You gotta be the one

You gotta be the way

Your name is the only word

The only word that I can say

(Crown of Love, Arcade Fire)

V. Ginny.

Tus hermanos siempre dicen que vuestra madre tiene un sexto sentido. Ella te dijo una vez en confidencia que no se trataba de ningún tipo de intuición o amor del que vosotros tuvieseis idea porque aún no lo habíais experimentado. Dio gracias porque así fuera y recuerdas dos palabras exactamente: "especialmente tú." Sabías de lo que hablaba, pero no por eso has dejado de creer que sí existen cosas como el sexto sentido. O puede que sea la única forma que se te ocurre para definir el hecho de que a veces sabes cosas sin saber por qué, que presientes algo de tal forma que no tienes duda de que es absolutamente real.

Aún sostienes la mano de la chica, sin saber su nombre y te sientes horrible porque la has visto en los pasillos durante todos estos años y ella sí te ha llamado por tu nombre. Maldita sea, ya no conoces a nadie. Es entonces cuando lo sientes. Es el dolor más extraño que has experimentado en toda tu vida. Rápido, fugaz e infinitamente intenso. Y de las muchas maneras que existen para catalogar el dolor y que tú seas consciente de ellas, ninguna le haría justicia ni por aproximación. Es como si te clavasen cientos de agujas en el corazón y no sangrases. Solo se desinfla como un globo y lo notas cada vez más pequeño. Tienes miedo de que desaparezca.

Sin darte cuenta eres tú la que se está sujetando de la mano de la chica que no hace más que suplicar que quiere irse a casa.

La verdad es que de pronto te sientes tan sola que tú también quieres salir corriendo. Ni en tu primer año te sentiste tan desamparada. Estás llorando. Sabes que no es por Fred –porque Merlín sabe que si sobrevives tienes toda una vida para hacerlo,- ni por Tonks y Lupin. En tu vida has llorado así sin saber por qué.

'Harry Potter is dead.'

Cuando tenías apenas siete años creías en las almas gemelas. Estabas convencida de que la tuya era la de El Chico Que Vivió. Con dieciséis años es imposible creer en ello. Ya no quedan almas. Ni la tuya, ni la suya.

Todavía sientes la adrenalina y todo a tu alrededor son gritos, risas y abrazos. Tu hermano no suelta la Copa y tú no tienes intención de quitársela de las manos. Es de esas pocas veces que le ves tan feliz y seguro de sí mismo que disfrutas más de ello que de la victoria. Además, es extraño celebrarlo sin Harry. Ignoras la mayoría de las cosas que rodean a tu amigo porque has aprendido a convivir con los secretos que él y Ron y Hermione comparten. Ya no solo eres la hermana pequeña de Ron Weasley, pero tampoco eres una igual y lo mejor que has hecho en los últimos años es aceptarlo.

Mueves la cerveza de mantequilla entre tus dedos. Miras hacia el hueco del retrato de vez en cuando. Él sigue sin aparecer. No quieres resultar ansiosa o que alguien piense que Harry Potter te vuelve loca. Aunque lo haga.

Hace semanas que Harry ya no es solo tu amigo. De hecho hace más de lo que tú misma puedes adivinar e intuyes que siempre ha sido así. De un modo u otro siempre acabas enamorándote de Harry Potter. Tu padre suele cantar una canción que dice "te tengo debajo de la piel" cuando tu madre está cocinando, y ella ríe y tú piensas en lo cursi que son. Lo cierto es que tú tienes a Harry debajo de la piel. Mucho más que eso.

Hay un rugido de voces y alcanzas a ver una maraña de pelo azabache tan desordenado como siempre. Ron grita y levanta la Copa y él sonríe. No solo sonríe con la boca, sus ojos lo hacen y hay un destello de orgullo y excitación en su mirada. Sales corriendo hacia él, literalmente. Él te ve y sonríe aún más y sus mejillas chocan con sus gafas y las levantan de una forma casi imperceptible. Te dices a ti misma que es ahora o nunca. Casi te abalanzas sobre él, pero sólo alcanzas a rodearle el cuello con los brazos. De pronto, sin saber por qué y sin importarte las razones, te besa.

Harry Potter te está besando.

