N/A = NOTAS DE LA AUTORA. N/T = NOTAS DE LA TRADUCTORA.

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Black Wings
Por: Aisaki Sumi

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Capítulo Diecisiete

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Sakura se apoyó en la rugosa superficie del tronco de un árbol y vio caer las hojas perezosamente; una mano trazaba flojamente, círculos ligeros como plumas con la yema de un dedo y ocasionalmente picando el dibujo de Mashimaro en su caja bento.

El calor de su almuerzo se colaba por el delgado plástico de su caja bento, calentando sus frías, algo entumidas yemas de los dedos.

Dio un respiro profundo, se relajó y se rindió ante la amable caricia del viento apenas frio de finales de otoño e inicios del invierno. A ella le gustaba la sensación del fresco y algo lozano aire soplando contra su cara; el olor a humedad en el aire.

La vista de hojas cayendo, todas pintando una escena que era casi como la foto de un sueño, vaga y llena de colores ricos que calentaban su corazón. Hojas muertas se arremolinaban en el aire frente a ella, danzando jovialmente al compás inaudible de final de estación. Cerró los ojos, después inhalo, profundamente.

Otra estación llegaba a sus fin, aun así la transición era vaga—casi demasiado imperceptible. El frio estaba cerca, y la temporada muerta estaba arribando rápidamente en alas invernales.

Era la única estación donde los cambios se daban lentos y como dormidos, alcanzados por la calma después de una temporada ocupada. Sakura apartó los mechones que caían en sus ojos, delicadas yemas de dedo dejando toques ligeros como mariposas por su pálida piel, casi sin color.

Se sentó en solemne silencio mientras miraba caer las hojas, testiguando muertes, y viendo a la estación pasarla. Esas hojas caídas, recordó, se veían marchitas y sin vida. Bailaban en el frio, aire refrescante, como millones de mariposas aleteando sobre el campo.

Se veía como si el cielo lloviera hojas de color castaño rojizo. La imagen era fascinante, como la pintura de un cuento de hadas.

Por alguna extraña razón, no podía sentirse atraída por esta belleza como normalmente lo haría. Algo faltaba, o mejor dicho, alguien faltaba. Su mirada se desplazo hasta el espacio vacío al lado de ella, un sentimiento desconocido tiró de las fibras de su corazón como si estuviera esperando a alguien.

Él no está aquí hoy. Notó suavemente.

Ella en realidad debería de estar celebrando ese momento, en que finalmente él había tenido suficiente de su silencio y había dejado ir a molestarla hasta el quicio. Pero no lo estaba. Ella no sentía la alegría. Solo vacio, como si hubiera un pequeño agujero en su corazón.

Sakura se palmeo ligeramente la frente, solo con la fuerza suficiente para regresar el sentido a su cabeza. Apacible tranquilidad, soledad y pintar el mundo eran las únicas cosas que quería en la vida.

Y ahora, él ya no estaba cerca. Ella debería estar feliz, ¿verdad?

Pero entonces ¿por qué su corazón había perdido algo o más bien, alguien? ¿Por qué subconscientemente echaba de menos sus molestos balbuceos? ¿Por qué de repente encontraba toda esa quietud un poco incomoda?

¿Realmente se había acostumbrado a tenerlo cerca tan de repente, cuando había dejado de aparecer, ella había empezado a sentirse un tanto delirante?

Frotándose las sienes, Sakura decidió ignorar los pensamientos en su cabeza y ocuparse en otra cosa. Saco una pieza de papel que tenía escrito Literatura Japonesa Tarea 3 sobre ella. Era otra tarea para entregar para la unidad de poesía.

Ella odiaba escribir poemas, porque no podía ver como los escritores decían que podían usar palabras para expresar sus sentimientos y pensamientos más profundos. Es que solo no funcionaba igual para ella. Las palabras eran engañosas; las palabras podían mentir.

Los ojos verde esmeralda escanearon el párrafo de introducción en el papel y se detuvieron en la parte de los procedimientos. Ella podía escoger su propio tema y escribir un poema sobre él. Aunque debía contener alguna experiencia personal.

