Esta es la traducción de "Bond", argumento de Anna Fugazzi.

AU. La pareja es Harry/Draco, lo que significa una relación homosexual.

Si no se sienten cómodos con eso, pues hagan click! Y salgan de la página, nada los detiene.

Por supuesto, los personajes le pertenecen J.K. Rowling.

Si hay alguna nota aclaratoria de la traducción, aparecerá siempre al final.

¡Qué disfruten el relato como yo lo hice, y ahora vuelvo a hacer mientras traduzco!

D.L.

Esta historia comienza al final de septiembre de séptimo año.

VÍNCULO

29 de septiembre al 1 de octubre

Martes, día 1.

…demonios fue eso?

Harry se deslizó de regreso a la conciencia, finalmente enfocándose en algo. El cielo raso. El muy familiar cielo raso de…la enfermería.

Maldición, otra vez, no. Fue su primer pensamiento.

¿Qué sucedió esta vez? Fue el segundo.

¿Quidditch? No, no estaba usando su equipo de Quidditch, y no le dolía ningún otro lado, sólo su cabeza. No era la cicatriz en sí misma, sino el área alrededor de…en realidad, toda su cabeza. Un dolor palpitante detrás de los ojos, en la parte de atrás, cerca del cuello…

Escuchó un leve gemido, y dándose cuenta de que él no lo había hecho, buscó el origen.

Malfoy. Gimiendo y luciendo como si recién volviera en sí, en la cama de la derecha. Inmediatamente rodeado por una prensa de adultos- Madam Pomfrey, Dumbledore, Lucius Malfoy- ¿qué?

-¡Harry!- Pomfrey lo miró cuando una voz familiar exclamó desde el lado izquierdo de su cama. Harry giró rápidamente.

-¿Profesor Lupin?

Lupin sonrió.-¿Cómo te sientes?

- Necesitando un chocolate,- dijo Harry, desorientado, y Lupin le sonrió.-¿qué sucedió?

Lupin buscó en su bolsillo, tomando una barra de chocolate y colocándola en la cama, al lado de Harry, mientras Madam Pomfrey trajinó sobre él.

- ¿Cómo te estás sintiendo, Potter?

- Bien, creo – me duele un poco la cabeza- Harry comenzó, y ella asintió enérgicamente.

- Era de esperarse, estabas inconsciente. Siéntate.- ella le indicó. Puso una botella pequeña de poción sobre la mesa, al lado de la cama. –Come ese chocolate y bebe lo que está en la botella. ¿Qué recuerdas?

Harry se sentó lentamente, aún confuso. Parecía que había una gran cantidad de gente alrededor -no sólo Dumbledore, Pomfrey, Lucius Malfoy y Lupin, sino también McGonagall y Snape- y él no podía enfocarse en ninguna voz. ¿Qué estaba sucediendo?

- No mucho- Yo, yo estaba saliendo de un salón de clase, creo…

- ¿Qué maldición?- la voz de Malfoy se elevó desde la otra cama, y él se sentó. Harry frunció el ceño y un susurro de inquietud pasó por entre los adultos a su alrededor, ninguno de ellos parecía querer contestarle.

-¿Qué maldición?- Malfoy demandó, otra vez.

- Chicos, -Dumbledore dijo lentamente-me temo que han sido…bueno, unidos.

Silencio.

-¿Qué?- Malfoy dijo débilmente.

- Un hechizo de unión estaba en una puerta por donde ambos pasaron, y estaba preparado para activarse en presencia de una emoción fuerte. Cuando ustedes caminaron a través de la puerta, estaban discutiendo sobre alguna cosa, y…

- No. Dios, no…- Malfoy miró a los adultos, sus ojos se agrandaban viendo cómo cada cara era un espejo del sombrío rostro de Dumbledore.- Eso…eso no es posible.- Miró fijo a su padre, quen apretó los labios y asintió. Silencio. – Eso es…¡mierda…eso es una locura¡No!

- Draco- su padre empezó, y Harry sintió una pizca de miedo cuando Malfoy lo interrumpió y luchó por bajar de la cama.

- ¡No¡No puedes hablar en serio!

- Señor Malfoy, lo siento, pero estamos absolutamente seguros.- dijo Dumbledore.

-¡Mierda¡No!

- Esperen¿de qué están hablando?- Harry interrumpió. -¿Qué hechizo de unión?

Malfoy lo miró boquiabierto. – Un hechizo de unión, pendejo de mierda.

Harry pasó la mirada de Malfoy a los adultos, totalmente perdido y además un poco desconcertado porque nadie decía ni una palabra por el sucio lenguaje de Malfoy. Hubiese esperado que su padre, por lo menos, lo reprendiera; pero Lucius Malfoy parecía sacudido, casi enfermo, nada parecido a la fría y controlada figura autoritaria que solía ser.

- Pero qué…¿qué significa?

- Ni siquiera sabes…ah, maravilloso.- Malfoy golpeó con su puño la mesa de noche y giró disgustado.

- Potter, esa unión es el matrimonio mágico- Pomfrey comenzó, y Malfoy la interrumpió.

- Es una puta maldición de matrimonio, Potter- espetó Malfoy- La maldición estaba en la puerta, quedamos atrapados, estamos casados. ¿Qué parte es tan difícil de entender para tu pequeño cerebro Gryffindor?

- Pero¿cómo puede- el matrimonio no es una maldición, cómo puede…

- Potter. Déjame explicarte- la Profesora McGonagall dijo con firmeza.- En el mundo mágico, un matrimonio no es un matrimonio hasta que se realiza un hechizo de vínculo, uniendo a los dos esposos. Normalmente esto se hace por propia voluntad, del mismo modo que los muggles hacen sus votos- Lucius emitió un sonido de indignación en su garganta, pero no la interrumpió- pero, a diferencia de los votos de los muggles, el hechizo de unión impone ciertas conductas sobre los esposos; y, a diferencia de los votos de los muggles, puede ser usado como una maldición, sin el consentimiento de ambas partes. Es absolutamente ilegal lanzar semejante maldición, por supuesto, pero aún así, une a las dos partes.

Harry frunció el ceño, totalmente desconcertado. ¿Una maldición que obliga a la gente a casarse contra su voluntad? Sonaba como una mala broma. Rápidamente lanzó una mirada alrededor de la enfermería, esperando descubrir a los gemelos Weasley cacareando ante el suceso de su última broma alucinógena.

