Capítulo 74.

¿Y si todo aquello en lo que creyeras, se desmoronara ante tus ojos en un par de segundos? ¿Seguirías manteniendo la fe?

Karl Heinz Schneider abrió los ojos, experimentando la sensación espantosa de que ése sería el último día de su vida.

No había nada que le confirmara que esto sería cierto; la noche previa, se había acostado a dormir tras asegurarse que todos sus hijos estuviesen en sus respectivas camas. Karl tuvo que llegar al extremo de casi amenazar a Mijael para que cortara la comunicación por webcam que mantenía con Jazmín Wakabayashi, so pena de cortarle el Internet por una semana. Chris y Claude, tan conectados como siempre, se habían retirado a sus habitaciones contiguas para planear alguna maldad que requeriría de todo su ingenio, y Vania, tras probarse docenas de vestidos para una futura fiesta, había dado un beso cariñoso a su padre antes de acostarse. Después de eso, Schneider vio las noticias deportivas en la televisión, tras lo cual hizo el amor con Elieth esa noche, quedándose dormido en brazos de su esposa. Parecía una noche típica de una familia normal, una de tantas que conforman la rutina. ¿Por qué entonces él había despertado con la sensación que ésa sería la última vez que vería el amanecer?

"Me estoy haciendo viejo", pensó Karl, mientras se levantaba al baño a orinar y darse una ducha. "Creo que tengo estas sensaciones por el trauma que me causa saber que Mijael está por cumplir los 18 años".

Sí, seguramente eso debía ser. No había otra razón importante, pues gracias a que continuaba manteniéndose en forma, Karl tenía una salud de hierro. Comía sanamente y acudía al doctor de manera regular. Y hacía ya muchos años que sus misteriosos "poderes" habían desaparecido o, por lo menos, se habían atenuado. Todavía había días de mucho calor en los que Elieth no permitía que él la abrazara porque, según palabras de ella, "echaba tanto calor como un calefactor". Karl lo atribuyó a esa naturaleza extraña que siempre tuvo, y que le permitía disparar tiros como el Fire Shoot y el Non Fire Shoot. A esas alturas, era algo a lo que él se había acostumbrado. Él se miró al espejo, y éste le devolvió el reflejo de un hombre de cuarenta y tantos años, en cuyas sienes se perfilaban ya algunas canas, aunque gracias a su tono de cabello, eran menos visibles que las de Wakabayashi; las arrugas en las comisuras de la boca y párpados eran más delatoras con respecto a la edad, pero aún así, Karl lucía más joven de lo que debería.

- ¿Por qué te levantaste tan temprano hoy?.- le preguntó Elieth, cuando Karl regresó a la habitación, usando sólo una toalla alrededor de la cintura.

- Debo ir a la Federación.- respondió Schneider, simplemente.

- ¿En sábado?.- Eli parpadeó, sorprendida.

- ¡Ah!.- exclamó Karl, aturdido.- Pensé que hoy era viernes. Por algo Mijael estaba tan renuente ayer a cortar conversación con Jazmín.

- No te preocupes, que se escapó más noche para ir a verla.- suspiró Elieth.- Lily me habló en la mañana para informármelo, y para de paso comunicarme que Chris y Claude se escaparon con Daisuke.

- ¿Qué?.- gritó Karl.- Esos niños me van a escuchar.

- Ya le llamé la atención a los dos.- gruñó Elieth, molesta.- Pero no está de más que también les digas algo. Con Mijael, sin embargo, es otro asunto, ya que está por cumplir los 18 y está llegando a esa edad en la que ya no podemos regañarlo como si fuera un niño.

- De todos modos, no me gusta que se escape de noche para ver a Jazmín.- masculló Karl.- No es un ladrón, ni un delincuente.

- Es como si te molestara que la fuese a ver, más que el hecho que se escape.- replicó Elieth, suspirando.- No sé por qué le tienes tanta aversión a Jazmín.

- No se la tengo.- mintió Karl, rápidamente.- Es sólo que creo que el tiempo está pasando demasiado rápido… Antes que nos demos cuenta, ellos se querrán casar.

- Ya se quieren casar, amor.- rió Eli, divertida.- No te traumes por eso, que no tienes por qué preocuparte por la edad. Yo te sigo viendo muy bien.

