Amando después de una traición.

By: tommy hiragizawa

Los personajes no son míos. Son de la gran Rumiko Takahashi.

N/A: no critiquen el fic hasta que lo termine de leer, aún así espero reviews.

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Hija, quien es él?? –

Madre… te presento a Sesshoumaru, mi marido –

No hubo más que silencio en el lugar…

Les caerás bien – sonrió ella divertida por las expresiones de su familia.

Sesshoumaru solo alzó una ceja.

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Cáp. 5…

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El silencio reinaba en la casa Higurashi. El abuelo no podía hacer otra cosa más que apretujarse en su sillón y mirar hacia cualquier punto de la habitación que no fuera al Taiyoukai, pues sabía, por instinto o por el aura que el chico emanaba, que no sería buena idea que lo encontrara observándolo por mucho tiempo. Souta, aunque también silencioso, era todo lo contrario de su abuelo. Sentía como si el rostro del youkai fuese un imán y él era la pobre pieza de metal que no podía despegar sus ojos de él. El gato… bueno, el gato era un gato y maullaba de vez en cuando.

Mientras eso se daba en la sala, la madre de Kagome estaba sentada en una silla de la cocina, esperando a que Kagome comenzara a relatarle lo que quería decirle.

que pasa querida? Quien es este chico? –

mi esposo Mamá – respondió, tranquilizándose ella misma, diciéndose que no pasaba nada, que su madre lo más que haría cuando terminara de contarle lo que le contaría solo podría comprenderla. – mi segundo esposo, en realidad – bajó la cabeza, esperando escuchar un grito sorprendido de su madre, que nunca llegó.

Cuéntame todo, por favor – su voz sonaba cariñosa, comprensiva.

Hace ya muchos años, cuando dejé de venir… fue porque Naraku nos tendió una emboscada, en ella lanzó un hechizo contra mí. Creía que si me trasmitía su energía demoníaca, lograría que yo me convirtiera en una youkai tan perversa como él, pero al parecer, mi poder espiritual tomó el poder, pero no la maldad. Terminé mi transformación en medio de la última pelea que tuvimos con él. Cuando desperté de esta forma, lo de despertar es algo retórico, porque en realidad no estaba dormida, Naraku me tendió la mano y me dijo que yo sería su reina. Me eché a reír como loca de solo imaginar que algún día, estando en mis cabales, fuera a aceptar semejante proposición. Gracias a mi poder, al de Inuyasha y al de Sesshoumaru terminamos con su vida casi sin que él tuviera tiempo de darse cuenta de que fuimos nosotros quienes lo acabamos – hizo una pausa para tomar aire – después de eso Sango se casó con Miroku y se fueron a vivir lejos. Yo, como la perla había sido destruida, no podía regresar, o por lo menos eso pensaba, además de que no quería que me vieran con esta forma – lloró un poco, secando de inmediato las pocas lágrimas que corrieron por sus mejillas – no sabía si me aceptarían así –

Mi amor! Eres tú, eso es lo que importa! – la abrazó. – pero la historia no termina ahí, verdad? –

No mamá. Unos días después Inuyasha me pidió que fuera su hembra, algo así como una esposa humana, pero una boda Youkai no es como las "nuestras" madre. Una boda Youkai es aparearse y marcar a tu compañero. Normalmente los hombres son los que marcan a las mujeres, solo una mujer más poderosa que su marido podría marcarlo también. Un youkai que ha marcado una hembra no tiene porqué atarse a ella, pero si su hembra lo ha marcado también debe hacerlo, es una pertenencia mutua y equilibrada. Vivimos muchos años así, mamá. Yo, muy dentro de mí, sabía que no iba a salir bien, pero me arriesgué. Fui suya, pero lo marqué como mío. Lo respeté, lo esperé cada noche, si me quería lo complacía, si tenía hambre lo alimentaba y si necesitaba espacio se lo daba. Creí que todo iba bien, hasta estaba buscando que tuviéramos un hijo, eso me ataría a él para siempre, y ya no hubiera importado que pasara, seguiríamos perteneciéndonos para siempre. Pero fueron 3 años de buscar el hijo y no pasaba nada. Un día, cuando yo estaba en casa, sentí una punzada en la marca que él me hizo, eso significaba solo dos cosas, que él estaba en peligro o que estaba haciendo algo con lo que me era infiel. Pero yo no podía dudar de él. No! Salí corriendo hacia donde él estaba para protegerlo de lo que fuera que lo pusiera en riesgo… ¿sabes como lo encontré? – sus ojos poco a poco se tornaban rojos por la furia – enredado en las piernas de Kykio –

La madre de la chica se llevó las manos a la boca sin poder y sin querer creer aquello del chico que siempre estuvo con su hija. Pero ella no mentía, lo sabía con cada poro de su ser. No podía desconfiar de la palabra de su hija, si de las buenas intenciones del Hanyou.

maté a Kykio con mis propias manos- miró con los ojos llorosos a su madre – en realidad solo destrocé un cuerpo de barro y almas contenidas, pero me siento mal por haber matado un ser. Me descontrolé completamente, cuando la maté pensé que me abalanzaría sobre Inuyasha como mi siguiente presa, me sentía estúpida por no haberlo visto venir.

