Los personajes de esta historia no me pertenecen.

No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.

AVISO: Este fanfic es YAOI (y será slash), si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas y punto, comprendo perfectamente esa postura. Es un Saga/Máscara de Muerte.

Capítulo 1. Luto

- ¿Dónde está el caballero de Cancer?

Dohku, caballero de Libra, y actual patriarca del Santuario tras la segunda guerra de Hades, hizo la pregunta que los demás caballeros de oro llevaban haciendose durante semanas.

Cuatro semanas habían pasado desde la Resurrección. Hades, dios de la Muerte, amo del Inframundo, había sido derrotado por Athena y sus caballeros. La divinidad de la Justicia había ascendio del mas allá con poder sobre el dios de los muertos y le había obligado a resucitar a sus caballeros. La guerra santa había terminado, el Santuario volvía a estar completo y en orden, doce caballeros, doce signos, y la deidad Athena en el gran templo. Tras tanto caos y tantas tribulaciones, las peleas habían terminado al fin. Todas las profecías habían alcanzado su final, la era de paz podía asentarse por fín.

- ¿Dónde está Máscara de Muerte?.- Repitió Dohku extrañado.

Desde la Gran Resurrección no había visto al caballero de la cuarta casa. Demasiado tiempo, y también había estado ausente en las reuniones, cierto que no habían sido obligatorias pero... no era algo que recordara de Máscara de Muerte. Aunque habían pasado muchas cosas desde la última vez que le viera.

La Guerra contra Hades había sido dura para todos, en especial para los caballeros que habían fallecido en la batalla de las doce casas. Habían regresado de entre los muertos como espectros al servicio de Hades, fingiendo lealtad a él cuando en realidad habían pretendido advertir a Athena del peligro. Habían sacrificado su honor y enfrentado una segunda muerte.

- Si¿dónde está ese cobarde?.- Inquirió Aiola, con escasa diplomacia, tal y como era habitual en el fogoso caballero de Leo.- ¿Teme dar la cara?

No era el único que tenía veneno para Máscara de Muerte, el caballero de Cancer siempre había sido mirado con suspicacia por su despiadada filosofia y su cruel actitud para con todos, pero tras saberse que había sido cómplice de la traición al Santuario por su propia voluntad... había algunos que aun pensaban que su posterior resurrección al servicio de Hades tenía mas de oportunismo que de intento de redención.

Pero pese a la hostilidad ninguno podía hacer nada, todos se habían sacrificado para hacer caer el muro de los lamentos en el Inframundo, Athena había exigido la resurrección de todo ellos, todos habían sido reinstalados como caballeros de oro, les gustara o no a algunos de ellos.

Se hicieron murmullos, muchos enojados, resentidos con el caballero de Cancer, otros sencillamente curiosos.

- ¿Tiene miedo acaso?.- Añadió Milo de Escorpio.- Que haga gala de esa arrogancia suya y se presente, nunca antes se ha avergonzado de su actitud.

- Debe tener sus motivos.- Camus intentó calmar los ánimos.

- Aun así debe cumplir con su deber, puede ser su última oportunidad.

Dohku meditó mientras los caballeros de oro contrastaban opiniones al respecto, se fijó en Saga.

El caballero de Géminis había sufrido mucho en aquellos tiempos. Había sido dominado por el lado oscuro de la armadura de Géminis, creando una dualidad dentro de él.

Debía ser terrible estar prisionero de tu propio cuerpo, contemplando actos que no tenías poder para detener. El principal artífice de la traición al Santuario habia sido también la mayor víctima. Saga había sido dominado por Ares, y solo ante la diosa había sido posible exorcizar aquel lado oscuro, por desgracia Saga no había podido soportar la culpa y se había quitado la vida. Su regreso como espectro para alertar a Athena parecía haberle purgado de gran parte de aquella culpa.

No muy lejos, Afrodita no tenia mejor aspecto, pero el caballero de Piscis mas bien parecía muy nervioso. No era de extrañar, muchas de las criticas adjudicadas a Máscara también podían aplicarsele a él.

- ¿Afrodita de Piscis?. ¿Sabes tú algo de Máscara de Muerte?

El caballero alzó la vista con un gesto indeciso y finalmente contestó.

- Máscara de Muerte... se encuentra en periodo de luto.

Los gestos de incredulidad eran numerosos, de hecho incluso el generalmente imperturbable Shaka se encontraba con algo cercano a una expresión de suspicacia.

- ¿Se ha acogido a un periodo de luto?.- Aldebarán estaba realmente sorprendido.

- Así es.- Afrodita se mesó la hermosa melena tratando de recuperar algo de seguridad.- Todo caballero tiene derecho a seis meses de luto por alguien amado¿no?

La frase provocó no pocos gruñidos incrédulos.

- ¿Alguien amado?. Máscara de Muerte desconoce el significado de esa palabra.

Dohku dirigió una mirada de advertencia a Aiola, si bien él también estaba extrañado no era justo tomar conclusiones precipitadas.

- ¿Máscara de Muerte se acoge al luto?. ¿Ha ocurrido algo?

