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BEAUTIFUL LIE

Someone falls to pieces,
Sleepin all alone,
Someone kills the pain,
Spinning in the silence,

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To finally drift away.


DISCLAIMER - NARUTO NO ME PERTENECE.

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Hide behind an empty face,
Don't ask too much, just say
'Cause this is just a game

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1

La alarma sonó exactamente a las 7.30 a.m. en toda la habitación. Le siguió un gruñido de queja y una mano salió desde las profundidades de las sábanas en busca del botón para desactivarla. Al no encontrarlo, optó por tirar el despertador lejos.

La alarma dejó de sonar y la habitación se sumió en silencio. Misión cumplida.

Pero fue la suave brisa de otoño que movía las cortinas y dejaba que los rayos solares se filtraran hasta la habitación y dieran en la cara de la mujer. La pelirrosa maldijo por lo bajo y ocultó su cabeza debajo de la almohada, pero sus intentos de volver a dormir se vieron inútiles cuando los pajaritos comenzaron a cantar. Derrotada, decidió despertarse.

Una mata de cabello rosa sumergió de las sábanas. Renuentemente abrió los ojos y somnolienta comenzó a desperezarse. Las sábanas comenzaron a resbalarse y fue cuando la sangre comenzó a llegar a su cerebro que se percató de su desnudez.

Y de la ventana abierta.

Rápidamente se apresuró a envolverse en ellas, mientras un pequeño sonrojo se asomaba por sus mejillas. Oh demonios, esperaba que nadie le haya visto. Sería muy vergonzoso si sus vecinos la veían así. Una corriente de aire frío le recorrió en la espalda y, por un instante, deseó despertar en los brazos de alguien.

Como la noche anterior.

Recuerdos de la noche pasada hizo que su rostro tuviera un desvergonzado tinte rosado. 'Oh Sakura, eres una maldita pervertida' pero no podía evitarlo.

Recordaba sin discriminación alguna, cada una de las caricias que aquellas manos le hicieron. Recordaba con precisión donde exactamente habían estado aquellos labios, y qué lugares le había besado. El sonrojo se multiplicó cuando recordó como su piel ardía bajo el suyo, cuando sus alientos se mezclaban y olía su fragancia igual de intoxicante que la droga. Recordó como había pronunciado su nombre en desaliento y las palabras incoherentes de amor que quería decir que luego se transformaban en gemidos.

Suspiró y sacudió la cabeza intentando no pensar en aquello. No necesitaba tanta sangre en la cabeza a esa hora de la mañana.

Salió de la cama de un salto, aún envuelta con una sábana pero con una sonrisa en el rostro. Se apresuró a entrar al baño y dejó correr el agua de la ducha mientras se desvestía. Miró la bañadera con un sonrojo en el rostro.

'SHANARO!'

Media hora más tarde se encontraba en la cocina. Totalmente vestida con un conjunto de pollera y campera negra y una camisa blanca. No pudo evitar no sonreír cuando vio la cafetera prendida. Una calidez se plató en su pecho mientras se servía café y avanzaba hasta la mesa.

Sonrió ante la atención cuando tomó un apartado del periódico. Estaban separados por sus intereses. Mujer, Espectáculos, Educación y Viajes. Siempre había dejado Economía, Noticia y Funerarias aparte. No quería enterarse de malas noticias a primera hora de la mañana. Para eso, muchas veces, tenía su trabajo. Además que no podría soportar si alguien que ella conocía aparecía muerto.

El solo pensarlo le provocaba escalofríos.

El reloj marcó las 8.37 cuando ella comenzó a lavar la taza y dejó que se escurriese en el lavadero. Faltando poco para las 9.00 a.m. tomó su cartera y revisó su contenido para no olvidarse nada. Se apresuró a cerrar la puerta y sacó las llaves de su auto. Volvió a abrir la puerta principal y avanzó hasta la cocina. Sacó un papel y una lapicera. Escribió rápidamente y lo pegó en la heladera. Sonriendo, salió de la casa.

'Te amo'

Tomó las llaves del auto y condujo con cuidado. Saludó a sus vecinos que se encontraban saliendo para trabajar, al igual que ella, o regando las plantas. Sonrió a los guardias de seguridad cuando le dieron el paso libre.

Era una comodidad vivir en una zona residencial. Tenía sus ventajas. El vecindario era cálido y limpio y sus vecinos eran lo suficientemente amables con ella, a pesar de tener tan poco contacto.