No tuvo suerte.- Pero, esto es ridículo. Pociones de amor, las entiendo, pero ¿cómo puedes ser forzado a casarte?

- El hechizo los obliga a actuar como esposos. Durante los primeros meses del matrimonio, necesitan vivir juntos, estar cerca el uno del otro casi constantemente, hacer todo lo que una pareja casada hace, o sufrir las consecuencias.

- Todo- no, esperen…

- No, eso no siempre significa consumar sexualmente la relación.- Pomfrey interrumpió de hecho- Las personas pueden estar unidas sin estar casadas- sucede a veces con gemelos, o con amigos muy cercanos que deciden disfrutar los beneficios del vínculo sin el aspecto sexual. Pero la mayoría de las uniones son también de naturaleza sexual, a menos que haya una buena razón para que no lo sea.

-¿Cómo odiarse mutuamente?

- Ese no es un problema, normalmente- dijo ella, con franqueza. Harry la miró boquiabierto.

- Mordred, cierra la boca, Potter, pareces más estúpido de lo habitual- le espetó Malfoy.

Harry lo ignoró. - ¿Pero por qué alguien consentiría con algo así?

- Hay beneficios, por supuesto. La elevación de los poderes mágicos, ese tipo de cosas. Así como todo lo demás que se aplica a los matrimonios no unidos, como compañerismo, amistad, balance emocional.

- Pero¿cómo algo así puede suceder si no se quiere eso en primer lugar?

- El hechizo de unión ayuda a lograr esos beneficios imponiendo conductas, probablemente para alentarlos. La mayoría de los matrimonios empiezan, al menos, con la voluntad de entrar en él, pero no es imposible hacer funcionar un matrimonio nacido de una unión forzada.

- ¿Cómo?

- Porque no tienes otra opción, así que lo haces funcionar- Snape dijo secamente- Los muggles creen que es imperativo empezar con flores, romance y dulzura enfermiza para crear un compromiso. Los magos sabemos lo que hay que hacer.

- ¿Cómo sabe usted?- Harry espetó antes de poder evitarlo o decirlo en un tono semi-respetuoso. Pero Snape no pareció notarlo.

- Aunque no es asunto suyo, en lo más mínimo; yo estuve casado, Potter. Por siete años, felizmente, con una mujer que difícilmente conocía cuando nos unimos.

Malfoy le lanzó una mirada asesina. -¡Esto es completamente diferente!

- Muchos matrimonios de magos comienzan con nada más, Draco.- Lucius Malfoy dijo discretamente y Malfoy lo miró también a él del mismo modo.

- Sabes que tu madre y yo apenas nos conocíamos el uno al otro antes de nuestra unión. Tú sabías que algo así podía pasar algún día, habías aceptado casarte con quien escogiéramos para ti-

- Yo acepté porque se suponía que sería una alianza que traería beneficios a la familia, y sabía que no me obligarías a casarme con alguien que despreciara y...

Lucius hizo una mueca y sacudió la cabeza. – Lo sé; pero no tienes elección. Cálmate-

- ¡Mierda¡No me digas que me calme!- Malfoy gritó, y Lucius frunció el ceño, poniéndose de pie.

- Él está disgustado, Lucius, necesita tiempo para- Snape empezó a decir, pero Lucius lo cortó, enfrentando a su hijo severamente.

- ¡Draco! Estás disgustado, lo entiendo, pero eso no es excusa para- Lucius trató de ponerle una mano en el hombro, para tranquilizarlo, pero lanzó un grito ahogado y la retiró mientras Malfoy se encogía y gritaba de dolor- Lo...lo siento, lo olvidé- alejó su mano de Malfoy, que lo miraba desalentado. –Siéntate, por favor.

Malfoy se dejó caer en una silla,con la mandíbula firme y las manos todavía apretadas.

- Lo siento- dijo Lucius suavemente, y sus palabras y maneras estremecieron a Harry totalmente. Nunca había visto a Lucius Malfoy tratar a su hijo de otro modo que con fría reserva, y aquí estaba, la imagen de un padre preocupado, como si quisiera confortar a su hijo pero no sabía cómo. Dios.

-Draco, lo siento- Lucius repitió.

Malfoy apoyó sus codos en las rodillas y se inclinó hacia delante, con la cabeza entre las manos. Harry miró de un adulto a otro, con creciente temor, viendo sus expresiones resignadas y lúgubres.

- Esperen...¿los magos no se separan?-Harry preguntó desesperadamente- ¿No se divorcian?

-Las dos partes deben concordar para disolver el vínculo- comenzó Snape.

- Creo que podemos decir con seguridad que los dos concordamos-

- y sólo el que realizó el conjuro puede quebrarlo. Esto no es un problema normalmente, porque los que lo realizan son el par en cuestión, pero en el caso de una unión involuntaria...

- ¿Quiere decir que quienquiera que nos hizo esto tiene que romperlo¿No podemos disolverlo nosotros?

- Es fascinante el tiempo que tardan conceptos tan simples en entrar a tu lerda cabeza, Potter- Malfoy espetó, sin levantar la cabeza de sus manos.

- Puede estar seguro de que haremos todo lo posible por encontrar a la persona o personas responsables- dijo Snape- pero las posibilidades de hacerlo son terríblemente escasas, a menos que alguien se adelante y confiese. Este es un hechizo ilegal, Señor Potter. Nadie va a admitir haberlo conjurado. Y quien lo hizo, con toda certeza cubrió sus huellas.

- Pero...pero¡yo ni siquiera soy gay!

Malfoy puso los ojos en blanco y su padre hizo otro sonido de disgusto. –Honestamente, muggles- Malfoy hizo una mueca desdeñosa.

- Entendemos que en el mundo muggle hay alguna confusión sobre las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo- comenzó Pomfrey- pero en el mundo mágico...

-¡Yo nunca oí de una sola pareja gay casada en el mundo mágico!

- Tú no has sido parte de nuestro mundo por mucho tiempo- dijo McGonagall- y has estado en el colegio, donde la mayoría de las personas de tu alrededor no están casadas. Es raro, pero no inaudito. Es verdad que mucha gente siente que no es algo muy responsable de parte de los magos, casarse con alguien del mismo sexo, porque nuestras tasas de nacimiento no son tan altas como debieran ser, pero nosotros no tenemos los prejuicios ciegos que el mundo muggle tiene.

