Disclaimer: Antes de nada me gustaría comentar que los personajes de Detective Conan no me pertenecen. Son propiedad de Gosho Aoyama. No me considero violadora de ninguna ley.


Traducción de "I'm already there", "Stronger than I am" y "Coming Home", escritos por Becky Tailweaver. Yo uniré y traduciré lo que haya escrito hasta este momento. A medida que "Coming Home" (el fic largo y último) se vaya actualizando, yo iré traduciendo. Así que no me pidais que suba otro cap si no esta escrito, porque tengo el permiso para traducir, pero no para escribir. Igualmente, muchísimas gracias a Becky T. por dejarme traducir esta fantástica historia. Thank you so much!

SI TU SUPIERAS

- Todos somos mascotas en esto, Kudo - le respondió Akai, sin mirar atrás -. Todos somos herramientas.

- Yo no - le aseguró Conan, con un rastro de amenaza todavía en su interior -. Cuando todo esto acabe... No lo olvides, fuiste quien no me dejó ir. me forzaste a hacerlo. Recuérdalo.

Akai siguió con la vista al frente. Se quedó ahí, quieto, por unos momentos. Entonces, sin replicar, finalmente se fue del laboratorio. Se movió rápido, y cerró la puerta detrás de él firmemente.

Capítulo 17

Conan estaba sentado en una silla que Ai le había dado. Aunque él tenía esperanzas de que funcionara, que ésa era la cura realmente, todavía tenía dudas, una prueba de ello era lo pálido que estaba y el temblor de las manos. Podía estar caminando hacia la salida del infierno que había pasado esos últimos años, o podía ir hacia su propia muerte de buena gana.

De todas maneras, el proceso que experimentaba tomando la apotoxin siempre dolía un infierno.

Las manos de Ai también temblaban, aunque intentaba disimularlo e intentaba normalizar su respiración. Se sentó en su silla y empezó a preparar sus provisiones, pequeños objetos de cristal esparcidos y la impresora funcionando.

- Creo que he podido convencerme a mí mismo de que ésto está bien - anunció Conan con calma, irónicamente -. Pero... ¿Y tú, Haibara¿Te sientes bien con ésto?

Sus manos se quedaron quietas un momento.

- No estoy segura - admitió con una risa retórica -. De nuevo, he creado algo que podría matarte. Y todo el mundo tiene mucha fe en mí, considerando que yo he...

- Eh... - Conan se agachó para estar más cerca de ella -. Lo sé... Estaba muy enfadado contigo... Supongo que todavía hay cosas que tendríamos que hablarlas, pero... Creo que empiezo a entender porqué hiciste lo que hiciste. La mayoría, por eso - le ofreció una pequeña sonrisa -. Me olvidé completamente de que no soy el único que ha estado en medio de un infierno estos últimos años. A parte, me gustaría pensar que... Todavía somos amigos¿verdad? Al menos un poquito, por los viejos tiempos...

Ella le mostraba su espalada, así que no pudo ver cómo su cara caía, pero pudo apreciar como sus hombros temblaban y bajaba la cabeza. No pudo ver la expresión de sorpresa que se transformó en una de alivio para luego pasar a dolor.

- ¿Haibara?

- No hagas ésto más difícil de lo que ya es - le dijo, con la voz temblorosa -. Preferiría pensar que me odias... Y entonces ésto no dolería tanto...

Él no podía saber a qué se refería. Pero no era tan sólo por darle esa dosis de "medicina" que podía matarle, o curarlo, sino también haría que él se fuera lejos, fuera de su vida, para siempre.

Conan parpadeó y bajó la mirada. Con lo que podía pasar, él no quería que las cosas entre ellos siguieran mal.

- Mira, dije cosas antes... Y aunque esta situación parece sacada de una película de terror, sé que estás intentando ayudarnos. Lo que dije antes... Por Diós, estaba tan enfadado... Estaba completamente fuera de mí mismo. He tenido tiempo para calmarme... Y he estado pensando, intentando saber de qué va ésto... - subió la cabeza, pero ella no cruzó sus miradas -. Por lo que sirve, siento que te gritara todas esas cosas. Quizá tendría todo el derecho a estar enfadado, pero no merecías que te tirara encima todo mi pánico y cansancio como lo hice.

Ella negó con la cabeza.

- No importa... No te preocupes... Tenías razón...

- ¿Estoy perdonado? - le preguntó, mostrando una parte de su antigua y característica sonrisa.

- Idiota - le contestó, secándose unas cuantas lágrimas, aunque todavía no se había girado -. No hay nada que perdonar. Soy la que empezó ésto. Y ahora voy a terminarlo...

Por poco saltó cuando ella se giró de repente. Sus ojos estaban un poco rojos pero ya se había puesto la máscara, severa y eficiente.

- ¿Estás preparado? - le preguntó abruptamente.

- No creo que estaré preparado nunca para estas cosas, pero... Sí, hagámoslo - dejó escapar un hondo suspiro -. Ahora o nunca.

Ai asintió, cogiendo los últimos objetos de su escritorio, una solución dentro de una botella y una jeringa de cristal. Moviéndose lentamente, le quitó el plástico a una aguja y la unió con la jeringuilla, empezando a meterle una cantidad exacta del líquido translúcido y rojizo que había dentro de la botella.

