Saint Seiya, propiedad intelectual de Masami Kurumada. Publicado originalmente por Shonen Jump. Marcas registradas.

Derechos registrados a nombre de BanDai.

La autora agradece el espacio brindado para la publicación libre de fics por los cuales no se obtiene ningun beneficio económico.


La ley de las amazonas

Una pequeña isla del mar Indico
Costas de Etiopía

"No se enamoren" había sido la principal regla que aprendiera durante su estancia en el santuario. "Son amazonas al servicio de Atenea, aquí no hay lugar para la cortesía, deben pelear frente a los caballeros en igualdad de circunstancias".

Las palabras de su primer maestra fueron claras, más que una orden, era su forma de vida, era la única ley que jamás debían romper. Eso era todo, no debía fijarse en un hombre, no debían amar, para eso tenían la mascara, el sello que les recordaba toda su vida la sentencia que sobre ellas pesaba: amar o matar, eso era todo, amar en secreto aun caballero pero sin confesar jamás sus sentimientos, matarlo si este veía su rostro y no le correspondía, o matarlo desde el primer instante para olvidarse de él.

Fue una ilusa al pensar que aquello sería fácil, después de todo, los aprendices a los que ocasionalmente llegó a ver en el Santuario nunca supusieron una amenaza. Muchos de ellos no soportaban ni el primer mes de entrenamiento, otros eran unos perfectos arrogantes con algo o poco de talento, y muy pocos tenían potencial para ser incluso caballeros dorados, por esa razón se concentraban en sus entrenamientos y no les prestaban atención, y ellas tampoco a ellos. Pero llevaba ocho años viviendo en Grecia, el Santuario su único mundo, y recordaba poco exterior. Supuso que todos los hombres serían iguales: ella era superior a ellos, y ninguno merecía un pensamiento suyo, por más insignificante que fuera... ¡en verdad que fue ilusa! Apenas estaba en su segundo año de entrenamiento para ganar su armadura de plata, tenía gran potencial –había dicho su maestra y muchas otras- y por eso decidieron que era tiempo de enviarla al sitio en el que a futuro reclamaría su armadura. Todo hubiera seguido perfecto de no haberse encontrado con aquel chico de hermosos ojos verde esmeralda y dulce sonrisa ¡por qué le ocurrió a ella! Basto con una simple mirada y una frase cordial para que sintiera su ser estremecerse, y fueron más que suficientes tres años para que entendiera que estaba enamorada de un caballero, que era incapaz de seguir ocultando su amor, y que jamás en su vida –ni siquiera en sus pensamientos, por más que lo deseara- podría pensar o intentar dañar al hombre que amaba, mucho menos matarlo.

Y su dilema creció al darse cuenta que él también la amaba, aunque igualmente fuera incapaz de confesarlo porque sabía lo que ella estaba obligada a hacer... pero simplemente no pudieron detener lo que surgió entre ellos. Posiblemente aquellos meses eran los que estarían juntos en la isla y bajo la tutela de Albiore, Shun tenía que obtener la armadura por la promesa que le hiciera a su hermano y regresar a Japón, y ella tenía que regresar al santuario de Grecia como maestra de nuevas aprendices ¿qué pasaría con ellos entonces?

La ola que rompió en la playa distrajo los pensamientos de June. Sabia que estaba traicionando la tradición de las amazonas, que podrían expulsarla si alguien se daba cuenta de que abiertamente sostenía una relación, que ambos estaban faltando a su deber de honrar primeramente a la diosa... pero ¿cómo podía ser malo algo tan hermoso como el amor¿Por qué debería estar avergonzada de amar a Shun¿Por qué ocultarse como si hicieran algo indebido...? Cierto, lo era: revelar su rostro por voluntad propia, escaparse de sus habitaciones para encontrarse todas las noches...

