Dedicado a todos los que llegaron al final junto conmigo.

¡Gracias por la experiencia chicos!


Capitulo XXXIII

Final

No era débil. No.

Ni callada.

Ni abnegada.

Y mucho menos sumisa y delicada.

Desde niña le habían dicho que no tenía oportunidad de pasar como una dama una vez que abría la boca. Y con el tiempo, ya de grande, esa regla fue apagándose hasta convertirse en solo un recuerdo.

Por que ya no maldecía, ni golpeaba a los chicos ¡oh no!

¿En que se había convertido, entonces? En una mujer. Si.

Aunque seguía sin ser sumisa, callada, abnegada, débil y delicada.

¿Cuánto puede una persona cambiar y al mismo tiempo no cambiar nada?

Quizá tenía que ver con la manera de ver el mundo. Acostumbrarse a cambiar de punto de vista, como de anteojos. Adaptarse a las situaciones y listo. ¡Que pase el siguiente!

Lily suspiró, y se tapó con las mantas más abrigadas de su casa, esas que llenas de plumas, hacían ver su cama como una montaña de nubes.

Miró el reloj.

Las cinco de la mañana.

Genial, en una hora debía levantarse y hacia tres que estaba despierta.

¡Para eso servían las matemáticas! Para calcular el tiempo en que se estaba despierto, para calcular cuanto faltaba para la tortura social y para llegar al resultado que habían pasado días desde su última conversación "personal" con James.

Se dio vuelva, haciéndose un bollo. Volvió a suspirar.

No había sido tan dura, de eso estaba segura. En cualquier pareja pasaba…

Pareja…

Nuevamente se movió quedando del lado opuesto de su cama y con cinco kilos de abrigo encima.

Era sorprendente la manera, o mejor dicho, la facilidad que tenia para arruinar las cosas. Y si bien no se sentía culpable por haberle dicho a James que no fuese tan pegote, cierta parte de su feminidad le gritaba: ¡IDIOTA!

Chitó al tiempo que se sentaba. La imagen reflejada en el espejo del tocador le devolvía una figura una tanto maltrecha y muy despeinada. Vamos, que no era fea, pero madre, que común era. De seguro para el orgullo de James debía ser un golpe duro que una mujer tan encantadoramente normal le dijese que era un pegote, pero con otras palabras.

Por eso la había ignorado toda la semana.

Un hola, un adiós. ¡¿Harry hizo qué?

Debía embarrarse en la culpa por que su contraparte no supiese aceptar un pequeño señalamiento respecto a su conducta, o debía ser mas buena y compartir la misma con él.

Gran pregunta que no lo era.

Se levantó sin ánimos.

Un escalofrío la recorrió al sentir la temperatura.

Por la ventana se veía que el tiempo estaría ventoso y con nieve.

― Mauuuuu―

Su vista bajó hasta el felino pomposo con cara de hambre. El animal se restregó entre sus piernas y salió corriendo.

Bien, le daría de comer y luego se bañaría. Tal vez una tina llena de agua caliente la relajaría lo suficiente como para comenzar el día con un poco más de ganas.

Pero primero…

La habitación de Harry era contigua a la suya y estaba iluminada por una lamparita giratoria de noche, que reflejaba dinosaurios. Era de color entre azul y celeste, con mucho amarillo y rojo. A su niño le encantaban esos colores y poco a poco, la habitación estaba amoldándose a los gustos de su dueño.

El pequeño en cuestión dormía boca abajo, abrazando su tortuga.

Tendría para rato.

Harry tenía un reloj biológico que le hacía dormir hasta las siete de la mañana. En punto.

La pelirroja se dio media vuelta con claras intenciones de dejar a su retoño con su sueño hasta que este quisiera. Mustang volvió a aparecerse de la nada, con cara de reclamo.

Ella sonrió.

Caminó tras el felino hasta la cocina y en menos de lo que pensaba, el micho en cuestión ya estaba atragantándose con la comida.

Era increíble, de haber sido cuatro años atrás seguramente le hubiese hecho una escena, con esos ojos amarillos y grandes, que se tornaban medio verdes cuando estaba tranquilo. Sin embargo en ese tiempo, después de haber convivido con Harry, tomándolo bajo su protección, Mustang había cambiado mucho. Claro, seguía siendo mimoso, caprichoso y excéntrico, pero en la medida justa.

Dejándolo en la cocina, Lily se dispuso a preparar el baño y para cuando ya se disponía a entrar, las conclusiones a las que había llegado eran…reales.

Al ser el tipo de personas que se despiertan a la madrugada y le dan vueltas a un asunto hasta resolverlo, en esa situación y con ese problema encima, no iba a hacer la excepción.

El agua tocó cada centímetro de su cuerpo en la primera sumergida.

Quizás estaba un poco caliente.

Abrió el grifo de agua fría y esperó.

El sonido le hacia recordar las veces hacia tenido que salir de la tina, embarazada, por que el sonido que hacia el agua al caer le daban ganas de hacer del uno.

Para cuando Harry ya cumplía ocho meses en su interior, su vejiga se había transformado en un pequeño tubo. Nada más. Y como tal no retenía ni medio.

James al comienzo se burlaba, no pudiendo creerlo. ¿Qué sabia él de convivir con litros de liquido agregados al cuerpo de un niño creciendo en su interior?

Bufó.

Cerró el grifo y se hundió completamente.

Cumpliría cinco meses en tres días. Su vientre había crecido lo suficiente como para que sus compañeros de trabajo (los despistados a esta altura) lo notaran. Preguntas estúpidas como ¿Quién es el padre? ¿Estabas de novia?

Un montón de metidos sin problemas lo suficientemente importantes en su vida como para evitar que se metieran en SU vida.

No era que a esa altura del partido le molestara explicar que estaba embarazada de un hombre que no era ni su novio ni su pareja y que no pensaba relacionarse con él mas allá de lo necesario para el niño. Pero algunos rostros decían demasiado.

Cuando quiere, la gente es demasiado transparente.

En cuanto mencionaba el hecho de que el padre se había hecho cargo de buenas a primeras, incluso con un animo inusual, la mueca en sus bocas, como diciéndole: espera a que nazca y veras como se le baja la emoción; eran ¡EXASPERANTES!

Como si ella no tuviera sus serias y constantes vacilaciones.

Siempre había dudado de alguna manera de James en ese aspecto. No lo creía capaz de llevar el rol de padre con ese aire adolescente y pedante que transmitía cada vez que lo veía. ¿Qué podría enseñarle él a su hijo? ¿Qué clase de valores?

Si no salía corriendo a la primera de cambio cuando se diera cuenta que un bebé no era solo sonrisitas y gorgoteos tiernos.

Suspiró mirando los autos y gente pasar del otro lado del ventanal.

Era una tarde lluviosa, y su cita con el doctor no seria hasta dentro de una hora y media.