La rubia puso tal cara de libidinosa, que Schneider sonrió con complacencia.

- ¿Te gusta lo que ves?.- Karl se quitó la toalla.- Puedo mostrarte mucho más.

- Sólo si también me lo das.- contestó ella, pícara, echándole los brazos al cuello para besarlo.

Karl abrazó a Elieth y la recostó en la cama, sin dejar de besarla. Después de un rato de una buena sesión de sexo, ella se vistió para bajar a preparar el desayuno. Karl se quedó recostado en la cama, pensando en que la sensación de ser ése su último día de vida no había disminuido en lo más mínimo.

"Es como si tuviera un cronómetro a punto de llegar a cero", pensó él. "La cuenta hacia atrás de un reloj de arena. ¿Por qué tengo esta maldita sensación?".

Rato más tarde, Schneider pudo escuchar a sus hijos haciendo ruido en el piso inferior de la casa. Seguramente, Vania estaba alistándose para ir a nadar con Aremy y Benjamín, y Chris y Claude habrían sido obligados a hacer alguna tarea hogareña a manera de castigo. Sólo Mijael parecía estar ausente, y Karl supuso que se habría ido a desayunar con los Wakabayashi. Suspirando, Schneider decidió salir de la cama. Si ése iba a ser su último día con vida, al menos tendría que aprovecharlo.

Genzo Wakabayashi se despertó al sentir que la cama, a su lado, se encontraba vacía. Él estaba seguro que ese día era sábado, pero aún así, su esposa se había levantado muy temprano, a juzgar por lo frío de las sábanas, alejadas hacía mucho rato de un cuerpo caliente. Genzo abrió los ojos, tratando de adaptarlos a la poca luz de la habitación, y alcanzó a distinguir la figura de Lily recortada contra el enorme ventanal cubierto por gruesas cortinas.

- ¿Sucede algo, amor?.- preguntó él, incorporándose en la cama.

- De hecho, no.- Lily se volteó al ver que Genzo había despertado.- Sólo me desperté con una sensación muy extraña…

Lily se jaló nerviosamente su cabello, el cual, después de años de traerlo muy largo, ahora lo usaba por debajo de los hombros y cortado en capas. Genzo sabía bien que ella tenía esa manía de jalarse el pelo cuando algo le preocupaba.

- ¿Qué pasa?.- volvió a preguntar él.- Te noto nerviosa.

- Es una tontería.- Lily se encogió de hombros.- Pero me despertó la sensación que algo va a pasar el día de hoy.

- ¿A qué te refieres con algo?.- Genzo no entendió.

- No lo sé, exactamente.- suspiró Lily, abriendo las cortinas y mirando el cielo azul.- Tengo uno de esos presentimientos que suelen darme de vez en cuando. Pero esta vez, no sé a qué se deba.

Genzo se quedó callado, analizando lo que había dicho su esposa; él conocía a Lily de muchos años atrás, y sabía perfectamente bien que, cuando ella tenía un presentimiento, era porque algo iba a suceder, y la mayoría de las veces, no era algo bueno. Él aún recordaba los últimos días de su abuelo, y cómo ella había predicho que no le quedaba mucho tiempo de vida; en aquél entonces, Genzo se lo atribuyó al entrenamiento médico de Lily, pero ahora estaba seguro que ella lo supo gracias a ese don "sobrenatural" que le permitía predecir las cosas.

- ¿Los niños están bien?.- Genzo salió de la cama.- ¿Qué hora es?

- Los niños están perfectamente.- respondió Lily.- Y faltan doce minutos para las nueve.

- ¿Qué sucede entonces?.- insistió él, dirigiéndose al cuarto de baño.

- Si lo supiera, te lo diría.- replicó ella, desde la puerta.- No sé qué es, sólo sé que algo va a pasar, y que no va a ser muy bueno… Bueno, no lo sé, tengo sentimientos encontrados, por un lado creo que lo que va a suceder será algo benéfico, pero por el otro lado, me llena de angustia…

- Bien.- Genzo salió del baño, con la cara lavada y el cabello despeinado.- No hay que preocuparnos de más. De cualquier manera, no hay mucho que podamos hacer. Si algo he aprendido de tus presentimientos es que no hay manera de detener lo que va a suceder, sólo podemos afrontarlo. Habrá que vigilar a los niños de cerca, pero sin asustarlos por algo que, probablemente, ni siquiera les afecte.

