Titulo: El amor que salvó un Reino

Autora: Alisevv

Parejas: Severus/Harry, Remus/Draco, Sirius/Hermione

Clasificación: PG

Disclaimer: Todos son de Rowling y miren como los trata. Que me de a Sev, porfisss.

Advertencia: Esta historia es de contenido Slash, es decir, relación chico/chico. Si no te gusta, éste es el momento de retroceder.

Bueno, los que leyeron el 7mo libro ya se imaginaran que en estos días la Rowling no es de mis personas favoritas en el mundo mundial, así que esta historia va dedicada a todos los que por los momentos la quieren tan poquito como yo, especialmente a las fans de los Sev/Harry.

Es del estilo de mi historia anterior, Una promesa trajo el amor. Para quienes no la leyeron (que esperan), les cuento que va de donceles en apuros y caballeros andantes que van al rescate. Se trata de un universo alternísimo sin mayor objetivo que hacerles pasar un buen rato. Espero lo disfruten.

El amor que salvó un Reino

Capítulo I

Severus, necesitas casarte

Castillo de Roca

Moribia

1865

La esbelta figura vestida de negro, caminaba presuroso a lo largo de los estrechos y fríos corredores, preguntándose cuáles serían las razones por las que había sido llamado con tanta premura. A su paso, la luz de las teas suspendidas en las paredes, reflejaba un rostro adusto, de nariz aguileña, y si alguien hubiera podido mirar esa cara, hubiera distinguido un par de profundos ojos negros, que forjaban el marco final para el atractivo rostro.

Llegó frente a unas amplias puertas de caoba, junto a las cuales vigilaba un hombre joven, vestido con el uniforme de la guardia real.

—Su Alteza— se inclinó el guardia, respetuoso, ante el recién llegado.

—¿Su Majestad se encuentra?— preguntó el hombre, más por formalidad que por otra causa, pues sabía que le aguardaba.

—Lo está esperando, su Alteza— contestó el joven—. Indicó que entrara en cuanto llegara.

Con una sencilla inclinación de cabeza, a guisa de agradecimiento, tomó el pomo dorado de la puerta y empujó con prontitud.

Entró en un espacioso estudio, decorado con un exquisito gusto y totalmente masculino. El hombre suspiro, satisfecho; siempre le había gustado ese estudio, con los muebles de cuero negro, el escritorio de madera pulida y las paredes cubiertas de libros. Cuando era niño, le encantaba ir a ese lugar, y pasaba horas jugando en el duro suelo, frente a la chimenea, mientras su padre se dedicaba a trabajar en los asuntos del reino, feliz tan solo con estar junto al hombre que para él era casi un Dios.

Moviendo la cabeza para espantar los recuerdos de una infancia ya lejana, se dirigió con parsimonia hacia la figura sentada en un sillón, frente al fuego.

—Padre¿me mandaste a llamar?

El aludido levantó la cabeza y fijó sus ojos, intensamente azules, en el rostro de su hijo. Albus II, Rey de Moribia, era un venerable anciano, de barba blanca y sonrisa bondadosa, y distinto de su hijo como el sol de la luna. Levantó sus lentes y restregó el puente de su nariz para relajarse, antes de colocárselos de nuevo y sonreír al más joven, haciendo una seña para que se sentara a su lado.

—Sí, Severus, necesitaba hablar contigo. Por favor, siéntate.

—¿De qué se trata, padre?— preguntó Severus, inquieto, por el tono de voz del Rey era evidente que se trataba de algo importante.

­El anciano permaneció en silencio unos momentos. Cuando Severus estaba a punto de gritar de impotencia, habló por fin.

—Han llegado noticias de mis contactos— habló el Rey al fin—. El grupo de partidarios que apoya la sucesión de Lucius al trono ha crecido mucho últimamente.

Severus frunció el ceño, pensando en su medio hermano. Lucius era el hijo mayor de Albus Dumbledore, producto de una aventura que el Rey había tenido un par de años antes de nacer él.