¡Ey! ― Inmediatamente ese llamado capto su atención. James Potter metido en un traje negro sin corbata y con camisa blanca, le sonreía con esa perfecta dentadura made in: tres años con frenos.

Hola. ― saludó sin mucha gracia. Hacía veinte minutos que lo estaba esperando.

Lamento la tardanza. Cosas de oficina. ― el camarero se acercó y tomó su orden. El café con leche de Lily aun estaba un poco caliente pero de todas maneras prefirió dar un sorbo para humedecer su seco paladar. ― ¿Estas de mal humor?

Levantó la mirada. Se dio cuenta que no había dicho nada aparte de un tenue: hola.

No, no lo estoy. ― aclaró sin ganas de comenzar una pelea.

El hombre se acomodo en su asiento y sonrió cuando le trajeron su orden.

¡Que hambre tengo! ¡Me saltee el almuerzo! ― Lily lo miró atentamente. Las facciones varoniles y marcadas se notaban aun más cuando el ánimo de James estaba en los cielos.

¿Muy ocupado? ― preguntó intentando romper el hielo que ella misma había puesto.

Los ojos avellanas de él destellaron.

Si. Hoy tuve cuatro juntas seguidas. ―

¿Siempre es así?

No. Dos de ellas las iba a tener en la tarde. Pero adelanté todo para poder estar completamente libre y así disfrutar de la visita al medico. ―

Ya. ¡Esos comentarios le ponían los pelos de punta!

¡Era un doble discurso confuso!

Tenía novias de todos tipos y tamaños, pero, en cuanto se trataba del hijo que tendría con una desconocida a la cual siquiera le pidió prueba de paternidad, dejaba su vida de lado.

¿Dije algo malo? ― la cara de Lily era tranparente.

No, simplemente, estoy confundida. ― admitió. Se remojó los labios. El levantó sus cejas por sobre el marco de sus anteojos. ― ¿Por qué estas tan feliz?

Tendré un hijo. Creo que eso es motivo de sobra. ¿No estás feliz?

No dije eso. Desde el momento en que decidí tenerlo lo ame, pero…― le miró directa. ― tal vez te suene brusco pero generalmente los hombres no desean este tipo de compromisos cuando están en una etapa…ehm…

¿Libre?

Ella asintió.

Él tomó un tragó largo de su bebida.

¿No me quieres en su vida? Viene a eso todo este…-

No, claro que no. No mal interpretes. Simplemente, me da curiosidad. ― se apresuró a aclarar. ― Eres rico, y joven y tienes una novia que esta de viaje. Yo, tu vida esta en una etapa que el general de la gente prefiere mantener lo mas que pueda.

James se le quedó mirando largo y tendidamente. Masticando lo que le había oído decir.

No tenia mucho de conocerlo, muy pocas veces (por no decir contadas) habían hablado sin pelear, como en ese momento.

Es mi responsabilidad. ― se llevó la servilleta a la boca, limpiándose. Una de sus manos jugó con un pedazo de papel sobre la mesa. ― No sé que imagen predeterminada tengas de los hombres con dinero, pero son hombres al fin y al cabo.

No creo que la cuenta en el banco sea un factor determinante. Muchos tienen hijos y jamás los reconocen. ― contestó ella suavemente.

Bueno, esos "hombres" no han tenido un padre como el mío. ― respondió sincero. ― Puedo ser muchas cosas, incluso un sin vergüenza con las mujeres, pero si en el medio a una nueva vida, jamás iría en broma. ― tomó un poco de gaseosa y continuó. ― De alguna manera, siento que es lo mismo que pasa contigo. No te ves como el tipo de mujer que hubiese querido un hijo a esta altura de la vida.

Ella terminó su café con leche y le miró.

Es cierto, no lo soy. No es por que no lo quiera, sino por que no tengo mucho para ofrecerle. ― La frase: en lo económico, era la oración que definía y al mismo tiempo, que no era necesaria aclarar.

Lily sintió una puntada.

¿Pasa algo?

Ella tocó su vientre.

Esta moviéndose. ―

Reconocía esa mirada. Desde la primera vez (semana y media atrás) que había dicho algo parecido, James tenia cara de querer sentirlo. Tal vez sería algo que lamentaría, sobre todo conociéndose. Estaba segura que ese lapso de paz entre ambos no duraría más de unos diez minutos más.

Aunque ni eso la detuvo.

¿Quieres sentirlo?

La pregunta lo agarró por sorpresa, era obvio. Sus ojos avellanas se abrieron considerablemente. Lily nunca lo dejaba tocarla. Siquiera cuando quería guiarla hacia "x" lugar en "y" situación.

Su cara debió reflejar un: ¿estás segura? ; Por que ella sonrió suavemente y le hizo una seña para que se acercara.

Se sentó torpemente en la silla contigua, como si lo que fuese a hacer significara la salvación del universo o algo parecido.

Ella se mordió el labio inferior mientras intentaba buscar el lugar exacto y con decisión, acercó la mano suspendida de James a un costado de su pronunciada barriga.

Los primeros diez segundos fueron silenciosos, sin una mínima actividad. Hasta que sucedió.

La palma del hombre sintió una leve presión desde debajo. Fuerte y juguetona. Luego…nuevamente nada.

Es increíble…―

Todavía no terminó. ― guió su otra mano hacia el lado opuesto, aunque un poco mas abajo y enseguida, se sitió un golpe seco, más conciso. Como si hubiese sido hecho con una parte del cuerpo más grande y dura. Ambos se miraron.

La cabeza. ― murmuró convencido. Ella iba sonreír afirmando, cuando otro tipo de puntada la interrumpió. ― ¿Qué ocurre?

Se levantó apurada.

Ya vengo. ―

Después de eso, fue al baño cinco veces mas.

James con su poco tacto, se lo señaló.

Y como había predicho, la tranquilidad solo duró eso. Un breve momento entre el torbellino de personalidades. James dejó de molestarla con lo de la incontinencia cuando ya con ocho meses y medio de gestación se largó a llorar de tal manera en medio de una visita al doctor, que siquiera tres helados de chocolate diferentes pudieron tranquilizarla.

Sus ojos se abrieron aun antes de salir del agua.

No había siquiera pasado un minuto, pero el recuerdo había sido tan tangible, que lo había sentido en tiempo real.

El vapor que se desprendía de la tina, llenó el baño de una tenue nube.

Suspiró.

Tal vez James no había sido TAN mal partido desde el inicio. Pero eso no era razón para desear que las cosas fuesen diferentes. Estaban donde se encontraban por todo lo que habían pasado juntos, de la justa manera en que todo se había desarrollado haciéndolos madurar.

Si, tal vez se le había ido la mano al decirle aquello. Pero él se estaba yendo de tema con esa actitud de ignorarla deliberadamente. Ninguno de los dos era un niño y no debían comportarse como tales.

Era un hecho.

Ese día hablaría con él.


