CAPITULO 1

Estaba atardeciendo en la colina de pony, Candy estaba sentada en una rama de su amado padre árbol. Solo ahí se permitía pensar en todo lo que la confundía y preocupaba. Tarde tras tarde le daba vueltas al mismo pensamiento.

- ¿Sentirá Albert algo por mí? ¿Acaso siento yo algo por él? ¿Algo que vaya más allá del amor de amigo, hermano y protector? – Pensaba la joven mientras su mirada se perdía en el horizonte -Dios mío ayúdame, no quiero estar confundida de esta manera. No me perdonaría hacerle daño, pero ¿y si yo siento algo más y él no me corresponde?– Sus pensamientos se bloquearon un instante analizando los cambios que se habían dado recientemente en su vida y en su corazón - últimamente no he pensado en Terry, sólo en Albert. Sus detalles, los paseos juntos y todo lo que hemos compartido desde esa fiesta en la que descubrí que era mi príncipe de la colina! ¡Por Dios! cada vez que lo pienso ¡él es el príncipe de la colina! Irremediablemente todo me ha llevado siempre a él. Mi vida a sido un hermoso ciclo que empezó el día que lo conocí.

Candy suspiró. Lo mejor sería no desesperarse pensando y dejar que todo siguiera su curso. Ya se detendría a analizarlo más adelante. Por ahora quería que pasara pronto lo que quedaba del día y la noche para encontrarse con él y disfrutar de su compañía. Así bajó del árbol y se dirigió al hogar de Pony con una hermosa sonrisa después de haber tomado la decisión.

Por otro lado en Lakewood, un hermoso joven de ojos azules y cabellos rubios estaba pensativo y distraído, algo que comenzaba a afectar sus negocios. No se sentía cómodo con la vida que estaba llevando, extrañaba la libertad que solía llevar en la cual solo tenía la atadura que su corazón le había impuesto cuando era un muchacho de doce años.

Esos pensamientos le recordaban a la única persona que le daba luz a su vida, esa mujer que con su sola presencia llenaba sus días. Esos preciosos ojos verdes lo hacían feliz con sólo mirarlos. Estaba muy nervioso y feliz a la vez pensando que al día siguiente volvería a verla.

Era un ritual que se mantenía cada semana. Esperaba ansioso el sábado que era el día que la visitaba y lo pasaban juntos. El deseaba que se mudara a vivir con él a Lakewood, pero no sabía si ya era tiempo de proponérselo.

- ¿Habrásuperado ya lo de Terry? ¿Querrá estar conmigo?Se preguntaba ansioso el muchacho - extrañaba tanto esos tiempos en que vivían juntos y compartían todo. Sabía que si ella vivía con él le sería mas fácil ser la cabeza de familia. Candy llenaría todo el vacío que su nueva vida le dejaba Voy a proponértelo, no tengo nada que perder.

La mañana del sábado, las dos madres de Candy estaban muy divertidas al darse cuenta de que nuevamente se había quedado dormida.

Presiento que se levantará de mal humor cuando se de cuenta de lo tarde que es – decía la Srita Pony pero no he querido despertarla. Su luz estuvo encendida hasta muy tarde y me imagino que durmió poco.

Deberíamos despertarla Señorita Pony. Ya no de debe tardar el Señor William y usted sabe que a Candy no le gusta hacerlo esperar - contestó la hermana María con cara de preocupación.

Sólo porque es el día de la semana en que la veo más feliz –aceptó finalmente - Con estas visitas toda su tristeza se disipa y vuelve a tener esa chispa de alegría en sus ojos.

Tiene razón, pero creo que es algo más – completó de inmediato la religiosa – Algo muy especial entre los dos de lo que no se han percatado. Un sentimiento que viene desde mucho tiempo atrás.

Con esta última afirmación la Señorita Pony se encaminó a la habitación de Candy y llamo a su puerta. Con el ruido se levantó de un brinco preguntando la hora. Al escuchar la respuesta corrió hacia el baño.

-¡Es tardísimo¡ Por qué no me despertaron? – fue lo último que se escucho antes de cerrar la puerta de golpe.

Mientras tanto un nervioso joven avanzaba en dirección al Hogar de Pony,

Hoy te pediré que vuelvas conmigo a Lakewood – pensaba – ¡Te necesito Tanto Candy!

Perdido en sus ensoñaciones iba cuando pudo ver el tejado del hogar de Pony e inmediatamente después apareció ante sus ojos, el lugar donde su amada vivía..

El auto se detuvo y el apuesto millonario se bajó llevando un hermoso ramo de dulce Candy en la mano. Se dirigió a la entrada del hogar y pudo escuchar esa voz que adoraba gritar que no le iba a dar tiempo de estar lista.

-Te has quedado dormida nuevamente pequeña – una sonrisa iluminó su cara sólo de imaginarla.

Toco a la puerta y la señorita Pony abrió.

Buen día Señor William

Buen día Señorita Pony, por lo que he escuchado desde afuera a nuestra dormilona se le han pegado las sábanas de nuevo.

