Hermione estaba recostada en su amplia cama matrimonial, disfrutando de los primeros rayos del sol de un nuevo día.

Como todas las mañanas llevo su mano a su vientre, paseando suavemente las yemas de sus dedos por la curvatura de su piel y por el, ahora, prominente ombligo. Era tan feliz. No podía pedirle nada más a la vida. O si. Pero no se atrevía a recordar que era lo que le faltaba para ser completamente feliz. Hacia unos ocho meses se había obligado a olvidarse de aquello que le hizo feliz, pero le lastimo tanto al final. Solo quedaba un recuerdo. Un recuerdo que creía conforme pasaban los días.

-Buenos días Herrmione- le saludo Víctor mientras entraba a su habitación con una bandeja llena de comida. Más de la habitual. Hermione le sonrió y se incorporo, acomodando unas cuantas almohadas detrás de su espalda.

-Gracias Víctor…- le sonrió mientras tomaba una tostada de la bandeja. – por todo –

-OH…es uno de esos días¿Verdad?- dijo sentándose a su lado. Hermione le sonrió tristemente. – No tienes que sentirte mal. Tú no tienes la culpa de nada.-

-Lo se, pero…creí que todo iba a ser diferente- simio abrazándose a si misma. Víctor le miro dulcemente y beso su frente, para luego acomodarse a su lado y acunarla como si fuera una niña pequeña.

-Herrmione…solo puedo decirte que el tiempo y yo te ayudaremos a que seas completamente feliz.- Víctor había sido demasiado bueno al aceptarle de vuelta. Y ella se había comprometido, consigo misma, a tratarle como se merecía. Hermione tomo el diario que estaba enrollado en la bandeja y lo abrió. Tiempo atrás se abría apartado de el al ver aquellos extraños símbolos, mas bien letras ilegibles.

-¿Me lees algo?- le pidió la castaña pasándole el diario en búlgaro. Víctor le sonrió, varias veces había insistido en enseñarle su idioma natal, pero ella parecía mas contenta cuando escuchaba las noticias de su boca.

-Veamos… ¡OH! Esto es interesante…- murmuro

-¿Qué?- Se exalto Hermione mirando el periódico.

-Acá dice que un famoso jugador de Quidittch aclama ser el hombre mas feliz del mundo- Hermione le miro unos instantes confundida. – Y es gracias a ti- Contesto tocando la punta de su nariz.

-¡Víctor!- rió acomodándose nuevamente en las almohadas.

-Es la verdad- dijo seriamente acomodando su oreja en la panza de Hermione.

-¿A pesar de lo que paso?- murmuro acariciando la cabeza casi pelada de Víctor.

-¡Que dices¡Es una especie de regalo!...lo único que espero es que llegues a quererme tanto como a el- ¿El¿A cual de los dos se refería? Había dos cosas en su vida mas importantes que Víctor. El. Y el bebe.

- ¿Aun piensas en el? – Hermione no le contesto. Y el no necesitaba respuesta alguna, su silencio decía todo. – Herrmione…se que debe doler…pero si no te contesto…es porr que lo le importabas tanto como el dijo…- le costaba creer aquello.

Hermione le había mandado una carta dos días después de haber llegado a Bulgaria, diciéndole que le extrañaba y que en pocos días volvería. Ron no le respondió, ni a esa, ni a las demás. Una semana después la castaña recibió una carta. No de Ron, si no de Lavender. Diciéndole que dejase de escribirle a su 'Won-Won' que el estaba bien con ella y no necesitaba que Hermione rondara por ahí buscando dar lastima.

Y Hermione lo creyó. Víctor le ayudo a convencerse de que Ron no había cambiado, que seguía siendo le mismo de siempre. Ginny y Harry tampoco contestaban a sus cartas. Eso era aun mas extraño. Pero no le importo, parte de ella se resigno. Todo volvía a ser como hacia casi medio año atrás. Ella estaba en Bulgaria, sola, sin noticias de sus amigos. Y Víctor estaba con ella, a pesar de haber descubierto que ella amaba a Ron.

