¡Dedicado a Cerecita por su cumpleaños!


Entre sonrisas y verdades

Introducción

Sus ojos recorrieron las muchas imágenes y una creciente sensación invadió su pecho. Tenía dos opciones: reírse o indignarse. Bill eligió perturbarse a más no poder. Luego de unos minutos sin hacer o pensar en algo coherente, echó una ojeada al reloj electrónico que había en una de las mesitas de noche. Recién era medianoche y, según calculaba, todavía faltaban un par de horas antes de que los demás integrantes de la banda llegaran de su noche de regodeo. Tornando los ojos, sonrió para sí mismo, aceptando que mejor ni intentaba fijar una hora de llegada ya que eso podría variar infinitamente según las circunstancias.

Por un instante se había olvidado de las imágenes que había visto en una de las páginas hechas por fangirls de Tokio Hotel sobre su hermano y él; sin embargo, no duró mucho y de nuevo enfocó la vista en la pantalla de su laptop. Suspiró, llegando a determinar que hubiese preferido salir sin ánimos de hacerlo, a quedarse en su habitación de hotel para enterarse de semejantes… cosas.

A Bill Kaulitz le gustan las fiestas. Le agrada amanecer en un ambiente cargado de humo de cigarrillos, olor a alcohol y gente ebria. Le gusta hablar a gritos con Georg, quien intenta no tomar mucho pero siempre falla… incluso le gusta ver los progresos de su hermano con la chica escogida para pasar una noche movida y a Gustav besándose con cualquiera e intentando llegar a algo más. Pero cuando no está de humor, simplemente no lo está. Y ni miradas de ojos idénticos a los suyos en burla, con un implícito: "seguro que estás en esos días", ni palabras de intento de convencimiento, funcionan.

La noche había comenzado tranquila, aún después del infaltable cruce de palabras, a veces completamente fastidiosos, con su hermano.

El día anterior habían llegado a la ciudad y entre dar un par de entrevistas sobre el tour, lidiar con fans medio locas y haber dormido en el bus tantas semanas; habían terminado agotados y decididos a disfrutar de una buena noche de sueño. Sin embargo, al día siguiente no hubo excusa válida para no salir a conocer la vida nocturna, así que Tom, George y Gustav habían salido a festejar todo y nada en particular, dejándole solo.

Bill estuvo una larga hora disfrutando de un relajante baño caliente en la tina con hidromasaje, olvidándose por algunos minutos del stress de los conciertos, entrevistas, fama y convivir con otros tres adolescentes. Después se entretuvo unas horas mirando televisión, rehuyendo de cualquier canal de espectáculos y noticieros. Cuando se dio cuenta que había pasado repetidamente los trescientos canales sin que ninguno le llamase lo suficiente la atención, apagó la televisión, y recurrió a su último recurso de distracción: su laptop.

Siempre le había hecho gracia visitar los Sitios Web que hacían las fans sobre la banda, y cuando estaba realmente sin algo divertido para hacer, entraba a esas páginas. Le gustaba la popularidad, la entrega y, ocultamente, también le agradaba el saberse ganador entre las encuestas de qué integrante de Tokio Hotel encuentras más atractivo.

De vez en cuando, sin embargo, también visitaba páginas "Anti Tokio Hotel", e inclusive sitios donde únicamente se centraban en él y en acusarlo de afeminado y homosexual. Al principio le habían exaltado mucho, lo aceptaba, pero si algo había aprendido en todos esos años, era que no todos te podían amar; y ahora le traían sin mucho cuidado.

Esa clase de páginas colgadas en la red las conocía. Había muchas en alemán y todavía más en otros idiomas de los que no entendía ni una sola palabra. Pero ese día, Bill iba a descubrir otra clase de páginas dedicadas a Tokio Hotel y eso iba a tener consecuencias irremediables.

Twincest.

La palabra no le había dado buena vibra y menos con su nombre y el de su hermano involucrados. El inglés jamás había sido su fuerte, ni el francés, ni ninguna lengua que no fuera alemán, pero sus precarios conocimientos le hicieron descifrar a primera vista lo que significaba la palabra.

Arrastrado por la curiosidad y sin saber exactamente que iba a encontrarse, aunque sospechándolo, se las arregló para ubicar la sección de imágenes y comenzó a verlas. Una gran mayoría eran fotomontajes de fotografías que se había tomado con la banda, o solo con su hermano y que habían sido retocadas de tal forma que parecía que se tocaba más de lo mínimo necesario con su hermano; otras eran dibujos, algunos muy bien hechos, tenía que admitir, de situaciones sexuales, o tiernas; y de las que menos habían, pero igual existentes, eran fotografías sin una sola modificación donde cierta miradita o cierto roce con su hermano se evidenciaba notablemente.

Unos minutos después, Bill se sentía turbado como pocas veces en su vida.

Desde casi siempre había sabido que las personas fanáticas son capaces de todo y de imaginar cualquiera cosa. Lo había aceptado como un bonus al hecho de ser famoso, deseable para millones y etc., sin embargo ¿llegar a ese punto?… ¡Lo estaban juntando con su hermano, por el amor de Dios!

Sin saber como actuar, cerró de golpe su computadora. Un ligero malestar se instaló en la boca de su estómago y cerró los ojos, dejándose caer boca arriba a lo largo de su cama. Entre pensar en cómo reaccionaría Tom si se enterase, como George y Gustav alternarían entre asustarse o extrañarse y burlarse de ellos y recuerdos fugaces de imágenes especialmente perturbadoras, se quedó dormido.

Cuando despertó, casi una hora después, el malestar había desaparecido y la turbación había cedido un poco, pero no del todo. Sin decidirse a hacer algo, prendió un cigarrillo y se puso a contemplar la vista que había desde la habitación de hotel.

Twincest. Twincest. Twincest.