CardCaptor Sakura y sus personajes no me pertenecen, y no sé si voy a poner esto en el comienzo de cada capítulo, así que grábenselo en la mente desde ahora… Y, por cierto, Ryuu es otro personaje de CLAMP, perteneciente al manga de RG Veda (creo), aunque yo lo conozca por Tsubasa Reservoir Chronicle xD. Espero que disfruten de esta nueva oleada de paranoias… ¡el circo abre sus puertas!


RITO DE INICIACIÓN

El Gran Dilema Adolescente

By:

ChoCoLaTe-CoN-MeNTa

¿Qué harías para conseguir que tus amigos dejen de molestarte por ser virgen a los diecisiete¿Estarías dispuesto a utilizar a alguien para alcanzar tus objetivos¿Y tú, podrías dejarte engañar tan fácilmente por la bonita sonrisa de un chico que no es tu novio… quien, por cierto, nunca se atrevió a tocarte? Shaoran Li tiene un problema, y es que iniciarse en el sexo no es tan simple. Sobre todo si su objetivo es una chica tan dulce y aniñada como ella.

Capítulo 1

«Con amigos así…»

(Shaoran)

El maldito despertador no dejaba de sonar, sin importarle cuán pocas ganas tuviera yo de levantarme. Todas las mañanas era igual, con su ruidito desconsiderado taladrándome los oídos. Como siempre, la mujer que vivía en el piso de arriba había empezado a golpear el suelo con el palo de una escoba.

Hastiado, saqué mi brazo de debajo de las mantas —¡se estaba tan bien así de abrigado! — y le propiné un buen golpe que lo hizo enmudecer.

Entonces, todo fue silencio. Maravilloso, dulce, adormecedor silencio en la habitación todavía a oscuras… Un ambiente acogedor que invitaba a mis ojos a cerrarse otra vez, a mi respiración a volverse acompasada, a poner otra vez los pies en mi extraño sueño sobre Frodo Bolsón y su anillo… ¿Freud se habría reído de mí, de saber con lo que estaba soñando antes? Je, probablemente sí, porque incluso yo tenía ganas de reírme…

Di una vuelta en la cama, esperando a Morfeo. Todavía eran las seis, maldición. Y, además, no me apetecía nada ir al instituto… Sin embargo, pronto recordé una cosa: hoy, a primera hora, tenía el examen de Inglés para el que tan poco había estudiado.

Y con «tan poco» me refiero a «nada».

Me levanté gruñendo y maldiciendo mi pereza de el día anterior, que era la culpable de que yo no hubiera tocado el libro ni para mirarlo, y que, en vez de eso, me hubiera impulsado con tantas ganas hacia la cama, hacia la vista perdida en el techo y los oídos entretenidos con la música que salía a borbotones de mi reproductor de mp3.

Cuando fui a la ventana y descorrí un poco las cortinas, pude ver que apenas comenzaba a clarear… Qué putada¿verdad? Digo, hacía pocos meses, durante las vacaciones, yo estaba recién acostándome a esta hora, y en estos momentos me preparaba psicológicamente para estudiar algo a la velocidad de la luz y no cagarla en el examen.

El agua de la ducha estaba helada cuando me metí, pero poco a poco fue volviéndose más cálida; hasta que finalmente casi hervía contra mi piel. Agarré el bote de champú y lo agité, intentando sacarle algo —¿Cuándo había ido por última vez al supermercado? —. Lo poco que exprimí cayó en mi mano y lo aproveché como pude, llenándome el pelo de espuma con un olor agradable pero que yo nunca conseguí identificar… Estaba bien aquel toque de misterio, je.

Al terminar, el espejo quedó completamente empañado, así que tuve que pasar una mano por él para poder encontrarme con mi reflejo. ¡Dios, qué desastre de pelo! Costaba pensar que aquello podía desenmarañarse de alguna manera, la verdad. Era como una masa desordenada de mechones castaños oscuros luchando los unos contra los otros… y todos perdían.

Bah, igual daba.

Me peiné rápidamente, como pude, y salí del baño luego de cepillarme los dientes con aquella pasta asquerosa, pero engañosamente económica. Al volver a mi habitación, rebusqué en mi maletín hasta encontrar el libro de Inglés y la libreta, y me senté en la cama a estudiar. Le eché un último vistazo al reloj y me encontré con que ya eran las seis y veinte… de modo que le metí caña.

Las hojas pasaron, una tras otra, a la velocidad del rayo. Mi cerebro hacía más de lo mismo, trabajando a más no poder e intentando asimilar un montón de conceptos. No era tan difícil… o quizá era la práctica, si tenemos en cuenta que normalmente lo mío era estudiar la víspera del examen, e incluso aquella misma mañana. ¿Y quieren saber lo mejor?: aquel método me funcionaba perfectamente.