- Con inyección¿no? - rió Conan un poco, intentando hacer la situación más llevadera -. Ésto es un cambio. Y siempre odiaba esos viajes al médico donde volvías con una tirita en el brazo.

- No he tenido tiempo de pasarlo a una píldora - le replicó Ai, concentrada en la jeringa -. Y hay unas cuantas substancias vivas en esta solución que no reaccionarían bien al proceso de pasarlo. Ésta es la forma más rápida y segura para llegar al éxito.

- Lo que funcione mejor - se encogió de hombros -, mientras realmente funcione...

- Lo hice lo mejor que pude - admitió tranquilamente, encarándole con la jeringuilla ya llena -. Pero no puedo estar completamente segura. Esta sustancia es una combinación de un fluido portador, un desencadenamiento de la apotoxin y retrovirus. Si funciona de la forma en que lo tiene que hacer... Tus células cogerán los códigos del ADN de Yuuichi que le permiten filtrar la apotoxin. Como son similares a tu código genético, obviamente por vuestra relación, no debería haber ningún problema.

- ¿Así que esperas que mi cuerpo coja la pista de Yuu para que sepa como deshacerse de la apotoxin? - preguntó Conan con las cejas subidas.

Ella asintió.

- Hipotéticamente tendría que funcionar, basado en el análisis genético de Yuuichi, y gracias a él pude hacer una investigación más o menos correcta del tuyo. Vosotros dos, vuestros genes son duros y adaptables... Más que los de la gente normal... Pero si no funciona y no puedes adaptarte, entonces...

Conan tragó saliva, pero encontró sus ojos.

- Todavía estoy dispuesto a correr el riesgo. Yo tengo fe en ti... Y estoy seguro de que puedo confiar que las células de Yuuichi me ayudarán - añadió con una risa corta.

Ella sonrió como réplica, una sonrisa triste y apenada, pero igualmente fue una sonrisa. Acercándose con la aguja y un torniquete, Ai suspiró hondo para calmarse.

- Brazo izquierdo - le dijo mostrando su mano.

Él cumplió sin decir nada, poniéndose su antebrazo izquierdo en el apoyabrazos de la silla para permitirle el acceso. Ai aseguró el torniquete, y con alcohol mojó un poco la zona.

- Ésto irá directamente a tu flujo sanguíneo - le informó con calma, manteniendo a raya los temblores en su voz -. Quizá causará un poco de mareo.

Él sólo asintió, suspirando para relajarse, mirando la aguja.

- Eh - le llamó la atención, con una sombra de su viejo humor -, si tus manos tiemblan tanto quizá no des en el sitio y entonces sólo creceré por un lado o algo.

La chica no pudo evitar el amago de una risa, moviendo la cabeza. No consiguió calmarse las manos, pero le permitió centrarse y volver a colocar sus manos, coger aliento, y meter la aguja en su piel.

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Ran estaba sorprendida de escuchar tanto alboroto cuando Akai salió elegantemente de la oficina de Haibara y ordenó a sus hombres que empezaran a recoger. Instantáneamente, todos los soldados de la habitación estaban sobre sus pies y moviéndose, metiendo en bolsas todo lo que necesitaba ser empaquetado, equipamientos de seguridad importantes, y metiendo sus pertenencias en otras bolsas y carros.

Ella siguió en el colchón, manteniendo a un Yuuichi perplejo y con los ojos grandes cerca, mientras seguía llorando, esperando que Shinichi saliera de aquella habitación, tan alto como siempre, con las extremidades de un hombre que harían desaparecer las distancias entre ellos, unos brazos grandes que la abrazaran, y una voz más grave que le dijera que había vuelto a casa para siempre.

Diós¿a quién estaba engañando? Estaría más que contenta al ver a Conan salir de la habitación, si eso significaba que estaba vivo.

- ¿Mouri? - la llamó Daisuke tímidamente desde detrás, haciéndola saltar un poco al sacarla de sus pensamientos.

- Em... ¿Sí?

- Lo siento - le dijo -. Quiero decir, sé que estás... esperando, pero... el jefe dice que es hora de moverse. ¿Necesitas algo mientras nosotros nos preparamos? Em... No tenemos ningún asiento para niños, pero...

Ran le ofreció una sonrisa comprendiéndole.

- Gracias por pensarlo - le dijo, intentando sonar agradecida en medio de sus lágrimas que no podía detener -. Creo que necesitaré la chaqueta de Yuu, la dejé... Allí...

Ahí, en el suelo, cuando había caído al ver a su hijo sano y salvo... Donde Conan, Shinichi, había venido para encontrarlos a los dos...

- Yo te la cogeré - se ofreció Daisuke, contento de poder ayudar, agachándose para coger la pequeña prenda.

Ran miró como se fue, y entonces volvió sus ojos hacia la puerta.

Shinichi... Por favor, que todo salga bien...

- ¿Mamá? - le preguntó Yuuichi suavemente -. ¿Iremos a casa pronto?

