraba picarlo con eso. Y es que sí, señoras y señores, una niña de once le hizo una fisura a un joven de quince lanzándole una quaffle. Se lo contaré a mis nietos, si es que los tengo.

-Menos mal que la magia lo puede todo –respondió, con una mueca.

-Es que sabes –Charlie Weasley hablaba con mi prima-. Delia no es mala cazadora, pero Arlens falla. No entiendo su obsesión con estar en el equipo.

-¿No saben, en serio? Quiere la popularidad que implica ser parte del mismo.

Ahí mismo Roger entró, saludó y se fue tan rápido que apenas sentimos que estuvo. Eso sí, sus ojos se detienen un segundo en... no sé en qué, pero no fue en mi piel amarillo chillón.

-¿Le conoces? -Angelina tiene sus ojos puestos en la puerta, ahora cerrada.

-De toda la vida. Vive en mi aldea. Él me puso el mote que me tenían en el vecindario.

-¿Cuál?

-Águila. Vista aguda, garras poderosas, cazadora feroz, según él.

-¿Tan buena eres que...?

-Wood, vuelves a decir algo de que "debería entrar al equipo" y mando a que te echen. En serio.

-Incansable como siempre. Yo ya desistí -observa Erika.

-Los Wood nunca desistimos.

-Te va a tocar. Los Autiero tampoco -Le saqué la lengua y él se quedó un poco confundido, probablemente sin recordar que Autiero es mi segundo apellido.

Los Bell si se rinden, miren a Erika si no. Pero los Autiero jamás... por eso la tenía tan difícil con mi madre a ratos.

-¡La niña necesita dormir!. ¡TODOS FUERA O LES RESTO PUNTOS A SUS CASAS!

Odié que se fueran, y me pregunté en que momento todos estos extraños se habían hecho tan familiares para mí.


El último día, al desayuno, revisé mis calificaciones. Nota máxima en Encantamientos, bastante bien en Defensa Contra las Artes Oscuras y regular en el resto de las materias. Incluso reprobé Historia de la Magia, y me llevé cierto trabajo extra a mi casa que tenía que completar para pasar la asignatura.

Roger se rió, diciendo que si iba a su casa, el me ayudaba y lo terminaba en un día.

-Yo lo haría por ti, cielo -prometió mi prima-, pero tengo que...

-Es más importante tu trabajo. Eres una jugadora profesional ya y... ¿Cuál equipo tiene pensado ficharte?

-El Appleby Arrows y el Puddlemere United.

-¡Puddlemere United mil por ciento! -Charlie reclamó, casi indignado de que considerase al Arrows-. ¿Sabes lo bien que les está yendo en la liga?

-Ya veré, ya veré. El que más pague, que a mí me da igual.

Era una elección sabia, pues nuestras familias no son que digamos multimillonarias. Mi padre está todo el tiempo viajando, eso sí, pero es lo que nos trae el dinero que nos entra.

Ya lo sé, yo tampoco lo entendía.

-Vaya, reprobaste Historia -La voz melosa que se alza en ese momento a mis espaldas solo puede pertenecer a...

-Arlens, si quieres conservar tu nariz intacta, hazle un favor al mundo y mueve tu trasero fuera de este decámetro cuadrado.

-No, pero si es una materia lo más de fácil -sigue-. La aprobé con nota máxima este año.

-¿Cómo no te duermes en sus clases? Supongo duermes bien en las noches, que es bueno para el cutis.

-Y quema mas calorías que ver televisión -No pudo evitar decir Leanne ante el (poco, pero existente) sobrepeso que le quedaba después de la broma de los gemelos.

Intercambiamos una que otra palabra más, saliendo Arlens victoriosa de nuestra guerra acostumbrada de palabras, y las miradas se dirigen hacia Leanne.

-Eres muy joven para preocuparte por calorías.

-Soy la tercera de cuatro hermanas. Algo aprendo de las dos mayores.