Pero me acobardé y no me atreví a hacerle daño. Me enterré las uñas en la piel del hombro y me arranqué su marca. Me dejé la carne al rojo vivo mientras lloraba. Le dejé bien claro que no volvería a verlo, y si lo hacía que mejor se cuidara. Que yo ya no era suya, porque al haberme sido infiel yo ya no le pertenecía. Lo dejé y marché hacia el oeste.

Ahí fue donde encontré a Sesshoumaru. Él es el Lord de las tierras del oeste y yo no recordé esto por estar completamente destrozada. No porque él me hubiera engañado, más bien por haber sido tan tonta. Me encontró recargada contra un árbol y después de un rato me ofreció ir a su castillo. Ahí estaba Shipo, mi querido Shipo. Terminé siendo la niñera de Rin ese día y por la noche, la amante de Sesshoumaru. No quería ser su hembra aún, tardé mucho tiempo y muchas noches juntos en decidir que quería ser de él. Que no me importaba el parentesco que ambos tuvieran, porque no eran iguales. Me di cuanta de que nunca había sentido tantas cosas yaciendo en el lecho de Inuyasha como las que sentía simplemente con un beso de Sesshoumaru. Le dije que quería ser su hembra y él me tomó –

y tú a él, verdad? – sonrió al final la mujer. Su hija, después de todo, había encontrado la felicidad que tanto merecía.

Hai, me sentí con la libertad de hacerlo, y él no se opuso, somos iguales. Lo amo, y en el momento en el que me di cuenta de esto, de que para mí, Sesshoumaru era la persona con la que pasaría el resto de mi existencia, no me importó el posible rechazo, porque quería que ustedes compartieran mi felicidad. –

Tu siempre serás bienvenida en casa amor. Ahora, enséñame esa sonrisa tuya que tanto me gusta, olvida el pasado y preséntame a mi nuevo hijo –

Hai! – ella dio un salto, completamente feliz. Abrazó a su madre y después corrió hacia la sala.

Cuando corrió el shoji casi cae de espaldas al ver como Souta le mostraba a su marido la televisión y este lo veía como si fuera la cosa más extraña y fascinante que haya encontrado en su vida. El abuelo, después de tanta tensión se había quedado dormido y en medio de su letargo pronunciaba frases sin sentido como "demasiado youki" o "tendré bisnietos demonios". Ella se rió. Tal vez para su abuelo no fuera bueno, pero para ella, que vivía en un mundo lleno de peligros y amenazas, mejor que mejor que sus hijos se pudieran proteger solos. Además que dudaba que a su abuelo le fuera a importar de que raza fueran sus hijos cuando los viera estirarle el cabello. Siempre había amado a los niños.

Sesshoumaru se volvió a verla, se levantó del sofá donde estaba sentado y se aproximó a ella.

Mamá, otra vez, te presento a mi marido, Lord Sesshoumaru – dijo ella con tono de juego, pues sabía que Sesshoumaru no esperaba menos que esa presentación.

Un gusto hijo – ella le tendió la mano, esperando que él le devolviera el gesto.

Él se quedó viendo, primero la mano de la madre de su esposa y luego a su esposa. Esta le hizo una señal con la cabeza, indicándole que tomara la mano de la mujer. Las palmas de la mujer humana y del poderoso youkai se tocaron y se dieron un leve apretón. La matriarca de la familia lo miró desde abajo, pues él era mucho más alto que ella y examinó los rasgos de su cara y sus ojos.

mi hija no tiene mal gusto muchacho, eres muy apuesto – sonrió y se encaminó una vez más a la cocina. – voy a preparar la cena. Se quedarán, verdad? –

hai, disculpe las molestias – respondió, estoico, como siempre.

No es molestia hijo, siéntete como en tu casa –

Estuvo a punto de decir que jamás se sentiría en casa en un lugar donde tenía que contener la respiración por el pútrido aroma del aire, pero mejor se guardó el comentario. Si no lo hubiera hecho, estaba seguro de que Kagome lo hubiera ahorcado con sus propias manos, sin importarle quedar viuda antes de tiempo. Ella lo tomó de la mano y lo llevó hacia su habitación, que seguía exactamente igual que como la dejó la última vez que estuvo en esa época. Abrieron las ventanas y se tendieron en la cama, cubierta con las mismas mantas y los estampados infantiles. Sesshoumaru enarcó una ceja a modo de crítica cuando miró los gatitos del cobertor. Kagome se limitó a ignorar la sonrisa arrogante de su marido.

ven aquí preciosa – la tomó de la cintura y enterró su cara en la curvatura de su cuello. Deslizó su nariz por toda la extensión de su níveo hombro y después subió hasta su oreja con la lengua pegada a su cuerpo.

