Disclaimer: No soy propietaria de Sailor Moon ni de ninguno de sus personajes.

La historia tiene lugar después de Sailor Moon S y se encuentra apartada del argumento original de la serie y del cómic. Es mi primer fic, así que, por favor, sean comprensivos conmigo y dejen reviews! Aviso: Yo soy española y sé que los nombres tanto de Sailor Moon como de Tuxedo Mask y las Sailor Scouts cambian dependiendo del país, por lo que aviso de las equivalencias; si bien en España los protagonistas se llaman Bunny y Armando, he decidido utilizar los nombres de Serena y Darien porque los he visto mencionados con mayor frecuencia en los fanfics extranjeros. Rei y Ami siguen con los mismos nombres, al igual que Luna, Ártemis, Diana y Chibi-Usa. En cuanto al resto de las Scouts, Minako será Carola, Makoto será Patricia, Setsuna será Raquel y Haruka y Michiru son Timmy y Vicky respectivamente, como en la versión en castellano que yo he visto. He creído conveniente, dada la disparidad de nombres, hacer esta equivalencia para evitar errores.

Sinopsis: Serena muere durante una batalla tratando de salvar la vida de Darien. A causa de ello, en el futuro, la Neo-Queen Serenity se desvanece en brazos de su esposo Endimión y Cristal Tokio desaparece, al igual que Chibi-Usa. Endimión se encamina al pasado en busca de respuestas y dispuesto a encontrar la forma de recuperar a su esposa y a su hija. Darien y Endimión se aventurarán en un camino lleno de dificultades donde iniciarán un viaje de autodescubrimiento donde ambos se preguntarán sobre su pasado, su presente, su futuro y su amor por Serena.

Ahora, sin más preámbulos, que comience el fanfic. ¡Espero que les guste!

Atacó en mitad de la noche.

Serena y Darien volvían de una cena romántica en un restaurante cuando oyeron los gritos. Rápidamente, Darien se convirtió en el Señor del Antifaz y Serena en Sailor Moon y ambos corrieron hacia el lugar de donde provenían los chillidos de la gente mientras ella alertaba a las otras guerreros para que se reunieran lo antes posible con ellos. Apenas habían pasado unas semanas desde el combate final con Faraón 90, la búsqueda de los talismanes y la llegada de Sailor Saturno, por lo que esa lucha todavía estaba muy vívida en sus mentes. Lo primero que ambos pensaron fue que esa amenaza había vuelto a ceñirse sobre la Tierra. Pero en cuanto vieron a su enemigo, supieron que se equivocaban.

Atacaba en un parque a un grupo de adolescentes que, por sus ropas, parecían volver de algún concierto rock. Aquel nuevo enemigo no se parecía a ninguno de los anteriores; su aspecto era prácticamente humano, muy diferente al de los monstruos surgidos de las Semillas del Mal y parecía tener un gran poder. Blandía una enorme espada e iba a matar a los chiquillos cuando la Tiara Lunar de Sailor Moon le arrebató el arma de las manos.

-¿Quién eres tú? –preguntó el enemigo, sorprendido, mientras Darien cubría la retirada de los muchachos aprovechando su confusión. Sailor Moon, volviendo a colocarse la diadema sobre la frente, sonrió desde la altura que le confería un árbol cercano, iluminada por la tenue luz de su luna protectora.

-Los muchachos son el futuro de la humanidad y no dejaré que nadie les arrebaté su diversión por nada del mundo –empezó Sailor Moon con el discurso habitual -. Yo soy la guerrero que lucha por el amor y la justicia. ¡Guerrero Luna! Y en nombre de Luna, ¡te castigaré!

-Vaya, si sólo es una mocosa –sonrió el enemigo-. Pensé que la legendaria Guerrero Luna a la que me habían enviado a matar era una experimentada luchadora, no una niña que apenas ha salido de debajo de las faldas de su madre.

-¿Qué? –preguntó Sailor Moon. El Señor del Antifaz se puso protectoramente a su lado al oír el objetivo de su presencia-. ¿Quién te ha enviado a por mí?

-Eso, querida mía, es más de lo que un futuro cadáver debe saber –dijo él, atacando directamente a Serena. El Señor del Antifaz apenas pudo ponerla a salvo de los rayos que enviaba. Aquel enemigo les siguió enviando rayos que apenas podían evitar mientras los miraba escrutador, intentando adivinar su próximo paso, intentando dilucidar cuál sería el mejor método para matar a Guerrero Luna.

-¡Señor del Antifaz! ¡Debemos atacar! –le dijo Sailor Moon a Darien mientras él, sujetándola firmemente en sus brazos, evitaba los rayos de su enemigo.

-¡No! ¡Es demasiado fuerte! ¡Debemos esperar a las otras guerreros!

-¡No nos dará esa oportunidad! ¡Usaré el Cristal de Plata para detenerlo!