- Ni siquiera soy gay- Malfoy hizo la mímica con desagrado.- ¡Desde luego! Que completamente Gryffindor, centrarse en el problema menos relevante.

- Entonces¿Cuál es el problema más relevante? El hecho de que si tengo que vivir contigo, tal vez te mate?- Harry retrucó.

- Ese no es un tema para reirse, Potter- McGonagall dijo firmemente- Parte del porqué de que este hechizo es ilegal, es que puede resultar en el asesinato de los esposos. Es una situación extremadamente estresante para estar sujeto a ella. Ambos deben ser monitoreados de cerca para que nos aseguremos que la ...animosidad entre ustedes no se salga de sus manos y resulte en severos daños para cualquiera de los dos.

- Esa no parece una mala solución en este momento- murmuró Harry, y Malfoy puso sus ojos en blanco.

- ¿Qué tan estúpido eres, Potter? Porque estás alcanzando nuevas alturas aquí...

- Señor Malfoy- cortó McGonagall- Amablemente, cállese.- Se dirigió a Harry- Mientras el vínculo es nuevo, ustedes están altamente sintonizados a la emoción y el bienestar del otro. Si un esposo muere o es seriamente herido, el impacto es suficiente para matar al otro. Especialmente si el otro esposo es el causante de la muerte o del daño.

Harry se sentó flojamente.

Hubo un largo silencio, finalmente roto por McGonagall.

- Chicos, creo que esto va a tomarles tiempo para que lo acepten. Creo que sería mejor que Madam Pomfrey les explique algo de lo que pueden esperar que suceda, mientras nosotros discutimos la mejor manera de que ustedes pasen por esto en una pieza.

- Quiere decir que van a discutir sin nosotros...- Ustedes van a decidir...-Ambos se superpusieron, indignados, y Lucius Malfoy los interrumpió.

- Draco, difícilmente estás en posición de tomar decisiones en este momento. Ni siquiera entiendes por completo lo que un hechizo de unión trae consigo- puntualizó.

- ¡Eso no significa que puedes decidir todo por mi!- dijo Malfoy con calor, y las cejas de su padre se elevaron con sorpresa. También las de Harry. Por lo que él había visto, el padre de Malfoy siempre decidió todo por su hijo, desde qué clases tomaba hasta las personas con las que socializaba. Malfoy debía estar en una severa angustia para siquiera pensar en rebelarse contra eso.

- Caballeros, nadie tomará decisiones por ustedes-McGonagall dijo razonablemente- Simplemente, discutiremos posibilidades hasta que puedan unírsenos, contando con una mayor información sobre su situación, y así tomar parte en la discusión.

Lucius Malfoy la miró sorprendido, y una parte distante del cerebro de Harry reflejó que en realidad, era bastante gratificante verlo tan desequilibrado. Si Harry no hubiese estado completamente desequilibrado él mismo, hubiese encontrado la expresión de Lucius Malfoy absolutamente divertida.

- Esta bien, Harry- dijo Lupin con gentileza.- Ve, escucha a Poppy.

Harry trepó a su cama de la enfermería unas horas después, todavía en un estado de adormecido semi-shock.

Enseguida de una extremadamente perturbadora sesión informativa con Pomfrey, retornaron a la reunión de adultos y acordaron los aspectos prácticos de cómo vivir en constante proximidad. Harry se alegraba de que Dumbledore haya pensado en llamar a Remus Lupin, como el más cercano a una figura paterna para él, en este momento. Él confiaba firmemente en Lupin y su buen humor y en él se apoyó durante el proceso de trabajar con sus horarios escolares, en los arreglos de vivienda; la angustiante discusión sobre Quidditch, y el creciente convencimiento de que realmente, realmente, esto no era una broma.

Hermione y Ron, cuando finalmente los vió, unas horas más tarde, no lo habían confortado, aunque sin culpa de su parte. Las expresiones de alivio al verlo a salvo y bien se tornaron en expresiones de horror cuando supieron lo de la maldición; Ron más que Hermione, porque él había sido criado conociendo lo que era un hechizo de unión. Sabía suficiente como para alejar la mano de Hermione cuando ella la levantó para darle un abrazo a Harry;el hechizo hacía el contacto con cualquiera que no fuese el otro esposo bastante doloroso, durante los primeros meses. No pudieron hacer otra cosa, no sabían qué decirle a Harry, sus miradas preocupadas, y las que le lanzaban a Malfoy cargadas de hostilidad- él los ignoraba hoscamente-hacían que Harry estuviera muy consciente de que éstas eran sus peores pesadillas, materializándose. Él odiaba a Malfoy tanto como Ron y Hermione, pero no podía hacer como ellos, salir de la habitación y evitarlo.

Malfoy no había pedido que ninguno de sus amigos lo visitara en la enfermería.

Por suerte, Harry no había tenido que enfrentar las miradas en el comedor, pues sus cenas fueron traídas a la enfermería, donde comieron lo más alejados entre sí que pudieron. De hecho, Harry no entendía por qué no podían volver a sus dormitorios, ya que no parecían necesitar la cercanía física. Pomfrey les había asegurado que, de todas maneras, sólo estar en diferentes habitaciones sería doloroso.

Así que, ahora estaban aquí, preparándose para dormir, en la enfermería.

Hasta aquí, por lo menos, habían acordado en una cosa: los dos querían continuar como antes, lo más posible. Sin tomarse días libres para alcanzar un entendimiento en esto, o para conocerse mejor, o cualquier otra sugestión que los adultos hicieron. Los Jefes de las casas explicarían la situación a sus estudiantes esta noche, después de cenar, para responder preguntas y lidiar con cualquier información desviada, ellos volverían a clases mañana y se mudarían a sus propias habitaciones después.

Harry miró a Malfoy, que ya estaba en la cama de al lado, mirando fijamente al cielo raso, sin expresión alguna.

Por un acuerdo tácito, no habían dicho mucho el uno al otro, excepto por unos pequeños 'disparos' cuando escuchaban a Madam Pomfrey.

Harry yacía en su propia cama, mirando fíjamente al cielo raso, pensando en la información que Pomfrey les había dado. A groso modo, cinco o seis meses de contacto forzado. Teniendo que estar en la misma habitación, entre seis y doce pies de distancia entre ellos, hasta el punto de que estar alejados pueda causarles extrema incomodidad, y eventual colapso si ignorasen la urgencia de volver a estar cerca del otro…

Necesitando tocarse cada cierto tiempo; lentamente haciéndose más conscientes sexualmente uno del otro, luego necesitando el contacto sexual, dentro de las primeras semanas, después de que el hechizo había sido realizado. Sintonizados al estado de ánimo del otro, de modo que el dolor físico, o la angustia mental o la incomodidad de uno resultaría en dolor e incomodidad para el otro.

