El Copyright y la Marca Registrada del nombre y del personaje de Harry Potter, de todos los demás nombres propios y personajes, asi como de todo los símbolos y elementos relacionados son propiedad de Warner Bros., 2000.

Resumen: Es un fic que consta de dos capítulos. En cada uno se trata a cada una de las parejas principales de Harry Potter (Ginny y Harry, Ron y Hermione), durante su corta estancia en La Madriguera, en el verano anterior al comienzo del septimo año, evidentemente, antes de la guerra. Contiene spoilers de Harry Potter y el misterio del principe.

Juntos

Definitivamente no era un verano como los de años anteriores. El mismo día que cumplió diecisiete años, Harry Potter marchó de casa de sus tíos rumbo a La Madriguera. Llegó a la hora de comer y se sorprendió al ver que le habían preparado una fiesta para celebrar su cumpleaños. Tras casi un mes volvió a sentir algo por lo que sonreír. Hermione ya había llegado a la casa de su mejor amigo, los acontecimientos que habían pasado a finales del curso anterior habían hecho que adelantase su viaje a La Madriguera. Los acontecimientos, y una inminente boda de Fleur y Bill, la cual tendría lugar tan sólo una semana más tarde.

Los dos primeros días fueron una señal inequívoca de que aquel, no era un verano normal. Nunca habían tenido un verano sin sobresaltos, pero siempre habían conseguido distraerse jugando al Quidditch, al ajedrez mágico o simplemente disfrutando mutuamente de su compañía. Pero ahora había un nuevo protagonista: el silencio. No había hora del día en la que no se quedaran callados. Harry estaba completamente absorto en sus pensamientos; pensaba en el Valle de Godric, en Dumbledore, en Snape, y en lo que menos ansiaba pensar, en Ginny.

La tenía tan cerca y al mismo tiempo tan lejos que no podía dejar de recordar las semanas que estuvieron juntos, en las que se miraban a los ojos jugando a adivinar que estaba pensando el otro, sonriendo, y sintiéndose muy cerca el uno del otro. La próxima vez que tuviera que conjurar un patronus ya sabría que recuerdo tendría que utilizar; cualquiera en el que estuviera junto a Ginny. A veces simplemente dejaba su mente en blanco y se dedicaba a observarla, intentando que ella no se diera cuenta, aunque esto rara vez lo conseguía. La relación de ambos se había enfriado bruscamente. A penas se dirigían la palabra si no era para pasarse el pan durante la comida. Harry era incapaz de mirarla directamente a los ojos sin tener un impulso de besarla y abrazarla, y tenerla en sus brazos para siempre.

- ¿Harry? – una voz femenina pronunció su nombre y le hizo salir del ensimismamiento en el que se encontraba. Giró la cabeza y vio que había sido Hermione quien le había llamado, le miraba con tristeza.

- Perdona. – dijo Harry - ¿Qué ocurre?

- Es la hora de la cena.- informó su amiga.

No se había dado cuenta de que ya era tan tarde. Levaba horas sentado en la sala de estar de los Weasley, mientras a lo lejos oía a Ron y Hermione discutir sobre la distribución de los invitados en la boda de Fleur y Bill, algo en lo que ellos no tenían ni voz ni voto. Ya habían pasado demasiados años desde que esas peleas empezaron, pero en el último año se habían vuelto más usuales e ilógicas. Se levantó del sillón y, seguido de sus amigos, se dirigió a la cocina. Justo en el momento en el que entraba en la cocina, giró la cabeza para poner un poco de paz entre ellos antes de que continuaran con la discusión sobre veelas y pelirrojos, y sin darse cuenta, tropezó con alguien, quien se sujeto en sus brazos al mismo tiempo que el lo hacía en su cintura. No tardó ni una milésima de segundo en saber con quien había tropezado. Su olor le hizo estremecerse, y al volver a girar la cabeza hacia delante allí la encontró. A escasos centímetros de él, a una distancia que no existía nadie más, y en la que Harry no supo si estuvo dos segundos o cinco días, allí estaba Ginny.

Fue ella la que rompió el contacto para salir en silencio rápidamente de la cocina. Hermione y Ron se habían callado al presenciar la escena, su amiga, la cual ahora le interrogaba con la mirada, y salió de la cocina tras Ginny. Ron se encogió de hombros y le dio unas palmadas en la espalda a modo de consuelo. Harry no se inmutó, y comenzó a sacar platos de la alacena. A los pocos minutos volvió Hermione acompañada de la señora Weasley y miró a Harry antes lanzar un suspiro.

Harry a penas cenó aquella noche. Aún podía olerla aunque no bajó a cenar. Cuando recogieron la mesa, sólo quedaron los tres en la cocina.

- ¿Dónde está Ginny? – preguntó Ron, mientras Hermione negaba con la cabeza en un intento de que Harry no escuchase la pregunta de su amigo.

- Hermione no hace falta que hagas eso. Se que no ha cenado por mi culpa. – dijo con un tono de preocupación.

Ron negó con la cabeza a Hermione y los dejó solos en la cocina. La joven se acercó a su amigo y le abrazó. Al separarse le dijo:

- Harry no te puedes martirizar más por lo que hiciste. Ella lo entiende, aunque cada día que pase le cueste más trabajo hacerse a la idea de que lo haces por su bien. – Sonrió – Supongo que tiene que ser duro tener a la persona que quieres tan cerca y no poder demostrárselo siempre que quieras.

Harry hizo un esfuerzo por sonreír y dijo:

- ¿Supones?

