¡Hello, my friends! Aquí llego de nuevo, con otro capi que escribí durante las vacaciones para tener algo que subir cuando llegaran mis exámenes, porque estudiando no iba a poder escribir nada de nada.

No pensaba subirlo aún pero como vengo muy contenta porque el examen de esta mañana de contabilidad me ha salido medianamente bien n.n compartiré mi alegría regalándoos un capitulillo, jejexD. Éste al principio iba a ser más largo porque tenía pensado sólo hacer este y otro capi más, pero me vi muy apurada. Además que me da penita acabar la historia, sniff.. Así que decidí que iba añadir otro más para tener más espacio y recrearme en las sensaciones y preocupaciones…etc, etc.

Pero aun así son poquitos capis los que quedan. Ésta mi gran obra maestra (je, que rima) casi se terminó… U.U Muchas gracias por los reviews y el apoyo.

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San Valentín desaparece

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Ellie y Sirius se decidieron a contar al grupo que estaban saliendo justo el día anterior a San Valentín. Y fue porque sabían que ese día no iban a poder evitar las carantoñas, ni los besos, ni los mimos, ni siquiera los regalos que cada uno había pensado para el otro. Ateniéndose a la verdad, no es que lo contaran, sino más bien que se descubrió.

Estaban los dos en la Sala Común, pues Lily y James habían subido entre risitas a la habitación de los chicos (habitación de las chicas, porque allí estaban las tres gracias, Hilary, Paulie y Katy, probándose nuevos modelos).Habían echado a Remus, que enfurruñado se había apalancado en el sillón de al lado. Peter andaba últimamente perdido.

Sirius miró a Remus, su semblante triste y apagado que no había forma de quitarle de la cara. Por lo menos ya había empezado a comer un poco, pero estaba más delgado y pálido. Eso, sumado al hecho de hacía poco había sido luna llena, le daba un aspecto demasiado demacrado para su gusto.

-Vamos, anímate un poco, Lunático –le dijo, después de un buen rato en silencio.

Remus suspiró.

-No lo entiendes, Sirius. No hay una maldita cosa que me anime. Mañana es San Valentín, y cuando pienso que podríamos haberlo celebrado… Siempre es así, siempre hay algo que me recuerda a ella. No sé si voy a superar esto alguna vez.

-¿Tienes pensado visitarla en Semana Santa? –le preguntó Ellie.

-¿Y soportar que no me reconozca? No sé si podría verla con el aspecto de la Genine que tanto quiero y saber que solo tiene diez años, que yo no pertenezco a su vida ni lo haré.

-Pero aunque sea como amigo…

-Sería más doloroso aún, recordar lo que había sido y lo que no podría ser. No… no funcionaría.

Remus se había despedido de ella la última vez que la vio. De palabra y de pensamiento, con el corazón encogido mientras la observaba marcharse, feliz y como una niña, cogida de la mano de su madre.

A Ellie se le empañaron los ojos, y con un suspiro se echó sobre el hombro de Sirius y lo abrazó.

-Yo me moriría si me pasara eso –comentó.

Después de unos minutos, Ellie volvió a su sitio, colorada. Sirius se atusó el flequillo, con una sonrisa de oreja a oreja, retando con la mirada a su amigo. A menos ahora no tendrían que esconderse, aunque encontraba excitantes los encuentros ocultos, como si fueran criminales.

Remus alzó una ceja, pero no dijo nada.

Ellie creyó que se había salvado, hasta que Lily bajó con James un rato después, y al ver el sonrojo en la mejilla de su amiga, que aún persistía, comentó:

-¿Hay algo que nos queráis contar?

-¿Qué?

-Oh, vamos, estás tan roja como un pimiento, y Sirius tiene esa sonrisa pícara que…

Por supuesto que tenía que ser Lily la que, ni corta ni perezosa, hiciera ver los secretos de los demás. Ellie estaba incluso sorprendida de que no se hubiera dado cuenta antes, tan observadora que era ella para esas cosas. Quizá estar con James echaba por tierra sus percepciones extrasensoriales para descubrir los trapos sucios de los demás.