Brillante. Exactamente, brillante. Uno de los mayores placeres en la vida de Malfoy parecía consistir en hacer que Harry sintiera dolor o incomodidad. Harry estaría muy a gusto con el pensamiento de esas molestias volviéndose en contra de Malfoy, si no estiviera consciente de que causándole mal a Malfoy se causaba mal a él mismo.

Y él no quería pensar siquiera sobre toda esta cosa del 'contacto'.

Entonces, mañana miércoles. Doble clase de Pociones, como primeras de la mañana, la misma clase mezclada de siempre. Luego, en lugar de Estudios Muggle, iría a Transformaciones con los Slytherin y Ravenclaws, luego el almuerzo, luego de vuelta en su propia clase de Encantamientos, con Malfoy a cuestas. Después, a la clase de Aritmancia de Malfoy. Por suerte, Hermione también tomaba esa clase, así que podía hacerle compañía y ayudarlo a ponerse al corriente. Luego, en el último período, se sentaría en la clase de Runas Antiguas de Malfoy, pero trabajaría en Astronomía, habían decidido que podían seguir las clases que cursaban, pues eran bastante fáciles.

Dios¡cómo había cambiado el mundo en un instante!

Harry suspiró. Quería volver a su dormitorio, escuchar las rutinas de Ron, Neville, Dean y Seamus. Se preguntaba qué estarían haciendo sus compañeros de cuarto en este momento. ¿Estarían hablando de él¿Trastornados porque, así como así, Harry había quedado afuera del dormitorio y del equipo de Quidditch¿Hablando sobre cómo sería tener a Malfoy cerca cada vez que quisieran ver a Harry¿Preguntándose qué estaba haciendo él¿Lo extrañarían?

Él, ciertamente, los extrañaba. Extrañaba su hogar. Extrañaba todo.

Harry se dio vuelta, su espalda hacia Malfoy, y trató de dormirse.

Miércoles, día 2

Draco abrió los ojos, momentariamente desorientado. Donde...Ah.

Ay, Dios. Cerró los ojos con fuerza, forzándose a volver a dormir, ansiando desesperadamente que lo que sea que había estado soñando fuese real; y esta realidad de la mañana, sólo una pesadilla.

Abrió los ojos, otra vez. No. No tuvo suerte.

Miró hacia la cama de al lado. Potter seguía durmiendo, su rostro lucía pacífico y relajado, y Draco sintió la abrumadora necesidad de golpearlo. Con dureza. Por osar parecer tan tranquilo cuando estaban aquí, en la enfermería, enfrentando el primer día del resto de sus vidas, encadenados hasta la mierda, juntos.

Draco le dio la espalda a Potter, queriendo convencerse a sí mismo que estaba en la enfermería por una lesión de Quidditch. Desechó ese pensamiento, porque lo hizo pensar en Quidditch y era doloroso lidiar con eso como primera cosa de la mañana. Desafortunadamente, todo lo demás que le vino a la mente era doloroso para lidiar con ello como primeras cosas de la mañana.

Y era extraño cómo su mente no podía decidirse entre espantarse, angustiado por el recuerdo de la reunión informativa de Pomfrey de la noche anterior, y repetirla en terrible detalle. En especial, la parte sobre la eventual necesidad de tocarse mutuamente. La boca de Draco se torció con disgusto, ahora no sentía en absoluto, deseos de tocar a Potter de otra manera que no sea con violencia. Pero, aparentemente se iban a sentir obligados a tocarse, casualmente, al principio, luego para confortarse mutuamente, y luego, en modo sexual. Draco hizo una mueca ante ese pensamiento, también. Esa no era una buena imagen. No era que tocar a otro chico de ese modo fuera un concepto repugnante¡pero tenía que ser Harry Potter¡Dios, qué repugnante! Sólo marginalmente mejor que tocar a un Sangre sucia.

Draco suspiró y cerró los ojos, nuevamente. Podría haber sido peor, trató de decirse. Podría haber atravesado esa puerta discutiendo con Hermione Granger.

Realmente, no. No había manera de hacer ver mejor esto. Granger hubiese sido espantosa y una terrible vergüenza para la familia Malfoy de Sangre Pura; pero al final ella era solamente una Sangre sucia. Mientras Draco no hubiese tenido hijos con ella ( y él se hubiese asegurado de eso) hubiese sido tolerable. No era un enemigo del Señor de su familia.

Draco no podía imaginarse cómo su familia iba a sobreponerse a este golpe. El Señor Oscuro, con seguridad, no podría confiar en que la lealtad de Lucius permaneciera inamovible. Tal vez, en unos años, cuando el hechizo haya perdido en algo su fuerza, y el vínculo sea menos sensible, Draco podría sobrevivir con menos malos efectos, una vez que Voldemort venza a Potter. Pero...se suponía que la confrontación sucedería pronto. Y Voldemort no confiaría totalmente en un hombre que sabía que su único hijo podía morir si Potter fuese asesinado o herido.

Demasiado para la posición de su padre como mano derecha de Voldemort.

Dios, esto es totalmente horrible.

- Muy bien, caballeros, tiempo de despertarse.-Madam Pomfrey trajinó entrando en la habitación, y Potter se despertó. Draco vió cómo su cara pasaba por la misma desorientación, seguida por darse cuenta de dónde estaba y lo que significaba.

Potter lo miró, y compartieron una mirada, hasta que Draco la desvió.

- Ahora, voy a hacerles un control a ustedes dos- Pomfrey tomó su varita y la movió sobre Draco, que se encogió un poco, alarmado.- Sólo una rápida mirada, Señor Malfoy...parece estar bien...-se volvió hacia Potter y repitió el movimiento- Usted también...¿Cómo durmieron?

- B-Bien- murmuró Potter. Ella miró a Draco y él asintió.

-¿Separados?

- ¡Sí!- los dos dijeron en idéntico tono de irritación y bochorno.

