Hola, aquí esta locura, mi nuevo fan fic, la verdad me he complicado mucho con él, así que espero que lo disfruten.

Tiene spoilers de Deathly Hallows, así que advertidos están...

Desde que escribí "Plaga" tuve la idea de escribir una historia un poco más larga sobre esta pareja y bien, finalmente me he decidido.

Me encantó estructurar al nuevo Malfoy, pero ya verán... este primer capítulo es para conocerlo.

La mayoría de las ideas filosóficas planteadas son existencialistas, de Friedrich Nietzsche, Jean-Paul Sartre y en menor medida del filósofo crítico Immanuel Kant, pero para ello me valgo de dos filósofos mágicos ficticios, porque no creo que los magos por ser magos renuncien al amor por la sabiduría.

Como ya he dicho, espero que lo disfruten.

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Ícaro

"La esperanza es el peor de los males, pues prolonga el tormento del hombre"

- Friedrich Nietzsche

1.

Vladimir El Triste

En cuanto aprendió a leer, comenzó a leer filosofía y en cuanto comenzó a razonar, empezó a adoptar posturas filosóficas muy crispadas para un joven de su edad.

"El hombre, y el mago, indistintamente, está condenado a la soledad, pues sólo el sujeto mismo comprende su propia percepción del universo, inevitablemente encerrándolo en un mundo individual"

Era una de las principales premisas de Vladimir El Triste, filósofo medieval del mundo mágico, y uno de sus favoritos. Comulgaba con esas ideas de eterna vaguedad solitaria del hombre atravesando la existencia, porque él mismo, a su corta edad se sentía así; en su mundo individual. Incluso se identificaba con ese mago filósofo, trunco en el amor, muerto inevitablemente por mano propia muy joven, adelantado a su época, hijo de grandes hechiceros y sin embargo, se había inclinado por el pensamiento profundo de la existencia mágica, la falta de dirección y el terrible vacío de la nada espiritual, convirtiéndolo por consiguiente en un renegado de su familia, un solitario.

Fue el primer autor de filosofía mágica que había leído, mas no el último. Ólafur Birgisson, pensador progresista de principios del siglo XX era otro de sus favoritos, pues Birgisson retomaba las ideas de El Triste y las traía a la modernidad.

Sabía que los filósofos muggles no diferían demasiado en pensamiento; comprendía así, que la mente mágica y la no mágica no eran tan distintas; ambos seres sentían la aprehensión de encontrarle sentido a la vida. Vladimir, Ólafur Birgisson y otros, sin embargo, discrepaban, y determinaban que la vida simplemente no tenía sentido y el hombre estaba destinado al fracaso.

"El hombre viene de la nada y va hacía la nada. Las relaciones humanas son una lucha por el poder y al final el poder no es de nadie. El hombre vuela hacía el fracaso emocional"

Decía Vladimir constantemente es sus tratados. Él comprendía perfectamente eso, el poder había sido la perdición de su propia familia y al final les costó caro, les costó el fracaso, ahora trataban de recuperarse pero él no parecía muy interesado en intervenir en esa reconstrucción de un apellido respetado en el mundo mágico.

Cuando tenía 11 había encontrado la antología de Vladimir El Triste en la biblioteca de la mansión donde vivía, y la fascinación lo condujo a robar el libro, se alegraba de haberlo hecho, le ayudó demasiado durante sus primeros cuatro años en el colegio, sobrellevando la constante soledad en la que se encontraba. De más joven no comprendía todo, pero parecía identificarse, con el tiempo, tras leer una y otra vez el mismo libro, encontraba nuevos significados y comprendía cada vez más cosas.

Ahora cursaba su quinto año en el colegio de magia, estaba en casa para las vacaciones de invierno, esa Navidad su abuela le había regalado "Ícaro", de la autoría de Ólafur Birgisson, un libro de narrativa que exponía todas las ideas del filósofo, haciendo analogías del intento fallido del hombre por volar (sin ninguna herramienta como una escoba) y el fracaso al que está destinado. Estaba encantado, su abuela a veces era la única persona que lograba iluminarle el corazón, aunque tan brevemente que nadie se daba cuenta.

Esa misma noche había leído casi todo el libro, lo devoró emocionado, era un lector nato, pero sabía que esa lectura rápida no le iba a poner en claro nada, ya tenía en que distraerse al regresar a la escuela.

A pesar de su apatía, era uno de los estudiantes más brillantes de su generación. Sin excepción alguna, era bueno para todas las asignaturas, quizá sólo un poco negado para Vuelo, infortunio para su padre. Era más un chico de biblioteca y montones de pergaminos, aunque no era hábil para la escoba, tampoco era un desastre, y eso lo convertía en el mejor alumno desde Tom Riddle o tal vez, más hacía nuestra era, desde Hermione Granger.