-Nosotros, mmm… Esto, pues…

Ellie se mordió el labio, pero entonces, de repente, no pudo evitar soltar una risita, que en dos segundos era poco menos que una carcajada.

Y es que, casi esperando el momento oportuno, lo habían intentado todo para que ninguno de sus amigos lo descubriera: dejaban sus momentos de pasión –propiamente dichos- para cuando estaban a solas, intentaban no encontrarse juntos muy a menudo, Ellie reprimía sus impulsos de escribir ExS en cada esquina de sus pergaminos, e incluso Sirius había llegado a esconder el mapa del merodeador cada vez que salía a sus encuentros.

Casi era cómico que por un simple sonrojo se hubiera ido todo al traste. Pero por otro lado, la aliviaba. Merlín, ahora que lo pensaba, había sido todo tan ridículo.

Sirius pronto se le unió a la risa, pillado en su travesura, aunque nada arrepentido. Había sido divertido. Siempre lo era saber algo que los demás no.

-Lo cierto es que estamos saliendo –anunció.

Más divertido era ver sus caras de sorpresa.

-¡Accio Cámara!

Una cámara de fotos salió flotando de la habitación de los chicos y antes que nadie se diera cuenta de lo que estaba pasando, Sirius les echó una foto a cada uno de los presentes con cara de what?, y una en conjunto.

-Pero… -Lily se tapó los ojos. El flash casi la había dejado ciega.

-¿Desde cuándo tienes cámara? –James lo flipó en colores. Canuto se estaba poniendo rebelde, pensó. Nunca le había ocultado tantas cosas.

-La pedí por correo días antes del cumpleaños de la pelirroja-comentó de pasada Sirius-. Pero después de todo no le pediste que se casara contigo.

A Lily se le desencajó la mandíbula, se le salieron los ojos de las órbitas y adquirió tal tono de rojo que parecía que le había dado una insolación.

-¡Ésa, ésa era la cara que quería inmortalizar! –hizo cinco o seis fotos seguidas desde diferentes ángulos y luego se volvió a James para hacerle una foto también a él–Esto es mucho mejor de lo que pensaba…

La cara de James estaba igual o más roja que la de Lily.

-Te voy a matar, y luego cogeré tu cámara y te la meteré por el peor sitio que me pueda imaginar…

Cuando Peter volvió a la Sala Común, todos estaban riendo, incluido Remus, muy a su pesar, viendo como James se le echaba encima a Sirius e intentaba arrebatarle la cámara. Cualquiera hubiera dicho que los antiguos tiempos habían vuelto, porque todos volvían a ser una panda. Pero para él no era así. Él ya no formaba parte de eso. Subió corriendo hacia la habitación.

LJ

Al bajar de la habitación el día siguiente, las chicas se pensaron que se habían vuelto monocromáticas. No era exageración, prácticamente toda la Sala Común de Gryffindor estaba roja.

Grandes corazones de papel rojos colgados en cada rincón de las rojas paredes, besos de labios rojos que iban y venían por el aire, cojines rojos en cada sillón (rojo). ¡Rojo, rojo, rojo! Hasta las pocas personas parejas que había estaban tan rojas como las rosas que se regalaban.

-¡Por favor! ¿Quién ha invadido nuestra sala para hacer esto? –exclamó Lily.

-¿Os gusta la decoración? –les preguntó una sonriente Katy, acercándose- Nos pasamos toda la noche.

Debía habérselo imaginado.

-No he dicho nada.

Por supuesto que tenían que haber sido esas tres. Se habían pasado toda la tarde anterior encerradas y aunque Ellie había supuesto que estaban probándose ropa, parecía que habían estado ocupadas recortando corazoncitos.

