Lily Evans, sigo aquí, cap. 10

Mary Jane: lo sé, es cortito, pero prometo más cosas en la próxima, estoy un poco bloqueada así que ideas, ideas, ideas, please, mandadme sensaciones, paranoias tooooodo lo que queráis, cualquier cosa me puede servir. Espero que os guste.

27 de febrero

Solo se nos ocurre a nosotros coger la cogorza del siglo la noche antes de la reunión de La Orden. Ha sido horroroso, aunque en realidad creo que podré sacar algo positivo de esto. Lo único que me da rabia es que no soy tonta, no lo soy, ¿vale? De acuerdo, voy a explicarme.

Ayer, solucioné el malentendido con James, en cuanto volvió a casa le expliqué con tranquilidad y buenas palabras porqué había estado escribiendo en el diario sobre Snape. Al principio me miró con algo de reticencia, creo que no sabía exactamente qué debía decir. Nadie sabe qué hay que decir en momentos así, cuando te ves obligado a hacer cosas que no son por tu propio interés ni por el de los tuyos sino por un bien en el que crees más allá de todo lo práctico que hay en tu vida. Lo sé, me estoy poniendo filosófica-sentimental, pero es que tengo que recordar de algún modo porqué estamos en la situación en la que estamos. En clase, y después de lo que ocurrió con Lupin y su ex-novia, veo a espías por todas partes, veo a gente preocupada por su propia seguridad que no es capaz de ver más allá de sus narices. Aunque ya no viene mucha gente a clase, hay muchos que han preferido irse a sus casas o trasladarse al campo con sus familias antes de que esto se ponga peor. Y hay quien sé que no es el caso, sé que no tiene el suficiente valor moral para rechazar una oferta en el lado equivocado. Prefiero todos estos dolores de cabeza que arriesgarme a que mis hijos vivan en un lugar dónde se los juzga por lo que son y no por lo que hacen.

Por Dionisio, que la resaca me pone de lo más transcendental.

En fin, cuando James llegó a casa le conté porqué debía arriesgarme a acercarme a Severus, porque era la única capaz de leer entre líneas en todo lo que decía y en todo lo que escondía. Que debía hacerlo si Dumbledore creía que era lo más indicado y que, en definitiva, tampoco me parecía la más peligrosa de las misiones, aunque creo que eso era lo más estúpido que he dicho en siglos.

- ¿Recuerdas la última vez que te viste con él? –me preguntó. Pensé en el bar, en su radar para diarios, pero no era esa vez a la que James se refería- Volviste a la cama tiritando y llorando a moco tendido.

Y ahí estaba, esa mirada de James, la que pone cada vez que no confía en alguien, es como si fuera a gritar "¡expeliarmus!" en cualquier momento.

- ¿Qué tiene eso que ver con que…?

- No quiero que te hagas daño.- me interrumpió. Si hubiera sido menos sincero me hubiera sentado mejor, pero parece ser que se le ha pegado mi brusquedad a la hora de hablar.

- Tengo que hacerlo.

En ese momento supe que esa batalla era solo mía. Que no lo hacía porque Dumbledore me lo hubiera pedido o por ningún rollo moral que me tenga que auto imponer, hay algo ahí, relacionado con Snape que no sé porqué tengo que conseguir yo misma, lo sé, suena extraño, pero es como si todo lo que ocurriera a partir de entonces, a partir de ahora, de mi conversación con James, dependiera de si acepto este reto o no, de si me comprometo a arriesgarme todo lo que pueda.

- Eres toda una Gryffindor. – dijo James, interrumpiendo mi ola mental de epifanías. Sonrió y me pidió que fuéramos a cenar fuera, a la hamburguesería muggle de la esquina, obviamente le dije que sí.

Un segundo, tengo que abrir, es Peter, ha venido a por un par de cosas que se dejó el otro día en casa.

28 de febrero.

¿Porqué siempre que te escribo que ahora vuelvo, luego no vuelvo?

