Saint Seiya ® nombres y caracteres, son propiedad del señor Kurumada y de Shueshia ® No se hace uso de ellos con fines de lucro.

Cualquier parecido con personas vivas o muertas, situciones reales y diálogos, son total y mera coincidencia

N/A: Para efectos de la trama, sumen 6 años a las edades de todos los personajes, exceptuando a los de Bronce y Atenea. Al inicio de esta historia, Albiore cuenta con 16 años.


Historia de un padre

Parte 1

Adquiriendo una responsabilidad.

Santuario de Atenea.

Coliseo.

Eran raras y muy contadas las ocasiones que el Patriarca permitía que todos los aprendices de la Orden se reunieran en el Santuario. Una de ellas se daba en días como ese, en que se celebraba el nacimiento de la diosa en la Tierra. Para esta ocasión, entre algunos otros de los eventos, los aprendices se enfrentaban en batallas consagradas a ella, a Atenea. Muchas de ellas eran simplemente para exhibición, pero otras, eran la prueba final antes de que algún aprendiz pasara a ser un Caballero o una Amazona.

La que se efectuaba en esos momentos era una de estas. Se había corrido el rumor hacía días, de que el Patriarca pronto escogería al líder del nivel de Plata, es decir, al más avanzado tanto en cosmos como en técnica, que sería no solo el primer envestido de la nueva generación del nivel de Plata, sino también, sería el caballero que –llegado el momento de las Guerras Sagradas- dirigiría a los caballeros de Plata y Bronce, y por tanto, sería casi tan importante como un Caballero Dorado.

La situación de ese momento dejaba por tanto a muy pocos candidatos disponibles, y elegíbles, principalmente. Entre los nombres más sonados, estaban el de Allphonse, estudiante del Caballero de Cefeo, Errai, y su otro discípulo, Albiore. Ambos eran no solo los de más edad entre los estudiantes de Plata, sino también, los que mayor nivel de cosmos poseían. Además, estaba el hecho de que Errai, encargado también de Isla Andrómeda, sufría una enfermedad incurable y hasta ese momento desconocida, motivo por el cual había anunciado su próximo retiro, el cual estaba aceptado y corría con el favor y bendición de Atenea, según el Patriarca.

Por tanto, aquella pelea no era solo por fama, era por volverse el sucesor de Errai, uno de los más respetados Maestros de la Orden. El vencedor no solo sería el nuevo caballero de Cefeo, sino también, líder de la Isla Andrómeda y de los caballeros de Plata. Una posición sumamente importante el en Santuario, y por ello codiciada. Desafortunadamente. Porque la pelea entre Allphonse y Albiore era en realidad por sus diferentes puntos de vista, pues mientras el primero peleaba por la gloria personal, el segundo lo hacía por lo que ser un Caballero de Atenea significaba.

En el Coliseo estaban caballeros de Oro, Plata y estudiantes. Estos últimos contemplaban a los pocos Caballeros de Oro ya definidos hasta ese momento, quienes rara vez se dejaban ver por el Santuario, y menos aún, conversaban siquiera entre ellos. Agrupados en sectores, todos observaba con atención el combate, siempre a la sombra del Patriarca, que rara vez dejaba de asistir a una pelea.

Quizá fue por este ambiente, que ni siquiera las cosas estaban bien entre los propios aprendices. Ya entre ellos se daban las primeras peleas, y casi nunca concordaban en ideas. Por ello no era raro ver aprendices en grupo, o solos, que era la mejor forma de pasar el tiempo y su estadía en el Santuario. El caso de Marín era de estos. La razón todos la conocían de sobra.

- Oye Marín ¿Tu quién crees que gane? –preguntó Misty, que llegaba acompañando a Shaina. Ambos se sentaron a cada lado de ella.

- La pregunta es tonta, tú sabes que apoya a Albiore.

- ¡Es verdad! Lo había olvidado, no se le despega para nada ¡es ridículo! –dijeron en tono de burla.

