Hola. Hacía mucho tiempo q tenía en mente a esta pareja, pero recién ahora me decidí a hacer un fic de ellos. Podrán no haber estado juntos ni el manga ni el anime, pero estos dos me encatan por separado y quiero ver q resulta de juntarlos. El único fic q he encontrado hasta el momento de Eagle y Umi es Ice And Snow de ViscountessKiera (q x lo demás me encanta) y a falta de otro escribo este. Jejeje, pero no x eso pienso descontinuar mi otro fic: estoy muy inpirada!

Ahora, para los q hayan visto solo la serie, en el manga Eagle no muere, pero si queda en coma, aunque se pueden comunicar con él en unas especies de trances (es Cefiro, no se olviden). Lo otro es que Hikaru y compañía pueden ir y venir de Cefiro a la Tierra cuando quieran (o eso entendí yo). Mi idea es unir un poco los dos finales, pero de eso ya se van a ir dando cuenta.

Bueno, dejo de dar lata y los dejo con mi historia. Dejen reviews xfis.


La novia de fuego

La noche era sencillamente perfecta. Soplaba un viento suave que movía ligeramente las copas de los árboles, pasando delicadamente por entre sus ramas. En el cielo, las estrellas brillaban como nunca. Era como si ellas también estuvieran conscientes de la celebración que se estaba llevando abajo y quisieran formar parte de ella.

En el castillo, la música y la conversación alegre de la gente podían oírse por los pasillos; el ambiente era realmente uno agradable y lleno de felicidad. Después de todo ¿qué tan seguido se casa una guerrera mágica? Todos los habitantes de Cefiro compartían su tan ansiada y merecida felicidad. ¿Acaso ella no se había preocupado siempre por ellos? ¿No había ayudado a su relación con los planetas vecinos y a la reconstrucción de su mundo? Y lo más importante de todo, ¿no había sido ella quien garantizó la libertad y salvación de ese mundo? Y aunque nada de eso hubiera sido cierto, aún les hubiera quedado su felicidad por el novio. Siempre lo habían admirado y respetado, al tiempo que sentido una enorme tristeza por su soledad. Ahora ya no estaba solo y comenzaría una familia junto a la mujer que amaba.

La ceremonia había concluido hacía un buen rato y ahora todo el mundo se encontraba en los alrededores del castillo o en el salón principal, disfrutando del baile. Los ya esposos estaban en el último, bailando en el centro en compañía de otras parejas.

Mucho había cambiado la joven en esos siete años. Para empezar, su estatura había aumentado; era claro que nunca podría igualar la altura de la Guerrera del Agua, pero hacía mucho que había dejado de ser la muchachita a quien muchos confundían con una niña pequeña. Su figura también había cambiado, era imposible ya ocultar que era una mujer, y una muy bella por cierto. Su rostro era casi el mismo, pero había adquirido cierta madurez en sus gestos y sus rasgos ya no eran tan infantiles. Lo que seguía igual era el brillo de sus ojos, dulces, tiernos y compasivos, pero con una llama interior que revelaba gran fuerza interna y una voluntad indomable a la hora de pelear por lo que amaba. Justo como su elemento: el fuego.

Hikaru bailaba ágil y con gracia en los brazos de su marido. Físicamente él estaba casi igual. Tenía el mismo atractivo que cuando ella lo había conocido, todavía más si es que eso era posible. Aunque su carácter siempre sería el de alguien serio y silencioso, su alma ya no estaba en las sombras, algo de lo que Hikaru se había encargado personalmente. Ya no era tan frecuente verlo serio todo el tiempo, sus gestos se habían suavizado y la sonrisa, si bien no estaba en su cara siempre, se había vuelto increíblemente natural y sincera. Sí, Lantis definitivamente era feliz y daría hasta su último aliento de vida para asegurarse de que la mujer en sus brazos también lo fuera.

No había una sola persona que no admirara lo bien que se veían juntos. El vestido de Hikaru era sencillo en cuanto al corte, pero hecho con telas finísimas y de un blanco inmaculado. El estilo era muy parecido al griego y era tan ligero que ella podía moverse con total libertad. Lo único que no era blanco era el lazo que sujetaba su cintura, de tela trasparente y tonos entre rosados y rojizos. Su cuello estaba adornado con un collar de oro, circular que en el frente tenía tres piedras preciosas de color rojo, y además el medallón que Lantis le regalara años atrás, estaba apoyado en su pecho. En cuanto a su pelo, hacía mucho que no se lo trenzaba y esa noche lo llevaba arreglado de forma que este se juntaba en la base de la nuca y luego caía suelto en su espalda, adornado por pequeñas flores blancas. Sus muñecas estaban adornadas por pulseras doradas que acentuaban la delicadeza de sus brazos.

