NdA Dedicado a todas las que me habéis acompañado hasta aquí, porque habéis hecho que el viaje haya valido la pena. (Si tengo algún lector, que se incluya también XD). Y aprovecho para dar las gracias a todos los que mandéis reviews "anónimos" porque ya no hay capítulo siguiente en el que contestaros. Un saludo a todos/as!

Cinco años después.

Harry terminó de hablar con los capitanes de quidditch de las cuatro casas y los muchachos salieron de su despacho, más animados de lo que habían entrado. Él, sin embargo, sabía que no debería haberles dado esperanzas, no al menos sin haber sondeado antes a Minerva. La directora de Hogwarts afirmaba que el Torneo de los Tres Magos, que aquel año volvía a tener lugar allí, era ya distracción suficiente para todo el curso escolar, pero, por supuesto, los aficionados al quidditch no habían estado de acuerdo con su decisión.

La culpa de que ahora tuviera que ir a convencer a Minerva de que permitiera el campeonato de quidditch era de Draco, decidió. Y suya, por haberle hecho caso cuando, unas semanas antes de estrenar su posición como Jefe de la Casa de Slytherin, había llegado al ático que compartían en Chelsea con noticias de última hora: madame Hooch se retiraba y Minerva necesitaba con urgencia un profesor de vuelo.

-Es perfecto¿te das cuenta?-había dicho Draco, con los ojos brillantes de la emoción-. Sólo tienes que dar diez horas de clase semanales y arbitrar los encuentros de quidditch. Tendrías tiempo de sobra para ocuparte de tus tareas en el Wizengamot y estaríamos juntos en Hogwarts.

Draco había estado con dudas de última hora sobre si debía o no aceptar el puesto de Jefe de Slytherin. Para empezar, administrar con Narcissa el patrimonio Malfoy y echarle una mano a Harry con sus asuntos en el Wizengamot le ocupaba bastante tiempo. Además, estaba seguro de que Altair iba a ser sorteado en su casa y no estaba seguro de si eso iba a traer buenas consecuencias. Y sobre todo, se sentía hilarantemente incómodo ante la idea de trabajar. Había solucionado esto último exigiéndole a McGonagall que su sueldo fuera únicamente de un galeón anual-cosas de los impuestos- y que dejara bien claro que no estaba aceptando ese empleo como si lo necesitara, sino como medida temporal, hasta que encontraran a alguien que pudiera manejar la Casa de Slytherin. Minerva había aceptado su ridícula condición con una expresión que indicaba que empezaba a apreciar los momentos surrealistas de su nuevo profesor de Defensa contra las Artes Oscuras. No de Pociones, puesto que ese puesto ya estaba ocupado por una profesora de Hufflepuff.

Pero ante la posibilidad de que Harry pudiera compartir con él esos años en Hogwarts, todas sus dudas habían desaparecido y Harry, por supuesto, se había derretido en cuestión de segundos y había terminado aceptando.

Y eso le había llevado a encontrarse de intermediario entre los airados capitanes de quidditch y la severa directora de Hogwarts. Justo cuando estaba en plena campaña en el Wizengamot para enseñarles a distinguir entre oligarquía y democracia, y convencerlos de que debían abandonar la primera y adoptar la segunda.

Con aire un poco cansado, se levantó de su sillón y salió de su despacho. Apenas había dado unos pasos cuando oyó cómo Draco le llamaba y se giró para verlo acercarse.

-¿De dónde vienes?

Como estaban solos, se saludaron con un beso rápido.

-Estaba en la biblioteca, leyendo sobre nundus y lethifolds.

-¿Para la clase de mañana?

-Ajá. Oye, antes ha llegado una lechuza de mi madre y Kings. Quieren saber si vamos a cenar con ellos el domingo.

Harry aún se reía para sus adentros cuando pensaba que Kingsley Shacklebolt había caído en las garras de Narcissa. Altair lo había recibido con algo de hostilidad, pero Draco había estado encantado desde el principio¿quién iba a atreverse a tratar a su madre como a una mortífaga cuando estaba casada con un auror? En su opinión, era una elección excelente y beneficiosa para todos. Pero Harry sabía que, más allá de todas las ventajas de ese matrimonio, Narcissa estaba enamorada de su marido. Kingsley Shacklebolt, al fin y al cabo, siempre había sido un hombre atractivo, elegante y con empaque. Lástima que hubiera ido a Ravenclaw, no a Gryffindor; Harry habría podido gastarle muchas bromas a Narcissa sobre los Malfoy y los Gryffindor.

-¿El domingo? Draco, es el cumpleaños de Theo y celebramos el de Ron también.

-Oh, mierda, es verdad.

-Hemos quedado todos para cenar allí.

-Sí, sí... Tengo que ir al callejón Diagón a comprarle el regalo, se me había olvidado por completo.

-Iremos el sábado, no pasa nada.

-¿Tú ya tienes el de Ron?

-Me ha de llegar mañana, si las lechuzas no se retrasan.

