CAPÍTULO 1. SOBREVIVIR

Hospitales, siempre he odiado los hospitales; son fríos, dan escalofríos, y hay muchísimas cosas donde uno puede terminar mal, pero muy mal…

Cuando tus planes no salen como a ti te gustaría obviamente te desesperas, frustras, quieres desquitar todo tu ser contra el primero que encuentres y si a eso le sumas que: 1.- haz perdido una hermosa gema por la que habías estado peleando, 2.- que el más simple de todos tus contendientes ha sido el que te ha ganado, 3.- que tu víctima se ha escapado por un pelo, 4.- que tienes todas las de perder y sabes que si hubiera una oportunidad podrías darlo todo y cambiar hacia donde se inclina la balanza. Entenderás a que me refiero.

Desde hacía unos minutos todo iba mal, parecía que la buena suerte que le acompañara un tiempo atrás por fin le había abandonado, como si hubiera volado a nuevos horizontes. Volar Ja!, que terrible ironía de la vida. Tener alas y no poder utilizarlas, por una patética pestaña postiza, y un entrometido Osmosis Jones, los planes se habían ido al diablo (lamento la palabra, pero con él se había ido todo)

Primero la frustración de perder; pero, ah, no le daría el gusto al polizonte de verlo derrotado, era demasiada la ira como para concentrarla en dejar ver que él había ganado, ah no señor, aunque fuera lo último que hiciera (por favor, no piensen que era el típico villano derrotado perdedor que solo fanfarronea. No, él era la muerte roja) se levantaría de entre los muertos y regresaría para vengarse de Jones, lo mismo en esta vida o en otra.

Lamentablemente, la pestaña de la desgracia había caído en el alcohol, el simple contacto y el aroma de tan despreciable sustancia a favor de la salud habían causado estragos en él, si tan sólo eso hubiera sido lo único tal vez en estos momentos estaría relatando yo una historia diferente; pero, el destino, ese amo y señor de la existencia de cada ser había decidido que el rey no podía abandonar el tablero de ajedrez, el alcohol había hecho lo suyo, de tal forma que Osmosis hubiera visto, lo que sus ojos querían ver, la caída de La Muerte Roja.

Pero, para aquel que hubiera dedicado un poco de tiempo a ver que había pasado en esa mesa de hospital la vista hubiera sido diferente. Primero fue el golpe contra el cristal, lo mismo hubiera sido caer de un edificio de veinte pisos, su cabeza no lo resistió, todo se hizo borroso, tenebroso, y a la vez no podía ser miedo; ya que aquel que en ese momento intentaba salir de esa ácida sustancia nunca había conocido el miedo. ¿Por qué se encontraba en ese terrible lugar? Era una oscura sombra que no le permitía recordarlo, como pudo logro trepar con debilidad a la pestaña que seguía flotando en el alcohol, aquella que hacía unos segundos había inclinado la maldita balanza de la justicia, por favor el simplemente pensarlo me enferma…

La piel ardía como si se estuviera consumiendo por un fuego que nada podía apagar ¿acaso, ese era el fuego del infierno que sienten las almas condenadas por toda la eternidad? La carne viva no podría soportarlo más, pero, en su naturaleza estaba el jamás rendirse, no importaba el dolor, el sufrimiento, la agonía, no podía quedarse de brazos cruzados a esperar el final.

Una, dos, tres, al tercer intento logró librarse de una vez por todas del terrible recipiente con alcohol, solamente para que al caer en la mesa lo hiciera en un ligero charco de dicho veneno ¿acaso se puede sufrir más? La cabeza le daba vueltas, no era capaz de formular un plan para poder escapar, los segundos eran vitales, no podría sobrevivir si continuaba en esa inmundicia, tal vez, esta vez todo había terminado, ¡Oh, terrible destino que juegas con los seres como un titiritero lo hace con sus juguetes!

Frank y su hija habían abandonado la sala por orden del doctor Thompson, el lugar estaba prácticamente vacío sin enterarse de la lucha entre la vida y la muerte que se desarrollaba en la mesa donde estaban distintos instrumentales quirúrgicos, medicamentos, y demás menesteres necesarios para restablecer la salud humana.

La hermosa y provocativa enfermera Sherley Love se acercó a dicha mesa, era alta, sumamente hermosa, el deleite de todos los enfermeros del hospital y la envidia con mucha razón de sus compañeras, desde hacía unos días había comenzado una relación más que fraternal con el doctor Thompson, y éste la había tomado como miembro indispensable de esa sala de emergencias. Lamentablemente para el doctor la hermosa rubia, de medidas prácticamente perfectas, en ocasiones era un poco distraída, pero muy coqueta con sus jefes inmediatos.