Varios minutos después guardé todo de nuevo y desayuné alguna tontería en la cocina: unos apurados cereales con leche —la poca que quedaba— y cinco galletas medio humedecidas que encontré casualmente en la alacena, que pedía llenar sus espacios vacíos con algo de comida. Bueno, estos son los problemas de vivir solo, creo. No tengo a nadie aquí que me prepare el desayuno, el almuerzo o la cena, ni que vaya al supermercado, ni que limpie mi apartamento, así que tengo que encargarme yo… Y no es que me guste —no creo que pueda gustarle a nadie una cosa así—, pero es lo que hay, y supongo que ser independiente tiene su precio.

Igual me las arreglo bastante bien, después de todo.

Salí de mi nido en cuanto acabé, y me metí en el ascensor. Saludé con una leve inclinación de cabeza a la mujer que limpiaba las escaleras cuando llegué al piso de abajo y finalmente el frío de la calle me dio la bienvenida al atravesar el portal… ¡Uf!, por suerte el clima ya era casi por completo primaveral, así que el viento helado de Japón desaparecía conforme los días avanzaban.

En Hong Kong, mi ciudad natal, nunca hacía tanto frío como aquí. El clima solía ser cálido, y yo estaba tan acostumbrado a eso que, cuando llegué a este pueblito llamado Tomoeda, casi muero de hipotermia en el primer invierno… Y es que nadie me había advertido sobre comprar muchas, muchas mantas. Pagué mi ignorancia con un buen resfriado que me duró dos semanas, pero supongo que eso, además de joderme especialmente, ayudó a que me volviera algo más fuerte.

Me dejé de pensar en esas chorradas en cuanto vi la puerta del instituto Seijô frente a mí. Las rejas de la entrada ya estaban abiertas, así que empecé a atravesar el campo de cemento que había ante mis ojos. Estaba tan aburrido de aquel paisaje que me entretuve pateando una pelotita de papel durante todo el camino hacia el interior, donde ya me interné en los pasillos, en busca del aula que me correspondía…

Ah, ése sería mi último año, gracias a Dios. Llevaba mucho tiempo esperando poder decir eso, y ahora que era mi oportunidad, no dejaba de repetírmelo… De hecho, incluso mis amigos y yo, cuando nos aburríamos, nos íbamos por ahí a celebrarlo con unas cervezas.

—¡Shaoran, por fin llegas! —me saludó alegremente uno de ellos, apenas me divisó—. Creí que ibas a escaquearte del examen de Inglés.

Yo dibujé una sonrisa ladeada.

—Eso sólo lo hago cuando toca Japonés, Yamazaki, ya lo sabes.

Takashi Yamazaki era uno de los chicos con los que yo andaba normalmente. Un buen tipo, la verdad. Siempre parecía estar de buen humor; tanto era así que hasta a mí me hacía creer que sus ojos estaban permanentemente cerrados, como en medio de una larga carcajada, y que los extremos de su boca siempre iban un poco más hacia arriba. Sólo había dos cosas de él que me molestaran especialmente: sus bromas pesadas y el hecho de que fuera más alto que yo, porque siempre se metía conmigo gracias a eso.

Mi amigo se rió y pasó una de sus manos por su pelo, corto y negro como el carbón. Luego, me acompañó dentro del aula, donde únicamente estaba su novia, Chiharu Mihara… Evité pensar que probablemente interrumpía algo entre ellos.

—¿Dónde están los demás? —le pregunté. Normalmente Eriol, Ryuu y Kiyoshi andaban ya por los alrededores a estas horas.

Yamazaki se encogió de hombros y metió las manos en los bolsillos de su pantalón, negro como el mío… y como el de todos. Cosas de los uniformes, ya saben.

—Deben estar por llegar —me dijo—. O eso, o están probando la mercancía que K —así era como algunas veces llamábamos a Kiyoshi— le quitó a su hermano el otro día…

—¿«Mercancía»? —Alcé una ceja, intrigado—. ¿A qué te refieres con eso?

Él se rió otra vez. Echó una rápida mirada a Chiharu, que parecía muy entretenida copiando con letra minúscula apuntes en la mesa, seguramente para el examen, y luego se volvió a mí.

—Me refiero a un poco de maría, pequeño saltamontes.

—Oh.

Bueno, la verdad, no me extrañaba. K tenía un hermano mayor algo… vicioso, y mi amigo aprovechaba para conseguir algunas cosas y repartirlas entre nosotros. Nunca había traído nada demasiado fuerte, y ni falta que hacía. Éramos chicos buenos, después de todo… Y yo me llevaba el premio al más bueno, una vez más. Creo que era el que menos había tocado la marihuana de los cinco.