Sakura entonces saco una arrugada pieza de papel, y se quedo mirándola. Era un poema que había escrito ese día en clase cuando su cerebro revolvía ideas para su tarea de poesía. La idea solo la golpeo y decidió escribirla de inmediato.

Sus ojos se detuvieron en la línea "No sueño, porque los sueños solo llevan a las pesadillas."

Imágenes de un suelo cubierto por una gruesa manta de liquido rojo escarlata, un par de huecos ojos grises que eran embrujadoramente hermosos, una sonrisa que estaba mezclada con tristeza y burlas del mundo, y un pálido, rostro sin sangre que pertenecía a nadie más que a su madre, Nadeshiko.

Sacudiendo su cabeza violentamente, Sakura trato de sacar las imágenes de su mente. Ella no quería volverlo a ver. El frio cuerpo de su madre cubierto de sangre, y esos huecos ojos, esos inexpresivos ojos grises.

Ella no quería recordarlo. Pero esas imágenes estaban impresas en su mente. Ella nunca podría olvidarlas, ni ponerlas tras ella.

Ese trozo de memoria siempre permanecería en la parte posterior de su cabeza, regresando para embrujarla hasta el fin de los tiempos, torturándola psicológicamente hasta que rompiera su raída cordura.

Dirigiendo su cabeza hacia el cielo algo grisáceo, Sakura trato de llenar su mente con otros pensamientos, otras cosas que la distraerían. Miraba las sábanas de nubes vagar lentamente hacia el lejano horizonte, sus bordes levemente entintados de azul y gris.

Como si las anhelantes capas de nubes tuvieran un efecto calma almas, Sakura sintió que su inquietud por fin se calmaba. Sus párpados parecían haber ganado unas cuantas libras mientras se relajaba otra vez, rindiéndose ante el abrazo de la Madre Naturaleza.

Cerrando sus cansados ojos, ella se permitió desvanecer lentamente en la apacible tranquilidad y volverse parte de ella. Tal vez era tiempo de recuperar un poco del sueño que había perdido en los últimos días.

La somnolencia tomó su cuerpo. Su mente se alejó hacia la frontera entre la conciencia a medias y el cansado sueño, y lentamente cayó en el reino de los sueños—un lugar que ella temió por muchos años en el asilo, porque contenía todas sus memorias más obscuras.

Y ella recordó…

Su apartamento no era exactamente grande, pero daba una cruda, fría bienvenida, Fuertes luces iluminando todo demasiado brillante para sus ojos vidriosos. Colores emborronados, contornos fundidos en las masas sin formas que vagamente se parecían a donde vivía.

"Okaasan, tadaima! (¡Mamá, estoy en casa!)" La versión más joven de Sakura llamo, su suave voz sonó excepcionalmente fuerte en el fantasmagóricamente silencioso apartamento.

Su respiración hizo eco fastidiosamente en el espacio vacío entre las paredes; el tenue parpadeo de esperanza ante la vista de las brillantes luces murió con su primer, vistazo rápido alrededor.

Después de recibir ninguna respuesta, Sakura se quito su abrigo, pateo para quitarse los zapatos y lanzó una mirada en blanco al suelo bajo sus pies. Ella ya debería de haberse acostumbrado a esto. Su madre había dejado de responder "Bienvenida a casa" con una amorosa sonrisa desde hacía tiempo.

Hablando francamente, ella ni siquiera sabía si su madre seguía en casa. Durante el día, Nadeshiko estaba o encerrada en su habitación o en algún otro lugar del cual Sakura no sabía. Ella decía que tenía algunos trabajos, nunca específicamente que eran y donde trabajaba.

Sakura de todos modos había dejado de preguntar hacía mucho.

Era como si llevaran vidas separadas. La única cosa que las ataba juntas era el apartamento y su relación de ser biológicamente madre e hija. Aparte de eso, eran distantes la una de la otra. Uno casi podía confundirlas con extrañas.

