Comentario de hoy: Nunca hay que subestimar la advertencia de las tijeras de podar sin afilar…

Agradecimientos especiales a Lorelai y a Kisa-chan quienes han estado apoyándome desde el primer capítulo en aquellos días de BSP.

Mis queridas amigas de la PRDHA, algún día tendremos una REUNIÓN planificada…

Muchas gracias también a mis pacientes lectores que llegaron hasta aquí a pesar de todas mis demoras o capítulos que exageran de largos. Gracias por sus comentarios que me animaban a seguir o, mejor dicho, a apurarme. Esos empujoncitos fueron de mucha ayuda.


Capítulo XL: Donde nace el sol, viene el adiós


Tres mariposas de la muerte espabilaron de golpe a Ichigo. Los bichos habían pasado tan cerca de él, que una hasta le había tocado la nariz. El muchacho les echó un vistazo para luego agitar la cabeza y recordar que no era momento de andar soñando despierto.

A zancadas cruzó dos pasillos más de las instalaciones del sexto escuadrón mientras examinaba todo el lugar con la vista. No fue hasta entonces que dio con lo que venía buscando desde hacia rato.

-¡Oi, Renji!

El teniente de la sexta división se tambaleó bajo el peso de todos los archivos y pergaminos que iba cargando. Vio para todos lados en busca de quién le había llamado.

-¿Ichigo? –exclamó cuando lo vio -. ¿Qué estás haciendo aquí?

-Llevo rato buscándote, quería saber si sabías dónde está Rukia.

Renji dejó caer lo que llevaba sobre su escritorio, luego vio a su amigo alzando una ceja.

-¿Rukia? ¿No está en los cuarteles de su división?

-No, ya la busqué ahí. Incluso pregunté a esos dos raros que siempre andan atrás de Ukitake-san, dijeron que la vieron salir hace media hora, pero no les dijo a dónde iba.

-Ah… ¿Y en la mansión Kuchiki?

-Ya fui, al principio no querían dejarme entrar, así que tuve que escabullirme por la parte de atrás.

-¿Y?

-Pues tampoco ahí estaba. Después me encontré con Yachiru y Rangiku-san. La primera me dijo que la buscara en Kuriya.

-¿La tienda de dulces?

-Sí, pero no estaba ahí, aparte que me tocó comprarle dulces a las dos. Luego Rangiku-san opinó que deberíamos buscarla en un bar que ella conocía…

-Ya decía yo que te veías un poco aturdido.

-Y endeudado.

-Bueno, saldrás de eso ya que te devolvieron tu trabajo y ahora no eres sólo un sustituto –comentó Renji sonriendo.

-Bravo, soy shinigami –dijo Ichigo poniendo los ojos en blanco. Renji le dedicó una mala mirada -. Y ese sueldo que me darán no es nada del otro mundo, en realidad, sí lo es porque no me sirve de nada donde vivo.

Renji se rascó el cuello.

-Uhmm… Es cierto, ¿por qué si te permiten ser shinigami oficial en Karakura no te pagan con dinero humano?

-Porque son unos cabrones, por eso –respondió Ichigo perdiendo la paciencia -. Entonces, ¿has visto a Rukia o no?

-No, lo siento –dijo el teniente frunciendo los labios.

-La seguiré buscando – dijo el muchacho, dándose la vuelta. Antes de irse, Renji le llamó:

-¡Oi, Ichigo, si no nos vemos más tarde… cuídate e iré a visitarte un día de estos!

-¡Bien, lo mismo te digo!

Kurosaki Ichigo siguió recorriendo el Seireitei. Más de una vez le tocó esconderse al ver que se acercaba Kenpachi o Matsumoto. Al pasar una hora, se había topado con medio mundo, menos con Rukia. Lo peor era que, siendo ese su último día de descanso ahí, todos querían invitarlo a comer, a beber o a charlar. No entendían que él no estaba para eso. Además, no era como si se fuera para siempre, de ahora en adelante podía entrar y salir de la Sociedad de Almas como le viniera en gana.

Al parecer, uno recibía esa clase de privilegios al salvar a todos por quinta vez.

Hacia tres días que sus amigos regresaron a la tierra, a retomar sus vidas, seguros de que ahora podrían vivir como todo debió ser. Ese mismo día había venido Kurosaki Isshin al Seireitei para llevarse a Yuzu consigo.

Una semana después de que Ichigo se enterara de la "muerte" de Rukia, tres años atrás, su padre le había revelado que una vez él fue shinigami. Pese al tiempo que había pasado desde ese día, el muchacho aún no pasaba muy bien esa revelación.