El mayor pico de su depresión fue enterarse que estaba embarazada. Su vida iba a cambiar completamente. Lejos de los suyos, lejos de su familia…lejos del hombre al que realmente amaba y le había partido el corazón.

- Vamos Herrmione, cambiate y vamos a dar un paseo, el día esta hermoso- Dijo alegremente tomando la bandeja, una vez que Hermione hubiera terminado con su desayuno.

-OH, no lo se…no estoy con ánimos.- respondió la castaña acomodándose nuevamente en la cama.

-Vamos, iré a llevar esto a la cocina y cuando vuelva te quiero ver vestida con el vestido que te regale- Hermione no tenia mas remedio, Víctor le rogaría día y noche hasta que ella cediera a su capricho de mostrar cuan felices eran. Se levanto, pesadamente ya que su embarazo le permitía moverse con cuidado, y se acerco al closet.

Víctor estaba demasiado animado esta mañana, y que le pidiera ponerse un vestido en lugar de su casual jardinero de pre-mama, le hacia dudar un poco de la situación. Las ultimas semanas Víctor se las había pasando buscando formas de decirle que quería casarse con ella, sin importar nada de lo ocurrido cuando ella estuvo en Inglaterra.

Hermione, en muchas ocasiones, tuvo que hacerse la desentendida. Contestar inocentemente a sus indirectas. Solo rogaba por poder pasar airosa este día. Y que la noche llegara pronto, para así poder pasar un día más de su angustiosa existencia.

Cuando se cambio le costo un poco ajusta el vestido en su espalda; la panza casi se lo impedía; y eso que no llevaba muchos meses de embarazo. Sin duda era culpa de los pasteles que Víctor le traía a todas horas.

Un extraño piqueteo sonó en la ventana. Hermione giro su cabeza. Allí en la delgada cornisa estaba una lechuza de color café. La castaña termino de arreglarse el vestido y abrió la ventana, dejando entrar al ave.

-¿Para quién es pequeña?- murmuro suavemente mientras tomaba la carta que el plumífero animal traía en su pico. Le costo poco y nada de trabajo reconocer y recordar la letra. El ave salio disparada de allí, sin esperar respuesta alguna.

Hermione se acomodo en el sofá que había a un lado de la venta y vacilo unos instantes antes de abrir la carta proveniente de su amiga, su vieja amiga…Ginny. Las manos le temblaban ante la expectativa de haber recibido una respuesta después de tantos meses. Había pasado por tantas cosas solas, había estado con gente que no deseaba ni toleraba; había estado rodeada de gente, y aun así, se sentía más sola que nunca. Ginny era con la única que podía hablar abiertamente, la única a la que pudo haberle confesado abiertamente y sin miedos que el hijo que comentaba a moverse dentro de ella era de Ron.

Por supuesto eso Víctor lo sabia; pero solo el. Hermione se había enterado hacia cuatro meses, cuando en medio de un partido de Quidittch sufrió un colapso y tuvieron que llevarla a un hospital de urgencias. Víctor se entero en ese momento, recibiendo las felicitaciones de los doctores y de la prensa que le habían seguido alarmados ante el accidente. El hijo era de el. Eso era lo que todo el mundo creía.

Víctor no dudo ni un instante que Hermione estaba embarazada de otro; después de todo nunca habían estado juntos de esa forma. Ella siempre se oponía y decía que esperaría al matrimonio. La primera semana fue difícil para Hermione. Víctor le miraba con bronca, preguntándose en silencio a quien le había concedido la oportunidad de amarla por primera vez. ¿Quien podía merecerlo mas que el? Entonces Hermione rompió su silencio.