Cuando Severus tenía cinco años, la madre de Lucius había muerto y éste había ido a vivir al castillo. El pequeño Sev estaba entusiasmado, al fin iba a tener un hermano. Pero pronto se dio cuenta que todo el amor fraternal que él estaba deseoso de dar, no era correspondido en absoluto. Lucius era un niño manipulador y rencoroso, que siempre odió a Severus sólo por el hecho de ser el 'legítimo', y a medida que creció, el rencor y las artes para la manipulación crecieron con el.

—Esas pretensiones sólo son apoyadas por una minoría— argumentó Severus—. El pueblo nunca ha querido a Lucius.

—Pero su madre era de una importante familia noble, los Malfoy, y éstos están moviendo sus influencias para que Lucius acabe en el trono. Si la situación continúa, estoy seguro que en cuanto yo muera el país caerá en una guerra civil.

—Entonces déjalo de heredero y ya— espetó el hombre joven, levantándose y dirigiéndose a un barcito que había en una esquina—. Sabes que yo nunca he querido ser Rey, me harían un favor— se sirvió un vaso de whisky y le dio un largo trago a la bebida.

—¿Cómo puedes pararte ahí y decirme tranquilamente que te importan un cuerno tus responsabilidades?— el Rey se levantó también, realmente furioso—. Conoces a Lucius. Sabes que en cuanto tome el poder, empezará a hacer alianzas con nuestros enemigos. Si él llega a Rey, el Reino de Moribia no tardará muchos años en desaparecer.

—¿Y cuál es la alternativa?

—Por favor, sírveme una bebida a mí también— pidió el Rey, mientras se sentaba nuevamente.

—Sabes que el médico te lo prohibió— le recordó Severus.

—Ese papanatas no sabe de qué va— replicó el hombre—. A mi edad, whisky más whisky menos no va a hacer mucha diferencia.

Sin argumentar, Severus sirvió la bebida, la entregó a su padre y se sentó nuevamente a su lado. Albus bebió con deleite antes de proseguir.

Estuve pensando y sólo veo dos posibilidades— dijo el Rey con tono pausado—. La primera es que te casaras con Draco. Él es fértil y su unión reforzaría tu posición. Al ser hijo de Lucius, los partidarios de los Malfoy no tendrían razones para objetar.

—Esa no es opción— replicó Severus de inmediato—. Yo quiero mucho a Draco pero como mi sobrino, jamás podría mirarlo como mi pareja, y estoy completamente seguro que él piensa igual. Esa opción es impensable.

—Lo imaginaba— el anciano dio otro sorbo a su bebida—. La otra opción es que te cases con alguien lo suficientemente influyente como para que Lucius desista de cualquier intención de obtener el trono a la fuerza.

—¿A quién te refieres?— preguntó el otro con el ceño profundamente fruncido, no pensaba casarse con un desconocido así Moribia se hundiera en el infierno con todo y Lucius.

—A alguien de la nobleza inglesa.

—¿Una inglesa?— repitió el joven como si escupiera la palabra.

—O un inglés, eso ya dependerá de tus gustos— dijo Albus con un dejo de picardía—. Al estar casado con un noble inglés, tu trono estará respaldado por el poder de Inglaterra y nadie se atreverá a cuestionar tus derechos.

—Muy interesante pero, por si no te has dado cuenta— comentó Severus con ironía—, aunque nuestros ancestros hayan sido originarios de la antigua Britannia, por aquí no hay ningún inglés o inglesa noble disponible.

—No, y es por eso que vas a viajar a Inglaterra— alzó una mano para impedir la protesta de su hijo—. Hace algún tiempo le escribí al Marqués de Potter, un antiguo amigo, y le expliqué la situación. Aceptó ayudarme encantado, así que va a hacer una gran fiesta en su casa y invitar a todas las damas y jóvenes fértiles de la nobleza, para que puedas elegir al candidato adecuado.

—O sea, ya lo decidiste todo sin mi aprobación.

Los ojos del anciano se pusieron repentinamente serios.

—Hijo, no te quiero presionar pero ésta es nuestra única posibilidad de no terminar en una guerra interna que desgarraría al reino. Te lo ruego, al menos accede a ir y conocer a esas personas.