- ¿Y quién podría no hacerlo? –dijo Yiste, alcanzándolos y sentándose al lado de Shaina.- Si Albiore es tan inteligente, tan educado ¿no les parece lindo? -dijo recargando sus brazos en sus rodillas y casi suspirando.

- Mejor cállate –sentenció Shaina.- Harás que vomite.

- Déjala en paz, Shaina. Ella no tiene la culpa de tu amargura –replicó Marín.- Y si solo van a estar molestando mejor váyanse.

- ¡Hey! Allá están Moses. Babel y Capella, mejor vamos con ellos Shaina.

- Esta bien –replicó fastidiada.- Molestar a Marín ya no es divertido ¿vienes Yiste?

- Ya voy –los tres se levantaron, dejando a Marín nuevamente tranquila.

- No sé por qué soportas que te traten así –dijo Aioria, sentándose a su lado.

En esa época, Aioria estaba a unos días de reclamar la armadura de Leo, la cual le había sido destinada desde el momento en que él y su hermano llegaron al Santuario. Después de que a Aioros se le declarara traidor, había luchado por limpiar el nombre de su familia, cosa que logró al menos a los ojos del Patriarca, no así de algunos de sus compañeros. El caballero de Cáncer, de quien nadie conocía su verdadero nombre salvo el apodo con el que se hacía llamar, era uno de estos; y ni que decir del de Capricornio, el supuesto mejor amigo de su hermano, al que había admirado cuando era niño.

- Ya estoy acostumbrada. Además no gano nada respondiéndoles. Ellos siempre andan en grupo y yo…

- Si vas a ser una amazona debes hacer que te respeten. En unos años podrás tomar aprendices a tu cargo, no puedes dejar que ellos pongan en duda tu autoridad. Ya te lo he dicho, tienes mucho potencial, me gustaría ver que lo aprovecharas.

- Dices eso porque a ti también te molestaban ¿cierto? Gente como yo no somos nada más que "extranjeros" en este sitio. Nos consideran inferiores por ello…

- ¡Vamos Allphonse, no te dejes!

- ¡Incluso las amazonas pelean mejor que Ustedes!

- ¡Ya mejor retírate Albiore!

Marín volteó molesta. Jamian, Argeti y Sirius, unos de los tantos "buscaproblemas" del santuario, estaban justo detrás de ellos.

- ¿Ves a lo que me refiero? –replicó molesta.

- ¿Realmente crees que Allphonse vaya a ganar la pelea?

- ¡Claro que no!

- ¿Por qué estás tan segura?

- Pues porque Albiore es mucho mejor que él.

- Exacto. Ve. Aprende de este combate. Allphonse será de Etiopía, pero Albiore esta mucho mejor preparado que él ¿entiendes lo que trato de decirte? –Marín negó, un tanto confundida.

- Alphonse cree que por su origen merece ser el portador de la armadura de Cefeo, y por tanto, encargarse de la Isla. Pero eso no es suficiente, no está peleando por Atenea, ni por la razón correcta... fíjate eso –ambos se concentraron en la pelea.- Uno, dos ¡tres!

- ¡Tormenta de cadenas! –en ese mismo momento, Albiore y Allphonse atacaron, pero Albiore fue más rápido, y con su cosmos mejor preparado, dejó a su oponente fuera de combate, ganando por ello la pelea.

- ¡Muy bien Albiore! –grito Aioria, aplaudiendo. Algunos otros aprendices y Caballeros se unieron a la ovación. Marín lo veía.- ¿Te diste cuenta?

- Si. Creo que ya entiendo.

- La batalla ha terminado –anunció el Patriarca.- Declaro a Albiore como el triunfador, y por tanto, sucesor legítimo de la armadura de Cefeo.

- Es el cosmos, y no nuestro origen, lo que determina quienes somos. Nunca lo olvides –Marín asintió. Aioria se unió a los que aclamaban la victoria del argentino.

