Disclaimers:Los personajes utilizados en esta historia le corresponden a Rumiko, gran sensei que nos brindo la oportunidad de conocer a Inuyasha y así enamorarnos de él; si fueran míos creo que no me limitaría a escribir de ellos, lo mostraría en pantalla.

¡Gracias y disfruten!

Incondicional.

By: Fesabi

¿Qué pasa cuando pensabas que el amor de tu vida era aquella mujer extravagante, superficial y modelo, pero resulta que estar apartado de ella por unos días y descubrir el deseo, pasión y … amor entre los brazos de otra, de tu mejor amiga, te hace ver que el amor es incondicional y esa mujer a tu lado es la mujer de tus sueños?.

A veces el amor esta enfrente de uno mismo, solo hay que reconocerlo.

Capituló I.- Celos… malditos Celos…

-¡Ánimos!.- lo exclama aquella pelinegra.

-Trato…- lo murmura suavemente ese hombre una cabeza más alta que la mujer que lo acompaña.

-¡Oh vamos!... Inuyasha tú eres fuerte.- se lo dice tratando de animar a su mejor amigo.

-Kagome… sabes… que…-

-Lo se… no tienes que decírmelo, me lo has repetido en todo el viaje.- se lo hace saber al interrumpirlo.

-¿Entonces?.- lo pregunta un desanimado hombre.

-Bueno, entonces tan solo disfruta, goza y trata de descansar.- se lo dice al preguntarse por que ese hombre no puede dejar de pensar en la otra.

-Por eso te acompañe, pequeña.- lo último lo dice burlonamente

-¡Cuantas veces te he dicho que no me digas pequeña!.- lo exclama una Kagome enfadada cruzando sus brazos debajo de su pecho.

-Para mi sigues siendo la misma Kagome que conocí en el jardín de niños.- se lo dice, al inclinarse y darle un beso en la mejilla.

-Algunas veces quisiera que me tomaras en cuenta como una mujer.- se lo reprocha dejando encendidas sus mejillas.

-A veces lo hago…- se lo dice al mostrarle aquella perfecta sonrisa.

-¡Bah!.- es la única contestación de Kagome, al observar a su acompañante, vestido de unos jeans que se ajustan a su musculoso cuerpo, dejándole marcadas las piernas y el trasero del cual algunas mujeres babean, su pecho esta cubierto por una sudadera que ella misma le regalo la navidad pasada de color blanco, haciéndolo lucir tan sensual con esos ojos dorados que no dejan de verla.

-Señor…- se escucha detrás de ambos jóvenes

Inuyasha se gira al igual que Kagome.

-Su habitación está lista.- se los informan.

-¿Qué vas hacer, pequeña?.- lo pregunta Inuyasha al ver a Kagome, vestida casi de la misma manera que él, con unos jeans ajustados, unas botas y una sudadera negra que hace juego con el cabello de la chica.

-A diferencia de ti… yo vine a estudiar.- se lo hace saber Kagome demostrándole una cara llena de profunda envida.

-Se me había olvidado.- lo finge con una sonrisa burlona.

-¡Baka!... ¿Por qué nunca recuerdas lo que te digo?.- lo reprocha.

-No lo se…- sigue con aquel juego, mintiéndole, pero aunque hiciera creer a Kagome que sus cosas no importaban eran todo lo contrario le importaban demasiado… tanto que por ello Kikio se había mostrado tan celosa hasta el punto de decirle que si no dejaba la amistada de Kagome se iría con otro hombre, por ello estaba ahí con ella… por que había elegido a Kagome.

-Eres… eres… ¡un insensible Inuyasha Senkai Taisho!.- lo exclama Kagome enfada, dándose la vuelta para no ver a su amigo… ese baka… por mas que le repitió que venia por asunto de su maestría para ser profesora, esté no le creía, juraba que iba a verse con alguien, como si no fuera suficiente que cada vez que tenía un pretendiente o una cita, él los asustara.

-Cuantas te he dicho Kagome Sué Higurashi que no diga mi nombre completo.- se lo dice Inuyasha fingiendo la voz grave como si estuviera enojado.

-Yo…yo…- lo balbucea Kagome sin atreverse a girar.

