Capítulo 11 "Lluvia de Chocolate"

"Muchos Ositos Y Finales Felices Para Todos"

La lluvia estaba fría y corría fluidamente por encima del brilloso cabello castaño claro, resbalando por su tersa piel hasta ser absorbida por la tela de su uniforme de porrista. Mojando cada rincón de sus hombros, cayendo hacia el césped que la recibía con júbilo alimentándose de ella. Los cabellos azules también se comprimían pegándose al cuero cabelludo de la chica de ojos color chocolate, quien ahora los mantenía cerrados sin poder con ello evitar que el líquido caliente brotara a borbotones entremezclándose con el agua helada que caía del cielo. Su inquebrantable voluntad había sucumbido finalmente y se encontraba débil, vulnerable, mostrándose al mundo como había sido originalmente, antes de que ese horroroso incidente cambiara su vida para siempre.

- "Yo antes solía ser como tú" –comenzó a hablar con una tímida vocecilla entre sollozos- "Amaba profundamente a Lao y creía que con eso era suficiente" –la lluvia caía sobre su rostro confundiéndose con sus lágrimas- "Por eso no quería rendirme, para que su muerte no hubiera sido en vano…" –volvió a sollozar recordando el momento en que lo vio cerrar los ojos.

- "Estoy segura de que Lao-San fue una buena persona" –dijo con una voz dulce la flor de cerezo, tomándola de los hombros aún arrodillada frente a ella- "Por eso mismo estoy segura que desde el cielo, él desea que Ching Zetian-San sea feliz" –su dulce sonrisa emanaba una luz casi mística.

- "¿Él… él desea… que yo sea feliz?" –preguntó dudosa pero aún así esperanzada, la pekinesa de cabellos azules- "¿Lao-Tsé?"

- "Así es…" –afirmó la Card Master tomando una de las manos de Zetian entre las suyas y llevándola hacia el pecho de la chica china- "Siéntelo" –agregó haciendo un poco de presión para que ella sintiera los latidos de su propio corazón.

- "Lao-Tsé, mi querido Lao" –murmuró la joven cerrando los ojos mientras una cálida luz le rodeaba el cuerpo- "Así es, soy yo… y vivo dentro de ti, porque tú y yo hicimos una promesa" –habló una voz masculina desde su interior, que hizo que la antigua Card Captor se asustara un poco pero Zetian sonrió entre lágrimas de felicidad- "Porque tú y yo hicimos una promesa" –repitió, secundando la voz del chico que amaba.

La chica china abrió los cafés ojos rasgados y sin que ninguna de las dos se lo esperara, se lanzó sobre la flor de cerezo apretándola en un fuerte abrazo de agradecimiento. Fue ahí donde las encontró el joven de ojos color caramelo y cabellos grisáceos, las observó por un instante tratando de distinguir las figuras en medio del jardín, la tela de sus atuendos estaba pegada a sus pieles y se transparentaba ligeramente. Él sonrió a través de sus anteojos y le pidió un par de toallas a la asistenta de servicio que pasaba por ahí, ella se apresuró a proporcionárselas y el muchacho, después de agradecérselo con una amable sonrisa, llamó al ama de su forma verdadera para que ésta se diera cuenta de su presencia. Sakura levantó la vista y sus ojos verdes se posaron sobre los paños que Yukito sostenía entre sus brazos. Se incorporó lentamente y le tendió una mano a la otra chica para que la siguiera, una vez dentro de la casa, las dos se taparon y se secaron un poco por encima de la ropa.

- "To-ya y yo ya estamos listos para irnos desde hace un rato" –informó el joven de pálida tez mientras veía a la chica china pasarse el trapo por la cara de la forma más digna que le era posible, debido a que tenía todo el maquillaje corrido- "Tomoyo también empacó todas sus cosas y está esperando en su habitación con Li-Jou y Wu-Jou."