Pomfrey los miró fijo a ambos. –Tengo que preguntar. Estoy monitoreando el estado de su vínculo. En los próximos meses voy a hacerles muchas preguntas que encontrarán intrusivas, y posiblemente embarazosas, y lo mejor es que se acostumbren a eso- Ella golpeó las manos y un par de elfos domésticos apareció con bandejas con el desayuno, y otros dos, con pequeñas pilas de ropa y libros. – Aquí están sus libros y ropas, las duchas están allí- señaló- y tienen cuarenta y cinco minutos hasta la clase. ¿Alguna pregunta?

Draco y Potter la miraron fijamente.

- Correcto, entonces. Apúrense, caballeros- los empujó.

Snape ni los miró cuando entraron a su clase de Pociones, y mantuvieron una batalla de voluntades para decidir dónde se sentarían. Habían estado hablando con monosílabos hasta este punto, excepto por un ocasional 'Apúrate', o 'Sal de mi camino'.

- Vamos- Draco siseó impaciente, no le agradaba el hecho de que sus compañeros de clase trataran de que no se notara que los miraban insistentemente.

- No.- murmuró Potter.- Quiero sentarme aquí.

Draco no se molestó en considerarlo. No había modo de él se sentara al lado de una Sangre sucia y de la Comadreja. –No seas ridículo.

- Vé y siéntate donde quieras.-siseó Potter, apoyando sus libros con un golpe cerca de Granger. –Yo me siento aquí.- Draco entrecerró los ojos, no quería ceder, luego miró su lugar habitual, mentalmente midiendo la distancia.

Tal vez doce, quince pies, más o menos. Genial, entonces. Dio grandes pasos hasta allí, y se sentó al lado de Goyle, ignorando la expresión sorprendida de Goyle y devolviendo el saludo de sus camaradas Slytherins con un movimiento de cabeza.

En la mitad de la clase, estaba casi dispuesto a admitir que había sido una mala idea. Lo que había comenzado como un ligero malestar se había convertido en una molestia, luego en una sensación tensa, como si necesitara ir a sentarse al lado de Potter. La sensación se hacía más fuerte y se le estaba haciendo imposible concentrarse en la clase. Snape estaba diciendo algo sobre cómo secar alguna planta...cuál era...para prevenir que la poción hiciera...algo...

Brillante, pensó Draco. Muy preciso. Se forzó a concentrarse en Snape, a pesar de la creciente irritación. Sentía como si estuviera rodeado de abejas zumbando. Sacudió la cabeza, tratando de deshacerse de la sensación. No, esto no funcionaba. Se restregó los ojos, dejando escapar un pequeño suspiro de enojo.

- ¿Malfoy, estás bien?- dijo Goyle suavemente.

- Sí- murmuró, forzándose a quedarse quieto.

Levántate. Levántate, camina hacia el fonde del salón, dile a Granger que se mueva y siéntate. Te sentirás mejor.

Ignoró a la vocecita, exhaló con fuerza, otra vez, y se concentró en Snape.

- La malva rosa debe ser usada dentro de los tres días de la recolección¿quién puede decirme por qué?- Snape miró hacia Draco, sus ceño se frunció brevemente. Miró al fondo de la clase, luego otra vez a Draco. Éste se tensó, deseando que Snape no lo elija a él, porque realmente, no tenía ni idea. -¿Potter?- dijo Snape. Draco dio un pequeño respingo. Hubo un corto silencio, seguido por un audible, pequeño golpe. Draco se esforzó para no darse vuelta.

- Mm...lo siento, Profesor. ¿Cuál fue la pregunta?- la voz de Potter sonó insegura.

Snape hizo esa mueca sin mover ni un músculo de la cara, la que le salía tan bien, y los Slytherins de la clase rieron. –Pregunté, Señor Potter, por qué la malva rosa debe ser usada dentro de los tres días de haber sido cosechada.

Silencio. – No sé, Señor.

- Entonces¿por qué no vemos si puede deducirlo?. Es una pregunta que, hasta Longbottom podría responder. Dígame. ¿cuál es el propósito de la malva rosa en esta poción? Y, no, Señorita Granger, no le murmure la respuesta.

Otro silencio. – No lo sé.

La mueca de Snape se hizo más amplia, y Draco sintió que, inexplicablemente, se sonrojaba cuando las risas de sus compañeros Slytherins se hacían más audibles. - ¿Cuál es el propósito de esta poción, entonces, Señor Potter?

- No lo sé.- Potter replicó hoscamente.

- ¿ Cuál es el nombre de la poción?

-NO LO SÉ- dijo Potter claramente, con ira en su voz. Draco sintió que su pulso se aceleraba, la ira crecía en él también, con el interrogatorio de Snape. Maldición, Snape sabía exactamente qué estaba mal, por qué no elegía a otro...

No, Snape tenía razón. Potter no estaba prestando atención y Snape sabía con exactitud el porqué, estaba haciendo lo correcto. Haciendo que Potter luzca como un tonto en frente de toda la clase, para que no repita el mismo error – la próxima vez, iba a sentarse en el lugar que Draco quisiera sentarse- Eso estaba bien. Debería agradecerle a Snape.

Salvo que, gracias al maldito vínculo, Draco sentía la ira de Potter en lugar de gratitud.

- ¿Cuál es el nombre de la clase?- preguntó Snape.

- ¡Pociones!- espetó Potter.

- Finalmente, una pregunta que puede responder. Muy bien, un punto para Gryffindor por esa respuesta. Diez puntos de Gryffindor por su completa ineptitud para responder nada más.- Hubo un murmullo de consternación de los Gryffindors, y una ola de risas de los Slytherins. –Le sugiero que busque la manera de concentrarse, Potter. Le preguntaré otra vez.

Draco cerró los ojos con fuerza, tratando de sacudirse la ira y el resentimiento de Potter y su propia creciente necesidad de intercambiar asientos y sacarlos a ambos de su miseria.

No. No. No no no no.

Snape estaba hablando otra vez, sobre quién sabe qué, y otra voz más cerca de él, que no podía identificar, y las abejas zumbando más fuerte, y...

- ¡Ay, mierda!- Gritó, sintió un dolor lacerante en el brazo, alejándose de la fuente del dolor y abriendo los ojos, vió a Goyle boquiabierto y al resto de la clase que lo miraban sorprendidos. Se retiró, masajeándose el brazo y tratándo de recobrarse.

- ¿Hay algún problema?- la voz de Snape interrumpió, a través del zumbido.

