Disclaimer: Este fic no es mío sino que es una traducción de uno que leí hace poco en inglés: "The Secrète Flower" escrito por Y.Lily. A mí me gustó mucho su fic por lo que le pedí permiso para traducirlo al español y sólo espero que a vosotros también os guste.

Capítulo 1 El Secreto de la Chica Crujido

Sentada con las piernas cruzadas sobre una cama con dosel, una chica de unos quince años escudriñaba intensamente las instrucciones de un producto de tinte de pelo. Era la primera vez que experimentaba con productos muggle pero, curiosamente, no se concentraba en seguir las instrucciones para teñirse el pelo sino que sus ojos buscaban sin descanso algún modo de cometer un error.

Frunciendo el entrecejo, se dio cuenta de lo molesto y frustrante que este proceso podía llegar a ser:

1. Mezclar el contenido del tinte en la botella etiquetada #1.

2. Esparcir el tinte de pelo con igualdad por todo el pelo, incluyendo el cuero cabelludo.

3. Usando guantes, masajear el pelo hasta que quede completamente cubierto.

4. Lavar el pelo antes de que pasen treinta minutos.

Con determinado descuido, Lily desgarró los sobres multicolores y vertió su contenido en la botella etiquetada #1. Después de agitar la botella enérgicamente durante varios segundos, sacó el tinte y lo repartió de forma descuidada sobre su melena pelirroja, la cual ya había sido teñida con anterioridad.

Canturreaba mientras masageaba el tinte en su pelo y, con su varita, aceleró el proceso. El podrido color negro cubrió enseguida su sedosa cabellera pelirroja. Luego dejó que el tinte reposara durante más de treinta minutos- otro de sus errores intencionados.

Corriendo un dedo por su ahora seco y encrespado cabello, los efectos secundarios del tinte semi permanente, se giró hacia el espejo para inspeccionar cuidadosamente su pelo. El resultado era satisfactorio. Sus labios dibujaron una sonrisa torcida mientras se tocaba los puntos verdes que el tinte había dejado, uno de los resultados de dejarse el tinte más de lo recomendado.

El color era más oscuro que marrón, con asomos de verde carbón. Serviría para cumplir su objetivo de alejar parte de la atención no deseada que recibía cuando su pelo era rojo. Pero faltaba algo; su trabajo aún no había terminado.

Mordiéndose el labio inferior, cogió una pinza y se recogió el pelo en un apretado moño. Luego, rebuscó en un armario hasta que encontró el estuche de sus lentillas. Sacó dos lentes negras de la caja y se colocó cada una en un ojo con infinito cuidado. Sería más efectivo usar magia para cambiar el color de sus ojos pero aún no había encontrado la manera de mantener el nuevo color durante un largo periodo de tiempo.

Parpadeando un poco, se volvió a girar hacia el espejo y contempló la nueva persona en la que se había convertido. Los ojos negros y pelo oscuro ocultaban su verdadera identidad y características, ojos esmeralda y cabello pelirrojo, que tuvo una vez.

Ocultarse era el primer paso; el siguiente paso sería disminuir su belleza.

- Ruinatio, - murmuró la joven. Era un conjuro que su madre había inventado para ella y que cumplía un terrible propósito. En unos instantes, toda su cara se cubrió de espinillas, cicatrices, granos y otras desfiguraciones. Era un conjuro espantoso pero debía usarlo.

Sus viejas y gastadas gafas rotas de segundo curso estaban aisladas debajo de su cama. Daba vergüenza de sólo mirarlas. Sus amigas de segundo curso se burlaban de ella en el colegio. Pero ahora no importaba. Ya no tenía amigos en Hogwarts.

Agachándose debajo de la cama, recuperó aquellas viejas gafas con las patillas torcidas y montura a rayas y se las colocó de mala gana, temerosa de ver su reflejo de nuevo. Respiró profundamente al ver su aterradora imagen. Su nuevo tinte muggle, ya seco, hacía un terrorífico milagro en su disfraz ya que ni siquiera ella se reconocía a sí misma. Sin embargo, detrás de esta máscara, estaría a salvo para siempre.