- "Les ruego que se queden a la cena de esta noche" –interrumpió amablemente la líder de la dinastía Li, apareciendo por detrás del joven- "Aunque Hsiao-Lang piense desligarse de la dinastía para siempre, me gustaría mucho presentar a su prometida frente a todos como si no supiéramos nada del trámite" –agregó con una sonrisa para luego dirigirle una mirada de complicidad y guiñarle un ojo discretamente a la Card Master- "Ya veremos que podemos hacer al respecto después, me encantaría tenerte como miembro de nuestra familia" –le susurró acercándose a ella de modo que los otros dos no pudieran escucharla.

- "Muchas gracias, Li Yelan-Sama" –respondió la jovencita mientras la pekinesa inclinaba la cabeza en señal de respeto y se disculpaba para irse a cambiar a su respectiva habitación- "Por favor, Yukito-San, dile a mi hermano que nos quedaremos un día más y pídele disculpas de mi parte por tantos cambios de planes" –en su rostro había una sonrisa apenada y sobre su frente resbalaba una gotita de sudor.

El muchacho se dirigió a la habitación que ahora compartía con Tôuya mientras la antigua Card Captor, después de reverenciar respetuosamente a su futura suegra, corrió a la habitación de Meiling, en la cual se encontraban sus tres amigas de cabello negro. Su prima, de mirada zafiro se alarmó ligeramente al verla empapada casi al punto de destilar agua por lo que se apresuró a salir del cuarto para traerle un cambio de ropa seca después de haberse cerciorado casi como si fuera su madre de que la antigua Card Captor se encontrara bien emocionalmente y escuchar una muy comprimida versión de por qué se encontraba en ese estado. El puma dorado se frotó contra ella como si se tratara de un pequeño gato mascota, ella lo acarició casi escuchándolo ronronear y sonrió. Las tres se sentaron en la cama con las rodillas cruzadas formando un círculo mientras la chica de mirada esmeralda les contaba todo lo sucedido, el guardián del sol tenía la cabeza apoyada en el regazo de su ama y escuchaba el relato con atención, aunque ninguna de las jovencitas lo notó, una vena se resaltaba en su frente cada vez que escuchaba el nombre del pequeño lobo sin importar el resto del enunciado que lo contenía.

- "¡Así que todo esto era una trampa de mi tía Yeh-Lang desde el principio!" –rió la joven de mirada rubí aunque en realidad trataba de ocultar un oscuro sentimiento que empezaba a surgir en el fondo de su ser (("Entonces ella no sabe nada de lo que yo siento por Xiao-Lang)).

- "Ser muy buena actriz" –secundó la chica proveniente de la isla de Kowloon- "Ser feliz de que Sakura-Chan pasar prueba ¡Felicitaciones!"

- "¡Muchas gracias, Yeshén-Chan!" –se sonrojó la susodicha ligeramente mientras el felino que descansaba sobre su regazo daba un respingo de desagrado.

- "¡Sakura-Chan, te traje ropa seca para que te cambies!" –interrumpió su prima de largos cabellos negros violáceos cargando un rollo de tela entre sus brazos- "Perdón por la tardanza, es que no sabía bien cuál de todos sería el más apropiado para la cena de esta noche…" –agregó ligeramente ruborizada con la mano detrás de la nuca- "¡Es tan emocionante¡También tenemos que peinarte y aplicar un poco de maquillaje!"

- "¡Tomoyo-Chan, me da mucha pena!" –se quejó avergonzada la joven de corto cabello castaño claro mientras era literalmente arrastrada fuera de la cama por su prima para quitarle la ropa mojada y secarla con la toalla que aún estaba un poco húmeda.

- "¡Ser como concurso de las hermanas de Li-San!" –exclamó emocionada la chica china de corto cabello oscuro- "¡Todas arreglar juntas¡Yo ir por mis cosas!" –y diciendo eso salió corriendo de la habitación muy contenta para buscar su ropa.