- Pronto, Yuu - le replicó, con el mismo tono. Deseaba tener algo más reconfortante que decirle al niño, pero no había nada reconfortante a las puertas de la muerte -. No sé si iremos a casa... Pero sé que nos iremos pronto...

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El pinchazo de la aguja no lo notó; ella tenía experiencia en éso.

Al principio, Ai sacó un poco de sangre, dejando que ese líquido opaco y translúcido se mezclaran, antes de volver a apretar el pistón. Sus dedos se movían pacientemente, sacando sangre, introduciendo la mezcla, sacando sangre, introduciendo la mezcla, nunca forzando el líquido, nunca dejando que entrara en una concentración demasiado alta.

Los dos estaban en silencio, observando la jeringa potencialmente letal. Gradualmente, en unos segundos, la jeringuilla estuvo vacía y ella sacó la aguja de su cuerpo.

Ai dejó la jeringa a un lado y le quitó el torniquete, girándose para dejar las cosas sobre el escritorio. Sintió lo mismo que cuando había hecho lo mismo con Yuuichi, la misma angustia y empezó a rezar que no muriese.

Ahora mismo estaba rezando.

- Bien - dijo Conan, con otro suspiro tembloroso -. Hasta ahora ha ido bien. Todavía no he muerto, es una buena señal.

Ai miró el reloj de la pared.

- Cinco minutos - le anunció -. Esperaremos cinco minutos por lo menos. Yuuichi no mostró reacción hasta pasado ese tiempo.

Conan había sentido una sensación un poco caliente cuando el líquido se introdujo en sus venas, mientras Ai administraba la solución, pero esa sensación había desaparecido con el último milímetro de fluido dentro de la jeringa.

- No hay mareos, de momento - informó cuando pasó un minuto y medio.

Se dio cuenta de que estaba mirando sus manos y brazos esperando que algo pasara, bueno o malo, y se forzó a sí mismo a mirar el reloj.

- Tres minutos - anunció Ai, todavía mirando del reloj a Conan -. No estás rojo... ¿Sientes algo?

Él negó con la cabeza, luchando contra la decepción.

- Nada. No lo entiendo, con las curas antiguas ya habría pasado algo. Ya tendría fiebre.

- Estamos en territorio desconocido - le replicó como ausente, mirando el reloj -. Puede ser nada... Puede ser todo.

Después de algo más que unos segundos, Conan dejó ir el aliento, aliviado pero frustrado.

- Cinco minutos. Nada.

Ai también suspiró, pero había contento en ese suspiro.

- No hay reacción - le dijo, casi incapaz de disfrazar su alegría.

Conan, por otro lado, estaba intentando que la decepción no le llevara por mal camino.

- Nada. Joder. Después de todo¡nada! - se levantó de la silla y se dirigió a la puerta, pero se paró un momento.

- ¿Preferirías estar muerto? - le preguntó Ai, deteniendo sus intenciones.

- Preferiría estar curado - le dijo, mirando por encima de su hombro con frustración.

- Ésto no es el fin, Kudo - le dijo, levantándose de su silla -. Podemos volverlo a intentar. Más tarde, cuando estemos a salvo, ya tendremos tiempo de volverlo a intentar...

Se relajó un poco, bajando los hombros.

- Sí... Supongo que sí. Y tendré que volver a pasar por lo mismo, preguntándose si voy a morir...

- Kudo... - ella podía ver como él sufría, no de lo que le había inyectado, sino del mismo abatimiento que había sufrido otra vez. Había visto la esperanza en sus ojos al mencionar que habría una posible cura, y también había visto ese sentimiento roto como el cristal cuando ella volvió a fallar -. Lo siento...

Él la miró de nuevo, sus ojos gentiles esta vez.

- Eh, no pasa nada. Lo has intentado. Además, soy un buen conejillo de indias. Cuando funcione conmigo, estaremos a salvo y tú podrás...

- No funcionará para mí.

Conan parpadeó, encarándola completamente.

- ¿Qué?¿A qué te refieres cuando dices que no funcionará para ti? Es la cura¿no?

- Es la cura para ti, Kudo - le replicó suavemente, ofreciéndole una pequeña sonrisa -. Yuuichi es tu hijo. Todo el tratamiento se basa en que tu ADN es compatible, además que tú y Yuuichi sois... especiales, genéticamente. Nunca funcionaría para mí; de hecho, diría que tu cura me mataría, un cien por cien de posibilidades de morir. Y aunque intentara hacer una cura para mí, incluyendo que yo tuviera la mismas oportunidades de sobrevivir que tú y que Yuuichi, cosa que dudo completamente, para el momento en que pueda tener un hijo... Bueno, ya no tendría sentido¿verdad?

- Haibara...

Ella se encogió de hombros.

- No me importa. He... Crecido acostumbrándome a ello. Me he resignado a ella. Desde hace tiempo, he visto este cambio como... Una manera de dejar atrás mi antigua vida. Sin mi familia y con mucho dolor, no tengo nada que resolver siendo Shiho Miyano.

Él se quedó ahí por unos momentos, mirándola, buscando algo que decir.

Pero ella no quería nada de eso.

- Ves - le ordenó, volviéndose a colocar la máscara -. Vete de aquí. Dile a Mouri que sigues vivo, antes de que venga ella a buscarte. Preferiría que no echara la puerta abajo con un golpe de Karate.

