Disclaimer: Harry Potter y sus personajes no me pertenecen. Son propiedad de J.K. Rowling y esta es una actividad que realizo sin ánimo de lucro.


Regulus Black.

Partida.

Bajó a desayunar, aparentemente con la misma tranquilidad. Pero algo dentro de él sabía que las cosas no iban bien. Nada iba bien desde hacía mucho tiempo.

Pero aquella mañana tenía el presentimiento de que las cosas irían peor.

Y lo fueron.

Cuando entró en la cocina, se encontró con una imagen que difícilmente olvidaría: su madre, roja de la ira, destrozando cada mueble, cada cacharro de la cocina; su padre, con la mirada furibunda, con un papel entre los dedos, sin la más mínima intención de detener a su esposa; Kreacher agazapado en una esquina, muerto de miedo por el comportamiento de sus amos.

Le faltaba una presencia en la estancia, una voz en la discusión, una mirada…

Entonces comprendió.

Sirius se había ido.

Se había ido para no volver.

Esa noche lloró solo en su habitación, acurrucado en el suelo, hecho un ovillo, aferrado a la única foto en la que él y su hermano reían. La única que tenía en la que ambos parecían felices.

Y sintió rabia contra Sirius, al pensar que ni siquiera se había despedido de él.

Y murió un poco por dentro, al pensar que quizás él le odiaba, y que no podía culparle, porque su relación se había marchitado como una flor en invierno con el paso de los años.

Y consiguió dibujar en su rostro un atisbo de sonrisa, al encontrar debajo de su cama aquel peluche estúpido que le había regalado siendo niños una vez en Navidad.

Y durmió solo aquella noche, con una lágrima en cada mejilla, perdido en el recuerdo de un hermano que se había marchado y que no volvería jamás.


N/A: Un poco moñas, pero fue lo que me salió el día que decidí escribirlo :) Aún así, espero que os guste. ¡Un beso!