La marihuana, y otras cosas…

—¡Hey¿Preparados para el suspenso, muchachos?

Reconocí la voz de Eriol al instante, y cuando me giré hacia la puerta lo vi a él y a los demás, todos riendo tontamente por un chiste que yo no me sabía… o porque probablemente sí que se habían fumado algo. Se acercaron a nosotros, y yo arrugué la nariz ante aquella fragancia dulzona mezclada con el olor a tabaco.

—Conque cargando las baterías antes de empezar el día —bromeó Yamazaki.

—No hemos tenido mucho tiempo, igual —informó Ryuu, que se había dejado caer sobre su silla y seguía sonriendo—. El profe de plástica andaba rondando por ahí y tuvimos que salir corriendo antes de que nos viera.

Luego de eso, estuvieron comentando algunas cosas sobre lo mucho que les había costado encender el mechero viejo que había traído Ryuu, o la interesante vista de una pareja dándose el lote a unos metros. Muchos comentarios verdes vinieron a eso, y yo incluso llegué a sonrojarme un poco con alguno, aunque no por eso reí menos que los demás.

Poco a poco la clase se fue llenando, y no tardó mucho en estar rebosante de gente que repasaba en voz alta los verbos irregulares a mi alrededor, o se quejaba por no saberse nada. Siempre solía ser lo mismo, e incluso la escena diaria de los segundos antes de que sonara el timbre también se repitió: Sakura Kinomoto entró corriendo a toda prisa, asombrosamente sin llevarse a nada por delante, y se acomodó en su sitio, que estaba frente al mío. Al girarse un poco para dejar su maletín, su mirada se encontró con la mía y me sonrió brevemente a modo de saludo, para después volver a su posición anterior. Yo la miré mientras ella intentaba recobrar el aliento, y me pregunté si algún día la vería llegar antes que yo.

Lo dudaba mucho.

Tocó el timbre y todos nos sentamos obedientemente, a la espera del profesor calvo que nos daba la clase de Inglés. Al llegar, lo primero que hizo fue sentarse delante de su escritorio y escudriñar nuestros rostros, sospechosamente inocentes.

Seguro que él sabe que no todo es lo que parece.

(Sakura)

Aquella mañana se me había hecho tarde, para variar, pero es que ayer no había podido evitar quedarme despierta hasta muy avanzada la noche, pensando en el montón de cosas que tenía en la cabeza. Me pasé gran parte de ese tiempo pensando en Yukito y en lo que había pasado… Pero no quiero hablar de esto ahora.

Cuando me levanté, mamá, como siempre, ya tenía el desayuno preparado, y ella misma estaba a punto de irse a trabajar a la agencia. La agencia de modelos, quiero decir. No tuve tiempo de desayunar prácticamente nada, salvo un par de tostadas y medio vaso de jugo de naranja, y después salí corriendo. Me encontré con que Yukito estaba en la avenida, esperándome, pero lo saludé rápidamente y tuve que seguir con mi camino antes de que el examen empezara sin mí.

Aunque tampoco es que sirviera de mucho, porque me salió horrible.

—Ah, Sakura, ahí estabas. Dime¿qué tal el examen?

Alcé la cabeza y me encontré con que Tomoyo estaba de pie a mi lado, mirándome. Su figura se recortaba contra la luz del sol, que le daba de lleno en la espalda, y veía los contornos de su cuerpo con un brillo blanco. El pelo negro y ondulado se agitaba con el viento suavemente, al igual que su falda blanca y tableada, que le llegaba por encima de las rodillas.

—Mal —reconocí, encogiéndome de hombros—. No estudié prácticamente nada, así que no me extraña.

Mi amiga se sentó a mi lado, en la hierba, y luego comenzó a comer de la cajita que tenía en las manos. Pude ver arroz, pimientos y gambas en aquel menú, y a mí me gruñó el estómago ante la simple imagen de un poco de comida. Lo apreté un poco, sonrojada, y Tomoyo se rió.

—Puedes comer de lo mío, si quieres —ofreció.

Yo creo que a mí se me iluminaron los ojos, y le sonreí de forma casi deslumbrante.

—¡Eres la mejor, Tomoyo!

Ella se apartó orgullosamente el pelo del hombro y luego dibujó una sonrisa arrogante. Su mirada amatista se quedó fija en la mía mientras se jactaba.

—Lo sé.