Cuando Yeh-Hsien vovió, cargando todos sus accesorios y Meiling sacó los suyos, las cuatro chicas comenzaron a arreglarse entre risas y bromas, pintándose unas a otras de forma tradicional, aunque Tomoyo más bien optó por la inclinación japonesa en el atuendo de su prima tanto por el diseño de la prenda como para su maquillaje. Nuevamente la maestra de cartas invocó a The Sweet para que les proporcionara chocolates y galletas para comer, The Song y The Voice se sintieron tan contentas que se pusieron a cantar creando un movido y alegre fondo musical que las chicas siguieron con sutiles movimientos de hombros y caderas mientras se preparaban para la ceremonia de clausura que se iba a llevar a cabo dentro de unas cuantas horas. Por su parte, el chico de ojos marrones también se estaba poniendo su traje ceremonial, se encontraba acomodando el cuello chino de su camisa cuando una figura femenina de cabello castaño rojizo entró en su habitación sigilosamente.

- "Veo que ya estás listo para regresar a Tomoeda ¿Eh, Hsiao-Lang?" –le dijo en chino con una voz muy seria que en muy contadas ocasiones le había escuchado, esto hizo que el muchacho abandonara lo que estaba haciendo y la volteara a ver para comprobar en su mirada que realmente no estaba ahí para exasperarlo con alguna de sus ridículas bromas.

- "¿Sucede algo malo, Shiefa?" –inquirió visiblemente alarmado el pequeño lobo sin comprender la súbita seriedad de su hermana mayor, aunque casi inmediatamente después una idea se apareció en su mente, tranquilizándolo- "¿Te mandó nuestra madre para que hablaras conmigo?"

- "Honestamente vengo por mi cuenta…" –habló ella, recorriendo la habitación con su mirada terracota- "Aunque estoy segura de que mamá me hubiera apoyado si supiera que estoy aquí… sabes que no le gusta para nada el hecho de que hayas iniciado ese trámite…"

- "No tuve remedio…" –aclaró él, bajando la vista avergonzado y sintiéndose impotente- "Pero me mantendré en contacto contigo, sobre todo cuando hayas tenido a tu primer hijo" –anunció buscando sus ojos para demostrar su determinación- "Me encargaré de dejar a la dinastía en buenas manos, le enseñaré a ese niño todo lo que sé y lo entrenaré para que sea un mejor líder de lo que hubiera sido yo…"

- "No tienes que hacerlo, Hsiao-Lang" –rió su hermana reconociendo en sus palabras un acto demasiado predecible del chico- "Shang-Chiu y yo nos encargaremos de educar al niño, el único inconveniente sería que resultase ser una niña y ¿Sabes?" –lo miró traviesa, disfrutando la expresión de desconcierto que había en su apuesto rostro- "Fuutie ha estado teniendo un sueño muy insistente últimamente… ya la conoces, tiene unos poderes de predicción muy desarrollados…"

- "…" –el chico se revolvió incómodo en el mismo lugar en el que estaba parado, y es que ése era un pequeño detalle que había pasado por alto- "¿Un sueño?"

- "Sí, de hecho también Fanren me dijo que observó algo muy interesante al revisar mi suerte hace unos días" – tanteó ella aguantándose las ganas de reírse abiertamente de la angustia del joven- "Algo que incluía una bonita bebé… muy femenina…"

- "Bien" –concluyó él levantando las manos con las palmas hacia su hermana- "Entiendo el punto ¿De acuerdo?" –ella soltó una risita- "¿Qué propones que haga al respecto?"

- "Supongo que mamá estará feliz de saber que aceptarás seguir siendo el heredero de la familia" –propuso la joven de cabello rojizo- "Sobre todo ahora que está dispuesta a aceptar a la linda señorita Sakura como tu prometida" –agregó levantando una ceja insinuantemente.

