DETRÁS DEL VELO

PREFACIO

IMPORTANTE


¡Hola a todos! De nuevo estoy aquí, aunque en esta ocasión con una historia más seria (N/Lü: mucho más) y más larga. Esta historia es muy importante para mí y os voy a explicar por qué: la pérdida de Sirius me marcó profundamente y llevaba tiempo pensando la manera de traerlo de vuelta. Bueno, en este punto he de dar las gracias encarecidamente a mi querida hermana, que un día se acercó a mí con un libro en las manos. En ese libro se hablaba de un Velo muy similar al que se ha tragado a nuestro querido animago. No tardé en buscar similitudes y lo más maravilloso de todo era que en ese libro se decía que a veces, en muy raras ocasiones, alguien lograba salir de allí con vida. ¿Os imagináis lo feliz que fui en ese momento? Acababa de encontrar una fuente fiable que podía explicar la desaparición de Sirius, una fuente de la que la misma Rowling podía haber bebido.

Fue en ese momento cuando decidí escribir mi versión de la historia, (N/Lü: no quería, pero yo la obligué) basándome en el extraño mundo que describía aquel curioso libro, lleno de relatos apasionantes y, a veces, terroríficos.

El resultado fue esta historia que tenéis delante. No obstante tengo que dejar muy claro que los personajes principales son de Rowling (eso ya lo sabéis). He decidido no revelar de momento la otra fuente en la que me he basado para escribir este relato, pero prometo especificar todo al final. En el último capítulo daré la referencia exacta de donde ha surgido esta idea y podréis comparar vosotros mismos. Aparte de todo esto, hay otro personaje que tampoco me pertenece y que será un visitante especial, pero haré el disclaimer oportuno en el oportuno capítulo para no estropear la sorpresa.

Por ahora es todo, sólo me falta repetir que esta historia es muy, MUY importante para mí y por supuesto dar las gracias a mi querida hermana, que no sólo me enseñó ese fantástico libro, sin el cual yo no podría haber escrito esto, sino que además ha sido mi beta especial (N/Lü: UOOH cómo me quiere…:-) ). Ha leído todos los capítulos una y otra vez y me ha hecho observaciones muy oportunas que me han ayudado a mejorar el relato hasta dejarlo como está. Ha sido mi correctora y mi confidente y le estoy profundamente agradecida. GRACIAS, LÜ, sin ti esta historia no existiría (N/Lü: Nai ne monai:-))

ADVERTENCIAS: Esta historia contiene slash, es decir relación chico-chico. La pareja principal es Sirius-Remus. Puede haber spoilers del 6º libro, pero no del 7º, porque escribí este fic antes de leer Deathly Hallows.

DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a Rowling y a otros autores que nombraré al final del fic.

Este fic está dedicado a los amantes de Sirius, a todos aquellos que saben que, en el fondo, él nunca murió, sino que sigue vivo en algún lugar, buscando la manera de volver. Este fic está dedicado a todos aquellos que aún conservan la esperanza.

SIRIUS, SIEMPRE ESTARÁS EN NUESTROS CORAZONES.

Normalmente no me extiendo tanto, pero creía necesario hacer todas estas aclaraciones. Ahora sí, os dejo con el fic. Espero, DESEO que os guste.


DETRÁS DEL VELO

1. eL vELO

El segundo haz le acertó de lleno en el pecho.

Él no había dejado de reír del todo, pero abrió mucho los ojos, sorprendido.

[…[

Dio la impresión de que Sirius tardaba una eternidad en caer: su cuerpo se curvó describiendo un majestuoso círculo, y en su caída hacia atrás atravesó el raído velo que colgaba del arco.

Harry vio la expresión de miedo y sorpresa del consumido rostro de su padrino, antes apuesto, mientras caía por el viejo arco y desaparecía detrás del velo, que se agitó un momento como si lo hubiera golpeado una fuerte ráfaga de viento y luego quedó como al principio.

Entonces Harry oyó el grito de triunfo de Bellatrix Lestrange, pero comprendió que no significaba nada: Sirius sólo había caído a través del arco y aparecería al otro lado en cuestión de segundos…

Sin embargo, Sirius no reapareció.