Ron Weasley. Víctor rugió furioso al enterrarse del nombre del padre del hijo de Hermione. Cada vez que ella recibía o escribía una carta, el las quemaba; obviamente sin que ella lo supiera. Un día, mientras abría la correspondencia de sus fans, una extraña carta le hizo saber que no estaba solo en todo esto. Lavender Brown le había pedido expresamente que mantuviera a Hermione a su lado acomode lugar; que ella estaba enamorada de Ron Weasley, tanto como el de Hermione Granger. Entonces fue una aliada en Inglaterra. Le mando una carta a Hermione, haciéndole creer que todos estaban mejor sin ella.

Ese fue el punto de quiebre de Hermione, cuando se dio cuenta de que quedarse con el seria lo mejor para su vida. Y Hermione pasaba sus días sin saber por que de un día al otro sus seres queridos le habían abandonado. Ron le había abandonado.

Cuidadosamente abrió el sobre de la carta y comenzó a leer.

Hermione,

¿Dónde estas¿Por qué no has respondido a las cartas que te enviamos? Es la segunda vez que nos haces esto. Hermione te extraño y te necesito, han pasado tantas cosas en mi vida que debes saber. Soy feliz…demasiado…Harry y yo nos vamos a casar. Pero me faltas tu…me falta mi amiga, mi compañera, mi hermana.

Y Ron…Hermione, cielos santo, rompiste su corazón. Es penoso verle sentado con la mirada fija en cualquier cosa, encerrado en su mente, en sus recuerdos. Te extraña…demasiado. El te ama; le escucho decir eso en las noches, mientras duerme. Y cuando no le escucho hablar entre sueños, le escucho llorar tu nombre.

Vuelve, por favor…al menos para mi boda…no necesitas invitación, siempre serás bienvenida en mi casa. Pero te lo ruego...ven Hermione…

Responde por favor…no entiendo que fue lo que hicimos para que dejes de hablarnos…se que quizás me metí mucho al intentar forzarte a Ron. Pero estaba convencida de que era lo mejor para ti y---

La carta voló de sus manos. Víctor estaba parado frente a ella, mientras arrugaba el papel.

-Son unos idiotas…creen que por mandarte una carta ahora después de tanto tiempo tu cederás…- Hermione alzo su vista, con sus ojos bañados en lagrimas –Vamos Hermione…se dieron cuenta de lo que vales…y ahora se arrepienten y te dicen un montón de patrañas-

-O quizás no…- murmuro mientras ponía las cosas en orden en su cabeza. – Entregaste todas las cartas que te di¿Verdad?-

-¿Ahora desconfías de mi?- dijo haciéndose el ofendido. - ¿Quiénes fueron los que te dejaron de escribir¿Quién fue el que te dejo por otra¿Acaso no te lo dijo esa muchacha en la carta?- Hermione ceso su llanto y le miro fijamente…estaba segura de que…

-¿De que carta hablas?- pregunto poniéndose de pie.

-De la que te mando la chica que esta con el- mentía…Víctor le mentía. Y le mintió siempre.

-Víctor…estoy segura de que jamás te conté sobre esa carta…cuando la leí y la queme…- murmuro con su voz cargada de bronca.

-Hermione…me lo dijiste- susurro acercándose a ella. Hermione, en un rápido movimiento, paso por debajo de su brazo y se acerco a la puerta de la habitación.

-No te me acerques…sabias que sufría…que estaba mal...y aun así…aun así-

-El no te puede hacer feliz…-

-Acabas de demostrarme que tu tampoco…-

-Esta con ella…no tienes nada que hacer con ellos…- dijo mientras golpeaba la pared, enfurecido.

-Prefiero verle junto a otra, pero estar al lado de mis amigos, que vivir junto a ti…no te atrevas a detenerme Víctor…te juro que todo el mundo se enterara de todo…de que mi hijo no es tuyo…- grito mientras bajaba las escaleras, y sin darse cuenta, sus zapatos resbalaron cuando llego al borde de las escaleras, y todo se puso de cabeza.


Se sentia como si estuviera hundida en una profunda piscina; o probablemente en el océano, ya que su cuerpo era mecido suavemente de un lado al otro. Pero no podia ver donde se encontraba. La oscuridad le rodeaba y sin embargo nunca habia sentido esa increíble sensación de paz.