- Sí... - Conan tragó saliva de nuevo -. Gracias, Haibara.

Entonces él se fue, y volvía a estar rodeada del silencio en su laboratorio, preguntándose si había deseado demasiado fuerte que no funcionara...

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- ¡Ran!

El sonido de su voz hizo que se levantara al instante, casi dejando caer a Yuuichi al suelo. No fue capaz de distinguir si era la voz de un niño o del hombre al que amaba, lo único que le importaba era que él le había llamado, y había vuelto a ella.

- ¡Shinichi...! - dejando a Yuuichi en el colchón, ella empezó a correr hasta él por entre los soldados, viendo como Ai salía por la puerta por el rabillo del ojo. Pero eso no era importante ahora mismo, en cambio, coger a Conan en un abrazo -. ¡Estás bien...!

- ¡Au! - alzado al aire por su abrazo, Conan intentó no ponerse rojo demasiado, le devolvió el abrazo intentando no sentirse muy avergonzado -. Estoy bien, Ran, de verdad. Em, puedes bajarme ahora...

- Lo siento, lo siento... - ella estaba riéndo y llorando a la vez, de nuevo, encantada de verle vivo y entero -. Estoy tan contenta de que estés bien...

Una vez en el suelo, se encogió de hombros, todavía luchando contra el sabor amargo de la decepción que amenazaba con inundarle, prometiendo volver a destrozar su alma en pedazos, como hasta hacía poco.

- No funcionó - le confesó, mirando al suelo, su voz casi inaudible a causa del movimiento -. No ha hecho nada. Lo siento, Ran... Yo quería...

- ¿Lo sientes? - le preguntó incrédula -. ¿Por qué?

Él encontró sus ojos cuando los suyos propios eran piscinas de arrepentimiento.

- Yo quería ser yo... Por ti, y...

- Oh... No seas tonto... - se agachó, para mirarle directamente a los ojos, para tocarse nariz con nariz -. Tú eres tú. ¡Idiota! No me importa cómo seas, o cuánto midas. Mientras estés aquí... Mientras estés vivo...

Quedaba en la mirada de Ran un rastro de dolor que le hacía sentir culpable.

- Lo sé... Siento haberte preocupado, pero...

Ran suspiró hondo, volviéndose a poner de pie.

- Pero nos podemos preocupar por eso más tarde¿no? Ahora nos toca sobrevivir esta noche.

- Sí... - la decepción seguía incrustada en su tono, pero no podía hacer nada para pararla. Sin importar que todavía estaba atrapado en el cuerpo de un niño, sin importar que todo el mundo lo conocía como Conan Edogawa, él lo daría todo por la seguridad de Ran y Yuuichi. Ellos sobrevivirían a esa noche, aunque él no lo hiciera...

- Daisuke me dijo que están metiendo todo en furgonetas - le dijo Ran, secándose los ojos -. Y entonces el equipo se dividirá para ir por caminos diferentes a donde nos lleven.

- Suena como un plan - suspiró Conan, sintiéndose un poco cansado. Ahí hacia mucha más calor que en el laboratorio, con todo el mundo moviéndose -. ¿Cómo lo lleva Yuuichi?

- Está bien - replicó Ran, mirando al niño pequeño que seguía sentado en el colchón -. Entiende que tendremos que ir rápido y en silencio. Sabe que hay peligro. Siempre ha sido muy inteligente... Como tú... - ella sonrió, intentando ser positiva, pero un par de lágrimas surgieron de sus ojos -. Pero está asustado...

Conan suspiró, secando el sudor de su frente de los nervios.

- Estaremos bien - le prometió -. Todos estaremos bien.

Ella cogió su mano, y juntos caminaron para sentarse al lado del niño, en el colchón, convirtiéndose los tres en una isla en medio de ese mar de gente. Ran se sentó al lado de su hijo, abrazándolo, reconfortándolo.

- ¿Ha funcionado la medicina? - fue la primera pregunta de Yuuichi, mientras Conan se detenía en frente de él.

- No, en realidad no - contestó el chico mayor honestamente -. Parece que Haibara tiene todavía que solucionar otras cosas.

La cara de Yuuichi se deprimió.

- Pero ella dijo que funcionaría - insistió, con la cabezonería propia de los niños -. ¿No te sientes mejor?

Conan se rió un poco.

- No es que tuviera una gripe o algo así... - le sonrió cansadamente, revolviéndole el pelo al niño -. No me sentía mal antes, Yuuichi. Y aún no me siento mal. La medicina no era para hacerme sentir mejor... - miró a Ran -. Bueno, quizás para sentirme mejor conmigo mismo...

Pero al mirarla, vio la preocupación en sus ojos y tuvo que parpadear. Volvió la cabeza completamente hacia ella, y casi se cayó al suelo.

- ¿Shinichi? - le preguntó Ran, agarrándolo del brazo para que no cayera -. ¿Estás bien? Estás... muy pálido y rojo...

- Estoy bien... Yo solamente... - se dio cuenta de que estaba tambaleándose¿o era la habitación la que giraba? -. Estoy un poco... mareado... - admitió.