El mundo ha dejado de girar. Notas bajo tus pies que se ha parado en seco y es una suerte que él te esté sujetando por la cintura con manos sorprendentemente firmes pero tímidas. No es un beso perfecto. Es lo más tierno, inseguro y desconcertante que te ha pasado en toda tu vida. Pero el momento es perfecto. Notas el cosquilleo y no estás segura si es por la emoción o porque realmente estás temblando. La niña de siete años que vive en ti lo había imaginado así y la que tiene quince, piensa que es delicioso. Sonríes ligeramente porque aunque es el beso más casto que un chico que no es tu hermano te ha dado en la vida, sabe a zumo de calabaza y a tostadas con mermelada de frambuesa. Tú debes hacerlo a la maldita cerveza de mantequilla que acabas de tomar.

Los segundos más largos y deslumbrantes de tu vida acaban casi del mismo modo que han empezado. Apoyas la frente en su cuello y le hueles como si respirar dependiese de ello. Él te pellizca en la cintura y cuando le miras sus gafas están casi torcidas.

Y sus ojos son marrones. El mundo no solo ha dejado de girar. Se abren grietas y el fuego sale a través de ellas. Naranja, morado y abrasador. Te coge fuerte de la muñeca. Está dejando marcas en ella y tira de ti. Tira hacia abajo. Gritas con todas tus fuerzas pero no emites ni un sonido. Quieres soltarte y te tocas los labios con la mano que te queda libre. Los tienes congelados. No hay forma humana de llorar. Pero es imposible que estés otra vez allí, porque ya no tienes once años y Harry destruyó el diario. No puede volver a poseerte. Harry no lo permitiría.

Antes moriría.

Ya lo ha hecho y Tom tiene tu alma.

Chocas contra la pared y te dejas caer lentamente al suelo. Con los dedos aún sobre los labios y notas las lágrimas cayendo. Por unos segundos no sientes absolutamente nada. Es como cuando Tom te poseía, pero la diferencia es que ahora lo recuerdas todo y desearías no hacerlo. Primero Fred. Luego Lupin y Tonks. Ahora Harry. Si cierras los ojos tienes diez años otra vez y estás en la Cámara de los Secretos. Harry va a venir, Harry va a venir. No pensaste que entonces vendría pero ahora es diferente. Ahora él forma parte de ti, casi lo mismo que tú de él y esa es una razón suficiente para venir a salvarte.

Harry no puede estar muerto.

'NO!'

La voz de McGonagall activa algo dentro de ti y te levantas apoyándote en la pared. Luna te sujeta. Debe ser eso porque notas una mano cálida en tu espalda y tú no puedes decir nada. Solo piensas en él. Su nombre no hace más que repetirse en tu cabeza como si diciéndolo cientos de veces él fuese a aparecer.

Caminas por pura inercia. Aún no entiendes como tus pies y piernas responden. ¿Cómo es posible que te estés moviendo cuando no sientes nada? La única respuesta es que el cuerpo sí puede vivir sin alma, aunque tú no. No ha hecho falta que un Dementor te bese y presientes que queda poco para que te vuelvas realmente loca. Perder la cordura es cuestión de segundos.

Ya tienes un pie en el infierno.

Aunque primero te debe recibir el mismísimo demonio. No puedes vislumbrar la parte que conociste. El alma ya estaba corrupta entonces, pero no de un modo tan atroz y no es en absoluto como lo imaginaste. Más bien no se parece en nada al recuerdo que tenías de él. Si se hubiese mostrado así jamás habrías confiado en él. O tal vez sí, nunca lo sabrás.

Solo cuando le ves en los brazos de Hagrid, cuando tus ojos lo ven como una sombra que se deja caer en el suelo con el mayor de los cuidados, sientes una corriente de electricidad que envía una señal nerviosa a todas las partes de tu cuerpo. Justo en el preciso instante en que tu alma lo abandona definitivamente.

Las almas gemelas si existen. Y la tuya ya no tiene ningún motivo para seguir aquí cuando la suya está tan lejos.

'No!'

'No!'

'Harry, HARRY!'