Reían ante el comentario cuando una deliciosa mujer lo dejó perplejo. Candy lucía realmente espectacular. Traía puesto un vestido de color rosa que delineaba perfectamente su cuerpo. El vuelo de la falda llegaba hasta la rodilla y el escote del mismo sugería las hermosas formas de mujer que se habían desarrollado en la rubia. En muy poco tiempo se había convertido en una mujer voluptuosa y bella. Los zapatos planos a juego y el cabello mojado cayendo en hermosos rizos sobre su espalda completaban el cuadro.

Por su parte Candy no podía dejar de observar a Albert, realmente se veía apuesto con ese look informal. Llevaba un pantalón beige ajustado a sus bien formados muslos que junto con una camisa azul claro ligeramente abierta la hacían no poder separar la vista del amplio pecho. El pelo lo traía suelto y ligeramente despeinado por el viento que se había colado por la ventanilla del auto. Esto mismo causaba un efecto de sombra sobre el bello rostro del visitante que volvía a acaparar la mirada de la joven.

La señorita Pony carraspeó para sacar a ambos del transe en que habían caído y Albert tomó la palabra.

Por lo visto te has vuelto a quedar dormida. ¿Cómo es que nunca consigues despertarte a tiempo? – le preguntó riendo y tratando de disimular su turbación.

Albert no me avergüences– contestó Candy sonrojándose – La verdad es que no se qué me pasa en las noches que no puedo dormir. Lo siento, quería estar lista para ser yo quien te recibiera en la puerta pero de nuevo no lo logré– hizo un puchero y un gesto tan lindo que enterneció al millonario.

No te preocupes pequeña, ya sabes que a mi no me molesta esperar. Esperaría todo lo que fuera necesario por ti –añadió sin pensar.

Al darse cuenta de lo que había dicho se ruborizó ligeramente. Esperaba que Candy no se hubiera percatado del verdadero significado de aquellas palabras, así que le tendió el ramo de flores que le había llevado para desviar la conversación.

¡Son preciosas!– exclamó emocionada - me consientes demasiado y no debes molestarte así– añadió viéndolas nuevamente y sonriendo – pero sí son preciosas.

Le hacen honor a la belleza de la mujer que porta su nombre.

Candy se ruborizó por el comentario ¿Por qué Albert la hacía sentir tantas emociones? Desde que lo había visto no podía evitar sentir algo muy raro en su estómago como mariposas. Mientras tanto la hermana María y la Señorita Pony compartían guiños ante la situación.

¿Vamos a la Colina? – preguntó Albert ofreciendo galante su brazo.

Claro que si, yo había pensado lo mismo y ayer prepare una cesta con comida para que almorzáramos ahí.

Por lo que veo tenemos las mismas ideas pequeña - dijo Albert tomado la cesta que había traído la Señorita Pony de la cocina.

Se dirigieron caminando despacio a la colina, disfrutando de su mutua compañía y sintiendo mil emociones en sus cuerpos tan sólo por el roce de los mismos al ir caminando cerca.

Al llegar a la colina Albert extendió el mantel y Candy acomodó las cosas para poder disfrutar del almuerzo. Tomó un emparedado y se lo dio, mientras tomaba otro para ella. Albert se encontraba ligeramente recargado en el tronco de un árbol y la rubia al terminar de distribuir la comida recostó su cabeza en las piernas del hombre dando un gran mordisco a su emparedado.

Teníamos un poco de hambre ¡eh! – afirmó riendo.

Sí – asintió también riendo y a la vez apenada - la verdad es que con eso de que me quede dormida no tuve tiempo de desayunar.

Ahora que lo vuelves a mencionar …¿Por qué no has estado durmiendo bien últimamente pequeña? ¿Qué te preocupa – preguntaba rogándole a Dios que ya no fuera por Terry. Ya habían pasado 6 largos meses y quería creer que aquello ya estaba olvidado. Además intuía que cuando Candy supo que él era el Príncipe de la Colina se había abierto una pequeña puerta en su corazón para él.

Candy no sabía qué responder. No podía decirle que era él el causante de su insomnio, que no podía apartarlo de sus pensamientos y que se pasaba las noches preguntándose que sentía por él.

La verdad es que aun no he decidido que hacer con mi vida. Es en eso en lo que pienso todas las noches.

Albert vio ahí su oportunidad de decirle lo que venía pensando todo el camino.

Que te parece si te mudas conmigo a Lakewood. Ahí puedes pensar todo lo que quieras, además estas muy cerca de la ciudad, pero sobre todo me encantaría que vinieras ya que me siento muy solo y necesito tu compañía. No te preocupes por la tía abuela, ella está en Chicago y estará allí por algunos días así que no habrá nadie que te incomode.

Mientras decía esto rezaba para sus adentros para que ella le dijera que SI.

