Epílogo

Nigel abrió los ojos. Se sentía en paz. No sabía cómo había llegado a aquella cama, pero estaba a gusto. Una mano le apartó el cabello de los ojos.

-Vaya susto nos has dado- le sonrió Sydney.

-¿Syd?- el inglés miró a su jefa, confuso.

-Se ha terminado, se han ido.

Los recuerdos se agolparon en la cabeza del británico, se incorporó y se apartó de Sydney hasta donde la pared se lo permitió.

-No, tú no existes y yo estoy en algún hospital psiquiátrico de Inglaterra, imaginando que soy el asistente de una buscadora de tesoros que…

Sydney le dirigió una mirada triste.

-¿Qué te han hecho, Nigel? Soy real, esto es real. Todo lo que puedas pensar lo han hecho ellos, Mary y Charles. No podían controlarte, te resististe demasiado y provocaron esos falsos recuerdos. ¡Claro que eres mi asistente! ¡El mejor que he tenido nunca!

-Necesito dormir- susurró el inglés volviendo a tumbarse. Se sentía como si le hubiesen exprimido toda la energía y mantener los ojos abiertos y hablar fuese una tarea exhaustiva. La profesora Fox observó el lento subir y bajar del pecho de su asistente, se había vuelto a dormir.

-¿Cómo está?- Alice levantó la vista de sus papeles.

-Creo que estará bien… Mary y Charles han conseguido que crea que está loco, y que su vida ha sido una ilusión.

-Vaya, eso es muy desmoralizador.

Sydney se dejó caer en una silla.

-Sólo espero que sea capaz de recordar quién es en realidad.

Sheila había limpiado los restos del ritual, no eran cosas que quedasen bien en un convento y tampoco sería fácil explicar qué estaban haciendo ahí. En cuanto terminó, bajó a reunirse con las otras dos mujeres y le tendió el brazalete a Alice.

-Todo suyo, con lo que le den por él podrá reformar este sitio, al menos el tercer piso, que está en bastante mal estado.

-Me parece que no lo quiero- la Madre Superiora no era supersticiosa… bueno, efectivamente no lo era, no podía haber pensado un tiempo verbal más adecuado.

Sheila sonrió.

-Es una joya normal, ahora. Ha quedado libre de magia.

-¿Cómo estás tan segura?- quiso saber Sydney.

-Bueno, el ritual salió bien. No tiene por qué no funcionar.- Sheila apartó un rizo pelirrojo de su cara y lo colocó detrás de una oreja.-A la gente le gusta eso de las cuatro palabras y la poción para el amor eterno, pero la magia de verdad es esto... Supongo que lo otro asusta menos, y algunas tenemos que comer- añadió guiñando un ojo a Alice, que hizo un gesto de reprobación sin ocultar una sonrisa divertida-. ¿Cómo está él?

-Aún es pronto para decirlo.

Sydney repasó mentalmente los hechos. Habían llegado al convento y subieron al tercer piso, al lugar en dónde se encontraba el cadáver de Mary. Sheila hizo unos cuantos dibujos en el suelo y realizó el ritual. Cuando acabaron, las tres bajaron a comprobar cómo estaba Nigel y lo encontraron inconsciente en el suelo. Lo acostaron en la cama, donde durmió un par de horas mientras murmuraba cosas como "Nada es real" "Todo mentira". Cosas que Sydney no comprendía… hasta ahora.


-Me alegro de que el brazalete sirva para algo. Es genial que ninguna de las familias lo quiera y se haya vendido a tan buen precio… ¿Alguien ha considerado decirle a la madre de Sam que ya no tiene poder?- El comentario de Nigel hizo reír a Sydney y a la Madre Superiora. Le había costado lo suyo, pero Syd había conseguido convencer a su asistente de lo que era real y lo que no.

-Supongo que se dará cuenta ella sola. Sheila ha asegurado que no se le podrá restituir la magia.

-Y la familia de Kate ha sido muy generosa con su donativo- apuntó Sydney.

-Ha sido gracias a vosotros, si no hubieseis desentrañado todo el misterio. La historia de los Howards puede ser contada ahora… al menos casi toda.

Nigel le dio las maletas al taxista, que las llevó al coche. Le tendió la mano a la Madre Superiora, quien le sorprendió con un abrazo.

-Me alegro de que todo haya vuelto a la normalidad.- dijo.

Ahora era el turno de Sydney de despedirse, tenía la sensación de que no iba a ser aquella la última vez que viese a la monja. Luego agarró a su asistente del brazo.

-Y creo que ahora nos vamos a tomar unas merecidísimas vacaciones.

El inglés miró a su jefa sorprendido.

-¿Vacaciones…? Creía que íbamos a volver a la facultad.

Alice sonrió y saludó con la mano antes de cerrar la verja. Podía oír la conversación de los profesores mientras se alejaban, caminando despacio.

-¿Y a dónde vamos?

-A dónde quieras- contestó Sydney sin soltar el brazo del inglés-. Aunque… yo había pensado en Louisiana…

-Sydney…

La cazatesoros rió mientras apretaba el brazo de Nigel, era estupendo que todo volviese a ser como antes.


N.A. Pues esto es todo amigos! Espero que no os haya defraudado el final...Se puede reescribir, sólo teneis que pedirlo, soy vuestra humilde servidora!

Especial agradecimiento a CellyLS, a quien considero desde ya como una gran amiga, por su enoooooorme apoyo, y es que si no es por ella creo que no hubiese retomado el fic, gracias a tí tengo más ganas de escribir que nunca.