Mientras caminaban, Harry pensó que, después de todo, disfrutaba de su nueva vida en Hogwarts. Enseñar a volar a los niños era gratificante y se lo pasaba en grande arbitrando los partidos de quidditch; de hecho, le venía bien para olvidarse de los dolores de cabeza con los que solía salir de sus sesiones en el Wizengamot. Ron le había preguntado una vez si no echaba de menos la excitación de las misiones de los aurores, pero Harry le había contestado que no, y había tardado algún tiempo en darse cuenta de que una parte de él había estado buscando en su trabajo la emoción que le faltaba a su vida personal, a su matrimonio. Con Draco, sin embargo, tenía emoción de sobra.

Entonces, al girar la esquina, Harry alcanzó a ver el revoloteo de una túnica desapareciendo por la puerta de un aula vacía. Cuando miró a Draco, se dio cuenta de que él también lo había visto. Tenía esa cara que ponía siempre que iba a descontar unos cuantos puntos.

-Hum...,

Harry tenía que estar verdaderamente enfadado con algún alumno para quitarle puntos; si no, se sentía culpable. Draco, por el contrario, los quitaba por cualquier cosa y disfrutaba cada segundo. Pero también es verdad que repartía muchos por motivos igual de estúpidos, como haberse hecho un corte de pelo que merecía su aprobación o soltar algún insulto especialmente original. Solía beneficiar a los Slytherin, pero bueno, se daba por sentado que los Jefes de esa Casa hacían eso, y desde luego no se acercaba ni de lejos a la parcialidad de Snape.

Así que los dos se encaminaron sin hacer ruido hasta la puerta por la que había desaparecido la túnica. Una vez allí, trataron de escuchar algo, una conversación quizás que les diera alguna pista sobre quién estaba ahí dentro. Pero como no se oía nada, Harry intentó abrir la puerta. El pomo se resistió y usó la varita para deshacer el Fermaportus que la tenía cerrada.

Cuando entraron de golpe, dos estudiantes se separaron bruscamente. A Harry no le sorprendió demasiado que uno de ellos fuera Altair; la chica que estaba con él, vestida con los colores de Ravenclaw, era sobrina de Lee Jordan, un amigo de Fred y George Weasley.

-Vaya, vaya¿qué tenemos aquí?

La chica parecía avergonzada. Altair, divertido. Con catorce años, era ya tan alto como Harry y prometía alcanzar a su hermano, y un pequeño granito en su inmaculada frente parecía toda su concesión a la adolescencia. Y como era de esperar, dada la trayectoria familiar, era el líder indiscutible de los Slytherin de su curso.

-Profesor Malfoy...-dijo ella, algo nerviosa.

-No quiero oir sus excusas, señorita Jordan-dijo Draco, fríamente-. ¿Acaso tiene un pase del profesor Flitwick dándole permiso para vagabundear por el castillo y besar alumnos pasado el toque de queda?

-No, profesor-contestó la chica, sonrojándose.

-Ya me parecía a mí. Veinte puntos menos para Ravenclaw. Ahora vuelva a su Sala Común. El señor Malfoy y yo tenemos una conversación pendiente.

El tono auguraba desastres naturales y apocalipsis, pero nadie dijo nada hasta que la chica, después de lanzarle a Altair un gesto de ánimo, se marchó de allí. Una vez solos, Altair le dedicó a su hermano una mirada impertinente.

-Creía que era bueno fomentar las relaciones entre las casas.

-Oh. ¿ahora lo llaman así?-se rió Harry.

Pero Draco fruncía el ceño.

-Se espera que sepáis hacerlo de alguna manera que no implique intercambio de fluidos corporales.

-Oh, por favor, como si tú no hubieras hecho lo mismo cuando estabas en el colegio. Además, deberías estar contento de que me gusten las chicas.

Draco resopló y miró a Harry en busca de alguien con quien compartir su indignación; Harry, sin embargo, solía pasárselo en grande viéndolos discutir.

-Puedes hacer todas las exploraciones de amígdalas que te dé la gana antes del toque de queda o en tu Sala Común. ¿Acaso no quieres ser prefecto? Porque no pienso recomendarte como prefecto si no das muestra de un poco más de responsabilidad, eso te lo aseguro.

Altair dio un suspiro de mártir.

-Venga, Draco, que no es para tanto.

-Sólo hay una buena justificación para saltarse las reglas.

-Que no te pillen, sí. Está bien, tendré más cuidado la próxima vez.

Draco asintió secamente.

-De acuerdo, vete.

-Draco...-le recordó Harry, antes de que Altair pudiera moverse.

-Oh, está bien... Diez puntos menos para Slytherin,-Harry carraspeó y Draco puso los ojos en blanco-. Veinte puntos menos para Slytherin. Como por tu culpa perdamos la Copa de las Casas voy a matarte, Altair.

-No es justo que me eches la bronca como profesor y como hermano mayor pesado¿sabes?-se quejó le muchacho, mientras salía de allí con aire de inocencia ultrajada.

Después de dar un bufido a modo de despedida, Draco miró a Harry.

-Te lo juro, sólo sigue con vida porque gracias a él no tuve que casarme con Pansy.-Pero luego sonrió de oreja a oreja-. ¡Le gustan las chicas! Menos mal, empezaba a preocuparme.

