Nota de autora, 01/03/2011:

Dentro de poco se cumplirán cuatro años desde que empecé a publicar esta historia. Creo que ya se cumplió el aniversario de la fecha en que comencé a escribirla. Está en procesode ser editada para corregir faltas, dedazos y sustituir los guiones cortos por los largos, pero voy a un ritmo muy lento. No obstante, no cambiaré nada esencial del fanfic.

Escribo esta nota por varias razones:

1) Sigo leyendo los reviews de este fanfic y los contesto al ritmo que puedo. Muchas gracias por leerlo después de tanto tiempo y seguir tomándoos la molestia de escribirme :)

2) Los links de recomendaciones musicales han sido devorados por la página, en el proceso de edición los estoy eliminando directamente.

3) Quiero recomendaros un maravilloso fanvid basado en Dormiens, hecho por la talentosa 22Keira. Podéis encontrarlo en Youtube bajo el titulo "Draco y Hermione - Dormiens" de la usuaria 22Keira22. El link, sin espacios, es youtube . com / watch?v=rl0FYAwHqQE Si lo veis y os gusta, dadle feedback :)

Escribir este fanfic ha sido increíble, gracias por vivirlo conmigo en su momento y revivirlo cada vez que me llega un comentario :)

Nota de autora original 09/04/2007:

Hola!

He vuelto, esta vez con una historia larga :) Las que leyeron Lija y Terciopelo (gracias, gracias, gracias!) ya saben de que estoy hablando y es que como había prometido he vuelto (un poco más tarde de lo que pensaba). Aquí está mi siguiente fic largo, otro Dramione (mi pareja predilecta) que espero que os guste. Se situa después de que acabe el sexto libro y en líneas generales, se podría decir que es una continuación de la historia de Rowling aunque es posible que durante el trascurso modifique un poco algo de lo ocurrido en los libros. En el fic van algunas de mis impresiones sobre que sucederá en el séptimo libro, si bien la historia no se centra en la búsqueda de los horrocruxes (no me veo muy capacitada para escribir sobre eso).

El titulo, según mi escaso conocimiento de latín, viene a significar algo así como "Dormido" y a lo largo de la historia entenderéis porqué lo he elegido :) Como de costumbre, intento que Draco sea lo más fiel al personaje original que sea posible, vosotras me diréis si lo consigo o no.

Disclaimer: los personajes, escenarios, hechizos, etc, pertenecen a J.K. Rowling. Si fueran míos Cedric, Sirius y Dumbledore vivirían T.T y George Weasley estaría masajeándome la espalda ahora mismo.

0o Nota: Hago esta aclaración ya desde el comienzo de la historia para evitar posibles problemas futuros. No permito publicar esta, ni ninguna de mis otros fanfics fuera de esta página. Por favor, os pido que respetéis mi decisión y que nadie publique mis fics en ninguna otra parte. Si veis mis fics en algún otro lugar, os ruego que me aviséis y tomaré las medicas necesarias. Gracias.

Eso es todo, disfrutad de la lectura, espero que os guste mi nueva historia y os agradecería muchísimo que me dieraís vuestra opinión :)

Este capítulo se lo dedico a Earwen Neruda, Chibi Naruky y Nott Mordred por darme su opinión y animarme a continuar :)

Con mucho cariño, Dry


Capítulo 1: Reencuentro en las Sombras (Editado)

Hermione se repitió mentalmente la lista de las cosas que debía comprar mientras se subía el cuello de su chaqueta marrón. Se frotó las manos congeladas y exhaló su aliento sobre ellas tratando en vano de calentarlas. Sólo era agosto, pero en Londres las temperaturas ya eran especialmente bajas ese año.

Reprimiendo un estremecimiento, echó un vistazo a la calle estrecha y angosta por la que se había metido dándose cuenta de que no le resultaba familiar.