-Algunas chicas de sexto nos ayudaron con los hechizos, pero en general el mérito es nuestro y a mí me encanta como ha quedado –se les unió Paulie-. Todo ese color rojo es lo más apropiado para San Valentín, el día del amor. Estuve pensando que todos fuéramos con algo de rojo (tú me diste la idea, Lily, porque en el baile todos íbamos de azul), pero finalmente desistimos…

Se sentaron en el sofá a esperar que sus chicos bajaran mientras escuchaban a Paulie de fondo.

-Suena bien ¿no? –Ellie murmuró lo que las dos estaban pensando –Nuestros chicos…

-Hilary propuso vestir a los elfos con algún lazo rojo, pero eso sería darles una prenda y si los liberamos ¿quién haría la comida en Hogwarts? Por no hablar de los problemas que nos meteríamos…

-¿Te has fijado –le comentó Ellie a Lily –que nos has contagiado tus charlas de hablo mucho pero digo poco a todo el mundo? Sin embargo ahora a ti no te las escucho tan frecuentemente.

-Eso es porque tengo la boca ocupada en otra cosa.

-¿En darme besos a mí?

-Mayormente –le sonrió Lily a James, al tiempo que le rodeaba con los brazos y le daba su beso de buenos días.

Sirius llegó hasta su novia con su sonrisa de conquistador.

-¿Les imitamos?

-Me parece buena idea.

Remus y Peter, que aún bajaban las escaleras, se miraron el uno al otro.

-Éstos no recuerdan que no se comen delante de los pobres –dijo Peter, no sin un deje de envidia en la voz.

-Me alegro por ellos -comentó Remus. No se quitaba la tristeza del corazón, pero en cierto modo sí era feliz porque sus amigos eran felices aunque, como Peter, no podía evitar sentir un poco de envidia. Intentó no pensar en Genine.

-Bueno, tortolitos, ¿bajamos al Gran Comedor? Tengo un agujero negro en el estómago y podría comerme hasta hígado de tritón.

-¡Peter! –exclamaron todos. Nada más eficaz para provocar que se separaran con ganas de vomitar.

-¿Qué? Es cierto.

Los demás se rieron. Peter no supo si se reían de él, o con él, y eso le llenó el corazón con un poco más de lodo. Algo negro y que se extendía sin poder evitarlo.

En el Gran Comedor todo estaba casi igual que en la Sala Común de Gryffindor. Había rojo hasta en las tartaletas de chocolate, en forma de corazón y con cerezas. Las estatuas tiraban confeti a la vez que cantaban poemas de amor.

Esa vez Lily no preguntó quién se encargó de la decoración, pues era tarea de los Premios Anuales. Lily sabía que nadie había sustituido a Genine como Premio Anual, pero de pensar a Snape organizando todo aquello le entró un escalofrío. Seguramente lo había delegado en los prefectos.

-Prueba estos pasteles, Lily. Están cubiertos de fresa -James la distrajo de sus pensamientos, mientras le acercaba un pastelito a la boca para que le diera un mordisco. Luego acercó su boca y le quitó con los labios los restos de fresa –Riquísimos.

Tan absortos estaban el uno en el otro que no se dieron cuenta de quién se había acercado a la mesa de Gryffindor, pero Sirius se puso rígido y apretó los labios ante la presencia de su hermano.

-Me extraña verte por estos lares, Regulus –le dijo.

-Demasiados Gryffindor – Regulus coincidió con una sonrisa del slytherin no llegaba a sus ojos, al menos al mirar al mayor de los Black. Parecía dispuesto a no pelear con él, pero Sirius no iba a darle el gusto.

-Demasiados sangres sucias para ti–lo contradijo. Sirius ni siquiera hacía el intento de sonreír.

-¿Cómo tú? Te creo muy capaz de renovarte la sangre sólo para contrariar a madre.

Regulus se quitó una pelusa imaginaria de su recién planchada túnica. Una de las características de los hermanos Black (casi la única, a decir verdad), era ir siempre más que presentable, arreglado y elegante.