Quieres correr hacia él pero Neville te coge por detrás y te abraza por la cintura. Te está frenando y tú quieres gritarle que Harry está dormido, que tienes que ir a despertarle. Porque Harry no puede haber muerto. No es justo que tú aceptases tu parte del acuerdo y que él no. Los dos debíais manteneros a salvo. Cuando le dejaste ir, todas las veces que lo has hecho en las últimas horas, creíste que estaba claro cuál era el pacto. Da igual que nunca te prometiese nada o que jamás hablaseis sobre ello porque no te apetecía que el único recuerdo que se llevase de ti durante Merlín sabe cuánto tiempo fuese el de una Ginny Weasley rendida, llorando y suplicando para que no la dejase atrás. Que no la abandonase porque de los muchos finales de la historia, éste era justo el que más le aterraba.

El último recuerdo que tuvo de ti fue un beso el día de su cumpleaños. No solo querías que él te recordase, querías tener algo a lo que aferrarte, mayor que la fe y la esperanza. Mayor que la certeza de que si alguien podía acabar con Quien Tú Sabes era Harry porque sabías que podía ocurrir justamente al revés. No es que fuese una mala idea, pero en aquel momento no se te ocurrió otra forma de hacerle saber lo que sentías. Estabas demasiado asustada para asumir cuál era la verdad, qué era lo que realmente debías haber dicho y no solo hecho. Pero siempre has sabido que Harry nunca ha sido bueno con las palabras y que no os hubiese servido a ninguno de los dos. Tal vez ninguno estaba preparado para ello y es posible que tú no fueses valiente para afrontarlo. O solo hiciste lo que deseabas hacer desde que te dejó en aquel soleado funeral. Besarle porque era la única forma de olvidar que estabais en tiempos de guerra, y que Harry era mucho más que cinco semanas llenas de besos y caricias en el lago o en cualquier armario de Hogwarts.

Harry era tu héroe en el sentido más amplio e indescriptible de la palabra.

Harry es el amor de tu vida. Aunque él ya no esté vivo. Porque lo que no le dijiste en tu cuarto era que le querías y toda tu vida ya no sirve de nada porque jamás podrá oirlo. Cuatro simples palabras que nunca oyó. Harry Potter, te quiero.

Lo cierto es que ya no se lo podrás decir. Ya no habrá besos, ni os tocareis por encima de la ropa, ni él jugará con los botones de tu camisa. Sabes lo que piensa todo el mundo, que tú puedes sobrevivir en un mundo sin Harry y que él sin ti no podría hacerlo y se encontraría perdido. Pero no es así. Tú no eres tan fuerte si ya no existe una razón para serlo y Harry era tu razón para serlo la mayor parte del tiempo. Nadie te puede pedir que lo seas cuando acabas de perder a tu hermano y al amor de tu vida. Y tampoco sientes que pertenezcas a nada ahora mismo.

Quieres estar muerta de una vez por todas.

'He beat you!"

Ves a tu hermano de espaldas, dado de la mano de Hermione. Ojalá Ron y tú volvieseis a ser demasiado pequeños para ir a Hogwarts y vuestra madre os contase leyendas sobre El Chico Que Vivió y tú soñases con él día y noche. Ojalá todo fuese como antes, incluso como cuando él no te tomaba en cuenta para nada. Entonces estaba vivo.

Luna coge tu mano y se la lleva al pecho. Percibes sus latidos, pero no los tuyos. Ha encontrado otra forma para hacerte sentir atada a este mundo del mismo modo que lo ha hecho durante todos estos meses. La has echado de menos. Luna no merecía haber pasado tanto tiempo encerrada en un desván. Es una suerte que ellos no pudiesen matar su espíritu.

Es una suerte que en tu camino se cruzase Neville Longbottom. Supones que les quieres lo mismo que Ron a Hermione y Harry. Para ti lo son. Y a pesar de que no puedes quitar la vista de encima de Harry, porque la realidad que no hace más que maltratar cada vez con sus palabras y mentiras sobre él se torna más horrenda si cabe. Tienes que parpadear por fin. No has llorado tanto desde que has visto la cara sonriente de Fred. Le has odiado por parecer feliz incluso estando muerto, como si te estuviese gastando una broma. Le has zarandeado y pedido que parase, que no tenía gracia, o que te reirías si así despertaba. No lo ha hecho. Y tampoco lo hará Harry.

Maldito sea por abandonarte.

Maldito sea Quien Tú Sabes por arrebatártelo y tratar a Neville como escoria cuando es más valiente de lo que será cualquiera de sus mortifagos.

