Antes de que comiencen a leer, permítanme explicar un par de cosas. Éste es un "interludio" antes de lo que será el último capítulo o últimos, bah (Oh, sí, mis criaturitas. Estamos en la recta final de ésta historia). Así que aquí probablemente no encuentren mucha participación de nuestros "sobrevivientes", pero sí algunos datos que quizás puedan interesarles (porque, sí, Keiko y Alexandre tienen una razón de ser en ésta historia más allá de lo que parece). Están en su derecho de no prestarle atención a esto.. o sí… o no…. qué sé yo. He decidido hacer este interludio, porque los quiero y lamento mucho mi abandono cruel (¿qué se le va a hacer? Soy una mala mujer).

Espero sinceramente que no se confundan con la cronología de los sucesos.

En fin… disfruten de éste acto intermedio…

Interludio

¿Qué se necesita para salvar una vida? No cualquier vida… tu vida. En ese caso, lo mejor es preguntar ¿qué se necesita para darle a tu vida el suficiente valor como para no querer arriesgarla? ¿Cuántas veces te he escuchado decir que darás tu vida por ellos, por mi, por todos?... ¿tienes idea de lo mucho que vale tu vida para mi?

No puedo juzgarte ¿quién soy yo para eso? Los pecados que llevo a cuestas no me dan el derecho de reclamar nada. Soy egoísta. Quisiera no sentir ese vacío en el estómago al verte cumplir lo que, consideras, es tú deber. Entre el deber y el ser ¿has de escoger siempre lo correcto? Quisiera que no, pero tampoco tengo derecho a apelar sobre eso… pensándolo bien, también eres egoísta.

¿Por qué? Porque no piensas en ti. Alegando que lo haces por los demás. Piensas que yendo y arriesgándote nos haces un bien a todos. Eres egoísta contigo, y tu egoísmo es igual de malo que el mío porque daña… duele mucho. Quise tomar tu lugar, estaba decidido a estrellar la nave contra la tormenta para que los demás se salvaran… para que te salvaras… ¿acaso no nos escuchaste? Nadie podía permitirse la idea de que uno de nosotros se sacrificara…

¿Y si mueres? ¿Y si no vuelves? ¿Y si te pierdo a ti también? No llegamos hasta acá para morir. Teníamos planes, ideales ¿y ahora? No me digas, ni se te ocurra. Ya sé lo que me pedirás porque ya me lo han pedido antes, pero… ¿Seguir con vida después de esto? Seguir después de esto sería como suicidarme lentamente; como la peor de las condenas, porque no sabes cuando va acabar, porque no puedes acabar con ella tu mismo, porque hay más personas a mi alrededor, porque lo prometí…

¿Y si te hago prometerlo? ¿si te lo pido? Eres una persona de palabra, una persona que cumple, que no se niega ¿Y si te digo que es lo que más deseo? No es por presionarte pero no encuentro otra manera. Es todo lo que te pido… esto es realmente importante. VIVE, sólo vive.

Promételo. Promete que vivirás…

¡Vive!

¿Lo dije o lo pensé?

¿Me escuchaste?

Espero que me hayas escuchado…

Yo quería pedirte algo cuando llegáramos a la colonia…

Luna… ¿tú también te vas?

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"¿Qué se necesita para salvar una vida?"

"Amar… amar mucho a quien deseas salvar."

"¿Y si no les conoces? ¿Qué te motiva a salvar esas vidas?"

"Las personas a quienes amo"

-¿Qué vamos a hacer, Keiko-san?…- la voz suave de Aiko sacó a Keiko de su ensueño.

La mujer pegó un respingo y se giró, enfrentándose a los ojos plata de la niña que se encontraba jugando ansiosamente con el cuello de su suéter azul. Arrugando irremediablemente el cachemir que a su abuelo tanto le había costado conseguir.

Keiko Nakamura le dirigió una mirada impávida y negó. Nada. No podían hacer nada. Aiko clavó su vista en la alfombra, empuñando sus manos. No podía terminar ahí, no de ese modo… sintió como Keiko pasaba junto a ella, dando largas zancadas. Pudo ver de reojo como el cabello largo y negro de la reportera ondeaba a cada paso que daba. La siguió con la mirada y se sorprendió al verla ponerse un abrigo oscuro y calzarse unas elegantes zapatillas.