El camisón de noche que llevaba contrastaba muy mal con el pelo oscuro y las desfiguraciones que acababa de conseguir. Estaba diseñado y hecho específicamente para su cabello pelirrojo y sus ojos verdes. El camisón era exquisito, hecho de seda y suave terciopelo. Había pertenecido a su abuela cuando era joven pero, después del incidente, lo había heredado su madre y, finalmente, ella. Aunque fuese una herencia familiar... era una carga y un recuerdo constante de un vicio. Lily interrumpió sus pensamientos; no quería pensar en su abuela.

El camisón caía suavemente por sus piernas, cubriendo gran parte de sus rodillas. Lily puso una mueca de asco al inspeccionar sus rodillas. Según su madre, las rodillas eran las cosas más desagradables del mundo y las palabras de su madre significaban mucho para Lily por lo que odiaría para siempre las rodillas.

En realidad, la imagen de Lily era pequeña. Sus brazos y piernas eran todo menos grandes o anchas. Eran delgadas y sin defecto alguno, al igual que su estrecha cintura. No era más alta de 5 pies y 5 pulgadas. Estaba en su quinto curso y era Prefecta de Hogwarts, un título muy honorable en su opinión.

Lily se desvistió y se puso una camiseta grande y pantalones anchos. Se cubrió con la túnica de Hogwarts y clavó cuidadosamente su placa de Prefecta en el pecho de la túnica. Llevándose su mochila, salió corriendo de la habitación de las chicas. A medio camino por las escaleras ya oía las voces de los demás alumnos de Gryffindor reunidos en la sala común. Sin embargo, ella sólo buscaba una voz, una voz masculina que conseguía que su sangre hirviera.

Ahí está. La encontré. Se colocóbien la placa de Prefecta.

Sirius Black. James Potter. Nunca se traían nada bueno entre manos y se enorgullecía de ser la única que todavía intentaba pillarles infraganti. Los demás prefectos se habían rendido hacía mucho tiempo.

- Espero no volver a pillaros gastándole otra broma a alguien.- les regañó mientras andaba con cuidado hacia ellos. James y Sirius se giraron sorprendidos, pero sonrieron con satisfacción al ver quien era.

- ¿Qué te hace pensar que eso es lo que estamos haciendo?- le preguntó James inocentemente, mostrando sus impecables dientes tan blancos como perlas.

Ella le ignoró.

- Si alguien sale herido, mordido, quemado o castrado, - los chicos pusieron caras de dolor al oír esto,- me encargaré personalmente de vuestra decapitación y expulsión del colegio.

Y fulminándoles con una de sus mejores miradas, se giró y se alejó de allí. Tal vez no debería haber hecho eso, después de todo... había una razón por la que los demás prefectos no se metían con ellos. Pero no podía pasar nada en una sala llena de estudiantes ¿verdad?

Mentira.

De repente, Lily oyó como Sirius estallaba en carcajadas. Se giró rápidamente. James se agarraba la tripa, también riéndose con ganas.

- ¡Muy bueno James! ¡Siempre había querido ver un sapo verrugoso de nariz roja!- exclamó Sirius entre risas, y aplaudiendo- ¡Deberíamos hacérselo a todos los prefectos!

James no podía contestar. El comentario de su mejor amigo sólo había conseguido que se riese con aún más fuerza y ya estaba casi tendido sobre el suelo.

Lily salió corriendo por las escaleras hasta llegar a su cuarto y abrir de un tirón el armario del espejo.

Gritó. ¡Su cara estaba cubierta de verrugas! ¡Y su nariz estaba creciendo de forma disparatada y volviéndose roja! Murmuró rápidamente el contra hechizo, alegrándose cuando su nariz recuperó su tamaño original. Las verrugas desaparecieron también, cada una explotando en un brillante arco iris.