Las calles de Tokyo estaban normalmente congestionadas. Pero se sentía de muy buen humor para dejarse arruinar el día así. Avanzó a paso lento, haciendo caso omiso a las bocinas de ambos lados y las maldiciones de los conductores. Prendió el estéreo y sus dedos comenzaron a tamborilear en el volante cuando reconoció la canción.

Escuchaba esta banda cuando era más joven y estaba en la universidad. Rió por lo bajo cuando recordaba la cara de sus compañeros cuando se reunían a estudiar y ella colocaba música para concentrarse mejor.

Recordar sus épocas universitarias le hizo recordar una en especial.

Había comenzado sus años de residencia y había elegido ser ayudante en un hospital estatal de los suburbios de Tokyo. Era un hospital del estado conocido, años atrás había sido el central pero la privatización de la rama de la salud hizo que pasara por el deterioramiento al tener competencia con los hospitales privados. Faltaban muchos instrumentos de medicina, así como buenos doctores y remedios. El gobierno mandaba insumos los primeros meses pero luego por una mala administración... Aquella fue una de las razones porque la que se sintió bien al irse de aquel hospital. No podía hacer nada y el sentimiento de impotencia era algo que no le gustaba.

Su turno había terminado tres horas pero se quedó al ver la cantidad de pacientes esperando en la sala de urgencias. Era invierno y éste acarreaba demasiado enfermos y enfermedades. Eran ya las dos de la madrugada cuando la mayoría de los pacientes comenzaron a retirarse. Estaba segura que Iruka-sensei podría hacerse cargo del resto. Suspiró aliviada cuando salió de las puertas del hospital y el aire limpio y frío llenó sus pulmones. Sus músculos se quejaron cuando s desperezó. Estaba cansada y lo único que quería en ese momento era llegar lo más pronto posible a su cama.

La nieve se había acumulado en cada uno de los rincones de la vereda y calle que parecía montañas de azúcar. Dejando un pasillo demasiado estrecho para caminar. Tuvo que dar sus pasos con mucha precisión para no resbalarse y caerse.

Formó una mueca cuando recordó todo lo que tenía que hacer al día siguiente, o mejor dicho ese mismo día. No era buena despertando temprano a la mañana. Sus alarmas despertadores sufrían un gran choque mortal cuando la despertaban. Ino había presenciado con horror uno de esos despertares.

Escuchó el ruido de metal chocando contra el suelo, logrando que sus sentidos se volviesen alertas. Miró a su alrededor, no había nadie a la vista. Estaba a dos cuadras del hospital, siempre podría correr y pedir ayuda si estaba en peligro, o usar su celular en caso de que alguien esté herido.

Espero que sea lo último, porque a lo primero le recorrió un escalofrío por el cuerpo. Tenía gas pimienta en caso de ser un ladrón... o algo peor.

Intentó no pensar en eso y siguió caminando. El sonido de sus tacos se escuchaba aterrador en el silencio. Capaz no era nada y ella estaba alucinando. 'Tantas horas trabajando te están afectando Sakura.' Pensó la pelirrosa. Pero el sonido de algo parecido a un gemido la detuvo en seco.

Con un coraje desconocido en un momento así, avanzó a paso lento hasta la fuente del sonido. Avanzó un paso.

-¿Hola? – habló cautelosamente. El callejón estaba oscuro, maldijo cuando sus pasos resonaron ruidosamente. Masculló con rabia cuando decidió ponerse tacos, solo lograban darle un terrorífico ambiente agobiante a la situación.

Creyó escuchar algo, un movimiento. Avanzó hasta la boca del callejón - ¿Hay alguien? – volvió a preguntar más alto. El sonido de varias latitas de metal golpear el suelo, se escuchó seguido por un maullido desgarrador que cortó el silencio. La pelirrosa retrocedió un paso, visiblemente asustada. Sus sentidos de alerta se prendieron automáticamente. Pero suspiró de alivió cunado vio que un gato salía de un tacho de basura y cruzaba la calle.

Había sido solo un gato.

Suspiró aliviada. Y se rió por tu estupidez. ¿Cómo si un asesino despiadado o un convicto fuese atacarla? Debía aceptar que el ambiente permitía que sus pensamientos cayeran en eso, pero... ¡Que imaginación la suya!