-Sí, contrariar a tu madre es algo que yo haría –Sirius cambió de tema –Bueno, Reg, ¿te gustó mi último regalito?

-Oh, por supuesto. Mi sueño en la vida era que me saliera una lengua bífida y cola de cascabel –ironizó Regulus, pero apartó la mirada para posarla en Ellie -¿Podemos hablar?

Lo cierto era que Ellie estaba en duda, pues desde que salía con Sirius había espaciado cada vez más sus salidas con Regulus, porque aunque a ella la trataba bien, si Sirius le odiaba sería por algo. Los instintos de Sirius respecto de las personas pocas veces fallaban.

-Claro –no quería hacerle un feo, así que se levantó.

Lo siguió después de pegar un tironazo (Sirius la había agarrado la manga) y una mirada de Te quiero, no te preocupes.

-No me gusta –refunfuñó entre dientes Sirius, al verlos alejarse hasta la entrada –No sé porqué Ellie sigue juntándose con él.

-¿Qué puedes hacer? ¿Prohibírselo? –bromeó James, juntando con nata la nariz de su pelirroja.

Sirius se quedó callado. Pues no era mala idea…

-Dos minutos más y habría ido a buscarte –le dijo a Ellie cuando ésta volvió. Ellie sonrió.

-¿Estabas celoso, mi niño? –lo cogió de la barbilla y le puso morritos –Pero si yo te quiero a ti, bonito mío…

–Es hora de ir a clases –dijo Remus, cogiendo una última tostada y levantándose. Dio dos palmadas delante de Lily y James para que se separaran -¡Venga, pesados!

Los demás se levantaron también.

-¿Qué quería?

Ellie le dio un beso y luego cogió su mochila.

-Nada, Sirius. Sólo me preguntó si creía que una caja de bombones le gustaría a Janey –explicó, pero Sirius no quedó contento.

-Eso lo podría haber dicho delante de todos. Lily también es su amiga.

Ellie se encogió de hombros, apenas consciente de que el muchacho la miraba. Cierto que ella nunca había dicho que Regulus le gustaba, pero había visto una mirada extraña tanto cuando salió con él, como cuando volvió, aunque luego había desaparecido. ¿Serían solo imaginaciones suyas?

Suspiró. Él nunca había sido tan inseguro, pero respecto a Ellie dudaba de todo y de todos, aunque a la vez confiaba en ella. ¿Contradicción? Ni el mismo Sirius lo sabía. Tal vez el dicho ese de cuando se ama, se duda de todo, cuando se es amado…

-Sirius, ¿te apetece un paseo por los jardines después de clase?

Ahí estaba, otra vez esa mirada, como si ella no quisiera y no supiera porqué decía que sí. Aceptó. Se estaba volviendo loco, pero descubriría porqué.

LJ

-Ojalá descubriéramos algún modo de salir de esto –le dijo Snape a Janey cuando se sentaron juntos en una de las clases de la tarde que coincidían, Encantamientos.

-Sí –suspiró y sacó de su libro de la mochila, dejando ver un algo rojo que a Snape no se le escapó. No era la flor que él le había regalado (está bien, no es que fuera muy original)

-¿Qué es eso?

-Una tontería. Regulus me ha dado estos bombones durante el almuerzo.

-Tíralos –gruñó Snape. No quería nada de ese tío, por mucho que fuera de su casa y tuviera tan buenos gustos como él (por la chica).

-Me encanta el chocolate –la sonrisa de Janey disuadió a Snape. Quizá porque era San Valentín, pero le asaltó la vena romántica al decir:

-Sabes que haría cualquier cosa por ti –barbotó rápidamente –Pase lo que pase… no importa, yo voy a donde tu vayas…

El profesor de Encantamientos los sacó de la clase dos minutos después cuando confundió con histerismo el llanto de Janey.