Ichigo había sido testigo de cómo, antes de que su hermana se fuera, un shinigami del cuarto escuadrón utilizó el modificador de memorias en la chica. Él mismo había sido uno de los que había recomendado usarlo. No creía que Yuzu necesitara vivir con esos recuerdos.

El muchacho pensó que en esos días no había tenido mucho tiempo para hablar con Rukia. Entre las reuniones e interrogatorios con los capitanes; la ceremonia donde lo nombraron shinigami oficial "externo" de la treceava división –sabrá Dios quién fue el idiota al que se le ocurrió ese título-; cuidar de su hermana y reunirse con sus amigos, la última vez que había visto a Rukia fue durante el funeral del Illuminati.

El ahora shinigami oficial "externo" se tropezó al detenerse y se dio un golpe en la frente con la palma de la mano. ¡Cómo no lo había pensado! Cambió su camino y se encaminó a las afueras de los cuarteles de la primera división.

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Justo ahí la encontró.

Desde lejos, el muchacho pudo divisar a Rukia frente al mausoleo que pertenecía a la familia Shihouin. Haciendo caso omiso de la inscripción que advertía castigo seguro a aquellos que entraran ahí sin tener apellido noble, saltó sobre la cancela y caminó hacia donde su amiga.

-Yo –la saludó. De inmediato, se maldijo mentalmente al notar que su voz le había temblado un poco en la o.

-Hola, Ichigo –contestó Rukia. A diferencia de él, ella sonaba tranquila. Ichigo notó que la lápida de Kai estaba separada de la de su familia.

El joven se colocó al lado de la ojiazul. Un tanto incómodo, juntó las palmas de sus manos e inclinó un poco la cabeza.

Ichigo sintió cómo Rukia arqueaba una ceja.

-¿Qué? –cuchicheó él -. Mi madre me enseñó a hacer esto al saludar a una tumba.

Rukia no dijo nada. Colocó sus manos en la parte baja de su espalda y entrelazó sus dedos. Ichigo se enderezó y le dio una ojeada. Se dio cuenta de que la muchacha llevaba el pergamino que le había entregado el Illuminati días atrás. Apenado, el shinigami desvió la mirada.

-Oye, ¿qué tal sientes haber vuelto a tu trabajo? Oí que esta vez puede que te den un puesto de oficial. Claro, de seguro no tendrá un nombre tan estúpido como el que me dieron a mí –comentó Ichigo, rascándose la cabeza.

-Ah, el capitán Ukitake dijo algo así.

El pelirrojo la observó. Rukia seguía con la mirada puesta en la lápida. Tenía una expresión un tanto singular. Entre solemne y algo a lo que no podía encontrarle nombre. Ichigo se extrañó bastante.

-Rukia, yo… No tuve la oportunidad de pedirte disculpas y de brindarte mi apoyo en… -Ichigo volvió a rascarse la cabeza como intentando quitarse la incomodidad que tenía. Sentía los ojos de Rukia en él; Ichigo no se atrevía a verla al rostro - …estos momentos. Puedes mostrarte triste no tienes por qué ocultarlo…

-Cállate, Ichigo.

Atónito, Ichigo la vio de pies a cabeza, preocupado de haberla ofendido sin querer.

-Rukia…

-Perdona Ichigo, pero era por esto que te evité en todos estos días.

-¿Qué? ¿Qué estás diciendo? –Inquirió él arrugando el entrecejo.

Kuchiki se apartó un mechón del rostro y miró a su amigo sonriendo.

-Ichigo, nunca te acabó de agradar Kai, no intentes venir ahora y actuar como si sintieras pena -comentó ella cruzando los brazos.

-¡Pero qué dices! Yo sólo…

-Estabas preocupado por mí –dijo Rukia en un tono más serio.

-¡Pues sí! Creía que estabas triste, que te sentías mal… Incluso pensé que me… -el muchacho no terminó su réplica, pues Rukia adivinó qué quería decirle y lo cortó antes de que pudiera acabar.

-¡Ichigo, jamás te culparía por algo así!

-¡Ya sé! –gruñó él, sin pensar muy bien lo que decía.

-Entonces, ¿cuál es tu problema?

-No tengo ningún problema. Sólo me preocupa ver que te estás reprimiendo.

-¿Reprimiendo?

-Sí, no es bueno para ti.