- No me importa –dijo como si fuese el mar quien la cuestionara.- Yo lo amo, y es lo único que vale la pena –aventó de nuevo al mar una piedra que había sido arrastrada por la ola y que se quedara a su lado, viendo como esta se perdía entre la arena. Se puso de pie al escuchar a alguien acercarse, ni siquiera se preocupo por ponerse de nuevo la máscara, no era necesario.
- Disculpa el retraso –dijo un muchacho que traía una flor blanca en la mano, la cual le entregó apenas estuvo frente a June.
- Te ves muy mal –dijo ella poniendo su mano en su rostro-, un poco más y los aprendices del santuario te habrían matado.
- Eso quisieran, pero tu sabes que eres la única que tiene el derecho a hacerlo.
- No hables de eso, sabes que me molesta Shun.
- Lo sé –dijo abrazándola con fuerza- pero sería muy feliz si muriera en tus brazos –ella correspondió a su abrazo.
- No tienes idea de lo que me cuesta controlarme en los entrenamientos, me muero cada vez que veo como te golpean sin que te defiendas.
- En poco tiempo terminara todo esto, ellos se irán mañana, yo regresare a Japón con mi hermano, le entregare a la fundación Graude la armadura, y tu y yo...
- Ese futuro no existe Shun –se separo de él y le dio la espalda- lo sabes perfectamente, jamás nos dejarán abandonar la Orden, ni siquiera sabes lo que te espera cuando regreses allá.
- Cumpliré los deseos de Mitsumasa Kido y me reencontrare con Ikki, no tengo porque seguir obedeciendo sus órdenes o las de su nieta una vez que les entregue la armadura.
- Pero yo debo regresar a Grecia con el resto de las amazonas, es mi deber, no quiero que Marín se decepcione, confió en mi y por ella me enviaron a este sitio¿entiendes eso Shun? Así como tú no quieres decepcionar a Albiore, yo tampoco quiero decepcionarla.
- Si vas al Santuario ya no poder verte...
- Y si tú vas ellas te mataran –la triste mirada de June se poso un momento en Shun.- Yo te mostré mi rostro por decisión propia, rompí la ley, y si una de ellas se entera tiene el derecho de matarte... y yo también moriré por traicionar a Atenea.
- ¿Y es ese el sitio al que quieres regresar?
- No, pero debo hacerlo, tarde o temprano debo regresar –Shun se acercó a ella y la abrazo por la espalda.
- ¿A pesar de lo que Albiore sospecha sobre el santuario? –ella tomó sus brazos entre los suyos.
- Podría demorar el momento en que deba reclamar al Camaleón, pero eso no cambiará las cosas... lo único que podemos hacer es disfrutar el tiempo que nos queda juntos.
- El tiempo dirá que pasara contigo, conmigo y con nuestro amor –los dos jóvenes se miraron de frente, refugiándose en sus besos del mundo y sus problemas.

¿Cómo se dio cuenta de lo que sentía por ella? Apenas estaba dejando la niñez para entrar en otra etapa y ya sabia lo que era el amor. Ella había sido su primer amiga en toda su vida, su única compañera en esa Isla ¿cómo saber que realmente era amor y no otra cosa? La primera vez que vio su rostro lo entendió, había visto otras mujeres en si vida, no muchas, pero tenía el recuerdo de las niñas y trabajadoras del orfanato en que vivió desde que tenía memoria, muchas de ellas eran muy bonitas, y sentía simpatía por ellas, pero lo que sentía por June era amor. La atención con la que lo cuidaba cuando enfermaba, cuando curaba sus heridas, cuando sentía su piel rozando por accidente su mano o pasando un trapo húmedo por su frente, cada vez que veía sus ojos el mundo se limitaba a ellos, el suave y dulce contacto de sus labios, el sonido de su voz, y lo inmensamente feliz que era estando a su lado. Sin duda la amaba. Y con ella jamás temió expresar sus sentimientos. La confianza que le infundió en su primer encuentro, el día que ella llegó de Grecia, en ese momento se inició la historia, ganaría la armadura para que se sintiera orgullosa de él, volvería a Japón a reunirse con Ikki, y no dudaba en llegar a tener algo más serio y profundo con June: terminar de crecer juntos, acompañarse en todo momento, llegar a ser uno solo...

El agua ya lo había cubierto por completo. Imaginaba el rostro sereno de su maestro, junto al semblante preocupado de June, seguramente estaba rezando secretamente para que saliera con vida, y lo haría, la prueba no lo vencería, la armadura era suya, tenía que serlo, tenía que romper las cadenas para regresar con ella...

El cosmos rojo empezó a manifestarse debajo del agua, adquiriendo una fuerza mayor. Albiore seguía esperando con tranquilidad, June esperaba con una mezcla de emoción y nerviosismo a que Shun saliera, tenia que salir vivo... El torbellino de agua que se formó fue la primer señal, la explosión de un cosmos fue la segunda, la armadura reaccionaba al cosmos del muchacho que estaba bajo el agua, y la imagen del recién caballero Andrómeda la confirmación: Shun ahora era un caballero de Atenea.

- ¡Shun! –no pudo contenerse al verlo frente a ellos vistiendo su armadura y lo abrazo por un momento, soltándolo casi inmediatamente.- Oh, Shun, muchas felicidades...
- Lo has hecho bastante bien, en menor tiempo del que esperaba. Con esto, Shun de Andrómeda, damos por concluido el entrenamiento. Ahora eres un caballero de Atenea, bienvenido a la Orden del Zodiaco.
- Gracias, Maestro, sin su guía y paciente entrenamiento yo jamás lo habría logrado –Albiore estrecho la mano de Shun en reconocimiento al rango que acababa de obtener. Ahora eran compañeros de armas, pero Shun siempre lo vería como su maestro, el hombre al que debía respeto.
- Gracias a ti, hijo –Albiore no pudo evitar dar un abrazo al muchacho que lo respetaba y admiraba por encima de todas las cosas, el chico que había llegado siendo un niño, y que ahora podría marcharse como un hombre. Albiore soltó a Shun y June lo abrazó. Una mirada de preocupación surgió en el maestro cuando los vio, pero el no podía hacer nada al respecto, el tiempo lo diría.