-Keiko-san qué…

Aiko sintió que su piel se erizaba al ver como la mirada oscura de Keiko chispeaba con decisión. Los ojos de Keiko eran azules, de un aguamar oscuro que le penetraba y le inspiraba confianza. Se preguntó si había visto antes una mirada así… ¿la había visto? ¿en dónde? La voz de la reportera la regresó de golpe a donde se encontraba.

-Anda…- dijo Keiko, alzando un par de botines color caramelo que le pertenecían a Aiko.- Aquí no podemos hacer nada… tenemos que buscar la manera de contactar con la gente de Mirach.

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¿Cuánto tiempo había pasado? Todo parecía avanzar endemoniadamente más lento y, a momentos, sentía como si las escenas ante él se congelaran. Sabía que no era así. Escuchaba los gritos y a Nerima, su segundo al mando, dando ordenes aquí y allá. Los pasos presurosos de su tripulación le ensordecían de a ratos y esa maldita alarma acabaría por hacerle estallar la cabeza.

Había dado ordenes claras hace unos segundos "giren rumbo a Mirach, toda la energía a babor. Necesito a Gyet en mi monitor AHORA. Desconecten la energía de las bodegas, no necesitamos gastarla ahí… ¿dónde está Lucà? Necesito que mida la longitud aproximada que tomará la tormenta…" y justo en ese momento ni Gyet estaba en su pantalla ni Lucà había aparecido…

-¡Mustang-Sama!- exclamó una mujer, apareciendo detrás de Alexandre y tomándose el pecho agitada.- Capitán… tenemos… tenemos respuesta de Mirach.

Alexandre se giró para ver a la menuda mujer ,que se encontraba a duras penas de pie ante él.

-¡Pues póngalo en la pantalla, Arazawa!- exigió, molesto porque llegase a informarle antes de establecer la comunicación. Era prioritario hablar con Gyet…

-Gomene, Mustang-Sama- respondió, mirando apenada al piso – Pero es lo que necesito decirle… no podemos establecer comunicación con Gyet-San, parece que se encuentra en otra transmisión.

-¿¡QUÉ!? ¡Esto es increíble!

Alexandre caminaba de un lado a otro, revolviéndose el cabello. Necesitaba pensar en algo, rápido… tenían que escapar, la fuerza atrayente de la tormenta era mayor de lo que Hawkeye podría tolerar…

-Nos va a tragar.

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Misión: Restauración NE-098

Líder de la misión: Minagawa Kenji-San.

Motivo de deceso: Explosión en la cabina de mando.

Sobrevivientes de la tripulación: Cero.

Cuerpos encontrados: 200

Cuerpos perdidos: 175

Cuerpos sin identificar:96

Notas:

Ningún cuerpo de infante fue encontrado, pese a que se sabe que la hija del Capitán Minagawa –Minagawa Luna– formaba parte de la tripulación.

Una nave de rescate se encuentra perdida. Se apoyan teorías.

Captura 7

Misión: Restauración NE-098

Líder de la misión: Minagawa Kenji-San.

Motivo de deceso: Explosión en la cabina de mando.

Sobrevivientes de la tripulación: Cero.

Cuerpos encontrados: 280

Cuerpos perdidos: 95

Cuerpos sin identificar:30

Notas de captura 7:

Ningún cuerpo de infante fue encontrado, pese a que se sabe que la hija del Capitán Minagawa –Minagawa Luna– formaba parte de la tripulación.

Una nave de rescate se encuentra perdida. Se apoyan teorías.

No hay registros de naves aparecidas en la colonia JUPITER ni en sus circunvecinas. Se ha descartado la idea de que la nave llegase a salvo a cualquier colonia. Se descarta la idea de su aterrizaje en la colonia MARTE. No hay registros de aterrizaje en ninguna de las colonias. No se reportan registros de nuevos habitantes en ninguna de las colonias.

Se descarta la supervivencia de Minagawa Luna.

Se revoca al equipo de búsqueda.

Notas de captura 7 –Una semana después–:

Se le asigna un castigo al equipo de búsqueda. Se le revoca de su puesto al Capitán por dos meses.

Se reintegra al Capitán a su puesto tras amenaza de renuncia –no es conveniente para el CEBE perder a dicho Capitán–.

Notas de periodista:

Tanto el capitán como yo hemos intentado dar con Minagawa Luna, sin éxito alguno. No queremos pensar que haya muerto. Sin el apoyo correcto del equipo del CEBE la búsqueda se complica.

El CEBE ha impuesto una amenaza de demanda. No es posible continuar con la búsqueda sin involucrar aspectos legales contra nosotros.