-¿Entonces quieres verme sumergida en un mar de llanto? –le preguntó Rukia en tono mordaz. El shinigami entornó los ojos, dándose cuenta de que esa situación sería aún peor para él. Finalmente, aceptó su derrota.

-Está bien, golpéame, me lo merezco. No pensé muy bien qué era lo que quería decirte. Sólo déjame recordarte que no te pases con la muestra de violencia que sería un irrespeto hacia los muertos.

Rukia suspiró tomándose su tiempo, como si estuviera a punto de quitarse un peso de encima.

-Has madurado, Ichigo –señaló la joven, luego prosiguió: Sí, estoy triste porque he perdido a un amigo. Sin embargo, no es en la forma que tú crees.

-¿Cómo dices? –Indagó Ichigo frunciendo aún más el entrecejo y viendo la lápida de Kai.

-Quería decírtelo cuando regresas a la tierra, pero supongo que aquí está bien –Rukia esbozó una fina sonrisa -. Ichigo, hace unos días, te mentí cuando te dije que no había nada más en el pergamino que Kai me dio.

Rukia le enseñó dicho documento y él lo observó preguntándose qué podría decir ahí que explicaba esta situación. No obstante, no pudo leer nada pues todo estaba escrito en código.

-¿Lo leo? –Preguntó Rukia.

-Si me haces el favor.

La muchacha comenzó a leer en tono pausado:

Probablemente estarás leyendo esto indignada por la misión que te habré entregado horas atrás. No espero que la cumplas, por supuesto, pero si lo haces, tampoco me quejaré…

Ichigo se contuvo para no empezar a insultarlo. Hasta donde sabía estaba muerto, aparte que la curiosidad lo estaba carcomiendo.

te escribo para advertirte sobre los hechos que sucederán a la mitad del segundo día según la amenaza de los Ninguno. Argen, la mano izquierda del Rey, ha decidido al fin acabar con su vida de sirviente. Fue él quien volvió a reunir a los Ninguno y quien les prometió una nueva y mejor vida si le ayudan a cumplir sus deseos. Está seguro de que se convertirá en el nuevo Rey y que mandará por sobre todos.

Su vanidad al fin ha acabado de cegarlo y de entorpecer su mente, que alguna vez desbordaba genialidad. Es ingenuo al creerse capaz de algo así. Su propio orgullo le impidió darse cuenta que desde hacia tiempo el Rey podía leerle como a un libro. Fue su misma excelencia quien confió en mí para lograr mantener el equilibrio de la Sociedad de Almas y no permitir que Argen logre sus insensatas aspiraciones.

Dos días atrás tomé las nueve llaves de los Illuminati que quedaban, a excepción de la tuya y la mía. Me es imposible tocar la que me pertenece y, por su parte, la que te toca a ti parecía estar en una especie de metamorfosis, de haberla manipulado pude haber perjudicado tu camino a través del puente. Las llaves que sí pude tomar las reemplacé con réplicas que arreglé para que se transformaran de la forma en que lo harían las originales.

No obstante, desconozco el estado de tu llave. No sé si se quebró como debió haberlo hecho cuando cruzaste el puente, si no lo hizo, debo advertirte que Argen piensa utilizar nuestras llaves y obligarte a pelear con Kurosaki. No dudo que también se atreverá a usar mi llave. Al hacerlo me enviará a matarte, en dado caso te pido que huyas de ahí, no veas atrás, no hagas nada.

Tampoco creas que lo dejaré así, le he dado una carta similar a Yuko donde le aviso sobre la traición de Argen y le ordeno que actúe en el momento indicado. También he arreglado algo con Kisuke Urahara, ya veremos si funciona.

Si todo ha salido bien que, modestia aparte, estoy seguro de ello, es aquí donde debo disculparme apropiadamente de ti. En primera instancia, lamento no hacerlo en persona, pero ya hablaré de eso más adelante.

En estos años, nunca fui del todo honesto contigo. Nunca te dije los límites a los que nos hicieron llegar para obligarte ser Illuminati. Permití la orden del Rey o de Argen, en la que uno de nosotros se hizo pasar por Kurosaki Ichigo hace tres años con el afán de destruir su relación. Al no funcionar eso, nos aprovechamos de tu preocupación por él para que aceptaras unirte a nosotros.

Admito que desde entonces me he sentido culpable, sin embargo, no hice nada para remediarlo así que no me exonera, ni espero que me perdones.