Severus miró los ojos azules de su padre y comprendió que debía ceder. Era su obligación. Además, no sería capaz de cargar la sangre de su pueblo sobre su conciencia.

—Está bien, padre— aceptó al fin, derrotado—. Viajaré a Inglaterra a buscar una novia o novio noble y que Dios me ayude.

ºººººº

Mansión Potter

Londres

—El estofado está delicioso, Lily— comentó Remus, hijo heredero del Conde de Lupin, mirando a su hermana mayor con fingido enfado—. Todavía no te perdono que te hayas robado a Poppy en nuestras narices.

—Oye, que yo no me la robé— se quejó su hermana, riendo.

—¿A no? Mami¿podrías prestarme a tu cocinera unos días mientras consigo una adecuada? ¿Eso fue hace cuanto, veinte años?

—Veinticuatro— aclaró James, Marqués de Potter.

—Uff, como pasa el tiempo.

—Deberías casarte, Remus— comentó Lily—. Establecerte, en lugar de ir por ahí, pajareando de rama en rama.

Remus miró a su hermana y se echó a reír.

—¿Pasará un día completo sin que me digas lo mismo?— mientras mordisqueaba un bizcocho, agregó—: Quizás pueda conseguir alguien en esa feria de solteritos que están organizando.

—Remus, ese es un asunto serio— declaró James.

—Pues yo no le veo mucha seriedad al asunto— habló por primera vez Harry, el hijo menor de la familia—. ¿Acaso es tan feo ese Príncipe que necesita ayuda para conseguir pareja?

Tanto su Tío Remus como su hermana Hermione, que se sentaba a su lado, se echaron a reír. Incluso Lily esbozó una ligera sonrisa.

James, por el contrario, frunció el ceño y miró a su hijo con mucha seriedad.

—Esto no es un juego, Harry— explicó, al tiempo que todos en la mesa cesaban sus risas—. La situación en Moribia es crítica; al parecer, lo único que podría evitar una futura guerra civil, sería la unión del heredero con alguno de nuestros nobles.

—¿Y no le importa si es chico o chica?— preguntó Hermione, interesada.

—Parece que no, el único requisito es que, de ser varón, sea fértil, para asegurar la sucesión— continuó explicando el Marqués—. Albus Dumbledore, el Rey de Moribia, es un antiguo amigo. Es una gran persona, por eso acepté gustoso ayudarlo en esta situación— miró a sus hijos fijamente—. Y confío en que ustedes también me ayuden.

—Claro, papá— aseguró Hermione.

—Bueno, yo es poco lo que puedo ayudar— replicó Harry—, ni siquiera puedo asistir a la fiesta— internamente se alegró, por primera vez, de que le faltaran unos días para cumplir su mayoría de edad—. Sin embargo, prometo ayudarte en lo que pueda.

—Lástima que Remus no sea fértil— comentó Lily con un suspiro—. Podríamos casarlo con el Príncipe. ¿No te gustaría, hermanito?

En medio de la carcajada general, la servilleta del futuro Conde de Lupin salió despedida hacia la burlona cara de Lady Lily, Marquesa de Potter.

ºººººº

Severus miraba la azulosa superficie el mar, mientras daba una profunda calada a su cigarro, aspirando el aroma con fruición. Llevaba muchos días navegando y todos y cada uno de esos días se había visto envuelto en la misma inquietud. Ahora, con Inglaterra tan cerca que desde la nave se podían observar la costa del Puerto de Plymouth, todas sus dudas aumentaban de manera alarmante.

—Así que estamos llegando— se escuchó una voz a su lado.

—Así parece— Severus sacó una caja de cigarros y, sin apartar la vista de la costa, la ofreció a su interlocutor. Éste aceptó y encendió un cigarro, antes de hablar nuevamente.

—No debes preocuparte. Todo va a salir bien.

Esta vez, Severus alzó la cabeza y fijó la mirada en el hombre a su lado. Sirius Black era un hombre alto y esbelto, con unos profundos ojos azules, y cuya barba y el cabello negros lucían un corte impecable. Era el Capitán de la Guardia de palacio, mejor amigo de Severus y, como él siempre decía con burla, su niñero personal.