-¡SIRIUS! –gritó Harry-. ¡SIRIUS!

Harry había llegado al fondo del foso respirando entrecortadamente. Sirius debía estar tras el velo; Harry iría y lo ayudaría a levantarse…

Pero cuando llegó al suelo y corrió hacia la tarima, Lupin lo rodeó con los brazos y lo retuvo.

-No puedes hacer nada, Harry…

-¡Vamos a buscarlo, tenemos que ayudarlo, sólo ha caído al otro lado del arco!

-Es demasiado tarde, Harry.

-No, todavía podemos alcanzarlo… -Harry luchó con todas sus fuerzas, pero Lupin no lo soltaba.

(La Orden del Fénix, 829-830)


El rayo de luz roja le alcanzó de pleno en el pecho, produciéndole un dolor agudo que le hizo abrir los ojos por la sorpresa. El golpe repentino le había dejado inmovilizado y sintió cómo su cuerpo, ahora inerte, iba cayendo lentamente hacia atrás.

Su mirada se encontró con la de Remus un instante y vio su mismo dolor y desesperación reflejado en los ojos dorados del licántropo.

Rogó por un poco más de tiempo. Tiempo para despedirse de él y de Harry. Tiempo para dejar aquel mundo en paz… pero nadie se lo iba a conceder. Y aquella certeza era tal vez lo más doloroso de todo: iba a morir sin la posibilidad de redimir sus pecados.

Cerró los ojos y se sintió caer en las profundidades del abismo, un vacío en el que no quería despertar.


La puerta de Grimmauld Place se abrió y una sombra entró en la oscura y silenciosa mansión.

-Lumos.

Bajo la luz aséptica de la varita surgió el rostro de un mago prematuramente envejecido. Tenía algunas canas en su suave cabello y vestía un abrigo viejo y demasiado grande para su frágil cuerpo. Había lágrimas en sus ojos, que brillaban dorados bajo la luz mágica. El recién llegado se quedó un momento en la puerta, como si le diera miedo entrar, pero finalmente, con un suspiro de resignación, avanzó por el fantasmal pasillo.

Pasó con cuidado, para no despertar al ocupante del retrato que descansaba bajo una pesada cortina de terciopelo rojo. Recorrió las habitaciones una por una y bajó las escaleras que llevaban a la enorme cocina. Parecía que le costaba horrores estar allí, pero se decidió a dar los últimos pasos que lo llevaron delante de la chimenea. Estaba apagada, como lo había estado toda la tarde.

El mago avanzó hasta situarse delante de ella, recogió una silla que había volcada en el suelo y se sentó. Entonces colocó la cabeza entre sus manos y empezó a llorar.

Nada, absolutamente nada podía calmar el dolor que sentía. Él lo sabía y por eso había decidido ir allí, buscando un poco de soledad y tranquilidad. Había conseguido guardar la compostura delante de Harry, cuando él desapareció de su lado con aquel brillo de temor en sus ojos grises. Había permanecido firme mientras Dumbledore se marchaba dando las últimas instrucciones. Pero nada más cruzar la puerta de aquella casa todo el dolor y la ira por aquella injusta pérdida lo habían asaltado de golpe.

Sollozaba como un niño, encogido en aquella silla, como un pequeño que lo ha perdido todo y se ha quedado de nuevo solo, sin nadie que lo proteja, que lo cuide, que lo quiera…

Remus John Lupin se consideraba un hombre fuerte. Su vida no había sido precisamente fácil (está de más narrar lo que todos sabemos) y poco a poco se había ido acostumbrando a los inesperados golpes del destino. Siempre había conseguido seguir adelante de una forma u otra.

Él sabía que esto podía pasar. No era tan iluso como para pensar que aquella guerra no implicaría heridos. Pero esperaba que no fuera él. Había rezado para que estuviera a salvo, para que nada le pasara.

Y ahora estaba muerto.

Remus se sentía más solo de lo que había estado en años. Se daba cuenta de que lo iba a echar terriblemente de menos. ¿Qué sería de Remus Lupin sin Sirius Black a su lado¿Por qué había tenido que marcharse de aquella forma?

