Viviendo una Utopía

Historia de: la-sakurita (a excepción de los personajes que son de las queridas CLAMP)

Summary:No por evitar a los hombres, pude evitar al amor. Como siempre acabé cayendo en sus redes. Y si una vez me enamoré profundamente y sufrí…este amor me hará sufrir mucho más, pues la locura más grande que puede realizar una persona que le ha dado en parte, la espalda al amor, es enamorarse de la persona menos indicada…su hermanastro

…………………

-Capítulo IX: Mea culpa-

Apoyada sobre la pared de aquel pequeño cubículo, de repente sentí como mi estómago se retorcía y como todo su contenido rápidamente ascendía por mi esófago hasta llegar a mi garganta. Me incliné sobre el WC y toda la bilis que ascendió hasta mi boca fue expulsada inmediatamente con tan sólo abrirla. Una tremenda quemazón apareció en mi garganta y comprobé que mi cuerpo no dejaba de temblar a causa del esfuerzo producido.

Respiré agitadamente mientras intentaba apaciguar la fatiga, pero entonces, unos suaves golpecitos en la puerta me distrajeron de mi tarea.

— Sakura… ¿Estás bien?

Era la voz de Chijaru. Y a mi parecer estaba preocupada.

Tiré de la cisterna y luego contesté intentando sonar lo más natural posible —Si, no te preocupes sólo es un mareo. Ya se me pasa.

Cerré los ojos, mientras me abanicaba como buenamente podía con la mano, pero de repente algo volvió a removerse en mi estómago y comencé a toser sin darme cabida a ningún tipo de reacción por mi parte.

— ¿Quieres que llame al profe?

Una vez expulsado lo que fuera que mi estómago no acababa de digerir, respiré un poco más aliviada, volví a tirar de la cisterna y salí de aquel estrecho lugar. Afuera me esperaba mi compañera que me observaba con gran preocupación.

— ¿De verdad que estás bien, Sakura?...No tienes muy buena cara.

— Si, si ya pasó- aspiré- Habrá sido el desayuno de esta mañana. Me lo comí demasiado deprisa y supongo que no lo habré digerido muy bien.

Me froté la sien y luego me dirigí hacia el lavabo para refrescarme un poco el rostro y quitarme el mal sabor de boca.

— ¿Estás segura que es sólo eso?—pausó— Estás muy pálida y ¡hasta tienes ojeras!

Tras sus palabras desvié la mirada hacia el espejo que colgaba en la pared y observé mi reflejo. Ciertamente Chijaru tenía mucha razón: Si los vampiros existieran, yo podría hacerme pasar por uno de ellos.

— Tranquila no pasa nada, será cosa del estrés- le mentí intentando no darle importancia- Esta noche no he dormido muy bien, así que supongo que se me habrá bajado la tensión con el partido. Sólo eso, no te preocupes- sonreí intentando convencer a Chijaru.

Obviamente no pensaba decirle que gran parte de mi insomnio y de mi aspecto vampírico se debían a la multitud de chorradas que pasaban por mi cabeza al cabo del día.

El timbre del cambio de clases sonó y tras él una avalancha de gente comenzó a salir de las aulas y dirigirse a otras para sus correspondientes asignaturas.

— Será mejor que volvamos al gimnasio para cambiarnos de ropa antes de que se haga tarde- anuncié

Chijaru asintió y cuando me disponía a salir de allí, un repentino mareo me hizo tambalearme un poco.

— ¡Sakura!... no estás bien. Será mejor que te vayas a tu casa, necesitas descansar…- hice el amago de replicar pero Chijaru no me dejo- Venga vamos, te acompaño hasta el gimnasio para que recojas tus cosas.

Sin ningún ánimo para rechistar, me dirigí junto a mi compañera hacia el aula de deportes y nada más entrar Tomoyo corrió a mi encuentro mientras gritaba mi nombre haciendo que todos los que aún se encontraban allí, incluido Syaoran, se me quedaran mirando.

— ¿Qué te ha pasado? Me tenías preocupada…

— No ha sido nada…-sonreí- Estoy bien, sólo ha sido un mareo.

Pero antes de que pudiera decir algo más, Chijaru echó a perder todo mi farol- Ha vomitado varias veces.

Como si hubiese dicho algo realmente grave, Tomoyo abrió los ojos desmesuradamente y me miró realmente preocupada.

— Le he dicho que se vaya a su casa, pero no me quiere hacer caso. ¡Intenta convencerla tú, Tomoyo!

— No hace falta convencerla de nada, ¡se va a casa ahora mismo y no hay nada más que decir!- dijo mientras me cogía del brazo y junto con mis cosas me sacaba a rastras del gimnasio.

— ¿Qué?... ¡Pero si estoy perfectamente!- rechisté mientras mi amiga seguía arrastrándome y yo tiraba de ella en dirección contraria.