-¡Esperaremos! ¡Está intentando matarte, no lo olvides! ¡Yo te protegeré, no dejaré que cometas ninguna imprudencia! –le gritó Darien, mientras seguía evitando los envites de su enemigo. Serena miró a los ojos eternamente azules de su enamorado y los vio llenos de preocupación y temor por ella. Entonces, sonrió, intentando transmitirle tranquilidad y asintió, dándole a entender que le haría caso. Pero ambos no advirtieron que su enemigo también sonreía; el grito de Darien le había dado la clave para matar a Sailor Moon.

Todo sucedió tan deprisa que, tiempo después, Darien aún era incapaz de decir exactamente qué fue lo que sucedió. Amparado por los rayos, el enemigo se abalanzó sobre ellos sin que pudieran evitarlo y les separó de un golpe. Pero, en vez de atacar a Serena, como ambos pensaron, se dirigió hacia Darien y le aprisionó con sus rayos.

-¡No! –gritó Serena-. ¡Déjale! ¡Me quieres a mí!

-Eso es cierto. Pero...será divertido matarle –dijo el enemigo, alejándose y formando lentamente una pequeña bola de energía en su mano, mientras Serena corría hacia Darien.

-¡Vete de aquí! ¡Huye! –gritaba Darien, pero Serena no le hacía caso. Y fue entonces, cuando Sailor Moon ya estaba a pocos pasos de su Señor del Antifaz, cuando el enemigo lanzó su espada a un Darien completamente indefenso y desprotegido que cerraba los ojos encarando, una vez más, su destino.

-¡No! –gritó de nuevo Serena. Al oír su voz, Darien abrió los ojos, justo a tiempo para ver cómo la espada a él destinada se clavaba en el costado de Serena, que le había protegido con su cuerpo.

-¡¡¡Nooo!!! ¡Serena! –gritó Darien, mientras veía con impotencia cómo ella caía de rodillas en un charco de sangre. En aquel momento, llegaron el resto de guerreros.

-¿Qué ha pasado? –preguntó Rai, mientras liberaba a Darien.

-Él la atacó –dijo Darien, simplemente, mientras corría rápidamente junto a Serena. Al oír sus palabras, todas las guerreras se pusieron en actitud de lucha ante un sonriente enemigo.

-Ya no tenéis que preocuparos por mí, niñas. He cumplido mi misión. La Princesa de la Luna morirá. Ya no tengo que hacer nada más en este planeta –dijo él y, con un chasquido de dedos, desapareció, sonriendo. Sorprendidas, las Guerreros se miraron mutuamente mientras se volvían hacia Darien, quien sostenía a Serena. Viendo la gravedad de la situación, decidieron no acercarse para dejarles un poco de intimidad.

-No te preocupes, todo saldrá bien –dijo Darien, más para él mismo que para ella. Serena estaba perdiendo mucha sangre; la espada la había atravesado de parte a parte y ya apenas podía mantener los ojos abiertos. Con un movimiento rápido, Darien le arrancó la espada que aún permanecía clavada en su cuerpo, intentando ignorar su grito de dolor-. Te llevaremos a un hospital y te curarás, ya lo verás.

-Darien... –dijo ella. Su voz apenas era poco más que un suspiro -...esta vez no hay marcha atrás.

-No digas eso, mi amor –dijo él, acariciándole la cara-. Tú vivirás. Tenemos un destino que cumplir, ¿recuerdas? Tokio de Cristal, nuestro matrimonio, Chibi-usa...Tú no vas a morir aquí.

-Lo siento, Darien... –dijo ella, esforzándose por sonreír-. Sé que contigo...hubiera tenido...un magnífico futuro...pero al menos...tú estás vivo. No imagino...si tengo que morir...una mejor forma de hacerlo...que... protegiendo lo que más quiero.

-No te vayas...Otra vez no –dijo Darien, estrechándola contra sí-. Yo te quiero...

-Yo también te quiero...Sólo lamento...que hayamos tenido que revivir...para volver a pasar por esto...otra vez...Darien ... –decía ella, mientras su voz se hacía cada vez más débil -...tú debes vivir... y ser feliz.

-¡No! ¡Me niego a vivir sin ti! –le dijo Darien, ya cubierto por las lágrimas.

-¿Dejarás entonces...que mi sacrificio...sea en vano? Tú, las guerreros y Chibi-usa...sois ahora...los únicos protectores de la Tierra y debéis...seguir adelante...con o sin mí...

-Nunca te había visto tan madura, Sere –intentó sonreír él.

-Mucho he tardado –dijo ella, forzando una sonrisa-. Darien...te quiero...

Fue lo último que pudo decir Guerrero Luna. Entonces, sus ojos se volvieron blancos, perdió el sentido y el Cristal de Plata que lucía en su pecho se rompió en mil pedazos, anunciando así su muerte. Mientras las guerreros comenzaban a llorar, Darien simplemente se quedó inmóvil, sujetando el cadáver de su amada, esperando el milagro que siempre había sucedido en las muertes anteriores de Sailor Moon. Pero no se produjo. Los minutos pasaban y ella continuaba muerta en sus brazos.

Entonces Luna, Ártemis y la guerrero Chibiluna aparecieron en el campo de batalla.

-¿Qué ha pasado? –preguntó Chibiluna, al ver llorar a las guerreros.

-Sailor Moon ha muerto.

