PROLOGO:

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Aquel día, Kurosaki Isshin, sonrió con sorna a la muerte.

Él era el kumichou, el líder de una familia yakuza, como lo había sido su padre y su abuelo antes que él; y pronto lo sería su hijo. Su familia había tomado el nombre de Shinigami, podría reconocer la muerte soplandole en el oído en un día de ventisca.

¿Asustado de un sicario?

En lo más mínimo.

Si aquel bastardo de Ishida, o quizá Kuchiki, sus rivales, pensaban que mantándolo iban solucionar un problema, se equivocaban.

Por eso sonrió cuando el primer disparo le impacto contra el pecho.

No había sido el mejor de los padres, pero Ichigo era fuerte, era duro, y sabría utilizar su oportunidad sin que le temblase la mano.

Tanto Ishida como Kuchiki pagarían caro el precio de su asesinato, Ichigo hundiría a uno y arrebataría lo más preciado al otro.

Lo había educado para ello.