Tomoyo no lo decía en serio, pero yo sabía que aquello podía ser tranquilamente la pura verdad. Desde que la conocía —y la conozco desde muy pequeña—, siempre había sido sobresaliente en todo lo que hacía: los estudios, la música, el dibujo, etcétera. Nunca parecía dársele mal nada, era la hija y la amiga perfecta, y además inteligentísima… De hecho, algunas veces me daba miedo, he de confesar, porque podía ser muy peligroso que pusiera su intelecto en alguna de las cosas raras que se le ocurrían de vez en cuando.

—¿No tienes coro ahora? —le pregunté, recordándolo repentinamente. La verdad era que Tomoyo pasaba muchos recreos ensayando para el coro, donde ella, por supuesto, era la estrella principal desde hacía años. Su voz es increíble.

—No. —Negó con la cabeza. Tenía la vista perdida en algún punto que yo desconocía, probablemente a varios metros de nosotras. Quizá hasta en el cielo, extrañamente despejado—. La señorita Kimura me dijo que ya practiqué lo suficiente para el concierto y que me sale perfectamente, así que ahora tengo que ir sólo la mitad de lo que iba antes.

—¿Al final vas a cantar en el festival? —me alegré yo, dejando a medio camino de mi boca la bola de arroz que estaba comiendo—. Creí que, como os avisaron con tan poco tiempo, no ibais a poder.

Ella se encogió de hombros y sonrió.

—Al final sí pudimos.

No me extrañaba; con Tomoyo ahí, todo el coro estaba salvado. Después de todo, ella era quien cantaba la mayor parte de las piezas musicales que interpretaban, y su solo era lo que más gustaba al público.

—Entonces, vamos a participar las dos.

—Sí, aunque dudo que tú vayas a bailar lo que yo cante… —bromeó.

Yo sonreí. Siendo animadora del equipo de fútbol de nuestro instituto, no iba a ponerme a interpretar alguno de los bailes tranquilos que podrían combinar con la música y la voz de Tomoyo. Más bien me pasaría todo el rato saltando, girando un bastón y lanzando porras al aire. Y sinceramente, yo lo prefería. Me encantaba estar en el club de animadoras —en realidad, me gustaba tanto que no lo había dejado ninguno de los cursos, y eso que empecé en primero de primaria—.

Yo, al contrario que Tomoyo, era una chica bastante activa. La gimnasia era una de las asignaturas que mejor se me daban, y, de hecho, había sido campeona de atletismo a nivel regional en una ocasión, cuando estaba en quinto. Ahora era jefa del grupo de animadoras, pero no solía participar en campeonatos ni nada de eso, porque me entusiasmaba más entretenerme con coreografías que dando vueltas alrededor de un estadio.

—De todos modos me hace ilusión —rebatí—. Espero que los chicos ganen el partido en esta ocasión, porque el año pasado les dieron una auténtica paliza…

—Estaban lesionados dos de los tres mejores jugadores, así que no me extraña. Tani se había roto una pierna y Eriol la muñeca.

—Y Li no había querido jugar, vaya uno a saber por qué —apunté yo—, así que los nuestros estaban completamente perdidos desde el primer momento, sin dos goleadores y el portero estrella. ¡Sin embargo, en esta ocasión vamos a ganar nosotros!

—Este año no está Tani —me recordó Tomoyo—; se fue a Francia hace meses.

—Pero están Li y Hiiragizawa. —De pronto, recordé algo y miré a mi amiga con ojos pícaros—. Qué pena que no estés en el club de animadoras conmigo —comenté con retintín—, así animabas a tu querido Eriol…

Tomoyo se rió y me dio un leve golpe en el brazo.

—Qué tonta eres —se quejó—. Sabes que entre Eriol y yo no hay nada.

¿Nada? —me burlé—. ¡Bueno, ahora lo llaman así…!

—Que hayamos bailado juntos el otro día no significa demasiado, Sakura —recriminó divertida—. Lo que pasa es que eres muy anticuada. ¿Qué tal con Yukito?

Me había cambiado de tema bruscamente, y yo interpreté eso como lo que era: no quería hablar de Eriol porque sabía que yo tenía razón… Aunque ciertamente podría haber elegido un tema diferente de conversación. ¡Qué mala puntería!

—Bien, supongo.

—Mmm…

—Me trajo rosas ayer —agregué. Quizá conseguía ablandarla un poco con eso.

—Es un avance —murmuró. Tomoyo había estado con los ojos en aquel punto lejano durante todo el tiempo, pero entonces se giró a mirarme. Ya no sonreía, y parecía debatirse entre hablar y quedarse callada—. Sakura —me dijo suavemente—, yo…

—¡Hola, chicas!