¿Cómo olvidar el día en que vio su rostro por primera vez? No tenía muchos recuerdos agradables de su infancia, ni siquiera recordaba a sus padres, y desde que llegaron a la fundación sólo habían tenido experiencias amargas o humillantes, pero aquel era especial no solo por ser un hermoso recuerdo de su vida en esa isla, se trataba del primer paso que dieron para iniciar su romance. Podría llamarlo casualidad, el destino o equivocación, en todo caso el nombre no importaba, porque era su recuerdo y su momento especial. Recién había terminado el entrenamiento, por lo general Albiore no tenía inconveniente en que sus dos alumnos conversasen antes de retirarse a sus habitaciones, pero June se retiro temprano con el pretexto de que estaba muy cansada, él se quedó conversando con el maestro, en realidad las platicas de Albiore no sólo eran interesantes, siempre les dejaban una nueva enseñanza, una lección o un consejo, y el siempre tenía tiempo para escucharlos, atención que nadie mas que Ikki había tenido con él desde que podía recordar, Albiore era una mezcla entre un padre, un amigo, un hermano y un abuelo, siempre sabía como ayudarlos, que hacer o decir. Finalmente se despidió de su maestro, seguro tenía otras cosas que hacer aunque hablara como si tuvieran todo el tiempo del mundo, y él se sentía algo cansado. Estaba a punto de entrar a su cuarto, pero decidió dar un paseo por la parte de la isla a la que no acostumbraban ir, ni siquiera para entrenar, sería la mejor manera de relajarse antes de dormir.

Llevaba unos veinte minutos caminando y empezaba a oscurecer, no era que le tuviera miedo a la oscuridad, pero no le agradaba la idea de llegar a perderse por aquella parte. Más adelante había un desfiladero, y las rocas en la playa formaban pequeños fosos en los que vivían algunos peces, esponjas y erizos de mar, pasando estas rocas continuaba la playa. Decidió que mañana no se demoraría tanto con Albiore para continuar su recorrido por aquella parte. Dio media vuelta para regresar cuando escuchó una risa, la conocía perfectamente no solo por escucharla a diario, sino porque ellos tres eran los únicos que vivían ahí. Cuando se volteo se llevo una gran sorpresa. Ahí estaba June, saliendo de una de las fosas y sentándose en las rocas con los pies dentro del agua, su ropa de entrenamiento estaba completamente empapada, su cabello también escurría agua... pero no traía puesta su máscara y pudo ver su rostro con claridad. Su piel era blanca, pero la de su rostro lucia ligeramente más pálida, con un ligero sonrojo en las mejillas, sus ojos eran azules, grandes y muy bonitos, igual que su sonrisa ¡se quedo sin palabras! Imaginaba que su compañera era bonita pero se quedo corto al imaginarla, siguió contemplándola unos segundos más, mientras ella sujetaba su largo cabello rubio para secarlo, y al voltear descubrió a Shun, ambos se miraron sorprendidos y rápidamente June buscó su máscara mientras él volteaba hacia otro lado, pero era tal el nerviosismo de ella que no atinó a sujetar la mascara y lo único que consiguió fue que esta resbalara y por quererla sujetar no se apoyo en su brazo y cayo de nuevo en la fosa, Shun se dio cuenta de esto y rápidamente corrió a ayudarla. Entro ayudándola a levantarse. Ambos se miraron de frente unos instantes, sin saber que hacer o decir, hasta que June pasó sus brazos por el cuello de Shun y se acercó a él... lo suficiente para darle un suave beso en los labios...

No pudo evitar sonreír ante el recuerdo. De ese día había pasado ya un año y unos meses. Claro que recordaba exactamente cuanto tiempo¡cómo olvidarlo! El rostro de June lucia hermoso en esa ocasión, a pesar de estar empapado con agua de mar y de que su primer beso tuviera un ligero sabor a sal. Fue la primera vez que la tuvo cerca de sí, en que la beso y en que acaricio su rostro, justo como lo hacía ahora.