- El...- Afrodita bajó la mirada, buscando las palabras.- Mientras estabamos muertos, falleció alguien muy cercano a él... lo descubrió tras la Gran Resurrección y ahora está de luto.

A otros quizá les pasara desapercibido, pero a Dohku no se le escapó la reacción de Saga de Géminis, el caballero miraba a Afrodita con los ojos como platos, en una consternación mayor de la de los demás. Al parecer Saga parecía saber algo sobre la persona por la cual Máscara de Muerte, el hombre sin corazón, guardaba riguroso luto.

Shura, a la diestra de Afrodita, le susurró algo al oido a lo que Afrodita respondió con un leve asentimiento lleno de pena. A continuación Shura miró a Saga, que apartó la mirada.

Los tres sabían algo. Dohku no indagó más, debían respetar el luto de Máscara de Muerte, dió orden de que así fuera y levantó la reunión.

Era época de paz en el Santuario, ojalá fuera así mucho tiempo.


Afrodita se despidió de Shura y entró en su templo, refugiándose en su jardín de rosas. Había esperado no tener que comunicar el estado de Máscara, pero no había tenido mas opción, después de todo Máscara de Muerte no parecía dispuesto a salir de su encierro y comunicar su decisión de guardar luto.

Afrodita suspiró lleno de pena. Recordando el regreso como espectros de Hades. Shion, el anterior patriarca verdadero, les había sacado de sus tumbar reunido, Camus, Shura, Saga, Afrodita y Máscara de Muerte, los caballeros de oro que habían muerto en la batalla del Santuario. Regresados por Hades y jurando una falsa lealtad a fin de poder avisar a Athena de lo ocurrido y decirla como obtener su armadura divina.

Máscara de Muerte había estado como siempre, prepotente, orgulloso, con una sonrisa maliciosa grabada en la cara, realmente había cumplido con su papel de falso traidor a la perfección. Afrodita había sido el único que había percibido un dolor sordo en sus ojos carmesíes, la desesperación que se había grabado en ellos al ver a Saga.

Saga, no Ares, Saga con sus cabellos de un rubio pálido niveo, con aquellos ojos violaceos... y en su gesto ni rastro de Ares.

En la Gran Resurrección Máscara de Muerte no había perdido el tiempo, con sequedad se había acercado a Afrodita, con el gesto frio y seco, impenetrable.

- Voy a acogerme a luto.

Vrebe y conciso, sin una sola concesión a réplica, ni el mas mínimo asomo de una expresión, lo mismo podía haberle dicho que se iba a por tabaco. Y no había vuelto a verle desde entonces. Y mucho se temía que sabía el nombre por el cual Máscara de Muerte guardaba luto.


Los recuerdos eran una tortura. Saga hubiera dado el mundo a cambio de olvidar, a cambio de borrar su mente para siempre. A cambio de destruir todos los recuerdos que tenía de Ares. El perdón no era suficiente, ni siquiera proveniendo de la diosa, no podía perdonarse a sí mismo. La traición era el mas terrible de los delitos, aun se sentía sucio e indigno. Nada podía lavar sus pecados ni borrar sus recuerdos.

¿Le pasaba lo mismo a Máscara de Muerte?. Al pensar en el caballero de Cancer se le encogió el corazón, dolía, lo había visto... lo había visto todo, a Máscara de Muerte cuando aun había tenido oportunidad de salvarse.

No podía apartarlo de su mente, un Máscara de apenas dieciseis años, desesperado en la capilla de Athena, musitando plegarias por el perdón de sus actos al haber dado muerte a unos niños, confundido y asustado de sí mismo... Y después había tenido que contemplar como Ares convencía al vulnerable caballero de lo digno de aquellas acciones.

Aquel había sido el punto crucial en el que Máscara de Muerte había caido en las garras de la oscuridad, con engaños y manipulaciones. Saga no podía recordarlo sin desear volver a clavarse el báculo de Athena en el corazón.

Luto... Saga salió de su templo y miró escaleras arriba, los escalones llevaban directamente a la cuarta casa, justo por encima de la suya. A la casa de Cancer. No... verle, mirarle... avivaría el dolor... además el periodo de luto era inviolable, si el caballero de oro de Cancer deseaba estar solo todos estaban obligados a respetarle. No, no podía ir a verle...

Pero mucho se temía que estaba usando el luto de Máscara como excusa a su propia cobardía.


Máscara de Muerte se arrebujó en su capa negra, vestía de negro de los pies a la cabeza para marcar su periodo de luto. En realidad no podía importarle menos la tradición, pero era precavido, si alguien osaba acercarse a su templo se marcharía al comprobar que realmente se encontraba de luto.

No quería ver a nadie, no quería estar con nadie... no quería ver a Saga.

Saga... Máscara de Muerte gritó, un grito lleno de rabia y angustia a partes iguales. Le odiaba. Le odiaba con toda su alma. Saga... ese maldito de Saga. No podía soportarlo. Cuando había salido de su tumba convertido en espectro y había puesto sus ojos sobre Saga lo había sabido. Aquel no era Ares, no lo era en absoluto. Saga no le había sostenido la mirada, ignorándole y fijando su atención en Shion... evitándole por completo.