Rompimos el contacto visual al instante, en cuanto oímos la voz de Naoko. La mencionada estaba allí, al igual que Rika y que Chiharu. No me habría molestado la presencia de ninguna de mis amigas en cualquier otro momento, pero sí en ése, justo cuando Tomoyo parecía a punto de decirme algo importante. Y, asombrada, noté que ella también parecía ligeramente incómoda.

—¿Interrumpimos? —Bien, Rika siempre me había parecido mucho más perceptiva que las demás.

—No, no —aseguró Tomoyo—. En realidad, estábamos hablando del festival de la semana que viene. ¿Vais a participar en algo?

—Yo sólo tengo que ocuparme de la redacción y la crítica para el periódico escolar —dijo Naoko—. Rika participa con el buffet, y Chiharu con las porristas.

Se pusieron a hablar sobre los preparativos y algunas otras cosas que no escuché, porque mi mente ya divagaba en los recuerdos del día anterior, y en Yukito Tsukishiro, mi novio.

Llevábamos saliendo varios meses, y la verdad es que yo estaba coladita por él desde el momento en que mi hermano, Touya, me lo presentó. Ellos se conocieron también hace poco, cuando Yukito se mudó a Tomoeda, y se hicieron amigos rápidamente. Yukito comenzó a ir a casa seguido, así que yo lo veía mucho. No tardamos demasiado en volvernos también buenos amigos, y yo tampoco tardé demasiado en sentir otra cosa por él. Sorprendentemente —y digo «sorprendentemente» porque él tiene veinticinco años, y yo apenas diecisiete— él me confesó que sentía lo mismo algún tiempo después, y entonces comenzamos a salir.

Todo iba bien con Yukito cerca. Él era muy dulce y atento, simpático, agradable, alegre, optimista y caballeroso. Me defendía del pesado de mi hermano, me iba a visitar siempre que podía, me llevaba ositos de peluche y ramos de flores de vez en cuando. Íbamos a los festivales, cenábamos en familia —en mi casa o en la suya, con sus abuelos, que también eran personas maravillosas—, me invitaba al cine y paseábamos por el parque los domingos, al atardecer.

Y, además, era muy guapo. Tenía el pelo de un color grisáceo extraño, eso sí, pero no le restaba puntos en absoluto. Sus ojos, parcialmente ocultos tras sus gafas, eran dos cálidas esferas color miel. Aquella sonrisa suya era muy bonita también, y como siempre estaba sonriendo, estaba constantemente siendo favorecido, je, je.

Ciertamente nunca tenía ningún problema con Yukito, y tampoco creía poder tenerlo nunca, salvo por algo que fuera culpa mía, claro. Y no era por nada de eso por lo que estaba inquieta, no…

Pero es que ayer, antes de irse, me pareció que había tenido un problema con mi hermano, a juzgar por la cara de tristeza del primero y de enfado del segundo. Me había encontrado con Yukito sentado en el sofá de la sala al llegar del instituto, y con Touya en la cocina cuando fui a buscar unas galletas. Ninguno de los dos me había dicho demasiado cuando pregunté si estaban bien, y rápidamente habían cambiado de tema. Después de eso, mi novio se limitó a charlar sobre cosas sin importancia y yo le seguí la corriente, aunque en mi fuero interno continuara preocupada.

Yo sabía que mi hermano era un celoso de primera, así que mi primera sospecha, y la que se mantenía hasta el momento, era la de si se había peleado con Yukito por algo que tuviera que ver con eso… En cuyo caso debería intervenir yo y hablar con él para asegurarle que Yukito nunca me había puesto una mano encima, en lo que llevábamos saliendo, y no pretendía hacerlo, tan respetuoso como era, hasta que yo estuviera bien preparada… Y yo no tenía ninguna prisa.

Quizá, si hablaba con Touya sobre el tema…

—¿Vendrás, Sakura?

La voz de Tomoyo me sacó de mis pensamientos, y cuando me giré a donde antes estaban Rika, Chiharu, Naoko y ella, me encontré con que las tres primeras se habían esfumado.

—¿Eh?

El timbre que indicaba el regreso a clases sonó en ese momento, y Tomoyo se levantó. Yo la imité, y ambas nos quitamos los restos de pasto y tierra de la falda rápidamente antes de empezar a caminar hacia el interior del instituto.

—Que el sábado vamos a salir todas —me dijo—. ¿Te apuntas?

Asentí ausentemente con la cabeza, todavía pensando en el tema de Yukito. Hablaría con Touya esa misma tarde, si lo encontraba en casa.

(Shaoran)

No había venido el profesor de Educación Física, así que estábamos sentados en la hierba del patio viendo cómo ensayaban las animadoras. En ese mismo momento hacían malabarismos con un bastón, que giraba como la hélice de un helicóptero en sus manos.