Entonces Tomoyo se paró de repente, suspiró y me miró.

— Mira Sakura, olvida todo lo que esté rondando por tu cabeza, por favor…- soltó de repente dejándome sorprendida- Sé que últimamente tienes problemas con tus padres, que Jimmy ha estado revoloteando alrededor tuya de nuevo y que te ha pasado algo con Syaoran...- pausó mirándome realmente preocupada- Lo sé, aunque la mitad de las cosas no me las hayas contado. Lo noto en tu mirada. ¿Y sabes qué?...Soy tu amiga, y sea lo que sea puedes contármelo. Siempre voy a estar aquí para lo que necesites y nunca voy a juzgarte por nada… Pero lo que no soporto ver, es como cada día llegas a clase cabizbaja, sin ánimos ni siquiera para sonreír… Así que no voy a consentir que te pongas enferma por lo que quiera que sea… Por favor, vete a casa…piensa lo que tengas que pensar, pero mañana cuando vuelvas quiero ver de nuevo a mi amiga de siempre… ¿de acuerdo?

Miré a Tomoyo sin que de mí pudiese salir palabra alguna, y la abracé fuertemente mientras ella me acariciaba la espalda sutilmente.

— Gracias por estar siempre ahí, Tomoyo.

— Tan sólo cumplo con mi labor de buena amiga…- sonrió mientras me cogía la mano- Vamos, te acompaño hasta la salida…


Después de dirigirme hacia el despacho del Jefe de estudios para explicarle mi indisposición, Tomoyo me acompañó hasta la salida del colegio recordándome que descansase todo lo que pudiese y que después de clases me llamaría para cerciorarse de que me encontraba mejor.

El camino hacia casa se hizo demasiado largo, quizás por el tremendo dolor de cabeza que había empezado a taladrarme los sesos, y que ni siquiera el suave olor a cerezos del camino había podido apaciguar.

Abrí la puerta principal de mi casa, y tras un sonoro "Ya estoy aquí", pude comprobar que estaba sola. Me dirigí a la cocina para coger un vaso de agua y tomarme un analgésico, y descubrí que sobre la mesa descansaba una pequeña notita. Estaba firmada por Ieran y decía así…

"Chicos, hemos salido para arreglar unos asuntillos. Probablemente nos lleve todo el día, pero ya os lo contaremos todo cuando volvamos si aún seguís despiertos. Os hemos dejado la comida en el frigorífico. Portaros bien"

Ieran

¡Estupendo! Todo esto suponía que Syaoran y yo estuviésemos solos en la misma casa durante todo el día, y tal y como estaba la cosa, me parecía a mí que no le iba a hacer mucha gracia. Aunque quizás, así podría tener tiempo para pedirle explicaciones por su comportamiento conmigo.

Después de tomarme un Ibuprofeno, subí las escaleras y me dirigí hacia mi habitación. Aunque antes de entrar, me quedé observando la puerta que se encontraba justo al lado de la mía con un atisbo de tristeza.

La habitación de Syaoran.

¿Por qué? ¿Por qué todo había cambiado tanto entre nosotros de un día para otro? No lo entendía…y mucho menos quería que todo siguiese así. Había descubierto que Syaoran me gustaba demasiado, y que el simple hecho de que me ignorase empeoraba aún más la situación.

Me daba cuenta de que todo esto se estaba convirtiendo en una especie de masoquismo. No sólo contaba con el hecho de que fuésemos hermanastros, que ya de por sí ponía la cosa complicada, lo mío era como el pez que se mordía la cola, cuanto más me daba la espalda Syaoran, más enganchada me quedaba yo a él.

Algo bastante absurdo, y una pérdida total de energía si se piensa con frialdad…, pero aún así no podía evitarlo.

Sin saber muy bien porque, quizás fue la curiosidad, quizás las ganas de volver a oler su aroma…—en realidad, no lo sé— pero cuando me di cuenta ya me encontraba dentro de su habitación ocupándola a hurtadillas.

Su olor se impregnó en mis sentidos nada más entrar dejándome atolondrada como siempre lo hacía. Y por unos escasos segundos comprendí la situación de Jean Baptiste Grenouille, aquel macabro personaje que hacía perfumes matando a jovencitas vírgenes para obtener sus efluvios. Obviamente mi caso no era igual, pero me habría encantado poder conservar su aroma para siempre en mi olfato.

Curioseé un poco, echando un vistazo por su habitación. Era más pequeña que la mía, pero a diferencia de ésta, todo se encontraba en perfecto orden y armonía. Tenía las paredes pintadas de verde y una cama amplia en el centro. También había una estantería con una gran variedad de libros sobre Arqueología, El antiguo Egipto, Astronomía, y al lado de ésta una mesa de estudio. Tanteé cada pequeño espacio de la habitación con suavidad y delicadeza, como si fuera algo realmente preciado. No tenía demasiada decoración, pero aún así era perfecta porque encajaba con la personalidad de Syaoran.