Sentado en la biblioteca familiar, consultaba otros libros de filosofía mágica para encontrar las referencias que seguramente Birgisson hacía en "Ícaro" no se daba cuenta de lo tarde que se hacía. Era una mente hermosa y brillante en el cuerpo de un chico retraído de 15 años.

"Ícaro voló demasiado cerca del sol derritiendo la cera de sus alas..."

Leía un libro sobre el mito del arquitecto Dédalo, y su hijo Ícaro cuando fue interrumpido.

-Hijo... –una voz suave lo distrajo, cálida, cariñosa –Scorpius, ya es muy tarde –le decía su abuela al tiempo que entraba a la biblioteca.

El chico giró la cabeza para verla, le sonrió con aquel aire tan triste que siempre cargaba, se le notaba cansado, pues pasaba de media noche y había estado leyendo ahí desde las 6 de la tarde.

-Sí –dijo simplemente estirándose sobre su silla –gracias por el libro, es el mejor regalo que... –casi se le notaba entusiasmado, algo raro en él.

-Te conozco bien –la mujer sonrió interrumpiéndolo, acarició el rostro de su nieto y con un ademán suave le dijo que era hora de dormir. El chico siguió a su abuela.

Al llegar a su habitación aventó cuidadosamente sus dos libros favoritos, la antología de El Triste e "Ícaro" de Birgisson, sacó un pedazo de pergamino y comenzó a escribir, de vez en cuando por las noches lo hacía y aseguraba que siendo mayor leería esa sarta de tonterías que tan chiquillo escribió y se reiría por la torpeza de su palabra escrita.

Suspiró y miró alrededor, en una esquina estaba el regalo navideño de ese año por parte de su padre, una escoba; cada año le regalaba la mejor escoba del momento, el modelo más reciente y más deseado, y siempre terminaban nuevas, guardadas, a veces se las prestaba a otros Slytherins que ansiaban tener entre sus manos tan preciado objeto. Luego vio el libro que le había regalado su abuela, abierto azarosamente en su de sus páginas de tono opalino que aun olían a nuevas. Ya había leído el libro, pero la frase principal de esa precisa página, la página 42, llamó su atención.

"El dolor de Dédalo por su hijo desbarató sus propias alas. El dolor de la pérdida es insoportable, por eso el hombre trata de deslindarse de las posesiones emocionales, para no sufrir cuando éstas tengan que marcharse"

En ese instante aquella frase cobró sentido. La soledad, como destino del hombre es propiciada por él mismo, pues si se ata al cariño de un semejante y luego lo pierde, el dolor de esa pérdida es, como Birgisson lo decía, insoportable. Sonrió satisfecho al haberle entendido a una premisa tan fundamental tanto para Vladimir El Triste como para Ólafur Birgisson.

Escribió algo al respecto. Él mismo, Scorpius Malfoy, sentía que deambulaba por la existencia sin un propósito; luego se reía para sus adentros, tenía sólo 15 años y pensaba que tal vez su meta, su destino, su por qué era ese mismo, deambular por la vida solitario para comprender a El Triste y otros tantos filósofos, y así, él mismo, convertirse en uno.

Suspiró nuevamente ya estando en la cama, del buró tomó nuevamente la antología de Vladimir y abrió el libro en una de sus primeras páginas.

"...su eterno amor imposible, Helga Hufflepuff fue a la larga la razón de su suicidio"

Ya no recordaba cuantas veces había leído ese fragmento de la introducción. Vladimir El Triste, como él, tenía un amor imposible, se sentía tan tonto y aseguraba que el primer amor se siente como el único, sin embargo eso no le servía de consuelo y no podía evitar pensar en ella, lejana e imposible, hermosa, inalcanzable y perfecta. Era el sol que le quitaba sus alas.

Recordaba perfectamente el primer día de clases, cuando tenía 11 y todo en Hogwarts le parecía fascinante a pesar de que sus padres y abuelos ya le habían platicado infinidad de cosas sobre el colegio. Se sentó en un taburete y el Sombrero Seleccionador dijo sin pensárselo dos veces "Slytherin"; herencia familiar, una cruenta batalla interna comenzó en ese instante dentro del joven Scorpius, y las miradas en ese justo momento lo apuñalaron hiriéndolo de por vida. Estaba marcado y usaría su dolor para fabricar indiferencia. Estaba sólo él, y sólo él era lo que importaba; pensó al momento siguiente de que el sombrero fue retirado de su cabeza.

Pero pronto la dureza de su corazón infantil se vio fraccionada por ella. En cuanto la vio se sintió cegado por la luz que emanaba, y también se sintió profundamente perdido, pues en cuanto los ojos azules de esa chica se abrieron emocionados al escuchar "Gryffindor" la supo inalcanzable.