Estuvo a punto de darse media vuelta y volver a la parada del colectivo, cuando un ahogado grito de dolor la detuvo. Volvió su atención a la profunda oscuridad.

Volvió a sentir un escalofrío que no tenía nada que ver al frío de la noche. Sus ojos se dilataron al observar un movimiento a lo lejos. Era imperceptible al ser todo tan negro, pero sabía que había alguien.

'Alguien relativamente alto y fuerte' su mente añadió.

-¿Hola? – volvió a repetir, esperaba que el temblor no se haya materializado. Pero lo fue. Se maldijo internamente por temer.

El ruido seco de un cuerpo pesado caer sobre el suelo le llamó la atención. Sus sentidos se alarmaron, su necesidad de ayudar opacó cualquier sentimiento de miedo, terror y pavor.

-¿Se encuentra bien? – quiso articular con seguridad pero sentía un temor inconciente bajo su piel. Algo no iba bien.

-Ugh... – un susurró de agonía. Ella no lo pensó dos veces, sus instintos de doctora le asaltaron y se internó en la oscuridad.

Todo se volvió negro.

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En callejón no era tan largo, pero le pareció interminable encontrar la fuente de aquella agonía. Siempre pasaba lo mismo, especialmente al protagonista de la historia, aquella damisela en peligro, que era salvada por su príncipe azul. Se golpeó mentalmente por pensar en esas cosas. Ella no era una damisela en peligro, no era la protagonista de una historia, esto no era una película de terror. Era la realidad, alguien podría estar detrás de las sombras, un asesino, violador, delincuente, ladrón, homicida. Tantas cosas podían pasar, y su vida no era tan interesante como para creerse la actriz principal. Y en el departamento de amor, ella no tenía un príncipe azul.

Caminó con lentitud, sus pasos resonando con un fuerte y seco tap. Su brazo apretando fuertemente la correa de su cartera. -¿Hay alguien ahí? – preguntó.

-A...quí

Su corazón dio un vuelco ante aquella voz desconocida, pero no de miedo. Sino de preocupación, el tono de su voz estaba opacado por tanto dolor. Reconoció la voz, como la de un hombre de edad mediana. Sus pies se apresuraron a dar media vuelta y acercarse hacia donde prevenía aquella voz.

Y lo vio, vio el brillo de un par de ojos mirándola. Era verdes, pero no como los suyos, eran verdes oscuros, entrecerrados con una mirada glacial y temerosa. Titubeó un poco, pero dejó de lado cualquier temor y se agachó a su lado.

¿Se encuentra bien? – preguntó tocándole el hombro. Sus ropas estaban frías y húmedas. - ¿Dónde le duele? ¿Me escucha?

Pudo sentir como él asentía, aunque todavía no podía verlo. – Espere. Debo tener una linterna o algo – de su cartera comenzó a revisar. Sus manos tocando los objetos intentando así reconocerlos. Maquillaje, curitas, algodón, billetera... ah! Celular. – Encontré... esto puede ayudar. – sacó su celular, era medianamente grande, pero la luz que emitía era potente. Apretó un botón.

Y lo vio. Vio gran parte de su rostro. Cabellos por los hombros blancos, cejas blancas, dos puntos violetas en su frente, grandes ojeras debajo de sus ojos, ojos de color verde oscuro y tez blanca casi pálida.

-Kimi...maro... – masculló asustada, su cuerpo se tensó ante aquella información, sus ojos se abrieron de la sorpresa, su dedo aún en el botón del celular alumbrando.

El asesino que había escapado de una prisión de alta seguridad... El asesino de niños y jóvenes. Él que había asesinado en sangre fría un jardín de infantes en la otra ciudad.

Aquel que pasaban en las noticias, aquel que estaba pegado en todos los postes de la ciudad, aquel que tenía un número privado a quien llamar en caso de haberlo visto o de saber su paradero.

Kimimaro...

Y aquellos ojos verdes no dejaron de mirarla. Entrecerrados, con la respiración ya regulada, con su mirada dura, fría e insensible. No cabían emociones en ellos.

Notó la humedad de su mano, pasaba a ser pegajosa. Ella miró su mano y sus ojos se abrieron del shock: Sangre.

Miró las ropas de Kimimaro. Sangre. Estaba bañado de sangre.

'Oh kami sama... esta sangre... no es de él...'