Ran saltó y lo cogió, impidiendo que cayera directamente al suelo.

- Diós mío¡estás ardiendo de fiebre...! - susurró, poniéndole una mano en la frente -. ¿Estás...?

- Creo que... Algo va... Mal... - le dijo con la voz grave, sus piernas temblando.

Entonces su teléfono sonó en su bolsillo. Sorprendido, fue a cogerlo con las manos temblando, inintencionadamente apoyándose sobre Ran. Consiguió llevarse el aparato a su oído y preguntó:

- ¿Quién es?

- Se te ha acabado el tiempo - dijo una voz familiar con prisas -. Están aquí. Tienes que irte.

- ¿Kuroba? - le preguntó -. ¿Qué...?

- ¡No hay tiempo, Kudo¡Sal de ahí ahora mismo, ya!

Y la conversación se cortó.

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Heiji Hattori estaba muy, muy aburrido.

Al principio, él había entrado en esa pequeña aventura esperando una misión de rescate, pero hasta ahora lo único que había hecho era esperar. Un montón de rato sentado, algo que no le gustaba hacer cuando había enemigos cerca; lo ponía nervioso. Quería estar ahí afuera, moviéndose, atacando, antes que esperar a ser atacado.

Joder, Kudo¡no soy tu chofer personal! - pensó con ira, repiqueteando sus dedos en sus bíceps mientras esperaba impaciente, apoyándose en la motocicleta -. Más te vale que pase algo pronto, o iré yo mismo ahí dentro y te haré picadillo por hacerme esperar aquí como un simple taxista...

Bostezó, y se desperezó lentamente, elevando los brazos por encima de su cabeza. Hecho ésto, cambió de posición, apoyándose de nuevo para volver a esperar.

Mientras se movía, una bala impactó fuertemente en la pared, justo donde su cabeza había estado antes.

- ¡Mierda! - gritó, agachándose para cubrirse con su moto, sus ojos buscando al que lo había atacado -. ¿Qué demonios...?

Otro par de balas intentaron encontrarle, incrustándose en la pared y otra en su transporte particular.

¿Qué demonios...¿Francotiradores?¡Mierda, son ellos! Te jodes, Kudo¡no me voy a quedar esperando ni un minuto más!

Siguiendo agachado, esperó el siguiente par de disparos y entonces se montó en la moto, arrancó el motor y salió del callejón.

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Las rodillas de Conan no pudieron más cuando un miedo helado le quitó la poca fuerza que le quedaba. Aunque sus oídos le pitaban podía oír cómo Ran lo llamaba, y la voz estridente de Yuuichi a su lado, asustado, pero parecía que estaban debajo del agua, y que toda la habitación daba vueltas a su alrededor.

- Akai... - intentó decir, levantarse, soltándose de Ran -. Rápido... Dile a Akai... ¡Hay que avisarle...!

Ran siguió cogiéndolo, confusa.

- Shinichi... ¿Qué estás...?

- Déjame... Tenemos que irnos... ¡Ellos vienen...! - levantó la mirada para verla, concentrándose para verla bien -. Tienes que decírselo... ¡Dile que ellos están aquí!

Con la cara pálida del susto pero entendiéndole, Ran asintió y se alejó de su lado.

- ¡Akai¡Akai¡Haibara!

Al mismo tiempo que ella estaba buscando los líderes de esa patrulla, Yakamoto se levantó de la silla.

- ¡Alarma...!

Una explosión se hizo oír por todo el edificio antes de que pudiera acabar la frase, había sonado muy cerca, el ruido amortiguando su voz. En ese instante, todo el mundo se quedó quieto, los soldados con los ojos profundos y abiertos, sorprendidos e incapaces de moverse.

Entonces Yakamoto se levantó, dejando apartados sus auriculares y quitándole el seguro a su arma, gritando a todo el mundo.

- ¡Código negro¡Código negro¡Evacuad¡Moveos!

El caos controlado volvió a aparecer, acrecentado por las voces. Pies que movían de prisa se veían pasar por alrededor del chico que seguía en el suelo, mareado y enfermo, al lado del niño pequeño que intentaba ser valiente.

- ¿Conan...? - preguntó Yuuichi, haciéndose audible por encima de todo el ruido.

- Estará bien - le prometió Conan sin aliento, cogiendo la mano del niño y apretándola -. No te asustes, Yuu... Todo estará bien.

Una segunda explosión, más cerca que la anterior, hizo que las luces se fueran durante un momento.

Akai salió de la oficina de Ai, casi chocando con Ran, e interrumpiéndola antes de que ella dijera algo.

- ¡Lo sé, Mouri, lo sé! Muévete rápido, coge a tu hijo y prepáralo. Bajaremos por los conductos.

Ran parpadeó confusa.

- ¿Conductos...?

- ¡Muévete! - girándola y empujándola hacia la dirección de la que había venido, Akai se fue a hablar con los demás -. ¡Código negro, empezad a moveos¡Eiji, recógelo todo y tíralo¡Yakamoto, quita la corriente de electricidad¡Hiroshi, saca a Keisuke de aquí, y empieza a contar en el otro extremo¡Ishita, coge a cuatro y asegúrate de que no pasen por esa puerta!