La escuela era dura, siempre lo es, pero ese tortuoso camino a la adultez se convierte en casi insoportable cuanto te apellidas Malfoy; apellido manchado por políticas mal vistas, entonces pero más ahora. Scorpius más de una vez se había metido en problemas por insultar a otros compañeros, la verdad era que él no iniciaba las disputas… pero no importaba, él era el portador del apellido Malfoy, él era sospechoso y el malo. Con el tiempo, poco a poco consiguió una madurez mayor a los chicos de su edad, y su rostro y sus reacciones eran ecuánimes ante los insultos. Algo había heredado de su padre y era una soberbia indiscutible, característica que lo llevaba a pensar "soy mejor que ellos", quitando de tajo las ganas de responder a las agresiones. Ciertamente Scorpius era mejor en un aspecto, el de la razón y el pensamiento. Era un pensador, así nada más.

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La locomotora de vapor color rubí emanaba humo blanco esa tarde de invierno, los chicos de Hogwarts estaban a punto de regresar al colegio tras las vacaciones de Navidad. Todos los estudiantes mostraban y presumían los regalos que habían recibido, el presente de moda era la escoba de última tecnología Mercury 5500, justo el modelo que Scorpius había recibido, pero el joven Slytherin sólo llevaba bajo el brazo la vieja antología de El Triste y su libro nuevo de Birgisson.

-Draco, qué sorpresa –se escuchó una voz grave por encima del barullo, perteneciente a un hombre muy alto, de pómulos marcados y ojos muy negros.

-Blaise –el aludido sonrió ampliamente, Draco Malfoy mantenía ese semblante altivo característico de su familia, incluso su hijo lo tenía.

-¿Listo para deshacerte de estos muchachos? –bromeó el otro, Draco asintió riendo ligeramente y la conversación entre dos viejos conocidos continuó.

El joven Scorpius estaba distraído, buscándola entre toda la gente sin ser descubierto por su padre cuando un chico de espalda ancha, apuesto, moreno y peinado con dreadlocks se interpuso. Howard Zabini era otro Slytherin del quinto curso y aunque Scorpius no era precisamente un chico de muchas amistades, se llevaba bien con ese chico y con otros compañeros de casa.

-¿Qué te han dado de Navidad? –preguntó el chico Zabini bruscamente, pero no es que fuera grosero, Scorpius ya sabía que esos eran sus modos.

-Un libro –dijo orgulloso el joven Malfoy y al ver la expresión de su compañero completó: -y una Mercury 5500 –dijo girando los ojos.

-¡Wow¿la traes? –el otro chico se sintió emocionado, pero Scorpius se limitó a negar con la cabeza cortando la alegría del otro.

Como sus padres, los jóvenes siguieron charlando unos minutos antes de abordar el tren. Scorpius Malfoy hablaba poco, y a veces decía cosas incomprensibles para otros chicos de su edad, procuraba mantenerse mundano la mayoría de las veces, con el tiempo había moldeado bien su dura personalidad para no parecer tan hosco con otras personas. No era el típico muchacho de "odio a todo y a todos", simplemente era reservado y analítico y pocas cosas o personas merecían su afecto, porque ya lo decía Birgisson en "Ícaro", cuando pierdes a alguien el dolor es insoportable.

Ya estando en el tren se sentó con Zabini, otro chico muy delgado y asustadizo de apellido Rowland y su prima por parte materna Stella Parkinson, así como una amiga de ésta última de la cual no se tomó la molestia de preguntar su nombre. A los pocos minutos Zabini los tuvo que dejar para ir al vagón de prefectos a ocupar su lugar como tal. Con una mirada extraña, Scorpius le pidió que le informara si "la veía", pues era prefecta de Gryffindor. Howie (como le decían todos) Zabini era lo más parecido que tenía a un amigo, pues esa palabra –amigo- prefería no usarla por ahora, y como tal sabía de ese amor imposible, aunque lo reprobaba, le ayudaba en lo que podía. El chico Zabini era muy contrario a Scorpius, era un atleta, buscador de Slytherin, no era precisamente brillante pero con la ayuda de Malfoy lograba sacar buenas notas, popular con las chicas, pero bastante noble.

Su prima, su amiga y el chico Rowland charlaban al tiempo que él re-leía "Ícaro", analizando cada expresión, cada línea, cada palabra, cada signo de puntuación. Simplemente le fascinaba.

Pero su atención pronto fue llamada por otra cosa, o persona. Ahí estaba ella, haciendo su ronda de prefecta, pasando fuera acompañada por su odioso primo, también prefecto. Ahí estaba ella radiante y hermosa, ojos azules, cabellera de sol, encendida, fuego puro.

Rose Weasley iba platicando animosamente con su primo Albus Potter mientras Scorpius Malfoy sentía ese momento casi poético del shock emocional al verla, como si fuera la primera vez. Siempre se sentía como la primera vez y recordaba palabras de Vladimir El Triste.

"Lo bello encanta, sin embargo lo sublime conmueve"

Y él estaba seguro que lo que sentía era lo segundo.