La expresión de Hermione cambió por completo, se ruborizó y se giró intentando darle la espalda a su amigo.

- Si – dijo – supongo.

Harry no entendía porque sus amigos eran capaces de dejarse cegar por el orgullo y el rechazo a no ser el primero en dar el primer paso, aunque en su opinión habían dado tantos pasos mutuamente que había comenzado a pensar que quizás fueran imaginaciones suyas. Abrió la puerta de la cocina y se encontró con Ron, que estaba en una postura muy sospechosa demasiado cerca de la puerta, como si estuviera espiándolos. No, no eran imaginaciones suyas.

Antes de llegar a las escaleras volvió a escuchar a Hermione gritando a Ron. ¿Por qué no estás arriba en lugar de espiarnos? y a Ron protestar ¿Por qué siempre tenéis que hablar de cosas importantes a mis espaldas? Subió los escalones de dos en dos antes de ser participe de una de las muchas discusiones violentas que siempre le dejaban en medio de dos personas que utilizarían el petrificus totallus contra la otra si no se quisieran tanto.

Al llegar a la planta de arriba, encaminó el pasillo y al pasar delante de la habitación de Ginny y Hermione se dio cuenta de que la puerta de la misma no estaba cerrada completamente, sólo encajada. La abrió un poco más y en la oscuridad de la habitación descubrió sentada en el alfeizar de la ventana con la mirada perdida, e iluminada tan sólo con la luz de la luna, a la chica que le había hecho conocer que era la verdadera felicidad, el verdadero sentimiento de protección de querer dar la vida por alguien por encima de todo, la chica que le había hecho conocer tantas cosas que no podía imaginar una vida sin ella.

- Sé que eres tú, Harry. – dijo Ginny sin apartar la vista del horizonte.

Había entrado en aquella oscura habitación sin saber realmente cual era su intención. Harry Potter, el niño que vivió, el mismo que se había enfrentado contra Voldemort con anterioridad en cuatro ocasiones, estaba aterrado. Él también tenía miedo. Quería irse a la cama, dormir, que al despertar Ginny estuviera abrazada a él y que la guerra hubiera acabado. Quería poder tener una adolescencia normal, y que no estuviera marcada por el futuro del mundo mágico.

Avanzó unos metros en dirección a la ventana y Ginny le miró a los ojos. La misma mirada que había visto en ella durante el funeral de Dumbledore, una mirada que le había descubierto que Ginny había dejado de ser una niña hace mucho tiempo. No quería mirarla a los ojos. Miró a la alfombra, a las paredes y a la nada, pero algo dentro de él le impulsaba a mirarla. Se miraron a los ojos en silencio. Ella se levantó y se puso delante de él, a la misma distancia a la que habían estado un rato antes.

- En Hogwarts me dijiste que no podíamos seguir viéndonos porque Voldemort podía utilizarme para llegar hasta a ti. Yo lo acepté, porque siempre he sabido que si al final llegábamos a estar juntos, acabaríamos así. Lo acepté, y he intentado vivir con ello. – Hizo una pausa y miró al suelo para tomar aliento. Volvió a mirarle. – Pero no puedo. No puedo quedarme de brazos cruzados pensando que no estamos juntos cuando no sabemos el tiempo que nos queda. No puedo aceptar que estés aquí conmigo y no esté en tus brazos. No puedo y no quiero.

- Ginny... Yo...- la interrumpió Harry.

- Harry sabes que te quiero. Te quiero como nunca jamás he querido a nadie, estoy enamorada de ti y eso no va a cambiar por muchas guerras que tengamos que vivir. Juntos. Porque esta guerra la vamos a luchar así. No voy a dejarte solo, y no me puedes dejar sola. Ahora no, en los momentos difíciles como este es en los que se demuestra el verdadero amor. – Los ojos comenzaron a llenárseles de unas lágrimas silenciosas, unas lágrimas que no la derrumbaron, que no impidieron que su mirada le atravesase el alma.

No pudo aguantar más. Alzó los brazos y la trajo para sí. Apoyó su cabeza en su pecho, cerraron los ojos y mientras se abrazaban, él le acarició el pelo como lo había hecho unas semanas antes. Las lágrimas de Ginny cayeron por sus mejillas silenciosamente, y acabaron en sus labios, los cuales ahora dibujaban una sonrisa que mostraban simplemente paz y tranquilidad. Se quedaron en esa postura unos minutos y al separarse, se fundieron en un beso que los hizo respirar de verdad por primera vez en días.

Fue un beso dulce, suave, corto, lo saborearon como si fuera al mismo tiempo el primero y el último. Cuando volvieron a abrir los ojos y se encontraron el uno al otro en un momento en el que sentían que nada más existía, que no había peligro, que sólo eran ellos dos, Ginny y Harry, Harry y Ginny, volvieron a besarse. Esta vez la intensidad del beso fue creciendo y en tan sólo unos minutos se tropezaron con la cama y cayeron en ella. Harry fue acariciándole la piel del estomago en círculos, notando como la piel de ella se erizaba bajo sus dedos. Ginny metió las manos por su camiseta y le acerco presionando su espalda contra ella. Se separaron al mismo tiempo. Se miraron a los ojos y Harry recordó aquel consejo que una vez le dio Hagrid, lo que tenga que llegar llegaría y ya habría tiempo de plantarle cara, y aunque esta vez tenía que estar preparado en cualquier momento, esa noche sólo iba a ser de ellos dos.