Unas horas más tarde

- ¿Y bien? –dijo Marín reuniéndose con Albiore cerca de la casa de Tauro.- ¿Qué se siente ya ser un caballero de Plata?

- Igual que hace unas horas. Sigo siendo el mismo, pero ahora he jurado lealtad a Atenea.

- Mentiroso –los dos rieron.

- Vi a Shaina, Misty y Yiste mientras peleaba ¿te estaban molestando de nuevo?

- Ya sabes que no tienen algo mejor que hacer con su tiempo.

- Marín…

- ¡No me regañes! Además se te adelantaron, ya Aioria habló conmigo de eso.

- Espero que lo escuches. Muy pronto será un caballero dorado, de los más fuertes.

- ¡Tu también podrías ser un caballero dorado! –dijo una tercer persona, reuniéndose con ellos.- Pero para eso tendrías que derrotarme.

- Sabes que no podría, Aldebarán.

- ¿Y por qué no? Para nadie es secreto que tu cosmoenergía esta cercana a la de un caballero de Oro. ¡Aún recuerdo la paliza que les pusiste años atrás al aprendiz de escorpión y al de acuario! –dijo riendo de buena gana.

- ¿En serio hiciste eso? –preguntó Marín sorprendida.

- ¡Y vaya que les dio una lección¿Qué tenias en aquel entonces? Unos seis o siete años, creo yo. Y ellos eran mayores que Albiore. No paraban de molestarlo ¡y con su cosmos los mando a volar al menos unos veinte metros de donde estaban! Recuerdo la cara de mi maestro y el de ellos ante tal poder.

- ¡Vaya! Eso es genial –Albiore miró a Marín no muy orgulloso de recordar aquella situación.

- Mi maestro incluso habló con el Patriarca para que le permitiera entrenar a Albiore y al final, nos enfrentaríamos para decidir quién ocuparía la armadura de Tauro.

- ¿Y qué pasó?

- Todos estuvieron de acuerdo… excepto tu amigo aquí presente -recalcó.

- Tú fuiste elegido para ocupar la armadura de Tauro, y yo para suceder a mi maestro.

- Dicen que la Isla es un campo muy complicado. Además de tu armadura, ahí se entrenarán a los que podrían ocupar a Andrómeda, Casiopea, Perseo, Cetus… –empezó a enumerar Aldebarán.

- Si. Son bastantes las armaduras que ahí se resguardan.

- ¿No estás nervioso, Albiore? –preguntó Marín.

- ¿Debería?

- Bueno, serás Maestro a partir de hoy. Te encargarás de un campo de entrenamiento, tendrás discípulos…

- Si ¿acaso podrás con todo lo que ocupar el lugar de Errai significa? –preguntó Allphonse, llegando seguido de otros aprendices.

- No pretendo ocupar el lugar del Maestro Errai -enfatizó Albiore.- Eso sería imposible. Yo tendré mi propio lugar en la Orden, y será un honor continuar con las tradiciones y conocimientos que nos enseño.

- ¡No es admirable! –dijo Yiste, una de los que acompañaban a Allphonse.

- ¡Qué hacen Ustedes aquí!

- Esta es una zona libre –aseguro Shaina.- Aunque hacer reuniones aquí creo que no es algo que vaya de acuerdo al Protocolo.

- ¡Por qué mejor no se meten en sus propios asuntos!

- ¿Acaso es un reto?

- Shaina, Marin. Ya es suficiente –dijo Albiore interponiéndose entre ambas.

- Sabes que ganaste por pura suerte –Allphonse puso una de sus manos en el hombro de Albiore.- Esta armadura debería ser mía.

- Las armaduras las gana aquel que demuestra un mejor domino del cosmos –aseguró Aldebarán.

- No trates de darme lecciones, aprendiz –replicó despectivamente.

- Aldebarán pronto ganará su armadura, pero tú jamás podrás hacerlo.