Ah, sí, la reunión, aún no sé si fue por la resaca, pero fue un desastre, o al menos esa es la sensación que me dio a mí. Todavía estaba dándole vueltas a mi conversación con James, que por cierto, a partir de hoy no sabrá dónde está mi diario, ni él ni nadie, ya me he ocupado yo de eso.

Cuando llegamos a dónde se había acordado la reunión, Peter y Lupin nos estaban esperando en el recibidor, no se había atrevido a entrar solo, aquello era como entrar en un sueño extraño, todo el mundo nos sonreía pero no conseguía reconocer más que a un par de personas. Vi a una chica que me sonaba una barbaridad, y me costó llegar a la conclusión de que era Alice, la chica con la que me encontré en el pasillo, aquella que llegaba tarde a clase y estuve a punto de emparejar con Lupin, pues más vale que lo olvide, está casada… Si es que tengo una mala suerte con estas cosas…

Estaban esta pareja, Alice y su marido, de los que no recuerdo el apellido, McGonagall, que llevaba un moño envidiable, Moody, Dumbledore, un hombre que se le parecía una barbaridad que resultó ser su hermano, Aberfoth (¿cómo puedo acordarme de un nombre tan singular y no acordarme del apellido de Alice?), los hermanos Prewett, los conozco de vista, y alguien más, aunque creo que no estaba todo el mundo, según dio a entender Dumbledore.

En fin, nos sentamos alrededor de una mesa, ni papeles, ni té ni nada, solo sentados todos alrededor de una mesa oval, y Dumbledore comenzó a pasar revista, a preguntar cómo funcionaba todo, saqué un par de cosas en claro importantes, algún punto de la ciudad por el que es mejor no pasar, e información sobre futuros ataques. En un momento dado, en el que yo estaba muy distraída con la charla y las explicaciones Dumbledore se giró hacia mí y dijo:

-¿Y usted, Señorita Evans? ¿Cómo avanza su investigación sobre Severus Snape? – Serio, concentrado en mí, con esos ojos claros y esas gafas brillantes.

Y todos se quedaron callados y yo no había preparado una palabra. No lo pensé, no me había parado a pensar que me preguntarían absolutamente nada, estaba en blanco, cansada, con los ojos irritados y la cabeza aún en una nube. No tenía ni idea de que me iban a someter a un interrogatorio… así que dije lo primero que me vino a la cabeza.

- Me lo encontré por casualidad provocada, - me paré, tenía que sonar más profesional- por mí, provocada por mí. – muy elocuente Lily, fantásticamente ridícula- Fui bastante discreta, pero me reconoció, - Dumbledore hizo una mueca de… ¿disgusto?- Me dio la sensación de que no estaba muy contento con su situación, hice como que no quería tener nada que ver con él, no me sirvió de mucho, creo que quiere hablar conmigo…

- ¿Insinúa que pretende reclutarla, señorita Evans? – Moody me interrumpió desde el otro lado de la mesa.

Yo negué con la cabeza.
- Eso ya lo intentó una vez, y no le sirvió de nada.

Se hizo un silencio sepulcral, vi como McGonagall asentía con la cabeza reforzando lo rotundo de lo que yo acababa de decir. Miré a James y a Sirius, ambos más serios de lo que los he visto en mucho tiempo, en cambio Lupin parecía preocupado con la mirada clavada en algún punto indeterminado de la mesa.

- ¿Y si le dices que te lo estás pensando?- dijo Peter al fin, James le miró como si fuera a saltarle al cuello en cualquier momento- A mí tampoco me hace ninguna gracia James, pero es mejor que perderle la pista, ¿no?

Lupin asintió sin parecer muy convencido, James me miró como preguntándome qué opinaba, y Sirius siguió exactamente igual de serio. Creo que Dumbledore sonrió justo en el instante en que volví a hablar.

-No creo que sea necesario, pero puedo tomármelo como una medida desesperada si quiere desentenderse de mí en otra ocasión o si no consigo sonsacarle nada.

