Cuando se montan en el coche, todavía ninguno de los dos sabe que decir. Julie se siente fuera de lugar, inestable y como si de repente hubiese crecido cinco años de golpe, hasta plantarse en los veinte. Es raro porque Landry está callado por primera vez en su vida y conduce en silencio, atento a la carretera iluminada por los faros del coche y la tenue luz de las farolas de Dillon. Se suponía que esta noche verían Eragon pero lo que Julie ha visto es algo que no puede comprarse por cinco pavos en la taquilla de un cine si tienes la suerte de llegar antes de que se agoten las entradas. Es como si la taquillera hubiese dicho "No, la sala está completa pero guardamos entradas para las chicas que salen por primera vez con los jugadores de fútbol, es una peli muy buena, para nada lo que esperas", porque a veces los jugadores de fútbol son algo más que tipos con un balón que tartamudean al hablar. Son tipos que rescatan a sus abuelas de los armarios y hacen de sus vidas algo mejor de lo que aparentemente son con una sonrisa, toda la paciencia del mundo y una canción que te lleva al país de los sueños. Son tipos a los que Julie Taylor, que ha vivido entre jugadores de fútbol desde que tiene uso de razón, nunca había visto antes.

- Ha sido muy dulce, piensa.

- ¿Cómo? - Landry la mira extrañado, un ojo en la carretera y otro en ella y es entonces cuando se da cuenta de que lo ha dicho en voz alta.

- Ha sido muy dulce - repite sin miedo - vulnerable - murmura.

A Landry le chispean esos ojos tan pequeñitos y sonríe. Es como si se le hubiese encendido una bombilla encima de la cabeza.

- Es curioso que digas eso - empieza. Y cuando Landry se pone a hablar es como un torrente imparable, como si no hubiese espacio en Tejas para toda esa verborrea. Así que habla de Matt, de cómo se conocieron en la guardería tardó cinco días en hablarme, ¿sabes?, claro que es posible yo tardase cinco días en callarme, mi madre siempre me dice que hablo mucho, del cohete que construyeron con siete años y como Matt se puso una caja de cartón en la cabeza y se proclamó en la luna, le cuenta que vomitó tres veces antes de hacer la prueba para el equipo y que en el sitio donde trabaja ha sido empleado del mes durante un año completo deberías ver la cara de pardillo que tiene en la foto, con ese gorro.

Julie no escucha ni la mitad de lo que dice. Algo sobre sombreros mejicanos que le quedaban gigantes, intolerancia al alcohol, dibujos regalados a una profesora de mates de la que estaba enamorado en sexto de primaria, muchas cosas. Ninguna deja demasiado bien a Matt Saracen, QB1. Todas hablan de la clase de persona que es Matt Saracen. Cuando el coche se para delante de su casa, Landry parece dar por finalizado su discurso, dice, es un gran tipo, claro que no cuenta que lo diga yo, yo soy su amigo, estoy algo así como obligado a decirlo pero... Julie no dice nada, se baja del coche, le despide a través de la ventanilla hasta mañana mientras Landry todavía balbucea algo que solo tiene sentido para él.

Cuando el motor arranca ella ya está delante de la puerta de casa. Todavía le tiemblan las llaves en la mano.

fin.