—Maldita sea—farfulló fastidiada. ¿Cómo era posible que hubiera vuelto a perderse? Después de una semana en Grimmauld Place aún no estaba muy familiarizada con sus alrededores a pesar de que sólo estaba a unos veinte minutos de la estación de King's Cross. Definitivamente en esa callejuela, flanqueada por enormes edificaciones grises, sucias y abandonadas, no iba a encontrar el supermercado muggle que estaba buscando. Se abrazó a sí misma y siguió caminando, esperando encontrar alguna bifurcación en la que poder vislumbrar una calle más llena de vida. La zona tenía toda la pinta de estar abandonado hacía años. Las construcciones no eran más que antiguas viviendas obreras, apiñadas, con materiales de poca calidad y escasa estabilidad. Las ventanas estaban rotas y descuidadamente tapiadas en algunos casos. Las puertas roídas y las paredes oscurecidas, posiblemente por el humo contaminado que alguna fábrica antiguamente cercana una vez desprendió. Las diminutas aceras, apenas lo suficientemente anchas para que una persona pudiera caminar sobre ellas, estaban llenas de suciedad y algunas hojas arrugadas de periódicos viejos.

Hermione decidió que lo mejor que podía hacer era salir de allí. Todos los días se oían noticias de drogadictos, mendigos y pandilleros que solían refugiarse en esas casas abandonadas al caer la noche, y aunque llevaba su varita en el bolsillo y ya podía realizar magia por haber superado la mayoría de edad mágica, no se sentía segura en ese lugar.

Decidió regresar por donde había venido, pero tras caminar durante unos cuantos segundos, se dio cuenta de que no sabía cómo había llegado hasta allí. Había estado demasiado distraía memorizando la lista de productos de limpieza que debía comprar para limpiar la mansión Black.

Algo asustada e intranquila al comprobar que lentamente el cielo se iba volviendo violeta a medida que llegaba la oscuridad de la noche, Hermione sacó su varita del bolsillo y decidió realizar un encantamiento orientador. Extendió su mano izquierda, colocó la varita en horizontal sobre su palma, cerró los ojos y recitó mentalmente el hechizo. Inmediatamente, la varita comenzó a girar como si fuera una brújula hasta que se detuvo en seco, apuntando una dirección hacia la derecha de Hermione. Aferrando la varita con fuerza, Hermione resolvió tomar la primera calle que encontrara en esa dirección y en cuanto tuvo la oportunidad así lo hizo.

La nueva callejuela era tan angosta y curva que no podía ver el final, y bastante más estrecha. No tenía mucho mejor aspecto que la anterior, y el asfalto que la cubría estaba lleno de baches, desgastado y abierto en algunos lugares. Hermione apretó su varita, y continuó avanzando durante unos minutos, experimentando la creciente sensación de ser observada.

Miraba constantemente por encima del hombro, a su alrededor o alguna de las ventanas sin tapiar de los edificios que la rodeaban esperando encontrar a alguien, pero el lugar parecía desierto y la noche estaba cayendo sobre ella.

Tratando de contener su nerviosismo, Hermione apretó el paso todo lo que pudo sin llegar a correr. Ahogó un grito cuando un gato sucio, desgarbado y esquelético pasó corriendo frente a ella, maullando estridentemente como si algo lo hubiera asustado. Respiró hondo e investigó el lugar del que el gato había salido. Era la planta baja de un deteriorado edificio, cuya "puerta" consistía en unas cuantas tablas de madera atravesadas y mal clavadas que trataban inútilmente de impedir la entrada. Pero Hermione hubiera podido pasar tan sólo con agacharse, si es que lo hubiera querido. Cosa que ciertamente no deseaba.

Lo único que quería era largarse de allí, cuanto antes a poder ser.

Se planteó seriamente la posibilidad de aparecerse en otro lugar pero no se le ocurría ningún sitio que pudiera estar desierto y libre de muggles. Y por supuesto, Grimmauld Place estaba hechizado contra apariciones, nadie podía aparecerse en su interior.

