Una tenue luz resplandecía a través de sus párpados, los acontecimientos de aquel último año, y en especial los de la noche anterior ejercían un cansancio extremo en cada partícula de su cuerpo, aún así se sentía extrañamente más liviano desde que le había dado muerte a su eterno enemigo. Voldemort estaba muerto, por fin comenzaría a vivir su vida, sería un duro viaje, pero uno que esta vez estaba presuroso de emprender. Había mucho que reconstruir, podía escuchar ruido en los jardines del castillo, pero sabía que se encontraba a solas en su habitación en Hogwarts. Su estómago dio un gruñido impresionante, digno de un dragón, y recién ahí recordó que no había comido en dos días. "Kreacher" susurró casi de forma inaudible, obedeciendo más a su estómago que a su cabeza. Un pop suave se escuchó fuera de sus cortinas con dosel.

- El amo quiere su desayuno? -preguntó una voz ronca pero amigable.

Harry se incorporó en el acto apresurándose en descorrer las cortinas de su cama para recoger sus lentes desde la mesita de luz mientras hablaba en respuesta Kreacher.

- … estee, si Kreacher, tú serías tan amable de…

Pero su petición de algo para desayunar quedó en el olvido al ver no solo a Kreacher sino también a otro elfo más bajito cargando desayuno y ropas limpias para Harry.

- Pensé que el amo tendría hambre, así que me tomé la libertad de traerle algo de comer… solo unas tostadas, huevos revueltos con tocino, jugo de calabaza, su avena y unas manzanas… ¿Kreacher lo hizo bien amo? ¿el amo está complacido?

Harry estaba anonadado, miraba a Kreacher sintiendo ahora ternura por el pequeño elfo otrora feo y amargado, quien ahora permanecía limpio y con una amplia sonrisa en sus labios mirándole y ofreciéndole junto a otro elfo dos bandejas con un surtido abundante de todo lo que quisiera comer mientras se inclinaba servilmente hacia él.

- Kreacher también pensó que necesitaría ropa limpia amo -dijo mientras el otro elfo depositaba una pila de ropa a los pies de la cama de Harry, haciendo idéntica reverencia a la de Kreacher y con senda sonrisa también en su rostro.

- Gra… gracias Kreacher -dijo Harry tomando la bandeja de las manos de Kreacher y asintiendo al otro elfo también, la cual pensó que por el pesó podía caérsele en cualquier momento de las manos al anciano elfo, y acomodándose mejor en la cama la puso sobre sus rodillas.

- Kreacher se pregunta algo amo, se pregunta si le puede pedir algo a su amo -dijo el elfo de forma cautelosa después de un rato.

Harry dirigió la mirada hacia el elfo atragantándose un poco con una tostada con huevo que en su desesperación por ingerir algo de alimento casi se había metido íntegramente de una mascada en la boca.

- Tragó rápidamente- Claro, claro Kreacher, -dijo Harry tomando un poco de jugo de calabaza- ¿de que se trata?

- Kreacher se preguntaba si él podría regresar a limpiar la casa ahora que todo está en paz, para que el amo se sienta cómodo a su regreso!

- Yo no creo que vuelva a … -pero Harry se interrumpió y corrigió al ver que las orejas de Kreacher bajaban temblando y sus ojos se habrían y aguaban peligrosamente- por supuesto Kreacher, ve para que todo esté listo a mi regreso. Eso me haría muy feliz.

El elfo pareció resplandecer de alegría.

- Será un placer amo, y haciendo una gran reverencia con la cual su nariz tocó literalmente el suelo de la habitación desapareció.

Harry esbozó una sonrisa lacónica y se llevó otra tostada rebozante de huevo a la boca, deteniéndose en el momento justo antes de mascarla, derramándose por la brusquedad del movimiento la mitad del huevo sobre sí, atendiendo a la mirada de excitación del segundo elfo que permanecía parado a un costado de su cama y que lo miraba de forma extasiada y embelesada.

- Ho… hola. –se dirigió Harry al elfo de forma nerviosa e intimidado por la admiración con que el elfo le observaba, bajando la tostada hasta su plato. ¿Puedo ayudarte en algo?