- Eso, si podemos vigilarlos.- suspiró Lily.- Aremy y Benji van a ir a nadar con Vania, y Jazmín va a salir con Mijael, como todos los sábados. Creo que sólo Daisuke va a quedarse en casa, castigado por escaparse ayer con Chris y Claude.

- Y de todos modos, aunque no estuviera castigado, dudo mucho que Daisuke quisiera salir un sábado en la noche.- replicó Genzo.- Bien, no podemos impedir que nuestros hijos hagan sus vidas, de cualquier manera. ¿Quién va a llevar a Aremy, Vania y Benjamín a nadar?

- Débora vendrá en un rato más por ellos.- respondió Lily.- Y ya que mencionaste a Daisuke, ¿sabes qué fue lo que le sucedió? Ha andado muy raro en los últimos días. Le pregunté y no me contestó; algo me dice que tiene que ver con esa chica Ferrari. Es como si su recuerdo volviera a él, una y otra vez, y no lo dejara en paz. Deberías hablar con él, es tu obligación como padre.

- ¿Cómo pasamos de hablar de tus presentimientos a una sentencia acerca de mis obligaciones como padre?.- preguntó Genzo, soltando una carcajada, mucho más relajado.- Hablaré con él, quédate tranquila.

- No sé si eso vaya a ser posible.- musitó Lily, agarrándose el cabello.

- Quizás necesites un poco de ayuda.- Genzo la abrazó.- ¿Me acompañas a tomar un baño?

- Eso podría funcionar.- Lily sonrió, pícaramente.

Genzo tomó a Lily por la cintura y la llevó al cuarto de baño. Aún era temprano, los niños podían cuidarse solos por un rato. Después de una buena sesión de sexo debajo del agua caliente, a cualquiera se le olvidan las preocupaciones y los presentimientos, y Lily se sentía mucho más tranquila cuando ella y Genzo salieron de ducharse. Mientras él se arreglaba, Lily bajó a preparar el desayuno para sus hijos, pero se dio cuenta que Jazmín se le había adelantado. En la cocina, Mijael Schneider estaba sentado a la mesa, comiendo un sándwich, mientras Aremy y Benji acababan sus omelettes. Daisuke estaba junto a Mijael, comiendo un waffle y riñendo con él por alguna cosa sin importancia, como solían hacer siempre que estaban juntos.

- Perdona, linda.- se disculpó Lily, con Jazmín.- Me quedé dormida.

- Sí, mamá, seguramente.- sonrió Jazmín, con picardía.- Pero ten cuidado, que es malo dormirse en la regadera. También díselo a papá, no sea que le vaya a pasar lo mismo que a ti.

Lily enrojeció, avergonzada porque su hija mayor los descubrió, a ella y a Genzo, en una situación comprometida. La mujer se preguntó qué tanto pudo haber escuchado Jaz, cuando ésta se apresuró a aclarar la incómoda situación.

- Tranquila, mamá, que sólo vi que papá y tú no seguían en cama, y escuché el ruido del agua al correr.- se rió Jazmín, divertida por el bochorno de su madre.- No te preocupes, me salí de inmediato.

- Espero que no hables de esto con tus hermanos.- pidió Lily, aún avergonzada.

- No lo hice, descuida.- Jazmín se sirvió un vaso con leche y se sentó frente a Mijael y a Daisuke.- La tía Deb no debe tardar en llegar.

No mucho tiempo después, tal como Jaz lo había dicho, a la casa de los Wakabayashi llegó Débora Cortés, acompañada de su hijo mayor, Erick Levin. Él, quien actualmente tenía 20 años, ya había podido dejar en el pasado el rencor que le causó su ruptura con Jazmín. Obvio es, cuando ella lo dejó por Mijael, Erick pasó por una etapa de enojo y rencor que lo llevó a alejarse de todos los Wakabayashi por un tiempo. Sin embargo, Erick es un joven de buen corazón, y no tardó en comprender que Mijael y Jazmín estaban hechos el uno para la otra, y los perdonó a los dos, reanudando sus relaciones con los Wakabayashi. Ahora, Erick era ya todo un hombre, muy parecido a su padre, Stefan Levin, casi como si fuese su gemelo, excepto porque Erick tenía la piel un poco más morena y los ojos color miel, que había heredado de Débora. El joven saludó a Mijael, a Daisuke y a Jazmín y se puso a platicar con ellos, mientras Jazmín le ofrecía un waffle.