Luna aprieta tu mano y tú respondes de igual modo cuando el Sombrero Seleccionador empieza a arder en la cabeza de vuestro mejor amigo. Son las llamas del infierno. Las conoces demasiado bien. Tomas aire y lo retienes. Sientes que te flojean las rodillas. Te sientes extraña y dolorosamente viva. Notas la sangre que corre por tus venas desde las puntas de tus pies a tu cabeza, el oxigeno que se filtra desde tus pulmones y los latidos de tu corazón de una forma demente. Te duele cada uno de los poros de tu piel.

Hay algunos milagros que si existen. Neville ha arrancado con la espada de Gryffindor la cabeza de Nagini. La espada. La única vez que la viste fue aquella vez que te rescató siendo unos niños. Hasta aquello ahora parece un juego. Tienes la tentación de cerrar los ojos ya que puede que cuando los abras todo esto sea otra de las pesadillas que tuviste prácticamente todas las noches durante tu primer año.

Sería fácil pensarlo si no fuese porque entonces no te dolió ni una ínfima parte de lo que lo hace ahora y tampoco lloraste hasta sentir que era lo único humano que harías antes de morir.

'HARRY! HARRY-WHERES HARRY?'

Crees que vas a vomitar. Giras la cabeza hacia todos los lados, buscándole con la mirada y te encuentras con algo que jamás pensaste presenciar. Ron y Hermione se están mirando como si fuese lo último que van a hacer en sus vidas, y hay tanta decisión y amor en el modo en que se hablan sin hacerlo que sabes que es tu hermano quien va a buscar a Harry. Ojalá te quede tiempo para decirle a Ron lo mucho que le quieres y le has extrañado.

Les ves tomar caminos separados y tiras de la mano de Luna. Os sigue Hermione. Es como en el Ministerio. Solo que ahora estáis las tres solas y todas sois presas para Bellatrix Lestrange. Es todo tan irreal y un amasijo de piedra y polvo que no sabes de donde ha salido la Maldición Asesina ha pasado rozándote y no te ha dado de puro milagro. Esta vez has sido tú la que se ha apartado, aunque una parte de ti no quería hacerlo. Oyes el grito ensordecedor de tu madre. En tu corta vida jamás la has visto tan furiosa. Sabes que tiene sus motivos. Habría preferido morir ella antes que Fred. No lo ha dicho pero lo sabes.

Así que cuando se pone frente a Bellatrix y actúa como escudo ante vosotras sientes el pánico ahogarte. Tienes una visión macabra sobre un momento parecido. Solo que no es tu madre, es Lily Potter y tampoco es una mortifaga. Es Quien Tú Sabes dispuesto a matar a una madre para asesinar a un niño. Si Harry no hubiese tenido apenas un año habría sentido algo parecido a lo que tú sientes ahora. Un hermano, el amor de tu vida y tu madre en un mismo día te acabará matando de verdad sin necesidad de ninguna Maldición Asesina. Hay gente que muere de pena y tú estás sufriendo una agonía en estos instantes.

Pero tu madre lucha, y tú quieres decirle que no se sacrifique por ti, que bien puedes estar muerta por dentro y ella no saberlo. Resulta que la mujer que te dio la vida y alimentó sin saberlo tu adoración por un niño que no conocías en absoluto, la misma que te trata como a una niña pequeña, acaba de matar a Bellatrix Lestrange. No crees que esté orgullosa de haber matado a nadie, pero tú la admiras igualmente. Es tu madre, una de las brujas más poderosas de los últimos tiempos.

Oyes el grito desgarrado y das un paso hacia atrás. Luna te sujeta del brazo y estás segura de que será el último contacto que sientas antes de morir. Si es cierto lo que te contó sobre aquel velo, pronto estarás con Harry y Fred.

'Protego!'

Te llevas una mano al corazón. Lo notas golpear la palma con violencia. Sientes el aire frío calentarse repentinamente y formar un remolino a tu alrededor y todos tus sentidos afloran como si fueses un recién nacido. Tu alma regresa a tu cuerpo. Sus ojos verdes y las gafas redondas.

Algo se apodera de ti. Las ganas de pegarle tan fuerte que le dolería durante años por engañaros a todos. Sobre todo, a ti.

Si no fuera porque le amas como una maldita loca, le matarías con tus propias manos.

Fin.