- ¡Repite eso, niña!

- No te atrevas Allphonse.

- ¡Qué esta pasando aquí! –la voz de Shura desde los primeros escalones de la entrada de la casa de Cáncer llamó su atención.

- Una diferencia de opiniones –replicó Allphonse.- Nada que tenga importancia ¿verdad, Albiore? –el Caballero le observó, y luego se dirigió a Shura.

- Como él dice, diferencias de opinión.

- Espero que así sea. El Patriarca quiere verte –dijo a Albiore.- Sígueme.

Albiore se despidió con la vista de Marín y Aldebarán. Antes de darse la vuelta, Alphonse le detuvo.

- Ya hablaremos después –luego, se retiró con todo el grupo que le había seguido.

- ¡No puedo creer que nadie lo ponga en su sitio! –replicó Marín.

- Ya llegara el día que madure, tenlo por seguro.

- ¿Sabes Aldebarán? A veces me resulta difícil creer que ellos serán caballeros de Atenea.

- ¿Por qué dices eso?

- Es que… no sé. No parece que les importe mucho seguir las reglas.

El aspirante a Tauro rió de buena gana. Marín le miro molesta.

- Perdona, no pretendía ofenderte. Entiendo tu preocupación. Yo también sentí eso en alguna ocasión ¿y sabes qué? No debes preocuparte. Atenea solo permite que aquellos que son dignos se conviertan en Caballeros y Amazonas.

- Eso esta bien, supongo –afirmó no muy convencida.

- Debo irme. En unas horas regresaré a Brasil, me dio gusto verte, pequeña Marín.

- Te voy a extrañar, Alde –dijo abrazándolo.- Buen viaje –se alejó despidiéndose con la mano.

Salón del Maestro

Shura abrió la puerta del recinto. Albiore le siguió todo el camino en silencio, y siempre detrás de él. En la habitación estaban el caballero de Cáncer y otros de los aprendices de las armaduras doradas. No les conocía a todos, pero pudo identificar al siguiente caballero de escorpión, acuario y piscis. Aioria también estaba presente, y más al fondo, otro joven de cabello rubio que no sabía para qué armadura entrenaba.

Ambos se inclinaron frente al Patriarca, y los otros caballeros se acercaron, guardando silencio.

- Albiore –inició el Patriarca.- Te he mandado llamar para felicitarte por tu victoria en nombre de la infanta Atenea. Ella esta muy complacida con tu desempeño. Estamos seguros que a través de ti, obtendremos Caballeros leales y poderosos a la causa que defendemos.

- Estoy para servirle a Usted y a mi Diosa.

- Ya el maestro Errai dejó todo listo. Mañana mismo partirás a tu nuevo hogar: Isla Andrómeda. Una vez en ella, tu primera misión será la de reunir un grupo de aprendices.

- Disculpe Excelencia ¿Qué ocurrirá con los otros alumnos del Maestro Errai?

- Se quedarán aquí en el Santuario, a cargo de los caballeros de Oro. Ya conoces a Aldebarán, que será el portador de Tauro, y a Aioria, que ocupara a Leo. Ellos son Milo, el futuro Escorpión; Camus, quien ocupara a Acuario; Afrodita, que ocupará Piscis, y Shaka, sucesor de Virgo –los mencionados y Albiore se miraron en silencio.

El Patriarca continuó.

- Shura de Capricornio y Máscara Mortal de Cáncer se encargarán de tus compañeros de entrenamiento. Solo falta el Maestro Roshi, que tiene bajo su custodia la armadura de Libra; y el alumno de nuestro antiguo señor, Mu, quien ocupara Aries. Ellos serán la siguiente generación de Caballeros de Oro. Como líder del nivel de Plata estarás muy cercano a ellos, esa es la razón por la que los hice venir a todos.

- No lo decepcionaré, Excelencia.

- Ahora ya pueden retirarse. Les deseo buen viaje y buena suerte a todos.