- ¿Ya están listos?.- preguntó Deb, saludando a Lily con un beso.- Stefan te manda saludos, se topó con tu marido en la entrada y están hablando de fútbol.

- ¿A qué hora bajó Genzo, que no lo vi?.- Lily se sorprendió sobremanera.

- Hace rato.- respondió Daisuke, impasible.- No lo viste porque estabas avergonzándote por el hecho que Jazmín los descubrió teniendo sexo.

- ¡Daisuke!.- gritó Lily, volviendo a ponerse muy roja.- ¡Creí que Jaz no se los había contado!

- No lo hizo, pero tengo muy buen oído y las escuché.- replicó Daisuke, mientras su hermana le daba un golpe en el brazo.

Mijael y Erick se desternillaron de la risa, mientras Jazmín reconvenía a su hermano, y Débora proclamaba que era todo un placer que a los cuarenta y tantos años se pudiese seguir disfrutando del sexo. Lily, entre el bochorno y las risas, le dio gusto ver que su hijo seguía teniendo ocasionales momentos de espontaneidad y cinismo, algo muy común en el antiguo Daisuke. "Si tan sólo esa niña volviera a aparecer para que Daisuke puediera cortar de una vez con todo y dejarlo en el pasado", pensó Lily.

- Bien.- dijo Débora.- Ya casi nos vamos, ¿están listos o no?

- Yo ya lo estoy.- asintió Benji, llevando una maleta deportiva colgada del brazo.- Es Aremy quien decidió pasar al baño por quién sabe cuánta ocasión.

- Esto nos da tiempo para una taza de café.- dijo Lily, sirviendo el líquido en dos tazas, mientras Benji se ponía a discutir con Daisuke sobre qué era lo que había avergonzado a su madre. Lily miró a Daisuke con una mirada de advertencia, y éste respondió con una sonrisita divertida.

- Mejor le aviso a papá.- suspiró Erick, saliendo de la cocina.- Esto podría tardar horas.

- Por cierto, no sé por qué, pero ayer recibí un correo electrónico de Tabita Suez, una de ésas cadenas que se reenvían para crear spam.- comentó Deb, ignorando a su hijo con toda intención.- ¡Tenía años de no saber de ella! Ni siquiera sé cómo obtuvo mi correo, no la volví a ver desde que regresamos de África. ¿Qué se hizo de Tabita? Lo último que supe fue que, después que lo suyo con Leonardo no funcionó, se largó a México por una temporada. Pensé que se había quedado allá.

- Pues no.- negó Lily, suspirando. Había pasado ya demasiado tiempo desde entonces.- Tabita regresó a África después que nosotros volvimos a Europa, y se quedó trabajando allá un par de años más. En ese lugar conoció a un médico nigeriano nacionalizado francés, se enamoró como loca, se casó, y actualmente reside en Francia.

- ¡Mira tú, quién lo diría!.- exclamó Débora, divertida.- Condenada Tabita, encontrarse a un chico en África. Siempre le gustaron los morochos.

- Según supe, es muy feliz, pero casi no nos comunicamos.- continuó Lily.- Creo que le sigue molestando lo que sucedió con Leonardo.

- Ya sabes cómo es Tabita.- replicó Deb.- Bien rara, solía molestarse con personas que no tenían la culpa de sus desgracias. No me sorprende que no quiera hablarte mucho por el asunto con tu hermano. Tú no tienes la culpa pero bueno, ya la conoces.

- Eso es cierto.- asintió Lily, tomando un sorbo de café, mientras pensaba que Leonardo era otro amargado solitario que no había querido casarse, como si quisiera mantenerse disponible para alguien que no quería (o no podía) aceptarlo.

Mientras tanto, como ya Débora lo había dicho, Genzo charlaba con Stefan Levin sobre su eterno tema: el fútbol. Los hombres tardaron tanto en su alegre plática, recordando viejos tiempos y presumiendo de las habilidades de sus respectivos hijos, que Anne y Katie Levin, las dos hijas de Stefan y Débora, aparecieron en el sendero de hierba que conducía a la entrada de la mansión.