—Pues eso —decía Yamazaki, a mi lado—. Como no estaban mis padres, tuve todo el fin de semana la casa para mí solo… Así que invité a Chiharu y… —Risotadas generales—. Bueno, creo que no tengo que explicar con detalles por qué no salí en todo el fin de semana¿cierto?

—Fiuuu —silbó Kiyoshi—, me parece bien. Yo no me como un rosco desde hace una semana… A ver qué pasa el sábado por la noche.

—A ver si el sábado pillamos todos. —La sonrisa de Eriol era casi macabra, vista desde aquí, y los ojos le brillaban con una luz extraña. Me recordó al Grinch—. Tengo entendido que mi Tomoyo también va, así que probaré suerte.

—Y yo a ver si repito con Midori —murmuró Ryuu.

—¡Buf, esa Midori está fatal!

Me sentía extraño, desplazado y desconcertado. ¿Desde cuándo Yamazaki corría maratones sexuales?, me pregunté, sorprendido. ¿Y en qué momento me había quedado yo fuera de esa onda expansiva que los había atrapado a todos…?

—¿Y tú qué —me preguntó Eriol—, no dices nada? —Su sonrisa contagiosa se extendió por los rostros de todos los presentes… salvo por el mío, claro—. Oh, olvidaba que estás demasiado empeñado en eso del celibato como para fijarte en las chicas que te rodean.

Me sonrojé. Bueno, no es que yo tuviera complejo de fanático religioso ni nada por el estilo, pero lo cierto era que sí llevaba una vida muy poco «pecaminosa», en cuanto a ese tema. El sexo… A mis diecisiete años, seguía siendo un terreno inexplorado para mí, y creo que lo máximo que he visto —en vivo— del cuerpo de una mujer, es lo que cualquiera puede ver en una playa.

Hummm…

—Déjame en paz —mascullé—. No me interesa.

—¿No te interesan las chicas? —Fingía asombro—. Entonces, somos dos…

Eriol se me echó encima como una maricona y yo luchaba por zafarme de sus abrazos. Llegó a darme un beso en la mejilla, y entonces conseguí darle un empujón. Todos los demás rieron, incluso él, y luego Ryuu también empezó a molestarme.

—En serio, Shaoran —me dijo—¿qué es lo que te pasa¿No eres hombre o es por algo en especial¿Tienes un trauma infantil¿Te violó tu tortuga a los cinco años?

Obviamente, no era por ninguna de esas cosas… No sé, no me interesaba demasiado. Quizá podría estar más metido en un problema matemático difícilmente vadeable, o en las páginas de un libro de Historia, que en lo que me sugería una tipa bailando alrededor de un caño. Y no niego los instintos, no, no, no, pero solía poder controlarme porque ni siquiera lo buscaba. La juventud y las hormonas eran cosa complicada, pero yo me consideraba lo suficientemente fuerte como para luchar contra ello, y todavía tenía un mínimo de dignidad como para no andar mendigando nada a nade. Mucho menos afecto.

Además, yo ni siquiera era cariñoso con la gente. ¿Cómo podía esperar cualquiera que yo estuviera con una chica? Las chicas siempre están encima de sus queriditos, dándoles besos y esas cosas, o abrazándolos como si pensaran que se fueran a escapar —y quizá fuera cierto, je—, y a mí ese tipo de cosas nunca me habían gustado. Verlo en los demás me provocaba incomodidad y la necesidad de mirar a otra parte, y ni hablar de que se me pegaran como sanguijuelas a mí… ¡Qué molesto sería!

—No me interesa tener a una tipa colgando del cuello las veinticuatro horas del día —contesté, probablemente de mal humor.

—Misógino —oí que susurraba K.

—Eso lo dices porque no lo has probado —aseguró Yamazaki, divertidísimo—. En cuanto sepas en lo que consiste aquello a lo que te niegas con tanta fuerza, hermano, no vas a poder dejarlo. Es realmente joroschó.

Joroschó… —repetí. Últimamente se notaba que habíamos tenido que leer La naranja mecánica para Filosofía.

Joroschó o no —intervino Eriol—, está decidido. Nos obligas a actuar, Shaoran.

Yo alcé una ceja, arrogante e incrédulo.

—¿Y qué se supone que van a hacer mis drugos exactamente?

La sonrisa de Eriol se amplió, y vi aquella mirada macabra y brillante que tenía a veces aparecer paulatinamente en sus ojos azules. Golpeó un puño contra el suelo y se inclinó ligeramente hacia delante.

—¡Vamos a iniciarte en el arte del lubilubeo!

Me quedé quieto, repasando mentalmente el diccionario que venía al final de La naranja mecánica… Y recordé lo que significaba esa palabra.