Colocando su mochila en el suelo, se dirigió a la cocina para tomar un vaso de agua y se paseo fuera de la cocina y hacia su dormitorio con un vaso medio lleno de agua en la mano. Pero se detuvo en el pasillo al ver la puerta del cuarto de su madre entreabierta.

Perpleja, anduvo de puntillas a través del piso y se detuvo justo frente a la habitación de Nadeshiko.

Era extraño para su madre dejarla abierta así, ya que ella siempre la dejaba cerrada. Las cejas de Sakura se fruncieron en un ceño de contemplación mientras debatía consigo misma si debía o no checar a su madre por su raro comportamiento.

Inhalando profundamente, Sakura estiro una mano para darle a la puerta de madera un ligero empujón. Ahí, ella vio a Nadeshiko vestida con su vestido blanco favorito.

Nadeshiko estaba parada cerca de la ventana abierta con la espalda hacia Sakura. El cuarto estaba tan callado que incluso la caída de una aguja habría sonado excepcionalmente ruidosa.

Sakura no se movió. Estaba parada quietamente, mirando, pensando, preguntándose que era lo que Nadeshiko se tenía entre manos esta vez.

Por la ventana abierta, el viento se precipito en– un despiadado, toque congelante a través de la ropa pegada por el sudor de su espalda. Sakura se mordió el labio inferior. "o…kasan?" Su voz era sutil y llena de incertidumbre.

Silencio y quietud, con los ocasionales silbidos de los escalofríos invernales y nada más; seguía sin haber respuesta. Sakura tomo el tiempo para estudiar a esta Nadeshiko, quien parecía tan familiar pero extraña al mismo tiempo.

El cabello de Nadeshiko era del color de las cenizas. Los largos, rizos tambaleantes —como cascadas de medianoche, en cascada sobre su hombro, dándole la apariencia de una divina y exótica diosa. Los largos mechones estaban a flote en el aire como una ráfaga en espiral por la ventana abierta.

Su perfil se veía tan frágil y quebradizo, como una muñeca de porcelana, delicada y etérea. Sakura se preguntaba como una figura tan delicada podía resistir los embates del frio viento sin destrozarse al momento. De repente, Nadeshiko miro sobre su hombro.

Su cara era como de acuarela; líneas suaves que fluían como la nieve derretida por los álamos. Sus ojos eran del color del esplendor: una obscura tinta maleable, esotérica y ornamental. Como zafiros hechos de la luz de las luciérnagas de medianoche. Sus pestañas eran largas y obscuras, haciendo un notable contraste con su pálida piel—como cerámica, tan interminable y pura y suave, fluyendo como agua.

La esquina de su boca apenas y se levanto, curvándose en una sonrisa llena de desesperación y burlas, como si se estuviera riendo del mundo por su injusticia y su apatía.

"Perdóname Sakura-Chan…Yo solo quería que fueras feliz…Pero todo lo que pude darte fue dolor…Lo siento mucho…" Su voz temblaba y la sonrisa en su rostro decaía, tristeza evidente emergiendo en sus ojos.

"No pude proteger a Touya…Soy responsable de lo que le paso a él…fue todo mi culpa…y ahora, estoy haciendo lo mismo contigo…Perdona Sakura…" Lágrimas claras como el cristal empezaban a formarse en sus oscuros, ojos cansados. Había bolsas bajo esos bellos ojos de grisáceo zafiro. Ella estaba cansada; había tenido suficiente de eso.

"Solo quiero que seas feliz…Yo solo quiero verte sonreír otra vez…Pero por mi culpa, dejaste de sonreír… dejaste de reír… justo como Touya… Todo es mi culpa. No debería estar aquí. No pertenezco aquí." Las lágrimas rodaban por sus blancas, casi incoloras mejillas mientras seguía murmurando.

"Eso… no es cierto Okaasan." Sakura no estaba segura de que hacer. Querría correr hacia Nadeshiko y abrazarla, darle calor a su congelado, entumido cuerpo. Pero por algunas razones desconocidas, ella no podía moverse, como si sus pies hubiesen sido pegados al piso. No importaba que tan duro tratara de avanzar, ella simplemente no podía.