- ¿Ves? Te dije que iban a estar hablando de fútbol.- le dijo Katie a Anne, dándole un codazo.

- Ay, papá, no pudiste evitar la tentación ni siquiera una vez.- dijo Anne, a su padre.

Wakabayashi y Levin miraron a las dos chicas, ambas de piel clara y ojos azules, casi de la misma edad, y que habrían podido pasar por gemelas si no fuera porque Anne era rubia como su padre y Katie tenía el cabello negro de su madre. Ambas jóvenes miraban a su padre entre divertidas y enfurruñadas, como si no se decidieran entre regañarlo o reírse de él.

- Niñas, ya nos conocen.- Stefan rió.- No podemos evitarlo.

- Por algo es que no debemos dejarlos que se junten.- replicó Katie, mordaz.- Papá, han tardado tanto que queremos pasar al baño. ¿Se puede?

- Adelante.- respondió Genzo.- Ya saben en dónde está.

- En realidad, se bajó para poder mandarle un mensaje de texto a Marko, que en el coche no tenemos señal.- murmuró Anne, con una risilla.

- ¡Te oí, traidora!.- Katie le dio un empujón a su hermana, mientras Anne reía a carcajadas y Stefan fruncía el ceño. Marko Hernández era el novio de Katie, y a Levin no le caía en gracia que su hija pequeña tuviese pareja.

"Por suerte, Aremy no tiene novio aún", pensó Genzo, mientras los Levin entraban a la casa para que las chicas pudiesen utilizar el sanitario. "Me sentiré mucho más viejo el día en que eso ocurra".

Wakabayashi escuchó entonces unas voces charlar a pocos metros a su derecha, detrás de unos rosales. Él se preguntó si se trataría de alguno de sus hijos, pero a juzgar por las voces, quienes quiera que fueran, parecían estar discutiendo. No sin curiosidad, Genzo se acercó a espiar a través de los matorrales, y se sorprendió mucho al ver a Aremy discutiendo con Erick Levin. Éste tenía cara de sorpresa, y ella parecía estar a punto de llorar. Por un momento, Wakabayashi creyó que Erick estaba riñendo a Aremy por alguna razón, pero justo cuando iba a intervenir, ella se apresuró a responder:

- ¡No es justo, no soy tan chica!.- exclamó Aremy, enojada.- ¡Yo puedo hacerte muy feliz si tú me dejaras! ¡Te amo!

- Are, linda, de verdad, no creo que sepas lo que estás diciendo.- farfulló Erick, atónito.- Soy siete años mayor que tú, ya voy a la universidad y tú apenas vas en el colegio. Esto que sientes por mí, no es amor, tú crees que lo es, pero lo que sucede es que te has ilusionado conmigo, todas las chicas de tu edad lo hacen. De verdad, linda, créeme cuando te digo que yo te quiero mucho, pero sólo como una hermana.

- ¡No, no digas eso!.- Aremy se tapó los oídos.- No me digas que me quieres como hermana, porque tú para mí eres más que eso. Yo te amo, ¿por qué no lo puedes entender? Ya sé que eres mucho mayor que yo, pero por eso te pido que me esperes, que ya creceré y podremos estar juntos. Yo podría hacerte muy feliz, ¿qué no lo entiendes? Te fuiste con la chica Wakabayashi equivocada, Jaz sólo puede amar a Mijael, pero aquí estoy yo, para ti.

- Aremy, no sabes lo que dices.- Erick trató de tranquilizar a la chica tomándola por los hombros.- Aún eres muy niña y no sabes lo que quieres, seguro estoy que pronto conocerás a alguien más acorde a tu edad, y entonces te reirás de esto.

- ¡No me digas que no sé qué es lo que quiero!.- reclamó Aremy, enojada.- ¡Seré joven, pero ya sé perfectamente bien que te amo a ti, Erick! Entiéndelo, eso nunca va a cambiar.

Y en un movimiento sorpresivo, Aremy le echó los brazos al cuello al rubio y lo besó en los labios. Genzo estuvo a punto de interrumpirlos abruptamente cuando fue el mismo Erick quien puso punto final al asunto, separándose suavemente de Aremy.