Aiko leía con atención el informe que tenía entre sus manos. Garabateado a mano y tachado en diversas frases. Le había llamado especial atención que tuviese esos archivos en papel, siete archivos para ser exactos, siendo que eso ya no se usaba. Las tabletas y reportes holográficos eran, no sólo más modernos, sino también prácticos. Uno podía compartirlos de una galaxia a otra en segundos y no había riesgo de pérdida.

Observó de soslayo a Keiko, que se encontraba hablando apresurada con un habitante del planeta Mirach. Gyet, le había llamado ella. Tenía unas ganas inmensas de quedársele viendo a la pantalla, jamás había visto a un ser así y le parecía sencillamente fascinante.

La piel aguamar de Gyet hacía un contraste increíble con esos enormes ojos azules que abarcaban buena parte de su cabeza. Las marcas de su cuerpo eran a penas visibles bajo el uniforme que portaba y su cabello era de un tono un poco más oscuro que su piel… ¿eran esas antenas? Quizás fuese parte de su peinado… se preguntaba qué tan alto podría ser y si realmente sería tan delgado como parecía en la pantalla.

Sacudió su cabeza y volvió a clavar la mirada en el informe.

-No seas indiscreta.- se reprendió al notar que se le quedaba viendo nuevamente a Gyet.

Minagawa Luna, por algún motivo ese nombre le sonaba. Alzó la vista y la clavó en el techo de la oficina de Keiko, tratando de recordar dónde había escuchado ese nombre antes…

Ishii Luna. Claro, la compañera de Kaoru. Pero la persona de éste informe se apellidaba Minagawa, no Ishii… ¿de dónde había sacado la relación? Frunció el ceño, le gustaría ver una foto de Minagawa Luna-San.

Ishii Luna, sí, podía recordarla. Se había escabullido en la dirección de su escuela para sacar una copia de sus datos que se encontraba en la base de datos. Era una muchacha menor que ella, por algunos meses si no mal recordaba, de cabello naranja y corto y unos ojos azules que se le hicieron especialmente bellos… por algún motivo no pudo evitar recordar a Keiko cuando vio la foto de la chica. Ambas tenían una mirada penetrante, feliz y decida.

Ahora recordaba, Ishii Luna también era huérfana. Los motivos se encontraban registrados como personales/desconocidos. Pero sabía, por la investigación que había hecho, que ella vivía sola en uno de los complejos del distrito cinco junto con una compañera androide llamada "Chako", que también había abordado a la nave el día del viaje escolar. Trató de hacer memoria sobre qué más había anotado en el informe que le entregó a Keiko sobre sus compañeros… su tipo de sangre, dirección, número de teléfono, registros bancarios, becas y apoyos económicos que el gobierno le había facilitado… al parecer la androide estaba registrada su "tutora" y el apellido de Luna había sido tomado de un carné que fue encontrado entre sus ropas por los policías que la hallaron. Se preguntó si, de casualidad, Ishii Luna era Minagawa Luna. Demasiadas coincidencias para su gusto, tenía que confirmarlo…

Escuchó como, finalmente, Keiko colgó con Gyet y se giró para verla, con las hojas en la mano.

-Keiko-San…- la aludida despegó la vista de la tableta donde se encontraba registrando los últimos datos que había discutido con Gyet.

-Dime, Ai-chan.

-¿Conoce usted a alguien de apellido "Ishii"?

Keiko le regaló una mirada indescifrable.

-Es el apellido de Luna, la compañera de Kaoru-kun.

-Lo sé, me refiero a ¿no conoce a alguien más con ese apellido?- preguntó, acercándose a la reportera y dejando los documentos en el escritorio.

Keiko observó por un momento los papeles que Aiko había dejado frente a ella y después clavó sus ojos en los de la chica, sonriendo con algo de orgullo.

-¿Qué has descubierto, Ai-chan?

-No estoy segura, por eso le pregunto. ¿Conoce a alguien más con ese apellido?

Keiko asintió suavemente con la cabeza y abrió una de las gavetas de su escritorio. Aiko pudo escuchar como la mujer revolvía un poco el interior del cajón para después sacar un pequeño marco y extendérselo. La castaña observó por un momento el objeto y, después de pedir permiso con la mirada, lo tomó entre sus manos.