Era una hora razonable. Nadie podía culparla de llegar en un mal momento.

Cómo lo había decidido esa mañana, sus instintos la condujeron directamente al edificio central de la compañía de los Potter. Y después de razonar que llegaría más rápido si tomaba el subterráneo en vez de ir en su automóvil, la media hora que le quedaba para regresar a su trabajo era crucial.

A pesar que sus nervios no fueran por volver a su trabajo a tiempo, sino por lo que sucedería en los próximos minutos.

Malditas manos sudadas.

Saludó a la secretaria fuera de la oficina. La mujer respondió amablemente sin decirle nada.

O estaba muy ocupada o ya se había acostumbrado a esas llegadas ráfaga.

Tocó a la puerta.

― Te olvidaste algo…― los anteojos se deslizaron por su nariz y la miró por sobre el marco. ― ¿Lily?

― ¿A que estas jugando?

― ¿Perdón? ― se enderezó en su asiento y seguidamente se levantó. Tenía aspecto de estar cansado y muy ocupado.

La pelirroja caminó hasta la mitad de la oficina deteniéndose a prudente distancia del escritorio.

― ¿Qué es lo que estas haciendo? ¡Me estas ignorando! Eso es lo que estas haciendo. ― había interpretado la pregunta muda de él. James arrugó el entrecejo muy molesto.

― ¿No era que querías espacio? ―

― Lo interpretaste como: no me hablas directamente durante una semana. ¡Genial! ¡Simplemente genial! No tenemos quince años, James. ―

Wow.

Estaba realmente enojada y no se había dado cuenta hasta que una catarata de oraciones con forma de fusil esperaba por salir de su boca, con blanco directo.

Demonios…esa no era la idea consciente de la visita.

James no sabía exactamente que contestar, después de todo, no conocía ese tipo de mal estar por parte de Lily y obviamente, él no era una florecita de pradera ni se sentía como una después de haber estado alejado de ella durante tantos días.

― Me llamaste pegote, dijiste que querías espacio. ¡Decídete de una vez!

― Sé lo que quiero, ¡no es mi culpa si no sabes interpretarlo!―

Con ese tono retrocedieron unos cuantos años atrás.

Ella suspiró.

― ¿Va a ser así siempre? ― preguntó luego de unos segundos importantes en silencio. James estaba al tanto de lo que quería decir. ― Sin importar lo que seamos, ¿va a ser así?

― Creí que querías tu espacio…―

― ¡Dentro del que comparto contigo! ¡Maldición! ― se vio tentada a quedarse mirando los pies, pero supuso que no sería una buena decisión. No cuando estaba pidiendo madurez. ― No quiero pasar mi vida peleando contigo, se que estas cosas son naturales en las parejas pero venimos peleando desde hace tanto que…no tengo resto para hacerle frente.

Ya, la había escuchado hasta la palabra pareja.

¡¿Eso eran?

¿Así lo pensaba ella?

Oh dios.

Estúpido.

Estúpido.

¡Estúpido!

― Lily.― el móvil de ella sonó. Ignoró los primeros dos pitidos. Al tercero no tuvo más que atenderlo. Su expresión no varió en toda la conversación. Cuando cortó suspiró nuevamente.

― Debo irme. ―

No, espera. ―

Hubiese sido magnifico si lo hubiese dicho en voz alta. Pero ante el shock James solo atinó a quedarse estático.

Se miraron una última vez.

Decían demasiadas cosas, eran demasiado expresivos, y sin embargo, no lograban comprenderse. No en un momento tan tenso como aquel.

Lily salió de la oficina sin siquiera saludar. Estaba segura que James no estaba en condiciones de responder.


Era más que obvio. Algo estaba fuera de lugar dentro de los pensamientos de Sirius Black y eso…era peligroso. O por lo menos Remus lo consideraba así.

Vio una vez más como el moreno hacía una especie de juego con la lapicera entre sus manos.

― ¿Algo que quieras charlar?- las orbes grisáceas se fijaron en el hombre sentado del otro lado del escritorio.

―He estado pensando…― soltó finalmente Sirius. Por la expresión se sabía que lo que empezaba con esa frase podía llegar a ser incongruente y hasta bizarro. ― Quita esa cara. ¿Quieres que te cuente o no? ― La expresión de Remus se suavizo. ― Gracias.

Pasaron unos segundos de silencio los cuales no se atrevió a interrumpir. Seguramente su amigo intentaba darle "sabor" a las palabras que soltaría.

― ¿Crees que esté embarazada?

Ya, esa no se la esperaba. No del todo por lo menos, pero luego de sopesar su respuesta, dijo: ― Conociéndola ¿es posible que lo este y no te lo dijera?

― No. ―

― ¿Entonces? ― Sirius se acomodó en su asiento, aunque su inquietud no venía de una instancia física.

― ¿Cómo se puede explicar su aspecto? ― dijo haciendo alusión a ese vaivén de estados anímicos.

― Quizás este enferma o deprimida. ― ninguna de las dos opciones era viable o soportable para Sirius. Era una voz visceral que así lo indicaba…u ordenaba.

Se mostró aun mas incomodo.

― Si tanto interés tienes, ve y pregúntale. Sacar la conclusión más conveniente solo por que se te hace la más fácil de digerir no te servirá de nada.

Sirius se detuvo en un pequeño detalle.

― ¿Piensas que me gustaría ser padre?

― No podría responder que si, te pareces mucho a James en ese sentido. Lo ambiguo de sus pensamientos permite que no (en su momento) deseasen compromisos, sin embargo a un hijo no les negarían ni la llegada ni el mundo.

Ante tales palabras, Sirius sonrió.

― Me tienes en alta estima, amigo. Aunque no puedo dejar de pensar que estas demasiado filosófico ¿Qué ha ocurrido? ―

Remus permanecía neutro.

― Termine con Tifany. ― el moreno no pudo evitar que una sonrisita lo golpeara. ― Saca los globos…― agrego sin nada en la voz.

― ¡Ey! Nunca te oculte mi pequeño más estar con ella…aunque tenía lindas piernas.―

―…―

― No me culpes, después de todo, mi sonrisa no es más que un reflejo de lo que veo. Y lo que veo me dice que te has quitado un peso de encima, y lo sabes. ―

Remus se recostó en su silla; Sirius había dado en el clavo.

Después de todo, no era que la había dejado de querer (para eso tendría que haberla querido en primer lugar) simplemente le había dejado de gustar. Sus contras eran cada vez más poderosas que sus pros.

― No voy a quejarme, tu estado filosófico cae en buen momento. ― el castaño alzó una ceja. ― James esta con problemas existenciales. Lily lo visitó hoy en la tarde.

― Si, lo sé. De su despacho vengo. Es algo así como un monigote al que un camión le ha pasado por encima y se ha olvidado de bajar. ―

― ¿Tan difícil está la cosa?