- Lo siento, en verdad que no te veo de esa manera.- Erick suspiró.- No le diré nada de esto a nadie, pero lo mejor sería que te dieras cuenta que no puede haber nada entre nosotros. Voy a buscar a mi madre, ya se nos está haciendo tarde para irnos.

El joven dio la media vuelta y se marchó, bastante apenado y compungido por haberle roto el corazón a alguien a quien venía como una hermana más. Aremy, sin embargo, se quedó silenciosa, viéndolo marchar, con los ojos llenos de lágrimas.

- No me rendiré, Erick.- murmuró ella.- Algún día estaremos juntos, de eso estoy segura.

Genzo estuvo tentado a ir a consolar a su hija y a decirle que, a pesar de lo poco que a ella le gustara la idea, Erick tenía razón al decirle que ellos no podían estar juntos. Por otro lado, también tenía deseos de llamarle la atención al joven Levin, con todo y que éste se había portado muy decente con Aremy. "Celos de padre", pensó Genzo, haciendo una mueca.

- Ni se te ocurra.- le susurró Lily, por detrás.- Lo que menos quiere nuestra hija ahora es que su padre vaya a darle un sermón. Tiene el corazón roto, no nos va a querer cerca.

- ¿Escuchaste todo lo que pasó?.- preguntó Genzo, en voz baja.

- No, acabo de llegar, pero adivino qué pudo haber sucedido.- Lily suspiró.- No es secreto para nadie que Aremy tiene un enamoramiento por Erick.

- ¿Qué?.- él casi gritó.- ¿Ya lo sabías?

- Gen, amor, Jazmín, Daisuke, Benjamín y yo lo sabemos desde hace mucho, sin necesidad que Aremy nos dijera algo.- replicó Lily.- Tú eres muy despistado, pero es un secreto a voces que nuestra pequeña está enamorada de Erick Levin. Yo esperaba, al igual que tú, que él la rechazara, pero aún así ella tiene el corazón roto y hay que dejarla en paz un rato. Le diré a Jazmín que después hable con ella.

Genzo, muy sorprendido, no dijo más, y dejó que su esposa lo condujera de vuelta a la casa, aunque se dijo que después tendría que presionar a Lily para que le contara todo lo que sabía sobre el asunto. En ese momento, los Levin se marchaban con Benjamín para irse a nadar, y justo cuando estaban preguntando por Aremy, ella apareció de entre los rosales, muy digna y con su maleta deportiva blanca y rosa en la mano.

- Yo pensé que te habías ido por el retrete.- bromeó Benji, al ver a su hermana.- Tardaste demasiado en salir.

- Llevo mucho rato esperándolos afuera.- replicó Aremy, muy digna.- Se tardan demasiado en salir.

Genzo miró detenidamente a su hija para ver si se le nota el desencanto en el rostro, pero para su sorpresa, Aremy no tenía ni rastro de tristeza en su expresión. Parecía que no le habían roto el corazón, sino todo lo contrario. Era como si Erick, en vez de rechazarla, le hubiese lanzado un desafío para conquistarlo, y ella lo hubiese aceptado.

Varias horas más tarde, casi al anochecer los Levin y los Schneider se daban cita en la mansión Wakabayashi para una parrillada que éstos habían organizado. Era una costumbre que las familias se reunieran dos o tres veces al mes, para pasar un rato juntos y continuar manteniendo la amistad. Todos los descendientes de las tres familias estaban presentes, pues nadie se perdía estas reuniones; así pues, en los jardines de la mansión Wakabayashi bullía la actividad, entre niños, adolescentes y adultos, que charlaban, reían y pasaban un buen rato, todos juntos. Casi parecían familias normales, viviendo vidas normales, en una ciudad como cualquier otra.

Pero lo cierto es que dos de ellas no eran familias normales, y un espantoso acontecimiento trajo la memoria a varios de sus miembros. Esa noche sería el parte aguas en la vida de los dos reyes, hasta entonces completamente inconscientes acerca de su verdadera naturaleza.

Era cerca de la medianoche cuando la fiesta comenzaba a pasar a su fase de tranquilidad y reposo. Los adultos aún seguían conversando, pero los más jóvenes habían entrado a la casa a ver películas y jugar videojuegos, con todo y que sus padres los habían enviado a dormir. A esas horas, alguien comentó que tenía hambre, otra vez, y a Elieth se le ocurrió la idea de asar más carne y traer más cervezas, para una "segunda ronda", propuesta que Genzo apoyó, y entre los dos intentaron reavivar el fuego del asador, peleándose uno por echar más leña para encender las brasas, y la otra por encender todo de nuevo.