Durante mi escrutinio vislumbré unas fotos colgadas sobre la pared. Me acerqué para observarlas con detenimiento, aunque no reconocí a las personas que salían en muchas de ellas.

Sólo una y ya la había visto recientemente. Era la misma foto que había encontrado en la basura y que Jiang Shen se había encargado de romper en mil pedazos. La misma foto donde salían ambos hermanos y aquella chica que tanto comenzaba a odiar.

Sentí una punzada en el corazón. ¿Por qué Syaoran tenía esa foto ahí colgada si lo que Jiang Shen decía era cierto? ¿Y lo que es más importante, por quien de las dos personas que aparecían en la foto la tenía colgada…¿Por Sally? ¿O por Jiang Shen?

Me senté en la cama y miles de preguntas inundaron mi cabeza, pero lo peor de todo es que cada vez que miraba a Sally no sólo me trasmitía rabia, sino que empezaba a sentir miedo. Miedo de perder del todo a Syaoran. Miedo de que esa cara bonita con patas me quitase a la persona que más me gustaba en este momento, y de que nada volviese a ser como antes.

Me desplomé sobre la cama aferrándome con fuerza a las sábanas impregnadas de Syaoran, y lloré.

Pero, ¿qué podía yo hacer, si solo era su "hermanita" y para colmo sólo sabía dudar de él?

Después de que mi alma se desahogase por completo, cerré los ojos, y dejé que Morfeo se encargase de curar mis heridas… ¡Él si que sabía como conseguirlo!


Abrí los ojos, tras escuchar repetidas veces el sonido del teléfono en la planta de abajo, me desperecé y tras echar un rápido vistazo al reloj que descansaba en la mesita de mi izquierda, me di cuenta de que todo a mi alrededor se distorsionaba por momentos. Los ojos se me pusieron como platos, y mi corazón empezó a hiperbombear cuando me di cuenta de donde realmente me encontraba.

Estaba en la habitación de Syaoran, me había quedado dormida en su cama durante seis horas y lo peor de todo es que probablemente él ya me hubiese visto.

¿Qué iba a decirle ahora? Y lo peor de todo… ¿Qué habría pensando él al verme acostada en su cama?

Me levanté rápidamente y salí disparada de su habitación cerrándola con delicadeza para no hacer mucho ruido. La casa estaba en completo silencio tal y como me la había encontrado al principio. Aquella situación me resulto demasiado extraña, así que decidí inspeccionar.

Bajé lentamente las escaleras y eché un primer vistazo rápido por la planta baja. Nada. Ni el más mínimo ruido que indicase presencia humana allí dentro. Ni en la cocina, ni en el salón ni siquiera en el cuarto de baño pequeño.

Respiré un poco más aliviada de no tener que darle a Syaoran explicaciones sobre mi comportamiento y me dirigí a la cocina para comprobar que nos habían dejado de cenar nuestros padres.

¡Perfecto, un par de pizzas!

Cerré el frigorífico no sin antes llevarme a la boca un trozo de chocolate. Estaba hambrienta después de haber echado todo lo que mi estómago no quería, además de que me había quedado dormida y ni siquiera había comido nada. Saboreé aquella pequeña porción de cacao mezclado con almendras, pero entonces el ruido de algo al caerse proveniente del salón, me distrajo de aquel éxtasis de sabor.

Salí de la cocina y me dirigí hacia el salón rápidamente. Abrí despacio la puerta como había hecho hacía unos pocos minutos y eché un vistazo en el interior de la habitación. Todo se mantenía en perfecta calma o eso parecía. Me adentré un poco más en ella, y entonces una débil música chocante llegó a mis oídos. Provenía de detrás del sillón —el cual se encontraba dándome las espaldas —. Me acerqué sigilosamente, y cuanto más lo hacía más claramente podía escuchar aquella canción que procedía de unos cascos. I´m not Okay de My Chemical Romance. La había escuchado ya tantas veces dentro de aquella casa y me había dado tantos dolores de cabeza que podía imaginarme perfectamente quien era la personita que la estaba escuchando.

El corazón de repente comenzó a sacudirme tan rápidamente que creí que iba a morir allí mismo de un infarto cuando vi con mis propios ojos, al causante de todas mis ralladuras de cabeza, acostado en el sofá disfrutando con los ojos cerrados de la música que salía a borbotones de aquellos cascos.

Era tan guapo y tenía una expresión tan dulce allí recostado — a pesar de que la música fuese lo único que me chocase en el ambiente— que podría quedarme mirándole toda la eternidad y probablemente me pareciese poco.