Sin muchos preámbulos comenzó a limpiar la mesa, era extraño que junto al vaso de precipitados con alcohol se encontrarán tantas gotitas desperdigadas. No importaba, esbozó una sonrisa de colegiala y comenzó a limpiar el desperfecto pensando que en menos de una hora, gracias a que cambiaría de turno, y que el paciente anterior ¿cómo se llamaba? ¡ah, sí Frank! Había salvado la vida, ella y su amado doctor irían a una noche de merecido descanso, primero a un bar y después, bueno, ya el tiempo lo diría, para eso era larga la noche ¿no?

Resistir, soportar, solamente pensaba aquel que sentía como algo se había roto en su mano al salir del terrible alcohol, los gases de tan indefensa gotita estaban acabando con él de muy buena gana, como si supieran que debían terminar su trabajo antes de que la letal amenaza encontrará la forma de escapar.

Sobre él una sombra ¿es una sombra protectora? ¿o es la sombra de la muerte que indica que su momento ha llegado y es hora de rendir cuentas? Nada de eso, es la linda Sherley que con un paño blanco limpia tanto el alcohol como todo lo que se encuentre en la mesa, está tan distraída con la noche que le espera que no es cuidadosa.

¿Morir en el alcohol? ¿o morir en esa sombra? Se pregunta quien en otro tiempo fue una amenaza, la vista no le sirve para nada, los miembros le duelen del golpe, de las quemaduras y del orgullo herido sin recordar el porque. No lo piensa ni dos segundos, del paño se ve ligeramente salida una perfecta uña con manicure es el momento de hacer algo y una vez más sobrevivir. Reuniendo todas las fuerzas que le quedaban, logra dar un salto gigantesco para él, para nosotros ni un milímetro. ¡Lo logra!, un salto extraordinario, le doy un 10.0 pero, no soy juez olímpico, ahora ¿qué? En esas condiciones la muerte aún ronda cerca, muy cerca de él.

Sherley no se ha enterado de nada de lo que pasa a nivel microscópico en ella, continua limpiando, de pronto ¡Auch! La hermosa rubia, retira rápidamente su mano del paño que estuviera utilizando, una perfecta gota de sangre color carmín como sus labios aparece justamente en el dedo donde se encuentra quien espera una oportunidad. ¿Con qué se ha herido tan hermosa diosa? Con una pequeña punta de jeringa, que para su buena fortuna no ha sido utilizada, algún doctor en plena acción, la ha destapado y no la ha utilizado. ¿Qué se hace en estos casos? Lógicamente te lavas las manos, las desinfectas, y listo; ¿Qué hace nuestra belleza? Gira su hermoso rostro a ambos lados, mientras su perfecta melena rubia se agita en el aire con el perfume de su costoso shampoo. Al ver que "no hay moros en la costa" rápida como el viento, lleva su lastimado dedo a sus labios y lo succiona un poco deteniendo una pequeña gota de sangre que intentaba escapar. En tal movimiento quien pedía una oportunidad ha logrado introducirse en tan hermosa anfitriona, pero, ¿es momento de actuar? ¿Esta listo para un contraataque? No, es como si todos sus huesos estuvieran rotos (en sentido figurado, por supuesto) la vista no le ayuda, tan ciego como un murciélago, lo mejor que puede hacer es cubrirse con lo que antaño fue una excelente gabardina, como todo un nosferatú, no importa cuanto lo intente su cabeza está en blanco, el dolor es insoportable, una mano se aferra a una ligera protección del paladar, descansar, y recuperar fuerzas es lo que le ordena el subconsciente, hay que obedecerlo, ya habrá tiempo para venganza, para recordar y sobre todo para continuar viviendo, si vivir, de eso trata todo supervivencia, vida y muerte. Lentamente cae en un supor que le hace acallar las voces lejanas del dolor y la ira. La Muerte Roja, ahora es un pequeño y débil capullo donde dentro el ser más mortal recupera sus fuerzas, dormido como está en un momento su mano se asoma, donde estaba la terrorífica garra que puso contra las cuerdas a su valiente enemigo, ahora se encuentra la base de una garra rota.

Terrible ironía de la vida, la garra que atemorizo a tantos, que le condeno a la maldita pestaña, que fue usada de palanca para librarse del alcohol, aquella que soporto todo junto a él, ha desaparecido; pero, en estos momentos no importa, en estos momentos quien se da cuenta…

Esta noche Sherley tendrá a su amado doctor con ella, Frank tendrá la oportunidad de tener más días junto a su hija, y dentro de él Osmosis Jones tendrá la oportunidad de ser el héroe de Ciudad Frank, disfruten cada uno de ustedes su tiempo, ya que esta noche es suya, el mañana aún no está escrito…

Continuara…