—¿Y vas a ser tú quien me enseñe a follar? —me carcajeé.

—Oh, no, hermano. Lo que haremos —dijo— será darte unas normas para el cortejo, darte algunas charlitas sobre lo que debes hacer cuando llegue el momento y cosas así… Y, por supuesto, te ayudaremos a elegir la víctima.

La palabra «víctima» no me gustó en aquel contexto. Es decir, yo consideraba a las chicas bastante insoportables, pero no tenía pensado hacerle daño a ninguna. Bueno, quitando el hecho de que ya ni siquiera quería acercarme para hacerle nada a ninguna…

—Mira, es mi problema si… —empecé, pero tres golpes pesados de la mano de Eriol en mi espalda me interrumpieron.

—Algún día tendrás que estrenarte, Shaoran, así que igual da si es ahora o después… Pero te aseguro que, cuanto antes, mejor. Ya verás que te gustará, al igual que a cualquier persona en este mundo.

—Y aquí estamos nosotros para ayudarte —dijo Kiyoshi—, como buenos amigos que somos.

—No pierdes nada, pero ganarás mucho —insistió Yamazaki.

—Haznos caso, Shaoran, sabemos lo que te decimos.

Yo suspiré, pensando. Tenía casi dieciocho años, no era decididamente feo y vivía solo. En cuanto a eso, no habría ningún problema, y hasta podría decirse que resultaría muy fácil encontrar a una chica para… estrenarme. Y quizá mis amigos tenían razón y no perdería nada, después de todo… Y hasta —quién sabe— podía acabar gustándome.

O, según ellos, seguro acabaría gustándome.

¿Tan bien estaría?

Admito que me había entrado curiosidad, más que antes, al menos. Y probablemente fue esa misma curiosidad la que me impulsó a decir, antes de que mi mente me hiciera dar un paso atrás:

—De acuerdo.

Mis tres amigos hicieron como que brindaban en ese momento, y Yamazaki me enterró el puño en la cabeza y lo giró, como si intentara sacarme fuego. Yo conseguí apartarlo después de un rato, adolorido.

—¿Y quién será la víctima? —Los ojos verdes de Ryuu relampagueaban con entusiasmo—. Hay bastante en donde elegir.

—Buscaremos una presa fácil —dijo K—, para ir abriendo boca. Una chica guapa pero sin demasiadas aspiraciones, así no pondrá peros y podrás ligártela enseguida…

—Sí, sí. —Eriol tenía una mano en el mentón y los ojos cerrados mientras asentía repetidamente con la cabeza, todo como si estuviera muy concentrado—. Seguro que una chica demasiado experta va a atemorizarte, con lo… huraño que nos saliste, así que lo mejor será buscar una chica algo más ingenua, y bien dispuesta a caer redondita a tus pies a la primera. Sí, sí, sí…

Recosté mi espalda contra el tronco del árbol que tenía detrás y miré el cielo. ¿Habría hecho bien en meterme en eso? La curiosidad mató al gato, me recordé al instante, y una sensación de inseguridad o molestia, no sabía muy bien cuál exactamente, empezó a carcomerme al oír a mis amigos hablar sobre sus planes, que eran muchos… Que Dios me ayudara, porque de seguro se les ocurrirían muchas locuras.

Segundos después, estaban hablando sobre las posibles presas.

—Aya no puede ser, porque tiene un novio de dos metros y que dobla en masa a cualquiera de nosotros —decía Ryuu.

—Ni Tomoyo.

—Ya sabemos que Tomoyo no, Eriol. ¿Qué tal Nanako?

—Pfff, no queremos que sea una luz, pero tampoco tan idiota.

—¿Kogane?

—Creo que está en las mismas condiciones que Shaoran. Queremos que sea inocente, pero tampoco tanto… Además, a las chicas les duele la primera vez, y arruinaría la noche, porque ni ella ni Shaoran sabrían qué hacer.

¿A las chicas les dolía? Eso tenía que ser una putada… No pensaba aceptar a una víctima virgen, me dije. Podía tener mucha curiosidad, pero tener que aguantar a una tonta llorando era algo que no me había gustado nunca.

—¡Rika, entonces!

—Bah, esa lleva enamorada del profesor Terada desde hace años. Imposible, imposible, no va a ceder.

—¿Y Hikaru?

—Se hace la difícil. Yo nunca conseguí nada con ella. Además, creo que tiene novio…

Hubo algunos minutos de silencio, y luego los tres suspiraron a la vez. Yo sonreí. La búsqueda parecía ser infructuosa, al fin y al cabo, así que quizá podría librarme de sus acosos durante un tiempo… Lo suficiente como para tomar un tren e irme a…

—¡Lo tengo! —saltó Eriol, de repente—. ¡Sakura Kinomoto!