La Nadeshiko frente a ella parecía tan desconocida, como si fuera otra persona.

"Sakura…" Nadeshiko llamo suavemente, dándose la vuelta, revelando el cuchillo de cocina en su mano. Sakura sintió que se helaba la sangre al enfocar la plateada, metálica, afilada punta del cuchillo. Los instintos de supervivencia se activaron y Sakura tomo un paso hacia atrás, su cuerpo en alerta máxima.

"Solo quiero que seas feliz…" Nadeshiko siguió diciendo, su rota voz desapareciendo en un susurro, apenas audible. Levantando la mano, llevo el cuchillo hasta donde estaba su corazón y lo traspaso con él. Los ojos de Sakura se ensancharon con horror, su mandíbula cayo hacia el suelo; literalmente se congelo en donde estaba parada.

Liquido escarlata salió del pecho de Nadeshiko cuando cayó hacia atrás. Apoyándose contra el muro, lentamente se deslizo bajando por el frio muro, tiñéndolo de un brillante color rojo, dejando un rastro de sangre tras ella. Su vestido era ahora del color de una roja, rosa floreciente. La sangre rápidamente se filtró a través de la delgada tela del vestido, empapándolo.

El contraste del rojo y el blanco era impresionante. Casi tan hermoso como para existir en este mundo.

Sin saber qué hacer, Sakura estaba demasiado aturdida como para pensar. Su mente estaba en blanco.

Fue entonces que el sonido de Nadeshiko cayendo al suelo la saco bruscamente de su estado de shock. El cuerpo de Sakura temblaba violentamente mientras corría hacia el teléfono más cercano y temblorosamente marcaba el número de emergencia.

Al escuchar la voz del operador, Sakura gritó impotente, casi rogándole al operador. "¡Ayúdeme por favor! ¡Mi madre está muriendo! ¡Hay tanta sangre en el piso, por favor ayúdeme!"

Sus uñas cavaron en el material de plástico del teléfono, agarrándolo tan firmemente como si fuera el ultimo hilo de su vida.

"Esta…bien…Sakura…" Nadeshiko respiró débilmente con gran dificultad. "No pertenezco aquí…"

"Yo…velaré por ti… y te protegeré…desde lo alto…" Más sangre salió de su pecho, pero a ella parecía no importarle. Había una gentil sonrisa en su rostro—la sonrisa que Sakura pensó que nunca volvería a ver.

Esa sonrisa pertenecía a su madre solamente. Por un momento ahí, Sakura sintió como si hubiera encontrado a su madre otra vez—la que decía que la amaba, y la que le contaba historias del ángel negro cuando era pequeña.

Nadeshiko yacía pacíficamente en la piscina de sangre, dejando que la vida se fugara de su cuerpo.

Olvidándose de la llamada telefónica, Sakura se lanzó hacia la pálida Nadeshiko, sosteniéndola con fuerza entre sus brazos. No podía dejar que su madre se le resbalará de las manos otra vez, cuando acababa de encontrarla.

Sintiendo que su visión se volvía borrosa con los segundos, sus ojos derramaban lágrimas incontrolablemente. "Ikanaide okaasan, onegai! (No te vayas mamá, por favor)" Sakura rogó, sollozando.

Ella estaba asustada por el pensamiento de perder a Nadeshiko otra vez. Desde que se habían mudado a Tokyo, sentía que la Nadeshiko que ella conocía se escapaba, junto con sus amorosas sonrisas, su despreocupada risa. Era irónico como estaba de vuelta, pero justo antes del final de su vida.

Sonriendo con suavidad, Nadeshiko la miro a los ojos amorosamente, alzando una mano manchada en sangre para enjugar las lágrimas de Sakura. "Aishiteru…anata wo dare yori sora yori…mo fukaku, Sakura. (Te amo más que a nadie, más profundamente que el cielo Sakura)" La suave voz cual soprano fue fácilmente arrastrada hacia las esquinas del silencioso cuarto.