Decidió realizar de nuevo el hechizo orientador para saber si se había desviado mucho del rumbo que quería tomar, pero ni bien movió su varita, escuchó un ruido, como de algo pesado arrastrándose por el suelo a su derecha. Concretamente, dentro del edificio abandonado del que había salido disparado el gato.

Hermione tuvo un extraño presentimiento que hizo que el vello se le erizara en la nuca y su respiración se acelerara.

— ¿Hay alguien ahí? —preguntó. No obtuvo ninguna respuesta, pero tras unos segundos volvió a escuchar ese sonido que parecía alejarse de ella apresuradamente por el interior de la casa. Tragando en grueso, Hermione se dijo a sí misma que se estaba comportando como una niña asustadiza, y que posiblemente lo que había asustado al gato, lo que había dentro de ese lugar, no era más que otro felino. Puede que incluso un perro callejero.

O no.

Se mordió el labio inferior con inquietud, debatiéndose entre confirmar sus sospechas o salir corriendo del lugar, pero su lado Gryffindor ganó. Tarareando interiormente una canción para tranquilizarse, y con la varita fuertemente sujeta en la mano, Hermione se acercó a la puerta tapiada y echó un vistazo con cautela al interior del edificio por encima de un tablón de madera mal clavado.

La estancia era una especie de hall, lleno de suciedad, telas de araña y sumido en las sombras. No había ni un solo mueble y la pintura de las paredes que algún día debía de haber sido blanca, ahora estaba desconchada, revelando el tabique de hormigón en algunas zonas.

Y entonces lo vio. Una sombra replegándose hacia la oscuridad que arrojaba una columna a uno de los lados del hall.

Abrió la boca para preguntar quién estaba ahí, pero de algún modo supo que no obtendría respuesta. Fuera quien fuera, o lo que fuera, que estuviera allí no iba a mostrarse ante ella.

En un ataque de valentía, o locura, según se mirase, se coló bajo los tablones atravesados que franqueaban la entrada y se adentró en el lugar.

Caminó un par de pasos con la varita en alto, preparada para soltar un Petrificus Totallus a la mínima que algo o alguien se moviera, pero lo que quiera que se había ocultado, no se movió, ni mostró. Con cautela, Hermione avanzó hacia la columna, rodeándola a una distancia prudencial para ver lo que ocultaba y sintió que el corazón se le paraba en seco cuando vislumbró una figura oscura apoyada con aire indolente en el poste.

Una figura familiar. Muy familiar.

—¿Malfoy? —musitó Hermione con voz temblorosa. El susodicho giró el rostro hacia ella, permitiéndole ver algo más que su perfil, y la escasa luz que se filtraba por la puerta tapiada cayó sobre él.

Era él, sin duda. Draco Malfoy. Alto, delgado, oscuro, con el rostro más pálido y demacrado que la última vez que lo había visto, el pelo despeinado y con una túnica negra, andrajosa, desgastada y rota cubriéndole el cuerpo.

Parecía un mendigo en lugar del refinado y elegante Malfoy que ella había conocido. Todo su aspecto había cambiado, desde su sucia ropa a su pelo descuidado y graso. Lo único que permanecía igual, lo único en lo que ella reconoció al Malfoy que había sufrido durante años era en el color de sus ojos. Azul iceberg, casi gris. Inconfundible.

Hermione hubiera jurado que habían pasado años desde la última vez en que lo había visto, a pesar de saber que sólo habían transcurrido unos escasos meses. Tan sólo el verano les separaba de aquel trágico día en el que los mortífagos habían irrumpido en Hogwarts, en el que Snape había matado a Dumbledore y luego se había llevado a Malfoy con él.

En el que había descubierto que él era un mortífago.