Jamás podría dejar de observar aquel pelo alborotado de color chocolate desparramándose por la tela del sofá, aquellas pestañas tan espesas, y sus labios…tan finos y suaves cuando rozaban con los míos haciéndome arder en puro deseo, sin poder olvidar a esos ojos caramelizados que me observaban incrédulos.

Bastó sólo varios segundos, cuando algo dentro de mi cerebro despertó, como un Tic tac incesante de una bomba a punto de explotar.

Su mirada chocolate entró en contacto con mis lagunas verdes. Y entonces el Tic tac se detuvo y la bomba hizo ¡Boom!

Salí disparada hacía atrás del puro nerviosismo que recorrió mi cuerpo en tan sólo milésimas de segundo y Syaoran estuvo a punto de caerse del sofá del susto que se llevó a causa de mi grito, pero se repuso antes de estamparse contra el suelo.

— ¡Joder, que susto me has dado!- espetó incorporándose en el sofá- ¿Qué se supone que estabas haciendo ahí sin decir nada?

— Lo siento…- musité con el rostro más rojo que un tomate mientras intentaba tranquilizarme y que mi latido volviera a su estado normal- Yo no quería…esto…

Sentía como toda la sangre se me agolpaba en el rostro impidiéndome pensar algo coherente, y como poco a poco la tierra me tragaba. Cerré los ojos y entonces escuché a Syaoran suspirar.

— Bah, no importa…- se levantó del sofá, cogió su mp3 y pasó por mi lado dispuesto a salir de la habitación con su aire indiferente.

De nuevo volvía a hacerlo ¿pero iba a seguir permitiendo esta situación una vez más?

¡No!

— ¡Syaoran, espera!

Escuché como detenía sus pasos justo antes de abrir la puerta, aspiré profundamente y me giré hacia él.

— Creo que es hora de que aclaremos las cosas…- aclamé de forma segura y concisa. Entonces Syaoran se giró hasta quedar frente a mí y toda la seguridad en mi misma se evaporó.

— Tú dirás…

Me quedé estática sin saber que decir ni que hacer. Era muy difícil ver con claridad al Syaoran bromista y arrogante que tanto me gustaba en aquel rostro que mostraba tanta dureza e indiferencia hacia mí. Y eso lo odiaba. Odiaba que yo fuera la causante de ese ceño fruncido y de esa mirada tan fría. Pero me lo merecía y de hecho entendía su comportamiento.

Yo había dudado de él en un asunto que ni siquiera me incumbía, simplemente porque me carcomían los celos por dentro. Y ni siquiera sabía si lo que realmente me había dicho Jiang Shen era la verdad. Había sido una estúpida.

Pero… ¿bastaría ahora con decirle a Syaoran que lo sentía, para que todo volviese a estar como antes? ¿Me perdonaría él y lo olvidaría? O ¿Sería de las personas que aunque perdonan, no olvidan tan fácilmente?

— Yo…

Apenas era capaz de articular palabra, y mucho menos cuando me miraba tan fijamente como lo estaba haciendo ahora. Pero aquella no era una mirada fría. Era algo distinto. Era como si estuviese manteniendo una batalla contra él mismo.

¿Es qué acaso el también se sentía mal por comportarse de esa manera conmigo?...

¡No podía aguantar más! Quería que todo volviese a ser como antes de toda esta estupidez. Ya no me importaba lo que hubiese hecho con Sally o el daño que le hubiera hecho a su hermano. Quería que me sonriese, que me diese a entender con esos ojos de caramelo que todo estaba bien entre nosotros, que me abrazara, que deseara besarme de nuevo como yo también lo ansiaba.

Las manos me temblaban de rabia y pude notar como mis ojos se iban llenando lentamente de lágrimas mientras Syaoran me miraba fijamente esperando oír mis palabras.

— Yo quería decirte… ¡que…

Pero mi burdo intento de aclarar las cosas con mi hermanastro se vio interrumpido por el repelente sonido del timbre de mi casa.

Ding Dong…Ding Dong...

Syaoran suspiró y se llevó las manos a la cabeza. — Ya…ya voy yo…

Escuché el rastro de pisadas que dejaba Syaoran desde el salón hasta la puerta, y el sonido de ésta abriéndose. Esperé y entonces la voz preocupada de mi mejor amiga me llegó en un sutil susurro lejano.

— Hola Li, perdona que me presente aquí sin haber dicho nada, pero estuve llamando hace un rato y…

Rápidamente me dirigí a su encuentro.

— Hola, Tomoyo…-musité en un leve tono de voz.

Mi amiga hasta entonces aún en la puerta, escondida tras la musculosa espalda de mi hermanastro, levantó un poco la cabeza para localizarme — ya que Syaoran era mucho más alto que ella— y cuando me divisó, se dirigió hasta mí con un rostro que no dejaba de estar preocupado.

— ¿Qué tal estas?

Sonreí levemente, mientras miraba de soslayo a mi hermanastro, aún en el marco de la puerta, con la mirada perdida en algún punto del suelo de la habitación.