― No, pero les encanta complicarla. Es decir, no en general, si para James en particular.―

― Hay veces que creo que tienes la respuesta para todo. ―

Remus se miró las manos desinteresado.

― Sabes que no es cierto. ― acotó.

― No lo aparece. ― contestó tranquilamente.

― Vivo la situación desde afuera. Si uno lo ve con la cabeza fría obviamente va a resultar más práctico a la hora de la solución.―

Ambos se sumieron en un profundo silencio.

Cada uno con su vida pasándole factura.

Y Remus en particular saboreaba lo que había dicho segundos antes.

¿Podía ser posible que su manera de vivir le haya hecho ver las cosas desde afuera?

No era un santo, tropezó con sus demonios pero nunca con esa tempestad loca de sus amigos.

No con la misma intensidad.

¿Valía la pena compararse en ese momento? ¿A sus veintiocho años?

Se sintió un tanto estúpido al hacerse ese planteo pero era inevitable. Acababa de cortar con una pareja de meses y lo único que pasaba por su cabeza era: buenas noches y hasta luego.

Siempre se había jactado de tener relaciones serias, comparadas con las de sus amigos pero ¿y si esas relaciones solo eran eso? ¿Y si comparados con su vida en general solo fuese algo más para agregar al montón?

No.

No envidiaba las complicaciones existenciales de Sirius y mucho menos las de James; pero la realidad era obvia: su vida era monótona.

No aburrida, pero si lineal. No despreciable, pero falta de encanto.

No recordaba en todos esos años sentirse realmente mal por no conseguir algo o por la ruptura con algunas de sus parejas.

¿Era él? ¿Eran los demás?

― Siempre que te quedas así, temo que te hagas budista y te mudes al Tíbet. ― objetó Sirius al verlo sumido en su mundo.

― ¿Y dejar de ver mi telenovela favorita con ustedes de protagonistas? Ni de broma. ― Su amigo rió.

― Si fuese gay, me casaría contigo.

― Si fueses gay, se acabaría el mundo. ― contraatacó el castaño con tonó simpático.

Ambos rieron fuerte. Símbolo de la liberación de la que solo ellos eran conscientes.

El moreno se despeino, rascándose la cabeza.

― Si fuese padre ¿Serías el padrino? ―Remus estaba sorprendido, aquello le había tomado desprevenido.

― Mejor ve y pregúntale. Si es positiva su respuesta, encantado aceptare. Ese bebé necesitara una figura masculina centrada. ― respondió.

― No conozco a nadie que insulte tan directa, confiada y elegantemente como tu.―

― Es de familia. ―

― La mía droga y especula, tuviste suerte. ―


No era dando a los consejos. No. Para eso estaba Remus que conocía la mentalidad racional de pi a pa. La batuta de la verdad más acertada, o por lo menos la más sincera y limpia.

Se rascó la nuca.

Vaya mierda.

Por una vez, su vida comenzaba a tener un sentido realmente...ehm...¿perfecto? No, lo perfecto era aburrido, tal vez genuino fuese más apropiado.

El hielo en el vaso terminó de separarse para el momento en que James apoyó la bebida sobre la negra superficie.

― Esto de venir a un bar a emborracharse este demasiado quemado. ¿Por qué no pruebas con el salto de puente sin cuerda? Dicen que es muy... ¿existe la palabra adrenalinico?―

El silencio que se hizo era un rotundo: NO.

El de anteojos sonrió.

― No, sería demasiado sexy hasta como mancha roja y pegoteada en las rocas. Dudo que tu orgullo sobreviva al ser derrotado por un pedazo frio y gris con un manchón. ―

― Ya ni lo sé. ― contestó su amigo sentándose a su lado al tiempo que le pedían su orden. ― Cuanto más repito esa oración más me convenzo que debo ir a un psicólogo.

― ¿Y qué te detiene?

― Me da vagancia. ― objetó desabrochándose el saco negro. ― Si Remus nos escuchase, seguramente nos diría...

― Hombres grandes dando lata con algo tan insulso. ― el recién nombrado palmeó en el hombro a sus dos amigos y se situó a la izquierda de James, completando el trío.

― Amas sacarme las palabras de la boca. Admítelo, me admiras.―

El castaño negó tranquilamente.

― Amo dejarte sin palabras. De esa manera no tienes mucho resto para pensar más que en tu orgullo perdido. ―

James levantó su bebida.

― ¡Amén a eso! ― indicó a modo de brindis. Se puso serio repentinamente. ― Pero su ego es muy grande, podría hacer un monologo por horas. ―

― En cualquier situación, estaría de a cuerdo. Pero al verlo creo que no tiene muchas fuerzas. ― Si. Remus era muy directo.

Los hombres permanecieron en silencio por unos minutos. Lo suficiente como para que los pedidos de los recién llegados fuesen servidos y bebidos hasta la mitad.

― ¿Hablaste con Lily? ―

― Vamos, métele sal a la herida que no es suficiente que llegue al hueso. El escozor es mi nuevo Armani. ―

― Deja las ironías de lado, James. Sirius lo dice en serio. ― señaló Remus. ― Increíble, pero es así.

Se lo pensó. Tenía presente que su amigo no era el problema. Pero se sentía muy nervioso. Demasiado.

― No, no hable. Lo hare en un rato.― jugó con su vaso vacio. ― Si, ya sé. Deben estar pensando: ¿Que hace acá tomando algo tan fuerte? y ¡Wow! ¡Has pedido algo demasiado suave!

― Espera...ya me estas asustando. ― reconoció Sirius al ver su pensamiento plasmado en la última frase. ― Quizás el amor te está volviendo telepata. ¿Eso puede pasar?

Supo extraño.

Amor no era una palabra que usasen con frecuencia. No en esa etapa de adultos, mucho menos cuando eran adolescentes.

Sus preocupaciones siempre habían pasado más que en plantear las relaciones desde el comienzo con el mote: sin importancia. James, incluso, al borde de casarse con Allison estaba seguro de no haberse enamorado de ella. Bueno, no lo sabía en ese momento. La conexión animal y el sexo con ella se planteaban demasiado buenos como para no confundirse.

Sus amigos no se encontraban muy alejados de él. Claro, cada uno en un punto de partida distinto.

Remus sonrió de lado.

― No. Creo que no es eso. ― respondió suavemente, con tono mezclado entre la sana envidia y su propio deseo de comprenderlo.

A sus interlocutores les dio la impresión de escuchar un no expresado: Pero no me importaría convertirme en telepata de ser así.


― Eso es todo. Será hasta la próxima. ―los presentes se levantaron casi al mismo tiempo, arreglando sus cosas.

Elis como era su costumbre, fue la ultima en retirarse del salón. La idea de tener que subir dos pisos más para ir a buscar una maqueta la espantaba, pero no tenía otra alternativa. Debía terminarla para el otro día así que la posibilidad de dejarla era nula.

Resopló.

