Capítulo 1.

Los nuevos directores

-¡¿ESTÁ USTED LOCO?!

Fue esto lo que se escuchó en la oficina de los directores. Aquella noche, los señores Debienne y Poligny habían ofrecido su última función de gala, y ahora entregaban la dirección de el Palacio de la Ópera de parís a los señores Armand Moncharmin y Fermin Richard.

-Le repito, vizconde de Chagny¿Ha perdido totalmente el juicio?

Era Poligny quien alzaba la voz de esta manera, dirigiéndose al joven vizconde Raúl de Chagny. Su compañero Debienne también dirigía una insondable mirada juzgadora al contrariado joven. Los nuevos directores simplemente miraban, sin comprender el porqué de la agresión.

Después de un momento de titubeos, el vizconde decidió defenderse:

-¡Soy el nuevo patrocinador¿No puedo sugerir un cambio¡Yo lo pagaré!

-¡El dinero no es el problema!- respondió airadamente Poligny –El problema es… pues es….- vaciló unos momentos, y terminó posando la vista en su compañero.

-El Fantasma de la Ópera.- completó Debienne con precaución.

-¡El Fantasma de la Ópera!- arremedó Moncharmin –Ya ha sido suficiente de esta broma de "El Fantasma de la Ópera"¿no cree usted?

-No es broma, caballeros.- continuó Debienne, nerviosamente –Pero ya que tanto se niegan en creernos, se convencerán por ustedes mismos tarde o temprano.

-En caso de que este supuesto Fantasma exista…- apeló Richard -… ¿qué… adversidad causaría por el hecho de que en este Palacio se lleve a cabo la idea de nuestro patrocinador?

Debienne y Poligny intercambiaron miradas de desaprobación, Poligny fue el primero en responder.

-Se supone que ustedes son los directores de la Academia de Música¿cómo pueden aceptar que el Palacio de la Ópera reciba semejante ultraje?

-Pero el teatro es también una de las Bellas Artes y…- respondió el vizconde, sin explicarse como aquellos dos hombres no podían entender argumentos tan simples.

-¡El Fantasma no lo aprobará!- interrumpió violentamente Debienne –No os quejéis después, caballeros, de que nadie os lo haya advertido.

-Queda decidido, entonces.- Sentenció Richard, esperando que tan molesta reunión terminara de una vez –El Palacio de la Ópera albergará también las mas bella obras que el teatro haya dado al mundo.

-Y nos importa poco más que nada el tal Fantasma de la Ópera- concluyó Moncharmin.


Bien, así empieza este debraye, que no surgió con la idea de qué pasaría si Cyrano y Erik se conocieran, sino la premisa de qué pasaría si Christian y Raúl se conocieran. Presiento que me voy a divertir muuucho a sus costillas.