Harry

-Esta noche, a las dos y media. Bajo el manzano.

El murmullo de Harry es seguro y firme, y sin embargo las manos le tiemblan. Ron asiente con vehemencia.

-Se lo diré a Hermione –susurra, sin un atisbo de titubeo en la voz. Ambos amigos se miran en silencio durante unos minutos, recordando. Sentados alrededor de la mesa, rodeados de gente que baila y ríe, se sienten solos, y de una extraña forma, conectados.

Harry piensa en si no sería mejor irse solo. En si no es injusto arrebatarle a la señora Weasley, aquella mujer que tanto le ha dado, a su hijo menor. En si no sería más fácil que ambos, Ron y Hermione, se quedaran aquí, defendiendo a la familia. En que va a hacer él si alguno de ellos...

Se levanta de la mesa, con los puños apretados.

-Harry –Ron se levanta tras él y parece leerle el pensamiento –Ni se te ocurra irte sin nosotros.

Algo en el tono de voz obstinado de su amigo lo pone furioso. Quiere gritarle, quiere decirle toda clase de frases hirientes e inoportunas. Quiere que Ron se dé cuenta de que está cometiendo un error terrible.

Es entonces cuando Ron lo mira. En el rostro de Ron ve todo lo que necesita ver. En sus ojos azules encuentra la confianza que había perdido. Sólo un poco más allá Hermione también lo mira. Y Harry se pregunta, de nuevo, que haría él sin ellos.

-No puedes dejarme aquí solo con Hermione, amigo. Me tendría meses enteros en la biblioteca.

-Sospecho que eso te gustaría.

Ron se pone rojo.

-No sé qué demonios has hecho tú en la biblioteca con mi hermana, y no quiero saberlo, pero sea lo que sea yo no pienso hacerlo, pervertido.

Harry ríe al ver el ceño fruncido de su amigo. Ron trata de ocultar la sonrisa que baila en sus ojos mediante una tosecilla disimulada.

Es entonces cuando Harry siente que está bien. Que no puede hacer esto solo. Que los necesita, y debe sentirse afortunado, porque ellos no van a dejarle. Así que bebe un poco más de cerveza de mantequilla y pregunta por los Cannons.

···

Sube la escalera, todavía pudiendo escuchar las risas de Fred y George y la voz de Bill. Sonríe, y trata de ignorar la punzada que le atraviesa el corazón al pensar que tal vez jamás volverá a escucharlos así.

Atraviesa el pasillo hacia su habitación, con el deseo de descansar un rato y, sobretodo, de estar solo. Para poder pensar.

Para poder llorar.

Sin embargo se queda clavado ante la puerta de madera vieja y oscura que precede a la suya. Hay una tenue rendija de luz que se filtra por debajo, y Harry se pregunta si es ella quien está ahí.

Durante un largo rato sólo puede mirar fijamente la puerta, y es entonces cuando oye el ruido. Un ruido suave y amortiguado, parecido a un sollozo.

Muy lentamente, alza una mano y acerca los nudillos.

Detiene su mano justo un milímetro antes de que choque contra la puerta, y en su lugar, apoya la frente contra la puerta, y suspira.

Maldita sea, Potter. Deja de hacerlo todo tan complicado. Déjala en paz.

Alejarse hacia su propia habitación requiere de toda su fuerza de voluntad. Antes de que la puerta se cierre tras él con un suave clic, piensa, con una especie de desesperación esperanzada que esta vez sí ha podido despedirse.

···

Su corazón se encoge cuando divisa las dos formas oscuras que aguardan bajo el manzano. No sabe si es de alegría o de tristeza.

Incluso en la más oscura noche, los dientes de Hermione son blancos. Incluso en la más terrible desesperación, los ojos de Ron brillan. Incluso en la peor de las situaciones (una guerra imposible de ganar por tres adolescentes), ellos están allí.

Esperándolo bajo el manzano.

Hay una guerra que ganar. Hay mil batallas que librar. Hay muchas lágrimas que derramar, muchos de los que despedirse. Pero ellos, ellos tres, el Trío de Oro, están juntos.

Porque los cabezotas inconscientes de sus mejores amigos no piensan dejarlo solo. Porque Ron Billius Weasley y Hermione Jane Granger son no sólo sus amigos, son sus hermanos, son su familia.

Son todo lo que tiene y, si tiene que morir, no puede pensar en otra forma mejor que hacerlo junto a ellos.

Así que echa a andar. El destino le aguarda.

Pero no viajará solo.

Y, a pesar de todo, sonríe.

···

Gracias, muchísimas gracias. A todas. Por vuestros maravillosos rewiews.

Un sorbo de Felix félicis para vosotras.

Nagini86