Siempre pensé que al hacer todo lo que ordenaba el Rey hacía lo correcto. Sabes que es el centro de nuestros pensamientos y de nuestras acciones. Por eso existe la llave. Cuando recuerdas todo y quién eres, todo eso carece de sentido. La sensación de hacer lo "correcto" y seguir las reglas se me ha vuelto insignificante, pero no puedo dejar de hacerlo. Eso es lo que me merezco.

Hace un año, sin comprender aún muy bien las razones de su acción, Argen me obligó a recordar todo mi pasado. Dijo que era un experimento que él y el Rey querían probar y que después debía seguir actuando como si nada. Me di cuenta de que soy un pecador.

Por mi culpa Argen mandó a matar a Sonoda Tsuki, después no le permití descansar en paz y en un egoísta arrebato experimenté con su esencia para traerla a una vida miserable con un alma que compartía las características de la de un Hollow. La Sonoda Tsuki de ahora ya no es ella en lo absoluto, sólo es una réplica de su cuerpo y sus recuerdos, pero jamás será la misma persona. Pese a esto, yo no puedo hacer nada contra ella.

Cuando el Rey me explicó la situación de Argen y me ordenó que la arreglara, también me pidió perdón por todo lo que había sucedido. Le contesté que era yo quien necesitaba ser perdonado. Entonces, él me prometió concederme lo que más quisiera.

Por eso, este es el momento de despedirme. Es imposible que me expulsen de la orden de los Illuminati, para mí la única salida es la muerte. Aún no sé cómo lo haré, pero espero no sea muy dramática, ni que quede hecho pedazos o algo así. Aunque te lo digo desde ahora, te pido que en el momento actúes de acuerdo a la situación. Siempre dijiste que eras buena para actuar, ruego que tengas más habilidad para eso que la que tienes para dibujar.

También Kisuke sabe de esto; le pedí que no se lo dijera aún a mi hermana, así que en eso no habrá mucho problema.

Ansío ver cómo acabará todo esto. Muy probablemente moriré sin remedio, sin embargo, si lo logró ya te enterarás de eso.

Rukia, en todos mis años de Illuminati, los que pasé contigo fueron los más interesantes. Jamás he visto dibujos tan ridículos en toda mi vida.

Hasta la próxima, a falta de una mejor frase.

La muchacha alzó la vista del pergamino y la dirigió hacia Ichigo quien tenía una expresión de haberse perdido en el segundo párrafo.

-¿Qué? ¿Lo vuelvo a leer?

-No soy tonto -rezongó él, tomando el pergamino de las manos de Rukia. Lo revisó intentando imaginarse que todo lo que le habían leído de verdad estaba ahí -. No creo que lo supiera todo. Que todos actuamos de acuerdo a su plan… es como si fuera Aizen.

-Sí y no –concedió Rukia.

-Pero… Lo vimos morir, todos estaban ahí, está ahí enterrado –dijo Ichigo incapaz de creer lo que su amiga acababa de leerle. Ella se limitó a encogerse de hombros.

-¿De verdad está vivo?

Rukia asintió. De un lado de la parte superior de su túnica sacó una pequeña y plana caja de color azul. Se la entregó a Ichigo.

-La encontré esta mañana en mi escritorio.

El muchacho la destapó y quedó boquiabierto con lo que encontró. Ahí estaban las nueve llaves de los Illuminati, brillaban de forma hipnotizante. Ichigo alzó una y la observó atentamente.

-¿Cómo lo hizo? –inquirió parpadeando más rápido de lo normal.

-No lo sé.

Ichigo siguió revisando la caja y halló un trozo de pergamino arrugado. Lo estiró encontrándose con una letra delgada y firme. Miró a Rukia quien escondió una risa, él entendió que podía leerlo.

Peque-chan, imagino que tras mi muerte, triste y desconsolada caerás en los brazos de tu amigo Kurosaki Ichigo, pero recuerda que él envejecerá y dentro de unos años ya no "podrá". No dudes en buscarme en ese momento. Ya sabes que no te diré que no.

No mires atrás y cuídate, espero que cuando nos volvamos a ver hayas crecido un poco más.

Kai.

-Hijo de puta –masculló Ichigo, ganándose una risita por parte de Rukia. No pudiendo evitarlo, él se rió también.

-El Rey lo quería y Kai lo único que le pidió fue poder hacer lo que él quisiera –dijo Rukia girándose hacia las lápidas. Se agachó frente a la del antiguo Illuminati y quitó con cuidado las ofrendas que había para él. Tras esto, hizo un pequeño hueco en la tierra y enterró la caja que contenía las llaves, junto con las cartas de Kai, para luego volverlo a tapar y dejar las ofrendas en su lugar.