Las calles estaban desiertas, por las altas horas de aquella madrugada la mayoría de las casas deberían estar durmiendo, el hospital estaba a tres cuadras, su voz no llegaría tan lejos. Estaba acabada. Moriría. Moriría en manos de aquel asesino y no sería una muerte importante, sino una más. El mundo no llegó a conocerla. Nadie sabría que Sakura Haruno moriría esa noche. Pocos se darían cuenta que ella faltaba. Mañana no trabajaría y hasta donde sabía Kimimaro no dejaba rastros de sus victimas.

Nadie sabría que había desaparecido. Solo serían testigos al día siguiente de la sangre en la nieve, tal vez sus pertenencias y creerían que hubo una pelea entre gangas.

Moriría.

Moriría a la edad de los 20 años. Moriría sin saber lo que era ser amada. Moriría sin tener familia, hijos y un marido.

Moriría a los 20 años siendo virgen.

Miró su rostro asustada y su corazón dejó de latir cuando vio una pequeña sonrisa maliciosa en su rostro. Y en ese momento, la luz de su celular se apagó y el callejón retomó la oscuridad.

Había entrado a la boca del lobo.

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Todo sucedió muy rápido. Primero se sintió empujada y sintió el frío y la humedad de la nieve en su espalda, mojando sus ropas, un escalofrío recorriendo su cuerpo. Pero no temblaba de frío, sino de miedo

Después sintió unas manos tomarle las ropas y comenzó a desprenderlas del cuerpo. Su cuerpo se heló un instante.

'Oh kami, me va a violar' Intentó desprenderse de su agarré, pero solo logró que él le golpeará en la cara.

Sintió su mejilla arder del golpe y ladeó la cabeza a un lado. Aquello la había dejado estática del susto. No podía hacer nada. Él era mucho más fuerte que ella. Sintió sus manos moverse con desesperación sobre su camisa. Tirando de ella, haciendo volar los botones. Cerró los ojos con fuerza cuando sintió sus manos trabajar sobre su pollera. Sentía su respiración errática sobre su pecho desnudo.

Oh kami...

Unas lágrimas rebeldes resbalaron por sus mejillas. Está no era la forma que ella imaginaba que iba a morir.

Así no... no

La pollera comenzó a subírsele sobre sus piernas hasta alcanzar su cintura

Kami... por favor... no

Sus manos subieron formando pequeños círculos en sus piernas. Escalofríos recorrieron su espalda.

Por favor...no

Sus manos alcanzaron su ropa interior.

Por favor, para... no

Comenzó a tirar de ellas.

Para. Detente... por favor, NO.

Y deslizó.

N... no – susurró por lo bajo mirando aquellos ojos verdes con clemencia.

Misericordia, piedad, compasión... kami, por favor. Alguien...

Pero él solo sonrió.

¡AYUDA!

Luces.

-Maldito hijo de perra

Mucha luz.

Aquello detuvo las manos. Sintió una corriente de aire y un escalofrío recorrió su cuerpo. La luz era demasiado brillante, tuvo que entrecerrar los ojos, pero aún así no podía ver nada. Solo escuchar. Escuchó golpes, maldiciones, gritos ahogados y luego silencio.

Ella había logrado incorporarse y sentarse, encogida en la oscuridad, tapándose con su ropa. Todavía en estado de shock, temblando, escuchó pasos, cada vez más cerca.

Luces. Tanta luz. Escuchó varios autos detenerse, gritos, maldiciones y la sirena de la policía.

Unos zapatos negros se detuvieron delante de ella. Pantalones negros. Camisa negra. Saco negro. Tez blanca. Cabellos negros. Ojos negros. Mirada glacial.

-¿Te lastimó? – preguntó con voz profunda. Ella parpadeó. Y de pronto sintió el frío y se sintió cansada. Con manos temblorosas intentó ocultar el desnudo de su cuerpo pero cuando vio sus piernas descubiertas, desnudas, algo dentro de ella se rompió.

Todo el dolor, todo el peso de sus hombros, toda la tensión, todo el miedo, la desesperación. Todo se soltó. Y lloró. Lloró porque todo terminó. Lloró porque pensó que iba a morir. Lloró de alivió y de alegría.

Un saco negro cubrió su cuerpo y miró a la persona frente de ella. Él miró a otro lado. Indiferente a cualquier cosa. La ayudó a levantarse y ella lo siguió como una muñeca.

