Aquí tienen, como prometí, los detalles de un Potter. Será de la misma forma que Los detalles de una Evans, pero son historias paralelas.

Besos!

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Ver un partido de Quidditch nunca me ha atraído en demasía. Pero mi mejor amiga esta enamorada del estúpido Guardián, el imbécil amigo de Potter, Sirius Black. Y como mejor amiga que soy, cumplo órdenes y la acompaño a ver los partidos juntos con otros fervientes seguidores de Gryffindor.

Nos sentamos en primera fila, ella con una gran pancarta dónde pone " I want to be a Black" en letras rojas y doradas. Mi amiga es extremadamente lista e inteligente pero cuando se trata de Sirius enloquece y se vuelve una demente. Yo llevo mi bufanda y mi gorro de Gryffindor, no por apoyar los colores de Gryffindor, que también, sino porque me estoy helando de frío.

El silbato anuncia el inicio del partido y Alice esta ahogándose de tanto gritar lo bien que le sienta el uniforme a Black. Es cierto, le sienta de maravilla. A él y a su estúpido amigo. Al estúpido de Potter. Al estúpido de James Potter parecen habérselo hecho a medida.

Me fijo en él. No es la primera vez que lo haga. Siempre lleva ese aire de arrogante que no soporto. Siempre esta desordenándose el pelo. Siempre sonríe de medio lado. Siempre está guiñándole el ojo a alguna niñita. A cualquiera. A todas. Incluso a mi. Pero todo es un juego. Un juego de conquistadores dónde él lleva la voz de mando y yo sólo puedo negarme a jugar.

Pero esta vez no se ve así. No está alardeando, no está mirando ninguna chica, no está revolviéndose el pelo, no está haciendo nada de lo que siempre hace. Esta serio, callado, concentrado. Es uno de los cazadores y ahora sólo mira a sus compañeros esperando la Quaffle.

Se la pasan, pero un golpeador la desvía sin querer y está a punto de estallarse en mi palco, en mi asiento, en mi cara. La ha cogido a pocos centímetros de mi. No se ha girado a piropearme, no ha dicho "me debes una pelirroja", no ha hecho nada. A seguido adelante, con velocidad y anotado un gol que le ha valido diez puntos a Gryffndor.

Me ha rozado con la capa del uniforma en la cara y me ha dejado el olor de su cuerpo, mezclado con el aire y con la multitud, gravado en la memoria. Sudor limpio pero masculino, palo de escoba y cerveza de mantequilla.

Y aunque no pienso reconocerlo me muero de ganas de sentir su olor de nuevo, aunque sea sólo una vez.