De pronto escucha una carcajada… que la confunde mucho, haciendo que se gire y vea a Inuyasha.

-Es tan fácil engañarte, pequeña.- se lo dice entre risa.

Kagome tan solo se mantiene quieta tratando de controlar las ganas de abalanzarse hacía aquel individuo y tirarlo al piso y… y… golpearlo.

-¡Tonto!.- lo grita Kagome tan solo para encaminarse hacia los elevadores, escuchando como Inuyasha esta persiguiéndola y gritándole "Kagome espera"… "no lo hice adrede"… "enana"…

-¡Kagome!.- lo grita Inuyasha alcanzando que el ascensor ante de cerrarse se vuelva a abrir para dejarlo entrar junto con esa mujer.

-Baka…- lo murmura sin verlo.

-Oh vamos Kagome, no vine para pelearme contigo.- se lo dice, en forma dulce alzando la barbilla de la chica con ayuda de sus dedos.

-¿Entonces a que veniste?.- lo pregunta Kagome, observando los ojos dorados de su amigo.

-Por que… oh vamos Kagome lo sabes…- se lo dice tratando de evitar de nuevo la pregunta.

-No te creo del todo.- se lo confiesa.

-Sabes que Kikio me dejo… pensé que algunos días apartado me ayudarían a pensar en las cosas… en dejar que ella me extrañara.- lo ultimo lo dice con un poco de dificultad, observando los ojos marrones de Kagome un poco opacos de tristeza.

-De seguro se canso de que seas mi perro guardián.- se lo hace saber sin pensarlo, pero eso es verdad, cada sitio donde va Inuyasha es el que esta a su lado, como aquel viaje pasado al sur de España con unos amigos, no la dejaba ir, hasta que él mismo la acompaño, fue el hazme reír de todo su grupo, ella con una niñera.

-¿Te molesta?.- lo pregunta en susurra Inuyasha observando el rostro de Kagome siempre tan dulce, tan tierno, tan lleno de luz, tan inocente… tan…tan perfecto.

-A veces.- se lo confiesa, sintiéndose incomoda por la posición, Inuyasha enfrente de ella, sosteniéndola por la cintura con una mano y la otra mantiene su cara elevada.

-Te protejo por que te quiero… como a mi hermana.- se lo hace saber rápidamente, pensando, que Kikio tiene razón cuida demasiado de Kagome para no tener lazos de sangre.

-A veces quisiera que me dejaras crecer.- se lo dice, posando sus manos en el pecho de Inuyasha.

-Pero… pero…-

-Vamos Inuyasha algún día tendré que casarme y tener hijos…- se lo dice al brindarle una sonrisa, dejando que poco a poco su cuerpo busque el calor del de su amigo, queriéndolo abrazar y dejar que su rostro se recargue en su pecho.

Solo suelta un pesado suspiro, dejando que sus brazos estrechen a aquella pequeña mujer, descansando su barbilla en la cabeza de Kagome.

-Lo se… pero no quiero que te lastimen.- se lo hace saber.

-Sabes que tengo que aprender de ello.- lo dice, cerrando sus ojos.

Lo se… lo se…

Y por alguna razón aquello le da miedo, le da miedo que alguien se lleve a su Kagome y no verla nunca mas, le da miedo que alguien quiera abusar de ella, le da miedo… le da miedo… perderla.

-.-

-¡Vamos mujer, apúrate!.- lo grita Inuyasha dentro de la habitación esperando a que Kagome se cambie para salir a la piscina que hay en el interior del hotel.

-¡No presiones!.- lo grita Kagome desde la habitación del baño -¡aparte hace frió!.- lo concluye.

-Tu eres la que quiere ir a ver la alberca… yo me opongo por que esta nevando afuera.- se lo hace saber al acostarse en la cama matrimonial de la habitación.

-No te quejes.- se lo exclama Kagome, al abrir la puerta, y dejar de aquel lindo bikini de matices azules, desde el blanco hasta el negro.

Gira su cabeza para ver a Kagome de pie, recorriéndola con su mirada dorada aquel cuerpo.

