¡Hola amigos! Antes de empezar quiero explicarles un poco lo que es la "Colección de escenas inneditas."

Durante la redaccion del capitulo 12 de la Leyenda de Andrómeda, escribi una escena que si bien es parte de la historia, me alejaba del tema principal y hacía la avanzar más lenta, además de que parecía salir sobrando y/o cortar la continuidad de los episodios, Así que decidí publicarla aparte del fic. como un complemento a la historia.

Existen también otros escenas que elimine de los capitulos anteriores, las cuales trataré de rescatar para presentarselas. La coleción de escenas inneditas valigada al fic, con la diferencia de que su lectura no es necesaria para la comprensión de la historia, y de cierta forma son una serie de pequeños avances de lo que pasará en el siguiente capitulo,o para ligar situaciones.Por tanto, la Colección se actualizará de acuerdo a lo que dicte mi musa, y espero sirva como un "tentenpie", en lo que mi musa se pone deacuerdo y me deja publicar los siguientes capitulos.

A inicio de cada uno se les explicara en donde se le redactò originalmente, para que así puedan llevar la debida continuidad.

Sin más por el momento me despido, esperando sus comentarios.

GilraenShauláh


Pasaje 1 - Capitulos 11 y 12

Aceptando Sentimientos

Sanatorios del Santuario

Marín salía del cuarto en que estaban Saga y Aioros. Odiaba que los demás la hubieran dejado como "responsable" de los heridos, como si no pudiese ayudar de otra forma. Sin embargo, sabía que lo hacía por Aioria. Porque el León Dorado veía repetirse la pesadilla, el dolor de perder a su hermano. Una vez más. No era justo. No tratándose del caballero que jamás traicionó la lealtad de sus compañeros, de aquel que murió por salvar la vida de la infanta Atenea, del hermano de él… Aioria…

- ¿Qué rayos te pasa Marín? –se dijo a si misma.

Noto que por primera vez, en mucho tiempo, se permitía pensar en Aioria de otra forma. Una que sabía estaba prohibida, pero que se resistía a callar por más tiempo. De una u otra manera siempre lo supo. Aquellos días que siguieron a la batalla del infierno, en la casa de Leo, no fueron solo por la perdida del amigo, del compañero. Se debían a algo más intenso, pero que aún no sabía como revelar, si debía hacerlo, o si era correspondida…

Se detuvo a la salida del templo. A pesar de la tranquilidad de esa noche, conocía de sobra que solo eran los momentos que precedían a la tormenta. Se permitió por unos instantes olvidar lo que ocurrió aquella tarde y concentrase en ella, en el sentimiento recién admitido…

"Sintió con claridad el momento en que explotó el cosmos de una de las Nereidas que peleaban contra Shun dentro del templo. Fue una energía sumamente poderosa, llena de resentimiento, de odio, de fuertes deseos de venganza…Luego, el cosmos del caballero empezar a disminuir rápidamente

- ¡Ve adentro Marín! –ordenó el Patriarca.

Se levantó del piso resuelta a cumplir la orden, cuando la nereida con quien había estado peleando le cerró el paso una vez más.

- ¡Esta batalla aún no termina!

- ¡Apártate!

- ¡Barrera de coral!

- ¡Destello del águila!

Fue unas centésimas más rápida que la nereida. Acertó el golpe y la observó caer al piso. Pero en ese instante el resto salió del templo. Varias corrieron hacía ella. Detrás venía otra Nereida de armadura dorada, se veía distinta al resto de sus compañeras. Marín observó que habían capturado a June.

- ¡No saldrán de aquí con vida!

- Ya lo hicimos –respondió burlonamente una de ellas. Lanzaron un ataque que creó una especie de bruma que cubrió el templo y sus alrededores.

- ¡Maestro Shion! –escuchó las voces de varios llegando a las escalinatas. La voz de él entre todas.

- ¿Te encuentras bien? –le preguntó Docko a su amigo. Este por un instante no pudo mantenerse en pie y se recargó en el caballero de Libra.

- ¿Cómo se encuentran todos? –preguntó Shión rápidamente. Pero fue justo en ese momento que Shun resintió la perdida de sangre, perdiendo el conocimiento. Ella alcanzó a sujetarlo antes de que cayera al suelo.