- Sí señor.

- ¿Qué pasa con los demás? - preguntó Daisuke, moviéndose de un lado para otro -. ¿Qué pasa con los del perímetro¿No vas a llamarles...?

Akai lo miró, silenciándole, y en ese silencio pudieron oír el sonido de un disparo.

- Ya están muertos. Tú encárgate de Mouri¿de acuerdo? Asegúrate de que no le pase nada.

- ¡Sí señor! - tragando saliva, el hombre joven hizo un saludo, el entrenamiento controlando sus nervios. Se movió hacia Ran, preparando su arma.

- Ésto será un poco duro - dijo otra voz, la de Mamoru, quien seguía en calma dada la situación -. Han llegado aquí antes de lo que pensá...

- Ya lo sé, joder - le espetó Akai -. No podemos hacer nada ahora. Mira... Quiero que te encargues del niño.

Mamoru asintió.

- De acuerdo. Yo lo cuidaré. ¿Qué hacemos con...?

- Yo me llevaré a Kudo.

- Vale - Mamoru volvió a asentir, y le dio una sonrisa a su comandante -. Te veré allí, jefe.

Sin otra palabra, los dos se separaron, moviéndose hacia sus objetivos.

En el fondo de la habitación, no muy lejos de la puerta del laboratorio, había una puerta pequeña empotrada en el material, que parecía un conducto de lavandería. Y quizás lo era; los hombres y las provisiones se lanzaban como ropa sucia por el agujero, desapareciendo dentro del tubo metálico y oscuro hacia otra parte.

Ran estaba al lado de Conan, intentando cogerlo a él y a Yuuichi al mismo tiempo. Conan hacía todo lo que podía para mantenerse en pie, y el niño que seguía cogido a la pierna de Ran tenía los ojos muy abiertos del miedo.

- Tenemos que irnos, Mouri - insistió Daisuke, con Mamoru a su lado -. Nos tenemos que asegurar de que salís de aquí¡pero tenemos que irnos ya!

- El conducto nos llevará hasta la fábrica de abajo - explicó Mamoru, un poco menos nervioso -. No llega al piso de abajo, así que ellos no sabrán nada, porque nos estarán esperando en las escaleras.

Conan estaba ansioso, frustrado porque cada vez estaba peor, haciéndole incapaz de actuar rápidamente en esa emergencia. Y él estaba asustado, no había visto a Haibara desde que había empezado el caos, y esa "base secreta" estaba cada vez más vacía.

- Espera... Espera... - dijo él sin aliento, manteniéndose de pie -. ¿Dónde...? Después del conducto¿adónde nos...?

- Habrá unos coches esperando - le dijo Akai -. Iremos hacia allí rápidamente una vez que lleguemos a la otra fábrica. ¡Moveos!

- Mouri, irás con Daisuke, él será tu guardaespaldas - dijo Mamoru -. Quédate pegada a él como pegamento¿entendido?

Ran asintió rápidamente, pero protestó.

- ¿Qué pasa con...?

- Yo cuidaré de tu hijo, madame - le aseguró Mamoru con una sonrisa -. Lo prometo. Moriré antes de que le pase nada.

Ella dejó escapar un suspiro de alivio.

- Gracias.

- Y yo cuidaré de este "niño" -les informó Akai, cogiendo al chico por el brazo y apartándolo de Ran. El chico se quejó al sentir el movimiento repentino, mareándose más y doliéndole la cabeza, pero no protestó más.

- Ves con ellos, Ran - le ordenó Conan, su aliento viniendo poco a poco -. Ellos pueden protegerte... Mucho mejor que yo...

- Pero Shinichi, estás enfermo... Necesitas...

- ¡Ve! - le gritó, incapaz de luchar contra el dolor y la conmoción al mismo tiempo -. Yo estaré bien... ¡Cuida de Yuu...!

Y entonces Mamoru y Daisuke se llevaron a Ran, abriéndole el conducto y ayudándola a meterse en él. Seguía pálida, pero tenía la determinación necesaria en sus ojos mientras ellos volvían hacia él, y eso fue suficiente para mentalizar a Conan; ella era fuerte, y ya podía ver cómo todo eso acabaría bien.

Daisuke siguió a Ran, y Mamoru cogió a Yuuichi, quien estaba cogido a la mano de Conan, temblando, confundido pero sin llorar.

- ¿Conan...? - llamó su atención, sus ojos enormes.

Conan se concentró de nuevo, apoyándose en Akai para buscar energías.

- Ves con Mamoru... ¿de acuerdo? Haz lo que él te diga... Él te llevará con Ran...

Poco a poco, sin ganas de hacerlo, el niño dejó ir la mano de Conan, después de que su padre se la apretara, y se apartó, corriendo hacia Mamoru.

- Yo cuidaré de él - le aseguró Mamoru, yéndose, cogiendo a Yuuichi en brazos y metiéndose en el conducto con el niño encima de él.

- Sólo tú y yo, Kudo - dijo Akai, todavía cogiendo el brazo del chico -. ¿Puedes ir tú solo o tengo que llevarte como a tu hijo?