- No quise...lo siento, Profesor, olvidé- Goyle dijo estúpidamente-Yo...él no parecía estar bien y no me contestó cuando le pregunté si estaba bien...y sólo le toqué el brazo, Señor.

Snape lanzó un sonido de enojo. –Goyle, muévase a ese asiento vacío. Potter, tome el lugar de Goyle. La razón por la que la malva rosa debe ser usada dentro de los tres días de la recolección- y Draco perdió el resto de la frase mientras Goyle tomaba sus cosas y se mudaba al asiento de al lado, lanzándole una mirada lastimera. Potter golpeó sus libros sobre el pupitre, sentándose sin mirarlo.

¡Qué desagradable! Potter se sentó a su lado, y casi inmediatamente el mundo se volvió normal- sin zumbidos, sin tensión, sin vocecita diciéndole nada-. Sintiéndose infinitamente mejor, retomó el hilo de la clase de Snape fácilmente y completó las partes que había perdido, sin ningún esfuerzo. Por supuesto, cualquier tonto podía darse cuenta que si la malva rosa se usaba por sus propiedades curativas, ellas se perdían después de tres días.

Mojó su pluma y escribió las palabras de Snape, lanzándole una mirada a sus notas, se detuvo sorprendido. Su caligrafía era pésima, casi ilegible. Había palabras perdidas, errores...tendría que pedir prestadas las notas de alguien, para lograr algo parecido a información decente. Miró las notas de Potter y rió al absoluto y evidente desastre.

-¡Cállate!- murmuró Potter por lo bajo. Draco sonrió complacido y bajó la cabeza, volviendo a sus notas, inmensamente animado, a pesar de la animosidad que exudaba Potter como una nube.

Entraron juntos al comedor, habiendo pasado con éxito el resto de la mañana, sin hablarse. Pero ahora, se detuvieron al darse cuenta que no tenían idea de dónde se sentarían. No había sido un problema en Transformaciones, que siguió a Pociones, porque Potter se había cambiado a la clase de Draco, y tuvo que sentarse donde quería Draco. Y, Draco quería sentarse con sus amigos, que se rieron de Potter y le dieron la bienvenida a Draco, de vuelta entre ellos como si nada hubiese pasado, y que cuidadosamente evitaron mencionar el hechizo.

Draco pasó parte de la clase entreteniéndose con lo que imaginaba, los padres de algunos de sus amigos les habían dicho ayer. Parecía, por lo menos por ahora, que la táctica de todos era la observación cautelosa. La familia Malfoy había sufrido un severo revés, pero no era impensado que se recobrara, y la mayoría de sus pares había aprendido por medio de amargas experiencias, a no tratar de explotar sus momentos de debilidad. Los Malfoy siempre exigieron venganza.

Aunque eso no ayudaba en la actual situación. El comedor se llenaba con estudiantes y allí estaban ellos, entre la mesa de Slytherin y la de Gryffindor.

Potter se encaminó a la mesa Gryffindor y Draco le tomó la manga. –¿A dónde vas?

- A mi mesa. Tuve que sentarme con tus amigos la mañana entera. Es tu turno.

- No voy a sentarme en tu mesa.

-¿Por qué no?

- No seas estúpido.

- Malfoy- Potter le retiró el brazo de un tirón- tenemos un arreglo¿recuerdas? Dar y tomar. ¿Te suena familiar?

-Yo negocié dejando Historia de la Magia y cambiando a tu maldita clase de Encantamientos y tomando Herbología.

- Yo dejé Estudios Muggle y ...

-¡No voy a sentarme en la mesa de Gryffindor!

-Bueno¿a dónde sugieres que comamos¡Porque yo no voy a sentarme en la mesa de Slytherin!

- ¡Ningún Slytherin te querría allí, de todos modos!

- ¡Entonces, menciona una alternativa!- Se miraron con furia, sin importarles que unas cuantas personas presenciaban su pelea. Finalmente, Draco se movió hacia la mesa más cercana, pasó al lado de dos sorprendidos Ravenclaws, tomó dos sandwiches y una manzana y le indicó a Potter que hiciera lo mismo. Así lo hizo, y siguió a Draco. Dejaron el comedor y entraron al patio más cercano, allí, Potter se sentó en un banco, lo más lejos de Draco que pudo.

Esto...Draco realmente no necesitaba esto. Al final de un día que había pasado enteramente con Potter, tratando de ignorarlo lo más posible, para permanecer negando la realidad de esto,… esto era...realmente demasiado.

La clase de Encantamientos ya había sido lo suficientemente mala, había tenido que sentarse demasiado cerca de la Sangre sucia y la Comadreja, rodeado de Gryffindors y Hufflepuffs y ni una sola cara Slytherin a la vista, pero después de eso, sólo tuvieron clases que ya habían tomado antes de la maldición.

Pero, ahora, al final del día, él necesitaba relajarse y, tal vez, ir a estudiar a la biblioteca o pasar tiempo con sus compañeros de casa, jugando a los interminables juegos de política de los Slytherin, con los que él era tan bueno y disfrutaba tanto. Necesitaba la comodidad de su sala común y su dormitorio.

Como hijo único, siempre odió tener que compartir la habitación en el colegio con otros tres chicos, pero en este momento, daría cualquier cosa por ver las estúpidas caras de Goyle y de Crabbe, y escuchar el modo de hablar afectado de Zabini.

En lugar de eso, tuvo que caminar entre sus compañeros, con Potter detrás, ir a su habitación y recoger sus cosas para que los elfos domésticos pudieran llevarlas a sus nuevas habitaciones. Luego, tuvo que seguir a Potter dentro de la Torre Gryffindor para que él haga lo mismo.

Y ahora, aquí estaban, en habitaciones que normalmente se reservaban para profesores casados. Un dormitorio pequeño, que parecía abarrotado con dos camas en él. Una salita de estar, lo suficientemente grande para dos sofás y sillas, y dos escritorios. Un baño con bañera, sin compartirlo con otros estudiantes. Una pequeña área para guardar cosas.

Si hubiese estado solo, estaría bastante contento. Desafortunadamente, tenía un compañero de cuarto.