—¿De verdad lo crees?— la pregunta más parecía dirigida hacia si mismo que hacia Sirius. Lo miró unos segundos antes de volver a la posición inicial, sobre la barandilla del barco—. He hecho muchas locuras en mi vida, y tú lo sabes bien, me acompañaste en unas cuantas— una leve sonrisa curvó los labios de Sirius—. Conocí gente, hombres y mujeres, pero ninguno me atrajo lo suficiente para casarme— dio una última calada al cigarro y tiró la colilla hacia el mar—. Siempre soñé con encontrar la persona ideal para mí; no la mejor, la más inteligente o la más hermosa, sino aquella que fuera mi otra mitad. Y en todos los casos, esa persona era un hombre.

Guardó silencio unos segundos y Sirius no lo interrumpió. Sabía que su amigo necesitaba desahogarse.

Y ahora me encuentro con que tengo que elegir un esposo, o más probablemente esposa— hizo un gesto de desagrado—, entre un grupo de estirados ingleses, que para mí no significan absolutamente nada. Me veo obligado a olvidar mi felicidad por la de mi gente. ¿Crees que es justo?

—Tal vez no sea tan malo como piensas— sugirió Sirius—. Tal vez entre todos esos nobles casaderos encuentres esa persona especial.

—¿Un inglés¿En serio crees lo que dices?— no necesitó escuchar la respuesta de su amigo, su rostro era más que evidente—. Yo tampoco lo creo.

—Hombre, que no todos los ingleses van a ser pedantes, estirados e insufribles— Sirius hizo un nuevo intento—. Alguno se salvara, digo yo. Por lo menos no son franceses— y sonrió al otro hombre, guiñándole el ojo, poniendo una expresión que a Severus no le quedó más remedio que sonreír.

Así que, ánimo, mi buen amigo— prosiguió Sirius con un tono alegre—. Vamos a encontrar ese mirlo blanco entre el inmenso enjambre de cacatúas inglesas.

—¿Vamos?

—Por supuesto, vas a necesitar contar con los consejos Black para librar esta empresa con éxito— declaró con petulancia—. Y agradece al cielo, conmigo de tu lado, la conquista de ese mirlo blanco es pan comido.

ºººººººº

—¡Al fin llegamos!

Sorprendido, Harry levantó la vista del libro que estaba leyendo, para encontrarse con su hermana y la mejor amiga de ésta, Ginny, la hija menor del Barón de Weasley.

—¿Dónde andaban ustedes dos?— preguntó, con una sonrisa de bienvenida.

—En la modista— informó Hermione.

—¿Y desde cuando una visita a la modista las deja como si hubieran corrido un par de millas?

—Desde que todas las mujeres casaderas…— empezó Hermione.

—Y unos cuantos varones fértiles, no lo olvides— la interrumpió Ginny.

—Cierto, y unos cuantos varones fértiles, están luchando por ver quién se lleva el gran premio de la temporada— completó Hermione.

Al ver que Harry las miraba como si no entendiera, Ginny habló de nuevo.

—Si serás tonto. Nos estamos refiriendo al Príncipe que viene en busca de su otra mitad.

Harry, asombrado, abrió aún más los ojos.

—¿En serio la gente está entusiasmada con todo ese asunto?

—Llamarlo entusiasmo es ser muy sutil— comentó su hermana—. Londres parece una feria.

—Lo que pasa es que Harry está decepcionado porque no puede asistir a la fiesta— se burló Ginny.

—No, mi amiga, creo que por primera vez en su vida, mi hermano está agradecido de ser un varón fértil.

Hermione miró a Harry con ternura, recordando todas las veces que, a lo largo de su vida, el joven había renegado malamente de todas las restricciones que estaban emparejadas a su condición.

Las cosas no eran fáciles para los hombres fértiles, como no lo eran para las mujeres, había demasiados impedimentos sobre lo que podían o no podían hacer.

Aún recordaba cuando, varios años antes, luego de un berrinche especialmente fuerte de Harry, su padre les había hablado de lo que significaba la fertilidad masculina y de cómo, en una época muy antigua, había logrado evitar que sus ancestros se extinguieran.