Aun sintiendo como le quemaban los huesos, Conan dijo:

- ¡Estoy bien! - consiguió soltarse de Akai, intentando mantenerse en pie -. Esos hombres... de allí abajo...

Los ojos oscuros de Akai lo miraron.

- El trabajo sucio, Kudo. Ya sabían que cuando los mandé abajo no volverían a subir nunca más. Están allí para ganar tiempo.

Conan se quedó con la boca abierta, pero Akai lo llevó al conducto, empujándolo hacia dentro. Con un grito, el chico cayó al vacío.

El conducto no era completamente vertical; más bien descendía un poco, pero siendo lo bastante inclinado como para permitir un rápido descenso, siendo igualmente seguro. La oscuridad y la velocidad y el descenso hicieron que su cabeza le doliera más, y entonces vio una luz cegadora y la salida al final, cayendo sobre una pila de ropas suaves que actuaron de colchón.

Unas manos lo cogieron, llevándolo por arriba, alejándolo de donde había caído. Intentó fijar su vista en algo, escuchar las voces de esos soldados; su alrededor volvió a girar provocándole nauseas, aumentando su fiebre.

- Diós mío, está ardiendo... - oyó que decía una voz que no conocía.

- Ran... ¿Dónde está Ran...? - preguntó, pero sus palabras parecieron más jadeos que otra cosa. Las manos siguieron transportándolo, el roce haciéndole daño, dándole más dolor de cabeza y haciendo que todos sus músculos se tensaran.

- ¿Dónde está Haibara? Tendría que echarle un ojo...

- Se ha ido con Mouri hacia los coches...

- Si muere el chico, Akai tendrá que...

- Dejadme - susurró Conan, intentando detener el movimiento de la habitación -. ¡Dejadme ir!

- Quitadlo de ahí, atentos¡dadle un poco de espacio!

Las manos le dejaron libre, gentilmente, dejándolo apoyado sobre... algo duro: madera. La superficie parecía estar inclinada, y no podría decir si era la pared o el suelo. Sus piernas se rendían; el suelo estaría probablemente debajo aunque parecía que estaba en el techo y que caía hacia él...

Intentó parar la caída con sus manos; pero eso fue todo; demasiado débil para pararlo, vomitó todo lo que había comido anteriormente mientras otra oleada de planchas calientes traspasaba sus huesos.

- Será mejor que sean los nervios, Kudo.

La voz de Akai interrumpió todo lo que había a su alrededor, haciéndole chirriar los dientes ante la humillación y el dolor que sentía. La furia afloró, dándole un apoyo; usándolo, se levantó, sintiendo las fuerzas que había perdido por el dolor y el sentirse mal, forzándose a sentarse bien y mirar hacia el hombre.

- Pasa de mí... - le respondió, limpiándose la boca con su manga.

Akai enarcó una ceja.

- Bueno. Al menos sigues luchando. Muy bien, Kudo, vámonos. Mis hombres ya están llevando a tu familia hacia los coches. Llevamos un adelanto de cinco minutos por lo menos contra los enemigos.

- Vamos... Tenemos que ir... - Diós, éso era mil veces peor que cualquier píldora; esas cosas dolían, seguro, pero se acababan pronto. Ésto...

Impaciente, Akai le cogió el brazo para levantarlo. Ese roce inesperado le traspasó todo el cuerpo como si fuera una bomba de relojería, dejando escapar un gemido de dolor muy sentido.

Fue suficiente para sorprender al hombre y que lo soltara. Akai lo miró durante un momento, entonces frunció el ceño, más irritado aún.

- ¿Tanto te duele? - le preguntó -. ¿Y por qué no dijiste nada antes?

- Vino con prisas... - le dijo Conan con ironía y la voz áspera -. ...y hemos estado... ocupados...

- Es la cura¿no? - dijo Akai por lo bajo. No era una pregunta.

Conan se habría encogido de hombros si no fuera porque sabía que después le dolería.

- Sí. O bien estoy muriéndome... - volvió a luchar contra otra ola de mareantes y calientes nauseas -, o bien empezaré a... desear estar muerto...

- ¿Puedes caminar?

El chico subió la mirada hasta encontrarse con la del hombre, los ojos reteniendo su enfado junto con la fiebre y el dolor.

- Ayúdame... - suspiró profundamente, tragándose el orgullo -. Lo conseguiré... Tengo que hacerlo... Ella me está esperando...

Akai le tendió la mano y más amablemente, aunque nunca lo admitiría, ayudó a Conan a levantarse. Los cuatro hombres a su alrededor empezaron a moverse, lentamente, mientras los ayudaban a pasar por en medio de esa fábrica llena de cosas.

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Ran estaba preocupada, aterrada, pero Daisuke y los hombres que había alrededor le aseguraron que Yuuichi iba detrás de ella; que era mejor no moverse en un solo grupo para no representar un objetivo fácil... Sabía que no debería estar asustada, pero no podía evitarlo cuando oía disparos no muy lejos de allí...

¿Dónde está la policía? - se preguntó, caminando al lado de Daisuke quien la tenía cogida por el codo -. Seguramente alguien habrá oído las explosiones¿verdad¿Es que nadie va a venir?

- ¿Cuánto queda? - susurró sin aliento.