- "No insistas con eso de nuevo, Shiefa" –afirmó él dándole la espalda con un movimiento ligeramente brusco y moviendo la cabeza negativamente- "Sabes que no puedo regresar a Hong Kong, no puedo pedirle a Sakura que salga de Tomoeda por lo menos hasta que me case con ella y eso será por lo menos dentro de unos seis años…"

- "Nadie te está pidiendo que te hagas cargo del Clan en este momento o a partir del próximo año" –le guiñó un ojo ya que él había girado la cabeza para verla, sacó ligeramente la punta de la lengua y comenzó a caminar hacia la puerta- "Piénsalo" –concluyó asomando la cabeza a través del umbral para después salir por completo y cerrar la puerta tras ella.

El muchacho de ojos marrones resopló resignado cerrando los ojos, pero luego sonrío mirando en dirección al lugar por donde su hermana se había desvanecido, él sabía desde un principio que ninguna de esas cinco mujeres que conformaban su familia iba a dejarlo ir tan fácilmente. Después de todo habían movido cielo mar y tierra para entorpecer su progreso cuando trataba de resolver todos aquellos asuntos que lo ataban a Hong Kong, de no haber sido así, hubiera podido volver al lado de Sakura desde mucho tiempo atrás. Por un lado eso lo tranquilizaba pues no podía evitar sentirse culpable por traspasar todas aquellas responsabilidades a un niño quien ni siquiera había sido concebido y francamente no le deseaba una infancia como la suya a ninguna otra persona. No es que hubiera sido realmente mala, había tenido la fortuna de conocer a la actual dueña de su corazón, pero de todas formas, si dentro de sus posibilidades estaba procurar una infancia lo más normal que fuera posible dentro de una familia como la suya a todos sus sobrinos, lo haría sin vacilar.

Se pasó una mano sobre el cabello, a sabiendas de que nunca le quitaría ese aspecto desordenado que contrastaba tanto con su personalidad y con todo lo demás acerca de su imagen exterior. No era que le importase demasiado, a decir verdad su apariencia física, a pesar de no jactarse demasiado de sus aspectos positivos (aunque en realidad fuera excelente) nunca había representado una preocupación para él. Salió de la habitación, sonriendo ante los recuerdos de la escena más reciente que había vivido con la antigua Card Captor. Frunció ligeramente el ceño al recordar consecuentemente la pelea entre su prometida y la chica pekinesa, mientras caminaba por los pasillos de la mansión hacia el lugar donde sería la ceremonia de compromiso, había sentido demasiado fuerte la presencia mágica de la última y presintió que estaba atacando a la japonesa, obviamente salió de la habitación dispuesto a intervenir sin importarle lo mucho que Sakura se opusiera a ello. Pero se había detenido cuando se dio cuenta de que era un asunto de "mujeres" y su intervención habría hecho que los esfuerzos de la flor de cerezo no sirvieran de nada, la conocía demasiado bien como para darse cuenta de que quería ayudar a Zetian y de que el puro corazón de la Card Master era justamente lo que la chica china necesitaba para sanar.

En poco tiempo, toda la familia estuvo reunida en la sala más lujosa de la mansión, esta vez no fue como la primera vez que llegaron, todos los parientes tenían semblantes mucho más relajados y festivos, en una parte del salón había un grupo de músicos amenizando el ambiente con sus instrumentos tradicionales mientras un trío de doncellas danzaban elegantemente dibujando figuras en el aire con la tela traslúcida de sus trajes. A lo largo de la mesa había de todo tipo de vistosos platillos de lo más elaborados y toda la vestimenta de los presentes era de lo más elegante, de complejos bordados de hilo dorado con perlas y piedras preciosas que decoraban tanto sus atuendos como sus ornamentales tocados. Las chicas entraron emocionadas y susurrando entre ellas, pues las dos chinas les explicaban la ceremonia de la forma más rápida que les era posible a sus dos amigas provenientes de Japón. La chica de mirada esmeralda comenzaba a sentir que se le debilitaban las piernas por el nerviosismo y justamente cuando se disponía a sentarse junto a sus amigas, una mano se posó sobre su hombro.