-Sirius…

Fuera de aquellas paredes, Remus debería aparentar que se encontraba bien, que aquello no había derrumbado su mundo de una forma tan cruel y despiadada. Fuera de aquellas paredes, Remus J. Lupin debía seguir siendo fuerte, pero allí… Allí podía permitirse ser él mismo. Allí podía sufrir su pérdida.

Aquella noche sólo se escucharon sus sollozos en la triste mansión.


Después de lo que pareció una eternidad se atrevió a abrir los ojos, aunque aquello no supuso ninguna diferencia. Todo allí era oscuridad. Pero no la oscuridad aterciopelada y suave de las noches sin luna, sino la oscuridad insondable y fría del infinito, del universo sin estrellas. La oscuridad de Azkaban, que le encogió el corazón y derramó lágrimas de angustia por sus ojos ciegos.

-¿Remus? –se atrevió a llamar-. ¿Harry?

Su voz sonó hueca, extrañamente irreal.

-¡Remus! –repitió.

Pero no hubo respuesta.

Sabía que había caído detrás del Velo, el indescifrable Velo del Departamento de Misterios. Había oído rumores sobre lo que se escondía Más Allá, y aquello no le ayudó a relajarse. Tal vez, se dijo, sólo fuera el efecto del hechizo lanzado por Bellatrix. A lo mejor sólo lo había dejado temporalmente ciego. Y sordo. Pero entonces¿cómo expresar el inexplicable terror que había arañado su corazón al sentir el Velo negro acariciando su rostro?

Alzó la varita intentando un hechizo de luz. Nada. Las palabras del encantamiento se perdieron en los recovecos de aquel espacio sin límites. Intentó tantear algo con sus manos, pero sólo se topó con el vacío.

Soltó un grito de angustia y entonces, como en respuesta a su desesperado lamento, las oyó.

Voces.

Voces huecas y muertas que no dejaban de susurrar, de suspirar, de murmurar. Voces que habían gritado pidiendo ayuda, pero que después de siglos sin obtener respuesta se habían convertido en murmullos apagados y débiles. Como lo sería su propia voz.

-¡¡HARRY!! –volvió a llamar desesperado.

Pero nadie contestó.

No supo cuánto tiempo estuvo allí, asustado, acurrucado en aquel rincón de frío y sombra, sin atreverse a dar un paso por miedo a perder el rumbo. Sin atreverse a separarse del lugar en el que había caído.

Pudo pasar un segundo, o una eternidad, pero tras ese instante de tiempo infinito las voces alzaron su agónico grito y el sentido del tacto tomó una nueva dimensión cuando percibió aquellas formas desgarradas y tenues rozarle la piel. Se abrazó temblando, tratando de mantenerse alejado de aquella corriente de suspiros; pero los suspiros se convirtieron en manos, y las manos en garras que lo arrastraron, que le obligaron a caminar, a alejarse de aquel refugio que había formado en sí mismo.

Avanzó, sin saber a dónde, impulsado por aquella masa de voces y manos. No supo si se había ido acostumbrando a la oscuridad o si había alguna lejana luz después de todo, pero de pronto apareció una chispa de claridad que le permitió percibir la sombra de aquellos cuerpos etéreos, apenas jirones de tristeza y niebla. Y entonces tuvo la desagradable sensación de que ahora era uno de ellos.


Harry estaba en su habitación de Privet Drive, recogiendo todas sus cosas. No tenía intención de volver nunca a aquella casa, así que tenía que asegurarse de no olvidar nada. Sabía que no echaría aquello de menos, definitivamente no había sido feliz en aquel lugar, pero aún así, saber que no iba a volver le resultaba extraño.

Hacía ahora un año, se había quedado dormido en aquel lugar, frente a la ventana, esperando la llegada del director del Colegio, con la carta que anunciaba su visita aún cogida entre los dedos.

Ahora Dumbledore estaba muerto.

Dos años antes, los miembros de la Orden del Fénix habían acudido a rescatarlo y lo habían llevado a la Casa de Grimmauld Place, donde se escondía su padrino.

Sirius también estaba muerto.

¿Por qué tenían que morir todos los que le importaban? El año anterior incluso Ron había estado a punto de desaparecer para siempre...