- Ya le ha sonsacado lo suficiente Señorita Evans. – dijo Dumbledore, y sonó como un soplo de aire fresco- sabemos lo que hace, está reclutando jóvenes con talento, lo bueno es que ya los tenemos a todos aquí, lo malo es que ahora deberemos evitarle a toda costa. Excepto usted- hizo una pausa dramática, sonrió y me dijo sin más:- Lily, no le pierdas de vista.

Sí, lo has leído bien, Dumbledore me tutea, me tutea a mí, me habla como si fuera un igual, una bruja a su mismo nivel, me va a costar mucho corresponder ese trato.

Y para mi tranquilidad pasaron a otro tema del que, claro está, no puedo hablarte.

2 de marzo

He estado repasando todo lo que he escrito aquí, parezco una borracha adicta al café y emocionalmente inestable. Querido diario, mi vida no es normal, lo entiendo, pero no soy así, no me paso todos los fines de semana bebiendo, no lo hago, solo que… he tenido un par de noches bastante horrorosas y lo de tener piso propio propicia toda esta vorágine de tiempo muerto en el sofá.

3 de marzo

Hace días que no veo a Severus, he estado pasando algo de tiempo con Sirius, desde que le echaron de casa necesita un urgente toque femenino en el piso y he estado conjurando un par de mochos para que limpien solos. Sí, lo más útil que he hecho últimamente es conjurar bayetas y sacar el polvo de las estanterías. Oh, no, miento, he dado un par de viajes con James en la moto, de noche, claro. Tengo que hacer algo más para distraerme un poco.

4 de marzo

Hoy me he sentido un poco más útil. He quedado con Sinistra pero al final me he enviado una lechuza diciéndome que no podía venir. He ido igualmente al bar en que encontré a Snape la última vez con la idea de sentarme a escribirle una carta a Deidre, hace tiempo que no sé nada de ella y sé que si intento escribirle algo en clave para que solo ella pueda entenderlo lo hará. Pero Snape estaba allí. Apoyado contra la pared del café, como si me esperara. Al principio no sabía qué hacer, mi instinto me decía que saliera corriendo, pero mi misión es averiguar todo lo que pueda sobre él, aunque no sé porqué creo que sé mucho más de lo que parece.

Pasé por delante de él y ni se dio cuenta. ¡No se dio cuenta! ¿te lo puedes creer? Ni se enteró, no sé, creo que llamo lo suficiente la atención como para que se enterara de que paso a medio metro de él. Todavía no sé porqué pero aproveché el momento y sin pensar qué estaba haciendo me metí la mano en el bolsillo, cogí la varita y le petrifiqué con un disimulo digno de Mata Hari. Y se quedó ahí, mirando al infinito a metro y medio de mí. Debí de parecer una cría, mirándole con la cabeza ladeada y una ceja alzada, algo entre "ni te has enterado, eh" y "ay pobre… mira que es tonto".

Y ¿qué iba a hacer entonces? ¿Matarle? Se me antojó tirarle de las orejas, o estrellarle un pastel en la cara, hubiera sido divertido. Pero cruel. Pero, ¿qué estoy diciendo? Vete a saber a cuantos muggles habrá colaborado en matar este hombre. Maldita sea, creo que tengo un dilema moral importante. Tengo que dejar de hacer cosas tan impulsivas, tengo que dejar de ir por la vida petrificando mortífagos porque me apetezca.

El caso es que me metí en el café, pedí mi capuchino de rigor y me esperé a que se pasara el efecto del hechizo, desde un lugar en que podía verle. Casi ni me di cuenta de que se le había pasado, porque sonrió, asintió con la cabeza y entró con toda la naturalidad del mundo.

- Eso ha sido muy infantil por tu parte Lily. – dijo al sentarse.

Ni le miré, seguí leyendo mi ejemplar de "El retrato de Dorian Gray", eché un sorbo al capuchino y dije:

- Podría haber sido peor, y lo sabes.

Oh, no, mierda, había quedado con Lupin para ayudarle a practicar unos hechizos protectores, me marcho. ¡Zeus! ¡Concéntrate Lily! ¡No puedes ir así por la vida, y menos ahora!