Para cuando terminó con todo el trámite de subir, pedir y bajar, el cuerpo estaba un tanto cansado.

No se había recuperado del todo, pero ya estaba mucho mejor. O eso quería creer después de recordar que tendría que irse en autobús hasta el departamento de Thomas. Su pelirrojo amigo no podría ir a buscarla esa noche gracias a unos compromisos laborales y ella fue la primera en decir: estaré bien, no es gran cosa. Volveré para la segunda cena.

Código que utilizaban para una especie de poste y picada de cosas saladas.

― ¡Oye! ― Un hombre de unos veintitantos se acercó a apresurado. ― ¿sobrecargada?

― No te burles. ― sonrió. El ayudante de cátedra de una de las materias había hecho muy buenas migas con Elis, tanto como para que ambos comenzaran a tutearse. Después de todo, ella se había atrasado demasiado con las clases y él (por orden del profesor) la ayudó para que se pusiera al día.

― No lo hago, lo juro. ― hizo ademan de sacarle algo de peso, pero ella se negó.

― Mientras me ayudes a abrir la puerta, estaré más que agradecida, Mark. ― el castaño sonrió e hizo lo propio.

Fuera, estaba fresco. Muy fresco.

― Ya estas por terminar ¿no? ―

― Si, un final mas, incluida la presentación y ya esta. ― Las luces del campo comenzaron a encenderse una por una a lo lejos. ― No puedo estar mas contenta.

― Serás una excelente arquitecta. Tus ideas les han encantado a muchos profesores. ― ella rodó los ojos, apenada. En un intento absurdo para que eso no le diera tanta vergüenza. ― No tienes por que apenarte.

― Es difícil no hacerlo. Aun me siento un poco fuera de lugar. Fue un periodo agitado. Que este terminando me da una especie de sensación satisfactoria y melancólica al mismo tiempo. ―

Mark asintió.

― Se a lo que te refieres. ― hizo una breve pausa. ― Me entere lo de tu padre…

Elis continuó su marcha lenta y cómoda.

― Son de esos verdaderos problemas que se te aparecen un día cualquiera. ― admitió.

― No fue un buen año entonces. ―

No realmente, pensó ella.

Una fuerte ráfaga de viento le arranco el gorro mal puesto que llevaba sobre su castaña cabellera. Por suerte Mark la tomó el tiempo antes de que cayera sobre el césped, mezcla barro (por el hielo).

Se lo colocó.

― Gracias. ―

Iba a soltarle: de nada. ¿Oye, te apetece que vayamos a tomar un café un día de estos?

Por que Mark no era estúpido. Se había dado cuenta de la ausencia del anillo en su mano y si en su momento no había intentado nada con ella, era por respeto a una relación de la cual era un tercero que no tocaba absolutamente nada.

Pero si Elis estuviese libre, la cosa seria muy distinta. Como en ese instante.

― De…―

― ¡Ey! ―a unos metros, un hombre ataviado en un saco realmente varonil, negro y elegante les llamaba la atención. Se acercó lo más rápido que le dieron sus piernas largas. ― Elis, eh…hola.

― Sirius, ¿Qué haces aquí? ― preguntó ella confundida. De hombre de mirada gris observó al acompañante desconocido. Este también le miró.

Era claro lo que pasaba.

No había celos ni nada por el estilo, pero fuese lo que fuese lo que debía hablar Sirius con Elis, no era asunto de Mark y no era una cuestión de "territorio" sino de privacidad.

El ayudante entendió a la perfección.

― Debo irme. ― inclinó la cabeza hacia Sirius y este hizo lo mismo. ― Elis, nos vemos la semana que viene.

― Mark…― el "espera" murió en su garganta. Su superior se alejó con paso digno sabiendo que si bien esa no había sido una batalla, había hecho lo correcto en dar un paso al costado.

Después de todo, al oír el nombre de Sirius todo había cerrado en un segundo. Elis lo había nombrado en variadas ocasiones con el prefijo: esposo/marido, que no cabía duda.

Suspiró resignado.

Vaya mierda.

El recién llegado se quedo pensativo unos largos segundos hasta que la mujer a su lado lo regresó a la realidad.

― No deseo sonar brusca pero ¿a qué has venido? ― El moreno se rascó la nuca.

― Necesito hablar contigo.

― ¿Tiene que ser ahora? Debo regresar a casa para terminar con unos trabajos. ― Tarde se dio cuenta que le había dado una muy buena oportunidad.

Sirius no pudo ocultar su sonrisa. Y al tiempo que ella estaba por replicar el ofrecimiento aun no pronunciado, el hombre le quitó unos cuantos kilos de encima.

― Cielos, pensaba que estas cosas eran más livianas. ―

― No es una cosa, es una maqueta. Y no, no son demasiado cómodas para transportar.

― Tengo el auto cerca. ― señaló mirando hacia el cielo oscuro.

― ¿De qué quieres hablar? Supongo que debe ser algo mínimamente importante como para que te hayas tomado la molestia de venir hasta acá. ―

― Como si no hubiese venido antes. ―

― Eso fue cuando estuvimos casados. ― El "y fingíamos" era tan latente como los latidos de sus corazones.

― Ya, pero no te quejes tanto. No veo que estés mostrando resistencia a que te lleve. ―

Gran punto.

― Es porque estoy cansada y no tengo fuerza para perseguirte por todo el campus. ―

― Ya ves, vengo bien. ― Ambos se miraron de soslayo. Sirius con picardía, Elis con un toque de renuencia.

Una vez que llegaron al automóvil, Elis no pudo más que pestañar un par de veces.

― ¿Qué es esto? ― preguntó señalando el BMW lustroso y negro.

― Nada de lo que deba sentirme avergonzado. Es un pequeño regalo de mí para mí. ― colocó con cuidado la maqueta de ella en el asiento trasero.

― No habrás venido a presumir tu nuevo…― el salió del automóvil y negó rápidamente.

― De lo que vengo a hablar es mucho más importante y no tiene nada que ver. ―

A esta altura la curiosidad le estaba picando. Dejó sus cosas al lado de vehículo y se paró ahí, decidida a no entrar hasta que él dijese lo suyo. No fuera a ser que soltara cualquier barbaridad en medio del viaje.

Odiaría tener que manchar ese lindo tapizado. Y eso que la cosa esa no era de ella.

Sirius caminó hasta ella para invitarla a subir y cerrar su puerta, pero encontró la resistencia.

― No lo harás fácil ¿no? ―

― No fui la que llegó de la nada con una pregunta según tu, importante, que aun no ha sido dicha. ― se miraron tan intensamente como ambos podían. Él relajó los hombros, había dado el codo a torcer.

― ¿Cómo sabes que es una pregunta?

― Estuve casada contigo ¿lo recuerdas? ― se miraron nuevamente. Ella realmente parecía más cansada que antes.

― ¿Estas embarazada?