— Bien…no te preocupes, tampoco fue para tanto.

— ¡Claro que si!- exclamó- Me preocupo porque se trata de tu salud…y no quiero que te pase nada malo. Ni siquiera que estés mal…por lo que sea que pase… por tu cabeza.

Debido a la presencia de Syaoran justo a escasos metros de nosotras, el tono de voz de Tomoyo fue apagándose a medida que pronunciaba cada frase hasta acabar en un leve susurro. Pero se muy bien, que sus intentos fueron en vano porque él escuchó hasta la última palabra. Lo supe porque justo al terminar la frase, mi hermanastro hasta entonces perdido en la inmensidad de sus pensamientos, se había vuelto rápidamente para mirarme con un rostro entre asombrado y confundido. Nos miramos durante varios segundos intentando analizar las reacciones de cada uno, pero yo rápidamente corté el contacto desviando la mirada de nuevo hacia mi amiga y cambiando de tema al instante.

— ¿Te apetece quedarte un ratito conmigo?…

Podía notar como Syaoran seguía analizándome con su mirada, pero aún así no me importó.

— Necesitaría que me pusieras un poco al corriente con todo lo que disteis la semana pasada en clase—expliqué — Ando un poco perdida…

Sé muy bien que a Tomoyo ni siquiera le bastó un segundo para decidirse. Ella siempre estaba dispuesta a ayudarme en todo lo que necesitase, y esta vez no iba a ser menos. Y se lo agradecía enormemente.

— Venga, vamos a tu cuarto y te pongo al corriente de todo.

Tomoyo me cogió de la mano y tomando el control me dirigió hasta mi habitación, mientras Syaoran nos seguía con la mirada aún anonadado. Pero justo cuando íbamos subiendo las escaleras el móvil de mi hermanastro comenzó a sonar.

— ¿Sally?

El corazón me dio un vuelco al escuchar aquel nombre y mis pies por puro automatismo comenzaron a ascender los escalones más lentamente hasta detenerse en la mitad de la escalera. No quería ser cotilla, pero mi propio cuerpo me pedía mantenerme en aquella posición. Paralizada con todos los sentidos puestos en aquella conversación.

— Perdona…Se me ha hecho un poco tarde… ¿Dónde estas?...De acuerdo…Estoy allí en cinco minutos…Si, si ya sé que te prometí que esta vez llegaría temprano, pero se me ha ido un poco la cabeza…No tardo nada… y no te preocupes que te lo compensaré.

Escuché la risa de Syaoran seguido de mucho movimiento de llaves y finalmente un portazo y el silencio.

Y tras aquello tenía unas ganas inmensas de llorar y de reventarme la cabeza contra la pared. Estaba bastante claro que tenía una cita con ella, que se llevaban estupendamente, y me atrevía a aventurar que probablemente dentro de poco esa relación se convertiría en algo más que una simple amistad…si no lo era ya.

Y eso… de ser verdad, no sería muy capaz de asimilarlo.

— ¡Ajam!

Giré la cabeza y me encontré con Tomoyo unos escalones más arriba esperándome con una ceja alzada.

— ¿Ya?... ¿O piensas quedarte ahí todo el día?

Volví a echar un último vistazo a la planta baja como si esperase que de un momento a otro Syaoran apareciese de nuevo por allí, pero obviamente no lo hizo. Estaría ocupado compensando de alguna manera a la idiota de Sally por haber llegado tarde.

Aunque por el momento prefería no pensar en la forma que se le habría ocurrido para hacerlo.


— Y de Mates, nos han explicado las Integrales…Pura mierda, realmente. Porque si a eso se le llama explicar, yo soy la reencarnación de una cacatúa…que ¿Quién sabe…? A lo mejor si…pero bueno…Aquí tienes los apuntes, aunque no creo que lo entiendas. No creo que lo entienda nadie… ¡Ni siquiera Syaoran!… que es tan bueno en esto.

— ¿Qué?

Tomoyo suspiró por novena vez en la tarde y cerró abruptamente su carpeta.

— ¿No estabas escuchándome verdad?

— Lo siento…

— Ya, ya. Empiezo a acostumbrarme a esta situación. También empiezo un poco a cabrearme… ¿Sabes? Es un poco frustrante que me lleve aquí más de una hora y media hablando con una persona que no hace nada más que suspirar y quedarse embobada con lo primero que encuentra en su camino visual. ¡Ya te vale!... ¡Que hasta la pared me echa más cuenta que tú! ¡Cualquiera que te viera en esta situación pensaría que eres un muerto viviente!

— Perdóname, Tomoyo…No volveré a hacerlo.

Mi amiga suspiró de nuevo.

— Eso me dijiste las dos últimas veces y mira. Lo que más me jode es que no sé que es lo que realmente te pasa. Y así no puedo ayudarte. ¿Es algo relacionado con Syaoran, verdad?