- "Me parece que se equivoca de asiento, señorita" –le habló una voz masculina que ella conocía muy bien mientras ella veía hacia su cálida mirada terracota- "Si me permite…" –agregó galantemente extendiéndole el brazo para que ella se agarrara de él.

- "Es usted muy amable" –replicó ella siguiéndole el juego a la vez que rodeaba el brazo del muchacho con los suyos, para luego acercarse y darle un beso furtivo en la mejilla que hizo que ambos se ruborizaran.

Él la guió hacia un lugar céntrico de la larga mesa, justamente al lado de la líder de la dinastía y ahí se sentó junto a ella, del otro lado de la silla principal estaban sentadas las cuatro hermanas mayores del pequeño lobo, quienes hacían un escándalo terrible con sus comentarios alegres y sus carcajadas. En cuanto vieron acercarse a su hermano menor con la adorable cuñadita, se abalanzaron sobre ella exclamando a gritos lo bonita que les parecía. La elegante señora no tardó mucho en hacer su aparición, haciendo que la joven pareja se sintiera aliviada por haber sido librados de las cuatro extasiadas mujeres, y quien a pesar de estar vestida con uno de sus trajes más elegantes, ya no tenía en su rostro huella alguna de esa expresión rígida y estricta que había mostrado desde la llegada de la Card Master a Hong Kong. Sin embargo, no por ello dejaba de inspirar respeto en el resto de la familia haciendo que todos se pusieran de pie inmediatamente. En sus rojos labios había una tenue sonrisa.

Detrás de ella, para la enorme sorpresa de la joven maestra de cartas, entró el profesor Fujitaka con un traje chino de color negro con detalles rojos en los bordados de las mangas. En sus manos llevaba una caja envuelta en papel rojo brillante que le entregó a uno de los mayordomos, quien lo recibió respetuosamente. Le dirigió la mirada a su hija, quien –tras haberse recuperado del desconcierto inicial- no cabía en sí de alegría. El decano le dio su aprobación con los ojos y ella asintió para corroborar que había captado el mensaje y sólo entonces el hombre tomó asiento junto a su hijo mayor y el mejor amigo de éste. Frente a ellos, había una pila de canastas y paquetes rojos que habían sido ofrecidos a ellos como obsequio de parte de diferentes integrantes de la familia Li y que a su vez, hacían juego con la pintoresca y colorada decoración de todo el salón.

- "Esta noche, es una noche muy especial" –comenzó a hablar en chino la líder, en cuanto todos hubieron tomado asiento- "Como ya todos ustedes saben, mi hijo Hsiao-Lang ha llegado a la edad en la que debe tomar una prometida, según las antiguas leyes de nuestra dinastía, aquella destinada a ser la esposa del futuro líder deberá ser capaz de pasar por las pruebas que el actual dirigente crea pertinentes" –dirigió la mirada hacia Sakura, su hijo se puso de pie y le extendió la mano a la chica para ayudarla a incorporarse- "Esta noche me enorgullezco en presentar ante todos ustedes a la señorita Kinomoto Sakura, la futura esposa de mi hijo Hsiao-Lang."

Y después de esto, todos los presentes se inclinaron haciéndoles una reverencia, reconociéndola como miembro de la familia. Tomoyo filmaba todo discretamente con su cámara y un par de lágrimas de emoción se deslizaron por sus pálidas mejillas mientras sonreía hacia su mejor amiga. Syaoran apretó cariñosamente la mano de su amada y ella correspondió al apretón acercándose más a él, de sus ojos color esmeralda también habían comenzado a brotar lágrimas de felicidad. Detrás de ellos, en la pared había un adorno con el carácter chino pintado que significa "doble felicidad". Dos de las hermanas del pequeño lobo se pusieron de pie para acercarse a los prometidos, una de ellas llevaba un paño de tela roja con el que cubrió la cabeza de la chica (Tomoyo se sintió realmente orgullosa de haber elegido ése mismo color para los pequeños detalles que acentuaban el rosa pálido del atuendo que le había confeccionado) y la otra llevaba una rosa roja que colgó cuidadosamente del traje ceremonial de su hermano menor.