Harry se cruzó de brazos y frunció las cejas deliberadamente.

-Oh, así que si tu hermano fuera gay, tú me darías la patada para casarte con una incubadora ambulante¿no?

-No seas ridículo, Harry. Encerraría a mi hermano en una habitación con una chica de buena familia, les daría una poción afrodisíaca a los dos y no los dejaría salir de ahí hasta ella no se hubiera quedado embarazada.-Harry se echó a reir y Draco alzó una ceja, divertido-. Pues deberías saber que antiguamente, más de un heredero Malfoy fue concebido así.

Harry resopló, aún sonriente.

-¿Por qué no me sorprende?

-Eran los buenos tiempos-bromeó Draco-. Cuando los domingos se cenaba estofado de muggle y esas cosas.

-Ya veo...

Draco sonrió y le dio la mano para estirar de él y salir de la clase.

-Algo haríamos. Ya sabes... los Malfoy tenemos cierta habilidad para salirnos con la nuestra y si a eso le sumamos tu increíble capacidad para conseguir lo imposible... seguro que encontraríamos la manera de arreglar el problema.

-Eso espero-le dijo, mientras se iban hacia la zona del castillo en la que se encontraban las habitaciones de los profesores.

Sus pasos resonaban con fuerza en el pasillo en penumbra. Las antorchas se apagarían del todo cuando llegara la medianoche; sólo Peeves y los fantasmas, y quizás el viejo Filch, si se sentía insomne, deambularían entonces por los corredores. Cuando llegaron a la zona de los profesores el murmullo de la radio, la música y las conversaciones amortiguó el ruido de sus pisadas en los suelos de piedra.

-Draco¿tienes trabajo pendiente esta noche?

-No.¿Por qué?

-Bueno, no hace demasiado frío. Podríamos llevar a cabo nuestro pequeño experimento.

Se refería a probar qué escoba era más rápida, su Rayo de Fuego 3000 o la Nimbus Galaxy de Draco.

-Hum...¿el primero que llegue al monumento a Scott en Edimburgo gana?

-Hecho.

Entonces entraron en sus habitaciones y se prepararon para el vuelo. Harry se quitó su túnica y se puso su cazadora de cuero y una bufanda. Draco hizo lo mismo, aunque se abrigó con una chaqueta de piel de dragón que, a pesar de ser ligera, estaba encantada para mantener el calor corporal. Las escobas estaban juntas, apoyadas en una esquina del pequeño salón anexo al dormitorio y cada uno fue a por la suya. Entonces, Draco sonrió cariñosamente y se acercó a Harry para besarlo, pero éste colocó la escoba entre ambos a modo de protección.

-Ni te acerques.

-Pero Harry...

-El truco de hacerme volar con dolor de huevos ya lo conozco.

Draco lo miró con compasión.

-Debe de ser horrible ser tan desconfiado.

-No lo sé, dímelo tú-replicó Harry, protegiéndose aún con su escoba.

Draco sonrió, se subió a su escoba y alzó ligeramente el vuelo. Harry hizo lo mismo y salieron por la ventana.

-¿A la de tres?-preguntó Draco. Harry asintió, sujetándose con fuerza e inclinando el cuerpo hacia delante-. Una... Dos...

Por supuesto, no esperó al tres. Y la verdad es que Harry ya había aprendido a no esperarlo tampoco, al menos cuando competía contra él. Los dos salieron disparados hacia el Sur, dejando atrás Hogwarts, mientras los gritos y risas de ambos se perdían en el silencio de la noche.

Fin

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Susi, hola. De momento no tengo ninguna historia larga planeada. He de descansar un poco de esta antes de que se me pueda ocurrir otra, jaja. Ya he visto que al final has conseguido entrar en SH. Me alegro, porque hay fics que no puedo colgar aquí porque van contra las reglas de la página, como los RPS o los fics con sexo explícito (aunque haya colado algo de eso en este, ejem). Y bueno, muchísimas gracias a ti por todo. Espero que nos sigamos viendo por ahí, Besitos.

Lireve, guapa, así que ya te lo has leído en inglés? Mejor, porque iba a ser muy difícil evitar los spoilers. Ya me cuentas qué te han parecido mis fics post-DH, ok? Y bueno, ya ves que Harry y Draco se apañan bien con sus trabajos. En fin, muchas gracias por tus comentarios, tus opiniones y tus todos, guapa, ha sido un placer. Nos vemos, besos.

Drakitap, hola, guapísima. Me alegra que te haya gustado el final; Narcissa dudó un poco, pero al final hizo lo correcto. Yo también voy a echar de menos todo esto, desde actualizar hasta hablar con vosotras. Y vaya¿cómo no voy a echar en falta tus comentarios? Dices cosas lindísimas, en serio, ha sido un placer tenerte de lectora.Y prometo que no dejaré de escribir; no sé cuándo vendrá alguna historia larga, pero prometo martirizaros con one-shots hasta entonces. Te deseo toda la suerte del mundo, que te la mereces. Besos.