- ¿Ayudarme en algo? -preguntó casi aterrorizado el elfo doméstico- ¿a mi? Soy yo el que está a su servicio señor Potter- dijo haciendo una elegante reverencia.

- Oh, pero… no es necesario, Kreacher se encargará de todo, ya lo oíste, él…

- El ministro de magia me delegó para estar a su servicio personal en la escuela! Dijo el elfo con un toque de orgullo digno de Percy Weasley.

- ¿El ministro? ¿Quién…?

- Kingsley Shaketbolt señor. El nuevo ministro de magia.

- Oh… ya veo… dijo Harry… como despertando nuevamente.

- Mi nombre es Puffty, señor. Dijo haciendo reverencia. Y he sido encomendado para asistirlo en todo lo que usted necesite en su permanencia en el castillo…

Harry ya se había ido del lugar en sus pensamientos, su vida había comenzado aquella mañana, aun no veía a nadie conocido y eso le extrañaba, pero no se podía engañar a él mismo sin confesar que solo pensaba en una persona, una persona a la cual ya había aplazado lo suficiente, y sin la cual no quería continuar, sus pensamientos se perdían mientras escuchaba como de forma lejana la perorata del elfo.

- …es por eso que si usted necesita algo, lo que sea, ropa, comida, compras…

- ¿Puffy, podrías ir por mi a Gringotts? -Dijo mientras tomaba su varita y conjuraba una pluma y pergamino y en el acto escribía una nota- dales esto, luego esperas a que ellos te den algo a ti y regresas.

- Por supuesto señor ! en seguida ! -y desapareció casi al tomar el sobre de manos de Harry.

A Harry le dolía todo el cuerpo, pero repentinamente se le había quitado el apetito, ¿Dónde estarían todos? ¿Por qué no habrían dormido en su antigua habitación Neville, Ron, Seamos y Dean? Seguramente quisieron dejarle descansar. Decidió ponerse en pies, necesitaba una ducha, apartó la bandeja con comida y se dirigió hacia el baño. Abrió el grifo y dejó que la regadera le cubriera con un chorro abundante de cálida agua desde la mollera hasta la punta de sus pies durante varios minutos. Una vez que consideró que sus músculos se relajaban y antes de que se le arrugara toda la piel, cerró el grifo y se envolvió una toalla a la cintura, tomó sus lentes del aparador del baño y se los puso, el reflejo de su pelo revuelto y mojado le hacía verse por demás sexy, pero él solo se percató de que después de un año de descuido debería recortarlo, pensó en tía Petunia y sonrió. Salió del cuarto de baño y un perfume conocido azotó todos sus sentidos erizándole la piel. Se quedó como petrificado, no levantó la vista inmediatamente, sabía perfectamente quien se encontraba en la habitación sin siquiera mirar.

Después de unos segundos eternos escuchó la voz que esperaba.

- Mamá le pidió a Ron que subiera a despertarte, pero quizá la última noche de nuestras vidas hizo madurar al cabeza dura de mi hermano, o simplemente tenía mejores cosas que hacer con Hermione en el armario del segundo piso, porque me pidió que lo hiciera yo, dijo casi entre risas una hermosa pelirroja sentada a los pies de la cama de Harry, mientras jugaba con uno de los botones de la camisa que el elfo le había llevado a Harry minutos antes.

Harry levantó la vista lentamente, Ginny parecía un ángel, su tez blanca resplandecía bajo la tenue luz de la habitación que aún permanecía con las cortinas tapando las ventanas, aún así su largo cabello brillaba y caía por sus hombros hacia adelante, sus ojos tenían un brillo especial, aún mayor que otras veces, y su sonrisa amplia y sincera la adornaban como una gema preciosa.

- Sabía… sabía que lo lograrías, dijo con la voz entrecortada y con sus ojos color avellana anegándose y estallando en lágrimas pero aún sonriendo, lo cual pareció inyectarla para salir corriendo feliz hacia los brazos de Harry, lanzándose hacía él entrelazando no solo sus brazos al cuello del chico, sino también sus piernas alrededor de la cintura de éste, quien también había avanzado con paso apresurado a su encuentro sosteniéndola en sus brazos.