Terminamos de desayunar y nos encaminamos hacia el lago, donde Hagrid nos espera para hacer nuevamente el recorrido en botes. De ida había ido con tres desconocidos, siendo que no había visto a Mark y a Shirley todavía. Pero esta vez si me subo con ellos y con Leanne, y nos la pasamos riendo todo el camino, y comentando nuestras impresiones en el expreso.

-A la final te terminaste llevando un poco mejor con Silver.

-Un poco, no demasiado. La soporté en Encantamientos, y ella me hizo un par de favores.

-Nunca entendí por qué se llevan mal con ellas.

-No me agradan las cotillas. Y no las quiero cerca de mí, Shirley. Por Merlín, más de una vez atacaron a lenguas venenosas a tu hermano. Que si sale con ésta o con la otra, que si...

-No seas ingenua. Roger y tú siempre se han llevado bien y me atrevo a decir que lo conoces como es. Y sabes que él no es ningún santo. Pero oye, al fin y al cabo eres como ellas si tanto te interesa destrozar a Arlens.

Ese año escolar se me pasó entre tres cosas, como te puedes haber dado cuenta: Aguantar a Silver en Encantamientos, aguantar a Wood insistiendo para que entre al equipo de Quidditch y aguantar a Arlens cada vez que me la cruzaba.

-Es más bien algo de autodefensa. Para que ella no me destruya a mí, tengo todas conmigo para amenazarla. No soy idiota. No tengo ganas de meterme con una loca dos años mayor que yo que quiere reducirme a cenizas por algo a lo que ni siquiera tengo ganas de llegar.

-Katie, eres toda una Ravenclaw.

-¿Qué diablos haces en Gryffindor? -secunda Mark.

-Aparte de no dejar a Leanne sola... bueno, no lo sé. Según el Sombrero mi inteligencia no está bien aprovechada y no tengo la suficiente curiosidad o algo así. No recuerdo que me dijo, solo creyó que estaría mejor donde estoy.

Y vaya que sí. Olvidé decir una cosa más que hice en Hogwarts este año, y fue hacerme un hueco entre su gente. Yo estaba segura, al principio, de que jamás iba a encajar. No soy una persona simpática, lo reconozco, y soy más bien tímida.

Pero debía pasar otros seis años en dicho hueco, formado por y para mí. Y no lo lamentaba.


Notas:

¡Por fin ve la luz! Llevo más de medio año trabajándole, así que sean amables y dejen un review, así sea diciendo "lo leí". Me basta... estoy tan emocionada, que no es normal xD...

Quedé contenta con el capítulo, pero prometo que el resto del fic va a ser más interesante. Palabra de Ravenclaw, que vale mucho (¿Verdad, Lal?). Por cierto, no soy de las que cree que Hufflepuff son "los que sobran".

Pienso abarcar los 7 años de Katie en Hogwarts y como tres o cuatro años más. A lo sumo, diez capítulos sin contar epílogo (quince si se me sale de las manos, pero eso lo dudo). No narraré ninguna escena de los libros, aunque probablemente si me refiera a una que otra. Asumo que se leyeron los 6 libros publicados, y que no me van a venir preguntando "¿De dónde sacaste a Leanne?" xD.

Por cierto, Leanne se pronuncia como si fuese Lee Anne, osea LÍ-an. Yo misma he llegado a pronunciarlo de tantas formas… Merlín, ni que fuese Hermione o.o

¡Mil gracias a Maggie por betearme! Y a ella y a Lal por tolerar mis inseguridades hasta que por fin me enamoré del capítulo. LAS ADORO. No sé que hubiese hecho sin ustedes.

Bueno, ya me extendí mucho, solo quiero rogarles que dejen review, por fa, así sea de una sola línea, que la gente lee las historias que más reviews tienen y bueno, no aspiro a mucho tomando en cuenta la poca popularidad de la pareja, pero POR FAVOR. Nada les cuesta tomarse un minuto en una historia que llevo planeando medio año n.nUU

¡Besos gigantes!

Kayi.