Albert .. me encantaría – dijo después de unos segundos - pero no quisiera distraerte de tus ocupaciones. Se que ahora tienes mucho que hacer y no me gustaría que por mi culpa no pudieras atender tus cosas

Por eso no te preocupes, te aseguro que necesito tu compañía. No me la puedo pasar trabajando todo el tiempo y te necesito a ti para olvidar por momentos el fastidio que siento, despejarme y poder vivir un poco de nuevo.

En ese momento ella se dio cuenta de lo cansado y triste que estaba Albert. Se veía que no era muy feliz con su nueva vida y a ella no le gustaba verlo así, por lo que decidió que trataría de alegrarle la vida tanto como él lo había hecho siempre con ella.

Siendo así iré contigo. ¿Cuándo quieres que me vaya?

¡Hoy mismo! respondió de inmediato - Claro, si a ti te parece bien –añadió reprendiéndose interiormente por su impaciencia.

Albert no cabía en si de gusto ¡por fin iba a tener a su pequeña a su lado! quizá podría conquistarla poco a poco y borrar todo recuerdo de su corazón

- Claro que me parece bien –respondió Candy dando un pequeño brinco de emoción. Tampoco era muy buena para ocultar sus emociones. No podía creer que iba a ver a su Príncipe todos lo días, que iban a compartir todo como hacía algún tiempo en su apartamento de Chicago. Estaba realmente feliz. Por lo que se levantó y lo sorprendió con un abrazo que recibió con mucho gusto y con una inmensa sonrisa. Los dos se sentían muy bien juntos, estuvieron así por varios minutos hasta que Albert interrumpió.

Si queremos llegar antes de que anochezca será mejor que prepares tu equipaje y se lo digamos a la Señorita Pony y a la Hermana Maria - decía mientras se levantaba y le ofrecía su mano para que hiciera lo mismo. Tomó la cesta y bajaron así de la mano hasta el hogar.

Candy no podía creer que Albert la llevaba así ¿será acaso que compartían el mismo sentimiento? Movió su cabeza tratando de despejar sus pensamientos, no era momento de pensar eso, lo único importante era que iba a vivir de nuevo con él.

¡Hermana Maria! ¡Señorita Pony! ¡Me voy con Albert a Lakewood! entró gritando Candy con una enorme sonrisa y una chispa muy especial en sus hermosos ojos verdes.

Espero que no les moleste que me la lleve así de pronto. Me gustaría poder recorrer la distancia que nos separa de Lakewood con ella de compañía en lugar de tener que mandar un chofer a recogerla.

Por supuesto Señor William. No nos molesta, al contrario creemos que Candy estará muy bien a su lado ¿Verdad Señorita Pony?

Claro que sí.– dijo volteando a ver a la muchacha que no se movía del lugar - ¡Corre Candy apresúrate a hacer tu equipaje y no hagas esperar al Señor William que pronto anochecerá! -

Sí, vengo rápido – contestó guiñándole un ojo a Albert un poco sonrojada.

Rápidamente Candy empacó todas sus pertenencias y se despidió de sus dos madres dándoles las gracias y prometiéndoles que iría seguido a verlas.

Salieron del hogar rodeados de todos los niños. Al llegar al auto Candy les dio un beso a cada uno y subió. Albert estaba ahí esperándola deteniendo la puerta y extendiendo su mano para que ella pudiera hacerlo más fácilmente. Dando la vuelta al vehículo hizo lo mismo e inició la marcha.

En el camino los dos iban muy pensativos e intercambiaban miradas furtivas.

Ella iba realmente emocionada .¡Por fin!, pensaba que nunca se lo pediría. Quizá esta sería la oportunidad de aclarar qué era lo que sentía por él y ver si sentían lo mismo.

El rubio por su parte no cabía en sí de gusto. La traía consigo y además algo le decía que Candy sentía algo diferente por él, algo más allá del cariño fraternal ¿Sería posible que su pequeña lo comenzara a ver como hombre? eso no lo sabía, lo que si sabía es que trataría de ganársela.

Candy pudo observar el portal de las rosas que tantos recuerdos bellos y tristes le traía.

Anthony - suspiró y una lágrima se desprendió de sus ojos resbalando por sus mejillas. Albert la vio y la enjugó con el dorso de su mano.

Candy, se que hay muchos recuerdos dolorosos en este lugar pero trataré de cambiar eso y lograr que seas muy feliz aquí mi pequeña. Te lo prometo.

Candy le sonrió. Era increíble cómo ese hombre podía leer sus pensamientos y la tranquilizaba de la mejor de las maneras.

Llegaron a la puerta de la casa. Albert bajó del auto y la ayudó a hacer lo mismo. Candy miraba todo llenándose de recuerdos, pero repitiéndose a sí misma que esta vez sería diferente, esta vez sería feliz.

CONTINUARA…..

Este es mi primer fic así que como verán soy inexperta y no muy buena escribiendo.

Quiero agradecer a Scarleth por su invaluable ayuda en este fic, te lo repito cada uno de tus consejos y correcciones son buenísimos para mi!

Espero les guste, espero todos sus comentarios.