Lantis estaba vestido a la manera de Cefiro como siempre, pero con la diferencia de que en lugar del negro habitual que lo caracterizaba, estaba vestido de blanco y tanto los adornos de su capa como su armadura, resplandecían con el brillo de la plata.

La canción se detuvo, pero ellos continuaron sin separarse. Hikaru cerró sus ojos y Lantis se inclinó para darle un suave beso sobre la frente, luego los párpados, las mejillas y finalmente los labios. Fue un beso suave tierno y largo, cuando se separaron, ambos se miraron a los ojos sonriendo.

-Detesto interrumpir –dijo una vos masculina conocida por los dos –Pero me fue imposible saludarlos antes y quiero felicitar a los novios –agregó un joven de pelo rubio que se confundía ligeramente con el gris, al tiempo que se inclinaba respetuoso y sonriente ante ellos.

-¡Eagle! –exclamó una feliz Hikaru - ¡Qué alegría verte¡pensé que no ibas a llegar!

-¿Me creíste capaz de faltar?

- Ya te echábamos de menos –dijo su amigo en falso tono de reproche, mientras le estrechaba la mano.

-Lo lamento, pero la nave se averió mientras viajábamos, por eso el retraso –se disculpó –Vieras la cara que tenía Geo, el pobre Zazu tuvo que aguantar su genio y trabajar como loco en las reparaciones –se rió.

-¡Me imagino! –comento riendo él también.

-¿Y dónde están ellos? –preguntó Hikaru, buscándolos con la mirada, sin exito.

-Zazu se quedó explicándole a unos excitados niños el funcionamiento de nuestra nave; no me extrañaría que esté dándoles un recorrido. En cuanto a Geo... digamos que alguien lo entretuvo en el camino –comentó guiñándoles el ojo.

-¿Se enojó por no llegar a nuestro matrimonio o por no poder ver a alguien? –comentó el novio maliciosamente.

Hikaru sonrió –Me alegro. Tatra se veía muy sola cuando empezó el baile.

-¿Cuánto tiempo más crees que se tarden en formalizarlo? –preguntó Lantis a Eagle –Para todos es obvio lo que sienten.

-No lo sé –respondió el comandante –pero sinceramente no creo que Geo aguante mucho más sin ella a su lado. Nunca creí verlo tan enamorado –nada más recordar la forma en que contemplaba a la mayor de las princesas de Chizeta cada vez que esta no lo veía, sabía que su amigo tenía momentos difíciles tratando de mantenerse firme delante de ella.

-¡Eagle! –él comandante se volteó sonriendo galante y dulcemente al reconocer a la dueña de esa voz -¡¿Qué modales son esos?! ¿O es que en Autozam se acostumbra a ignorar a las prometidas?

-No fue mi intención. Nunca podría ignorarte, Umi – acariciando delicadamente su mejilla.

-Más te vale –el tono no era para nada amenazador, más bien era dulce, igual que su sonrisa, que por cierto le fue devuelta. Ella colocó su mano sobre la suya.

-Estás preciosa –contempló lo bien que le queda el vestido azul plateado que llevaba puesto: era un vestido con tirantes y escote en V, ajustado hasta la cintura y que luego caía suelto y elegantemente. Su pelo largo y sedoso estaba tomado en una cola de caballo, dejando al descubierto sus hombros y el cuello, el que por cierto estaba adornado con una gargantilla negra, que tenía en centro una piedra preciosa de color azul, rodeada por pequeños diamantes.

-Gracias –le hizo una pequeña reverencia –Hikaru, Lantis, les importa si se los robo un momento.

La guerrera de fuego rió –A mí no¿a ti Lantis? –miró a su marido.

-Para nada –le sonrió a sus amigos –Todo tuyo Umi.

Dicho y hecho. Ella lo tomó de la mano y el comandante se dejo llevar sin la menor resistencia, en tanto los recién casados volvían a bailar.