Miré a Tomoyo esperando mi respuesta y luego desvié la mirada hacia otro lado.

— Vale, vale. Te prometí que no te presionaría y que esperaría a que…

Y entonces ya no pude aguantar más…

— Creo que estoy…enamorada de Syaoran.

— ¿Qué?

— Bueno no lo creo… — corregí—… ya es seguro.

Por unos momentos Tomoyo se quedo paralizada sin saber que decir. Y tras varios segundos reaccionó.

— ¿Y eso… es todo?

— No —mi amiga alzó una ceja esperando mi respuesta, aspiré profundamente y entonces proseguí— Nos hemos besado, probablemente esté saliendo con otra tía y…ni siquiera nos hablamos.

Tomoyo pestañeó repetidas veces intentando asimilar lo que le había soltado en un momento —A ver…rebobina que me he perdido. ¿Cómo que os habéis besado y que probablemente esté saliendo con otra tía?

— Es todo por mi culpa—musité cabizbaja — ¿Recuerdas que te dije que Jiang Shen me había contado que Syaoran se había enrollado con la chica que a él le gustaba?— Tomoyo asintió— Pues no sé porque, pero me dolió muchísimo y por un momento eso cambió radicalmente mi forma de pensar sobre Syaoran. Creía que era como Jimmy…una persona a la que no le importaba nada los sentimientos de los demás y empecé a ignorarlo y a tratarlo de manera fría e indiferente…de hecho, no quería saber nada de él. Pero entonces…—pausé— Syaoran me preguntó que era lo que me pasaba, que porque había cambiado mi manera de ser con él, y le conté la verdad.

—¡Menudo cambalache!- bufó mi amiga- ¿Y que pasó?

— Se enfadó conmigo. Me dijo que era una tonta por creerme todo lo que me decían. Incluso…—sentí como las lágrimas comenzaban a acumularse en mis ojos— me dio a entender que todo lo que me pasó con Jimmy, me lo tenía merecido.

— ¡Eso no es verdad!- exclamó Tomoyo- No eres tonta. Simplemente confías demasiado en la gente, y luego pues…te das cuenta de que el lobo no es como lo pintan. No todo el mundo es igual que tú. Hay gente que vive expresamente para hacer daño a los demás.

— Ya lo sé –musité- pero aún así, me he portado fatal con Syaoran. Lo juzgué por una cosa que ni siquiera sabía si era verdad, realmente era algo que no me concernía…Entiendo que esté enfadado conmigo y no quiera hablarme. Lo que no entiendo es porque… me besó.

Bajé el rostro, escondiéndome de la mirada curiosa de Tomoyo y pude notar mi rostro ardiendo cuando recordé la escena.

— ¿Pero… que clase de beso fue? ¿Un leve roce o…?—sentí como me ponía aún más colorada y prácticamente respondí a la pregunta de mi amiga sin decir nada—… ¡vaya! ¡Vamos que os distéis un buen morreo, por lo que se ve!

Yo diría que fue más que eso…

— ¡Y que callaito te lo tenías, zorrona!- se rió Tomoyo mientras me daba un codazo y yo me quedaba más abochornada que nunca. Pero mi amiga era así y no podía evitarlo —Pues ten cuidadito…que si un beso te ha revolucionado las hormonas, no quiero ni imaginar lo que puede llegar a pasarte, si te da un buen repaso.

Cojí el cojín que tenía justo a mi lado y se lo tiré en la cara a mi amiga, la cual parecía estarse divirtiendo de lo lindo con mi situación — ¡No seas cerda, Tomoyo! Además…nada de eso va volver a suceder. Ya te he dicho que Syaoran ni siquiera me habla.

— Bah, eso tiene solución.

Tomoyo se quedó callada por varios segundos y yo la miré expectante esperando su respuesta.

— Dale tú un buen repaso.

— ¡Tomoyo!

— ¡Es verdad!—rió— A los tíos les encanta que las mujeres demos de vez en cuando el primer paso. Así que ya sabes…cuando esté desprevenido, lo cojes y le plantas un buen beso en los labios, y si te responde, es porque también le gustas. Claro… que si quieres hacerle algo más, yo puedo darte algunos consejos.

Mi amiga siguió riéndose y sin quererlo a mí también me sacó varias sonrisas.

— Creo que si hago eso, dejará de hablarme para el resto de mis días.

— Puede que sí, o puede que no. Aún no sabes porque te beso. Puede ser porque le gustes de verdad y no se decida a dar el paso y aquel día explotó…o simplemente porque le da morbo enrollarse con su "hermanita".

— No creo que yo le guste…—musité desesperanzada— Además te he dicho que creo que está saliendo con Sally. La tía que viste el otro día con Syaoran en los billares, era ella, la que se enrolló con él y de la que estaba enamorado Jiang Shen.