El Patriarca se retiró del Salón. Todos los Caballeros guardaron silencio mientras se iba, y algunos segundos después. Luego, empezaron a retirarse.

- Buen viaje, amigo –dijo Aioria, el único que se acercó para estrechar su mano.

- Gracias.

Mar Índico

A lo lejos pudo divisar las costas de la Isla. Un sitio al que todos temían, y que era sabido, solo llegaba a ser habitado por Caballeros de la Orden de Atenea. De hecho, al llegar a la capital de Etiopia se encontró a un anciano, quien se presentó como sirviente del Maestro Errai, con un transporte listo para conducirlo al país vecino, Djibouti, que era donde tomaría el barco que en ese momento le transportaba.

- El Maestro Errai me hablo mucho de Usted –dijo el anciano.- Esperaba su llegada hace tiempo, llegue a creer que no le vería con vida.

- Obtuve mi armadura apenas hace unos días. No sabía que a esto se referían cuando me dijeron que mi maestro dejo todo preparado.

- ¡Oh si! Mi Señor Errai es sumamente cauteloso y minucioso hasta el extremo.

- Aunque… aún no me dice quién es Usted –dijo volteando a verlo.

- Eso no importa. Soy viejo y moriré pronto, pero eso no debe preocuparle. Cuando yo no esté será mi hijo quien se encargará de cumplir con mis funciones. Lo único que Usted debe saber es que por generaciones, toda mi familia ha estado al servicio de los Caballeros de Atenea: protegiendo la ruta de acceso a la Isla y suministrándole víveres cada mes. Y a propósito ¿Cuántos aprendices tendrá?

- No lo sé aún.

- Háganoslo saber cuanto antes. A veces conseguir la comida no es tan fácil, nos gustaría estar prevenidos.

- Descuide, trataré de no ser una molestia.

- ¿Molestia? De ninguna manera. Es un honor servir a aquellos que velan por la diosa, pero más aún, a quienes cuidan la sagrada Isla de Andrómeda.

Albiore guardó silencio ante este comentario. Había escuchado que la gente de la zona temía y respetaba la Isla.

- ¿Por qué la llama Sagrada?

- Ya veo… quiere saber si soy de fiar ¿verdad?

- No, para nada –trató de disculparse.

- Creo que aparte de su gente, solo mi familia sabe que el verdadero sitio en que se llevó a cabo la historia de Perseo y Andrómeda no esta en las costas de África, sino en éstas.

- Conoce entonces toda la historia.

- Así es. No debe desconfiar. Ese secreto ha permanecido en mi familia desde siglos atrás. Dimos nuestra palabra al Santuario, y la cumpliremos hasta que el último de nosotros deje de respirar.

Albiore se quedó más tranquilo ante esta respuesta. Como bien dijo Aldebarán, la Isla no era un campo difícil solo por la cantidad de armaduras que resguardaba. La verdad era que, después del Santuario, era el segundo sitio más importante para la Orden por su historia, por el poder divino que poseía.

- ¡Henos aquí! –dijo el anciano al estar ya muy cerca de la orilla.- Bienvenido a casa.

- No te fallaré, Maestro, lo prometo –dijo en silencio.

Algunos días después.

Adís Abeba era muy distinta a cualquier cuidad de Argentina que él conociera, en especial a su natal Paraná. Aunque ya estaba acostumbrado a no pertenecer a alguna parte y estar en todo sitio a la vez, ciertas cosas no le podían ser indiferentes. Ni como persona, ni como integrante de la Orden de Atenea.

Ya casi caía la noche. Él estaba sentado en una de las bancas exteriores del hipódromo Jan Medda, que también hacía las funciones de un parque. Frente a él, cruzando un andador de adoquines, había una Iglesia, aunque no podía determinar a qué religión pertenecía.