Sus cuerpos se fundieron en un abrazo, Harry no sabía donde comenzaba su cuerpo y donde terminaba el de ella. Instintivamente ladeó su cabeza para oler el cabello de Ginny y fue todo lo que necesitó. Su naturaleza y su deseo, tanto tiempo sometido y frustrado, hicieron el resto, tomando la iniciativa por fin. Delicadamente fue besando el cabello de la chica, la cual puso sus pies en tierra nuevamente y pareció quedarse inmóvil y expectante, entregada a las caricias y besos de su chico de ojos verdes. De manera casi reverente Harry comenzó a buscar los labios de quien sentía ya casi suya, hasta que los encontró. Las mejillas de Ginny aún tenían lágrimas, y Harry solo separó sus labios de los de ella para besar lentamente cada una de ellas, tomando con sus manos la cara de esta. Ginny se sentía como entre nubes, rindiéndose tanto hacia las caricias del chico que deslizó casi involuntariamente una de sus blancas manos sobre el pecho del joven, provocando un estallido de emociones a través del cuerpo de éste, haciéndole escapar a harry un quejido de placer. Harry no lo pensó, estaba como hechizado, y no lograba detenerse, ni siquiera pensaba en ello. En un movimiento rápido pero con extrema delicadeza tomó a Ginny en sus brazos y dio unos pasos hacia la cama más cercana, depositándola sobre ella con dulzura entre besos y caricias. El corazón de Ginny latía locamente, no estaba preparada para algo así de parte de Harry, y ella también podía sentir como el corazón de éste golpeaba fuerte en su pecho el cual ella aún sostenía con su mano. Harry acercó su cuerpo a ella cubriéndola por completo, dirigiendo sus labios al cuello de Ginny, Ginny a su vez se habría por fin a un futuro sin mas limitaciones ni miedos, se entregaba sin temor a cada caricia confiando en él plenamente, y en que ya no la cortaría por absurdos, actos heroicos o mera nobleza, ella quería ser suya y Harry lo sabía. Harry estaba como loco, estaba volcando toda su energía y ansiedad en ese momento, todo su agradecimiento por estar vivo, toda angustia vivida habían valido la pena si podía ahora fundirse y tocar a aquel ser tan hermoso, frágil pero a la vez poderoso que tenía bajo su cuerpo y que ahora besaba de forma apasionada bajando por su cuello. Su cabeza tenía un solo pensamiento en sí, su rostro, su cuerpo, la tersura de sus labios, la tibieza de su piel, su mente era solo de ella, y cada poro de su cuerpo gritaba su nombre. Una de sus manos se deslizó bajo la blusa de Ginny, logrando percatarse de la violencia con que este se agitaba por las caricias que él ejercía en ella, por él. Toda esa pasión que por tanto tiempo había suprimido por un hermano celoso, o por protegerla de los invasores de su mente o de sus enemigos se había volcado sobre ellos quemándolo todo. Segundos después la blusa de Ginny se había esfumado, no era la primera vez que hacía magia sin querer (¡pero es que si quería!), y el contacto de los cuerpos desnudos le hizo temer y turbarse por primera vez desde su primer abrazo. Sabía que si no se detenían a donde llegarían. Sabía que la decisión pertenecía a los dos, y que no podía ser tan egoísta de querer satisfacer sus deseos, él la quería demasiado, la amaba, y por primera vez entre beso y beso se atrevía a confesárselo a sí mismo, él la amaba, y demasiado, como para no tomar en consideración un sí o un no de parte de ella, él sabría esperar, le costaría, pero sabría esperar… porque la amaba.

- Ginny… -dijo casi sin aliento separándose del beso pero no dejando de rozarlos al hablar produciendo un cosquilleo en los labios de ella.

Ginny tomó la cara de Harry entre sus manos acercando la frente de él hasta tocar la suya.

- Estoy lista… susurró- quiero ser tuya. Harry la volvió a besar.