Era la última clase, así que se miraron y echando por tierra sus creencias (de ambos) de que las clases eran sagradas, se cogieron de la mano y agarrando sus mochilas. Media hora más tarde estaban en los jardines, echados sobre la verde hierba, observando el cielo. La gente se había acostumbrado tanto a verlos juntos antes del compromiso, que eran pocas las murmuraciones sobre que Janey debería estar con Regulus y no jugar a dos bandas.

-¿No te parece que esto se ha llenado mucho? –comentó Janey, levantándose y mirando alrededor.

Seguramente las clases habían terminado ya y muchas parejas, sobre todo de séptimo, habían salido fuera. Algunas, como ellos, se echaban sobre la hierba, otros se sentaron en los escalones. La mayoría paseaban.

Janey saludó a Ellie, que se habían sentado un poco más allá con Sirius, y los dos intercambiaban regalos.

-Muchas, muchas gracias –exclamó ésta al ver una pulsera (¿eran eso diamantes?) grabada con las iniciales E y S, un corazón en medio y las palabras Forever rodeándolas. Se la colocó en la muñeca, donde los diamantes parecieron relucir más que antes.

-¡Guau! –casi sonó a ladrido el grito de Sirius al desenvolver el suyo -¡Unos guantes de cuero!

-Sí, para cuando conduzcas en tu moto voladora. ¿Te gustan en negro? También había azules marino…

-No, son perfectos –la tiró de espaldas.

-Auch, creo que me he dado con algo en la cabeza…

-¿Dónde? –le besó el lugar – ¿Aquí? ¿Y aquí?

Ellie rió de las payasadas de Sirius, hasta que por fin se calmaron un poco, pero sólo se incorporaron cuando se les unieron los demás.

-Bueno Peter ¿y no tienes a nadie para pasar el día? –le dijo James cuando todos se sentaron.

-Si no me quieres aquí solo tienes que decirlo –dijo Peter, intentando bromear aunque sin conseguirlo. James se revolvió el pelo.

-James no lo decía por eso –aclaró Lily, sin que le gustara el tono del muchacho-. Solo preguntaba si no te gustaba alguna chica…

-Pues no.

James frunció el ceño. No tenía porque hablarles así, pero no dijo nada. Todos se quedaron callados durante un momento.

-Haya paz –dijo Remus, intentando templar los ánimos. Después de eso puede decirse que pasaron una tarde animada. Lily no dejaba de mirar su nuevo bonito anillo, regalo de James. Él hablaba orgulloso de la escoba que la pelirroja le había regalado, bromeando que si eso era para San Valentín, para su cumpleaños casi se esperaba algo grande.

-Sí, una gran torta que te voy a dar por lo presumido que eres –bromeó Lily.

-Si ya lo tienes todo, ¿qué más quieres, Cornamenta? –dijo Sirius con sorna.

-Una casa, una mujer, un medio de transporte… -empezó Remus.

-Sólo te falta el trabajo para convertirte en un aburrido adulto gordo, calvo y con responsabilidades.

-A ti sí que te voy a dejar calvo, Canuto –lo amenazó James preparado para saltar sobre su amigo.

-Ellie, cariño, no dejes que me trasquile, ¡con lo que a ti te gusta mi pelo! –suplicó Sirius, agarrándose a la muchacha.

-¿Eh? –Ellie parpadeó –Perdona, estaba en otra parte. ¿Qué decías?

-No importa.

Sirius entrecerró los ojos. Algo le pasaba a Ellie, pero hasta el momento no había averiguado qué. Estaba nerviosa y distraída, pero no podía imaginar la razón. Se comportaba de una manera rara, pero parecía que se controlaba. Fue cerca de las siete cuando saltó y se puso de pie.

-Tengo que irme.

-¿Y eso? –Sirius la cogió del dobladillo de la falda antes de que escapara.

-Tengo, tengo que… pasar por la biblioteca un momento.

-¿Tú? ¿En la biblioteca? –se extrañó Lily. Ella nunca iría por voluntad propia- ¿Qué te pasa?

Ellie se estrujaba las manos.