-¿Nos vamos?.- lo pregunta con una sonrisa, para tomar la toalla que tiene Inuyasha debajo de la cabeza.

No contesta nada… ¿Cuándo fue el momento en que Kagome dejo de ser una pequeña?... ¿en que momento se convirtió en una mujer?.

¡Que demonios!...

¿Por qué esta pensando en todo eso?... ¿serán a caso las palabras de Kikio?.

¡Ni siquiera puedes darte cuenta que amas a esa mujer!... cada cosa que hace esa mocosa tú estas ahí para ver… ¡ni siquiera dejas que vaya a una cita!, en que puede afectarte que vaya a ese viaje y se revuelque con cualquier hombre.

Esas habían sido las palabras de Kikio cuando esta lo dejo, y todo comenzó por que Kagome le anuncio el viaje hacia Estocolmo, para terminar con la maestría de la profesión que ejerce "Maestra".

¿Por qué Kikio no entendía que su deber era proteger a Kagome?...

Decide Inuyasha Taisho… esa mocosa o yo

Las ultimas palabras de Kikio… y cuando le anunció que no iba a cambiar de parecer en el viaje, lo deja para irse con otro, ¡ja!... lo del viaje solo fue el pretexto perfecto para que Kikio tuviera y lo dejara.

-Inuyasha… Inuyasha, llamando a Inuyasha… tierra llamando a Inuyasha.- lo menciona Kagome burlonamente, subiendo a la cama, y posarse encima de su abdomen.

-¿He?.- es la única respuesta del chico al fijar su mirada en la persona que esta encima suyo, viendo a Kagome sonriéndole, dejando expuesta todo esa figura ante sus ojos.

-¿En que piensas?.- lo pregunta Kagome inclinándose para acostar su cabeza en el pecho de Inuyasha, sintiendo como esté la abraza.

-En que espero que Miroku este atendiendo la empresa de manera correcta.- lo miente, suspirando para tratar de controlar sus emociones y… ¿deseos?.

-Miroku no es tonto.- lo susurra suavemente Kagome.

-¡Ja!, cuando esta enfrente de una mujer si.- se lo recuerda, al presenciar muchas veces el comportamiento tonto ante una mujer.

Escucha la risa de Kagome, dejando que todos sus músculos se relajen poco a poco, es como si aquella mujer fuera una droga para él.

-¡Vamos a la piscina!.- lo exclama Kagome, dando un brinco encima de Inuyasha y salir de sus brazos a todo prisa- ¡el ultimo es gallina!.- lo termina diciendo Kagome para salir de la habitación a toda prisa.

Por su parte solo suelta un suspiro que dándose todavía tumbado en la cama, ¿preguntándose como demonios hará para no acabar haciéndole el amor a Kagome?, su mente se niega a esa posibilidad, pero esta claro que su cuerpo no.

¿En que lió se ha metido?

-.-

-Auch…- se queja Kagome, al chocar con alguien.

-Perdóneme no vi por donde estaba.- lo dice aquella voz, sosteniendo entre los brazos a aquella adorable mujer.

-Es mi culpa.- se lo dice Kagome, al sobarse la nariz ya que ello fue con lo que se impacto.

-Disculpa aceptada… si acepta la mía.- se lo dice aquel hombre, sin soltarla.

-Oh claro.- se lo hace saber Kagome, al fijar su vista detenidamente, ojos marrones como los suyos, cabello castaño, piel blanca, y una altura razonable, unos centímetros mas bajo que Inuyasha.

-Mi nombre es Akitoki ¿y el suyo?.- se presenta mostrándole una sonrisa.

-Kagome.- se lo dice de la misma forma.

-Un placer conocerla señorita Kagome.-

-Dime Kagome por favor.-

-¿Hacia donde ibas Kagome?.- lo pegunta con curiosidad y sin retirar su mano de la cintura de esta.

-A la piscina.- lo confiesa de forma infantil que ocasiona que el mismo hombre ría.

-Que confidencia yo también me dirijo hacia aya.- se lo informa

-¿Enserio?.- lo pregunta inocentemente Kagome

-Si… sugiero que vayamos juntos.- se lo dice Akitoki con una sonrisa, observando a la mujer entre sus brazos, muy hermosa.

