LEONES Y SERPIENTES

Harry es un león. De cachorro era flaco y algo pequeño, pero se ha convertido en un ejemplar grande y de hombros poderosos. Tiene el pelo negro y perpetuamente alborotado, los ojos verdes de gato y cicatrices de viejos combates en los que salió vencedor. Si está de buen humor, ronronea, juega, parece inofensivo. Cuando su manada se ve amenazada, el león mata ferozmente, sin pestañear.

Draco es una serpiente. Su cuerpo es esbelto y parece hecho de oro blanco y plata. Se mueve con sinuosa elegancia y sus ojos lo ocultan todo. Contiene la sabiduría de los pueblos antiguos, la tentación de la Biblia, la traición de los refranes. Pero ahora, él, como la mayoría de las serpientes, sólo ataca cuando se ve amenazado.

Los leones y las serpientes casi nunca se mezclan, pero a veces, ocurre.

El león podría despedazar a la serpiente con sus garras y sus colmillos, reducirla a jirones, pues es más fuerte. La serpiente podría envenenar al león, asfixiarlo lentamente, convertir su cuerpo en pulpa, pues es más astuta. Pero no lo hacen. De vez en cuando, el león hiere involuntariamente con sus garras; está en su naturaleza. De vez en cuando, la serpiente suelta más veneno del que pretendía; también está en su naturaleza. Cuando eso ocurre, el león lame las heridas que ha causado y la serpiente succiona el veneno que ha inoculado.

Al león le gusta cubrir el cuerpo de su amante por la espalda, someterlo con su peso. A veces abre la boca y le muerde la nuca. Ruge con satisfacción. La serpiente seduce a su amante con sus movimientos, lo envuelve en susurros febriles e intoxicantes y lo deja sin voluntad. Se desploma en silencio.

Para el león, la serpiente es una hermosa criatura de otro mundo. Le atraen sus colores, su lengua afilada. Le intrigan sus silencios y sus misterios. Le apasiona hacerla jugar y reir.

Para la serpiente, el león es protección, es luz. La serpiente ama al león porque en su compañía encuentra el calor que anhela y no puede producir sola. Su león es el único ser vivo al que jamás traicionaría.

Porque el amor tiene su propia magia, los leones y las serpientes, a veces, se enamoran.