Sesshoumaru – suspiró con solo sentir el roce de su lengua con su piel.

Te gusta, verdad? – raspó la piel de Kagome con los colmillos – te gusta tanto como a mi probarte –

Ella, desesperada, lo tomó de la nuca y lo hizo besarla, adentrando su lengua en la boca de él. Le recorrió los colmillos con tranquilidad y dejó que sus lenguas bailaran. La giró para que sus cuerpos chocaran de manera frontal, sintiendo cada parte del cuerpo del otro.

eres deliciosa, mujer – las manos, ávidas, ya estaban deshaciendo el nudo del obi cuando tocaron la puerta.

Que… pasa Souta? – habló ella, acomodándose el kimono y el cabello.

Mamá dice que será mejor que vallas al centro comercial para comprar ropa para ti y para onii-chan, si es que van a quedarse aquí mucho tiempo. Tienes dinero? – el niño no se atrevió a entrar a la habitación, pero se le escuchaba con total claridad por los gritos que estaba dando.

Ahora bajamos – terminó de acomodarse las ropas y dejó que su marido hiciera lo mismo.

Al poco rato, ambos estaban entre las calles de la ciudad. Los dos llevaban en la cara gestos de completo disgusto por el aire que tenían que respirar. De vez en cuando reconocían en algún peatón a un youkai que, disfrazado de humano, caminaba junto a la marea de gente común y corriente, haciendo su vida. Kagome nunca los había distinguido con tal claridad. Siempre, cuando era pequeña, había sentido que muchas personas eran peligrosas, aún cuando tenía la sensación de que no le harían daño, sentía que tenían un gran secreto oculto bajo las mangas de sus trajes costosos.

"un youkai siempre es un youkai"- pensó ahora. Les gustaba sobresalir de la muchedumbre.

Sesshoumaru se hizo tratar en las tiendas departamentales como si fuese un rey. El oro que llevaba bajo las ropas le permitía hacerlo. Compró solo trajes que Kagome le indicó eran marcas que, aunque conocidas, nadie de salario medio pudiera permitirse. Kagome, por no desentonar, terminó comprando ropa, aunque menos llamativa que la de su esposo, igualmente cara y refinada. Cuando salían de una tienda y entraban en otro, la gente no dejaba de mirarlos como si fueran estrellas de cine. Sesshoumaru desencajaba con la sociedad normal. Su porte destacaba casi en igual medida que su cabello blanquecino y sus ojos miel. Kagome, con sus rasgos felinos y casi aristocráticos, no se quedaba atrás.

Pero mientras paseaban, Kagome rogaba que nadie los reconociera.

¡Higurashi! –

OH, OH.

Bueno, ya que sus ruegos no fueron escuchados, no le quedó más remedio que volverse hacia donde estaba la voz que la llamaba. Casi como si estuvieran sincronizados, Sesshoumaru se volvió con ella sin importarle si le llamaban a él o no. Un joven humano de cabellos castaños se acercaba a ellos con paso decidido y veloz. Kagome solo pudo maldecir su mala suerte.

tanto tiempo sin verte Higurashi! –

hola Houyou-kun – saludó, haciendo una reverencia.

Muchos de nuestros ex-compañeros de clase han preguntado por ti. Fue extraño que de un día para otro ya no regresaras más a la escuela. Pero tu abuelo nos explicó que te habías trasladado al extranjero para curar una enfermedad de la que en Japón no se sabía nada –

Jejeje. Si, he estado todo este tiempo en el extranjero – una gota le caía por la nuca. Vaya inventos que maquinaba su abuelo.

Dentro de unas semanas habrá un reencuentro de alumnos. Tú no te graduaste, pero creo que a todos les gustaría verte otra vez. ¿Qué dices, te consigo un boleto? –

Mientras Houyou continuaba con su monólogo, pudo escuchar perfectamente como Sesshoumaru contenía un gruñido en su pecho. Sesshoumaru, aún con el gruñido retenido con toda su fuerza de voluntad, comenzaba a pensar que ese tipo era un idiota. Solo un idiota no se daría cuenta de que esa mujer con la que coqueteaba tan descaradamente estaba acompañada. Solo un humano muy idiota no notaría la mirada asesina que le estaba dirigiendo. Y por último, si ese idiota no dejaba de comerse con la mirada a su mujer, ese mundo lleno de idiotas tendría uno menos por el cual preocuparse.

lo siento Houyou-kun, pero me podrías conseguir dos? –

eh?? – al parecer ese humano si que era muy idiota. No se había dado ni cuenta de que el gran Lord Sesshoumaru estaba tras Kagome.