El viento, del cual no estaba segura poder percibir como tal, la abrazo calidamente, mientras un incesante tarareo llegaba a sus oidos.

Hermione

Entonces como en un flash vio como había llegado a ese lugar. Gritaba, gritaba furiosamente echa un mar de lagrimas mientras se acercaba a las escaleras. Veía todo en cámara lenta mientras su sandalia resbalaba con la lustrosa escalera de pino, haciéndola caer hacia el vacío de las escaleras. Sus manos se aferraron de su rostro, y se acurruco, como pudo, en posición fetal, protegiendo a lo más preciado que tenia dentro de ella.

Y después nada. Ni oía, no veía, prácticamente no sentía dolor. ¿Estaba muerta?

Hermione

¿Ese era su nombre? Ya no recordaba nada. No pensaba absolutamente en nada; solo en la paz que se sentía. El suave arrullo de lo que fuera que sonaba en sus oídos, la calidez y su cuerpo meciéndose suavemente al compás de unas olas, probablemente inexistentes.

-Hermione-

Debía ser su nombre…tenia que serlo, sonaba tan familiar…

Intento moverse, pero su cuerpo no respondía, aun seguía adormecido. Quiso abrir los ojos, pero no podía hacerlo. Los parpados le pesaban demasiado y encontró que estaba mejor si los mantenía cerrados a que si intentaba abrirlos. Abrió su boca, despego sus labios para preguntar quien le llamaba, de quien era la suave voz que susurraba en su oído.

Entonces, como si su propio cuerpo tuviera más fuerza que su mente, y voluntad propia suspiro un nombre. Un nombre que el simple recuerdo de la persona así llamada hacia que su cuerpo fuera atacado por una ola de frío, pero a la vez calido. Su corazón se retorció en su pecho mientras gimió nuevamente su nombre; esta vez percibió que su voz sonaba lastimada, rota…agónica.

-Ron…-

-Esto contigo- susurro la voz, ahora mas audible que antes, y mas real. Esta vez quiso ver su rostro, ver sus ojos. Hizo una descomunal fuerza por abrir los suyos. Pesaba, pesaban demasiado, pero tenia que lograrlo. Ella era fuerte.

-¡Sus ojos!- Exclamo Ginny señalando el rostro de la castaña. Hacia mas de tres días que Hermione llevaba inconsciente en el hospital. Víctor les había mandado a avisar que se había accidentado. Cuando ellos llegaron al hospital de Bulgaria Víctor se despidió de ellos y sin más se fue. No volvió, no sabía por que, pero Ginny sabia que el accidente de Hermione de alguna forma estaba conectado con Víctor.

Hermione intento nuevamente abrir los ojos, esta vez con mas éxito…un haz de luz blanca se coló entre sus parpados, que estaban levemente abiertos. En pocos intentos mas, ya podía abrirlos completamente, pero su visión aun estaba anormal; solo veía sombras y colores, nada nítido. Entonces unas esferas celestes se detuvieron frente a ella. Supo inmediatamente de quien eran esos ojos.

-Ron…-

-Shh…no hagas esfuerzos, Hermione…el doctor dijo que estas fuera de peligro pero no debes agitarte- susurro mientras pasaba las yemas de sus dedos por su mejilla.

-¡Valla susto nos diste Hermione!- exclamo Ginny tomándole de la mano.

-¿Qué…que paso?- murmuro la castaña casi sin fuerzas.

-Te caíste de las escaleras mientras hablabas con Víctor. Por suerte pudo correr para atajarte antes de que el daño fuera mayor…- susurro Ron con amargura en su voz. Había algo que omitían, algo que ella moría por saber, que necesitaba saber. Pero no recordaba que era.

Suspiro cansada mientras movía la mano desde el contacto con la de Ginny hasta dejarla reposando sobre su vientre. Algo no andaba bien. Por alguna razón, instintivamente, había semi ahuecado su mano para acariciar la curvatura de su vientre, solo que no había nada allí que abultase esa zona.