Seguido de esto, la señora Yelan se acercó hacia ellos con su abanico y después de dibujar un círculo en el aire con él, la figura de un ave fénix apareció detrás de Sakura y la de un dragón hizo lo propio detrás de Syaoran. Las imágenes eran traslúcidas como si estuvieran hechas de humo pero a la vez emanaba una misteriosa luz de ellas, se expandieron hasta casi alcanzar el techo para luego estirarse como listones de agua y rodear a la pareja entrelazándolos como símbolo de unión, lentamente se fueron disolviendo sobre la tela de sus vestimentas, fusionándose a la vez con ella para luego quedar grabados en los trajes. Seguido de esto, la mujer sonrió de la forma más dulce que lo había hecho en público desde que nació y les indicó con un gesto que podían tomar asiento, para luego retirarse a su propio sitio y anunciar a todos los presentes que podían comenzar a comer. La flor de cerezo estaba tan nerviosa que no podía llevarse bien los palillos a la boca, sintió que el pequeño lobo apretaba su mano por debajo de la mesa y al voltear a verlo se encontró con una sonrisa reconfortante. A lo lejos, podía ver a su hermano que comía únicamente por educación mientras que a su lado, el gentil Yukito disfrutaba del delicioso banquete sin tomarse la molestia de disimular su deleite.

Las chicas comían emocionadas platicando entre ellas, toda la familia dirigía miradas de aprobación de vez en cuando a la chica japonesa que había conquistado el corazón del que fuera su futuro líder. Cerberus tampoco estaba tan contento pero el hecho de ver a su ama tan feliz hacía que bajara la guardia ligeramente y aprovechara los suculentos manjares que se habían servido frente a él. Fujitaka por su parte, estaba más que feliz por su hija y trataba de hacerle ver a su hijo mayor, con frases amables y casi en un susurro, lo positiva que era la situación para la pequeña jovencita y las razones por las cuales ellos también deberían portar una amplia sonrisa durante toda la ceremonia, Tôuya se limitaba a responder con sonidos guturales y ligeros gruñidos de vez en cuando entre bocado y bocado, en su frente, una vena se resaltaba imperceptiblemente mientras se concentraba para no procesar las palabras que pronunciaba su padre. Después de que todos terminaron de comer, comenzaron a sonar los tambores, seguidos por el gong, el suona (corneta china) y el sheng (instrumento de viento de tubo de caña) anunciando que la celebración estaba por concluir.

Syaoran tomó cariñosamente la mano de Sakura para guiarla hacia uno de los jardines que se encontraba contiguo a la habitación en la que estaban, tras de ellos iban todos los demás invitados. Todo el lugar estaba decorado con faroles en colores predominantemente rojos y tiras de papel china. Las otras dos hermanas del chico, quienes no habían intervenido al principio de la ceremonia, se acercaron a ellos dos en medio del patio y les alargaron un puñado de papeles de tributo al cielo. El muchacho cerró los ojos para conjurar el fuego y la chica encendió su papel con la llama que había aparecido en el de él. Las flamas comenzaron a crecer hacia el cielo y las cenizas volaron formando espirales sobre sus cabezas, bailando al son que les proporcionaban los tambores y los gongs, anunciando la aprobación del cielo. Los demás familiares encendieron petardos y los lanzaron al cielo para secundar la danza de las cenizas. El retumbar de los fuegos artificiales hizo que Sakura saltara ligeramente por el sobresalto, pero Syaoran la rodeó con uno de sus brazos y ella le dirigió una mirada de (("No te preocupes, estoy bien")).