Estaba ahí cumpliendo –o al menos intentando- las ordenes del Patriarca. Tenía alrededor de una semana recorriendo toda la ciudad, buscando aprendices. La causa de que no se rindiera, y que no saliera de ahí, era que casi al cuarto día de su llegada había sentido una manifestación de cosmos, leve y rápida, pero clara. Y más aún, por alguna razón que no supo explicarse, sentía que debía hallar a la persona causante de ese "pequeño dolor de cabeza" como ahora le llamaba.

Pero buscar a una persona en una ciudad de 2.3 millones de habitantes, sin saber siquiera cómo es, se asemeja a buscar una aguja en un pajar.

- ¿Cómo voy a localizarla? –se dijo a si mismo, pasándose las manos por el rostro.

Al levantar la vista se topó con algo que a partir de ese momento, le sería común escuchar. La iglesia estaba cerrada, no en vano llevaba ahí un par de horas. Con la caída de la tarde, el alumbrado público se hizo necesario, pero la cuidad no tenía la infraestructura suficiente en este sentido. Donde él estaba había muy poca luz, y esta oscuridad fue aprovechada por una mujer, perfectamente cubierta, que a la entrada de la iglesia dejó a un niño, quizá de cuatro años, que lloraba. Puso una nota a su lado, y se alejo rápidamente, sin siquiera cerciorarse de si había sido vista.

Albiore observó la escena con atención. Dio un suspiro y resignadamente se levanto de su sitio, rumbo a la iglesia. Él no era quien para juzgar a la mujer, sus motivos tenía, buenos o malos, y no los conocía en todo caso. Ya fuera por curiosidad, humanidad o deber, no podía dejar a ese niño, al menos no allí. Quizá si llamara a la puerta…

- ¡No puede ser! –apenas a unos pasos del niño, pudo sentir nuevamente esa manifestación de cosmos de días atrás, proveniente de él… mejor dicho, de ella. Porque al acercarse, descubrió que era una niña, y de ella emanaba un débil y fugaz cosmos.

La pequeña seguía llorando, pero al ver Albiore, disminuyó un poco la fuerza de sus pulmones. El Caballero la observó con atención. No estaba seguro de su edad, menos de cinco años estaba seguro; era rubia –detalle que le llamó mucho la atención, puesto que la gran mayoría de la gente local era morena-, y tenía unos grandes y hermosos ojos azules.

Tomo la nota que estaba a su lado, leyéndola detenidamente.

- Así que, tu eres la dueña de este cosmos –le dijo una vez que terminó la lectura, no más de cinco líneas.- Me diste algunos dolores de cabeza ¿sabes?

Como si le entendiera, dejó de llorar casi al instante, dedicándole una gran sonrisa en cambio.

- Mucho mejor –le dijo.- No esperaba encontrar cosmoenergía en una niña tan pequeña… Ni siquiera sé si estoy preparado para entrenarte como amazona.

La niña le observaba con atención, como si entendiera a la perfección todo lo que estaba pasando.

- … Pero no puedo dejarte aquí. Me estas poniendo en una situación muy difícil ¿estas escuchando, cierto? –a modo de respuesta, ella rió.- Te cruzaste en mi camino por alguna razón, quizá este es el plan que Atenea tenga para nosotros.

Observó a la niña unos instantes más.

- Esta bien. Creo que ahora no tienes a nadie más en el mundo, y ese cosmos tuyo estaría molestándome si te dejo aquí. Esperaba que mi primer alumno fuera un chico…

Guardó la nota entre su ropa, y tomó a la niña en brazos, alejándose de la iglesia.

- No importa. Bueno, vamos a casa, June.


Fin de la primera parte.

¡Hola nuevamente!

Aqui estoy una vez más, molestando con una nueva historia.

Como se dieron cuenta, esta vez la musa le dedica un poco de su tiempo a Albiore, quien sin duda es uno de los mejores maestros dentro de la Orden de Atenea, y de quien muy poco se sabe.