Después del asesinato de Dumbledore, el mundo mágico había conocido una extraña y tensa "paz". Voldemort no había vuelto a manifestarse, y su señal no había vuelto a verse desde esa noche en la que flotó sobre el castillo de Hogwarts. No se había sabido nada de los mortífagos, y por lo tanto, tampoco de Draco Malfoy.

Y ahora estaba ahí, erguido frente a ella como un príncipe mendigo. Harapiento, pero con el mismo porte orgulloso.

—Veo que no has podido olvidarme, Granger —dijo arrastrando las palabras con tono de superioridad.

El primer pensamiento de Hermione fue que le había enviado Voldemort para acabar con ella, no obstante, no sintió todo el miedo que esa idea debería de haberle producido. Había varias cosa que no encajaban, como el aspecto que él tenía por ejemplo. Y no iba vestido como un mortífago.

—Malfoy... ¿qué...¿qué haces aquí?

—Yo podría preguntarte lo mismo —repuso él.

—Me he...perdido —contestó Hermione sintiéndose ridícula. ¿Qué hacía Malfoy con esas pintas y en lugar como ese? —¿Tú?

—Estaba esperándote.

—Hablo en serio —replicó Hermione frunciendo el ceño ante la ironía que destilaba su voz.

—Lárgate de aquí, sangre sucia. Este no es lugar para ti. Vete y olvida que me has visto —dijo él con su habitual tono de prepotencia. No obstante, Hermione percibió algo más en su voz. ¿Miedo?

Mirándole, Hermione tuvo la extraña certeza de que Malfoy llevaba tiempo en ese lugar. Echó un vistazo a su alrededor y descubrió una manta vieja, arrugada en un rincón y una bolsa negra abultada, rodeada de algunos restos de comida en distintos estados de descomposición.

Días. Malfoy llevaba días en ese lugar. Pero, ¿por qué? ¿Estaba ocultándose de algo? ¿De alguien?

Draco se dio cuenta de la deducción a la que había llegado, y se incorporó de la columna con brusquedad, con la intención de impedir que siguiera echando un vistazo a sus cosas, a todo lo que le quedaba. Pero en cuanto despegó la espalda de la columna, un profundo dolor le atravesó, haciéndole doblarse en dos. Tuvo que aferrarse con fuerza a la columna para no caer de rodillas y arrugó el rostro en una mueca de dolor, sintiéndolo con demasiada intensidad para importarle que la sangre sucia lo viera.

—¿Malfoy?

Escuchó su voz, apenas un murmullo asustado, atravesando las brumas del dolor que se esparcía por su cuerpo. Aferrado a la columna, se dejó caer poco a poco hasta que sus rodillas tocaron el suelo suavemente y respiró con desesperación, tratando de calmar el dolor que le llenaba.

—¡Malfoy! —exclamó esta vez Hermione, arrodillándose a su lado con preocupación. ¿Qué demonios le ocurría? —¿Estás herido?

—Déjame en paz, sangre sucia —repitió con todo el desprecio del que fue capaz. Hermione le miró dolida, no obstante, no obedeció su orden sino que alargó una mano hasta él, y antes de que Draco pudiera hacer nada para impedirlo, abrió su ajada capa revelando una camisa verde botella llena de manchas oscuras.

—Sangre —susurró Hermione y le miró con gesto preocupación —Estás herido. Tengo que llevarte a San Mungo... —dijo poniéndose en pie.

—No —se negó Draco mirándola desde el suelo. Detestaba esa posición, odiaba estar arrodillado ante ella por lo que esa situación le recordaba. Estaba furioso porque le hubiera encontrado y aún más porque le demostrara compasión a pesar de sus palabras hirientes. Sólo quería que lo dejara en paz.

—Lárgate —siseó con amenaza, cubriéndose con la capa.

—Pero... —musitó ella sorprendida —Estás herido...tienes que ir al hospital...

—¿Es que no lo entiendes, Granger? ¿Por qué coño crees que estoy aquí? Si voy a San Mungo, ellos me encontrarán —replicó, incapaz de contenerse.