- ¡Otouto! –el fénix se abrió pasó entre todos los caballeros y llegó hasta donde estaba ellos.

- Esta perdiendo mucha sangre –le dijo Marín.- Hay que llevarlo enseguida a que atiendan sus heridas.

- ¡Marín! –le dijo él acercándose rápidamente a ella.- ¿Te encuentras bien?

- Si –fue su seca respuesta. Como acostumbraba responder cuando se preocupaba por ella y con gente a su alrededor. Si algo odiaba, era que le creyeran débil. Más por aquella fijación de Aioria de estar siempre al pendiente suyo.

-Vayan adelantándose, los alcanzo en seguida –ordenó el Patriarca.- Alguien trate de localizar a Atenea y asegúrense que regrese con bien al Santuario.

Ikki cargò a Shun para levantarlo, mientras Shiryu y Hyoga le acompañaban a la enfermería. Marín quiso seguirlos, y fue cuando noto una herida en su brazo.

- Estas sangrando…

- No tiene mayor importancia

- ¡¿Cómo no va a ser importante!? De haber sabido que estaban solos aquí yo…

- ¡Necesitamos ayuda! –exclamó Shura, que llegaba con Aioros en su espalda, ambos reveían muy mal.

- ¡Qué le hiciste a m hermano!

- Él… me protegió de un ataque de las Nereidas…

- ¡Aioros, NO TE MUERAS HERMANO!

- Camus, encárgate de buscar a Shaka y Mu, lleven a todos los heridos a la enfermería ¡ahora! –empezó a movilizarlos el Patriarca.- Debes ser fuerte Aioria, necesito que me ayudes para salvar a tu hermano y al resto

- Si, excelencia –pero no podía ocultar cuanto le había afectado el parecido de lo que ocurrió en el pasado.

- Vamos Aioria –por alguna razón sintió la necesidad de tomar su mano. Al hacerlo, sintió como él la sujetaba con fuerza entre la suya. Ambos siguieron al resto.

Entonces escuchó unas pisadas que se acercaba rápidamente a ella. Se volteó al sentir que estaba próximo a ella, y que no era un enemigo. Shun pasó corriendo a su lado, sin verla. Le dejó avanzar unos escalones, antes de llamarlo.

- ¿Qué crees que estas haciendo? –el caballero volteó a verla.

- No puedo esperar a que el Patriarca, a que Mu y los otros resuelvan sus problemas… June no tiene mucho tiempo.

- No sabes a qué o quién te estás enfrentado…

- Tampoco lo supimos en el pasado, y eso no nos detuvo para salvar a Atenea… ¿por qué debo detenerme ahora? –Marín lo observó en silencio. De entre todos, jamás creyó que fuera él quien le hablaría de esa forma.

- No deberías ir solo, quizá tu hermano…

- No puedo seguir dependiendo de Ikki todo el tiempo. Al menos no en esta ocasión… Desde lo de Hades…

- No necesitas hablarme de ello…

- Ya son muchas negativas… ¿no crees? –Ella le observó en silencio.- Quizá Hades haya causado muchas cosas malas, sin embargo, hay algo que pude aprender de todo esto, y es sobre mi, y el poder que me fue otorgado… sé que no nací para ser su reencarnación. Y ahora con esto… hay algo más, y –el joven se quedo callado, tomando valor para lo que estaba a punto de decir-, y creo que tiene que ver con June.

- No entiendo que me quieres decir.

- Podría asegurar, que además de Atenea, mi misión es la de proteger a alguien más…

- June

- Y debo saber si es así, y por qué –el Santo miró a la amazona, tratando de ver más allá de la mascara de metal.

- Suerte entonces.

Shun le sonrió lo más que podía a pesar de las circunstancias y de todo lo que pasaba por su cabeza en ese momento, su forma muy particular de agradecerle, y se apresuró a la casa de Piscis, a la salida del Santuario. Marín le observó alejarse, preguntándose si había hecho bien en dejarlo ir solo. Su mente regresó a ese momento de la tarde, en que tomó la mano de Aioria, con tal de estar a su lado y apoyarlo. Quizá por ello le había permitido ir solo. Hasta cierto punto le entendía, y le envidiaba. Solo esperaba que llegara con ella a tiempo. Que no cometiera algún error. Y que permitiera que el resto le ayudara.

- Sé que sabes, que estamos aquí… -susurró al viento