La idea la saque a través de una pagina de Saint seiya, que textualmente dice: "Me gusta mucho Albiore, no nada mas por ser de mi país sino porque me parece que, en todo lo que se lo ha visto, es muy calculador, objetivo y sobre todo, buen maestro, digo porque pudo hacer que alguien como Shun tuviera un verdadero poder... La frase que mas recuerdo "El cosmo es infinito/eterno"

Personalmente, este párrafo me gusto mucho. Y estoy completamente de acuerdo en lo que respecta a Albiore. No son pocas las paginas que lo ponen al nivel de un caballero de Oro, y de no haber sido por la intervención de Afrodita, creo que a Milo le hubiese ido bastante mal.

La idea de adelantar las edades de los caballeros fue más que nada por la madurez emocional que ello implicaba. Es decir, al inicio de la historia oficial –por poner un ejemplo- Marin tenía 16, Shaina también, y Albiore 19, lo cual quiere decir que tomaron a sus discípulos cuando tenían 9 y 12 años ¿a poco a esa edad ya podían ser Maestros? Aún eran niños prácticamente ¡y ya debían cuidar niños de 6 años! Entonces ¿quién educaba a quién¿maduraron juntos acaso? Sé que a Kurumada eso de la edad no le ha importado mucho ¡pero yo me rompí la cabeza con esta cuestión!

Con esto, significa que al momento del inicio de la historia original, los personales yo los tengo en edades de 22,23, 25 y 26 años como edades promedio ¿más coherente, no?

Otro punto con el que discutí con Kurumada es el hecho de que, supuestamente, ni el propio Patriarca sabía quienes eran postulantes a las armaduras de oro ¿no es increíble? Al menos yo recuerdo que no sabía que Aioria tenía la armadura de Leo, y que a alguien de ellos le dijo "Así que tu eres el caballero tal…" O sea ¿yo podía entonces llegar, quedarme con una armadura y ya? A poco nadie llevaba el control de algo tan importante como saber quién tenía tal o cual armadura? Problema resuelto por mi musa n.n

Me gusto el hecho de manejar esto del líder del nivel de Plata, y que se supieran quienes eran la futura generación de los caballeros de oro, creo que hace más creíble algunas situaciones.

El siguiente será el último capítulo de esta historia. Como dije, es apenas una forma muy personal de honrar a mi maestro favorito. Quisiera hacerle una miniserie. Tal vez en el futuro le añada algún capítulo más, pero de momento eso sería todo.

Espero no haberlos confundido mucho con esta explicación. Por ultimo, los nombres y descripciones de Etiopia son basados en un mapa real de la ciudad de Adís Abeba. El hipódromo y la iglesia si existen.

Djibouti: La República de Yibuti o Ŷībūtī (en francés: Djibouti) Es un pequeño país al este de África ubicado en el cuerno de África. Limita con Eritrea al norte, con Etiopía al oeste y al sur, y con Somalia al sudeste, los restantes límites son el Mar Rojo y el Golfo de Adén. El área de Yibuti ha sido ocupada por varias etnias e influida principalmente por dos culturas: la etíope y la árabe

La razón por la que utilicé Yibuti como sitio de partida de Albiore, es porque en Etiopía no hay costas o.o Por tanto, resultan un tanto ilógicas todas las descripciones que dicen que la ficticia Isla Andrómeda se encuentra en las costas de Etiopía, siendo que este país ni siquiera limita con el mar.

Adís AbebaTambién aparece como Addis Abeba o Addis Ababa(amárico: «flor nueva») Es la ciudad capital de Etiopía. Fue fundada en 1886 por el Rey Menelik II. Es el centro económico y financiero del país, tras el final de la guerra de Eritrea

Paraná: Paraná es la capital de la provincia argentina de Entre Ríos. Es también cabecera del Departamento Paraná. El nombre de la ciudad proviene del río en cuya orilla se encuentra. Paraná es el apócope de Para reje onaba, vocablo proveniente del idioma guaraní que significa 'pariente del mar'.