Para musguita por Navidad. Porque este Basaltar no es que tenga mucha mirra ni sea muy bueno haciendo regalos, pero espera que te haga aunque sea un poco de ilusión.


Mucho ruido y pocas nueces
(o la boda más larga del mundo)

De pequeña, Lily siempre imaginó su pedida de mano como uno de los días más importantes de su vida. Romántica como era (y sigue siendo, admite de vez en cuando con ojos soñadores sólo si Remus la pincha mucho), casi podía ver a su prometido arrodillado a sus pies con un enorme anillo, de diamantes o no, eso qué más daba, y pose de caballero, preguntándole aquello de "¿quieres casarte conmigo, Lily Evans?" con una enorme sonrisa.

Con el paso del tiempo la niña pelirroja de grandes ojos acuosos y verdes desapareció para dejar paso a la maga adolescente con mirada ávida y pelo igual de rojo, pero lo que nunca desaparecieron fueron los sueños. Se quedaron siempre ahí durante los primeros seis años en el castillo, en segundo plano, justo después de 'Sacar un Extraordinario en pociones' y un poco antes de 'Conseguir que el engreído de Black se corte el pelo' (pero tampoco mucho antes). Las primaveras en Hogwarts pasaban siempre igual, con todas las chicas saltando de novio en novio y desabrochándose los dos primeros botones de las camisas mientras ella se encerraba en el santuario de la biblioteca, donde nadie se percataba de si se había peinado más de lo habitual o llevaba ropa diferente.

Hasta que llegó James Potter. Ese Potter, alérgico a la biblioteca como pocos, al que no le importaba seguirla hasta allí si hacía falta; ese Potter, que decía cosas como "¿qué te has hecho en el pelo?" frunciendo el ceño, o "qué camisa más horrorosa llevas. No, pelirroja, no intentes esconderlo: te la ha regalado Quejicus"; ese Potter, que estaba ahí en primavera, pero también estaba en invierno y otoño y, de vez en cuando, le enviaba cartas en verano. El mismo Potter que tardó seis años y medio en empezar a ser James, pero que cuando lo hizo (cuando pasó por fin y empezaron a salir juntos), hizo que Lily se olvidara de conseguir que Sirius se cortara el pelo en un abrir y cerrar de ojos.

- Así que estás enfadada porque James no te ha pedido todavía que te cases con él.

- Shhh, que te van a oír. – Lily mira la sala desde todos los ángulos, cerciorándose de que no haya nadie. - Haces que suene como algo malo, Alice.

- Estamos en medio de una guerra.

- ¡En Hogwarts me lo pedía a todas horas! Cinco veces al día seis días a la semana, Alice, puedes creértelo. Hasta por vociferador. Hubo una vez que sobornó a un alumno de primer curso con caramelos explosivos para que me lo cantara.

- No me puedo creer que contaras las veces que…

- Y ahora nada. Cero. Desde que salimos ni siquiera lo ha insinuado, es como una broma de mal gusto. – No es que Lily sea una de esas chicas frívolas que sólo se preocupan por ellas mismas. Lily está muy lejos de la frivolidad, siempre preocupándose por los demás (puede que alguna vez haya leído Corazón de bruja, pero no es nada, nada frívola), y lleva meses luchando contra Voldemort y esos mortífagos del demonio, pero… - ¿Y si no quiere casarse conmigo, Alice?

¿Y si, después de volver su mundo del revés y haber escrito el nombre de James Potter allí donde nunca jamás podría ser borrado, todos aquellos "cásate conmigo, Evans" no eran más que palabrería?

- ¿Te estás riendo? – No es que se estuviera riendo discretamente, es que casi se estaba ahogando, la amiga buena para nada de Alice Longbottom. - ¿De qué te estás riendo?

- Pues de ti, Evans, de qué más se va a estar riendo.

Sirius y su costumbre de llamarla por su apellido. Aunque, si tiene que ser sincera, casi prefiere eso a uno de sus estúpidos nombres que suele inventarse.

- ¿De verdad crees que Cornamenta no quiere casarse contigo, zanahoria? – Oh, ahí está. – Tu mote durante cuarto curso fue Lily Potter, y en quinto te llamaba la madre de mis futuros quince hijos. Casi se ahogaba cuando usaba frases complejas.- Alice ríe ahora más fuerte- A ese imbécil le brillan los jodidos ojos cada vez que te mira, parece que está sacado de esas novelas de tíos en mallas que lee Peter.

Peter, que está apoyado en el marco de la puerta, suspira, acostumbrado a las salidas de tono de sus amigos.

- Y tú no sabes si quiere casarse contigo. – añade Sirius con mofa, dejándose caer en una silla y estirando los pies sobre la mesa.

Lily pestañea una vez, dos, tres, y como sigue sin saber qué contestar, pregunta

- ¿Me poníais motes?

Pero, en realidad, ambos saben que no engaña a nadie.

Alice sigue riéndose un rato más (una chica muy risueña, esa Alice. La profesora de adivinación siempre le dijo que sus hijos serían felices por ello), boqueando de vez en cuando por la falta de aire, y no deja de hacerlo hasta un buen rato después, cuando Emmeline llega muy pálida, haciendo a un lado a Peter de un empujón seco para abrirse paso hasta ellos.

- Están llegando. – dice. – Los mortífagos están llegando.

En menos de cinco minutos todos los miembros de la Orden están ahí.

- ¿Cómo han encontrado el cuartel si está protegido con el hechizo Fidelio? - pregunta Minerva al aire.

- Tiene que haber un traidor. – cuando Marlene habla, todos los demás callan. - Venga, no me miréis así, no es la primera vez que barajamos esta opción y no podéis neg-

- No.