Reconoció a Keiko al instante. Unos años más joven, quizás de unos dieciocho o diecisiete años, con el cabello corto pero tan negro como ahora. Sonreía emocionada a la cámara y un sonrojo se asomaba en su rostro. Junto a ella, una mujer… Aiko abrió un poco la boca al verla y soltó un jadeo de asombro. Era una mujer hermosa, de cabello naranja, largo y ondulado hacía un contraste especial con su piel, que era tan blanca que parecía brillar con el sol que hacía en ese momento, y su sonrisa era cálida. Se perdió por un momento en los ojos chocolate de la mujer y un imperceptible rubor se apropió de sus mejillas. Era encantadora. Le parecía casi irreal, tan maternal, tan dulce… ¿era una simple imagen capaz de transmitir todo aquello? De pronto abrió sus ojos de golpe… era muy parecida a Luna, muchísimo… tanto que…

-Su nombre era Minagawa Mikoto. Fue mi mentora cuando comencé a incursionarme en el periodismo.

La voz de Keiko sacó a Aiko de sus cavilaciones. Volteó a verla y notó como la reportera le regalaba una sonrisa. Aiko no supo descifrar si se le veía feliz o nostálgica.

-Mikoto-San…- Keiko desvió un poco su mirada – murió unos meses después de que tomamos esa foto. Enfermó de gravedad, llegó tan pronto a su fase terminal que fue imposible hacer algo.

Aiko sintió como si le hubiesen arrojado un balde de agua fría. ¿Cómo una persona que parecía estar llena de alegría y vida había muerto tan joven y de ese modo? No pudo evitar sentirse triste.

-Mikoto-San era la esposa de Minagawa Kenji y su apellido de soltera era Ishii. Después de la muerte de su esposa, Kenji-San fue asignado a la misión que mencionan estos documentos.

-Y se llevó a su hija con él…- murmuró Aiko, atando cabos. Por eso Keiko guardaba esos archivos en papel... era más seguro.

Keiko asintió, sin despegar sus ojos de los de Aiko.

-Minagawa Kenji fue el profesor de Alexandre, cuando él decidió entrar al CEBE.

-Cuando encontraron a Luna ella ya tenía un par de días perdida y parecía recordar realmente poco…- mencionó Aiko, recordando lo que le había dicho el director de la dependencia de servicios sociales. –Chako, al ser un androide destinado para el hogar y cuidado, se proclamó a sí misma como tutora de Luna.

-El carné que encontraron en las ropas de Luna era el de su madre. Cuando comenzó a trabajar en la NBC aún estaba soltera y a Luna le gustaba mucho jugar con las cosas de Mikoto-San. Cuando la NBC terminó de tramitar su papeleo de cambio de apellido, Mikoto-San le regaló su antigua credencial a su hija.

-Por eso el apellido que le pusieron a Luna era el de su madre y no el de su padre.

Keiko asintió.

-He pensado en ello y, debido a la naturaleza de la aparición de Luna y a que ella no recordaba nada, simplemente se agregó el registro sin hacer una investigación previa, la cual solamente hacen cuando el niño no cuenta con tutor…

-Ya veo, al hacerse responsable Chako no fue necesario investigar al respecto…- Aiko frunció el ceño – El tiempo pasa y las dependencias publicas parecen no evolucionar, ¿en qué cabeza cabe no investigar?

Keiko le regaló una sonrisa y se encogió de hombros.

-El gobierno no siempre es tan escrutador como parece… - responde la pelinegra, bajando la mirada, con expresión molesta –si hubieran hecho las cosas como se debe… Luna no habría tenido que pasar todos estos años sola… Alex y yo estuvimos buscándola. Teníamos la esperanza de que su nave hubiese aterrizado en alguna colonia, quizás en alguna de las zonas sin mayor vigilancia…

-Como el distrito veinticuatro.- la interrumpió Aiko. –Los distritos marginales no cuentan con sensores de cuidado…

Keiko suspiró y se puso de pie.

-Pero lo hecho está hecho…- dijo, mientras caminaba para colocarse frente a Aiko.

La castaña observó a Keiko y se sonrojo, apenada. La mujer le sonreía con devoción y orgullo.

-Gracias, Ai-chan.

Aiko le regaló una mirada confundida.

-Gracias a ti terminé de armar el rompecabezas del paradero de Luna… y gracias a ti podré darle a esa niña el hogar que se merece. Es lo mínimo que les debemos a sus padres.