-Bueno yo…-

-¡Kagome!.- se escucha una voz furiosa a pocos metros de distancia.

¡Oh no!… Inuyasha

-¿Qué demonios haces?.- es la primera pregunta que sale de los labios de Inuyasha, apartando a Kagome de los brazos de aquel hombre, y ponerla entre los suyos.

-Choque con Akitoki… y me sostuvo para que no cayera.- se lo explica Kagome, sintiéndose tonta en dar explicaciones.

-Le agradezco joven Akitoki…- se lo dice Inuyasha con desprecio.

-No se preocupe señor…-

-Taisho… Inuyasha Taisho.- se lo dice.

-Señor Taisho, para mi fue un placer evitar que su esposa sufriera alguna lesión.- se lo dice Akitoki, suspirando interiormente el que esa mujer este casada.

¿Casada?... ¿con Inuyasha?... si es su sueño, pero él nunca la vería mas que una hermana… así que ¿para que ilusionarse?, aparte tiene a Kikio que tarde o temprano regresara a él.

-Se lo agradezco.- lo menciona Inuyasha cortésmente- pero nosotros vamos a la piscina.- se lo informa obligando a Kagome avanzar con él.

-¿Por qué no le dijiste que no estamos casados?.- lo pregunta Kagome, al ver que aquel hombre ya no esta cerca.

-¡Ja! Y permitirle que te siga comiendo con la mirada.- se lo contesta en un tono lleno de celos.

-Al paso que voy me quedare virgen de por vida.- lo menciona Kagome agitando sus brazos, como si aquello le pesara.

-¿Para que quieres acostarte con alguien?.- lo pregunta enfado, imaginarse a Kagome en brazos de otro le da una cierta molestia que empieza a detestar.

-¡Claro como tú ya no eres virgen!, no sabes lo frustrante que es que a los veinticinco años eres la única virgen y soltera del mundo donde vivo.- se lo dice Kagome al detenerse y encarar a ese hombre.

-Hay otras mujeres.- se lo dice como defensa, tendría que ver alguna así, pero lo peor es que no conoce a ninguna que no sea Kagome.

-¿Así cuales?... que yo sepa todas están casadas… todas las mujeres de mi generación están con sus hijos… y yo no puedo por que tengo a mi perro guardián.- se lo hace saber mostrándole sus ojos cristalinos.

-No es para tanto…- lo murmura suavemente Inuyasha, estirando sus brazos para que Kagome corra a abrazarlo como suele hacerlo.

-No es eso… es que yo… yo quiero casarme… quiero tener a alguien con quien dormir… que me abrace cuando tenga frió, miedo, felicidad… contarle mis preocupaciones, mis miedos… yo…- lo balbucea lentamente, hundiendo su rostro en el pecho del chico mientras lo rodea con sus brazos.

-Para eso me tienes a mí…- lo susurra lentamente, tratando de confortar a su amiga.

-No es cierto… tu tienes a Kikio… yo no tengo nada.- se lo reprocha.

-Te prometo cambiar…- lo murmura sin deja de abrazar a Kagome, en cierta parte Kagome tiene razón, esta siendo demasiado egoísta… pero no puede dejar de serlo cuando se trata de Kagome, no puede dejar de pensar en que Kagome… no… simplemente no puede pensar en que otro sea el que la contemple durmiendo, la abrace cuando tiene miedo… o… le haga el amor.

-.-

-¡Que cansada estoy!.- lo exclama una pelinegra al tumbarse en la cama.

-Ya lo creo, te la pasaste nadando toda la tarde.- se lo dice Inuyasha, saliendo del baño tan solo con un pans.

-Y tú me has acompañado.- se lo recuerda sonriendo sin ver a Inuyasha, observando el techo blanco de la habitación.

-Por supuesto, pero a diferencia de ti pequeña… yo diario hago ejercicio.- se lo recuerda con una sonrisa, observando a Kagome tendida en la cama con ese sencillo camisón que tal vez de pie le llegue un poco debajo de las rodillas.

