Buceaba cual pez en la red, era el mejor, el más rápido y el más entendido de todos los hackers del mundo. Su nombre era Jake, pero en la red todos le conocían como el Capitán Jack Sparrow.

De tez clara y ojos oscuros, Jake llevaba su indomable pelo negro algo largo, lo justo para que un par de mechones rebeldes cayeran continuamente sobre sus ojos, parapetados tras una gafas de concha, que ofrecían a primera vista, una estampa encantadora: un hombre tímido y culto que se escondía de los demás tras un ordenador.