8-Decisiones

"Dulce amor el alcanzado con dificultades"

William Claude Fields

-¿Y te vas a quedar ahí parado mientras ella se va?

Ron observó a su mejor amigo con el ceño fruncido.

-Se supone que debes animarme Harry, no hundirme todavía más. Y sí, no voy a hacer nada. Es lo que ella quiere.

-Ya, como si eso a ti te importara mucho.

-Me importa.

Harry desvió su atención del trabajoso nudo de corbata que intentaba hacerse y miró al joven larguirucho, pecoso y pelirrojo que se apoyaba en la pared con aire abatido.

-Se va y yo no puedo hacer nada, Harry. Nada.

Harry Potter resopló furioso y uno de los mechones de su indomable cabello se agitó suavemente. Había desviado su atención del espejo en que se reflejaba e intentaba hacerse el nudo y ahora ya no sabía como hacer el dichoso nudo de corbata.

-¿Nada? Y una mierda, Ron –su amigo alzó la cabeza, sorprendido y molesto a partes iguales –Estás enamorado de ella desde ¿Cuándo? ¿Los 12 años? Maldita sea, Ron, no vuelvas a esperar a que otro tío la saque a bailar o a que ella te lance canarios furiosos. Haz algo.

-¡Pero no puedo hacer nada!

-¡Sí puedes! Tatúate su nombre en la espalda, compón un poema con fuegos artificiales, canta una canción de Celestina Warbeck bajo su ventana, yo que sé, lo que sea –Harry se observó en el espejo y trató de comenzar de nuevo con el nudo, cosa que se hacía realmente difícil por el temblor incontrolable de sus manos.

-¡Para ti es fácil! Ginny está colada por ti desde que te vio y ahora vas a casarte con ella, todo te ha salido bien. Hermione es diferente –Ron alzó los brazos, desesperado y se apoyó de nuevo en el marco de la puerta –Es como un gigantesco puzzle de mil piezas que se supone que debo montar y descifrar, y yo odio los puzzles Harry, tú lo sabes.

-Pues entonces piensa en ajedrez, maldita sea. Piensa que has hecho los peores movimientos del mundo y estás a punto de perder por jaque al rey. Así que apresúrate o te ganarán la partida. Y deja de lloriquear como si fueras Filch cuando petrificaron a su gata del demonio.

Ron observó a su amigo. Tenía razón, por supuesto, pero el hecho de que hubiera utilizado dos juramentos en una frase, hubiese hecho tres intentos fallidos de nudo y le temblaran las manos incontroladamente le indicó que Harry necesitaba algo de ayuda, y no sólo con el nudo.

-Harry.

-Qué.

-Ella te quiere. Todo va a salir bien.

El cuerpo de Harry se relajó instantáneamente. No pudo evitar sonreír un poco.

-Lo sé. Gracias por recordármelo.

-Para eso estamos los amigos –Harry sonrió un poco más –Aunque déjame decirte que como le pase algo a mi hermanita se te borrará la sonrisa de la cara –Ron agitó el puño con despreocupación –Te la borraré yo.

-Gracias. Es un alivio saber qué mis amigos siempre estarán ahí cuando más lo necesite –respondió con ironía.

-A cualquier hora –sonrió Ron, y por primera vez logró quitarse a Hermione de la cabeza cuando él y Harry rieron juntos en su vieja habitación de la Madriguera.

···

-Estoy nerviosa.

Hermione miró a su mejor amiga con una sonrisa comprensiva.

-Lo sé.

-Me duele el estómago.

-Tranquilízate. Todo va a ir bien. Harry te adora.

Ginny clavó su mirada en los ojos castaños de Hermione y de pronto una tímida sonrisa afloró a sus labios.

-Es que… ¡voy a casarme con Harry Potter! –exclamó con la risa contenida y la voz más aguda de lo normal. Apretujó a Hermione entre sus brazos y se puso a dar vueltas de felicidad por la habitación -¡Voy a casarme con mi Héroe, Hermione! ¡Merlín, estoy enamorada de él desde los diez años, si hasta le compuse una canción!

Tiene los ojos verdeeeees…! –comenzó Hermione y ambas rieron tanto que tuvieron que apoyarse la una en la otra para seguir en pie. Al cabo de unos minutos Ginny trató de serenarse y se arregló el vestido mientras Hermione continuaba tatareando por lo bajo.

-¡Para de una vez! –rió la joven pelirroja –Se supone que debo estar alegre y ruborizada, no riendo como una banshee.

-De acuerdo, de acuerdo, no te pongas así –Hermione hizo una pausa deliberada y añadió con picardía –Señora Potter.

Ginny le lanzó la almohada. De pronto se puso seria y miró a la otra joven con ojos suplicantes.

-¿De verdad tienes que irte?

Hermione miró a través de la ventana, fijando su vista en el lejano limonero que adornaba el jardín de los Weasley.

-Todavía no. Pero sí, tengo que irme.

La joven cruzó la habitación en dos zancadas y la aprisionó entre sus brazos pecosos y blancos.

-¡Ginny, tu vestido! –se preocupó Hermione.

-A la mierda el vestido. Voy a echarte tantísimo de menos –susurró Ginny. Hermione no encontró palabras para contestar: simplemente la estrechó todavía más entre sus propios brazos.

···

-Te llevas mi mayor tesoro, Harry. Cuídala bien –Ginny trató de contener las lágrimas mientras su padre alzaba su copa. La joven acarició con suavidad el anillo que ahora rodeaba su dedo anular. Arthur sonrió a su hija y añadió –Y ten cuidado con hacerla enfadar, tiene el mismo genio que su madre.