La sangre se disparo en sus venas, su corazón pego un vuelco, haciéndole sentarse de golpe en la cama.

-¡¡NO!!- grito mientras revolvía las telas que le cubrían, esperando que fuera una ilusión. Ron le tomo de un brazo, y Ginny hizo lo mismo del restante.

-Herms…Hermione…tranquilizate-

-No, no, no, no, no, NO-

-Hermione calmate o pediremos que te den un sedante…-

-No pude ser…no-

-Hermione…mírame- le suplico Ginny tomándole del rostro, y forzándole a enfrentarla. A enfrentar la cruel y triste realidad. –Todo esta bien…veras, tu caída apresuro un poco las cosas…todo esta bien…tus hijos están bien- Hermione dejo de llorisquear y miro perpleja a su amiga.

-¿Juras que esta bien?-

-Perfectamente- le sonrió – nacieron prematuros, pero se estan recuperando-

-Hay Merlin…tuve tanto miedo…-

-No hay nada que temer…estamos aquí contigo…-

-Ron…- exclamo buscándole con la mirada. Ron se sentó a su lado – Yo…Víctor no me di nunca las cartas…yo te escribí…lo juro…- El pelirrojo asintió y le sonrió dulcemente.

-Lo se amor- le susurro mientras se inclinaba para darle un beso en la frente. – También se lo que hizo Lavender-

-¿tu…y…ella?- Hermione escucho una risita tonta detrás de ella.

-Hay Hermione…Ron es bobo, pero no como para cambiarte por Lavender- Hermione le sonrió…recordando que aun debía decirle algo.

-Ron…yo…te entiendo si no me crees lo que voy a decirte…pero es tu hijo- dijo la castaña mirándole con una sonrisa en sus labios y un destello en sus ojos. Nuevamente una risita resonó en la sala.

-Y valla que si lo son…si Víctor no hubiese sabido la verdad se hubiera llevado una espantosa sorpresa al ver que sus dos hijos eran pelirrojos-

-Para ahí…creo que el sedante aun tiene efecto en mi… ¿Por qué sigues refiriéndote a mi hijo en plural?- Ron le sonrió y tomo su rostro entre sus manos, dándole un profundo beso en los labios…

-Por que son dos amor- Dijo Ron, mientras su calido y dulce aliento rozaba los labios de la castaña

-¿Dos?... ¿Cuando dices dos…a que te refieres?- En esos instantes la puerta de la sala se abrió. Harry entraba empujando algo.

-Que bueno que despertaste…me alegra verte bien Hermione- La castaña le asintió, pero no le contesto, tenia fijos sus ojos en los que Harry le acercaba. Dentro de una especie de enorme cuna, había dos pequeños arropados. Sus ojos se humedecieron.

-OH Dios…Ron…son…- murmuro sin palabras, mientras se reclinaba para verlos mejor.

-Hermosos…como su madre-

-Bueno…digamos que misión cumplida- exclamo la pelirroja dando un brinco hacia donde se encontraba Harry. Hermione y el resto le miraron confundida. –Bueno…Ron y Hermione al fin están juntos…-

-Si…aunque se suponía que tenias que conseguirlo antes de la fecha de su boda…o sea, en diez días- Dijo Ron rodándole sus ojos a su hermana, para luego tomar la mano de Hermione y besarla suavemente.

-Ron…no necesite mas que un segundo para enamorarme de ti…nunca deje de quererte- le dijo tiernamente mientras alzaba su mano para acariciar la mejilla del pelirrojo.

Todo iría bien de ahora en más. Ron estaba con ella, y con sus hijos. Y eso era todo lo que importaba.


Oh si...el fin ha llegado a su fin...Quise meter algo de dramatismo al ultimo capitulo...pero me dolia seguir con eso...tengo que dejar de matar a los hijos de mis personajes. JeJeJe...Espero que les haya gustado realmente...y bueno, nos seguiremos leyendo por ahi!

saludines, Giselita