Tomoyo se quedo con la boca abierta — ¡Qué fuerte! Pero vamos…en el supuesto hecho de que Syaoran esté saliendo con ella… ¿no crees que sería muy rastrero por su parte estar con ella y al mismo tiempo besarte a ti?...- pausó- No sé…lo mismo son sólo amigos.

— O puede también…que el besarme no haya significado nada para él…tu misma lo has dicho antes…quizás sólo era morbo por besar a su "hermanita"- aclaré

— Sea lo que sea…sigo viéndolo mal por su parte y sinceramente no creo que Syaoran sea así.

Por unos momentos deseé creer que Tomoyo tuviera toda la razón del mundo.

— Lo que tienes que hacer es hablar con él y aclarar las cosas, cuanto antes mejor…— me aconsejó — …porque cuanto más tardes más difícil se van a poner las cosas…y supongo que ahora que estás enamorada de él no querrás perderlo, por lo menos como amigo.

Negué. —Claro que no.

— Pues eso…

Antes de poder decir nada más, el móvil de Tomoyo comenzó a vibrar interrumpiendo la conversación fluida que estábamos manteniendo.

— Es un mensaje de Eriol…-musitó mi amiga mientras pulsaba los botoncitos del aparato- Me pregunta si estoy ahora en casa. Dice que va a llamarme dentro de media hora porque tiene que decirme algo importante.

El rostro de Tomoyo se torció expresando cierta extrañeza y luego volvió a meter el móvil en su bolso.

— No sé que querrá… Por cierto, ¿Qué hora es?

Miré el reloj que descansaba encima de la repisa de mi cama- Las ocho y media.

Mi amiga resopló y comenzó a recoger los papeles que estaban dispersos por toda la cama y a meterlos en sus correspondientes compartimentos de la carpeta —Voy a tener que irme ya, no te importa ¿no?

Negué con la cabeza.

— Te dejo aquí los apuntes y ya me los devuelves cuando los termines de copiar, ¿de acuerdo?

— Vale.

Y tras recoger todo lo que había ido dejando por mi habitación, se puso el abrigo y la acompañe hasta la puerta de mi casa para despedirme de ella.

— Bueno, mañana nos vemos en clase…Ya sabes- me apuntó con el dedo- ¡Habla con Syaoran y aclara las cosas de una vez!

Asentí e hice el gesto de los soldados para acatar una orden de sus superiores.

— Nos vemos mañana…Y gracias por todo, Tomoyo.

Le sonreí y entonces ambas nos fundimos en un tierno abrazo.

— Ya sabes que lo hago con todo mi cariño.

Nos separamos, nos sonreímos y luego Tomoyo se dirigió calle abajo perdiéndose en la lejanía. Cerré la puerta, me deslicé por ella hasta el suelo y suspiré.

Ya había conseguido descargarme con alguien. Ahora sólo me quedaba hacerlo con la persona verdaderamente implicada en el asunto y esta noche era una buena oportunidad. Tendría mucho tiempo para hablar con él durante la cena, ya que nuestros padres nos habían dejado la casa para nosotros solos. El único inconveniente que veía es que me daba la impresión que aunque tuviera todo a mi favor, no iba a ser una tarea fácil.


Cuando dije que no iba a ser una tarea fácil aclarar las cosas con Syaoran, me quise referir a que no pensaba que me fuese a perdonar tan fácilmente. Lo que no creía que fuese a suceder es que después de esperar y esperar ni siquiera apareciese para cenar.

Eran las 11 y cuarto. Hacía un buen rato que me había comido la pizza que nos dejaron nuestros padres, y ninguno todavía se había dignado a aparecer. Ni ellos, ni Syaoran.

Y cuando pensaba en Syaoran…sólo me venía a la mente la forma en la que estaría compensando a Sally…y eso me ponía histérica.

¡No, No, No! No podía dejar de imaginarme a Syaoran besándose con esa estúpida niñata o pasando el tiempo con ella como si de dos novios se tratasen, mientras yo estaba aquí en mi casa sola sin su compañía y pudiendo quizás arreglar las cosas entre nosotros. ¡Definitivamente No!

Sin quererlo nuevas lágrimas comenzaron a descender por mi rostro y un fuerte dolor comenzó a taladrarme el pecho.

¿Por qué tenía que ser tan estúpida?

Escuché de fondo el sonido de las llaves abriendo la puerta de mi casa y rápidamente me limpié las lágrimas, salí de mi habitación y bajé las escaleras para encontrarme con el recién llegado, que esperaba con todas mis ansias que fuese mi hermanastro.

Y por una vez, el cielo pareció escucharme. Cuando lo vi estaba de espaldas poniendo el chaquetón en el perchero que se encontraba justo al lado de puerta de entrada. Nuevas lágrimas comenzaron a descender por mi rostro, y entonces él se dio la vuelta y me vio allí parada justo enfrente de él.

