Epílogo

Bill estaba exhausto. El concierto había exigido que diera hasta la última gota de energía que tenía, y, por supuesto, lo había hecho con gusto. Había sido una presentación espectacular frente a miles de personas, pero nada evitaba que lo único que quisiera hacer en ese momento fuera ponerse en posición fetal en una cama con sábanas suaves, cerrar los ojos y dormir hasta que hubieran pasado unos días. O tal vez semanas. Sin embargo, no podía: la banda debía brindar otro show en tres días en otra ciudad y tenían que ponerse en camino de inmediato.

Al ver a Saki aproximándose, se subió la capucha y se puso sus lentes de sol. Agarró su bolso y siguió al guardaespaldas. Pronto, alcanzó Tom, Gustav y Georg, y salieron en grupo por un camino flanqueado por su escolta. Entre gritos de las fans que taladraban sus oídos se podían distinguir claramente frases en alemán básico como "Ich liebe dich" y otras en inglés y hasta en francés de las que no podía descifrar mucho. A mitad de camino y con un gesto imperceptible, se despidieron de Georg y Gustav y se encaminaron a su propio bus.

Desde el comienzo del tour, el management les había dado dos tourbus para mayor espacio, decisión que había sido recibida con muy buena cara por los cuatro chicos. Habían pasado meses desde que Tom y Bill le dieran un nuevo rumbo a su relación, y aunque Gustav y Georg habían estado con ellos desde el mismo inicio y poco a poco se habían ido acostumbrado a verlos dormir juntos y a hacer ciertos ruidos incriminatorios, la privacidad extra siempre era bienvenida.

Escuchando el ronronear del motor siendo prendido, Bill lanzó lejos su bolso y se sentó en su litera con un puchero.

—Estoy exhausto —se quejó. Tom le miró enarcando una ceja por un instante y retornó a arreglar su cama del desastre que habían hecho en la mañana—. Tomi, te dije que estoy exhausto —repitió. Esta vez no recibió ni un gesto de reconocimiento y bufó—. Consiénteme.

—Yo también estoy cansando —dijo Tom sin dejar de poner orden. Se detuvo unos cuantos segundos observando su teléfono e ignorando los lamentos de Bill, que aún mostraba un puchero que se hacía cada vez más pronunciado—. ¿Sabes qué me acabo de acordar viendo la fecha? Hoy es nuestro aniversario… Hace un año empezamos, o muy cerca porque no podemos fijar un día.

El puchero desapareció en un pestañeo y una sonrisa se mostró en los labios de Bill que se levantó y se aproximó Tom hasta quedar muy cerca.

Sus vidas transcurrían ajetreadamente y estaban concebidas de una manera en la que era imposible asimilar el paso de tiempo igual que el resto de personas. Pero un año era considerable y tenían toda la vida por delante, estaba seguro de eso. El cansancio en cada fibra de su cuerpo se desvaneció y empezó a besar a Tom con el alma puesta en eso, acariciando sus labios y lengua con los suyos, poniendo las manos en su nuca y sintiéndose más ligero. Más feliz.

No intercambiaron más palabras porque todo lo que podían decirse en ese momento era intranscendental. Siguieron besándose hasta quedar sin aire. Las manos de Tom se habían movido a la bragueta de Bill, bajándola y tocando la dureza cálida por encima.

—Quiero que tú… Ya sabes —dijo en un balbuceo contra el oído de Bill, causándole estremecimiento—. Arriba. O abajo, si quieres, pero quiero ser yo el que te reciba.

Lo habían hecho de ese modo, sí. La primera vez había sido un desastre monumental que había dejado a Bill sin ganas de volver a intentarlo nunca más. Las otras veces, más relajados, con más tranquilidad para disfrutarlo, había sido distinto. Satisfactorio para ambos. Pero funcionaban mejor de la otra forma. Bill no respondió al pedido y Tom apartó el rostro y jugueteó con su piercing, sonriendo de lado. Pícaro, atractivo, y Bill se derritió.

—¿Por qué, Tomi? Sabes que…

—Porque ahora yo quiero hacerlo bueno para ti. Tan bueno que veas jodidas estrellas —interrumpió con autosuficiencia, sin quitar su sonrisa. Viendo que Bill estaba por replicarle, añadió—: Sé que también puedo de la otra manera, no creas que no. Pero déjame.

—Está bien, está bien —cedió Bill, sabiendo que si Tom tenía la mente en algo, no podría hacerlo cambiar de parecer a menos que diera golpes bajos—. Yo también quiero que veas jodidas estrellas —advirtió, tomándole súbito cariño al pensamiento—, así que irás arriba, y abajo, y de costado.

—¿Es una amenaza?

Bill liberó una carcajada a la vez que encogía un hombro juguetonamente y Tom sintió esas mismas sensaciones de siempre… Tom sintió felicidad. Bill le hacía feliz, y esperaba que él también hiciera feliz a Bill; ambos se lo merecían. Jugando con su piercing nuevamente, sonrió de lado y se acercó a su hermano, empujándolo con suavidad de tal modo que quedase sentado en la litera más vecina.

—¿Planeas ser malo, Tomi? —cuestionó Bill en voz baja.

—Tal vez… —contestó, sugestivamente paseando los dedos por los muslos ajenos y provocando que Bill suspirara satisfecho. Tom bajó los pantalones de Bill acompañados de su ropa interior, y se acomodó de rodillas. No era tan fan de dar sexo oral como de recibirlo, pero en ciertas ocasiones era placentero ser el dueño de las reacciones y estremecimientos su hermano—. ¿Estás listo? —murmuró Tom en tono seductor, respirando el olor de sudor y la misma esencia tan agradable de Bill.

No recibió respuesta, y ni siquiera la recibió cuando lamió sin tapujos desde la rodilla de Bill hasta su cadera. Preocupado, alzó la cabeza y se encontró con un espectáculo que le enterneció el corazón así como se lo llenó de la más pura frustración: Bill había caído dormido en cuestión de segundos, profundamente dormido incluso, podía decirlo por su respirar acompasado y la fina línea de saliva que salía de su boca. Habían pasado escasos segundo sin hacer nada, sin embargo, lo entendía. Ambos estaban agotados y quizá Bill todavía más.

—Mira que quedar fresco con una erección así —murmuró sonriendo, antes de acomodar bien a Bill, quien hizo sonidos adormecidos—. Duerme, Billy… Sueña conmigo.

—Tomi… —Bill había abierto los ojos pero le miraba sin enfocarlos, y Tom hizo un "ssh, duerme". Le hizo caso al cabo de unos segundos y se abrazó a su talle. Estaban con ropa y a él le caería muy bien una ducha, pero se quedó ahí. Un año, tal vez un poco más, tal vez un poco menos, sin embargo, un largo año. Mirando a Bill dormir entre sus brazos, Tom dejó que la sonrisa boba que tenía en el alma brotara y se posara en sus labios.

Un año. Y sólo era el principio.

-fin-

NdA: En realidad no tengo manera de justificar el nunca haber concluido esta historia. Lo siento. =(

Hay hay una versión editada (no grandes cosas, básicamente un arreglo por encima de millones de faltas ortográficas y cosillas de redacción) en esta cuenta, solamente hay que hay que juntar los espacios en blanco h t t p : / / www . tokiohotelficcion . es / viewuser . php ? uid = 1546 También pueden encontrar otros fics~ ¡Besos!