Por un momento, todo se detuvo. Ella dejó de respirar y él también.

Vaya escena.

Elis tuvo que pestañar un par de veces para regresar a la realidad. Cuando lo hizo, acarició los botones de su abrigo y luego, con las manos heladas, lo miró a los ojos.

― ¿No crees que de ser así te lo diría? ― Sirius meditó su respuesta detenidamente. No deseaba, bajo ninguna circunstancia que lo que dijese pudiese mal interpretarse.

― Bueno, no. Mi duda se basa en...― los ojos de Elis destellaron pronosticando un mal momento. ― No creo ser la clase de hombre que deseases para tus hijos. A eso me refiero.― creyó pertinente hacer una pequeña pausa, antes de agregar. ―No tiene que ver con un reclamo sino con una observación.

Elis no pudo sostener su intento de queja. El punto de vista de Sirius no era errado del todo. "Tal vez hubiese que cambiarle el tiempo verbal." Pensó para sí.

Ya que en un comienzo, él no hubiese sido su tipo de hombre al momento de criar niños. Ok, no hubiese sido su tipo bajo ninguna circunstancia, pero no podía evitar pensar que si en el pasado esa idea resultaba idiota, hasta enferma, el hombre que tenía en frente , en ese tiempo y lugar, no podía ser descartado con tanta facilidad.

Bien, seguía siendo bastante inmaduro, caprichoso y duro (cruel) cuando se lo proponía y obviamente ese aire adolescente lo acompañaría el resto de su vida, pero...si...pero...era una buena persona.

Sólo necesitaba madurar en algunos aspectos.

"Quizás alguna mujer logrará tal cosa en el futuro."

Ese simple pensamiento le revolvió el estomago con tanta fuerza que se reflejo en su rostro, en forma de mueca.

Debido a esto Sirius pensó que la respuesta sería grosera y malhumorada. Su sorpresa fue grande cuando las facciones de ella se suavizaron llegando a rallar lo tierno.

― No es el caso. ― se sinceró sin miedo en la voz. ― Y si lo fuese jamás te lo ocultaría.

Había más de lo que se expresaba en palabras y cómo era su costumbre (con ella) lo percibió.

Una agradable y suave calidez se instaló desde la punta baja de su estomago hasta el final de sus hombros.

― Lamentó como terminaron las cosas. ― le salió del alma al sentirse tan contento. ―Siento haberte inmiscuido en todo el circo que armó mi familia.

Elis, que estaba mirando hacia abajo, dejo de ver sus zapatos.

― Era consciente de lo que hacía. ―objetó rápidamente. No soy ninguna niña. Lo que ocurrió o dejó de ocurrir fue culpa de ambos.

― No creo que en su momento hubieses estado al tanto de la crueldad de mi familia. ―Ella se mantuvo en silencio. ― Aunque lo manejaste muy bien. ― Sirius se mordió el labio, tic que ella denominó al descubrirlo como: Picardía mental antes de comentario de la misma índole. ― Te enfrentaste a mi madre luego que nos drogara. ― Las primeras cinco palabras fueron dichas con tanta gracia y orgullo que la castaña hubiese apostado que el simple recuerdo lo ponía de buen humor toda una jornada.

― No es difícil cuando se tienen pruebas concretas. ―admitió. ― Pero si he de ser sincera, el impulso que me llevó fue la bronca. Lo que nos hizo...― de continuar no diría el crédito suficiente que merecía la expresión.

― ¿Cómo es que sabías de la droga? ―por un momento las mejillas de ella se colorearon. Pero su vergüenza no duró mucho.

― Cuando era adolescente tuve la misma experiencia. ―

La cara de Sirius palideció tan bruscamente que Elis se preocupó.

― Era joven y ese día en especial bastante estúpida.― respiró superficialmente. ― Con Thomas creímos que...

― ¡¿Con Thomas! ― vamos, que el pobre casi se atraganta al exclamarlo.

Logró recuperar la compostura con especial y efusivo esfuerzo.

― No teníamos idea de lo qué era. Lo encontramos y jugamos. ― continuó como quien te comenta sobre una salida al cine.

El de ojos grises no pudo evitarlo pero le hirvió la sangre magistralmente al imaginarse que Thomas y Elis habían hecho todo lo que ellos hicieron en esos dos días.

Su razón lo tachó de irracional y posesivo. Lo "otro" (que no sabía definir y que no estaba seguro de dónde provenía) ladró tan fuerte que su raciocinio terminó sepultado.

― Lo bueno fue que luego de la experiencia aprendí a separar las cosas ― los ojos castaños chocaron con el gris de Sirius.― Las experiencias no están predestinadas y si algo sucede esta en uno permitir -si la experiencia es negativa- que tal suceso no nos apague. Y tomar de las mismas factores que nos ayuden a seguir adelante y aprender de nosotros mismos.― se rascó la nuca, un tanto tímida y dudosa. ― Con Thomas solidificó mi amistad, y contigo...― sonrió quedamente. ― Aún no estoy segura de que es lo que aprendí pero hay algo de lo cual ahora estoy segura: eres humano, y no el terrible y desconsiderado troglodita mujeriego que pensé que eras.

Estaba impresionado, por lo dicho y por la sinceridad que le acompañaba.

― También me di cuenta de lo descalificadora y pre-juzgadora que resulte ser contigo al comienzo. ―

― ¿Entonces por qué firmaste?

Elis sabía que se refería a los papeles de divorcio.

― Por la misma razón por la cual enviaste a tramitarlos. ― contestó suavemente. ― Ninguno hubiese crecido como persona de haber permanecido casados.

Era una verdad a medias. Cierta hasta el punto de ser la alternativa más viable y poderosa.

Se mantuvieron en silencio unos segundos pasibles.

― Renuncié. ― le salió tan limpio y desgarrador que el peso en sus hombros terminó por desaparecerse de una.

Ella no entendió.

― A la herencia. A mi familia (por lo menos en parte) ― la expresión de Elis era indescifrable. Podía olerse la confusión, la incredulidad, la ironía y hasta la alegría. ― No quise seguir en su juego. ― agregó. ―Depender de aquel dinero por capricho era continuar atado a ellos y a sus enfermos pensamiento. Nunca me hubiese podido librar.

― Lo importante es, entonces, si te sientes satisfecho con lo que hiciste. ― Sirius se apoyo en el vehículo. Elis lo imitó quedando a su lado.

― Lo hago. Creo que nunca estuve más seguro de algo como en esto. ―

― Entonces…― lo miró, el perfil de Sirius parecía más definido contrastado con las luces de noche del campus. ― Te felicito.

El "gracias" era tácito.

Después de unos minutos la miró.

― Entonces ¿Me vas a decir que es lo que te ocurre o tendré que sacártelo a la fuerza? ― Elis sonrió a medias.

― Tengo anemia. ― se mordió el labio. ― Me la diagnosticaron cuando era pequeña, pero con una buena alimentación lo mantengo a raya.