- Creo que iré por más carne.- comentó Lily, al ver que su esposo y su mejor amiga reñían como niños.

- Y de paso, tráete más cerveza.- dijo Elieth, mientras tomaba un encendedor.

- Sí, Patrona.- replicó Lily, mordaz.- No voy a poder con todo.

- Por favor.- añadió Eli, mientras evitaba que Genzo le arrancara de las manos el encendedor.- Llévate a Karl, para eso está.

Schneider le lanzó una mirada gruñona a Elieth, pero ésta le respondió con un beso coqueto. Lily y Karl se miraron entonces disimuladamente, y si bien cada quien hizo una expresión de rechazo, fue tan discreta y breve que nadie la notó. Schneider se puso en pie para acompañar a la amiga de su esposa a la bodega de la cocina, en donde encontrarían lo que les hacía falta.

No es necesario describir que, sin importar cuánto tiempo hubiese pasado ya, Karl y Lily seguían sintiendo rechazo mutuo. Después de tantos años de conocerse, y que sus respectivas parejas fuesen tan amigos, por no hablar de la íntima relación entre sus hijos, ellos habían tenido que acostumbrarse a la situación, y toleraban su presencia muy bien; incluso, podía decirse que se agradaban, aunque siempre, muy en el fondo, experimentaran ese rechazo innato que sintieron desde la primera vez que Karl y Lily se vieron.

- Es una buena noche, muy tranquila.- comentó Karl, mirando a las estrellas.- Extrañaré estos días.

- ¿Por qué dices que los extrañarás?.- preguntó Lily, sorprendida.- ¿No vendrán de nuevo a nuestras fiestas?

- Si por mí fuera, vendría toda mi vida.- respondió Schneider, enigmático.- Pero no estoy seguro que ésta vaya a durar mucho tiempo.

Lily, inquieta, miró a su desconocido rival a los ojos. Karl parecía estar hablando muy en serio, y ella se preguntó si ésa sería una idea suicida. Los dos caminaban por uno de esos senderos de hierba y piedras que cruzaban los jardines de la mansión, y hacía mucho que habían quedado atrás el alboroto y bullicio de la fiesta. En ese lugar, en ese momento, sólo reinaban la oscuridad y el silencio.

- ¿Quién lo diría?.- una voz femenina tronó de improviso, en medio de las sombras.- El rey de las Sombras y la reina de la Luz, caminando juntos como un par de buenos amigos. Vaya que el ser humanos les ha borrado a los dos la memoria.

Karl y Lily miraron hacia el sitio en donde había surgido la voz; ambos sintieron sus corazones latir con el espanto de la memoria, cuando vieron surgir a una joven pelirroja de largo cabello y enormes alas negras. Al verla, a Lily le regresaron de golpe sus recuerdos perdidos por tantos años: su reinado de Luz, los siglos de pelea interminable, la batalla final y su caída en la Tierra. Uno a uno, todos los detalles de su anterior existencia se agolparon como un torbellino en su mente, abriendo al fin todos sus sentidos y su mente al pasado. Lily miró a Karl, aterrorizada, y vio en sus ojos azules la misma confusión que debía ella tener en sus ojos cafés.

Después de tanto tiempo, tantas peleas, tanto dolor y sufrimiento, Schatten y Yuri se habían vuelto a encontrar.

Notas:

La trama de la historia, una vez más, ha vuelto a sufrir cambios, y aparecerán dos nuevos personajes que no estaban contemplados originalmente. He tenido que hacer estas modificaciones para poder continuar con la historia, ya que uno de los principales impedimentos que tuve para que pudiera seguir escribiendo el fanfic es que las relaciones de mis personajes han cambiado mucho desde que comencé a escribir esta locura, y no me sentía conforme con lo que había planeado para ellos. Así pues, la trama dará otro giro, para poder incorporar los cambios que han tenido mis OC's en este tiempo, pero como el concepto principal del fanfic sigue siendo el mismo, no se verá muy afectado por estas modificaciones.