.Tan solo amigos.

De: Priss.

Capitulo IV: "En otra oportunidad".

26-OCT-04

19-JUL-05


Al principio se evitaron hasta el cansancio, no querían encontrarse en algún lugar de la pensión, y si así era, ni siquiera volteaban a verse.

"Es que no debo. . ."

Se decía Horo una y otra vez, hasta el grado de hartarse, porque él nunca le hizo mucho caso a la lógica. Él solo quería tenerla de nuevo entre sus brazos y probar sus dulces labios.

"Una vez más, tan solo una vez más. . ."

Pensaba y fueron tan grandes sus deseos, que así lo hizo. . .

Cuando tuvo frente suyo a la rubia itako, le robó, de la forma más descarada e inesperada, un beso. . . lo que el shaman de hielo no esperaba fue que la bella mujer le correspondiera con pasión y fervor, casi con desesperación.

Y viendo que sus deseos parecían no encontrar ningún obstáculo, Horo Horo se dedicó a recorrer, aun por encima de la ropa, aquella figura llena de finas y sutiles curvas, extasiándose con el cosquilleo que este simple contacto provocaba en todo su cuerpo.

Ahh ¿por qué... esperaste tanto para, para ha-hacer esto?. . . dime. . .

Anna le hablaba con voz entrecortada, aun agitada por el increíble beso que había sostenido con el ainu, quien al escucharla sonrió irónico.

Pensé que no querías nada conmigo.

Quiero hacer muchas cosas contigo, Horokeu.

El peliazul sonrió; que bien se escuchaba su nombre en voz de la sacerdotisa. Más una sonrisa triste apareció en su rostro, confundiendo a la mujer.

Le confesó que la añoró noches enteras, ansiando ser su dueño, y fue ella la única protagonista de sus locos deseos. Anna era la única mujer que le había robado el sueño y no deseaba más en la vida que hacerla suya, hacerle el amor hasta el cansancio y, aun exhausto, no parar de amarla.

Pero no podemos.

Le dijo él, acariciando una de las blancas mejillas de la rubia, quién giró el rostro y bajó la mirada hasta el piso de madera.

Si lo dices por Yoh. . . no creo que le importe.

Anna se abrazó a si misma, cerrando los ojos.

Su voz traía consigo un dejo de amargura, no le parecía justo el detenerse tan solo por guardarle respeto a su prometido.

"Él no me quiere de esa manera, nunca lo ha demostrado".

Pensaba la itako, totalmente segura de que para el descendiente Asakura, ella no era más que una amiga que le hacía sufrir de vez en cuando. . . ok, todo el tiempo. O quizás, una hermana fastidiosa a la que se sentía obligado a proteger.

Horo Horo sonrió con ternura, deslizando sus grandes manos por la espalda de la chica, acariciándola con suavidad.

Tal vez la itako tenía razón e Yoh no sentía amor por ella, pero aun así no quería traicionarlo. Si el simple hecho de besar y hablarle de amor a la que es su prometida, lo hacía sentirse cómo un vil traidor, tener un romance con tan bella chica, sería peor. Una total y desvergonzada falta de respeto, sin mencionar que esa sería una razón muy fuerte para terminar con su amistad.

Además, no estoy muy seguro de que Yoh no te ame.

Anna lo miró casi con melancolía; suspiró cansada para luego posar suave y fugazmente sus lindos labios sobre los del shaman.

Estoy cansada. Le dijo, acariciándole la mejilla izquierda. Prepara la cena ¿si?.

La rubia dio media vuelta y caminó a su habitación.

Horo sonrió irónico, daba igual si Anna estaba cansada o no, de cualquier forma él prepararía la cena.

Más la sonrisa se borró de su apuesto rostro, tenía algo muy importante que decirle a la sacerdotisa.

Mañana regresaré a Hokkaido. La Kyouyama se detuvo sin siquiera girarse a verlo; sus hermosos ojos negros lucían blancos, desteñidos por la sorpresa. No quiero perder la amistad de Yoh y estar cerca de ti es una tentación deliciosa, así que. . . será mejor que me vaya antes de cometer una locura.

Una sensación le oprimió el corazón al escuchar aquel montón de palabras, también, un nudo en la garganta que casi no la dejaba respirar.

Qué sola iba a estar cuando el ainu dejara la pensión.

Me parece bien.

Más aquellas fueron las simples y frías palabras por parte de la itako.

Vaya que sabía enterrar las emociones en lo profundo de su corazón y mostrarse fría y tranquila cuando le era más necesario.

No hubo más palabras entre ellos; la rubia se perdió entre los pasillos de la pensión hasta llegar a su recamara y encerrarse en ella, mientras que el shaman de hielo se dedicó a los quehaceres culinarios, esperando ver a la chica a la hora de la cena. . . pero no fue así. Ella no bajó.

Incluso cuando Yoh, que ya había llegado desde hacía un buen rato, fue a buscarla. . . ella simplemente dijo que no tenía apetito y que si no se iba y la dejaba en paz, le triplicaría el entrenamiento que ya de por si era un calvario.

Por supuesto que el Asakura no insistió más.

Ambos jóvenes se llevaban el bocado a la boca, sin hablar mucho entre ellos, algo que le pareció muy extraño al castaño, pues Horo Horo no era un chico que se caracterizara por ser un hombre callado. . . todo lo contrario.

¿Pasa algo, Horo?.

