Navegaban despacio, con el ancla rota por el mar, la Perla había vencido en su última batalla, pero el precio había resultado muy alto. Los hombres se movían con presteza de un lado a otro, remachando las velas, apuntalando maderas… El mar mecía el navío como si de una cuna de bebé se tratara.

En el horizonte, el sol se ponía y la tempestad se apaciguaba con cada minuto que pasaba. Al timón el orgulloso capitán Jack Sparrow guiaba a los suyos de camino a Santa Aldana, una pequeña isla del Caribe. Allí iban a empezar los problemas.