En el siglo XXX, la Neo-Queen Serenity y el Neo-King Endimión paseaban por el jardín helado de Tokio de Cristal cogidos de la mano. Unos minutos al día, cuando eran liberados de las pesadas tareas de gobierno, les gustaba pasear juntos por allí, liberándose de su papel de reyes y volviendo a ser simplemente Darien y Serena, los eternos enamorados. Cuando estaban solos, Serenity se deshacía del grave papel de reina que le confería su cargo y se mostraba como la niña optimista e inmadura que siempre sedujo a Endimión.

Pero ese día, algo parecía preocupar a la Reina.

-¿Qué ocurre, Serenity? Pareces preocupada –dijo Endimión, mientras ambos se paraban a contemplar el lago helado que reposaba en el centro del jardín.

-Echo de menos a la Pequeña Dama –dijo ella, mirándole apenada-. ¿Crees que estará bien?

-Por supuesto que estará bien. Yo también la echo de menos, pero sé que nuestros homólogos pasados harán todo lo necesario para protegerla. Además, es una niña muy lista; sabrá mantenerse apartada de los problemas.

-Es cierto, es muy lista. Gracias a Dios, heredó tu inteligencia, porque si llega a tener la mía ... –rió la Reina. Endimión sonrió mientras le acariciaba el pelo.

-Siempre infravalorándote...Nunca cambiarás, Sere –dijo él-. Pero hay algo más, ¿verdad? Te conozco, sé que hay algo más.

-Es cierto. Ven, sentémonos –dijo ella, guiándolo hacia un banco cercano.

-Sere, me estás asustando. ¿Qué te ocurre?

-Endimión...estoy embarazada otra vez... –dijo ella, bajando la mirada. Endimión la miró, sorprendido. Se quedó en silencio durante unos segundos antes de sonreír ampliamente.

-Pero, eso es...¡fantástico! –dijo él, eufórico.

-¿De verdad te alegras?

-¡Por supuesto que sí, mi amor! Sabes perfectamente que siempre he querido una gran familia, aunque lo ocurrido después del nacimiento de la Pequeña Dama no nos haya permitido pensar en eso hasta ahora. ¿Por qué no me lo has dicho antes?

-Bueno, tenía sospechas, pero no quería decirte nada hasta que no estuviera segura. Ami me lo confirmó esta mañana.

-Dios...estoy tan contento... –dijo Endimión, abrazándola, sin saber muy bien cómo expresar su alegría.

-¡Basta, basta, que me vas a romper! –rió ella, agobiada ante su abrazo.

-Discúlpame. ¿Te sientes bien? ¿Quieres que volvamos? Lo mejor será que te acuestes –dijo él.

-Me siento muy bien. Caminemos un poco más. Estoy embarazada pero no enferma...

-Sere, creo que sería prudente que te cuidaras más...volvamos.

-Cariño, como siempre, te preocupas demasiado. Vamos –dijo él, guiándole hacia la espesura del jardín.

Caminaron durante un rato más, fantaseando con el futuro bebé y discutiendo cuándo sería el mejor momento para ir a buscar a la Pequeña Dama y contarle la buena nueva. Estaban proponiendo nombres para el futuro niño o niña cuando, de repente, Serenity dejó escapar un grito y se dobló en dos, presa del dolor, con las manos en su costado. Endimión corrió a sostenerla.

-¡Serenity! ¿Qué te pasa? ¿Es el bebé? – preguntó Endimión, asustado, mientras veía teñirse de sangre las manos de su esposa.

-No, no es el bebé...Soy yo. Algo ha ocurrido conmigo...en el pasado –dijo ella. Endimión levantó sus manos del costado y descubrió una herida de espada. La cogió en brazos y la tumbó sobre un banco cercano, invocando la ayuda de las guerreros.

-No te preocupes, mi amor, yo lo arreglaré, no te pasará nada –dijo él, besando su mano.

-Endimión...debes ir al pasado y comprobar...si nuestra hija...está bien... Debes averiguar lo que está pasando con mi yo pasada...

-Lo haré, en cuanto te deje en lugar seguro –dijo Endimión, abrazándola.

-Endimión...te quiero... –dijo ella, con un susurro.

-Sere, no, no te despidas. Serenity...¡Serenity! –gritó Endimión, mientras ella moría en sus brazos, a la vez que su homóloga del pasado. Su cuerpo desapareció de entre las manos de su amado, dejando en su lugar simplemente su traje de reina y una corona.

Entonces, todo se convirtió en un caos. Cristal Tokio y todos sus habitantes comenzaron a desaparecer alrededor de Endimión, dejando en su lugar tinieblas y destrucción. El palacio, las guerreros y los habitantes de todo el planeta Tierra se esfumaron como si nunca hubieran existido. Sólo quedó Endimión, protegiendo aquel trozo de tela rasgada como si fuera su mismísima esposa.

-El pasado debe de haber cambiado –susurró Endimión-. No sé cómo, pero te haré volver, Serenity. Lo juro.

Y, sosteniendo aquel vestido y la corona, el que una vez fue el Neo-King Endimión se encaminó hacia la puerta que custodiaba fielmente la Guerrero Plutón.