Mientras Rukia realizaba todo eso, Ichigo no podía dejar de verla, pensando en lo que había escrito Kai.

-Oye, Rukia.

-¿Si? –preguntó incorporándose y parándose al lado del shinigami.

-¿Desconsolada? –bromeó él. Rukia le pegó en el brazo, pero Ichigo notó que fue más suave de lo normal.

Repentinamente, se dieron cuenta de que estaban solos y las circunstancias de hacia tres años los empaparon al completo por primera vez.

Ichigo advirtió que se sentía nervioso y se enojó con él mismo, porque sabía que ya estaba bastante mayor como para ponerse así. Pero es que, a pesar de que había tenido su reparto de novias –bueno, tres o quizá cinco-, esta no era cualquier chica, era Rukia, Kuchiki Rukia. La única mujer que podía no haberlo visto en tres años y aún seguirlo conociendo e influenciándolo como sólo ella lo lograba.

Volvió a sentirse de quince años. Totalmente inexperto en este tema.

Vio de reojo a Rukia, quien parecía muy interesada en ajustar el moño del lazo atado en su cintura. Con satisfacción, el muchacho reparó en que una diminuta mancha rosada decoraba los pómulos de la shinigami.

Era ahora, ya podría avergonzarse más tarde.

Abrazó a Rukia por los hombros. Ella lo miró extrañada, empero al entender lo que trataba de decirle Ichigo, la joven le sonrió y rodeó la cintura del pelirrojo con su brazo, apoyando su cabeza en el costado de él.

Buscando actuar como si nada, Ichigo siguió con la conversación:

-¿Y Yoruichi-san ya lo sabrá?

-Sí, Urahara-san debió decírselo hace unas horas cuando le envié una mariposa notificándole del resultado.

-Ah…

-No creo que a Urahara-san le vaya muy bien.

Ichigo se rió pensando en cómo reaccionaría Yoruichi-san y en las represalias que tomaría contra el ex–capitán.

Recordó que dentro de unas horas regresaría a la tierra y pensó en decirle a Rukia que había planeado en vivir a tiempo completo en la Sociedad de Almas tras terminar la universidad. Después decidió que ya podría hacerlo más tarde, ahora disfrutaría el momento.

Era un dios de la muerte y tiempo era lo único que le sobraba. Rukia habría estado de acuerdo.

--/--

25 años después.

La Sociedad de Almas se paralizó cuando su temperatura llegó a 5 grados Fahrenheit. Sus habitantes que han vivido ahí por tantos, tantos años jamás habían visto tal cantidad nieve en sus largas vidas. Esa noche, un manto blanco cubría todo. El Seireitei parecía un pastel glaseado.

El cielo también lucía liso. No había nubes, pero tampoco estrellas, sólo estaba una enorme luna llena que brillaba en su infinita soledad.

En uno de los terrenos de la noble familia Kuchiki, en una casita tradicional que no llenaba los estándares de opulencia de la familia, estaba quizá la única persona en el Seireitei que, por su propia voluntad, se había resistido a la tibia protección de su futón.

Era una shinigami de cabello negro endrino, que pese al paso de los años seguía sin cambiar, como si la edad no conociera su nombre. A pesar del encarnizado frío, seguía sentada sobre el piso del corredor que estaba delante del patio trasero de la casa. Tenía los pies colgando afuera e iba descalza, al parecer era inmune al clima, o al menos no lo demostraba.

La única precaución que había atendido era la de colocar una bufanda violeta alrededor de su cuello. Sin embargo, eso no podía ser de mucha ayuda, teniendo en cuenta que, aparte de eso, sólo vestía una delgada yukatacolor crema.

La luz de luna se reflejaba en sus ojos convirtiéndolos en grises cuando, en realidad, eran azul índigo. Al mismo tiempo, su respiración se transformaba en vaho al salir de su boca, llegando a cubrir hasta sus manos que descansaban sobre sus rodillas. Era inconsciente de que, en esos momentos, la nieve frente a ella competía con su piel para ver quién de verdad merecía el epíteto de blanca.

Una mariposa negra flotaba cerca de su rostro, como mirándole a los ojos mientras le susurraba un secreto que sólo quedaría entre ella y su interlocutora.

Durante un instante, la shinigami bajó la cabeza. Se mordió el labio inferior y dejó que su vista se perdiera en el congelado estanque de su patio. Buscó a su acompañante, mas ya se había marchado.