No es nada.

El ainu mostró una sonrisa fingida y casi forzada, con la que no podría convencer al Asakura, ni a nadie más. . . ni siquiera a si mismo.

¿Estas seguro?.

Claro, hombre, es solo que. . . cuando regrese a Hokkaido. . . no quiero ni pensar en los entrenamientos a los que me someterá Pilika.

Ah, claro, te entiendo, a mi me pasa igual con An. . . ¿qué regresaras al norte?.

Lo decidí hace un rato.

El shaman mostró una expresión serena y sincera, e Yoh, que creía que alzaría los ánimos a su amigo, hizo un comentario que, sin saber, solo logró que el ainu se deprimiera aun más.

Bueno, ve el lado bueno, amigo, cuando menos ya no tendrás que soportar los maltratos de Annita.

Una estresante risita sonó en el comedor, Yoh estaba seguro de que el peliazul reiría a carcajadas, más no fue así. Contra sus expectativas, el shaman de hielo curveó las cejas y los labios en señal de tristeza.

Ni siquiera el hecho de librarse de aquel hermoso demonio podía animarlo. Lo que el moreno no sabía era que precisamente esa la razón del pésimo y sombrío estado de animo del peliazul.

Lo siento, Yoh, pero la verdad no tengo humor, ni apetito. . . me voy a dormir.

Con tan simples y cortantes palabras, Horo Horo se retiró en dirección a su alcoba, dejando muy confundido al castaño, pues no comprendía el extraño comportamiento de su amigo.

Prácticamente se dejó caer sobre el futon.

Estaba cansado, resignado a volver a Hokkaido antes de que se le acabase el control, control que hasta ahora había evitado que terminase rendido ante los encantos de la hermosa itako y hacerla suya sin importarle nada más.

Ahh, Anna!!. . .

Un murmullo, casi un suspiro que escapó de sus tibios labios.

Estaba sumido en sus pensamientos y pretendía seguir así hasta que llegase la mañana, más de pronto, sintió la calidez de unos brazos de alguien que se apoyaba sobre su espalda.

No tenía que girar para saber de quien se trataba. Quizá resulta un poco extraño, pero tenía la certeza de que era la sacerdotisa de dorados cabellos quien lo abrazaba entre la penumbra, compartiendo el futon.

¿Puedo dormir contigo?. . . solo dormir, solo eso.

La escuchó decir entre aquella oscuridad que escondía a la perfección el carmín en sus mejillas.

Tan fría y sincera, aunque con un tono de esperanza en su suave voz.

El shaman de hielo ni siquiera tuvo que pensarlo, se giró e inmediatamente la atrapó entre sus fuertes brazos, pegando esa frágil y delicada figura a su cuerpo varonil. La abrazaba con firmeza, con fuerza, pero sin hacerle daño.

Acarició los contornos de su cuerpo de mujer, memorizando cada una de las finas curvas que la formaban. Y la besó con desesperación, cómo si quisiera arrebatarle el alma; solo era un pobre enamorado que pronto sería separado de su musa. . . por propia voluntad.

Se moría por tomar aquel cuerpo y hacerlo suyo por completo, demo. . .

"No debo hacerlo, no esta bien".

Se decía a si mismo el ainu, separándose de los deliciosos labios de la rubia.

Respiraba agitado y la miraba cómo pidiendo una disculpa; aun la sujetaba por las caderas y sus piernas estaban ligeramente entrelazadas.

Go, gomen ne.

Mmm, daijoubu.

Kami-sama ¡cómo le dolía detenerse!, cuánto le costaba dejar de tocarla.

Horo Horo suspiró profundamente, totalmente resignado a controlarse para no dañar su amistad con Yoh.

Creo que es mejor que me vaya.

No, espera. . . quédate conmigo, por favor.

Apenas escuchó que se iría, el peliazul se apresuró y la abrazó con fuerza.

Entonces no dejes de abrazarme. Le dijo ella. Quiero estar esta noche, aquí. . . contigo.

Solo hoy, solo por unas cuantas horas, quería permanecer a su lado, sin importarles nada más.

Y es que apenas saliera el sol, tendrían que despertar a la realidad.

Él se iría, eso era un hecho, y aunque no lo quisieran, era lo mejor para ambos, para todos, al menos por el momento.

¿Qué haremos cuando nos volvamos a ver?, porque. . . nos volveremos a ver¿verdad?.

Preguntó la sacerdotisa, angustiada por el futuro.

Él solo sonrió tristemente, estrechándola con un poco más de fuerza y respondiendo tan solo la segunda pregunta. . . dejándole al destino la primera.

Tal vez se tratarían como amigos o fingirían odiarse cómo hasta ahora. Tal vez, quizás ya nada más habría entre ellos y otro amor aparecería en sus vidas. Pero no querían pensar en ello. . .

Mientras tanto, dormían abrazados, deseando inútilmente que el sol no viniese a separarlos. . .

Esperando otra oportunidad.

.:: Fin ::.


Por fin, pocos capítulos y cómo dos años para terminarlos.

Se supone que esta historia sería lemon, pero cuando me di cuenta no escribí absolutamente nada.

Así que, todo eso estará en un fanfic posterior, una continuación, ni hablar ¬¬'.

MUCHAS GRACIAS POR LEER:
AnnaUsui, Gabe Logan, Emiliii-chan Hatake y Maeda Ai.