June dormía a su lado, recargada en la almohada y su brazo. Le gustaba mucho pasar sus dedos suavemente por su cara y acariciar su cabello. Hasta esa noche no había conocido más que la suavidad de sus manos y su cara, pero ahora podía recorrer su espalda desnuda sintiéndola tan tersa como el resto de su cuerpo. Se acomodo para abrazarla completamente, besando su frente al hacerlo. La silueta de su cuerpo apenas se dibujaba en la sabana que los cubría. Las noches en esa isla siempre eran frías, demasiado, pero él no le sentía, no lo había sentido desde que ella llegó a su cuarto hacía ya cinco horas, y no lo sentiría, quizás por el resto de sus vidas. La sensación de su cuerpo junto al suyo lo acompañaría hasta su muerte, junto con el recuerdo de aquella noche en que ella se entregó a él por amor, la experiencia más increíble de toda su vida. A pesar de la dicha que sentía en ese momento estaba preocupado, tan pronto amaneciera él partiría de regreso a Japón, y ella se quedaría sola, ambos sin saber hasta cuando volverían a verse, si es que sucedía. Quizás lo que paso aquella noche fue un error, un momento de debilidad, ahora le costaría mas trabajo olvidarse de ella, y al revés, pero ya era tarde para arrepentirse, en verdad la amaba, y había deseado ese momento desde hacía mucho tiempo.

- No te preocupes por mi Shun –dijo June despertando y sin moverse de su lado.- Esto que paso no te ata a mí, ni te compromete de ninguna manera.
- No June, no es eso lo que me preocupa...
- Nadie sabrá jamás que esto paso, tú no me obligaste a nada, yo me entregue a ti por voluntad propia, porque te amo.
- Yo también te amo June, eso jamás va a cambiar...
- ¿Aún si jamás nos volvemos a ver?
- Tú has sido la primera en mi vida, no sé que piensen los demás, pero yo jamás podría estar así con otra persona de no ser contigo, me perteneces como yo a ti...
- Shun, tu ya no estás solamente en mi alma y en mi corazón, jamás olvides eso.
- No sé que vendrá más adelante –dijo levantándose un poco para verla a la cara- pero te prometo que algún día tu y yo estaremos juntos para nunca más dejarnos.- Lentamente ambos cerraron los ojos para fundirse en un prolongado beso y en un abrazo que sellaba la promesa y cerraba un capítulo en sus vidas.

(Fin de la Primera parte)


¡Hola una vez más!

Este fic se publicó hace poco más de un año en otra pagina, bajo el nombre de otra autora. Sin embargo, y como LadyAntares of Scorpio aclara -por ser ella quien presento la historia- es de la autoria de ambas, y me ha permitido traerla a esta página bajo mi sello, ya que por asuntos de su vida personal ella ya no podrá continuar con la historia, y me ha permitido a mi desarrollar la segunda y tercera parte que están pendientes.

Repito, en ningun momento me robe su historia, ya que ambas trabajamos en ella la primera vez que se presentó al público, pero a partir de la siguiente parte solo yo voy a continuarla. Si tienen alguna duda de lo que digo, pueden mandarme un mail y les dare la dirección de la página en que salió escrita originalmente, para que puedan checar que lo que digo es verdad, ya que desconozco si puedo poner la dirección de la pagina aqui o en el profile, si alguien lo sabe se lo agradecería.

Ahora bien, la historia se basa más en los hechos del manga que el ánime. Como en el hecho que no existen Reda o Spica, y que solo eran Shun y June en la isla de Andrómeda. Lo único es que se dejo a Albiore -el que nos presento el ánime- como el maestro de Shun, ya que como comenté en otra ocasión, se parece a June y me gusta para suegro de Shun )

En eso estuvimos de acuerdo tanto LadyAntares como yo.

Mucho de lo que sigue se basará en los hechos del manga, ya que como verán es la historia de un amor que no debio ser, y que tal vez Kurumada nos escondió en el ánime, lo cual para mi aclararía muuuuuuchas cosas.

Y antes de que se asusten, puede que la historia llegue a rozar algo de lemón en las siguientes dos entregas, lo cual sería un reto para mí ya que no es un estilo que me guste mucho pero deseo continuar con la linea que planteo Antares. Y además creo que la historia lo merece, más siendo de mi pareja favorita de Saint Seiya.

Por último, lo que acaban de leer puede pacecer no creíble para los trece años que dicen tenía Shun al iniciar el anime, edad que por cierto no le creí a Kurumada para nada. Así que hicimos avanzar el tiempo y hacer que la historia comienze con un Shun de 16 años, un adolescente que ya entendería un poco más una relación de pareja y que en cierto sentido podría tomar desiciones mas conscientes. En el ánime y manga también nos dijeron que June es un año mayor que Shun, decidimos dejarlos en la misma edad, aunque por aquello de los meses ella seguiría siendo mayor que él, pero así no sería tanto como una asaltacunas, imagen que muchos tienen de ella... por envidia supongo.

Mas que señar fantasías, construyo ideales...