-Vamos a dormir Inuyasha…- lo suplica Kagome soltando un suspiro sin querer mirar a su amigo, deseando que en esos momentos el se diera cuenta que es una mujer no una chiquilla de todavía trece o quince años.

¿Sería correcto dormir con Inuyasha?, lo ha hecho en las ocasiones que ha estado de viaje ya que como suele pasar el hotel solo esta reservado para estudiantes y no hay cupo para el señor "perro guardián", así que este opta por dormir en la habitación de Kagome, pero por ello todo esta cambiado, hasta su nombre… de ser Kagome Higurashi es Kagome Taisho, no es que le moleste eso… lo que le duele es que eso solo sea por temporadas cortas y después él vuelve a lado de Kikio.

Típico final de viaje, Inuyasha vuelve con la modelo y ella se vuelve a su departamento sola… sufriendo por un amor que no puede tener por más de veinte años.

-¿En que piensas?.- lo pregunta una voz sacando de sus pensamiento.

Abre sus ojos y encuentra a Inuyasha a su lado, mostrándole a aquel amplio pecho signo de horas y años de ejercicio, aquel hombre por el cual toda chica que conoce cae rendida ante sus pies.

-¿Kagome?.- la vuelve a llamar.

-¿Qué pasa pequeña?.- lo pregunta al observarla detenidamente a su lado, bien puede con un movimiento dejar a esa mujer entre sus brazos y debajo de él, para comenzar a desnudarla lentamente.

-¿Inuyasha?.- lo pregunta Kagome al incorporarse en la cama al ver como este se levanta de ella y comienza a caminar hacia la terraza del lugar.

-Duerme pequeña, mañana tienes que levantarte temprano para ir a la conferencia.- se lo hace saber al recordar las palabras de la chica en el avión.

¡No es justo!, yo voy a ir a esa tonta conferencia mientras tú sigues durmiendo

Esas palabras las había reprochado Kagome y eso le causaba risa, el intentaba disfrutar y aparentar en cada viaje que descansaba pero aquello era falso, se la pasaba vigilando tanto tiempo a su pequeña que no podía descansar.

-Buenas noches Inuyasha.- lo susurra suavemente Kagome acomodándose debajo de las cobijas y cerrar sus ojos.

-Buenas noches, pequeña.- lo susurra suavemente cerrando las cortinas de la habitación y tomar el control remoto de la mesa, si no puede dormir por causa de sus insititos, podría distraerse viendo TV.

Se acomoda en la parte de la cama que le toca dormir, metiéndose debajo de las cobijas, siendo consiente del cuerpo que se encuentra a su lado, ya ha dormido con mujeres, pero con Kagome siempre es distinto, con las otras solo es placer y después se retira a dormir solo, o bien duerme pero a su manera, pero con Kagome, esta consiente de cada uno de sus movimientos.

Fija su vista en la televisión, cambiando los canales por lo menos para entretenerse un rato, escucha un suspiro salir de los labios de Kagome, y como esta se acorruca un poco mas hacia él poniéndolo algo nervioso.

Apenas pasan algunos minutos de los cuales el programa de televisión se encuentra interesantes "noticias"

-Señorita podría decirme, si suenan campanas de boda entre usted y el señor Tashio.- lo pregunta aquella mujer haciendo su trabajo entrevistando a Kikio.

-Inuyasha se fue de viaje, por asuntos de negocios… así que todavía no hemos hablado de ello.- lo dice Kikio, mostrando una sonrisa falsa.

¡Ja! Si un asunto de negocios… ya quisiera.

-Inuyasha…- lo murmura una suave voz, ocasionando que gire su cabeza.

-¿Dime pequeña?.- lo pregunta, al ver como esta se talla los ojos, es como si hubiera estado dormida y ahora se despierta.

-Tengo sed…- se lo hace saber.

-Oh ya veo… bien te daré un poco de agua y te vuelves a dormir.- se lo dice Inuyasha de forma tierna al servirse agua de la garra que se encuentra a su lado situada encima del buró.

-Gracias.- lo murmura Kagome al incorporarse y tomar el vaso para llevárselo a los labios.

Observa como Kagome toma agua, y en un momento de darle el último trago, siendo conciente como una gota se desliza desde sus labios recorriendo sensualmente el cuello hasta perderse en el valle de sus senos, provocando que cierta parte de su cuerpo reaccione ante ello.