Odiaba a James y al resto de los Merodeadores por sus estúpidas travesuras y bromas infantiles. También eran especialmente agresivos hacia ella por su condición de Prefecta y el hecho de que aún estaba en guerra con ellos.

Gruñendo por lo bajo, abandonó la habitación a regañadientes, agarrando firmemente la varita por si acaso había hechizos en las escaleras.

Afortunadamente, la sala común estaba vacía. Suspirando aliviada, salió por la puerta.

En el Gran Comedor, se sentó en una mesa aislada en un rincón. Podía oír los irritantes grititos de las fans sentadas en la mesa de al lado. También reconocía las voces de James, Sirius, Remus y Peter, tonteando y hablando con las chicas sentadas a su lado.

Lily observó a Peter y frunció el ceño. Aún se preguntaba cómo Peter se había convertido en un Merodeador.

Sus ojos se posaron en Remus y se sonrío a sí misma. Pensaba que él era el único dulce y sensible del grupo, y además era apuesto. Remus tenía el pelo rubio claro que le caía de forma natural y ordenada sobre la frente a ambos lados de la cabeza. Tenía una cara apuesta pero sus misteriosos ojos azules oscuros siempre estaban perdidos en la distancia.

Los ojos de Lily se giraron esta vez hacia Sirius y volvió a fruncir el entrecejo. Odiaba el hecho de que el pelo de Sirius fuese largo, suave y oscuro y que sus ojos grises estuviesen repletos de risa y travesuras. Por este aspecto tan suave y dulce, todas las chicas del colegio caían rendidas a sus pies de sólo mirarle. Su sonrisa podía derretir el corazón de cualquier chica y sus bromas harían reír a cualquiera.

Sin querer, sus ojos se volvieron hacia James y sintió como sus orejas se ponían rojas. La verdad es que no había nada interesante que decir sobre él. Nada. Que más daba que fuese el líder no oficial de un grupo enrevesado de bromistas, conocido como los "Merodeadores."

Y también era una crisis que James Potter hubiese sido dotado con unos ojos almendrados vivos e intensos, y que tuviese carisma, encanto y una elegancia de la cual ningún chico se podría librar. Si esto fuese poco y como si todas estas características no fueran suficiente, la naturaleza le había otorgada una cara gloriosamente magnífica; unas largas y oscuras pestañas que enmarcaban sus ojos traviesos, hoyuelos, y una sonrisa que conseguía que siempre se saliera con la suya.

No era correcto ni justo. Desgraciadamente, Lily era la única que opinaba esto entre las miles de chicas que estudiaban en Hogwarts.

Lily se giró de nuevo y miró su comida. Había perdido el apetito. Como último recurso, se enfrascó en un gran libro que había traído consigo y decidió pasar así los últimos treinta minutos de la hora de la comida. Sin embargo, sólo unos minutos después... sintió algo sorprendentemente frío y húmedo cayendo por su pelo.

Lily gritó mientras el zumo de calabaza goteaba lentamente por su túnica y sus libros. Sin pensar, Lily pegó un salto y se chocó contra la persona que le había hecho aquello. Acabó por empujar al delincuente al suelo. Lily observó sorprendida a Sirius Black, tirado en el suelo y con una mano en el pecho, en el lugar donde Lily había impactado contra él.

Sirius sólo pudo toser. Con movimientos de arpía, su novia tomó la oportunidad para rodear su cuello con sus brazos y masagear el punto donde Lily le había golpeado.

Aprovechando la oportunidad para impresionar a su Merodeador, la chica lanzó una mirada asesina a Lily y escupió:

- Si te vuelvo a pillar pegando a mi amor en otra ocasión, desearas no estar viva. ¡Espera!- añadió con una risotada- ¡Se me olvidaba que no tienes vida!

Lily la miró fijamente mientras su pelo goteaba con el color anaranjado del zumo de calabaza y luego cerró con fuerza los ojos y huyó de allí. Mientras corría, podía oír las risas y el intercambio de comentarios sarcásticos. Las risas permanecieron en sus oídos mientras corría lo más lejos posible del Gran Comedor...