La mano que estaba levantada en el aire de repente cayó al suelo mientras la última palabra rodaba por la punta de su lengua. Los ojos de Nadeshiko se volvieron huecos y vacios, su cara blanca como la nieve y sus labios de color gris—la gama más triste de gris.

Su corazón había dejado de latir.

"Okaasan!" Sakura gritó, sacudiendo el hombro de Nadeshiko frenéticamente. Su voz estaba ronca y sus ojos estaban llenos de incredulidad y negación y de un dolor interminable. "Ikanaide okaasan! Koko ni ite! Onegai! (No te vayas, Okaasan, por favor quédate)" Pero Nadeshiko no pareció escucharla.

Namida ga ato kara afuredashite, saigo no egao ga nijinde mienai no…okaasan, ikanaide…onegai (Mientras mis lágrimas siguen rebosando una tras otra, no puedo ver tu última sonrisa a través de su bruma…okaasan, por favor no te vayas…)

Todo se estaba desvaneciendo en la obscuridad.

Estaba perdida. Estaba sola una vez más.

¡No te vayas! Quería gritarlo con fuerza, pero nada salió.

"Oi, despierta, Sakura!" Escucho una distante, voz preocupada. Una cálida mano intentaba apartar las lágrimas que caían. Ella agarro la bienvenida mano y la apretó con fuerza contra sus mejillas manchadas por las lágrimas, sin querer soltarse de la última fuente de calor.

"No te vayas okaasan…no me dejes, no quiero estar sola…okaasan!" Sakura suplicaba entre sollozos; sus frágiles hombros se sacudían.

Fue entonces cuando sintió una mano circulando su cintura, jalándola dentro de un cálido abrazo. Ella enterró su cara en el bien formado pecho de esa persona, una mano deteniéndose de la tela de su camisa.

"Shhhh está bien, era solo una pesadilla." Él susurró con suavidad, asegurándole que todo iba a estar bien. "Estoy aquí para ti, no estas sola." Él murmuró, bajando la mano por su espalda en toques ligeros como plumas para frenar sus violentos sollozos y sus resoplidos.

Sakura dejó de luchar, en sus brazos, se sentía segura y protegida. Ella ajusto su respiración hasta que fue pareja y lenta.

Relajando sus tensos músculos, se sintió caer de nuevo dentro de un profundo sueño con una pequeña sonrisa en su cara manchada de lágrimas. Era probablemente su ángel de la obscuridad. Ella pensó. Él estaba protegiéndola, ofreciéndole un hombre en el que llorar, en el cual recargarse.

Con él alrededor suyo, ella no se sentía sola.

Syaoran miró abajo a la durmiente chica en sus brazos y estudio su hermosa complexión. Rastros de lágrimas aun eran visibles en su pálida piel. A él le dolía verla así.

A menudo se quejaba con Eriol sobre su rostro inexpresivo, pero él quería verla sonreír, como lo había hecho en el retrato familiar que había visto en su casa.

Él no sabía que había causado tal dramático cambio en su personalidad, pero quería cambiarla de regreso a la persona que ella era antes. De hecho le había asustado en un principio el cuan fuerte era su deseo. Tal vez Meiling estaba en lo cierto, tal vez se sentía atraído por ella…

Pero atracción fatal o no, la línea final era que quería permanecer a su lado, y llegar a conocer a esta artista mejor.

Ella siempre estaba distante de todos los demás. Como la lejana estrella del Norte, ella era brillante, pero solitaria. Cada vez que trataba de acercarse a ella, ella lo empujaba de regreso, diciendo como ella no necesitaba a alguien en su vida.

Pero él sabía que su dureza y frialdad eran solo un modo de esconder su corazón lleno de cicatrices. A diferencia de otras muchas chicas que él conocía, ella gustaba de mantener las cosas para ella misma, llevando la carga sola.

La razón de sus acciones no era importante, insignificante para él. Todo lo que él quería era ayudarla, ayudarla a llevar esa pesada carga—fuera lo que fuera.