Es que no me parece bien ir sin mi marido – sonrió ella, tomando la mano de Sesshoumaru. – te presento a Sesshoumaru Taisho, mi esposo – y Houyou por fin se dio cuenta de que aquél "hombre" lo veía con ojos congelantes – amor, él es Houyou-kun, un ex-compañero del instituto. –

Encantado – la voz era una amenaza evidente, a pesar de ello, le tendió la mano.

Igualmente – tuvo que limpiarse la mano con el pantalón, pues desde que había mirado al youkai a la cara todo su cuerpo había comenzado a sudar.

Entonces, me decías Houyou-kun? –

Etto… yo… creo que será mejor que me marche, deben de tener mucha cosas que hacer. Hasta otra Higurashi! – y se marchó como había llegado, corriendo. Aunque tal vez con mayor rapidez.

La cena pasó sin muchos contratiempos. Sesshoumaru no hizo ningún comentario durante ella, pero apoyó las opiniones y los relatos de su mujer con constantes cabeceos. Souta miraba sorprendido a su hermana, y se preguntaba si algún día él llegaría a conocer el gran castillo del oeste donde ella y Sesshoumaru vivían. Se preguntaba también que tan bella sería Rin y que tan valiente y fuerte sería Shipo. El abuelo comió poco y se fue a dormir temprano, tal vez, pensó Kagome, habían sido demasiadas emociones para un solo día. La madre de Kagome, por su parte, avaluaba cada movimiento del youkai, y al final de la velada, sonrió para él y para su hija, dando su total aprobación a la elección hecha.

mientras estaban en la ciudad me di la libertad de pasar mis cosas a tu cuarto Kagome. Ustedes quédense en el mío –

pero, Mamá!! –

no reclames pequeña. Sabes bien que es un cuarto demasiado grande para mi sola, es mucho espacio en la cama desde que no está tu padre. Además, ustedes seguro le dan un mejor uso a esos resortes – sonrió pícara, haciendo sonrojar a su hija.

A qué te refieres Mamá? –

A nada, es hora de ir a dormir Souta – el muchacho hizo un puchero lleno de infantilidad. Aunque ya no era un niño seguía comportándose como uno – si no, mañana no podrás pasar el día con Hitomi –

Hai!!!! – subió las escaleras sin muchos ánimos y se encerró en su cuarto.

"sigue siendo un niño" pensaron madre e hija ante el comportamiento del chico.

ustedes también deberían ir a dormir – alzó las manos al aire e hizo comillas a la hora de decir "dormir". Bien sabía ella que una pareja de recién casados con esa energía harían mucho más que dormir estando solos y teniendo la oportunidad. – solo recuerden no hacer mucho ruido –

Completamente sonrojada, Kagome tomó la mano de Sesshoumaru y corrió con él por las escaleras rumbo a la habitación de su madre. Cerró la puerta de un portazo y respiró agitada. Sesshoumaru alzó una ceja sin comprender del todo lo que había dicho aquella mujer cobre "resortes" y demás.

tu madre no se refería a… - y entonces el resto de la conversación entre madre e hija cobró sentido para él. - así que tu madre me está dando permiso para tomarte en su habitación – se acercó a ella, aún recargada contra la puerta. La vio sonrojarse más de lo que ya estaba – me debes una buena sesión después del numerito del imbecil ese – la tomó por la cintura y juntó sus labios.

Se devoraban hambrientos, pues ya eran casi 30 horas desde que no habían hecho el amor. Mucho más tiempo del que ninguna vez hubieran soportado.

te necesito mujer – frotó su virilidad, cubierta por la ropa que llevaba puesta, pero aún así notoria y prominente, contra el abdomen de ella. La tomó de las piernas y la elevó, haciendo que las enroscara en torno a él.

Yo también, yo también te necesito, no sabes cuanto – desabotonó la camina, botón por botón, mientras besaba con delicadeza el cuello de Sesshoumaru, justo donde ella sabía que él perdía el control.

Te voy a destrozar la ropa –

Anda perrito, muéstrame toda tu energía –

Volvieron a besarse, llenos de urgencia… esa noche sería larga.

Continuará…

Perdón por dejarlo aquí, pero es que no tardan en llegar mis padres y no quiero tener que dejar el lemon a medias. El próximo capítulo será el lemon y quiero trabajarlo tranquila en esta semana santa. No se como se supone que voy a purificar mi corazón para darle la bienvenida a cristo si me la voy a pasar escribiendo lemons.

En fin. Un beso y un abrazo para todos.

AttE: Tommy