— ¿Qué…te pasa?- preguntó realmente extrañado.

Pero yo no dije nada, tan sólo corrí a su encuentro y lo abracé fuertemente escondiendo mi rostro en su pecho.

Él se quedó estático, sin saber que hacer, pero entonces me separé varios centímetros de él, levanté el rostro y lo miré.

— Perdóname, por favor. ¡He sido tan estúpida! No debería haberte dicho las cosas que te dije sobre tu hermano. No sé porque me metí en ese asunto cuando ni siquiera sabía si era o no verdad. Estoy muy arrepentida.

Syaoran desvió la mirada y suspiró.

— Se que me porté muy mal contigo, y comprendo que estés enfadado, pero… ¡No puedo aguantar más esta situación, Syaoran! -pausé- no aguanto más que no nos hablemos, que ni siquiera nos miremos, y mucho menos que nos estemos distanciando poco a poco.

Entonces volvió a mirarme y dijo algo que realmente no me esperaba.

— Perdóname tu también a mi…- musitó realmente arrepentido- Yo…no debería haberte dicho ciertas cosas que no pensaba, como lo de Jimmy. De hecho, ni siquiera debería haber actuado de esta manera tan infantil evitándote a toda costa. También es culpa mía…y yo tampoco aguanto esta situación.

Suspiré y me mordí el labio intentando aguantar las ganas de besarlo que me dominaba por completo, además de una gran felicidad y un revoloteo de mariposillas en mi estómago cuando me miraba de aquella manera.

Volvía a ser el mismo de siempre, y eso me encantaba.

— No sabes el esfuerzo sobrehumano que he tenido que hacer para no meterme contigo cada dos por tres.

Ambos sonreímos.

— Y no sabes tú lo que yo lo he echado en falta...

Sonreímos de nuevo sin dejar de mirarnos él uno al otro, pero entonces la sonrisa de Syaoran fue desapareciendo poco a poco, y su mirada descendió lentamente hasta mis labios. Mis nervios se pusieron a flor de piel y mi corazón empezó a hiperbombear.

Es que acaso… ¿el quería lo mismo que yo?

Tragué saliva y me agarré más fuertemente a su camiseta en un acto desesperado por aferrarme a él y que no volviese a alejarse de mi lado. Cuando lo hice, el volvió a mirarme a los ojos y una pequeña sonrisa ladina asomó por sus labios, pero desapareció inmediatamente.

No se si fue imaginación mía o no…pero noté como el pequeño espacio que había entre nosotros iba disminuyendo cada vez más y más, sintiendo su cálida respiración cada vez más cerca de mi rostro.

Pero entonces, antes de que pudiera pasar algo más, la puerta de mi casa volvió a abrirse y detrás de ella aparecieron nuestros padres con una gran sonrisa en el rostro.

Nos separamos al instante y nuestros padres nos miraron extrañados.

— ¿Qué estáis haciendo ahí parados?- dijo Ieran mientras mi padre se reía disimuladamente detrás de ella.

— Nada…-contesté ruborizada.

— Acabo de llegar ahora mismo, y Sakura me estaba diciendo que Yamazaki me había llamado esta tarde para comentarme…una cosa sobre el entrenamiento de mañana.

Lo miré de refilón y sonreí. Volvía a repetirse la situación una vez más y me sorprendí de la manera tan rápida que sabía escaquearse de las preguntas incómodas. A mi seguramente me habrían pillado.

— Ah…vale- contestó Ieran satisfecha con la respuesta de su hijo

— Bueno…creo que me voy a la cama...que ya es tarde- bostezó Syaoran y pasó por mi lado para dirigirse a su habitación.

Pero entonces…

— ¡Espera Syaoran…!- exclamó Ieran- Tenemos que deciros una cosa…

Se dio la vuelta y ambos miramos a nuestros padres.

— Bueno…-una gran sonrisa asomó por el rostro de Ieran y luego se llevó la mano al vientre y comenzó a acariciarlo.

¡Oh oh!

— ¡Estoy embarazada!-exclamó mi madrastra mientras mi padre le ponía la mano en el hombro y sonreía ampliamente- ¡Vais a tener un hermanito!

Syaoran y yo nos miramos, y entonces supe que aquella mirada no significaba nada bueno.


N/a: ¡Buenas! Después de casi un año o más, supongo que todo lo que diga no servirá de pretexto para explicar porque he tardado tanto en actualizar, pero bueno…hay motivos y lo siento muchooooo!!! = ( Así que espero que seáis comprensiva/os y no me castiguéis…mucho!! Espero que os haya gustado el capítulo y no prometo nada sobre actualizar pronto, pero lo intentaré. =D

Un saludito a todos/as los que me leéis y por cierto ¡Feliz 2010!