Ya, entonces si estaba enferma.

― Pero estoy mejor. La descompensación la tuve después de la muerte de papá. Ahora me alimento en mis horarios e ingiero las proteínas necesarias. Los resultados últimos salieron muy bien.

― Tal vez te suene fuera de lugar pero, ¿me dirás si necesitas algo?

La expresión de Elis era tranquila.

― Claro. ―

― ¡Genial! Mañana mismo te contactare con…―

― De eso nada. ― sentenció antes de que continuara. Ambos se metieron en el automóvil, siendo vencidos por el frío. ― Mi doctor es excelente y…

― Una segunda opinión nunca viene mal, espera a conocerlo y…―

Ambos dieron sus argumentos y contraargumentos mientras el motor silencioso era encendido y los alejaba de la universidad.

Esa discusión daba para rato.


Era una noche oscura y fría.

Y estaba seguro que si no fuese por las luces de la ciudad, no se vería absolutamente nada.

Ya. No era momento de sacar conclusiones estúpidas y sin razón. Vamos, que tenia cosas más importantes en las cuales enfocarse. Como por ejemplo, encontrar a Lily en esa multitud.

El parque aun con esas bajas temperaturas estaba llenó. Familias, parejas, más familias. Tres palomas.

Suspiró mirando su reloj, consultando la hora. Luego su vista regresó al paisaje que ya había recorrido pero que en ese instante encontró una diferencia. Lily se acercaba a paso lento entre toda la gente, abrigada con su bufanda negra y las manos metidas en los bolsillos de su enorme abrigo.

Parecía más pequeña de lo que era.

Se acercó rápidamente a ella, para no perderla de vista.

― Hola. ― era una buena palabra para empezar. Después de cómo habían terminado las cosas esa tarde, quizá cualquier otra cosa hubiese caído mal.

Ella estiró su cuello entre los pliegues de la bufanda.

― Hola. ― dijo con la nariz roja, llena de pecas. Daban gracias que no estuviese nevando fuerte y que el viento parara hacia unas horas. Si no, hubiese sido imposible encontrarse en un lugar así.

― Entonces…― se sentía como un adolescente en su primer encuentro con su novia después de una fuerte pelea. No sabía que decir, no sabía cómo moverse. Cada parte de su cuerpo se ordenaba y funcionaba ante una directiva automática, pero no quería decir que supiera lo que estaba pasando. Ella se puso a su lado y comenzaron a caminar hacia unos bancos desocupados.

Grandioso.

Eso quería decir que Lily ya sabía lo que diría, no importara lo que dijese él. Eso era…terrorífico.

Cada paso que daban, sus propias objeciones, respuestas y resoluciones se apagaban poco a poco ante el recuerdo.

Ella no era la misma de cuatro años atrás ni él el hombre que creía ser.

De repente esa sensación de satisfacción sin razón recorrió sus paladares con sabor dulce, vivo.

Ese camino que les separaba de su destino, iba convirtiéndose poco a poco en una analogía de su propia vida.

Y todo parecía más tranquilo, y al mismo tiempo, turbulento.

Entre si, representaban muchas cosas.

Más específicamente, el otro representaba su pasado, su presente y su futuro, de alguna u otra manera.

La alegría del logro, la carga del mismo. Lo bueno y lo malo de lo que creían ser y de lo que realmente eran.

¿Eran importantes los lamentos en esa instancia?

Si, de una manera un tanto extraña, como la niebla de los días fríos.

Cuando llegaron al banco, se sentaron al unísono en pleno silencio. Respiraron unas cuantas veces, viendo su aliento convertido en algo visible.

― Me conoces. ― necesitó iniciar James. Sus manos abrigadas en los bolsillos de su sacón, jugaban.

― Y tú a mí. ― respondió Lily.

Era necesario ir más allá de las respuestas, incluso de las mismas palabras para comprender el real significado de dichas declaraciones.

― ¿Realmente me conoces? ― preguntó él sin malicia.

Lily sabía a lo que se refería.

― Sí y no. ― sonrieron y se miraron. ― Sé quién eres hoy y quien fuiste cuando te conocí, o por lo menos quien creías ser.- los ojos castaños de James recorrieron su rostro lentamente, hasta la punta de su nariz pequeña y respingona.

― A mi me gustaría ver en quien te conviertes. ― dijo acercándose respetuosamente. Como quien busca la sinceridad ante todo.

Y no era una declaración amorosa pero su interpretación calaba aun más profundo.

Esa espectacular unión de palabras le informaba que él desea estar con ella a pesar de quien era, creía o fue en su mente. Aceptando el paquete completo con todo lo que conlleva.

Toda ella, sin ningún cabello de más o de menos.

Lily se sonrojó como nunca en su vida. Jamás le habían dicho algo tan transparente en su vida. Se mordió el labio inferior mientras sus ojos enfocaban a James con un farol encendido de fondo y sobre su cabeza.

― ¿Necesito decir más? ― preguntó sacando una de sus manos y acomodándole un mechón de flequillo.

― No largues algo absurdo. ― pidió quedamente sin dejar de mirarlo.

El romanticismo rosa era para soñadores y aunque no pudiese dejar de sentirse enamorada de él tampoco podía apartar su lado racional. Que insultante debía sonarle a un poeta si la escuchase, intentando racionalizar el amor.

― ¿Algo como: pasarías el resto de la eternidad conmigo? ― Lily sonrió a medias.

― No serás eterno. ―

― Ni tú. ― retrucó a medias con ese brillo especial en sus ojos que iluminaba su cara.

― Me lo estoy pensando. ― objetó. Luego agregó.― Pero no.

― ¿No a ser eterna o no a mi propuesta?

― A lo primero. ―

Permanecieron en silencio, sacando propias conclusiones en medio del camino. Ambos ante la bifurcación de la decisión.

Temerosos de cualquiera de cualquiera de las opciones pero excitados por su significado. Una nueva aventura, un terreno en sí, desconocido.

― No sé lo que puede ocurrir en el futuro, ni qué clase de persona seré en este sentido. ―

―En el nosotros. ― Ella asintió aliviada que James comprendiese.

― Pero me gustaría continuar caminando a tu lado. ―

James tomó una de sus manos, que para esa altura estaba moviéndose incomodas fuera de la protección de los bolsillos. El choque entre ambas pieles era rudeza contra delicadeza. La unión física de una danza de personalidades. En algunos aspectos compatibles y en otros no. Con sus propios demonios acechando, pero que en el futuro, no serían enfrentados solos.

Los dedos de él jugaron con la palma de ella, recorriéndolas con cuidado. Buscándose esotéricamente en alguna de las líneas que la surcaban.

Aunque fuese tonto formularse las preguntas derivas de esto, lo hacía con claridad ¿aparecía en esos delicados surcos? ¿Su encuentro con ella? ¿La manera en que entraron en la vida del otro? ¿Su mayor exponente: Harry?