-EY! Tú ¿Quién eres? – gritó uno de los policías.

Él no dejó de caminar. Tomó fuertemente a la joven de sus brazos y avanzó hasta el auto negro que estaba estacionado sobre la vereda.

-Uchiha, Sasuke Uchiha – respondió con voz profunda y baja.

En estado de shock, ella capturó el nombre en su inconciente.

-¿A dónde te crees que la llevas? Es nuestro testigo. Tenemos que hacernos cargo de ella. Entrégala.

-No

-¿Te opones a la ley?

-Soy su abogado, yo decidiré cuando va a ser atestiguada. Y eso, no será hoy.

Abrió la puerta de su auto y la acomodó en el asiento del copiloto.

-Ey! ¡Un momento! No puedes irte así.

Pero él lo ignoró.

-Puedo arrestarte.

-Y yo demandarte – respondió secamente mirándolo con frialdad antes de subir y poner en marcha el auto.

A penas estuvieron dos cuadras alejados, él cortó el silencio.

-¿Cómo te llamas?

-...uh

-¿Cómo te llamas? – volvió a repetir, esta vez un poco más alto y suave.

-Oh... Haruno... Sakura Haruno.

Y volvió a callar. Todavía en estado de shock.

Él tomó su celular y empezó a marcar números, pero ella no escuchaba nada. No sentía nada, solo quería dormir y no levantarse en toda una semana. No volver a trabajar, no volver a caminar sola por callejones oscuros, nada de asesinos por ningún lado. Nada de nada. Quería quedarse en su casa, día y noche, atrapada entre sus sábanas y dormir, dormir y dormir.

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-Despierta – sintió que alguien le tocaba el hombro y la zarandeaba suavemente. Abrió los ojos. ¿Se había quedado dormida? Escuchó que la puerta al lado de ella se abría.

¿Tan rápido camina...?

-Llegamos – dijo la voz mientras la ayudaba a salir.

-Eh... ¿A dónde? – preguntó Sakura mirando a su alrededor.

-¡SAKURA! – y de pronto se vio envuelta en unos delgados brazos - Frentuda! No sabes como me asusté cuando me llamó por teléfono tu abogado. Oh... ¿estás bien? ¿Estás lastimada? ¡Por kami! Mira que pálida estás. Entremos, tomaras algo caliente y dormirás. Mañana no irás al hospital. Oh... kami...

-Ino... – logró murmurar en el abrazo. Sintió nuevas lágrimas comenzar a formarse y ahogó un sollozo. –...Ino.

-Sakura... menos mal que estás bien... – sollozó la rubia temblando, intentando contener el nudo de su garganta. Sonrió con lágrimas en su rostro.

-Ino... te ves horrible cuando lloras...

La rubia ahogó una risa – Pues vos te ves horrible todos los días. Con esa frente tuya....

Ambas rieron por lo bajo.

-Problemático... – cortó una voz aburrida el ambiente. – Ino, Sakura debe estar cansada. ¿Por que no hacen todo eso adentro?

-Ven, vamos frentuda, Shikamaru tiene razón, después de todo es un genio.

-Si, pero... – miró a su alrededor. El joven moreno estaba al lado de Shikamaru. Oh kami, cuanto tenía que agradecerle a ese hombre. – Yo... eh... Uchiha-san – tuvo que hacer un gran esfuerzo en recuperar su nombre de las profundices de su inconciente. – quer-

-Estaremos en contacto Haruno. – Dijo mientras avanzaba a su auto, - Después de todo – se detuvo en la puerta y sonrió de una forma encantadoramente egocéntrica. – soy su abogado. – Abrió la puerta de su auto y entró. Cuando puso en marcha, no volvió la vista atrás ni una sola vez.

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Los días pasaron con normalidad. Después de aquel encuentro en el callejón estuvo dos días sin volver al hospital, podría haberse tomado la semana, pero sabía que Iruka-sensei no soportaría a todos los pacientes.

No se dio cuenta como pasó el tiempo. Solo sabía que se veía atendiendo o encontrándose ocupada todo el día, hasta llegar a casa (que la pasaba a buscar Shikamaru por orden de Ino en auto. 'Problemático' murmuraba Shikamaru) y caer dormida en su cama sin siquiera tener tiempo para pensar. Fue a finales del mes, cuando vio el abrigo de Uchiha-san colgado en su perchero, que se dio cuenta de que hacía ya un mes de aquella pesadilla. Hacía un mes que no lo había visto, ni siquiera la había llamado y ella no tenía forma de comunicarse con él. Había intentado buscando en las guías telefónicas, pero no había encontrado ningún Uchiha Sasuke, ni siquiera un Uchiha.