Miró a su alrededor, para asegurarse de no dejar nada. El escudo de su equipo de Quidditch todavía colgaba de la pared. Estaba subido en la cama, ocupado en desprender las chinchetas cuando un sonido extraño lo hizo dar un brinco. Tardó menos de un segundo en sacar su varita del bolsillo trasero de sus vaqueros. En una ocasión Ojoloco le había dicho que era peligroso llevarla ahí, pero no se le ocurría un lugar mejor. Se volvió con rapidez, acechando como un animal asustado.

La habitación estaba vacía. Ni siquiera Hedwig estaba allí, pues Ron había insistido en llevarla a su casa para que él no tuviera que cargar con tantas cosas.

Soltó un suspiro de alivio. Tal vez se preocupaba demasiado. Volvió a concentrarse en las chinchetas. El sonido se repitió, esta vez más fuerte.

Bajó de la cama de un salto. Había algo en la habitación, estaba seguro. Algo que emitía una especie de zumbido. Y provenía de su baúl.

Con la varita en guardia, se acercó a su equipaje. El sonido se intensificó. ¿Y si era algún animal¿Un doxy? Con mano temblorosa, abrió la tapa. Allí sólo se veía la ropa, doblada de cualquier manera. Pero algo vibraba debajo. Empezó a sacar prendas con cuidado. Cuando casi había dejado el baúl vacío los vio: los pedazos de cristal que antes eran el espejo comunicador de Sirius. Se había olvidado de ellos. Cuando Sirius murió Harry descubrió aquel espejo en su equipaje. Su padrino se lo había dado aquella Navidad para que se mantuvieran en contacto si algo le pasaba. Él ni siquiera había abierto el paquete. Lo descubrió demasiado tarde. Había llamado a su padrino con la esperanza de obtener una respuesta, pero Sirius no contestó. Fue entonces cuando Harry comprendió que se había marchado para siempre y, asustado y enfadado, había tirado el espejo al fondo del baúl, rompiéndolo.

Y ahora los fragmentos del espejo roto vibraban.

Ahora que no había ropa amortiguando el sonido, Harry vio que emitían un ruido extraño, como las interferencias de una cadena de radio.

Se inclinó sobre ellos, sin atreverse todavía a tocarlos, por si se callaban.

-¿Sirius? -preguntó asustado.

Le pareció escuchar una voz, como si alguien hablara desde un lugar muy lejano.

Soltó la varita y recogió los pedazos con cuidado de no cortarse para dejarlos encima de la cama.

-¡¡SIRIUS!! -llamó, más fuerte, pero no estaba seguro de que lo que escuchaba fuera su voz.

Empezó a asustarse. ¿Y si su padrino intentaba contactar con él¿Estaría vivo después de todo? Fue a recoger la varita, que había dejado en el suelo, dispuesto a pronunciar un hechizo para reparar el espejo. Ya iba a decir las palabras mágicas cuando toda señal de vida desapareció, y el espejo quedó totalmente quieto.

Harry no sabía qué hacer. No sabía a quién acudir. De estar Dumbledore vivo, le habría mandado una lechuza en el acto. Pero el mago ya no estaba allí para ayudarle. Pensó en Ron y en Hermione, pero sus amigos no tendrían más idea que él sobre qué hacer.

Y entonces la respuesta le pareció clara:

Lupin. ¿Quién mejor que su antiguo profesor de Defensa para tratar de explicar aquella extraña situación?

Se apresuró a sacar un trozo de pergamino de entre las cosas que había dejado desparramadas por el suelo y escribió con letra rápida y temblorosa:

Querido Lupin:

Ha pasado algo muy extraño: Sirius me regaló un espejo comunicador para mantenernos en contacto. El espejo ha empezado a vibrar. No sabía a quién acudir. ¿Crees que podrías venir? Si te parece bien podemos vernos en el parque que hay cerca de casa, al final de la Avenida Magnolia. Yo estaré aquí hasta mañana. Dime a qué hora te viene bien.

Harry


Eran las doce de la noche y las calles de Little Whinging estaban completamente vacías. A excepción de una pequeña sombra sentada en uno de los columpios del destrozado parque infantil

-¿Harry?

La sombra giró la cabeza y un hombre alto, vestido con ropas algo desgastadas se acercó.

-Hola, Lupin.