-¡Arthur!

-¡Papá!

···

Hermione miró a su alrededor y suspiró. Resultaba decepcionante que toda su vida cupiese en unas cuantas cajas grandes y en un par de maletas. El sol se alzaba en el cielo de primavera, y las nubes blancas eran como jirones en una gran tela azul. Acercándose a la ventana, la joven trató de retener el paisaje verde y marrón que la rodeaba y aspiró profundamente el aroma de los árboles frutales que la rodeaban.

Iba a echar de menos un montón de cosas, pero le producía un absurdo dolor darse cuenta de que iba a tardar mucho tiempo en volver a ver los prados inmensos de Gran Bretaña, y por eso permaneció allí de pie, con las palmas de las manos apoyadas en el alféizar, con la mirada perdida.

Pensó en el pergamino que, sobre la mesa, al lado de un par de cajas que contenían libros y de su varita, había traído una lechuza negra y marrón hacía un rato y no pudo evitar sonreír.

"Cuando llegues a Francia, busca a Luc D'Arçon. Te ayudará en lo que haga falta.

D.M."

Observó el paisaje un poco más, hasta que algo rojizo llamó su atención, justo tras ella. Se volvió.

Ron Weasley la miraba, apoyado en la puerta de entrada. Durante un rato, ninguno de los dos dijo nada.

-Pensaba que vendría Harry.

-Harry y Ginny están… ocupados en este momento –Ron hizo una mueca de disgusto y ella trató de sonreír. Volvieron a callar.

-Creí que no vendrías a despedirte –su voz fue poco más que un susurro.

-No vengo a despedirme.

Había algo en la mirada de Ron, algo en su entrecejo fruncido, que la hizo estremecer ligeramente. Sus ojos despedían determinación, y de pronto Hermione sintió un cosquilleo en los dedos.

-¿No? –murmuró casi con los labios pegados, sintiendo de pronto como el cuerpo alto y fibroso se tensaba ligeramente ante ella.

-No.

Ron avanzó hacia ella y de pronto sus brazos la rodeaban, la invadían, sus manos callosas y grandes acariciaban su cabello, su cuerpo pecoso y delgado se apretaba contra ella. Olía a salado, como el mar que tan pocas veces contempló en su niñez y había algo en esa esencia que la mareó y la hizo sentir vulnerable. Le temblaban las piernas, aunque consiguió mantenerse en pie porque (ah, claro, era por eso) él la sujetaba con sus brazos delgados, largos, firmes y desprendía un calor casi radioactivo que chocaba con el frío de su propio cuerpo y lo transformaba en una tibieza suave que la envolvía.

-No te vayas.

Murmuró muy suave, casi como si temiese que el aura cálida que ahora los rodeaba se rompiese en mil pedazos, y por un instante el corazón de Hermione tomó por completo el control de su cuerpo y acercó instintivamente sus labios a aquellos otros, tan rojos y suaves.

-Quédate conmigo –susurró de nuevo él, y ella no pudo hacer otra cosa que estremecerse de pies a cabeza cuando sus labios la rozaron, tan despacio que era como si la estuviesen sometiendo a la más terrible y dulce de las torturas.

Su mente intentó tomar de nuevo el control. Gritó millones de cosas acerca del trabajo, el compromiso adquirido, la responsabilidad, el futuro. Sabes que esto acabará mal, sabes que te hará daño, sabes que él no te conviene.

Su corazón sólo tuvo que latir, una sola vez, y su ritmo suave pareció deletrear una única palabra.

Ron.

-Sí –consiguió decir, con los ojos cerrados y los labios humedecidos –Me quedaré contigo.

-¿Palabra de perfecta?

Abrió los ojos y observó su expresión cómica, los ojos azules inquisidores y la boca sonriente. No pudo evitar echarse a reír y lo abrazó un poco más fuerte, sintiendo su cuerpo fibroso y delgado muy cerca suyo.

-Deja ya de hacer el idiota y bésame.

-Cómo te gusta darme órdenes.

-Me encanta.

Tranquilo y temeroso al principio, Ron posó sus labios sobre los de Hermione y la acarició suavemente. Fue tierno y dulce al principio, labios rozándose y emitiendo pequeñas sensaciones de placer y felicidad al chocar unos contra otros. Después, el ritmo aceleró y la tranquilidad que hasta ese momento invadía a Hermione fue sustituida por una urgente necesidad de tocar a Ron, de sentir sus manos sobre su piel, de morder sus labios y de hacer crecer el cosquilleo que revoloteaba en su estómago como una mariposa ardiente.

Súbitamente, Ron se separó.

-Entonces –sonreía y sus orejas estaban ligeramente enrojecidas, y tenía la mirada un poco desenfocada –Te quedarás conmigo ¿verdad?

Ella lo besó de nuevo, con los brazos rodeando su cuello fuerte y murmuró:

-Para siempre.

Ron sonrió y la alzó entre sus brazos.

-Llevo muchos años esperando para oír eso, señorita sabelotodo –y ella no pudo evitar reír justo antes de que él la besara de nuevo.

···

Bueno. Bien está lo que bien acaba ¿verdad? Os pido mil perdones porque me ha costado una eternidad escribir este capítulo. Creo que ha sido DH, que ha invadido mi cerebro y no me dejaba pensar en otra cosa, y mi musa para esta historia se había esfumado misteriosamente. Pero espero que haya vuelto y os haya proporcionado un final a la altura. Muchas, muchas, muchas gracias a todas por vuestros rewiews, os los agradezco tantísimo que os daría galletas de chocolate a todas, pero soy pobre así que os quedáis con las ganas, heheee.

Félix felicis para todos!