Estaba segura que todavía tenía que atestiguar en la policía, pero ni siquiera ellos se habían acercado. En parte la aliviaba, porque no tenía deseos de revivir aquella noche otra vez, quería suprimirlo y guardarlo en lo profundo de su mente, como hacía con todos los recuerdos desagradables. Pero por otra parte, le frustraba porque no quería que el asunto quedara olvidado. Quería que se haciera justicia. Además, él era su abogado, o eso había declarado. Capaz lo dijo solamente para que ella pudiera irse sin tener que atestiguar ese día. Pero, sería demasiada amabilidad de su parte, y no parecía una persona demasiado gentil.

Esa noche, cuando salió del hospital y esperaba en la puerta a que apareciera Shikamaru, notó como un auto negro, BMW, estaba estacionado justo en el espacio que Shikamaru estacionaba. La ventanilla bajó cuando ella escudriñó la vista al auto. Sus ojos se abrieron de la sorpresa, al encontrar unos ojos negros, divertidos, mirarla del otro lado.

Conocía esos ojos.

-¿U...chiha-san? – preguntó aun sorprendida.

Él sonrió como lo hizo aquella vez que lo vio por primera vez.

-Haruno-san. – saludó con su voz grave y baja.

La puerta se abrió y ella supo que no era una invitación. No le había dicho que subiera, no se lo había pedido, pero ella subió igual. Sabía que no podía rechazarle y él también lo sabía.

Viajaron en silencio, ella no podía creer que él estuviera allí. Después de un mes de ausencia, sin saber como llamarlo, contactarlo, para, por lo menos, agradecerle. Él le había salvado la vida y al mismo tiempo, su dignidad.

Abrió la boca para agradecerle, o para romper aquel silencio, pero el auto se detuvo. Miró por la ventana y se percató que habían llegado a una casa. Una casa que era la suya. Vivía sola desde hacía unos años, sus padres habían muerto en un fatal accidente de transito cuando ella había terminado la secundaria, así que su independencia fue algo muy repentino.

-¿Cómo supiste donde vivo? – preguntó al encontrarse en la puerta de su casa.

Sasuke la miró con una ceja levantada, tardó unos segundos antes de responder. Parecía elegir sus palabras con suma precisión antes de hablar. – Lo averigüé. – la cara de sorpresa de Sakura provocó una sonrisa maliciosa del Uchiha. – No estás molesta ¿no? – Sakura no percató en ese momento que Sasuke, no preguntaba pero ofrecía las respuestas a posibles preguntas venideras.

-No. – se encontró Sakura respondiendo. La idea que hubiese averiguado sobre ella, le había dado un cierto espasmo de satisfacción.. – No me molesta.

El silencio del auto fue evidentemente incómodo para ella.

-Uchiha-san... yo... – pero las palabras murieron en su boca cuando unos labios suaves, se movieron sobre los suyos, instantáneamente callándola.

Primero suavemente, pidiendo permiso o tal vez preparándola emocionalmente. Había sido un asalto muy inesperado y no había tenido tiempo de reaccionar. No se dio cuenta que había cerrado los ojos, ahogado un suspiró en sus labios semiabiertos y relajado su antes, tensa postura.

La estaba besando y ella le correspondía.

No notó cuando sus manos tomaron vida propia y se le encerraron en el cuello de la camisa negra. Las manos de él se habían cerrado en su cuello, dándole un tirón y atrayéndola más a él. Una, subió hasta su cuello, perdiéndose entre sus finos cabellos rosas. Profundizó el beso, y sus labios se movieron expertamente sobre los suyos. Su ágil lengua recorriendo cada recodo de su boca. Sentía su respiración acariciando su cara, sentía su pecho subir y bajar con una rapidez sorprendente, como su corazón latía con desesperación y como su aliento se mezclaba con el suyo. Fue tan intenso, con tanta ternura que no pudo evitar gemir en su boca cuando él le mordió el labio tiernamente. Lo sintió sonreír en sus labios ante el sonido.