-Tengo que irme –repitió –Debo quedarme… pero…creo que… tengo que irme –balbució de nuevo.

Se soltó del agarre de Sirius y dio dos pasos, pero entonces no se movió, casi como si una fuerza le pegara la planta de los pies al suelo. Comenzó a llorar suavemente.

-Tengo… no puedo quedarme… no quiero…

-¿Qué pasa, Ellie? –Sirius le cogió la mano -¿Porqué no quieres quedarte? ¿Porqué actúas tan raro? No llores, amor…

-No me toques, Sirius, por favor… -pero él la sujetó más fuerte.

-Ellie, cuentámelo… pasa algo ¿verdad? ¿Qué es? Dímelo…

James se levantó y puso la mano encima del hombro de su amigo. Éste lo miró. Los ojos de Sirius reflejaban confusión, y algo de temor, quizá.

-La estás poniendo más nerviosa.

Ellie negaba con la cabeza.

-¡No! Tú también, James, no… no, no, ¡suelta, suelta!

-¡Pasa algo! Chicos, mirad –Peter se puso en pie.

Lily y Remus supieron que algo no iba bien. Todos los que estaban en los jardines pasaban por algo parecido. Lily vio que Pamela Hastings empujaba a su novio (no sabía cuál era el de ese mes) pero éste, nada alegre por eso, la agarraba del pelo y volvía a besarla. Y entonces…

-¡No! –se volvió hacia sus amigos -¡No, James, suéltate! ¡James, es…!

-¿Qué está pasando? –preguntó Peter, que todavía andaba un poco perdido. En el tiempo de un segundo se acercó a James, tocó su túnica por accidente, y fue absorbido también junto a los otros tres.

-¡Sev! –les llegó la voz de Janey, ligeramente diferente- Ven… bésame…

Lily se dio la vuelta entre lágrimas.

-¡No, Snape, no la toques! -Pero ellos también habían desaparecido. Lily se volvió hacia Remus, con los nervios destrozados.

-James –gritó-, James… -calló hacia delante. Luego fue todo oscuridad.

LJ

Estaba oscuro. Era lo único que sabía James con certeza, estuvieran donde estuvieran. No sabía que estaba pasando, ni porqué habían aparecido ahí, pero tenía una ligera idea de quién era el artífice: Voldemort.

Claro que se le escapaban los motivos y los métodos. ¡Maldita sea! Era demasiado increíble como para tragárselo. ¿Qué demonios quería el Señor Oscuro de una panda de niñatos como ellos? Salvo causar terror y miedo en la sociedad mágica, por supuesto.

Pero no veía nada más. Tenía la mente en blanco, aunque no tan en blanco cómo para no saber que tenían que encontrar la manera de escapar de allí, y rápido, antes de que llegaran los malditos mortifagos y se los llevaran para hacerles Merlín sabía qué.

¡Lily!, pensó angustiado. Estaría tan muerta de miedo como él (sino más) pensando en ellos y en lo que les había pasado…

Mierda, mierda y mierda.

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Bueno, bueno, ahí va otro terminado. Cada vez quedan menos, me dará una pena tener que terminarlo, snif, snif, ha sido mi gran creación desde el momento en que salió de mi cabeza, aunque nunca pensé que se me pudiera alargar tanto.

Este capítulo en concreto, creo que está entre mis preferidos de los últimos que he escrito, porque, aunque ni lo tenía planeado, he abarcado un poquito de todo: las preocupaciones de Remus, Sirius&Ellie, amor aquí y allá de Lily y James, la amargura de Peter en los últimos tiempos, una pelea con Regulus, algo de Janey y Snape, todos en pandilla, y… sorpresas. ¿Dónde están los chicos? Jejejje (risa diabólica) …se descubrirá en el siguiente ^.^

Eso sí, tendréis que esperan un poco que termino mis exámenes el 13 de Febrero y no me conectaré hasta entonces (para evitar tentaciones ¬¬)

Besos y nos seguimos leyendo; Mimig2