Tenía los más increíbles deseos, o mataba a Potter o rompía a llorar. Y no podía cumplir ninguno. Buscó refugio en los movimientos automáticos, puso sus cosas a un lado. No se molestó en hacer nada con las cosas que había traído de su dormitorio- eso sería admitir que, ahora esto era su hogar, y ciertamente, no quería hacer eso- Lo mejor era, simplemente poner a un lado su ropa y sus libros, tal como lo estaba haciendo Potter, mientras lo ignoraba, como había hecho todo el día; luego tomó las notas de Herbología que la Profesora Sprout le había dado, y empezó a ponerse al corriente. Se sentó a estudiar y sintió que Potter lo miraba.

-¿Qué?- preguntó.

- ¿Eso es todo¿ Sólo te instalas a estudiar?

- He perdido un mes de Herbología- dijo tajante- No quiero que mis calificaciones caigan. Tú deberías empezar con Aritmancia, no es una asignatura fácil.

- Tenemos la cena en una hora.

Draco se encogió de hombros y pasó la hoja.

- ¿Dónde nos sentaremos para cenar?

- No en el comedor.

- Nos perderemos los anuncios.

- No me importa.

- A mí sí.

- Bien por ti.

- Malfoy, yo quiero ir al comedor y andar entre la gente. Por mucho que aprecie tu silencio, no tengo intención de estar encerrado aquí, contigo, para siempre.

- ¿No es esta tu idea de una adecuada luna de miel, Potter? Lo siento mucho. Me aseguraré de que mi padre nos reserve un crucero por el Mediterráneo.- Pasó otra página.-Después de que me ponga al día con esta estúpida clase.

- Malfoy. Yo voy a ir a cenar al comedor, y me voy a sentar con mis amigos.

- Les diré a los elfos en qué cama deben ponerte, cuando te traigan, después de que te hayas desmayado.

Casi podía oir a Potter contando hasta diez. - ¿Por qué no nos sentamos en la mesa Gryffindor hoy y mañana en la de Slytherin?

- Porque mis compañeros de casa vomitarían si se tienen que sentar cerca tuyo mientras comen.

- Entonces podemos sentarnos otra vez en la mesa Gryffindor; nuestra constitución no es tan delicada.

- ¡Vete al carajo!

- Me encantaría, desafortunadamente está el pequeño problema del hechizo- Draco lo ignoró.- Malfoy- la voz de Potter estaba tomando un tono exasperado. Draco continuó ignorándolo.- Mírame cuando te hablo- Draco bostezó, y dió vuelta otra página. Esto era nuevo. Potter se lo había hecho varias veces en estos años; fingir indiferencia, rehusarse a ser molestado. Draco no lo había intentado antes, pero podía ver porqué Potter lo había hecho. Era bastante gratificante. Debería recordarlo.

-¡Malfoy!- Potter sonaba realmente enojado, y Draco sonrió para sí mismo, mientras mantenía los ojos, cuidadosamente, en sus notas de Herbología. Potter golpeó el escritorio con el puño, en frente de Draco, causando que saltara un poquito y lo mirara.

- ¿Tienes algún problema, Potter?- arrastró las palabras, disfrutando la cara colorada de Potter.

- ¡Deja de portarte como un tonto y háblame!

- No voy a sentarme en la mesa de los Gryffindor para cenar, y tú tampoco en la de Slytherin; sugiero que les pidamos a los elfos domésticos que nos traigan la cena. Creo que terminamos con este pequeño dilema doméstico.

Potter lo miró fijo un momento, luego cruzó la habitación a grandes trancos y se tiró en su cama.

- Hay alguien en la puerta- el guardián del retrato, Sir Xander, el Cazavampiros Alemán, les anunció, unas horas más tarde.

- ¿Quién?

- Hermione Granger y Ronald Weasley.

- Diles que entren… -Diles que se vayan a la… Dijeron ambos, simultáneamente.

- Esta es mi habitación, también- dijo Potter muy suavemente, y Draco pensó por un minuto, sopesando sus opciones. Estaba tentado en rehusarse, y ver qué pasaba. Pero Potter, maldita sea, tenía razón, no podían estar solos todo el tiempo. Y, aunque su primer impulso era decirle a Potter que si quería estar con sus amigos tenía que ir afuera, por desgracia, eso significaría que Draco debería salir, también. Y no tenía intenciones de ser visto en público con los pequeños amigos de Potter.

Y si él quería traer alguno de sus amigos aquí, necesitaba el permiso de Potter.

- Bien, tus amigos pueden entrar, pero sólo si los míos también pueden hacerlo.

Potter lo miró con extrañeza. – Por supuesto- dijo, como si fuera obvio. Draco asintió secamente.

- Harry¿dónde estuviste en la cena?- Granger dijo cuando ella y Weasley entraron. Draco no se molestó en saludarlos, se dedicó a sus notas.

- Aquí- dijo Potter.

- Ay, Harry...

Draco, con impaciencia, tomó su varita y colocó un hechizo de silencio alrededor de su escritorio, bloqueando el sonido de los despreciables amigotes de Potter, y se sumergió, otra vez, en Herbología.

Jueves, día 3

Dios, no. Harry pensó al otro día, cuando se despertó.

Esto no parecía ponerse mejor¿verdad?

Miró hacia la otra cama, donde Malfoy todavía dormía. Pareciendo más agradable que cuando estaba despierto, sin su sonrisita de desprecio ni su mueca de disgusto. Excepto que por los últimos dos días, no usó mucho ninguna de las dos expresiones. Hosco, parecía ser su elección de trato.

Dormido era mejor.

Harry lo miró, pensativo. Había pasado los últimos dos días lidiando con la realidad de la vida cotidiana, y deliberadamente no se había permitido pensar en lo que ello significaba. Todavía le parecía inconcebible que se esperara de ellos que vivieran juntos, menos como una pareja. Cada vez que sus pensamientos tomaban ese rumbo, se distraía recordando lo que les había dicho Pomfrey de que no todas las uniones eran como un matrimonio. Tal vez, el de ellos fuese de los pocos con suerte, que consistían en vivir juntos, por más desagradable que fuera la idea.. Compañeros de habitación por toda la vida. Ni siquiera eso, realmente, según Pomfrey, esa necesidad de estar cerca físicamente no sería para siempre. Algún día, todo esto podría ser un lejano recuerdo infeliz de un año en Hogwarts que se había arruinado por tener que pasarlo la mayor parte del tiempo con Malfoy, que ahora vivía del otro lado del mundo.

Correcto.