-He venido en cuanto he podido -el hombre parecía nervioso y preocupado-. ¿Lo has traído?

Harry sacó un paquete de entre sus ropas y se lo acercó.

-Oí un sonido extraño y comprendí que venía del espejo -explicó el muchacho observando los cristales-. ¿Qué crees que significa?

-No lo sé -murmuró el hombre mientras dejaba los fragmentos sobre el banco en el que se habían sentado.

Sacó su varita y pronunció unas palabras que hicieron que el espejo volviera a lucir como nuevo.

-Se supone que no puedo hacer magia fuera de la escuela -explicó el chico con amargura. Ya había decidido el curso anterior que aquel año no volvería al Colegio, pero los señores Weasley habían insistido en que haría bien en tener cuidado por si cambiaba de opinión. Él había pensado que era mejor seguir su consejo y era por eso que se guardaba de hacer magia si no era estrictamente necesario.

-¿Qué es exactamente lo que escuchaste?

-Era como un silbido, como interferencias de una radio -guardó unos segundos de silencio-. Creí oír su voz -añadió con voz trémula.

Remus lo miró y Harry se dio cuenta de que su ex profesor estaba temblando.

-¿Crees... que está vivo?

El licántropo agachó la cabeza y se mordió los labios.

-No lo sé -susurró. Cogió el espejo y deslizó sus delgados dedos por la superficie. Era evidente su nerviosismo cuando pronunció el nombre de su amigo, casi con miedo-. Sirius...

Nada. Harry tragó saliva y trató de contener las lágrimas. Desde que lo oyó la primera vez él mismo había repetido aquella llamada cada dos por tres, esperando, deseando volver a oír la voz de su padrino. Volver a ver su rostro atractivo y desaliñado reflejado en el extraño objeto. Pero el espejo no había vuelto a vibrar.

-¡Sirius! -repitió el licántropo con voz firme.

No hubo respuesta. Remus tomó aire. Era evidente que intentaba controlar su decepción. Harry creyó que empezaría a llorar de un momento a otro. Pero no lo hizo.

-No está -murmuró.

Harry tragó saliva.

-Yo... siento haberte dado una falsa esperanza. No te hubiera llamado si no estuviera seguro de lo que vi y oí. Creía que era él.

-No importa, Harry -Había dolor en los ojos dorados, y Harry supo que el sufrimiento del licántropo era superior al suyo. Recordó sus fuertes brazos sujetándolo cuando él desapareció. Recordó el dolor en su rostro, y supo que era el único que tal vez podía comprenderle-. Escucha, quería pedirte... ¿Te importa si me llevo el espejo? -preguntó en voz baja, como si temiera una negativa. Harry lo vio apretar el objeto con fuerza-. Quisiera hacer algunas pruebas..., si te parece bien, claro.

Harry estuvo tentado de decir que no. Era el único objeto que le transmitía una chispa de esperanza. Pero miró al licántropo a los ojos y comprendió que para él la esperanza era aún más necesaria. El licántropo estaba destrozado por dentro; estaba así desde que él se marchó. Asintió.

-Claro, cógelo.

Aferró el espejo como si fuera el más preciado de los tesoros y le dedicó una sonrisa de agradecimiento.

-Muchas gracias. Te lo devolveré.

-No hay prisa.

Lupin se puso en pie.

-No quiero entretenerte. Supongo que te estarán esperando.

-Nadie me espera en esa casa.

El mago mayor lo miraba con ternura.

-Escucha, Harry, no tengo mucho que ofrecerte, mi casa es pequeña y vieja y apenas tengo para subsistir, pero si quieres venirte conmigo..., quiero decir, ahora que él no está…

Harry sonrió.

-Gracias, Lupin, pero no hace falta. Los Weasley casi me han obligado a que me quede con ellos. Allí estaré bien, ellos cuidarán de mí. Sé que en esa familia me quieren.

Lupin asintió, un poco dolido por la respuesta. Casi había esperado que el chico aceptara y que se fuera a vivir con él. Después de todo, había aceptado irse con Sirius sin pensar. Por un instante había creído posible que Harry compartiera con él aquella casa fría y triste. Pero él no estaba solo. Tenía a los Weasley, y ellos podían ofrecerle mucho más que él.