-Gracias Inu… pero, ¿podría pedirte otra cosa?.- lo ultimo lo da con aire infantil.

-Dime…- lo dice suavemente al pasar saliva por su garganta.

¡Contrólate Taisho!

Esa era la voz de su mente… pero su cuerpo pedía todo lo contrario

"Tómala, hazla tuya"… ¡oh kami!.

-Puedes abrazarme…- lo murmura suavemente Kagome, acercándose hacia donde esta Inuyasha, reposando su rostro en el pecho del chico, escuchando los latidos.

¡Contrólate Taisho!... ¡contrólate Taisho!... ¡contrólate Taisho!... recuerda que es tu amiga… tu hermana.

-Anda duerme pequeña…- lo susurra suavemente Inuyasha posando su brazo alrededor de Kagome, para estrecharla entre sus brazos.

-Te quiero…- escucha que Kagome se lo susurra para caer rendida entre sus brazos.

Te quiero…

¿Por qué con ese te quiero se siente tan lleno de gozo?, como si estuviera todo su cuerpo relajado y tenso a la vez.

¿Por qué no te das cuenta que quieres a esa mocosa?.

Entre mas pensaba las cosas, podría darle crédito a las palabras de Kikio… tal vez, por eso protege demasiado a Kagome, por que… en… verdad… ¿la ama?

-.-

-¡Oh! Vamos Inuyasha.- lo menciona Kagome entre sus brazos.

-No mujer, he dicho que no.- lo dice la fuerte voz de Inuyasha.

-Pero…pero…-

-Pero nada pequeña, tu misma me habías dicho mi carrera es importante, no puedo perderme ningún día de los seminarios.- lo ultimo lo dice tratando de imitar la voz de Kagome.

-Malo.- se lo hace saber de forma infantil, al girarse y darle la espalda.

-Oh vamos pequeña, yo solo hago lo que tu deseas.- se lo dice Inuyasha, tratando de arreglar aquello.

-No es cierto… yo quiero quedarme a dormir.- se lo hace saber dándose la vuelta para encarar a su "enemigo"- y tú quieres que me vaya.- se lo reprocha.

-Eso no es cierto, Sué.- lo dice un molesto ojidorado.

Kagome por su parte se siente diminuta a su lado, toda aquella fuerza de reclamo queda por los suelos al escuchar el "Sué", solo cuando Inuyasha se encuentra realmente molesto le dice Sué…

-Me voy a cambiar.- lo dice una voz apagada dejando que sus ojos marrones se opaquen.

-Espera…. Kag…- lo mormura Inuyasha deteniendo a su pequeña con una mano, depositándola de nuevo en la cama.

No escucha ningún reclamo por parte de Kagome, enfoca sus mirada en sus ojos pero están cerrados, y lo único que puede delatarle es que su labio inferior esta temblando, sintiéndose culpable por hacer llorar a aquella mujer.

-Perdóname… perdóname…- lo susurra suavemente Inuyasha, atrapando a la chica entre sus brazos, dejando que Kagome esconda su rostro en su pecho.

Escucha un pequeño sollozo.

-Quédate conmigo pequeña, no te obligare a ir…- se lo dice de forma tierna, dejando que sus piernas se enrollen con las de Kagome, haciéndolo sentir con tanta naturalidad.

-Gracias… te quiero…- lo susurra Kagome cerrando sus ojos para entregarse a aquella embriaguez, algún día sería capaz de decirle a su mejor amigo que aparte de quererlo, también lo ama.

-Yo también… yo también…- lo murmura suavemente besando la cabeza de Kagome y a su vez se pregunta ¿sería capaz de dejar que algún día Kagome salga de su vida?.

Continuaraaaaa….

¡Konichiwa!... bueno chicas aquí les traigo una historia corta que solo consta de tres capítulos y un epilogo, se que es corta, pero créanme tendré mas ideas, necesito sacar en este tiempo las historias que tengo pendientes desde hace un año, para venir con las nuevas ideas.

Espero que les agrade esta costa historia…

Se despide

Fesabi