No fue hasta entonces que percibió que una lágrima se había atrevido a huir y ahora se deslizaba tímidamente por su helada mejilla. Ella se lo permitió, el momento era adecuado, más adelante sería inoportuno.

De súbito, sublevándose a las pruebas que sostenían lo contrario, ella lo sintió, como una oleada de calor que invadía su fría isla. Se enjugó la cara con su bufanda y la dejó en el piso. Poniéndose de pie, corrió la puerta detrás de ella y cruzó la habitación caminando sobre el piso de tatami.

Con calma, se encaminó hacia el recibidor donde se detuvo frente a la entrada y esperó. No habían pasado ni cinco segundos, cuando la puerta se deslizó.

Ante ella estaba él de nuevo.

Iba empapado. Su rebelde cabello anaranjado parecía haber perdido la batalla, ahora se había quedado aplastado y obediente en la cabeza de su dueño. Con parsimonia, se quitó las sandalias y arrojó una insignia al suelo. Luego caminó hasta quedar a unos centímetros de ella. Sus miradas se toparon.

Kurosaki Ichigo sonrió. Kurosaki Rukia también lo hizo.

Rukia se acercó más a él y con la mano le sacudió la nieve de los hombros. Ichigo encerró la cintura de ella alrededor de sus brazos. Con suavidad, dejó descansar su cabeza en el hombro izquierdo de la shinigami y presionó sus labios contra su níveo cuello.

Ella colocó sus manos en la ancha espalda del shinigami. Pensó en aprovechar y golpearlo en su "zona especial", se lo merecía después de hacerla esperar tanto. Y aunque ella sabía –quería creer, quería creer- que él no iba a morir así, seguía mereciendo el porrazo. Mas le ganó el cansancio, además el cálido aliento de Ichigo le hacia cosquillas.

-He vuelto, enana –murmuró él con la voz ronca.

-Bienvenido, descerebrado –ella lo sintió sonreír en su piel.

Su brillante anaranjado se mezcló con su negro endrino y, al fin, sus labios se encontraron.

Todo seguía su curso.

-

Fin

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Saludos, queridos lectores quiero agradecerles por haber llegado hasta aquí. Ciertamente, sin ustedes no podría haberlo hecho. En general no soy muy buena para los finales, aunque teniendo en cuenta que del epílogo se me ocurrió la idea para este fic nos deja… un tremendo lío en mi cabeza.

Para aquellos a los que les haya quedado alguna duda, Ichigo andaba en una misión en Hueco Mundo –es teniente del quinto escuadrón- donde su grupo tuvo serios problemas y estuvieron perdidos durante varios días. Tanto así que muchos ya habían perdido la esperanza de poder encontrarlos. De ahí la soledad de Rukia.

Ahora bien, para el mensaje que la mariposa le dio a Rukia hay varias opciones y ninguna la tomo como absoluta, les dejo a ustedes que tomen la que más les guste. Están:

1. Un mensaje de su capitán que le avisaba que habían decidido dejar de buscar al grupo de Ichigo.

2. Un mensaje que avisaba que lo había encontrado aunque debido a la nieve no regresarían al Seireitei hasta unos días después.

3. Un secreto… Aquí puede ser cualquier cosa que ustedes quieran. ¡Cualquiera! Hasta puede ser un mensaje de Bawa-Bawa.

¿Qué me deja este fic? Sorpresa de haberlo terminado y alegría de que les guste. El final también me ha confirmado que soy cursi y puritana. ¡No había necesidad de casarlos! Bueno, pensé que Byakuya no permitiría que vivieran juntos así sin más. Pero bueno, la culpa la tiene la suerte porque como no me decidía arrojé una moneda para ver si los casaba o no. Pero bueno, al menos han pasado tanto tiempo sin hijos...

Quizá a algunos no les gustará que nunca se dijeron "te quiero, gordo" o algo así, pero con el paso del tiempo comencé a preguntarme si entre ellos era necesario o no. Y sí, ya sé que eso crea una incongruencia con el principio, no obstante desde esos capis ha pasado mucho y la imagen que tenía de ellos también ha cambiado.

Y bueno, será mejor que deje esto que sino sigo, sigo y no paro…

De nuevo, muchas gracias por su apoyo y sus comentarios. Pasamos casi dos años en esto, pero lo acabamos (Y justo en el capi 40, bueno 42 según las cuentas de archivo de FFnet). También espero me sigan apoyando en el próximo fic que publicaré dentro de poco. Pensaba que no lo haría, luego me di cuenta de que me quedaría sin nada en qué distraerme…

¡Hasta la vista!