Las luces se reflejaban en la piel de la chica, dándole un toque místico a la atmósfera, el fénix de su ropaje también parecía reflejar las chispas brillantes como si estuviera hecho de plumas relucientes, o quizá era de ellas mismas de quienes emanaba la luz de la flama de la cual nacía. El dragón del traje ceremonial del hijo varón de la familia Li también parecía reflejar los fuegos en las escamas que cubrían su cuerpo. Todo parecía sacado de un sueño fantasioso dentro de la cabeza de la maestra de cartas, mirando a través de la ventanilla del avión, apenas se podía creer que todos esos recuerdos fueran verídicos. Giró la cabeza hacia el asiento de al lado, cansada de la imagen panorámica de Hong Kong que había estado observando detenidamente desde ya hacía un buen rato, sus hermosos ojos verdes se encontraron con una tímida sonrisa de nerviosismo y felicidad. Se acurrucó tiernamente en el hombro del muchacho aspirando el delicioso aroma de su cuello y él correspondió el gesto acariciándole la mejilla, su mirada terracota se concentró en el punto que había estado observando la chica instantes antes, y se sumió en profundas cavilaciones.

Finalmente concluyó en que, aunque no estaba muy seguro de si Sakura era ahora su prometida o su esposa –por lo menos para la familia Li- eso era algo de lo que se tendría que preocupar después… y tendría por lo menos cinco años para olvidarse del asunto de volver a Hong Kong y discutir con su madre y sus hermanas las posibilidades de volver a ser el heredero de la dinastía. Suspiró aliviado, pensando en el tiempo que tendría para disfrutar de su relación con la chica, la observó con ternura, teniendo cuidado de no moverse, pues por su expresión, era evidente que se había quedado dormida, le acomodó uno de los mechones de cabello castaño claro que le caía sobre la frente y se recostó en el respaldo, dejando su mente en blanco y sintiendo por primera vez en muchos años, que un gran peso se le quitaba de encima. Por encima del despejado cielo de Hong Kong, el avión se deslizó suavemente hacia el horizonte, rumbo a la isla de Japón, hasta convertirse en un pequeño destello que se perdió entre la luminosidad del firmamento.

Notas de la autora

Ahora sí ya se acabó y por lo pronto no planeo escribir nada más al respecto (bueno, tal vez algún omake, pero no lo esperen en un futuro muy cercano), espero que haya sido de su agrado y les agradezco el haber leído hasta aquí –a todos aquellos que lo hicieron- tengo algunos otros proyectos en los que estoy trabajando y ya sé, este no es sitio para hacer propaganda pero si les interesa, esténse pendientes… por favor. Seguimos con el breviario cultural (la de cosas que uno aprende casualmente por estar leyendo scanlations)

Jou: se utiliza igual que "sama", "chan", "kun" y todos los demás, pero éste se refiere específicamente a las mujeres jóvenes y tiene el mismo rango de respeto que "san".

Finalmente, la página de las ilustraciones está oficialmente "inagurada" con algunas imágenes que por ahora están en blanco y negro... (todavía me queda librar unas cuantas batallas más contra el escáner y los programas de edición para tratar de rescatar los degradados en color y evitar que la gama se llene de chillones primarios horrorosos) sin más preámbulos, la dirección es www(punto)freewebs(punto)com(diagonal)fragmented-fantasies, espero sus comentarios.

Bueno, ya, sin nada más que decir, me despido agradeciéndoles nuevamente su seguimiento y reiterando la invitación a leer mis demás trabajos. Cualquier cosa que me quieran hacer llegar, pueden hacerlo vía review o mi correo electrónico está a su disposición: WarriorZun(arroba)Yahoo(punto)Com(punto)Mx, estoy a sus órdenes.

LunaGitana