- James tiene razón, señorita McKinnon, éste no es el mejor momento para hablar de ello. – Dumbledore pone una mano en el hombro de Minerva y otra en el de Lily, a la que guiña un ojo con gesto jovial, como si no estuviera pasando nada y, en breve, no fueran a entrar más de cincuenta hombres con máscaras de plata en la casa en la que están. Aún así, ella le sonríe un poco. – Ahora tenemos que defender el cuartel, y lo que es más importante, defendernos los unos a los otros.

- Nos superan en número, Albus.

- Hemos salido de situaciones peores, profesora. – Las cicatrices de Remus brillan bajo el foco de luz incandescente como si las iluminara la luna llena, y McGonagall no parece creérselo del todo, eso de que todo va a salir bien, pero se relaja. Es por ese extraño bálsamo que tiene la voz de Remus, piensa Lily, que siempre hace que uno baje la guardia. O lo mismo es porque la ha llamado profesora ocho meses después de que hayan dejado Hogwarts.

Entonces se oye una explosión, y los trozos de madera que quedan de lo que no hace mucho era la puerta principal llegan hasta los pies de Lily, que aprieta más fuerte la mano de James casi por instinto.

Todo se vuelve confuso a partir de ese momento. Hay haces de luz que van de un lado a otro de la habitación y se estrellan contra las paredes, y la mano de James desaparece. Se oyen gritos, maldiciones, gemidos, y fragmentos del mobiliario no dejan de volar. Lily se refugia tras el mismo sofá donde Sirius solía ponerse de pie para celebrar la victoria de su equipo de quidditch ("¡chúpate esa, cuatro ojos, he vuelto a ganar!") para que uno de los enmascarados no le acierte con un avada kedavra, y desde ahí le da de lleno en el pecho con un confundus, dejándole fuera de juego.

- ¡James! ¡JAMES!

- ¡Aquí!

Lily tiene que sortear cuatro cuerpos que prefiere no mirar, dos rayos de luz roja y uno verde antes de llegar a las escaleras, donde está James.

- ¿Recuerdas el plan de emergencia que ensayamos, verdad? – él asiente y coge con dedos temblorosos pero seguros el florero que ella le da. – Bien. Seré yo la que convoque el hechizo para confundir a los mortífagos, y cuando lo haga- ambos se agachan para esquivar una maldición- quiero que tú des la señal para que todos los demás vengan hasta aquí y toquen el traslador. Creo que lleva directamente a casa de Alice, no estoy muy segura, pero cualquier sitio es mejor que éste.

Tres escalones por encima de donde ellos están hablando, Dumbledore se enfrenta a cinco mortífagos a la vez.

- ¿Me has entendido?

- Nunca dejarás de ser la prefecta perfecta de Lily. – James la coge por la cintura y la levanta en el aire para poder bajar hasta abajo del todo y parapetarse tras una estantería- Un poco más mayor y Merlín sabe que con muchas más curvas, pero siempre igual de mandona. Cásate conmigo.

"¿Qué?"

"¿Estás completamente MAJARA?"

"Nuestra vida está en peligro, estamos en medio de una endemoniada guerra y tú…"

"Tú, James Potter, no estás bien de la cabeza y nadie en su sano juicio…"

- Sí. – responde en vez de todo eso. – Claro que sí.

Y luego susurra "Nox" y la casa se queda a oscuras, haciendo imposible que las peleas continúen. Después James lanza chispas rojas con la punta de su varita (la señal), y todos los miembros de la Orden se apresuran a llegar hasta donde están ellos para tocar el florero color amarillo con grandes puntos morados ("feo de cojones, Evans, tendría que ser ilegal que elijas los trasladores" / "Cállate, Canuto") y en menos de cinco segundos todos están en casa de los Longbottom.

La pedida de mano de Lily no se parece en nada a la que siempre ha tenido en mente, llena de escombros, en medio de una guerra y sin anillo de ninguna clase (el prometido cubierto de polvo y con las gafas torcidas, en su cara una enorme sonrisa). Y ella todavía no lo sabe, pero el día de su boca tampoco será lo que esperaba: lloverá a cántaros y se le ensuciará el bajo del vestido blanco un poco demasiado grande, la guerra no habrá terminado (¿terminará la guerra algún día?) y las canciones que tocará la banda serán realmente malas.

Pero nada de eso importará, como no importa ahora que su prometido no tenga pose de caballero, porque Lily se estará casando con ese James Potter y seguro que Sirius, Remus y Peter tendrán algo escandalosamente vergonzoso preparado para el momento en el que el cura pregunte si alguien se opone a su unión. Sirius (con el pelo algo más corto, pero no mucho) tronará un "ese es mi chico" cuando se besen, Remus sonreirá condescendientemente cuando le pregunten que qué le parece la orquesta y todo estará bien.

La pequeña y romántica Lily no lo sabía por aquel entonces, pero desde que conoció al brabucón de James Potter y sus amigos, su vida es una boda continua.

(De las buenas, de ésas en las que al final acaba todo el mundo borracho)


Feliz año nuevo a todos, y una aún más feliz Navidad, aunque ya casi se haya terminado. Soy consciente de lo que he tardado en subir este nuevo drabble y de que habrá mucha gente que, cansada de mi inconstancia en el trabajo, ya no nos acompañe en este largo camino, pero igualmente, me gustaría daros las gracias a todos. A los que han esperado pacientemente y a los que no, a aquella gente que se ha acordado de mi madre cada vez que abría fanfiction y veía que "Hey Lily" no estaba actualizada y para todos aquellos que nunca perdieron la fe.

Gracias en general por estar ahí, o por haber estado. Ya sólo nos queda un paso para llegar al final; espero no defraudaros cuando lo deis conmigo.

Earwen Neruda