Máscara se había sentido tan traicionado... y después... después, en la Gran Resurrección, Athena había proclamado su perdón a Saga, contandoles a todos la verdad sobre la batalla de las doce casas, y lo acontecido durante la batalla para aquellos que habían muerto sin poder ver el final. Todo lo ocurrido... la caida de Ares.

La verdad... la verdad dolía como una puñalada... Máscara gritó y golpeó los muros de su templo, agrietando la piedra, destrozando las caras. Su rabia era inmensa, su odio ardía como una llama. Lo odiaba tanto. Le quemaba por dentro. De haber ido a alguna reunión de caballeros habría perdido el control de sí mismo. Solo recordar su cara le hacía sentir ácido en el vientre, como una maldita úlcera.

- Saga...- Gruñó el nombre como una maldición.

Lo mataría... lo mataría lentamente... no se conformaría con enviarle a Yomutsu, le arrancaría la cara en carne y hueso para quemarla y librarse para siempre de aquel rostro. Deseaba tanto matarle.


- Parece sufrir mucho.

El grito había sido audible en el templo de Géminis, lejano, pero audible. Y su cosmos, agresivo, subiendo y bajando como una llama al viento, podía sentirse. Saga se volvió para ver subir los últimos escalones a Aldebarán, caballero de oro de Tauro. El enorme hombretón era una compañía agradable, siempre sensato, muy paciente, quizá por ser tan grande había intentado siempre procurar ser lo menos amenazador posible.

- Parece que realmente Máscara de Muerte está de luto.

Saga apretó los puños... su corazón temía la sospecha por saber quien era la persona por la que Máscara de Muerte guardaba luto. Era un peso horrible, no se permitía siquiera la posibilidad de pensar en ello.

- Quizá deberíamos comprobar si está bien.

- El periodo de Luto es inviolable.

Aldebarán asintió distraidamente pero no se marchó, mirando a Saga con intensidad.

- Siento insistir, Saga... sé que tienes tus motivos para preferir no hablar con Máscara pero... creo que él solo hablaría con Afrodita, Shura y quizás tú.

- Si está solo es porque así lo ha decidido.

- Pocas veces Máscara de Muerte ha tomado buenas decisiones para si mismo.

Con eso Aldebarán no insistió mas, dió media vuelta y regresó a su templo en la segunda casa. Saga le miró marchar en silencio y a continuación devolvió su atención al templo superior. ¿Tenía el valor de mirar a Máscara de Muerte a la cara y enfrentar su pasado?

Ares siempre se había burlado de él, llamándole cobarde.

No pensaba darle la razón.


Máscara enterró el rostro entre las manos.

Había terminado. La guerra, las batallas... había muerto, ido al infierno y regresado de entre los muertos. Había muerto dos veces y resucitado dos veces. ¿Y qué había ganado?... Lo había perdido todo. Ares ya no existía... Ares... Saga... Máscara de Muerte apretó los dientes en una mueca feral. Saga era el culpable de todo. Por su culpa Ares... Ares...

Máscara cayó de rodillas al suelo, golpeando este con los puños, sacando de sí todo el dolor para convertirlo en odio, si, podía asumir el odio y la rabia, eso lo comprendía bien. Comprendía bien el odio y la venganza. Los necesitaba mas que nunca.


Saga entró en el templo de Cancer, ignoró los rostros de la pared tanto como pudo pero... ¿cuantos asesinatos había ordenado Ares?. ¿Cuantos de aquellos rostros estaban en aquellas paredes por orden de este?. La culpabilidad se adueñó de él.

Avanzó hasta el cosmos de Máscara y llegó a las dependencias privadas. Cuando iba a torcer el picaporte descubrió que sus manos temblaban. Ares había venido aqui tantas veces, y cuando habían estado en los aposentos de Máscara... La puerta se abrió ante él y se encontró cara a cara con el hombre que había venido a buscar pero a la vez quería evitar. Máscara llevaba ropas negras de luto, incluida la capucha, pero esta no ocultaba su expresión.

Sorpresa. Esperanza.

- ¿Ares?

Saga se llevó una mano al pecho, sintiendo un dolor imaginario. Ares. Por un instante Máscara había pensado que se trataba de Ares.

Realización. Rabia.

- Saga... ¡TÚ!

Máscara de Muerte gritó, con tanta rabia que Saga reculó atemorizado, Máscara se lanzó sobre él sin darle tiempo a reaccionar, atacándole a puñetazos y patadas, furioso, gritándole, tan lleno de odio que el templo de cancer resonaba con su cosmos.

- ¡¿Cómo te atreves?!

Saga sintió el sabor de la sangre en la boca, recibió un golpe, y otro, y otro.

- ¡TE ODIO, TE ODIO, TE ODIO, TE ODIO!.

Nota de la autora: tachaaan!. Segunda parte de El Santuario de los Traidores. Con Saga y Máscara una vez más. A ver que tal me va saliendo.