—¿Ellos?

—Los mortífagos —respondió Draco entre dientes y se estremeció como si una corriente de aire frío le hubiera lamido la nuca.

—¿Por qué no quieres que te encuentren? Eres uno de ellos.

—Ya no —respondió él sin atreverse a mirarla, y giró el rostro para que no pudiera ver su expresión de modo que mechones de pelo despeinado y sucio le cayeron sobre los ojos.

—¿Por qué? —preguntó Hermione en voz baja.

—No es asunto tuyo, sabelotodo, pero mientras estés cerca de mí corres peligro. Así que si sabes lo que te conviene, te largarás y no le dirás a nadie que me has visto.

—Pero... no puedo dejarte aquí herido...

—No quiero tu compasión, sangresucia —respondió él mirándola con desprecio —Tú y yo nos odiamos. No me debes nada.

—Sé que no, pero no soy como tú —respondió ella sin mostrarse afectada por su declaración de odio y el insulto que le dedicó —Si no quieres ir a San Mungo, puedo acompañarte hasta tu casa o...

—Muy buena idea —la interrumpió él con voz cargada de ironía —Seguro que a ninguno de ellos se les ocurriría buscarme en mi puta casa. ¿Crees que si pudiera estar allí hubiera pisado este lugar inmundo?

—¿No tienes ningún sitio seguro al que ir? —preguntó la chica tratando de obviar el tono de desdén que Malfoy usaba con ella.

—Te lo repetiré porque veo que tu reducido cerebro no te llega para entenderlo, ¿crees que si pudiera estar en otro lugar estaría en esta mierda muggle?

Hermione apretó los labios. No había cambiado nada. Era un mortífago y el mismo gilipollas prepotente de siempre. Tenía razón, ella no le debía nada. No tenía por qué intentar ayudarle. Podría dejarlo ahí tirado y nadie le diría nada, de hecho, él lo prefería.

Había tratado de ofrecerle su ayuda y sólo había recibido a cambio desprecio. ¿Pero qué esperaba? Un poco de suciedad y un refugio cochambroso no eran suficientes para volver humilde a un Malfoy. Ni siquiera para volverlo un poco menos orgulloso, lo suficiente para aceptar la ayuda que ella podría darle.

—Muy bien —dijo —Pues quédate aquí entonces. Muérete desangrado, de hambre o por cualquier enfermedad que te contagien las ratas si es lo que quieres.

Le miró atentamente, esperando que la contradijera, pero él se limitaba a mirar a otra parte, negándose a prestarle atención, haciéndole saber cuan indeseable le resultaba su presencia. Furiosa por su rechazo, Hermione bufó, masculló un "Como quieras" y se alejó de Malfoy. Se agachó para salir por la puerta y pronto se halló fuera el edificio.

Respiró hondo y se cercioró de que ya era prácticamente de noche. No podía perder un segundo si quería llegar a casa cuanto antes.

Sí.

Pero por alguna razón no podía moverse del sitio. No importaba que Malfoy la hubiera despreciado, insultado y rechazado una media docena de veces en cinco minutos. Tampoco que fuera un mortífago que había estado intentado matar a Dumbledore durante todo sexto curso. Simplemente no podía dejarlo abandonado a su suerte, sabiendo que estaba herido. Y sospechaba que bastante más mal herido de lo que él había dejado ver.

Lanzando un bufido de resignación, volvió a entrar en el edificio, encontrando a Draco arrodillado justo dónde lo había dejado. Estaba más encogido que antes, tenía la vista pérdida y temblaba ligeramente.

Parecía próximo a un estado de shock.

—¿Malfoy? —le llamó Hermione asustada. Lentamente, él movió los ojos hacia ella, pero no pareció verla.

—Te he dicho que te largues, Granger —logró decir con voz espesa.

Después se desmayó.