Sus manos dejaron su cuello y su cabello para alcanzar las manos que ceñían su camisa. Aflojó el agarré y se desprendió de ella. Volvió a ver aquella sonrisa, una sonrisa burlona, egocéntrica, sumamente confiada y sobradora pero tan... sensual, que lograba que sus rodillas temblaran. En ese momento se percató de lo hermoso que era y de lo loca que se estaba volviendo. Y que en ningún momento había dejado de pensar en él en esas semanas. Sabía que se había sonrojado tanto que combinaba con su cabello por pensar de aquella forma.

No sabía que decir, sin embargo, su boca se abrió nuevamente.

-Mmh, Uchiha-san... yo –

-Aa. Llámame Sasuke, Sakura – uh, su nombre sonaba tan sensual en sus labios. Por que su tono, bajo, grave y profundo le provocaba escalofríos en su espalda. Levantó la vista para verle la mirada penetrante de sus ojos, tuvo que bajar la vista al instante, avergonzada.

-Uh.., Sasuke... yo...

-¿Qué harás mañana? – la interrumpió Sasuke.

-Uh... ¿mañana? – apretó su cerebro intentando pensar - Eh, trabajar en el hospital, supongo.

-Te pasaré a buscar. Espérame. – comandó.

-pero...

-¿Tienes planes? – preguntó sonriendo de aquella forma, otra vez.

-No, no – se apresuró a negar.

-En tal caso... – apretó un botón y abrió el seguro del auto. – Nos vemos mañana.

Lo miró sin saber que decir y miró la puerta del auto. Si, tenía que abrirla para salir.

-Sakura.

-¿Si? – se dio media vuelta para encontrar a Sasuke frente de ella. Inclinado, sonriéndole confiadamente, sus ojos con un brillo peculiar. Su corazón dejó de latir en ese momento.

-Que duermas bien.

Quedó un instante mirándolo, sumamente perdida con lo que tenía que hacer después. Parpadeó, aun sorprendida y logró abrir la puerta del auto. El aire frío de la noche la ayudó a despejar su mente. Cerró la puerta y se alejó dando unos pasos precavidos.

Avanzó hasta su puerta y extrajo las llaves, cuando la abrió y se dio media vuelta para verlo, él estaba poniendo en marcha el auto. Logró verlo cuando subía la ventanilla del auto y le dedicó una sonrisa cautivadora, con la promesa impresa en sus ojos de un "Hasta mañana" antes de verlo, por segunda vez, alejarse por las calles oscuras.

Pero a diferencia de la primera vez, estaba vez sabía que al día siguiente lo vería.

Así lo había conocido.

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Sakura sonrió con los recuerdos que tenía aquella mañana. Siempre pasaba lo mismo, o al menos, todas las veces que podía disfrutar el tiempo a su lado... íntimamente. Siempre tenía recuerdos graciosos de ellos dos, que su mente en estado conciente se rehusaba a recordárselo. Detuvo el auto en el estacionamiento del hospital, donde ahora trabajaba bajo la dirección de Tsunade, una profesora de su universidad, quien le había ofrecido la oportunidad única de trabajar junto a ella en uno de los hospitales más famosos. Tomó su maletín y entró por la puerta principal.

-Buenos días Shizune – saludó Sakura mientras se ponía el delantal de doctora y aceptaba el café que le alcanzaba Shizune.

-Buenos días Sakura-chan. – sonrió Shizune mientras le pasaba la planilla de pacientes.

-Mmh, ¿muchos pacientes el día de hoy Shizune?

-Hai Sakura-chan. Tsunade-shishio te ha pasado algunos de sus pacientes, la señora Yamagata, por ejemplo, está esperándote en el consultorio.

-Entonces, mejor no hacerla esperar. Nos vemos en el almuerzo Shizune.

-Nos vemos.

Sakura caminó feliz hasta su consultorio, saludando a algunos de sus pacientes que esperaban en la sala de espera. Abrió la puerta y se encontró con una señora de edad.

-Muy buenos días Yamagata-san, hoy seré su doctora. Sakura Uchiha encantada. Dígame, ¿Qué le anda pasando?

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La felicidad nunca es permanente, pero cuando está, hay que disfrutarla hasta el último segundo del mismo

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EDIT: 20/12/08 - Porque ustedes merecen que Beautiful Lie continue y yo merezco una tirada de orejas por haber hecho tantos erróres con este fic.