A esa altura, los copos de nieve comenzaron a caer con fuerza y con ellos, la temperatura.

― Deberíamos volver. ― se levantaron al mismo tiempo. ― Harry pidió pizza.

― No estoy segura que sea correcto. En la semana comió tres veces. ―

James sonrió.

― Puede que sí, pero aun no ha pasado nada. ― Lily apretó el agarre de su mano, regañándolo silenciosamente.

― Ya. Le daremos otra cosa. ― opinó vencido.

Ella comenzó a caminar pero se vio limitada en movimiento cuando James tiró de su brazo y la acercó.

Como si fuese merecedora de todo el respeto del mundo, percibió un cálido contacto en sus labios y un fuerte agarre en su espalda.

Cuando aquella inocente muestra de cariño finalizó, ella sonrió.

― Aceptó. ― murmuró en un tono que le resulto irresistible. Tenía un toque especial por ser una palabra que rozaba junto a su aliento, la punta de su nariz por la cercanía.

Y la acción de James no era otra que una pregunta condicionada y simple. Con una respuesta sencilla pero concreta.

Un cierre, un mutuo acuerdo.

Nada de promesas eternas. Nada de palabras endulzadas que se las podía llevar el viento.

Las acciones condicionarían su vida junto a ella siendo el componente más importante en su relación.

Habían encontrado su lugar en el mundo y pensaban trabajar y cuidarlo paso a paso.

Convirtiéndolo en más que un simple recuerdo.


Estaba… ¿Cómo se podía decir? ¿Enojada? ¿Furiosa? ¿Ambas?

No, obviamente ninguna de las dos palabras tenia la fuerza suficiente para describir su humor en ese momento.

Tenía ganas de arrancar cabezas, de tirarlas a un basurero y prenderlas fuego, y por si las mocas, llenar el mismo con concreto.

Si eso.

Y encima…

El ascensor parecía ir más lento que de costumbre y eso la enervaba más.

Aquello no era justo.

¡Claro que no lo era!

Y no le interesaba ocultar su molestia sideral con el mundo. Esa vieja amargada de su edificio se la pensaría cuatro veces antes de decirle nuevamente que su perro molestaba. Cuando obviamente ella tenía un gato y NO chumbaba toda la noche como la loca argumentaba.

¿Y cómo olvidar a la mujer que había subido con ella en planta baja? ¡JA!

¿Se pensaba que iba a dejar de rechinar los dientes solo porque a ella le molestaba?

¡Que se lo pensara treintaicinco veces antes de volver a dirigirle la palabra!

Ya, sentía un poco de lastima por el cadete interno que había subido espantado ante su comentario de: sube o muérete.

¡Pero no había podido evitarlo!

Los nervios la estaban matando y ¡no era justo!

El pitido que anunciaba la llegada al piso correcto se encendió pero eso no calmó su estado. El ascensor abrió sus puertas para dejarla pasar.

Era tanta la fuerza que aplicaba al caminar, que temía por la seguridad de sus tobillos. Incluso estos parecían comenzar a sentirse resentidos por el maltrato.

Cuando llegó a la puerta correcta la abrió de par en par.

Los hombres que estaban reunidos en el despacho se giraron a verla; libidos al instante.

― ¿Lily? ―

― ¡¿Cómo pudiste? ― la voz le salió rota por el nudo de angustia que tenia cruzado en su garganta.

James se levantó con una rapidez increíble, pero no fue suficientemente rápido como para esquivar el papel que la mujer le tiró en plena cara.

― ¡Dios! ¡Te Odio! ― era obvio que hablaba la angustia y no ella. Las lágrimas habían comenzado a deslizarse desde que había abierto la puerta.

Se dio media vuelta y se fue, sin siquiera prestar atención a los acompañantes de James. Él por su parte abrió el bollo de papel y leyó buscando la razón de semejante ataque de histeria.

Sus ojos no expresaron mucho, no para Remus y Sirius.

El de anteojos salió corriendo luego de unos segundos, en busca de Lily.

Sirius rodó los ojos.

― Madre santa, que alma de telenovela. ― sin ningún pudor, se inclinó y tomó el papel arrugado. Luego de leerla se la pasó a Remus.

Este hizo lo propio pero antes de que terminara, le escuchó decir:

― Quinientas libras a que es niña. ―

El castaño sonrió dejando el documento sobre el escritorio y deseando que James hubiese alcanzado a Lily.

― Que sean mil, será niño.- sentenció luego de unos momentos.

F.I.N


¡No puedo Creerlo!

T_T ¡Termine!

Después de casi tres años, pude darle un fin a esta historia. ¡El fic que cada uno de ustedes me ayudo a contruir con sus palabras de apoyo! ¡Estoy muy emocionada!

No sé si ha sido el final que esperaban, si les gusto o no. En lo personal, no me lo imagino de otra forma, pero cada cual manda en su cabeza. =D

Me atrase muchisimo con este capitulo, meses sin subirlo. Lo sé. Pero entre un problema y otro (como el ultimo que casi me hace tener que reescribir todo el cap) pude terminarlo.

Es un momento...ya, no se como explicarlo. Pase mucho tiempo ideandolo, continuandolo y escribiendolo. Asi como ustedes lo leyeron y pusieron de su tiempo.

Estoy agradecida con cada uno, que estuvieron presentes dejando o no rr.

Me alegra haber podido creer una historia con la cual se entretuvieron y que (espero) disfrutaron.

Gracias, en serio. Muchisimas gracias por todo el apoyo que me brindaron!

Como dijo una lectora hace tiempo, una historia podria compararse con una especie de embarazo. En el cual uno aprecia cada dia y momento, y que al final, cuando el trabajo es terminado, queda esa hermosa sensacion al ver ese tesoro y sueño realizado.

Mis amigos, un abrazo enorme, esto ha sido todo de "Mi tipo".

Millones de gracias (sobre todo por el aguante y la espera)

*-*Grisel*-*

P.d: dudas existenciales, planteos. Preguntas extensas, pasen por mi blog y dejen mensaje =D. Que en la semana seguramente deje unos pequeños tips de Mi tipo.

La foto de Harry ( y Mustang) en el momento que le dicen quien viene en unos meses para: macaen, roxcio, ,Jane Black278,sofi, pottersita, Jos WeasleyC, kmilitha, Theo Goldsmith, mandrea, LilyMolly, amy_malfoy, Ly Malfoy,Ceciss, Clyo-Potter, Brisa, RociRadcliffe, Nathyta, .Wonderland, leyla, Evasis, Lucía, Fran Ktrin Black, kindofmiracle, Skuld Dark, Tabata Weasley, seria;, essssttt;*, siinsuuu;*, scelsa, Mizuhi-Chan, deja_vu, kindofmiracle, weloveblackboys, aniitha, Prongs.