-Claro, estoy seguro de que allí estarás bien.

Harry no percibió la nota de amargura que desprendían sus palabras.

-Será mejor que me marche. Es tarde.

-Sí. Yo también tengo que irme.

Aunque no haya nadie esperándome, pensó. Aunque él no esté.

-¿Me avisarás si descubres algo?

-Claro.

-Bien. Entonces... hasta pronto, supongo.

-Sí, Harry, hasta pronto.

Remus lo vio marchar y aún se quedó un rato más en el parque. Se sentó en el banco y dejó que la suave brisa nocturna secara las lágrimas que al fin no había podido contener. Por un momento había creído que Sirius aparecería ante él, que volvería a escuchar su voz... Pero todo se había desvanecido en cuanto tocó aquel espejo con las manos. ¡Tanto tiempo buscando una pista, una señal de que no estaba muerto! Y ahora que al fin creía haberla encontrado, la esperanza volvía a desvanecerse.

Bien, había llegado el momento de dar el paso definitivo, aquel que no se había atrevido a dar todavía.


Aquella claridad, comprendió, provenía de una puerta. Una enorme puerta que parecía hecha de plata líquida. Había algo grabado en sus hojas, que se abrieron para dejar paso a la multitud de almas desgarradas. Sirius hizo esfuerzos para separarse de ellas y se detuvo delante de la entrada, sin decidirse todavía a cruzarla. Detrás de ella no se veía nada. Sólo una luz difusa que palpitaba indecisa y amenazadora. Había vuelto a quedarse solo, pero la puerta seguía abierta, como si esperara a que él entrara. Sobre el dintel había una extraña inscripción en letras rúnicas. Sirius la tradujo sin dificultad:

Un mensaje nada tranquilizador. Ya iba a darse la vuelta cuando un extraño zumbido lo sobresaltó. Miró alrededor asustado hasta que comprendió que el ruido venía de su túnica. Rebuscó en ella con ansiedad y sus dedos tropezaron con una superficie helada.

¡El espejo!

¿Cómo podía haberlo olvidado? Dejó a un lado su preocupación por la Oscuridad, la puerta y la extraña luz y volcó toda su atención en el pequeño cristal. Sus manos temblaban mientras lo sujetaba con fuerza.

-¡Harry! –gritó. Y su voz sonó ronca, herida-. ¡Harry¿Estás ahí¿Puedes oírme?

Creyó percibir un extraño silbido y por un momento pensó que vería la cara sonriente de su ahijado. Pero el espejo sólo reflejaba su propio rostro. Mientras contemplaba su imagen, sus ojos se oscurecieron, la cara empezó a alargarse como si se derritiera y poco a poco los huesos fueron apareciendo bajo la piel. Con un grito de terror soltó el espejo, que cayó al suelo rompiéndose por la mitad.

El espejo había mostrado su propia destrucción, su muerte… y él no quería verla. No estaba preparado para consumirse, aún no quería desaparecer.

Con el corazón estremecido, recogió el espejo del suelo y volvió a guardarlo en su túnica.

No volvería atrás, era imposible encontrar la salida en la oscuridad, pero aquellas puertas llevaban a un mundo de luz y tal vez allí otro Velo condujera al exterior.

Con paso firme, cruzó el umbral.


Continuará...

N/A: esperaba leer la imagen del espejo en el 6º libro. Estaba convencida de que Harry escucharía a Sirius a través del espejo roto y estaba convencida e que Rowling afirmaría por fin que él no estaba muerto. Cuando acabé el libro estaba más dolida por la ausencia de Sirius que por la muerte del mismo Dumbledore. Había deseado tanto leer esta escena que al final acabé escribiéndola yo. Escribí este fic antes de leer el último libro, así que encontraréis muchas discordancias con él a lo largo de la historia, aunque hice lo posible por mantenerme fiel a lo que se narraba en los seis primeros.

Bueno, el escenario está dispuesto, los personajes están cada uno en su lugar y está a punto de desarrollarse la trama. Espero que sigáis leyendo y que me deis vuestra opinión. Agradecería mucho los reviews en esta historia.

Un beso muy fuerte a todos y hasta pronto

DAIA BLACK