Aiko parpadeó un par de veces… les debemos… ¿se refería al Capitán Mustang y a ella? Una sonrisa emocionada se dibujo en su rostro. Había sido útil para hacer feliz a Keiko-san y Alexandre-San, además, estaba segura que Luna-san sería igualmente feliz.

No sabía por qué, pero pensar en eso le alegraba también.

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-¡Alexandre-Sama!

El aludido se giró rápidamente, conteniendo las ganas de lanzarse encima de su subordinado.

-¿Se puede saber dónde demonios estabas, Lucà?

-Perdona, pero…- Lucà respiraba agitado –vengo de la cabina este, necesitas ver algo.

Alexandre siguió a Lucà hasta una mesa que se encontraba justo en el centro del lugar. Desvió su mirada para ver a su tripulación, todos se movían diligentemente, apresurados. Sonrió con orgullo, parecería un caos, sí, pero si uno sabía observar podía darse cuenta que todos se encontraban trabajando… a prisa, pero como se debía.

Se detuvo junto a Lucà y éste encendió los hologramas de la mesa. Una serie de gráficos y datos se desplegaron, iluminando de azul el rostro de ambos hombres. Lucà alzó su mano para alcanzar una imagen que flotaba justo sobre su cabeza, la arrastró con los dedos y la expandió. Pronto un holograma de la tormenta se desplegó ante ellos.

El holograma, antes de un azul suave, se comenzó a tornar rojo carmín, morado y gris en algunas zonas. Parpadeando un par de veces, como si perdiese señal.

Alexandre se acercó a la mesa y observó a la "Tormenta en miniatura". Lucà pudo escuchar como su superior maldecía en voz baja y le tomó del hombro para llamar su atención.

-Eso no es todo…- mencionó, señalando unos contadores que yacían en la parte baja.

Los ojos de Alexandre se abrieron de par en par. Era la longitud de la tormenta. En el primero mostraba la longitud actual, que era de por sí descomunal, el segundo mostraba la longitud, masa y nivel de riesgo que podría representar dicha tormenta… los números ya estaban en rojo, con exponencial sobre 40 y seguían subiendo. A ese paso la tormenta cobraría el tamaño suficiente para tragarse Alpheratz y Mirach en menos de quince minutos. Si no la detenían entonces no tardaría en tragarse el resto de las colonias…

El silencio se hizo presente en toda la cabina. Un silencio que a Alexandre le pareció más ensordecedor que el ruido mismo de las alarmas.

El Capitán Mustang le dirigió una mirada a su equipo, todos observaban atónitos el holograma que se alzaba imponente a la mitad de la sala. Pudo notar como algunos perdían el color de su piel y escuchó como Arazawa soltaba un jadeo asombrado.

Todos sabían lo que eso significaba… Si la tormenta seguía así, pasaría de ser un Hiperespacio problemático a un agujero negro. Alexandre apretó los puños, con impotencia, y clavó su mirada en el suelo. Tenía que hacer algo, tenía que pensar en algo, eso no podía acabar así… no podía permitir que su gente muriera por su culpa. No podía permitir que Mirach y Alpheratz se vieran arrastrados a esto sin saber si quiera qué estaba pasando… no podía permitir que esta cosa se tragara a las colonias… si tan solo hubiese podido contactar con Gyet minutos antes, entonces ellos podrían controlar y estabilizar la tormenta.

No sabía qué hacer… por primera vez en su vida, no sabía qué hacer. Se estaba preparando mentalmente para el caos, no podía obligar a su equipo a seguir trabajando en estas circunstancias… quizás preferirían hacer llamadas a la Colonia… quizás él mismo debería hacer una llamada…

De pronto el ruido volvió, los pasos apresurados regresaron y la voz de Nerima indicando que cortaran la energía en todo lugar que no fuese totalmente indispensable… Alexandre alzó la mirada, encontrándose con su personal trabajando con más premura que antes.

Sintió como Lucà corría a los comandos para apagar, quizás, el área este –que era donde se encontraba él antes, solo–. Observó a Nerima y su segundo al mando le regresó la mirada.

-No está solo… Capitán.- le dijo Nerima, regalándole una sonrisa y llevando su mano derecha con los dedos juntos hacia la sien.

Alexandre bajó la mirada, escondiéndola detrás de su cabello, sonriendo… sintió que podría soltarse a llorar de orgullo en ese momento. Sin más, alzó el rostro y respondió el saludo de su segundo.

Comenzó a dar largas zancadas hasta postrarse en el comando principal. Esto no se terminaba aún…

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