Deslizando una mano por su cabello coloreado como la miel, las sedosas mechas resbalaron por su mano como la seda más suave. Él la acaricio gentilmente, sosteniéndola protectoramente entre sus brazos como si fuera una delicada muñeca de porcelana.

Fue entonces cuando vio una arrugada hoja de papel en el regazo de ella. Desconcertado, él la escrutinizó por un momento con ojos curiosos y decidió echarle un vistazo a lo que era. Él se estiro para alcanzarla y la desarrugo con las manos. Decía.

Alas Negras

Por: Kinomoto Sakura


No
sueño,

Porque los sueños solo llevan a las pesadillas.

No albergo esperanzas,

Porque la esperanza solo guía a la muerte.

Me deslizo sin rumbo por la vida,

Silenciosa e inadvertida.

Como unasombra en la obscuridad.

Como un fantasma a través del tiempo.

Y espero pacientemente por el ángel negro,

El hombre con alas negras que venga a salvarme,

De mi vida y de mi muerte.

Un ángel negro…eh? La vista de Syaoran cayó sobre la pacífica cara de Sakura. "Entonces déjame ser tu ángel negro, Sakura."

No hubo respuesta de la durmiente figura, solo un sonido sordo se escucho mientras ella se movía levemente.

La sonrisa de Syaoran se alargo.

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N/A: Segunda actualización esta semana. Estoy siendo buena otra vez. -Sonríe- ¿Me pueden dar mi reviews y mis corazones de chocolate ahora? –Mantiene una mano en el aire y le pide a sus lectores sin vergüenza alguna-

¡Un agradecimiento especial va para selina-m! Eres un encanto de verdad :P siempre me da unos reviews tan largos alentadores y analíticos. –Abrazos y aprietos- ¡YO TE AMO!

Ah, y el poema no fue escrito por mí (como si fuera poéticamente suficiente para escribir algo así de bueno). Fue escrito por Tella, una lectora de Black Wings y ella dijo que el capítulo 8 la inspire para hacer ese poema, así que todo el crédito va para ella. -sonríe- (Para asegurarme de que sigue las reglas de FF.N, ella me concedió el permiso para copiarlo y pasar su poema a esta historia, ¿así que no me demanden ne? He obtenido su permiso legalmente –sostiene una pila de documentos-)

Momentos puramente SxS en el siguiente capí. No sé si serán lo suficientemente cursis para satisfacerlos chicos, conociéndome a mí y a mi cerebro angustioso…pero trataré. Duro. Muy duro.

Mientras tanto, si quieren una actualización más rápida, recuerden mandar un review y dejarme saber queeeeee tantísimo me aman XP buwahahah!

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N/T: ¡Si, no están alucinando! ¡Es verdad que hoy actualice! Las usuales disculpas que creo que nunca lograré corregir pero, ¿A qué este capítulo estuvo bueno no? No pueden decir que no. Confieso que es de mis favoritos y que la primera vez que lo leí me hiso llorar…

Y los momentos entre Syao y Saku estuvieron muy bellos ¿no es así? Por lo menos a mi me encantaron hehe. Aunque por otro lado el suicidio de Nadeshiko fue muy triste… a mi parecer no pensaba en la felicidad de Sakura al hacerlo, pero bueno así es el drama.

El poema original lo pondré en mi profile para que lo lean junto con la contestación a los reviews del capítulo pasado, los iré sustituyendo por los reviews de los capítulos siguientes conforme los suba. También hubo algunas dudas sobre las palabras en japonesas que usa la autora en los capítulos pasados, con gusto les subo un mini vocabulario en el profile, por fortuna este capítulo ya trajo traducción, si no habría sido muy confuso para todos por aquí.

Como siempre muchísimas gracias por su apoyo y por su paciencia, yo entiendo que soy desconsiderada al no apresurarme para actualizar pero hago mi mejor esfuerzo.

Me voy para ya subirles esto. Cuídense y no olviden dejar reviews, sean buenas por favor. (Por cierto, no sé quién es Mashimaro =/ si alguien sabe no dude en educarme por favor)

Nos leemos pronto.

Matta ne

Kuroi Chou º"º