Harry pensó en los eventos del día anterior, mientras iba al baño y se cambiaba, - la horrible desorientación en Pociones, Snape pinchándolo, yendo a sentarse junto a Malfoy y, de repente, sintiéndose mejor. La vergüenza por todo eso, - y el pequeño sentimiento de reivindicación cuando vió que las notas de Malfoy no eran tan malas como las suyas, pero eran basura, de todos modos. Por lo menos, él no era el único afectado.

Extrañaba a Hermione y a Ron. El pensamiento de que ellos estaban levantándose y haciendo su rutina matinal sin él, que todos sus amigos estaban juntos en la Torre Gryffindor mientras él estaba clavado aquí con este pendejo, le resultaba casi insoportable.

Hermione y Ron habían estado la noche anterior y se habían quedado un rato, pero, eventualmente debieron regresar a sus dormitorios. Y él no pudo irse con ellos. Lo único que pudo hacer fue prepararse para dormir, con Malfoy a seis pies de distancia, mirando al cielo raso y preguntándose cómo iban a sobrevivir más que un par de días con esto.

Había una cosa que haría sí o sí, él iba a lograr que Malfoy estuviera de acuerdo en ir al comedor para las comidas. Iba a asegurarse de que pasen tiempo con otra gente. Tal vez el horario del día ayudara—Malfoy tomaría casi todas las clases de Harry por la tarde, tal vez se sienta solo sin sus amigotes Slytherin. Harry lo esperaba.

Malfoy giró, suspirando profundamente en su sueño, y Harry odió tener que despertarlo. Deseando poder dejarlo dormir, e irse al desayuno y a sus clases. Desafortunadamente, si Malfoy no se levantaba, los dos llegarían tarde.

- Malfoy.

Malfoy ni se movió.

- Malfoy- repitió Harry, apenas más alto. Malfoy ni se mosqueó. Harry se acercó a la cama de Malfoy, tocó su hombro. – Malfoy. Levántate.- Malfoy se despertó y miró a Harry. Luego cerró los ojos con fuerza.

- ¡Dios, tú otra vez!-murmuró, su voz todavía adormilada.

- Sí, yo, otra vez. Levántate.

- No.

-¿No?

-No. Vete.

Harry se alejó, disgustado. ¿Qué se supone que haga? No le gustaba la idea de comenzar el día con una pelea, acarreando a un hosco y difícil Malfoy al desayuno y a clases.

Correcto, entonces, no lo haría. Se recostó en su cama y tomó un libro.

Veinticinco minutos más tarde, Malfoy habló lacrimosamente. -¿Qué hora es?

-Ocho y veinte.

-¿Qué?- Malfoy se sentó- ¡Tenemos clases en diez minutos!

- Lo sé.

-¿Por qué demonios no me despertaste?

- Traté, tú no me dejaste.

-¿Y sólo me dejaste volver a dormir?- Malfoy se apuraba dejando la cama, agarrando sus ropas y su túnica del colegio.

- No soy tu reloj despertador.- Harry dijo suavemente, poniendose de pie, totalmente vestido y listo para irse. Había perdido el desayuno, lo que era obvio, pero valía la pena ver a Malfoy entrando en pánico ante el pensamiento de llegar tarde a la clase de McGonagall.

- Muy..- la voz de Malfoy un tanto ahogada, se sacaba su camiseta

-…divertido, Potter. Divertidísimo, de hecho…- rápidamente se deslizó en sus pantalones limpios - …deberías considerar entrar en el negocio de los gemelos Weasley…- se puso una camisa limpia y comenzó a abotonarla, dándose cuenta de que se había salteado uno, coménzó otra vez con un gruñido de frustración -…ya que no sirves para otra cosa.

Tiró sus libros dentro de su bolso, controlándolos, le faltaba uno…

- Si buscas tu texto de Defensa contra las Arte Oscuras…-dijo, y Malfoy lo miró aliviado-…entonces, me temo que no puedo ayudarte.

Interesante, pensó Harry, como esta cosa de sentir lo que el otro siente, funciona. Estaba sintiendo algo del enojo e incomodidad de Malfoy, en este momento, era real, pero estaba casi hundido bajo su propio placer de venganza. Después del papelón de ayer en Pociones, estaba tomando ventaja de la idea de Malfoy llegando tarde, acalorado, a la clase que dictaba la Jefa de su Casa. No significaba que McGonagall tuviera favoritos, como Snape, pero era una linda imagen, de todos modos.

Malfoy tomó un libro y se lo tiró, Harry apenas tuvo tiempo para esquivarlo antes de pase al lado de su cabeza y golpee la pared, haciendo un ruido fuerte. Harry miró a Malfoy, sorprendido.Él no tomaba las cosas en forma física cuando se enojaba, él era el rey del menosprecio malicioso y la burla sarcástica, pero cualquier clase de intimidación física se las dejaba a sus laderos Crabbe y Goyle, como si Malfoy no pudiera rebajarse con actividades tan mínimas. Pero, aquí estaba, furioso y tomando otro libro para lanzarle a Harry.

- ¡Malfoy, contrólate¡No tenemos tiempo para esto!

Malfoy tiró el libro igual, pero giró y se puso la túnica, buscando su corbata.

- Yo sé dónde está tu corbata- dijo Harry dulcemente. Malfoy ni se molestó en atenderlo - Hasta te la alcanzaría- Esperó un momentito -… Si, nos sentamos con mis amigos durante Defensa contra las Artes Oscuras...

Malfoy parecía con ganas de tirarle otro libro, pero asintió cortante, y Harry sonrió, tomó la corbata de Slytherin, que había caído bajo el escritorio de Malfoy.

- Vamos- murmuró Malfoy, y salieron corriendo hacia Transformaciones, Malfoy pasó rápidamente la mano por su cabello, y peleó con su corbata.

Debo recordar que estoy viviendo con un Slytherin, pensó Harry. No debía molestarse en jugar limpia y decentemente; la manipulación y el interés propio son las únicas cosas que ellos entienden.

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O.K!!!!

Después de haber pasado días con este larguísimo capítulo, necesito incentivos para seguir….

Les aseguro que la historia es genial, los capítulos que vienen son brillantes.

Este es Draco, tal como me lo imagino. Harry y él se complementan, y creo que ambos 'funcionan' como pareja. Anna Fugazzi logra eso con los dos personajes, hacerlos permanecer en la 'piel' de Harry y Draco, pero crecer en lo afectivo. ¡Me encanta su trabajo!

Un saludo…….Hasta el próximo!

D.L.