Les habló de unos antepasados que se perdían en el olvido del tiempo, de una enfermedad que atacó sólo a las mujeres hasta el límite de la extinción, y de cómo a partir de eso, las pocas mujeres que quedaron, al embarazarse, tenían mayoritariamente hijos varones.

Les contó que entonces, uno de esos niños varones quedó embarazado, y luego otro, y otro, y como gracias a eso, la población pudo sobrevivir. Y les habló de cómo esos niños fértiles, con el curso de los siglos, los que se quedaron en la región de lo que hoy día era Gran Bretaña, se convirtieron en la actual nobleza inglesa, y unos pocos que emigraron, formaron fuertes familias nobles en lejanos lugares.

Hermione aún podía recordar las palabras de su padre.

Tu fertilidad es un milagro y un honor, hijo. Jamás reniegues de ella

Claro, no que Harry hubiera hecho mucho caso a ese último consejo, pensó Hermione, sonriendo, antes de prestar nuevamente atención al momento actual.

—Pues yo creo que a Harry le gustaría todo eso— comentaba Ginny en ese momento.

—¿A que te refieres?— inquirió el aludido, frunciendo el ceño.

—Pues la persona elegida va a viajar a tierras remotas, desconocidas, y probablemente vivirá aventuras fantásticas— contestó la chica, señalando con intención el libro posado en el banco al lado del joven—. Y a ti te encanta todo eso de las aventuras¿no?

Eso era algo que Harry no podía negar. Siempre había soñado que, como los protagonistas de las novelas que tanto le gustaban, vivía extrañas aventuras en lugares insólitos. Más de una vez había maldecido su mala fortuna de ser fértil y no poder acompañar a su hermano mayor a la India, porque debía quedarse en casita y ser el sumiso esposo de un insípido noble de pacotilla. No, dijera lo que dijera su padre sobre el milagro de la fertilidad, esa vida no era para él. Pero el asunto del Príncipe tampoco era una opción.

—Nunca me vendería por un poco de aventura— replicó el joven, ofendido.

—Tampoco es para plantearlo de ese modo— argumentó Ginny—. No sabemos como es el Príncipe. Podría ser un joven agradable y atractivo.

—Sí, claro. Y por eso tiene que andar buscando novia de puerta en puerta.

—Harry, recuerda lo grave de la situación de su país— razonó Hermione—. No podemos juzgarlo a la ligera. Para él también debe significar un gran esfuerzo venir así como así a buscar consorte sólo para asegurar el bien de su gente¿no crees?

El muchacho meditó un momento y al fin comentó:

—Sí, puede que tengas razón— admitió—. Pero de cualquier forma, me alegra no tener que asistir a esa dichosa fiesta.

—¿Y no te da algo de penilla perderla?— indagó Ginny—. ¿Aunque sea por curiosidad?

—De hecho, no me la pienso perder— replicó con mirada maliciosa—. Pero la pienso observar desde un sitio seguro, a prudente distancia.

—O sea, desde un árbol del jardín— sentenció su hermana.

—O sea, desde un árbol del jardín— confirmó Harry, con una sonrisa final.

Continuará….

Gotitas musicales

Pues como en el relato anterior me acostumbre, voy a tratar de ponerle gotitas musicales con cada entrega, y hoy quiero empezar con mi compositor favorito, Frederic Chopin.

La primera es la balada para piano nº 1, opus 23, del año 1836

El segundo es el Nocturno, opus 9, nº 2, de 1831

Los pueden encontrar en

http :// www. epdlp. com/ compclasico. php? id983 (juntar espacios)

Britannia: El nombre de Gran Bretaña procede del latino Britannia, usado por los romanos para denominar una provincia que correspondía más o menos a la Inglaterra actual. Se piensa que el nombre deriva de la palabra céltica Britani, que significa pintado, ya que los habitantes de estas islas se pintaban la piel.

Bueno, mis queridos brujas y magos, hasta aquí el primer capítulo, con la esperanza de que les haya gustado un poquillo. Ya me contarán.

Les mando un beso enorme y hasta la semana que viene