Diecisiete años, hormonas, colegueo y una tienda de campaña. Ains, cómo los achucharía.

¡Cuidado! Hay unas poquitas palabrotas. Pero es que a esa edad, ya se sabe...

Volver (con el rabo entre las piernas)

Ella alza los ojos y los clava en los suyos.

Ron ha visto muchas reacciones en aquellos iris chocolateados antes; en realidad, toda la gama de las emociones se refleja en los ojos de Hermione, tremendamente expresivos, y él siempre sabe exactamente cual es el grado de enfado sólo con mirarla.

Pero esta vez, no hay nada.

Fría indiferencia. Desdén. Desinterés absoluto.

Se aclara la garganta y repite la pregunta.

-¿Quieres que te ayude?

Ignorándolo, ella se pone en pie y se dirige a Harry antes de abrir los faldones de la tienda y salir hacia la claridad de la mañana.

-Voy a por leña. Tardaré un rato.

Cuando se va, Ron resopla y se deja caer sobre el banco de madera, enterrando el rostro entre las manos. Harry, contento por tenerle allí de nuevo, no quiere ahondar en su miseria recordándole que lo tiene bien merecido.

-Me odia. No, no, aún peor que eso: le importo una mierda. Y tiene razón, tiene toda la razón, y no sé qué hacer. Joder. Coño. Ostia. -Acompaña cada taco de un cabezazo contra la madera.

Harry se ríe entre dientes mientras da pequeños sorbos a su café hirviendo.

-Sí, encima tú ríete, cabrón.

-¿Qué esperas que haga? -se defiende entre risas el otro -Sabías que la furia de Hermione caería sobre tí. Lo que me sorprende es que no te pegara un rodillazo en las pelotas en cuanto deshice el encantamiento protector, tío.

Ron compone una expresión de sufrimiento.

-No sé si lo hubiera preferido.

Harry alza las cejas tanto que le duele la frente. Su mejor amigo lo mira y sin querer se le contagia la risa escéptica.

-Vale, no lo hubiera preferido, tienes razón ¿contento? -cuando puede dejar de reírse, se levanta y se deja caer sobre el jergón con un suspiro dramático. -La he jodido ¿verdad? -pregunta con voz queda.

Harry hace un sonidito que significa: "no te haces idea".

-¿Y qué hago? No sé qué hacer, en serio. Me arrastraría a sus pies y le besaría las manos y me comprtaría como el gusano que soy si eso fuera a significar algo. ¡Pero es Hermione de quien hablamos! ¡No sé qué quiere que haga, joder! ¡Ayúdame, Harry!

El chico lo mira, atónito.

-¿Yo? ¿Cuántos años me conoces, Ron? ¡No tengo ni idea de chicas, y lo sabes!

-¡Pero es Hermione! ¡Es tu amiga, la conoces!

Harry se calla un "también es tu amiga" que le pica en la punta de la lengua.

-Mira, Ron... -empieza, pero no sabe por dónde seguir y se calla. Después de unos segundos dice: -Está muy cabreada.

Ron levanta la cabeza como un resorte y compone una cómica expresión incrédula.

-¡Oh! ¿En serio, tío? ¡Joder, gracias por decírmelo, no me había dado cuenta!

Harry alza las manos en señal de rendición.

-Está bien, si no quieres oírme no hay porqué seguir...

-Vale, vale, lo siento, perdona -Ron suspira y fija la mirada en el techo. Harry se compadece (un poco) y se aclara la garganta.

-Esto no es... -dice, y no sabe qué le parece más absurdo, si tener que explicarle esto a Ron o que sea él, Harry Potter el insensible, el que tenga que hacerlo -No es como lo de Lavender.

Su mejor amigo gira lentamente la cabeza y lo mira sin decir nada.

-Lavender y tú... Hermione se sentía humillada, creo. Y celosa, porque la hubieras elegido a ella. Por eso te ignoraba y te castigaba, para que sintieras lo mismo que ella. Pero ahora no es eso.

-Ahora me odia.

-No. Ella (y yo, para qué negarlo), nos sentíamos traicionados. Era muy doloroso, como si fuera un malestar físico. Ni siquiera hablábamos de tí. No podíamos soportarlo. Y para ella no es tan fácil perdonarte, porque está, lo... bueno, lo vuestro.

-¿Lo nuestro? -se atraganta Ron.

-Sí, joder, ya sabes, lo vuestro, eso no te hace falta que te lo explique ¿no? -una sonrisa traviesa se pinta en el rostro de Harry, que hace tanto tiempo que no sonríe así que ya no lo recuerda. Ron se pone como un semáforo en cuestión de segundos.

-¿Harry? -la voz de Hermione les llega de lejos, de fuera de la tienda. -¿Puedes echarme una mano?

Ron compone una expresión suplicante y Harry le cede el honor con una sonrisa. Da otro sorbo a su café, un poco menos caliente y trata de poner todos los sentidos en enterarse de algo de la conversación de fuera.

-Harry está desayunando -oye como explica inmediatamente al salir Ron. La respuesta de Hermione es un bufido de desdén. -Yo te ayudo.

Harry se imagina la expresión de su mejor amiga y muy en el fondo, se compadece de Ron. Pero sólo un poquito, porque sabe que se lo tiene merecido. También sabe que, de alguna forma, Hermione le perdonará tarde o temprano.

Aunque no está mal que lo castigue un poco más. Y sonríe. Es maravilloso tener a Ron de vuelta.