- La segunda puerta es el final sur de esta fábrica - le respondió el joven -. Nuestros vehículos están escondidos allí. No te preocupes, Mouri, estaremos fuera de aquí en nada.

Ella asintió, más para tranquilizar al hombre y demostrar que su sonrisa era reconfortarte; realmente, el pobre hombre, poco mayor que ella, parecía que se iba a romper como una cáscara de huevo, debido a los nervios y a su promesa. Él había prometido proteger su vida con su muerte, pero tenía miedo a morir.

Detrás de ellos, se oyó un ruido estrepitoso y en un segundo, se oyeron disparos muy fuertemente. Daisuke se tensó a su lado, su boca convirtiéndose en una línea.

- Vamos - dijo suavemente, y los otros que iban con él asintieron y quitaron los seguros a sus armas.

Ran sintió que las cosas habían empeorado. La urgencia de ir hacia atrás y coger a Yuuichi en sus brazos era inaguantable.

Los otros tres hombres a su alrededor seguían atentos, moviéndose con confianza y rápido con las armas listas. Ran nunca se había sentido a gusto con armas rodeándola, pero ahora mismo sentía que su presencia era reconfortante así como competente, la de esos soldados con experiencia. Estaba a salvo con ellos, ya que habían prometido que detrás de ellos había otra escolta igual que esa protegiendo a Yuuichi.

Más adelante, allí solamente quedaban más cajas: partes de máquinas antiguas, marcos de metal cubiertos por telas y pilas y pilas de carretillas elevadoras. Parecía un laberinto, pero suponía que ese pequeño ejército privado lo había dejado así por alguna razón.

No supo qué provocó que un hombre gritara detrás de ella. Pero la empujaron hacia el suelo, quieta al sentir los rápidos movimientos, oyendo como las balas impactaban contra el hormigón. De repente el tiroteo fue horriblemente fuerte, venía de todos lados, siendo los causantes los hombres que habían jurado protegerla del enemigo atacante.

Daisuke y otra persona tiraron de ella y la llevaron a cubrirse detrás de algo sólido, mientras los demás distraían la atención de ellos. Oyó como un hombre gritaba, uno de los buenos, y dio un sollozo corto y lleno de dolor, protegiéndose de la visión en Daisuke, que seguía a su lado.

El soldado joven gritaba en el transmisor que tenía.

- ¡Yakamoto¡Yakamoto¡Nos han pillado! - le dijo, aterrorizado -. Diós, lo siento, Mouri... No sé cómo han entrado tan rápido...

- ¿Podremos hacerlo? - el segundo soldado gritó por encima de los disparos.

Daisuke parecía derrotado.

- No lo sé.

- ¡Yuuichi! - Ran hizo el amago de levantarse, y lo hubiera conseguido si no fuera porque Daisuke la detuvo -. Yuuichi está ahí fuera... él...

- ¡Está bien! Mouri... - Daisuke le sacudió los hombros, captando su atención -. Mouri¡no lo llevarán por aquí! Estará más seguro si tú te quedas aquí¡no les lleves a él!

Tan blanca como el papel, asintió.

- Te sacaré de ésto, Mouri... - Daisuke cargó su arma y se levantó un poco -. Tan sólo espera. Me aseguraré de que tu hijo vuelva a ti.

Y Ran sólo pudo esperar, llorando en su corazón, mientras un disparo se oyó por todo el recinto.

...Continuará...


Y... SE ACABÓ! T. T Nos tocara hacer como Ran... Esperar! En fin, espero que os haya gustado. Modestia a parte, creo que tuve buena vista en encapricharme con este fic y tambien puedo estar ogullosa de mi trabajo... Que por supuesto ha merecido la pena y que todo eso os lo debo a vosotros!

En serio, no tengo palabras para expresar como me siento en esto momento... Tanto apoyo, ver como seguiais con la historia aunque yo me tardara, no sin razones, pero ver que abeis seguido aqui hasta al final... Por reviews, por msn, por PM, las palabras "muchas" y "gracias" ya no son suficiente para expresar todo el agradecimiento que os mereceis!

Por supuesto, tambien quiero dedicar a la autora este capitulo mas que ningun otro. Es el ultimo, de momento, y quiero hacerle recordar que nos tiene a todos en vilo para el final de esta fantastica historia. Espero y deseo de todo corazon que pueda terminarla algun dia, y juro sacar tiempo de donde sea para traerosla lo mas pronto posible... Tampoco puedo describir la gratitud que le tengo a ella...

Si, hoy estoy sentimental... xD

En fin, gente, esto se ha acabado! Nos veremos pronto, o eso espero!

Mientras tanto, necesitaria unos pocos reviews que me aliviaran la pena.. xD Y gracias por los 99, si, 99, maravillosos reviews!!! Agh, me hubiese gustado mas llegar a los 100, pero estoy tranquila sabiendo que este ultimo cap sobrepasara los 100, asi q... xD

Gracias a oO-Ran-Mouri-Oo, Sha're, steya brief y Tsuki-chan! Gracias tmb a todos los q an reviweado alguna veeezzz!! Os adoroooooooooo!!!

Nos leemos, posiblemente prontito...

MEICOSR