Todos lo miramos con extrañeza, aunque creo que yo fui el más desconcertado de todos.

¿Sakura Kinomoto¿La que se dormía en la clase de matemáticas y se golpeaba con el bastoncito de porrista en la cabeza algunas veces?

—Pero ella tiene novio —apuntó Ryuu. Eriol no pareció intimidarse, ni cambiar de opinión, sino todo lo contrario.

—Su novio debe tener como treinta años, así que no hay problema. Si se pusiera difícil, Shaoran podría vencer al vejestorio sin problemas. —Nadie dijo nada, considerando la idea, y Eriol prosiguió—. Sakura es perfecta para esto. Tiene un novio mayor que ella, así que no creo que le deje andar haciéndose la desentendida, pero no deja de ser una chica bastante dulce y aniñada… No está en los extremos, así que es completamente perfecta. Sí, sí, sí…

Yo miré al grupo de porristas, que seguía ensayando, esperando ver a Kinomoto por algún sitio. Y, en efecto, allí estaba. Estaba muy entretenida dirigiendo a sus compañeras, por eso de que era la líder de las chicas de las porras y los uniformes de colores chillones, y no notó que yo la miraba en ningún momento. No era raro, después de todo, porque yo estaba bastante lejos, y, además, nunca había demostrado interés alguno en ella ni en mirarla.

Y como tampoco ahora lo tenía, volví a ver a Eriol.

—¿No hay alguna alternativa mejor? —le pregunté.

—Créeme; Sakura Kinomoto es perfecta para el caso.

Yo, la verdad, no tenía ni idea, así que me encogí de hombros y lo acepté. Si Eriol opinaba aquello, siendo más experimentado que yo, probablemente debería fiarme de su criterio. Bien, si tenía que ser con ella, sería con ella. Lo haría, lo probaría, sabría qué se siente y después ya habría pasado y no tendría que soportar burlas, chistecitos o cualquier cosa de ésas… Y quizá me acababa gustando; no tenía que olvidar eso. Además, Kinomoto tampoco estaba mal, para nada… Aunque yo no me anduviera fijando en si lo estaba o no lo estaba, claro.

Claro, claro, claro.


Notas de Choco-chan: Bueno, por si alguno de ustedes no vio nunca "El rey león", tendré que ser yo quien les diga eso del ciclo de la vida… xD. A lo que voy es a que acabé con "Convivencia agitada", pero no me dejo de joder y subo otra historia :D Esta vez un poco más subidita de tono, advierto… aunque de momento no se note tanto (si es que el título y la temática no son pistas suficientes). Como ven, el estilo de narración cambia un poco (va por PVO, es decir, puntos de vista de los personajes), y quizá eso implique la posibilidad de poner más palabrotas y expresiones bonitas, pero espero no herir sensibilidades (vaya, si hay cosas peores, chicos, no se me asusten). Obviamente, esto es principalmente un Sakura x Shaoran (sigo fiel a mi vicio), pero habrá más parejas en medio, que ya irán viendo.

¿Qué les pareció el comienzo? Espero que no quieran matar a Sakura por estar de novia con Yukito, ni a Shaoran por insensible. Cosas de adolescentes desesperados, ya se sabe… nosotros, que somos adolescentes (al menos la mayoría), lo entendemos bien xD. ¿Qué era lo que quería decir Tomoyo¿Y qué onda con Eriol? Creo que no sólo a Sakura le parece que ahí hay gato encerrado. A ver cómo resultan las cosas, y a ver si resulta tan fácil eso de iniciarse en el sexo con una chica tan dulce. Jejeje, ya verán si es dulce en el capítulo que viene, y cómo le sienta eso a Shaoran.

En cuanto al vocabulario (ya se me olvidaba), hay palabras que a muchos no les van a sonar de nada, porque pertenecen a una novela muy interesante llamada "La naranja mecánica", como bien dijo Shaoran, escrita por Anthony Burguess. "Joroschó" significa algo así como "bueno" o "bien", "drugo" significa "amigo" y "lubilubeo" significa "hacer el amor" y todas sus variantes. De todas formas, no se asusten, no voy a meter más palabritas que ésas xD. La razón por la cual meto ese libro en el fic es porque va mucho con el tema de la juventud y los cambios en la adolescencia, los grupitos, etc.

Ya saben, intentaré actualizar cada fin de semana, y no se preocupen porque deje de la historia en el aire, que no va a pasar (creo que me quedan cinco capítulos, más o menos, para acabarla).

Saludos a todos… ¡y dejen reviews, por fa!